miércoles 11 de noviembre de 2009

¿POR QUÉ MUEREN LAS ENCINAS?


(Foto: S. Trancón)


Hace un mes viajé a Cáceres para asistir al estreno en el Gran Teatro de La identidad de Polán, una obra de Miguel Murillo, dirigida por mi gran amigo Juan Margallo y representada por La quimera de Plástico, un grupo teatral que cumple ahora sus 25 años de existencia y que capitanea otro buen amigo, Tomás Martín. No voy a hablar de la obra, excelente en todos los sentidos, sino de que, al ir en coche, me quedé muy sorprendido al ver, en la ladera de un monte, una mancha grande de encinas de color marrón oscuro. Al principio pensé que había habido un incendio y habían quedado así, calcinadas. Me extrañó, porque el fuego habría devastado todas las hojas convirtiéndolas en cenizas, y no permanecerían secas, como se veían.

Pronto me enteré que las encinas estaban sufriendo una plaga (la Seca), producida por un hongo, la fitoftora. Este hongo, al parecer de origen australiano, se enquista en las raíces y corta toda la circulación de la savia, provocando la muerte súbita del árbol (en una semana puede quedar completamente seco, con las hojas acartonadas). No se saben bien las causas, pero no se ha encontrado remedio alguno para evitar la propagación acelerada (ya hay más de quinientos focos en Extremadura) de la plaga.

Pocas noticias me han abrumado tanto. Encinas, alcornoques, robles, jaras, brezos... Todos están amenazados.
Desde que lo supe, una congoja profunda se agita en mi estómago y mi pecho, como si estuviera creciendo dentro de mí ese hongo asesino.

Lo diré de modo rotundo: Yo no concibo la existencia de este país o nación a la que llamamos España, si desaparecen las encinas de sus montes, desde Zamora a Valencia, de Extremadura a Murcia, de Palencia a Cádiz. No hay árbol que defina mejor el paisaje de toda la meseta, de Norte a Sur, de Este a Oeste. A pesar de haber sido destruidos gran parte de los bosques originarios, todavía se conservan las dehesas de Extremadura, Castilla y Andalucía, donde las extensiones de encinas son algo tan bello y fantástico, que imaginarme que puedan llegar a desaparecer me coloca ante la disyuntiva de huir de este país para siempre o suicidarme.

¿Las causas? El cambio climático, que provoca una sequía prolongada, pero también la sobreexplotación ganadera y agrícola del suelo, el descuido y la falta de regeneración del arbolado. Por un lado, la catástrofe anunciada; por otro, el desdén y el afán de lucro (¿qué hace un tractor metiéndose en un monte o una dehesa?).

He pasado muchas horas de mi vida bajo su sombra. He recibido la energía poderosa de su tronco y de sus ramas. Me han hablado con palabras entrañables y misteriosas. He visto cómo alargaban sus brazos hacia mí. El verde brillante de sus hojas me ha llevado hasta lugares desconocidos, casi inconcebibles, y que no tienen fin.

La encina es uno de los árboles más bellos. Ha resistido millones de años sobre esta dura tierra. Una encina tiene una vida media de 300 años. Sus raíces se pueden extender hasta 10 metros de profundidad. Pueden llegar a medir 20 metros de altura. Pocas visiones más imborrables que observar una bandada de grullas o garzas, al atardecer, cubriendo por completo la cúpula oscura de una gran encina. Una mancha de nieve inmaculada en medio del bosque verde.

Desaparecería el cerdo ibérico, sí. Y el toro de lidia. Pero algo más, mucho más.

martes 3 de noviembre de 2009

EL UNIVERSO CEREBRAL

(Foto: Isabel Trancón)

La neurociencia se parece a la astrofísica: cuanto más nos adentramos en el estudio del cerebro, más nos sorprende su extensión y complejidad.
Juguemos con la analogía cerebro-universo.

En contra de lo que antes se afirmaba, el universo parece que se expande ilimitadamente.
En contra de lo que antes se decía, el cerebro puede desarrollarse casi ilimitadamente.

Antes se aseguraba, sin fundamento serio, que las neuronas no podían regenerarse, que existía una muerte neuronal programada e inexorable, que el destino del cerebro era ir perdiendo cada día miles de neuronas. Hoy se sabe que las neuronas, como todas las células del cuerpo, se renuevan constantemente: aparecen nuevas neuronas y se desarrollan los axones y las dendritas de cualquier neurona en función de las necesidades del individuo, de la estimulación y el ejercicio, o sea, del pensar (imaginar, recordar, indagar...). A esto se llama neuroplasticidad.

En el universo sucede lo mismo: mueren y nacen constantemente nuevas estrellas, planetas y hasta galaxias; incluso, posiblemente, universos completos.

En número de neuronas se asemeja al número de estrellas de nuestra galaxia: 100.000 millones. Cada neurona puede llegar a establecer 10.000 conexiones. Cada milímetro cúbico de córtex cerebral contiene aproximadamente 1000 millones de sinapsis. Contar el número de neuronas y sus conexiones nos llevará unos 32 millones de años, según G.Edelman, premio Nobel de medicina.

Con relación al peso corporal, el cerebro, que pesa entre 1300 y 1600 gramos, sólo representa entre el 0,8% y 2%. Sin embargo, consume el 20% de la energía (oxígeno y glucosa) de todo el cuerpo. Puede consumir menos, pero no más, porque se rompería su equilibrio homeostático. Si concentramos todo ese consumo energético en una sola actividad, no tendremos energía para otra.
Cuanto más se repite una actividad, más se facilitan las conexiones sinápticas, más “marcada” queda esa ruta en nuestro cerebro, facilitando el paso de la corriente bioeléctrica (que va a 320 km. por hora). Las neuronas que no tienen conexiones, mueren. Lo que no se usa, acaba desechándose.

¿En qué invierte el cerebro tanto combustible? Según Raichle, "el 60-80% de la energía se dedica a mantener la conexión entre neuronas”. Sólo dedica una parte muy pequeña a responder a las demandas del medio exterior. Yo veo en esta condición biológica el peligro del ensimismamiento, la hipertrofia del yo. En el carácter recurrente y obsesivo de la actividad cerebral, una de las fuentes de su degeneración.

El cerebro humano puede almacenar información que "llenaría unos veinte millones de volúmenes, como en las mayores bibliotecas del mundo"( Carl Sagan).
El cerebro humano es la realidad más eficiente de consumo y transformación de la energía que existe en este universo

El cerebro, cuando mejor funciona es cuando su actividad produce ondas alfa, o sea, cuando “se enfría”. Un cerebro “recalentado” (estrés, obsesión, miedos, depresión...) es menos eficiente, menor es su actividad sináptica y, en consecuencia, se atrofia antes.

Tenemos en nuestras manos el destino de nuestro cerebro, su presente y su futuro, que es tanto como decir el presente y el futuro de nuestra vida. No podemos echarle la culpa al cerebro de nada: su capacidad es prodigiosa, independientemente de nuestra edad.

Nos sobra masa cerebral para vivir una vida permanentemente renovada. Al cerebro le mueve el entusiasmo, la búsqueda de nuevas ideas, palabras, proyectos, imágenes... Lo que más le estimula y renueva viene del exterior. Sólo lo que viene del exterior le obliga a reordenar su interior. La rutina, la monotonía, el desánimo, la resignación, es lo que provoca el colapso de nuestro universo cerebral.

viernes 23 de octubre de 2009

¿QUIÉNES SON LOS PIRATAS?

(Foto: S. Trancón. Valdelugueros, León)
Vivimos ya en 1984, en Un mundo feliz, en Fahrenheit 451 (temperatura a la que arden los libros, tarea a la que se dedica perplejo Guy Montag, el protagonista de esta novela, y que recuerda tanto la quema de libros de la Inquisición, barbarie que ya parodió Cervantes); en Blade Runner, en Matrix..., porque George Orwell, Aldous Huxley, Ray Bradbury, Philip K. Dick y los hermanos Wachowski, más que vaticinar el futuro, han descrito la esclavización, la mentira, el absurdo y la crueldad del presente.

Pero lo más grave, no es ya lo que ocurre, sino el que no nos enteremos de nada de lo que de verdad ocurre en nuestro mundo. Se llenan la boca, y nos llenan los ojos y los oídos cada día (periódicos, televisiones, todos los medios) con la basura informativa más abominable y, en cambio, nada nos dicen ni informan sobre lo que de verdad está ocurriendo a nuestro alrededor.
Cuando uno descubre una ínfima parte de lo que se nos oculta se queda pasmado, no ya por lo que no sabe, sino por lo que no sabe que no sabe.

Me envía Paco Rodríguez un informe sobre Somalia que ha difundido el programa de radio La rosa de los vientos: es estremecedor. Lo resumo.

Somalia ha sido una colonia italiana y británica que se independizó en 1960 que vive hoy en la más absoluta pobreza. La esperanza de vida no pasa de los 45 años. La mortalidad infantil es de un 20%. No tiene sistema sanitario, ni educativo, ni productivo, ni nada. Subsistía gracias a la pesca de sus 4000 kilómetros de costa. Una pesca de pequeñas embarcaciones, pero a raíz del tsumani pasado que asoló sus costas, la situación ha empeorado. Llegaron a sus playas y acatilados, arrojados por el mar, miles de bidones llenos de residuos radiactivos que han empezado a provocar la muerte alrededor. La pesca costera ha casi desaparecido.

Para colmo, los barcos extranjeros han tomado por asalto la pesca de altura dentro de sus aguas territoriales. Como no tiene guardia costera, esta piratería internacional se realiza con total impunidad. Lo mismo le ocurre a los miles de barcos cargados de petróleo que utilizan y atraviesan sus aguas sin pagar un euro, claro. Las potencias europeas se han encargado de que el país continúe en la mayor desorganización y caos para favorecer así todo este tráfico, piratería y el uso de su suelo como basurero radiactivo.

Nos han convencido de que los piratas somalíes son terroristas. Ahora nos quieren hacer responsables a todos de la suerte que corren unos pobres pescadores secuestrados, víctimas a su vez de la voracidad depredadora de grandes compañías multinacionales.

Comprobar que a uno lo engañan cada día, sistemáticamente, y que cualquier información mínimamente crítica se oculta, es una experiencia desoladora. ¿Quién sabe, por ejemplo, que el régimen filofascista de Berlusconi ha expulsado en un año a más 130.000 gitanos? Italia es hoy un estado mafioso, no un estado democrático. La democracia deja de serlo cuando no tiene mecanismos para impedir que los antidemócratas se apoderen del Estado. ¡Qué poco hemos aprendido después de Hitler!

Pero no nos rasguemos las vestiduras ni arranquemos los cabellos por lo que ocurre afuera. Aquí, ahí, en la comunidad de Valencia, en la Comunidad de Madrid, en el gobierno de Castilla y León, en el de Murcia, en cientos de ayuntamientos... y hasta en los equipos de fútbol, ¿qué pasa? No es mal de muchos, sino de unos pocos, pero los de siempre, los más poderosos y descarados, pero como se amparan en la democracia, en los votos que reciben, el mal se extiende y otros acaban imitándolos. Pero, no, no somos todos iguales.
Nuestra pseudodemocracia... Pues eso.

P.D. No se trata de defender ni justificar la piratería somalí porque seguramente acabará convirtiéndose, si no se ha convertido ya, en otro negocio, otra mafia que se aprovechará de la miseria de los somalíes. Los negocios mafiosos siempre son redondos, acaban dando la vuelta para acabar en las mismas manos.

jueves 15 de octubre de 2009

EL MANZANO PRODIGIOSO

(Foto: S. Trancón)


Me lo contó mi amigo Evelio Rivera. Es una historia maravillosa que le ocurrió a él, siendo niño. Cuando García Márquez nos describió el realismo mágico de Macondo, algunos quedaron muy sorprendidos y no entendieron sus afirmaciones de que las historias de Cien años de soledad no eran invenciones fantásticas, que estaban tomadas de la realidad.

La verdad es que la realidad está tan traspasada por lo insólito, lo mágico, lo inesperado, que muchas veces supera a la fantasía. Pero esto no sucede sólo en Hispanoamérica, donde la imponente geografía y una tradición mágica y milenaria han configurado un modo de ver el mundo en el que lo oculto se hace presente. También ocurría eso en nuestro país, antes de que la invasión urbana y moderna destruyera la tradición rural y su forma poética y dramática del ver el mundo. Cuento la historia, que es absolutamente verdadera.

Tenía yo unos cinco años. Me gustaba mucho ir con mi abuelo al campo, a poner trampas a los conejos, a podar los olivos, a regar los huertos. Como mi pueblo, Retamosa de la Jara, en Toledo, es bastante seco, había en él pocos frutales. Crecían mejor las higueras y los almendros que los manzanos. Pero un año más lluvioso, un manzano floreció y mi abuelo lo regó con esmero, porque sabía que a mí me gustaban mucho las manzanas. Logró que se cargara de manzanas. Cuando ya estuvieron maduras, mi abuelo me dijo: Mañana recogeremos las manzanas. Me hizo una ilusión enorme, no dormí aquella noche pensando en ir al día siguiente con mi abuelo a recogerlas. Pero cuando nos acercamos, mi abuelo comprobó desolado que todas las manzanas habían desaparecido del árbol. Nos las habían robado por la noche. Mi decepción fue total, mi abuelo se quedó abrumado.
Un día después, si embargo, mi abuelo me dijo: Vamos a ver el manzano, porque lo he estado regando y cuidando durante todo el día y a veces ocurre que vuelven a crecer las manzanas. Nos fuimos acercando y sí, perecía que se veía alguna manzana. Ya debajo del árbol pude comprobar que en efecto, habían brotado mágicamente de sus ramas un montón de manzanas, rojas, maduras, como las que tenía antes. Vamos a recogerlas antes de que nos las roben otra vez, me dijo mi abuelo. Volví con una cesta llena de manzanas, infinitamente feliz y lleno de admiración por mi abuelo, que había hecho posible el rebrote del manzano.
Muchos años después me enteré de cómo se había producido el milagro. Mi abuelo aquella misma tarde se dirigió andando a Talavera de la Reina, que está a bastantes quilómetros de mi pueblo, había comprado unos quilos de manzanas, y había vuelto andando, de noche. Luego, con paciencia y mucho arte, había ido cosiendo a las ramas las manzanas, una a una, con su rabito o peciolo, y disimulando el cosido con un hoja.
Un acto, un gesto así, es algo que uno no podrá llegar a agradecer suficientemente durante el resto de su vida.

miércoles 7 de octubre de 2009

LA INQUISICIÓN

(Cuadro de Dan Kofler)(Antes de leer esta entrada, te ruego hagas doble clic en la foto de arriba, amplíala y haz un recorrido por el cuadro. El motivo es que no logro subir la imagen del cuadro con la resolución que tiene la foto, y se pierde toda la nitidez y los detalles. Al ampliarla espero que puedas ver mejor el cuadro del que voy a hablar brevemente, titulado Inquisición).

Se trata de un cuadro de Dan Kofler, conocido también como músico con el nombre de Dino del Monte.

Lo que me ha llamado la atención de este cuadro es la visión nueva que nos da sobre la Inquisición. Ya Goya destacó el lado oscuro, de pesadilla, de la tortura, las hogueras y los ahorcamientos, mostrando el fanatismo político-religioso con que esta institución actuaba.

Lo nuevo de este cuadro es que abandona esa visión para incorporar otra: el aspecto de carnaval, de fiesta, de comedia del arte que también está presente en las escenas que se pintan y que revela cómo el horror se puede convertir en teatro, cómo se puede presentar con una apariencia que contradice la propia esencia de ese horror. Así es el comportamiento social humano, que necesita ritualizar, teatralizar, incluso lo más tétrico y repulsivo.

Este cuadro, debo aclararlo, lo pinta un judío de origen sefardí, y es así cómo él, superando el lado evidente de la Inquisición, nos descubre ese otro aspecto y nos acerca más a lo aquello sobre lo que se quiere reflexionar: qué puede llegar a hacer el hombre con sus semejantes.

No es menos horrible la visión de los campos de exterminio nazi, que ésta en que la muerte se nos ofrece como espectáculo. Podemos preguntarnos, al ver este cuadro, qué es lo que se ocultaba en los autos de fe, en los que el horror se conviertía en entretenimiento, en que el espanto se canalizaba y transformaba en teatro.

El cuadro cobra todo su sentido si nos fijamos en el rostro y la expresión de hombre decrado y pálido que observa la escena desde el suelo, intentando levantarse, ya casi como lo haría un cadáver.

Conocer el pasado es la mejor forma de entender lo que vino después, incluida la Shoá. No quiero decir con esto que la Inquisición española fuera más cruel que lo fueron todas las Inquisiciones de Europa. Aquí, incluso, fue más obsesivamente legalista, lo que salvó a muchos de la hoguera. El problema es que aquí se instauró cuando en otros países se abolía, y duró una barbaridad, hasta casi mediado el siglo XIX.

Pero no se trata ahora de ajustar cuentas históricas, sino de tratar de entender qué se esconde detrás de la intolerancia y la intransigencia religiosa, y hacia dónde lleva a las sociedades cuando se dejan arrastrar por ellas. Y algo importante: los más intransigentes inquisidores surgieron de las filas de los conversos judíos. Otro tema que invita a reflexionar.

martes 29 de septiembre de 2009

MAGIA Y CIENCIA

(Foto: S. Trancón)
Ha hablado en este bloc bastante sobre qué entiendo por magia o mundo mágico. Me he declarado defensor de ese pensamiento que nos acerca al misterio del mundo, cuya existencia es para nosotros profundamente inexplicable. También me he declarado defensor de la ciencia y el espíritu científico, que quiere explicar y entender ese misterio. Quisiera ahora, brevemente, aclarar esta paradoja.

Magia y ciencia comparten un mismo afán de conocimiento, pero se diferencian en que una, la magia, busca sobre todo la experiencia, el sentir la presencia de lo inexplicable, esa realidad que es mucho más que todo lo que podamos imaginar o sentir. La otra, la ciencia, busca ante todo el pensamiento objetivo, la validación de hipótesis irrefutables acerca de aquello que podemos observar. No son incompatibles. Ambas formas de conocimiento son necesarias.

Pero magia es una palabra sobrecargada de connotaciones “fantásticas”, induce a confundir el pensamiento mágico con la superstición, el delirio, lo milagroso. Por eso debo aclarar ahora que soy enemigo de toda superchería, de toda esa literatura que sobrevalora la mente, el control mental, la fuerza del pensamiento como si fuera algo de la misma naturaleza física que una mano o los músculos de nuestro cuerpo. “Todo aquello que pienses y desees de verdad, lo lograrás”, se repite con frecuencia en esos manuales de engañosa autoayuda. No hay que confundir el pensamiento positivo con la creencia en la omnipotencia del pensamiento. La realidad no es una mera copia de nuestra mente, tiene su propia fuerza y sus leyes.

Esto no significa infravalorar la fuerza y el poder de nuestro intento. Nada logramos sin el intenso prolongado e inflexible de alcanzarlo. Pero ni el intento ni el pensamiento son fuerzas que actúan mágicamente sobre la realidad, sino sobre nosotros mismos, sobre nuestras actitudes, disposiciones, atención y entrega a un propósito. ¿Parece poco?

La ciencia nos ayuda a comprender la complejidad del mundo y a reconocer que la realidad no es humana, no es algo personal, algo que nosotros podamos manipular directamente con la fuerza de nuestro pensamiento. No somos Dios, porque ese doble de nosotros al que llamamos Dios, no existe, no puede existir. Si existiera ese Dios, tal y como ha sido concebido por la mayoría de las religiones, y el mundo dependiera de él, pues ese mundo (este mundo) no existiría, no podría existir. El mundo, tal y como lo podemos pensar y sentir, es algo en verdad inconcebible, por eso está tan alejado de cualquier idea humana de Dios. Meterlo en nuestra mente, sea mágica o científica, es como meter todo el mar en una botella. (Una botella donde previamente hemos metido a Dios).

La fuerza del pensamiento (mágico y científico) es enorme, pero apliquémoslo allí donde ese pensamiento puede actuar, no lo usemos para alimentar fantásticos deseos de omnipotencia e inmortalidad, poderes que no nos han sido otorgados.

lunes 21 de septiembre de 2009

EL PÁJARO EN SU RAMA

(Foto: S. Trancón)
Esta noche he abierto la ventana, he respirado la honda quietud del campo, he visto la luna, que difundía una luz tan nítida y serena, que todo alcanzaba a través de ella su plenitud, y al mirar hacia mi lado izquierdo los he visto ahí, aquí, sobre la plateada rama de una gran encina. Mi madre repitió, con un suave murmullo cristalino, junto a mi oído:
-Hijo, donde mejor canta un pájaro es en su árbol genealógico.
Mi padre sonrió, y con una voz igualmente dulce y serena, sin atisbo de inquietud, repitió:
-Hijo, donde mejor canta un pájaro es en su árbol genealógico.
Comprendí de pronto, con lágrimas en los ojos, que ellos ya eran libres, que no arrastraban ni la amargura ni la desesperación con que yo los recordaba.
-No guardes más en tu pecho la desesperación de tu padre –susurró una voz que quedó vibrando entre las ramas.
-No encierres más en tu corazón la tristeza de tu madre –añadió otra voz que se perdió entre el temblor numinoso de las hojas.
La plateada encina se dibujaba contra un cielo oscuro y estrellado, robusta y etérea a la vez. Fascinado, seguí escuchando aquella voz, que surgía de cualquier lugar hacia el que mirara:
-Sal de la rueda del pozo, atraviesa el círculo, rompe el espejo. Libérate del dolor, de la amargura y la frustración. No te aferres al sufrimiento, suelta la desesperanza, deja esos sentimientos ir hacia los confines de universo, no los retengas más.
Comprendí entonces que el pájaro genealógico era una hoja, que la hoja cantaba sobre una rama, que la rama brotaba del tronco robusto de un árbol inmenso y bellísimo, que el árbol crecía sobre un monte plateado, que el monte rozaba el cielo, que por el cielo giraban a velocidades inconcebibles infinitas galaxias, que las galaxias se diluían en el polvo cósmico y que el polvo cósmico era sólo conciencia cuya esencia estaba hecha de belleza y misterio, y que éramos muy desagradecidos al colocar en el centro de la vida la desesperación y la amargura, porque todo al fin acaba en la más inimaginable serenidad y plenitud.

Eso cantaba el pájaro de mi árbol genealógico, ramillete de plumas plateadas, al que yo había ahogado el canto atándolo a la pena, a la rueda del pozo, impidiendo su vuelo infinito.
De la iluminada rama salió entonces hacia el horizonte una garza; poco después, un águila extendió sus alas hasta perderse en la lejanía. Tal y como yo los había visto en sueños, se fueron libres y alegres, cada uno por su lado, pero su partida esta vez no me hizo sufrir. En el más allá el amor se confunde con la libertad.


sábado 12 de septiembre de 2009

VIRUS

(Foto: Agustín Galisteo)
Me intriga la palabra. Viene del latín virus, y significa veneno. Bien. Pero vayamos más atrás. Hay otros dos orígenes posibles y emparentados: de vir (varón) y de vis (fuerza). En su constelación semántica hemos de incluir virulento y vigoroso. Incluso Viriato, valeroso lusitano al que mataron a traición. Y viruela, claro.

Pero dejemos la etimología. Vistos al microscopio, estas cosas o bichos son bastante inquietantes: más parecidos a conglomerados químicos, estructuras inorgánicas, que a seres vivos. Están entre lo inerte y lo vivo. Para vivir y replicarse necesitan una célula huésped. No tienen vida propia, pero sí una voluntad reproductiva indestructible.

Sus diseños son de alta tecnología. La nanotécnica los imita. Se multiplican a una velocidad cósmica.
La medicina moderna ha encontrado en ellos la gran justificación de su existencia. Su objetivo es destruirlos. Estúpido intento. Hay tantos, se modifican con tanta facilidad, es tan impredecible su comportamiento, que es como matar mosquitos con elefantes. O al revés.

El objetivo de matarlos uno a uno, con un arma específica, es una empresa de locos. Pero las grandes empresas farmacéuticas nos han convencido de que es posible. Saben que es imposible, pero viven de eso.

Nuestro cuerpo está preparado para combatir a los virus malignos y aprovecharse de los beneficiosos. Tiene un sistema inmunológico innato, otro adquirido y, además, los linfocitos T, que fagocitan y destrozan a los virus patógenos.

Toda la farmacopea del mundo no puede igualar a esos mecanismos naturales del cuerpo.

La lógica nos dice que, en lugar de buscar un fármaco para cada virus, es infinitamente más eficaz fortalecer los mecanismos naturales con los que contamos. Estadísticamente más eficaz.
Si de lo que se trata es de evitar muertes, pues no hay duda del camino a seguir. Pero no se trata de eso, sino de hacer dinero, lograr beneficios en cantidades sólo equiparables a los infinitos millones de virus existentes.

Hay que alimentar el gran virus, el miedo irracional, extenderlo, manipularlo. No hay arma más eficaz para dominar el mundo.

Lo llaman información. Lo llaman criterios médicos. Lo llaman recomendaciones de los expertos. Lo llaman prevención. Lo llaman responsabilidad política.

Pero tiene otro nombre: engaño masivo, global. Han descubierto que es muy fácil hacerlo: todos colaboran encantados, desde los periodistas a los políticos, de los médicos a las ONGs.

Control y negocio. Negocio y control. Es lo mismo.

Me ha mandado Luis Prieto este vídeo sobre la gripe A. Da bastantes pistas. Te lo recomiendo:



jueves 3 de septiembre de 2009

LIGEREZA, FLUIDEZ, TRANSPARENCIA

(Foto: Agustín Galisteo)









La inseguridad.
La inestabilidad.
La inconsistencia.
La incertidumbre.


Desde niños percibimos que el mundo es inestable, inseguro, inconsistente.
Pero no podemos vivir en la total incertidumbre.
Necesitamos construir a nuestro alrededor un mundo sólido, consistente, estable.
Nos agarramos a la continuidad, la permanencia del mundo, desde las paredes de nuestra habitación a la sonrisa y la presencia de la madre.

Nuestro cerebro aprende a dar consistencia a lo que percibimos.
Creamos un mundo estable para poder sobrevivir en él.
Pero la sensación de incertidumbre, la discontinuidad, la fugacidad de todo, no desaparece de nuestro interior. Nos agita el desasosiego, la zozobra, el miedo a la pérdida de la solidez del mundo.

Como reacción ante la angustia y ansiedad que este hecho nos produce construimos el yo. El yo es nuestro último refugio. El mundo se puede desmoronar a nuestro alrededor, pero siempre seguiremos creyendo en la continuidad y consistencia y permanencia de nuestro yo.

Pero sabemos que eso es un espejismo. No hay reposo, no hay posibilidad alguna de alcanzar la seguridad que buscamos en el yo.

El yo, por más que nos esforcemos, es lo más inseguro que tenemos, porque está construido sólo con imágenes, es una pura construcción mental cargada de fuertes sentimientos y emociones.

El yo, para asegurar su continuidad, vive en permanente estado de alerta. Se ofende, se asusta, se resguarda, se defiende y ataca ante la más mínima amenaza, real o imaginaria.

Por eso, nada más sano, más inteligente, más liberador que aceptar la “anulación del yo”. Aceptar un yo inconsistente, despreocupado por su continuidad, fluido, ligero, transparente.

Todo lo que le llega de fuera, le atraviesa, le traspasa y no encuentra ninguna resistencia. No es un yo inseguro, porque no busca ninguna seguridad. No es un yo ofendido, porque no hay nada a qué ofender.

El aire.
El agua.
El sonido.
La nube.
El río.
El junco.
El águila…

Las fuerzas del universo nos golpean constantemente.
Cuanto menos resistencia ofrezcamos, menos nos destruirán.

miércoles 26 de agosto de 2009

POEMA COMENTADO

(Foto: Agustín Galisteo)




Durante estos días de verano he continuado escribiendo “La verdadera historia de Dan Kofler”, las memorias de un judío gitano, libro sobre el que llevo escritas 600 páginas. A veces su historia me desborda y necesito la distancia del poema para tomar aire e interpretar los hechos desde una perspectiva más abstracta. He aquí uno de esos poemas:

Penetré una tupida sombra de zarzas y ramas y me perdí,
rodeado y sin poder salir del cerco
que yo mismo levanté para protegerme.
Buscando una senda, caí engañado por un resplandor oscuro.
El cielo se precipitó contra mis ojos y ya todo fue inmovilidad
.

Me atrae la idea de comentar este breve poema como si no fuera mío.

En primer lugar, se trata de un conjunto de imágenes que describen cómo alguien queda atrapado por aquello que ha construido para protegerse. Primera paradoja.
Se presenta, al mismo tiempo, a un explorador que, buscando el camino, se pierde.

El poema se basa en la construcción de imágenes atractivas sobre estas dos contradicciones. Imágenes y paradojas que dan que pensar.
Se combinan los dos planos, el de las imágenes y el de los pensamientos que esas imágenes sugieren.

El uso de la primera persona expresa la verdad de la experiencia de la que nace y recrea el poema: penetré, me perdí, yo mismo levanté, caí... A través del yo poético el lector puede identificarse y hacer suyo el poema.

La primera imagen tiene una especial fuerza “sinestésica”: se transmite la sensación de dificultad, osadía, un deseo de atravesar el misterio, lo que lleva el riesgo de perderse. Al mismo tiempo, en los dos siguientes versos esa misma sombra impenetrable se ha convertido en cerco protector, pero del que no se puede salir.

El siguiente verso nos aclara que el caminante ha quedado atrapado en esa cueva porque, buscando una senda, se dejó engañar por un resplandor oscuro. El oxímoron “resplandor oscuro” es muy apropiado, pues indica cómo se produce el engaño: es un falso resplandor, detrás de él no hay más que oscuridad, al acercarnos se nos revela la verdadera naturaleza oscura de eso que nos atraía.

El último verso expresa todo el dramatismo de la situación: el cielo hacia el que mira, el cielo que le protege, se precipita sobre él y todo queda inmóvil, metáfora última de la muerte.

La sintaxis del poema se basa el enlace de imágenes que van ampliando e intensificando su contenido metafórico. Un proceso de acumulación significativa y emocional.
Naturalmente, sin la distribución musical de los fonemas, los acentos y las palabras, la fluidez y el ritmo respiratorio interno de los versos, todo el poema se vendría abajo.

Lo que articula y sostiene el poema es siempre la integración plena de sonido, imagen y pensamiento.