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martes, 28 de agosto de 2012

ENSEÑANZAS DE SEM TOB DE CARRIÓN (1)



Entre mis lecturas de verano he dedicado un tiempo a los Proverbios Morales del sabio judío español o sefardí Sem Tob. Vivió en Carrión de los Condes (Palencia) donde floreció una gran comunidad judía en el siglo XIV. Vivió Sem Tob la guerra entre Pedro I (mal llamado el Cruel) y su hermano bastardo Enrique de Trastamara. Pedro I era protector de los judíos, pero perdió la guerra y con esta derrota cambió la situación de los judíos españoles, que pasó de la tolerancia de Alfonso X a las matanzas de 1391.

Sem Tob representa lo mejor de la tradición judía, llena de sabios escritores que han dejado una influencia decisiva en nuestra cultura. Además de estos proverbios se le conoce por una composición, el Vidduy, una oración de penitencia que todos los sefardíes ha rezado durante siglos en la celebración del Yom Kippur.

Los Proverbios no es un libro religioso, pero fue prohibido por la Inquisición y su lectura considerada signo de judaizar. En 1492 fue juzgado por la Inquisición de Cuenca Ferrán Verde acusado de haber leído "las coplas del rabí" Sem Tob. Se defendió Ferrán argumentando que no tenían nada contra la fe católica. Para ello copió de memoria 219 coplas que recordaba y afirmó:

"Digo que yo juro a Dios nuestro señor e a San María su Madre e a las palabras de los Santos quatro Evangelios, por doquiera que se recuentan, que yo no dexo ninguna d'ellas de quantas a la memoria me han venido ni he podido saber: como quiera que eran más d'estas, pero todas por el estilo y de buenos castigos e exemplos".

Como puede deducirse, el libro fue transmitido oralmente, haciendo uso de la memoria, el mejor medio para huir de los inquisidores, pero ni siquiera en este caso pudo escaparse el acusado del ojo omnipresente del Santo Oficio.

El libro consta de casi 700 coplas, que son composiciones de dos versos alejandrinos con cesura y rima en la sílaba final, con independencia de que sea tónica o no. Está escrito con abundantes recursos propios de la poesía hebrea y árabe (sinonimia, homonimia, paronomasia, paralelismos, quiasmos, antítesis...) y expresa una visión del mundo en la que todo lo humano se nos presenta como mudable, inestable, fugaz. La mirada del sabio siempre descubre los contrarios, y sólo en su contraposición alcanza el hombre la verdad.

Lejos de todo dogmatismo, muchos de sus pensamientos están inbuidos de una modernidad que los hace plenamente actuales. Sem Tob muestra una gran agudeza en la observación del comportamiento humano y en el descubrimiento de sus motivaciones psicológicas. Enseñanzas para vivir con sabiduría.

Recojo algunos de sus consejos (he modernizado la ortografía para facilitar su lectura):


Si no es lo que quiero, quiera yo lo que es;
si pesar he primero, placer habré después.

En lo que Lope gana, Rodrigo empobrece;
con lo que Sancho sana, Domingo adolece.

Non ha noche sin día, nin segar sin sembrar,
ni caliente sin fría, nin reír sin llorar.

No hay sin tacha cosa, nin cosa sin zozobra,
nin sin fea hermosa, ni sol hay sin sombra.

La bondad de una cosa se sabe por su revés;
por agrio la sabrosa, el haz por el envés:
si noche no hubiésemos, ninguna mejoría
conocer no sabríamos a la lumbre del día.

Con todos no conviene usar por igual,
mas (sino) a unos con bien e a otros con mal.

lunes, 20 de agosto de 2012

LECTURAS DE VERANO


 (Fotos: Daniel Moreno)
El espíritu de las olas

No tengo un plan de lecturas. Me dejo guiar por el azar. Son tantos los libros hoy disponibles, que resulta imposible seguir un orden. Mis lagunas, como las de la mayoría, son más bien oceánicas. Lo que sí hago es dejarme llevar por el instinto. Y no leo lo que no me gusta o de lo que no saco provecho. No sigo modas, así que no estoy a la moda de nada.

Este verano, por ejemplo, he leído los siguientes libros:
Atardecer en el Salar de Uyuni
-Riña de gatos, de Eduardo Mendoza. Me interesaba por el tema de la guerra civil (ando metido en una novela ambientada en esa época). Hasta la mitad lo leí con cierto interés. Luego ya me parecío una tontería. La trama se vuelve tan artificial como inverosímil. Y la supuesta ironía no me hace ninguna gracia.

-Sangre, de Mercedes Abad. A mí me gusta esta escritora, su estilo, su imaginación y su humor. Hasta la mitad, la novela va muy bien, pero luego poco a poco se despeña porque acaba rizando el rizo. Una pena, pero me lo pasé bien con su lectura.

-Viaje a la felicidad, de Eduardo Punset. Muy flojo. Desordenado, confuso, con muy pocas ideas nuevas o de Arenas del Namibinterés. La supuesta fórmula matemática de la felicidad que se inventa es un galimatías que no sirve para nada. Lo más interesante, la entrevista con Robert Saplosky.

-David Golder, de Irene Némirovsky. Fue su primera novela, y es una gran novela. Nadie como ella ha reflejado el lado grotesco, perverso y estúpido de cierta burguesía judía de la época anterior al nazismo. Lejos de idealizar a los judíos, esta novela nos ayuda a distinguir entre el judío materialista y la gran cultura y tradición del judaismo intelectual y humanista, que es la que a mí me interesa. 

-Proverbios morales, de Sem Tob de Carrión. Escrito en el siglo XIV, tiene hoy tanto interés como entonces. Lo comentaré próximamente y hablaré sobre este autor judeoespañol.

-Primera Memoria, de Ana María Matute. Premio Nadal en 1959. Ambientada en la guerra civil, me parece una extraordianria novela, que debería figurar al lado de las mejores obras de posguerra.

domingo, 5 de agosto de 2012

UN PROPÓSITO DE VIDA

 

¿Cuál es tu propósito de vida? ¿Qué es a lo que aspiras desde lo más profundo de tu ser? No hay pregunta más importante. Para responderla hay que pararse y mirar sin miedo a nuestro interior.

No queremos encarar y conocer cuáles son nuestros verdaderos impulsos, aquello que se mueve por debajo de todo lo que hacemos. Respondemos superficialmente y preferimos aturdirnos con respuestas fáciles, tópicas: ser feliz, alcanzar el éxito, tener dinero, vivir con la pareja ideal, poseer todo lo que deseemos... Suelen ser propósitos materialistas teñidos de romanticismo y vagos sentimientos de felicidad y bienestar. Y casi siempre lo suficientemente alejados de nuestras posibilidades como para verlos lejanos, prácticamente inaccesibles. Puro autoengaño.

Un propósito de vida tampoco es una lista de tareas anotadas en una agenda. Eso no son más que obligaciones y urgencias a las que hemos de atender para matener nuestra situación de vida. Supervivencia, atender a nuestra imagen social, entretenimiento... Y muchas veces, una forma de atenuar la insatisfacción y la ansiedad.

Pero un propósito de vida es algo muy distinto. Es algo que implica y compromete a todo nuestro ser. Algo que está presente en todo lo que hacemos. Algo que da fuerza, unidad y sentido a todo lo que hacemos. No es algo que pospongamos para el futuro ni algo que dependa de nuestro pasado. Es algo que da energía y vida al presente. No es algo que dependa de nada externo, sino de nosotros mismos. Algo que está en nuestras manos y que dinamiza nuestros actos.

Si alguien me pregunta cuál es el propósito de mi vida, yo le respondo: vivir el presente con plena conciencia. No conozco mayor felicidad que la de ser plenamente consciente. Conciencia es atención, relajación, desapego y pasión al mismo tiempo, aceptación, ayuda desinteresada, humor y afán de conocimiento. Todo siempre referido al momento presente, a lo que tengo delante o a lo que me pongo delante o a lo que la vida me pone delante o por delante.