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miércoles, 24 de junio de 2009

CERVANTES, JUDÍO CONVERSO

(Fotos: Pueblo y río Cervantes en los Ancares)




El legado judío en nuestro país ha sido borrado hasta extremos absurdos. Por ejemplo, la historia de la literatura oculta que Luis Vives, Antonio de Nebrija, Jorge de Montemayor, Fray Luis de León, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Vélez de Guevara, Tirso de Molina, Luis de Góngora, Fernando de Rojas, Francisco Delicado, Mateo Alemán o el propio Miguel de Cervantes, eran descendientes de judíos. Hay muchos más.

El origen converso de Cervantes ya lo defendió Américo Castro. Por mi cuenta, añado aquí algunos argumentos para los más escépticos:

En primer lugar, su apellido.
Adoptar el nombre del lugar de procedencia es algo muy común, y más entre conversos. Ahí están todos los Toledo y Toledano. Cuando ese apellido no levanta sospechas, se mantiene; cuando sí, se cambia por otro que camufle el origen judío y, a ser posible, haga a su portador descendiente de nobles o cristianos viejos. El cambio o la diversidad de apellidos es un indicio bastante fiable del origen hebreo.

Hay dos pueblecitos que llevan ese nombre, uno perdido en los Ancares (hoy Lugo), y otro en Sanabria (hoy Zamora). Ambos están en lo que siempre se llamó “los Montes de León”, de donde dice explícitamente Cervantes que “proviene su linaje”. El nombre alude a la abundancia de ciervos y corzos (todavía hoy es así). En ambos pueblos, además, se da el otro apellido, Saavedra. En el Cervantes ancarés hay incluso una casa-palacio de los Saavedra. El escudo nobiliario de este palacio se encuentra hoy en la Calle del Agua de Villafranca del Bierzo, la calle principal de la antigua judería. Yo he visto este apellido en varias tumbas antiguas del cementerio villafranquino.

Hay muchas pequeñas aldeas de esta zona, cercana a la raya de Portugal, donde sabemos que se refugiaron los conversos después del decreto de expulsión de 1492. No muy lejos, en el corazón de los Ancares leoneses, está Guímera, un pueblo entero de conversos dedicados al comercio ambulante. (Guímara proviene de Guemerá, uno de los libros básicos del judaísmo).

Pero hay otros muchos indicios.
Don Quijote nunca afirma, en contra de lo que hace Sancho, que él es cristiano viejo, sino sólo cristiano. Nunca come cerdo, salvo “duelos y quebrantos los sábados”. Este plato, tan extrañamente llamado, se compone de “huevos con tocino y chorizo”, pero ¿por qué llamarlo “duelos y quebrantos” y comerlo, precisamente los sábados? “Duelos y quebrantos” para los conversos, por quebrantar la ley que prohíbe comer cerdo, y en sabbat, día de descanso y oración. Era una forma obligada de demostrar que no se era “judaizante”. No hay otra forma de explicar este nombre.
La olla que come don Quijote todos los días (o sea, el cocido), además, tiene “algo más de vaca que de carnero”; tampoco aparece aquí el cerdo, curiosamente, en contra de lo que era habitual.

Cervantes muestra conocer bien el Antiguo Testamento, al que cita varias veces. En todo el Quijote sólo aparece una iglesia, y con ella “se dan” él y Sancho “de noche”. Dice también que lengua hebrea es superior a la árabe. Atribuye la autoría a Cide Hamete Benengueli, por si acaso. Su padre era cirujano, profesión de judíos. Él mismo fue recaudador de impuestos y se dedicó a no se sabe qué negocios, pero el caso es que fue excomulgado dos veces y dos veces estuvo en prisión.

Al comienzo de el Quijote habla de “un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”. “Lugar” es sinónimo de “aldea pequeña” y el “no quiero acordarme” es un acto voluntario, no olvido. ¿Por qué no quiere “acordarse” de su lugar de origen? Hay quien dice, exageradamente, que eso de “la Mancha” encubre “la mancha de los judíos”, o sea, el deicidio, acusación que tanto arraigó en la imaginación popular y que ha llegado hasta hoy.

Un último dato: la supuesta partida de nacimiento de Alcalá de Henares. Este documento apareció a mediados del siglo XVIII, y es una partida de bautismo de “Juan Cerbantes Cortinas”, a suyo margen se ha puesto, con mano distinta, “Miguel”. Demasiado sospechoso. Había que darle un lugar de nacimiento digno a quien se había convertido, tres siglos después, en el más importante escritor español.
Judeo-español, hay que precisar, de origen converso, posiblemente nacido en una aldea perdida en los intrincados Montes de León.

miércoles, 17 de junio de 2009

OJOS QUE MIRAN

(Foto: Luis Llavori
No siempre vemos ni miramos del mismo modo.
Nuestra forma de ver y de mirar cambia constantemente.
Los ojos influyen y son influidos por las emociones, las preocupaciones, las ilusiones, la tensión y relajación, las expectativas, la atención, nuestro nivel energético y de conciencia.

Los ojos son la puerta de la conciencia.
Observa tus ojos, toma conciencia del estado de tus ojos, del brillo de tu mirada, de su grado de fijeza, de tensión, de relajación, de fluidez.

Los ojos están conectados con la energía del universo. A través de ellos nos llega la energía del universo, la vibración de la luz.

Nuestros ojos pueden ser buenos o malos conectores, malos o buenos conductores.

Los ojos miran a la vez hacia fuera y hacia adentro. La mayor parte del tiempo se enfocan hacia adentro.

Los ojos proporcionan al cerebro el mínimo de los estímulos que recibe: la mayor actividad del cerebro la realiza con los datos internos, con lo que él mismo fabrica.

La mirada puede ser secuestrada por el yo y la obsesión por sí mismo. Sólo ve entonces lo que tenemos dentro, el caos interior.

La posición y el estado de los ojos, de los nervios de los párpados, de las cejas, de la frente, de las órbitas y de los propios nervios ópticos, determinan la atención, la conciencia y la percepción. Cuanta más relajación, mayor capacidad y apertura perceptiva y de la conciencia.

El estado de tensión o relajación de nuestros ojos influye en el estado general de relajación o tensión de todos los músculos de nuestro cuerpo.

La serenidad nace de los ojos.
La capacidad de percibir “algo más” de lo que ordinariamente percibimos, depende de los ojos.
Una mirada serena, fluida, atenta y suave, dejando que el ojo izquierdo “tome el mando del foco”, es una experiencia que nos permite tener un atisbo del misterio infinito que nos rodea.

miércoles, 10 de junio de 2009

ELEVAR LA MIRADA


(Imágenes: Dino del Monte)

Han pasado las elecciones europeas y, la verdad, es para echar por tierra el ánimo de cualquiera. No sólo comprueba uno que el voto de la mayoría es de lo más incomprensible y errático, sino que algo falla, que el sistema democrático está pidiendo a gritos un cambio radical... ¡para ser de verdad democrático! No hemos aprendido de la experiencia nazi, que llegó al poder a través de las urnas.

La democracia exige una regulación más rigurosa, que haga imposible que quienes no la aceptan se aprovechen de ella para destruirla. Todas esas tonterías sobre la fortaleza de la democracia, que es capaz de aceptar dentro de sí a sus propios enemigos, pues es eso, una estupidez. Que el Parlamento Europeo esté plagado de antidemócratas que no creen en el propio proyecto europeo es una prueba escandalosa del desvarío de una política ciega e inoperante.

Pero no sólo es desolador el panorama europeo, sino el que tenemos aquí, en este viejo país que camina igualmente hacia la deriva antidemocrática. Ver triunfantes a los corruptos, los ladrones, los que utilizan la mentira y el engaño, sistemática e infatigablemente, inmunes a cualquier escrúpulo moral, con un descaro matón, mientras se hacen las víctimas de todo tipo de delirantes conspiraciones, es algo que debería repugnar e indignar a cualquier demócrata, sea del partido que sea. Hay algo que está muy por encima de las preferencias políticas e ideológicas, y es que quien roba debe ir a la cárcel, quien engaña o miente debe ser castigado, quien insulta debe pagar por ello, quien usa el dinero de todos para beneficio propio debe ser apartado, de por vida, de la política y la vida pública, etc.

Pero hoy vemos en nuestro país que todo es al revés, que quien es más miserable y descarado, quien mejor roba, quien más insulta, quien más engaña, más votos recibe. Insisto, esto está por encima de las preferencias políticas, es el suelo mínimo sobre el que poder caminar como ciudadanos libres. A partir de aquí debería empezar la política, no de aquí para abajo. Cuando se dan la vuelta a estos principios mínimos y todo se confunde, ¿qué podemos esperar?

Bien, pues sumido en este pesimismo coyuntural, que amenaza con precipitarse hacia abajo, hacia el abismo, me topé con el programa Redes, que me sirvió de alivio, porque me ayudó a elevar la mirada, a levantar los ojos hacia otro abismo, el del cosmos, infinitamente más interesante y estimulador. Me quedé con algunas ideas, tan simples como incomprensibles:
Que nuestro universo, el que conocemos, compuesto por más de cien mil millones de galaxias, no es más que uno de los infinitos universos existentes que han ido surgiendo y siguen surgiendo del vacío, el falso vacío, porque está lleno de algo que, a falta de mejor palabra, llamamos energía, una energía indescriptible y desconocida. Son infinitos los mundos, pero finitas las reglas que hacen posible la constitución de la materia y la vida, por lo que en alguno de esos otros mundos necesariamente se repetirá lo que vemos y somos en éste... Fascinante y un poco aterrador, pero así es el misterio de todo lo que existe, incluidos nosotros mismos.

De la baja política al alto misterio del cosmos. Movido por la necesidad de elevar la mirada busqué por Google “la música de las esferas” y “el sonido de los planetas”. Lo recomiendo a cualquiera. Escuchar ese rumor de infinitos armónicos e imaginar que vamos por el universo a velocidades inconmensurables, girando a nuestro alrededor y acompañando a soles que giran en torno a galaxias... Pues sí, un viaje alucinante.

miércoles, 3 de junio de 2009

EL INCONSCIENTE MENTAL



Inconsciente es toda actividad de la que no somos plenamente conscientes.

A partir de Freud, tendemos a imaginar el inconsciente como una especie de sótano donde guardamos los deseos primarios. Cuando falla la represión, ese inconsciente se manifiesta través de lapsus, sueños, chistes, fantasías y síntomas más o menos neuróticos. Esta visión presupone la existencia de una lucha interior constante contra la irrupción de algo socialmente rechazado: el deseo. Podíamos llamarlo “inconsciente psicológico

Pero hay “otros inconscientes”. El más evidente es el “inconsciente orgánico y neurológico”. Nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso están en permanente actividad. Es tan compleja esta actividad orgánica, que mejor que se realice automáticamente, pues si dependiera de nuestra decisión consciente sería imposible la mera supervivencia.

Pero además del inconsciente psicológico-social, y el orgánico-neurológico, existe otro inconsciente, para mí mucho más importante, el mental.

Podemos decir que tenemos un inconsciente orgánico, que mantiene la vida, directamente determinado por nuestra naturaleza física y química.
Sobre ese inconsciente se construye el inconsciente psicológico, fruto de nuestra socialización, que obliga a la represión de los impulsos primarios.
Pero luego aparece el inconsciente mental, que está relacionado con el automatismo de los procesos mentales, y constituido por una actividad cerebral constante, o sea, por palabras e imágenes.

La mayor parte de nuestra actividad mental es inconsciente. Se vuelve consciente cuando enfocamos en ella nuestra atención. La atención ilumina aquello a lo que se dirige y deja en la sombra el resto. No hay posibilidad de enfocar toda nuestra actividad mental inconsciente.

Una característica básica de este inconsciente mental es que trabaja con imágenes del pasado y prefiguraciones del futuro. Nunca está en el presente. Elabora un diálogo interno permanente entre las imágenes de la memoria y las imágenes del futuro: el lenguaje trata de poner orden en ese caos de imágenes, les da un sentido y las convierte en “órdenes mentales”. Es aquí a donde yo quería llegar.

El inconsciente mental es un “dictador”, una voz interna que da “órdenes” a nuestro cuerpo, quien no tiene más remedio que “obedecer”. Nuestro cuerpo obedece las órdenes de nuestro cerebro “al pie de la letra”, porque no tiene capacidad para analizarlas ni juzgarlas.

La conclusión es clara: cuida tus pensamientos inconscientes (fruto de ese diálogo interno constante entre imágenes del pasado y del futuro). Si tu diálogo interno inconsciente es repetitivo, negativo, pesimista, catastrofista, tu cuerpo acabará obedeciendo y, en contra de su tendencia natural hacia la vida y la salud, reproducirá las imágenes y órdenes que recibe.

Pero tenemos un instrumento para liberarnos de esta “tiranía”: la atención. La atención es nuestro mayor poder.

La atención no es un esfuerzo voluntarista, sino una presión sostenida, fluida, capaz de enfocarse e iluminar nuestra actividad mental inconsciente y transformarla en conciencia.

La atención se dirige con los ojos. El primer requisito de una atención consciente es una profunda relajación de los ojos y la mirada. Es el ojo izquierdo el que “toma las riendas”: lo que él ve adquiere mayor presencia, se pone en primer plano. Se activa así el hemisferio derecho y se aquieta el izquierdo, el farfulleo y siseo de las palabras, el diálogo interno. El presente se hace presente. El cuerpo se libera de la vigilancia obsesiva del dictador inconsciente. Cambia la respiración. Vuelve la confianza en la vida. Se libera el inconsciente orgánico, se afloja la presión y la represión de los impulsos primarios (el inconsciente freudiano) y el inconsciente mental deja de imponernos sus órdenes.