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Puedes adquirir el libro enviando un mensaje a huellasjudias@gmail.com

jueves, 27 de mayo de 2010

LUCES NÓMADAS (II)

(Foto: anipedia.net)

Divide Esteban Martínez Serra este libro, Las luces nómadas (Bertleby Editores), en tres partes (Fluorescencias, Claroscuros y Fulguraciones) de igual extensión y número de poemas (31), configurando una estructura equilibrada y armónica.

Cada poema brota de la observación o el recuerdo de objetos y realidades concretas, cotidianas (una máquina de escribir, un tazón, una navaja, una colección de insectos, un álbum de fotografías, el teléfono…), de momentos o sucesos breves, cercanos (la lluvia, el vuelo de un pájaro, un viaje, el traslado de casa, la visita a un cementerio, la caída de la nieve…), o de ideas y situaciones vividas que despiertan profunda inquietud (la infancia, recuerdo del padre, la enfermedad de la madre, la demencia, la pérdida de la memoria, la palabra, la mirada, la soledad…)

Pero no caigamos en ninguna simplificación: no es ni poesía de lo cotidiano, ni de la experiencia, ni confesional, ni autobiográfica. Su atractivo, su interés reside en que se aleja por igual de la banalidad y la metafísica, de la anécdota y la abstracción vacía, de la vulgaridad como de la retórica o el romanticismo.

Frente a los grandes temas (el presente y el paso del tiempo, la infancia y la vejez, el recuerdo y la pérdida de la memoria, la identidad y la muerte) Esteban Martínez adopta una actitud de aceptación y desprendimiento, que evita caer en la nostalgia o la desesperación, en lirismos fáciles o en ilusiones y evasiones de cualquier tipo. Encara la realidad con una especie de “estoicismo vital”, lúcido y sereno.
Su voz resulta profundamente sincera, personal, contenida y a la vez natural, nunca forzada. Se produce así una concentración de la idea y una depuración de la imagen que conquista al lector sin trucos ni exageraciones.
No es fácil llegar a esta depuración del lenguaje y los conceptos. El autor ha tenido que recorrer un largo camino manteniendo su mirada fija en el horizonte, sin hacer caso de todos los atajos engañosos, de las infinitas señales que invitan a desviarse por otras sendas más seguras y conocidas.

Luces nómadas. La luz, la vida, en su peregrinar errante, va creando recuerdos, resplandores pasajeros. El sentido de la vida no está en ninguna trascendencia, en sueños de permanencia o posteridad, sino en eso que vemos y entrevemos fugazmente y que la memoria y la palabra tratan de guardar: fragmentos, fluorescencias, claroscuros, fulguraciones.
Frente a lo efímero y frágil de la luz, el tacto, el olor, el sabor, los sonidos, tratan de establecer unos límites más reales del mundo: los objetos en los que nos vaciamos, las pequeñas cosas, los sucesos que fragmentariamente recordamos.

Ese acercar el fósforo a las hebras perfumadas
y, en un rito iniciático, exhalar la voz íntima del humo
(...)
Libro aroma a café cuando salmodia
el esqueleto del frío en la ventana.
(...)
En el cuenco de loza se deshilachaba la noche
con la misma mansedumbre que en mis ojos.
(...)
El alma que, con un soplo para entibiar la leche,
dejaba mi madre sobre el mar de nata.
(...)
Si levanto una piedra,
quizá salte un destello y huya un pez y sea distinto,
pero el agua reconocerá mi tacto y se dejará llevar.
(...)
Nieva tan blandamente que es triste observar
la agonía de los copos sobre el barandal.
(...)
Nunca antes en tus ojos claros
había visto caer piedras tan hondamente
y en silencio.
(...)
Deja que te dé un beso en la frente, madre,
y, sin mirarme en la alberca de tus ojos, me vaya.
No es hoy pacífica su agua quieta. Me estremece.
(...)
Arena finísima te has vuelto. O mano abierta
por donde se escapa el agua.

Son fragmentos cogidos al azar. Podría destacar muchos otros aspectos, pero creo que es suficiente. Nada puede sustituir a una lectura pausada de todo el libro. Acabaré con un poema que expresa muy bien el propósito de desnudez, de despojo de todo lo superfluo, tanto en la poesía como en la vida:

PÁJAROS

Me gustaría ver el vuelo del pájaro
pero sin el pájaro;
la línea melódica del ala
pero sin el ala, sin el aire
hendido suavemente por el ala,
sin el cielo tampoco
en el que se cuela el aire
del que os hablo.
Ver sólo el vuelo desde dentro
empujado –debe de ser la única manera-
desde el sueño obcecado del pájaro.

jueves, 20 de mayo de 2010

LUCES NÓMADAS (I)

(Foto: S. Trancón)
Los que siguen estas páginas virtuales, intangibles, habrán comprobado que no me gusta hablar de nombres propios, amigos o adversarios, y que ni siquiera añado una lista de blogs amigos, aunque los tenga, pues no quiero enredar a mis posibles lectores con compadreos, banalidades y vanidades personales, a que tan dados son los escritores. Nada más lejos de mi propósito que crear eso tan volátil y ambiguo como una “red social”.
Quien me lea, que se interese por lo que escribo y nada más.
Pero esta norma, como todas, ha de tener sus excepciones, su infracción voluntaria. Adquiere así mayor valor el conculcar lo que uno mismo ha establecido.

Hoy quiero hablar de un amigo, Esteban Martínez Serra, que acaba de publicar en Bartleby Editores un libro de poemas, Las luces nómadas, libro del que necesito escribir largo y distendido, porque son infinitas las reflexiones y sugerencias que su lectura ha despertado en mí.

Conocí a Esteban Martínez de casualidad. Fue en Valdepeñas, en octubre del 2007. Habíamos quedado finalistas, con Javier García Cellino, del premio Viaje del Parnaso en su segunda edición, que por entonces aspiraba a convertirse en el Planeta de la Poesía. De los trapicheos y corrupciones de aquel premio -que al final el jurado otorgó a uno de los poetas más mediocres de nuestra parranda literaria, por un poemario zarrapastroso, hecho de remiendos ilegibles y prosaicos-, hay abundante información en internet, pues los tres finalistas denunciamos con evidente atrevimiento y riesgo esa práctica del amiguismo descarado que hoy degrada a los premios literarios más renombrados.

El eco de la polémica también quedó recogido en este bloc (ver etiqueta “Mundo literario”). El responsable de Bartleby, Pepo Paz, fue uno de los pocos editores que se atrevió a firmar la carta contra la corrupción en los medios literarios que dirigimos al Ministro de Cultura, entonces el ínclito César Antonio Molina. Se produce ahora una feliz y simbólica coincidencia: la desaparición este año de aquel desprestigiado premio parnasiano –herido de muerte tras nuestra denuncia– y la aparición, en cambio, del libro de Martínez Serra, rechazado de modo grosero en aquella farsa de concurso.

Pero todo lo dicho sería para mí insuficiente si los poemas de este libro no me parecieran de una calidad poética excepcional, como trataré de mostrar y demostrar. Y empezaré por el final, el último poema del libro, titulado precisamente “Elogio de la desaparición”:

Que de mí no quede piedra sobre piedra,
que no ocupe espacio en la memoria de nadie. (…)

Que todo siga como hasta ahora: nadie siendo nada…

Siempre he creído que no hay verdadera poesía sin pensamiento, lo que no tiene nada que ver con una poesía discursiva. El pensamiento nace del poema, no el poema del pensamiento… Leído un poema, a uno le debe quedar revoloteando en la cabeza alguna idea nueva.

Concebido como un todo coherente, este libro está lleno de ideas originales, ni sabidas ni consabidas. Ideas que chocan con muchos de los tópicos que se han ido adhiriendo a la corteza de la poesía como hongos, hasta casi desecarla. Este último poema libro, con rotunda sencillez, nos dice que es una presunción de vanidosos soñar con que uno pervive a través de su obra. Nada de inmortalidad unamuniana. Sólo el cuerpo perdura /porque se eterniza en la tierra. Pero esto no produce ninguna desesperación, porque está bien que sea así.

Ni el poeta, ni la poesía y la literatura, aparecen encumbradas o recluidas en ningún paraíso. La palabra poética no se asienta sobre ninguna impostura, ninguna vanidad, ninguna fantasía; ni siquiera se alimenta de la nostalgia o la melancolía. El último poema enlaza así con el primero: la luz se opaca, se enturbia en el poema, nos dice en el Preámbulo. La palabra luz no es la luz, los matices de la luz se apagan en la palabra luz.

Hay aquí una visión radical de la poesía y de la relación del poeta con la escritura que la despoja de toda retórica, todo superfluo romanticismo, sentimentalismo efectista o desbordamiento artificioso… De toda falsedad, en definitiva.

La poesía no es ficción, ni siquiera narración, ni descripción, ni discurso. No es un mero juego de palabras o con las palabras. La poesía tiene que ver con la verdad: la verdad del lenguaje poético (que nos separa de la vida, que nunca será la vida misma), y la verdad de la vida (que es radicalmente efímera, y frente a la que no caben evasiones retóricas o imposturas).

La escritura de Esteban Martínez Serra nace de la verdad: despoja a la poesía de toda falsa retórica y a la vida de todo falso sentimentalismo. Pero esto no significa que sea una poesía fría, sino todo lo contrario: la aceptación de los límites de la palabra tiene que ver con la aceptación de nuestra condición humana, abocada a la muerte y la desaparición, pero es precisamente de aquí, de este suelo firme, del que arranca la belleza, la profundidad y el gran impacto emocional e intelectual de estos excepcionales poemas.

jueves, 13 de mayo de 2010

LOS PODERES DEL CEREBRO Y LA MENTE

(Foto: Jep Flaque)



Abundan los libros de autoayuda que otorgan a la mente y el cerebro infinitos poderes, casi mágicos.

La psicología cognitiva ha descubierto la gran influencia de los pensamientos y creencias sobre nuestra conducta. El efecto placebo (y su contrario, el efecto nocebo), entre otras muchas evidencias, así lo confirman. La terapia racional cognitiva o la PNL (programación neurolingüística) demuestran que una reestructuración cognitiva (cambio de creencias, expectativas, autoverbalizaciones o diálogo interno) produce efectos notables sobre el control y mejora de patologías cotidianas (ansiedad, estrés, depresión, fobias…).

Así que sí, es cierto. Un pensamiento puede alterar la química del cerebro, influir en el desarrollo de un cáncer o deprimir el sistema inmunológico. Nunca será bueno dejarse llevar por pensamientos pesimistas, catastrofistas, negativos. Sí, es cierto.

Pero hay que ir un poco más allá, porque esta verdad, sin más, puede producir efectos perniciosos e inesperados. Por ejemplo: ansiedad, culpabilidad y desesperación.
Si todo depende de mis pensamientos, y yo soy el responsable de mis pensamientos, todo lo que me ocurre es culpa mía. Y si, por más que lo intento, sigo dándole vueltas a los mismos pensamientos obsesivos, negativos, será que no tengo remedio. Cuando se llega a este punto, esas terapias milagrosas, no sólo no curan, sino que producen un efecto rebote y agravan el problema.

Así que hay que ir un poco más allá. Por ejemplo, no conviene confundir mente y cerebro. Los biologicistas caen en esa trampa y acaban siendo deterministas: todo depende de la química del cerebro, de las zonas que se activan, de la programación genética… Los espiritualistas, por el contrario, creen que la mente es una sustancia en sí misma que actúa directamente sobre el cuerpo y determina su estado y funcionamiento. Son igualmente deterministas, pero a la inversa.

Mente y cerebro van juntos, pero no son lo mismo. El cerebro determina la mente, y la mente determina la actividad del cerebro. Mente y cerebro determinan la actividad del cuerpo. Puede resultar difícil de entender, pero hay que pensarlo desde esta perspectiva para no caer, ni en el determinismo genético, ni en el voluntarismo o determinismo cognitivo.

La epigenética nos ha librado del determinismo genético: los genes se activan o desactivan de acuerdo con los estímulos del medio. La percepción moldea y modula la expresión de los genes. La neurociencia nos puede librar del determinismo cognitivo: hay una mente consciente y otra inconsciente, y sobre las dos podemos influir.

Hagamos un símil: los genes son letras y palabras con las que escribimos un texto, no son el texto mismo. O: los genes son el texto escrito, pero hay que leerlo e interpretarlo para que signifique algo. La información hay que interpretarla. Con un mismo programa (Word, por ejemplo) se pueden escribir muchas historias. Estamos programados, pero los programas no actúan por sí solos, hay que activarlos y hacer algo con ellos.

Otro símil: el universo, más o menos, está compuesto por un 70% de energía oscura, un 25% de materia oscura y un 5% de materia visible. Paralelamente, la mente es un 70% inconsciente, un 25% semiconsciente y un 5% consciente.

Del 95% de universo no sabemos prácticamente nada. Del 95% de nuestro cerebro y nuestra mente, pues casi lo mismo. Del mismo modo que podemos actuar sobre ese 5% de la materia conocida (desentrañarla, manipularla, transformarla, etc.) igualmente podemos actuar sobre ese 5% de nuestro cerebro y nuestra mente consciente.
Toda nuestra libertad, todo nuestro poder, se basa en ese 5%. Parece poco, pero es prácticamente infinito.

jueves, 6 de mayo de 2010

JUGAR CON LAS PALABRAS

(Foto: Román Díaz)




Las palabras dicen y hacen. Una de las cosas que hacen, es producir placer. Jugar con las palabras produce placer.
El niño aprende a hablar jugando con las palabras. Juega y experimenta con los sonidos y con lo que los sonidos dicen y hacen.

Hablar es crear. El placer del lenguaje nace de decir lo nunca dicho. Cuanto mayor sorpresa, mayor placer.
Jugar con las palabras es volver al origen. Y el origen fue la fonética. La fonética crea la semántica.

Hace tiempo escribí la historia de una Cofradía que se llamaba Cofradía de las Máximas Mínimas, el Aforismo Desbordante, el Pensamiento Fuerte, la Retórica Invertebrada, el Pánico Semántico, la Reestructuración Cognitiva, el Delirium Tremens y el Gato Encerrado. Los cofrades practicaban una serie de rituales, pero su principal objetivo era desarrollar el pensamiento sintético: el epigrama, el axioma, el concepto, el apotegma, el proverbio, la sentencia moral, la máxima filosófica, el heurístico, la fórmula científica, las bienaventuranzas evangélicas y, por último, el epitafio. Conceptistas y culteranos, iban de la mano. Para ser admitido en esa Cofradía tuve que pasar la prueba de ofrecer y declamar de memoria un Rosario de 22 Máximas Mínimas. Todavía las recuerdo:

“EL INCONSCIENTE ES EL MEMORIAL DE AGRAVIOS DEL CUERPO”

“SABER TODO LO QUE NO SE SABE, ES SABER TODO LO QUE SE PUEDE SABER”

“ENTRE SER O NO SER, SIEMPRE CABE EL SER OTRA COSA”

“EL TIEMPO NO SE PIERDE: NOS PERDEMOS EN ÉL”

“CUANDO UN GRANO DE ARENA SE CONVIERTE EN UNA MONTAÑA, ES QUE ESE GRANO ESTÁ ENCIMA DE UNA MONTAÑA”

“TODOS SOMOS PALIMPSESTOS, LLEVAMOS LA INTERTEXTUALIDAD INSCRITA EN EL CEREBRO”

“DEJA PARA MAÑANA LO QUE NO PUEDAS HACER NUNCA”

“LA MAYORÍA DE LOS HOMBRES ANHELA LA FELICIDAD, PERO MUY POCOS LA ACEPTAN CUANDO LLEGA”

“EL POETA VA A POR UVAS Y ENCUENTRA BREVAS. Y NUNCA LAS VE VENIR”

“UNO MÁS UNO CASI SIEMPRE SON TRES”

“PARA VER EL MUNDO HAY QUE PARARLO Y APEARSE”

“EL TIEMPO CORRE: PÁRATE. EL TIEMPO VUELA: VUELA CON ÉL”

“ETÁS VIVO, LUEGO NO TIENES NINGUNA VIDA POR DELANTE”

“HAY QUE MORIR COMO DIOS MANDA, CON LAS BOTAS PUESTAS”

“HAY COSAS QUE NUNCA DEBIERAN PASAR, SINO QUEDARSE”

“POLIFEMO NO LE QUITABA A ULISES EL OJO DE ENCIMA”

“MI REINO POR UN CABALLO NO ES LO MISMO QUE MI CABALLO POR UN REINO”

“SALIÓ A TODA PASTILLA: IBA MUY DROGADO”

“NO HAY QUE COGER EL TORO POR LOS CUERNOS, SINO TOREARLO”

“NO ME GUSTAS CUANDO CALLAS, PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE”

“VALIENTE COMO UNA RATA, COBARDE COMO UN HOMBRE”

“¿POR QUÉ ZÁNGANO ES SINÓNIMO DE HOLGAZÁN? (LA FONÉTICA ARRASTRA A LA SEMÁNTICA)”