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sábado, 27 de marzo de 2010

ÍSIMOS E ÍSIMAS

(Foto: S. Trancón)
El corrector ortográfico del programa Word tiende a señalar en rojo cualquier palabra acabada en ísimo-a. A veces me molesta, pero he acabado aceptándolo pues, aunque no sea incorrección ortográfica, sí suele serlo de estilo.
El idioma español siempre está a punto de despeñarse con estos superlativos, que además son esdrújulos.

Todavía resuena en nuestros oídos aquel barbarismo de “Generalísimo”. Los adjetivos admiten ese morfema de superlativo, pero no los sustantivos. Como los adjetivos tienen vocación de sustantivos, muchas veces se crea ambigüedad, como en el caso del este General que, a pesar de ser bajísimo -o quizás por ello- se colocó la mitra de ísimo para que nadie le hiciera sombra (no sólo metafórica, sino real), lo que tampoco impidió que entre la tropa mayor y menor se le conociera como “la Paca” y “la Culona”, en femenino, no sabemos si sólo por su voz tan poco varonil.

Digo que no estamos lejos de aquellos abusos semánticos, que siempre acompañan a otros, porque ahí tenemos a un juez franquísimo e ilustrísima que, apoyándose en una asociación falangísima, echará mano de la retórica leguleya para quitarse de en medio a otro juez destacadísimo que, al parecer, no midió bien las fuerzas del enemigo al meter el dedo en la garganta profunda del caso Gurtel, que suena a, mitad cuartel, mitad burdel.

La tendencia al énfasis vacío que propicia el superlativo, ya la denunció Cervantes de modo muy irónico y humorístico. No me resisto a transcribir la respuesta que Sancho le da a la dueña Dolorida, que preguntaba si estaba por allí “el acendradísimo caballero don Quijote de la Mancha y su escuderísimo Panza”:

-El Panza aquí está, y el Donquijotísimo asimismo, y, así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis, que todos estamos prontos y aparejadísimos a ser vuestros servidorísimos.

sábado, 20 de marzo de 2010

SAN ANDRÉS DE TEIXIDO


Hace años acudí a la romería de San Andrés de Teixido. Por unas horas, se abrió la grieta y me adentré en otro mundo.


Oigo el rumor de las olas, abajo, en el acantilado de San Andrés de Teixido, el más abrupto de Europa, a más de 630 metros de altura... Ya he ido allí en vida, así que no tendré que acercarme de muerto, reencarnado en lagarto, conejo, caracol o libélula... Con mucho cuidado piso los tojos, bajo por la estrecha y empinada carretera, camino hasta el santuario... Oigo un grito aterrador, pero me tranquilizo: es el graznido de un pavo que parece haber visto en mí al mismo diablo... Una meiga vestida de negro hasta la cabeza me ofrece la herba de namorar o preñadeira. Crece en lo escarpado de las rocas que dan al mar. Llego a la fuente de tres caños o de los deseos... Mojo un pañuelo blanco, lo paso por mi cara y mi brazo izquierdo y lo dejo atado a la rama de un avellano. Anochece, y empiezo a ver por los prados de alrededor del santuario, por las rocas, por las tumbas del cementerio, por los cruceiros, parejas haciendo el amor como quien cumple un rito sagrado, invocando a la diosa de la fertilidad. La mayoría de las parejas adopta la postura de la cruz de San Andrés... En este oculto finisterrae, se agitan misteriosas fuerzas telúricas... Desde la Edad del Bronce han peregrinado hasta aquí los hombres en busca del más allá. Llega la niebla, sube desde el fondo del acantilado y lo cubre todo. Las figuras de alrededor se convierten en esculturas románicas que poco a poco, caminando entre la bruma, se reúnen en torno al santuario y forman el Pórtico de la Gloria... Antes de iniciar la travesía, como unos panecillos de colores que cuelgan de mi cuello, ensartados como un collar: una mano, un pez, una barca, un San Andrés y un pensamiento... Un halcón se lanza hacia la barca en la que viajo con otros difuntos. Remamos hacia la Isla de la Eterna Juventud. Me protejo para no ser atrapado por el halcón. Quiero ver qué hay más allá.

Sí, San Andrés de Teixido es una puerta hacia el otro mundo.

P.D. Puedes buscar en Google Vídeos: "España entre el cielo y la tierra: Galicia/Galiza 10/11"

viernes, 12 de marzo de 2010

PERVERSION DE LA DEMOCRACIA


La democracia es el sistema político menos malo.
Pero no es un sistema perfecto.
Su mayor debilidad está en que no dispone de resortes eficaces para impedir el paso de los no demócratas a los mecanismos del poder.
Tampoco para impedir que se pueda usar ese poder para destruir la propia democracia.
Hitler es el caso más evidente de perversión de la democracia.

Los países de tradición democrática han sabido poner límites a quienes usan las libertades que la democracia les otorga para destruir los fundamentos de esa misma democracia.
El caso de Alemania es ejemplar: allí es delito, por ejemplo, ensalzar o difundir ideas nazis o racistas.
En la Europa democrática nadie duda de que la democracia debe saber defenderse a sí misma, impidiendo el acceso al poder de los antidemócratas.

España es una llamativa excepción. Aquí se producen cada día comportamientos que pervierten y destruyen los mecanismos democráticos, y no hay ni leyes ni conciencia ciudadana que ponga límite a quienes usan la democracia exclusivamente para alcanzar el poder y luego se saltan abiertamente los principios democráticos.
Basta recordar que aquí no sólo no está prohibido hacer apología del franquismo, sino que se persigue el esclarecimiento y el conocimiento de los crímenes impunes de aquella negra dictadura (apenas acabamos de enterarnos de los miles de niños, hijos de asesinados y represaliados, entregados a las familias de los vencedores, o los cientos de campos de trabajos forzados por los que pasaron cerca de 350.000 presos, por no hablar de esa fosa con más de 4000 muertos de Málaga que tanto está costando desenterrar) .

Carrillo dice que la derecha de hoy es muy parecida a la del 36.
Podríamos hacer una larga lista de ejemplos que lo confirman.
Lo último ha sido esa llamada a la rebelión (al parecer, fiscal) de la presidenta de la comunidad madrileña. Llegó al poder pervirtiendo la democracia y desde entonces no hay día que no demuestre que la democracia “se la suda”.
A eso algunos tontos le llaman valentía, astucia, habilidad política.
Otro ejemplo, aparentemente en las antípodas, es eso de prohibir los toros.
Tanto da tirar las leyes a la basura como establecer leyes allí donde nadie debiera imponer nada.

Los demócratas, en verdad, lo tenemos muy difícil. Entre una derecha grosera y perversamente antidemocrática, y unos nacionalistas engreídos y perversamente democráticos, nos están dejando sin espacio, sin voz, sin apenas argumentos. Toda la energía se nos va en tapar los agujeros que cada día le abren a nuestro sistema democrático unos y otros.
Como se ve, la línea divisoria no pasa por la vieja distinción entre izquierdas y derechas, sino entre demócratas consecuentes y antidemócratas perversos.

Lo repito: nuestra democracia no es homologable. No lo son muchos jueces, no lo son los voceros de la derecha, no lo son los nacionalistas de derechas y de izquierdas, no lo son algunos periódicos y medios de comunicación, no lo son los corruptos, especialistas en sortear y pervertir todos los mecanismos de control del robo, el fraude fiscal, el atraco a la hacienda pública, con un descaro provocativo y chulesco.
Lo último es llamar a todo esto “rebelión”. Ya ni se preocupan de añadir “pacífica” o “democrática”. Menos mal, al menos en este caso no se ha pervertido también el lenguaje.

jueves, 4 de marzo de 2010

ACOTACIONES, ANOTACIONES (LA TAREA DE ESCRIBIR)

Para ser escritor hay que escribir. Para escribir, hay que anotar. Para anotar hay que acotar.

Acotar es poner límites. Pongo límites a una realidad, a un pensamiento, y tomo notas sobre él. Anotar es destacar.

El escritor observa una realidad acotada, descubre en ella algo destacable y lo anota.

Me gusta hacer anotaciones. Sólo realizando constantes anotaciones puede un escritor nutrir su pensamiento y su imaginación para luego poder ponerse a escribir.

Las anotaciones tienen el atractivo de la variedad, la inmediatez, el resplandor de lo fugaz. Son parciales, no aspiran a describir la totalidad de aquello sobre lo que centran la atención.

Tomo uno de mis cuadernos de notas. Entresaco estos pensamientos.

La mayoría de los hechos no los podemos cambiar, pero sí su interpretación.
Poco podemos cambiar de nosotros mismos, pero sí la idea que nos hacemos de nosotros mismos.

Estamos rodeados por la eternidad. La eternidad está ahí, aquí, allí.
Todo lo que vemos es lo que vemos y algo más. No sé qué es ese algo más, pero, para atisbarlo, tengo que tenerlo siempre en cuenta, contar con ello. Lo puedo aplicar a todo: un árbol, una piedra, una sombra, un pájaro, una nube, una mano, un tejado, un ruido...

¿En qué nos diferenciamos unos de otros? La principal diferencia está en nuestra energía, el nivel de nuestra energía, el brillo de nuestra energía, la calidad de nuestra energía. Energía no es sólo fuerza, sino intensidad, concentración, enfoque.

Vivir es sentir. El sentir es algo que ocurre, que sucede, y, sin embargo, depende en último término y sobre todo, de la voluntad. No de la razón, del pensamiento o la palabra. Siento lo que quiero sentir.
La voluntad es un querer sin querer, un desear sin desear: intentar con total determinación, pero sin ansiedad, con desapego.
El sentir está en el centro del pecho; la voluntad, bajo el estómago. El habla y la razón, en la cabeza. El ver, en el lado izquierdo, y el soñar, en el lado derecho del cuerpo.

Somos lo que creemos ser y algo más. La muerte consiste en ver de frente a ese otro ser que somos. Si antes no hemos tenido conciencia de ese otro ser, si no lo hemos encarado, si no hemos entrado en contacto con él, su visión nos destruye, pasamos a formar parte del polvo cósmico. Pero quizás exista la posibilidad de engancharnos a ese otro ser que somos y sobrevivir. No sé en qué pueda consistir eso. No sé cómo. No sé hasta cuándo
. Pero...