Follow by Email

PINCHA SOBRE ESTA IMAGEN PARA VER VÍDEO (Booktralier)

PINCHA SOBRE ESTA IMAGEN PARA VER VÍDEO (Booktralier)
Puedes adquirir el libro enviando un mensaje a huellasjudias@gmail.com

lunes, 28 de septiembre de 2020

LA ESPAÑA DEL 98, TAN LEJOS, TAN CERCA



Isidro González García es un leonés de Villabalter, doctor en Historia Contemporánea, catedrático y reconocido especialista en la historia de los judíos, con cientos de artículos publicados en prestigiosas revistas de investigación y en medios como El País o El Mundo. Tiene más de una decena de libros editados, entre ellos títulos imprescindibles como Los judíos y España después de la expulsión, El retorno de los judíos o Los judíos y la guerra civil española. Pese a su estrecha vinculación con nuestra tierra, es uno de esos escritores leoneses más conocido fuera que dentro de León.

    El motivo de esta reseña es dar noticia de su última obra, recién publicada en Áltera y que mereció el VII Premio Hispania de Novela Histórica. Si título es Cuba 1989. Grandeza y miseria en la derrota. El género de novela histórica es el más apropiado para definir este relato que, basado en una rigurosa y minuciosa reconstrucción de los hechos, da paso a algo más, algo que sólo la literatura es capaz de transmitir: la interiorización de la historia, la recreación de las vivencias, los pensamientos, el sufrimiento, las dudas y esperanzas que mueven el corazón de los hombres en los momentos más difíciles e inesperados de la vida. El interés histórico, el conocimiento del entramado de acontecimientos que precipitaron la guerra de Cuba, se une a una reflexión profunda sobre la condición humana y el orden social que la condiciona. 

     Tres voces sucesivas, interrelacionadas y alternándose, van construyendo el relato global, que avanza de modo fragmentario y va articulándose e integrándose a medida que progresa cronológicamente la narración. Por un lado está el narrador general y omnisciente, que no sólo cumple la función del historiador, sino que adopta en cada momento el punto de vista de los personajes, que son muchos y muy variados, desde Cánovas y Sagasta, a los soldados que mueren en la manigua o de malaria, o los vecinos desesperados de una corrala de Madrid. El segundo narrador es el protagonista de la historia, el soldado Pedro González, enviado a Cuba con apenas diecinueve años, de donde vuelve cuatro años después, harapiento y demacrado, con el peso y la vergüenza de la derrota, pero también con la dignidad del héroe que ha merecido cuatro medallas por su valiente comportamiento durante aquella guerra absurda, llena de grandeza y miseria individual y colectiva. 

    Pedro es el abuelo real del autor, que adopta en la novela el nombre de Víctor, y se convierte en el tercer narrador, transcribiendo y recreando las historias que su abuelo le cuenta de su peripecia cubana. No me arriesgo al afirmar que es la mejor obra de su género escrita sobre un acontecimiento que, pese a todo su interés, apenas ha inspirado media docena novelas destacables, con la diferencia de que ésta está totalmente despojada de cualquier adorno romántico, retórico o ideológico, sin que ello impida transmitir un hondo latido humano y realista, el que nace de la verdad de los hechos y de la propia experiencia.

    Destaca esta novela por su estilo depurado y sencillo, esa difícil naturalidad que recuerda la prosa de Galdós y de Pío Baroja, escritores a los que Isidro González ha sabido leer con sumo provecho. Pero también sorprende cómo el autor ha construido el entramado narrativo, cómo mediante el hilo de la historia real de su abuelo, ha ido tejiendo un tapiz que nos traslada de lo particular a lo general, de la manigua a los salones aristocráticos, de La Habana a León, de Villabalter a Madrid, de 1895 a 1962 y a hoy mismo. A medida que nos adentramos en sus páginas vamos comprendiendo el cómo y el porqué de aquella guerra, de la que conocemos una infinidad de detalles y datos que la sacan de la abstracción histórica para verla a través de la vida real de los miles de españoles que en ella participaron y en la que tantos murieron. Un ejército de pobres, los que nutrían las "levas" (unos doscientos mil), aquéllos que no podían reunir 2.000 pesetas para evitarlo. 

    Pasan por esta historia los personajes y políticos más destacados de la época de la Restauración, (entre ellos muchos leoneses como Fernando Merino, Gumersindo de Azcárate, Francisco Sierra Pambley o Pío Gullón), de los que conocemos no sólo sus posiciones políticas, sino su interior, sus dudas y convicciones, acercándonos a su lado más humano. Isidro González ha sabido unir al rigor histórico la amenidad descriptiva de los ambientes, las circunstancias, la influencia de unos hechos sobre otros, transmitiéndonos la vida real, las reacciones de la opinión pública, los gustos clasistas, las diversiones evasivas, los atentados anarquistas que acabaron con la vida de Cánovas (pero también con el presidente McKinley, el promotor de la derrota española), a los que siguieron los de Dato y Canalejas. No oculta el autor su preocupación por el hoy mismo, porque el tema central de esta historia familiar y personal, es inseparable del problema de España, sobre el que se proyecta y en el cual cobra todo su sentido.

viernes, 26 de junio de 2020

COSAS QUE ME HA ENSEÑADO EL CORONAVIRUS





No podrás nunca ahorrar, pero sí gastar menos. Menos en casi todo. Puedes gastar menos en comida, por ejemplo, si comes menos. Si comes menos, no pasa nada, ganas en salud (hablo de mí, claro). Tampoco necesitas ducharte y lavarte el pelo cada día. Tu cuerpo y tu pelo te lo agradecen. ¡Y gastas menos agua!

Te sobra mucha ropa. ¡Y la mitad ya no te sienta bien!

El ascensor sólo lo necesitas para subir pesos, no para subir tú. Subir escaleras es como hacerte un chequeo. Si no puedes subir siete pisos sin ahogarte, malo.
Yo subo siete pisos varias veces al día. He ido mejorando.

Menos comida, menos champú, menos gel, menos ropa y menos ascensor. Y también menos coche. Siempre que puedo, a pie. Ahorro en gasolina. Menos basura, menos agua, menos electricidad, menos contaminación.
Poco es, pero si somos millones, algo se notará.

Observo que el verde de los árboles es más intenso. ¡Y más vencejos cruzan por delante de mi ventana! Por la noche no cesan de cantar los mirlos enamorados.

No necesitas ni contar ni medir tanto el tiempo. El ritmo no lo marca el reloj, sino tu cuerpo. Puedes fiarte de él.

Es mejor hacer una cosa que diez. La concentración facilita la intensidad. Hay cosas que no se pueden hacer sin concentración e intensidad. Por ejemplo, escribir un libro. Es lo único que he hecho estos tres meses. Aprovecho para anunciarlo: España sentenciada, pero no vencida.

Digo en él que hemos llegado a un punto de no retorno. Los primeros que no pueden dar marcha atrás son los independentistas: han ido demasiado lejos. O vencen los separatistas o ganamos los demócratas. Porque ya ha empezado la guerra incivil, como dijo Unamuno. Lo siento por los apaciguadores, los pusilánimes, los cobardes y los apocados. Yo alerto contra el coronavirus independentista, pandemia todavía localizada.

¿Y la ciencia? Teníamos demasiada fe en ella, pero como la necesitamos, yo ya sólo me fío de ella. Y de la razón y la verdad, cuya destrucción masiva ha sido el peor efecto del virus coronado. Ciencia, razón, verdad: no tengo otras armas para sobrevivir, y ya es tarde para buscarme otras. Y con ellas, y de su mano, el arte, el único bien imperecedero.

Digo arte, y yo me entiendo, que es mucho más que el arte de los artistas. Arte de vivir, de gozar de todo y por encima de todo y pese a todo.

¿Y las Redes Sociales? Son lo que dicen: enredan, atrapan a los que necesitan sentirse dentro del rebaño, la manada, el bando o la bandada. Y para los que necesitan gallear o gallinear o gallinacear. Pueden ser espacios de libertad, ¡pero hacen perder mucho tiempo!

¿Y la tele? Todavía peor. Dejo aparte películas y series, porque sólo veo las que elijo. Ver informativos y tertulias es puro masoquismo. Una pequeña dosis al día para saber que vivo en un mundo dirigido por psicópatas, delirantes y egomaníacos peligrosos. A veces me pongo a prueba: un minuto de Sánchez, medio de Iglesias, quince segundos de Illa, cinco de Simón, dos y medio de Ábalos, uno de Calvo... No me fijo más que en su rostro: ¡todos tienen cara de enfermos! Me obsesiono con los detalles.

Los ojos de Sánchez son los más opacos que he visto en mi vida: no dejan entrar ni salir un átomo de luz. De Ábalos sólo veo su mandíbula superdotada y sus ojillos de desmán, como el que vi de pequeño a la orilla de un riachuelo. Carmen Calvo yo creo que lucha todavía contra el coronavirus. Lo de Iglesias es ya instintivo, como ante un alimento pasado de fecha. Quizás sea porque él habla mucho (acusa) de malolientes (inmundicia) a los demás.

Como se puede ver, la política ha empezado a desaparecer de mi vida. Se impone la supervivencia. O quizás deba decir mejor que la política ha empezado a desaparecer de la vida de mi país, de mi patria, de mi todavía nación.

Esto es ya otra cosa. El estadio superior de la adolescencia falangista. Neofascismo de una izquierda guerracivilista, progre, millonaria y proletaria.

El coronavirus no se ha ido. Parece que este Gobierno se ha mimetizado con él y ha aprendido sus métodos de camuflaje. Es un coronavirus salvavidas. Pedro Salvavidas. 450.000, así, a ojo. Dice que no lo dice él, que es el único que lo dice, sino unos estudios científicos que son materia reservada al CNI de Iglesias.

Entre tanto, lo único que se puede contar, los muertos de carne y hueso, no se cuentan porque no cuentan para la ceremonia de exculpación. Bueno, menos los muertos en las residencias de Madrid, esos hay que arrojarlos a paletadas contra Ayuso.

El coronavirus se ha hecho madrileño y por eso ha atacado sobre todo a Cataluña, lo dicen los epidemiólogos separatistas.

¿Que el coronavirus nos ha hecho mejores personas? Yo veo todo lo contrario. Me refiero a las personas que se ven, las que aparecen en los medios y los tercios. Yo, desde luego, no veo que haya cambiado, sigo siendo medio-bueno y medio-malo, a partes iguales y según y cómo. Lo único que me esfuerzo es en no ser tonto. Cuesta, pero vale la pena.

Ah, y por último. En contra de lo que se dice, el coronavirus no nos ha hecho más sociables y solidarios. Más bien creo que lo contrario. Una prueba científica: llamamos menos por teléfono a los amigos. El confinamiento nos ha confinado más en nosotros mismos. Hemos comprobado que necesitamos menos de todo, hasta de las relaciones sociales.

Así que los problemas siguen donde estaban: en nosotros mismos.

miércoles, 4 de marzo de 2020

EL VIRUS CORONADO




Avanza imparable. Coronavirus le llaman, de apellido Covid-19. No habrá nombre más repetido hoy en el mundo, "del uno al otro confín". Los virus, las criaturas más invisibles y escurridizas de la Tierra, aunque en número sean lo que más abunda en ella. Hay millones de tipos, de los que sólo conocemos unos miles. Tienen vida propia, y aunque no son animales ni plantas, ni siquiera células, necesitan de las células para sobrevivir. Son microorganismos parásitos, penetran en las células y las fagocitan. No los vemos, forman parte de ese inmenso mundo invisible que nos rodea y en el que estamos sumergidos. Mutan constantemente y se replican a grandísima velocidad. Cuando entran en un cuerpo se establece en su interior una guerra a muerte. Si el cuerpo no logra vencerlos con su propio ejército de anticuerpos, ellos acaban con la vida.

Los virus son un ejemplo perfecto de amenaza invisible. ¿Cómo protegernos de aquello que no vemos, ni sabemos cómo de verdad se propaga? Se afanan médicos, expertos y políticos en pedirnos calma, en llamar a la tranquilidad. Hemos de tener más miedo al pánico, nos dicen, que al propio virus. Yo, la verdad, todavía no he visto ninguna escena de pánico, ningún arrebato o estampida descontrolada. Lo que no se puede es evitar la reacción más elemental: el sentir miedo e indefensión ante una amenaza como ésta, invisible, pero muy real. Y más si uno se pone a pensar un poco y a sacar sus propias conclusiones.

Primero, porque no sabemos de dónde ha salido ni cómo se ha iniciado su propagación. Que si en el mercado de Wuhan, donde se vende todo tipo de marisco y una variopinta muestra de animales exóticos y salvajes, entre ellos los murciélagos y el pangolín. Pero también pudo salir, de forma intencionada o casual, de esos laboratorios, muy cercanos a ese mercado, donde se experimenta con virus y bacterias. El fantasma de la guerra biológica se une al de la guerra comercial. Sabemos que el capitalismo necesita de estas crisis periódicas para reorganizarse. Crece la burbuja especulativa hasta que necesita estallar. ¿China se había convertido en un virus para la economía mundial?

Tampoco sabemos muy bien cómo se propaga. El contagio directo o a través del aire cercano parece claro, pero si así fuera no se entiende a qué vienen esos trajes de astronauta, esa fumigación de las calles, los rincones y hasta las fachadas de edificios de muchas plantas, como si el virus trepara por las paredes, se colara por las alcantarillas o se agazapara en los pliegues de la ropa. Ubicuo, como Dios, puede estar en todas partes. Si se nos dice que alguien fue a Italia y volvió con el virus en la mochila, no hay otra explicación.

Sabemos también que las vacunas antivíricas son uno de los negocios más suculentos del mundo. Se abre un "nicho" de mercado descomunal, y alguien estará interesado en explotarlo. Cuanto más propagación de la amenaza, más "oportunidades de negocio". Así que aquí entra una variable conspiranoica tan incontrolable como el propio virus. Dicen que mata menos que la gripe, que los accidentes de tráfico o los suicidios, pero la comparación es totalmente falaz. La diferencia está en lo invisible, lo imprevisible, la inevitable y lo universal de esta amenaza, porque no hay lugar en el mundo ni refugio totalmente seguro.

Así que, queramos o no, a todos se nos ha metido ya dentro el virus, ya habita en nuestra cabeza. Sí, tenemos el cerebro lleno de virus, que es donde más abundan y donde mejor se instalan. Porque no hay metáfora más adecuada para explicar hoy lo que ocurre a nuestro alrededor y cómo nosotros lo vivimos, sentimos e interpretamos. Al final va a tener razón Lacan y su teoría del significante. Ni el significado ni el referente (la verdad y la ley, por ejemplo) son lo más importante, porque lo que nos mueve, lo que determina nuestra vida es algo aparentemente más insignificante, pero mucho más poderoso.

Hoy no existiría esta amenaza de pandemia si no existiera ese significante llamado 'coronavirus'. Para coronarlo, para erigirlo en el rey de los virus, para lograr que se haya hecho con la monarquía vírica, hemos tenido que nombrarlo, crear una "imagen acústica" (Saussure) que materializa y condensa un halo de emociones, significados y referentes atropelladamente mezclados en nuestra cabeza y extendidos por todo nuestro cuerpo. El poder del significante, sí. Aplíquenlo a lo que quieran. Al 'procés', por ejemplo.

miércoles, 26 de febrero de 2020

LA PERSPECTIVA CÓSMICA




"En la montaña palentina nacen ya más osos que niños", ha dicho el sabio Peridis. Y ha añadido algo más inquietante: "El oso está protegido: el niño, no". Elevo la sindéresis (palabra que le gustaba mucho a Gracián) y extiendo la reflexión a la etérea región de los principios filosóficos: en el universo, todo es un más y un menos; mientras algo aumenta y se expande, otro algo disminuye y se comprime; mientras se protege una cosa, otra se abandona. Pongamos árboles, cultivos, animales, pueblos, industrias, pero también amigos, ideas, palabras, gustos, partidos o leyes.

Así que completemos a Heráclito: todo cambia, pero siguiendo los vaivenes del más y el menos. Un movimiento va hacia la expansión y la multiplicación, y otro hacia la disminución y la desaparición. Más de algo implica menos de otra cosa. El misterio, lo que resulta muy difícil de comprobar, es la relación causal. Aquí es donde nos perdemos. ¿Hay alguna relación entre el aumento de osos asturianos y leoneses, y la disminución del número de niños? Yo fui niño montaraz, así que lamento más la ausencia de niños correteando como liebres, que la escasez de osos por los Picos de Europa. ¿Pero es lo uno incompatible con lo otro? ¿No se puede proteger a los osos y a los niños a la vez?

La insólita asociación de Peridis nos plantea dudas de calado metafísico: ¿Nos preocupan más los osos que los niños? ¿Estamos más dispuestos a proteger a los osos que a los niños? ¿Qué es más necesario para conservar la naturaleza, los niños o los osos? Y, dado que oso come a niño, y no niño a oso, si aumentan mucho los osos deberemos proteger a los niños de sus zarpas, que ellos no se plantean tanta duda moral. Así que la demasía de osos puede contribuir también al vacío demográfico. O a la crisis agrícola y ganadera, porque quien dice osos, ponga lobos, o conejos, o topillos, avispas velutinas o cotorras, que también son criaturas de Dios.

Donde aumentan las cacatúas argentinas disminuyen los gorriones nacionales: hete aquí uno de esos dilemas ecologistas que obligan a decisiones nada ecológicas. Es ahí donde yo quería llegar. Que sí, que estamos metidos en un buen lío, porque la naturaleza y, por extensión, el universo todo, no se atiene a ninguna moral ecologista. Su ecología es radical, inhumana, digamos. A los osos tanto les importa zamparse a ovejas descarriadas que a los niños que se escapan de casa. Al virus corona tanto le da atacar a Pedro Sánchez que a Ábalos, a Irene Montero que a Carmen Clavo, incluso que a Abascal o Inés Arrimadas (esto último sería estéticamente muy cruel).

¡Ah, el equilibrio! Me olvidaba. La homeostasis cósmica lo rige todo. Todo se autorregula de modo natural. ¿Pero sabe alguien cómo se puede autorregular algo a sí mismo si no lo "autorregulan" otros? No, lo único que vemos es que algo crece y estorba o impide a otro crecer y cuando la cosa se lía puede que la destrucción sea mutua o que uno gane. No existe el irenismo cósmico. Las tormentas y huracanes no adoptan una perspectiva humana; y no entienden, por supuesto, de ideología de género.

Nos aterra cambiar la perspectiva humana y adoptar la perspectiva cósmica, pero en realidad estamos sometidos a las mismas leyes, a la misma acuciante lucha entre el más y el menos. Hasta comer vegetales es un acto de crueldad. La ciencia está descubriendo que incluso los árboles, las plantas, los cardos y las amapolas, sienten, tienen un sistema perceptivo y receptivo que es lo más parecido a nuestro sistema nervioso. Si nosotros tenemos conciencia, ¿por qué ellas no? Malísima noticia para los veganos.

¿Y si llevamos esta perspectiva a la política? Yo veo que, en el fondo, seguimos las mismas leyes implacables. Lo único que hacemos es disimularlo, encubrirlo. No podemos aceptar el hecho tremendo, crudelísimo, de que en el universo no existe nada parecido a la piedad, la compasión, la caridad, el heroísmo o el martirio, que eso es algo que nosotros nos hemos inventado para sobrevivir en un mundo que no lleva en su ADN ninguno de esos genes.

Bueno, me he despeñado, lo siento, así que aquí lo dejo. Puede que el fenómeno separatista o el de Sánchez, que tanto se parecen, sea algo tan natural como el coronavirus o el aumento de los osos palentinos. Pues habrá que adoptar una perspectiva cósmica si queremos sobrevivir.

jueves, 20 de febrero de 2020

DE PÁJARAS Y PÁJAROS


Si, como dice Gracián, "lo bien dicho se dice presto" porque "lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo", quisiera yo ser breve y preciso, al menos para que lo poco que bien diga se duplique, y lo mucho malo se disimule. Pero difícil propósito es éste ante tan profusa, confusa y avasalladora lista de despropósitos que la realidad nos ofrece cada día, que ni aún siendo Argos tiene uno ojos para atisbar lo que pasa alrededor. Por eso siempre mejor, sí, pájaro o pajarraco en mano que cien picos volando por encima de nuestra cabeza.

Así que a la caza voy y, cogidos al menos por una pata, chillen un poco esos pajarillos o pajarracos antes de soltarles y que, después de "cantar en el ansia", sigan su alado vuelo y corten "las etéreas salas con velocidad", ya convertidos en "flor de plumas y ramillete con alas", como escribió Calderón. Dado que la vida es sueño y se nos escapa, que al menos durante un instante brillen y desprendan irisados destellos, incluso en medio de la noche, nuestros breves momentos de lucidez y rebeldía. Nada podemos contra la fatalidad, sea ella lo que fuere, pero si logramos hacer un agujero en medio de su negrura, por él penetrará la luz, de la que estamos rodeados aunque no la veamos.

Cazaron al vuelo a ese avión venezolano que traía en su buche a la vicepresidenta Delcy, nombre de insufrible cursilería, y una vez posada, la dulce pájara puso 40 huevos-maleta en el gallinero del gobierno y nadie sabe si son polluelos o tiranosaurios lo que lleva en su seno la güevada. Es posible, como ha sospechado la valiente Ana Oramas, que los huevos sean de oro, porque la gallina ponedora lo es, tesorera guerrillera a la que deslumbra la lumbre del poder y el relumbrón del dinero, como a los galápagos refugiados en la charca de Galapagar. Lo que de verdad me asombra es que nadie sepa ni dónde está ni qué contiene ese cargamento explosivo transoceánico.

Este oscurantismo, este cerrojazo informativo, eso es lo verdaderamente asombroso. Toda la secuencia, desde el encuentro urgente de Ábalos (ojillos de pájaro insectívoro) con el amigo turista al que no había otro momento para verlo que a las dos de la madrugada en el aeropuerto, a este penúltimo descubrimiento de ese tumulto de maletas invisibles pasando de mano en mano, es algo tan insólito que ni en un sueño febril pudiera imaginarse. Pero ahí está, y sigue tan oculto como el asalto a la embajada mejicana en La Paz, y eso que ésta fue a la luz del día.

Pero es que este cordón de hierro sanitario con que el gobierno protege sus tropelías y delitos lo ha extendido a todo, y lo peor es que le funciona, que tiene a una cohorte de periodistas, funcionarios, jueces, guadaespaldas y cuatreros que protegen su nido de reptiles, y así pasan las horas y los días como en la canción de Machín, en que la gente se pregunta "qué, cuándo, cómo y dónde" y sólo le responden, "quizás, quizás, quizás", porque la duda y el secreto siempre han favorecido al poder.

Así que los más piadosos, por más desconcertados que estén, se dicen que quizás sí, que quizás funcione eso del "diálogo" con los separatistas, y con los agricultores y ganaderos (aunque ni los reciban), y con los empresarios, y los pensionistas, y los autónomos, y con los parados desahuciados y los nuevos que crecen cada día, y que no importa enfrentarse a EEUU y a Europa y cobijar a dictaduras terroristas, declarar el boicot a Israel, amparar teocracias que promueven la más abyecta discriminación de las mujeres y los homosexuales, que todo eso está justificado porque lo hace un gobierno progresista.

Cantan los mirlos enamorados en Madrid estas noches de febrero, anunciando una primavera en la que el coronavirus va a recular y poco a poco disolverse en los rigores estivales, porque no resiste "la calor". Eso aquí, ¿pero qué pasará en las antípodas o el hemisferio sur? Yo confío más en que se lo traguen los pájaros, si todavía quedan pardales, porque también están sufriendo su plaga, la malaria aviar. Nadie ha contado los millones de pajarillos que han caído ya, porque sus cuerpos diminutos no cortan las carreteras ni incendian contenedores, pero a mí me acongoja su muerte silenciosa más que el destino de los galápagos.

jueves, 13 de febrero de 2020

LA LEY POR SÍ SOLA


"La ley por sí sola no basta". Es frase lapidaria de Pedro Sánchez Perogrullo, doctor en ostentosas vacuidades, ejemplo de fatuidad irrebatible. Porque vamos a ver, en la vida, ¿hay algo que por sí solo baste? Nada se basta a sí mismo para existir, todo necesita de algo, ya sea por su origen, su finalidad o su permanencia. La ley necesita de la política, la política de la ley. Así que tampoco "la política por sí sola basta"; es otra obviedad. Incluso más obvia, porque la ley tiene una estabilidad que va más allá de las veleidades políticas.

Frase trucada y truncada, porque le falta el "para qué". "La ley no basta"... ¿para qué? Lo importante es el para qué, que no se dice. Hay que imaginarlo, suponerlo. Es un recurso eficaz: no decir lo que se quiere decir para que nadie sepa bien lo que se dice. Vaciar el lenguaje de sentido para que pueda significar cualquier cosa, según convenga.

Porque lo que se quiere decir es que la ley es insuficiente para impedir la independencia y que, por tanto, mejor no aplicarla. Es esto lo que se quiere legitimar: el no aplicar la ley, transigir con su incumplimiento. Claro que la ley es insuficiente, no sólo para impedir la independencia, sino para impedir cualquier otra cosa. La ley no puede acabar con la delincuencia, el narcotráfico, el asesinato, el fraude, la pobreza, la explotación. ¿Es por eso innecesaria?

Lo increíble es que quienes intentan legislar e imponer los sentimientos, las ideas, los impulsos, la sexualidad (ley de violencia de género, de memoria histórica, contra el franquismo, ley de libertades sexuales, etc.), estos mismos nos dicen que en lo tocante al independentismo no hay que legislar, ni aplicar las leyes, porque los sentimientos, la voluntad del pueblo catalán (el separatista, claro, no el otro) está por encima de la ley.

La medicina no basta para tener buena salud, ni siquiera para curar. Ni la policía ni las multas bastan para evitar las muertes en carretera. Ni siquiera los semáforos, ni la ITV. La lluvia no basta para que broten los trigales, ni bastan las nubes para que llueva. Ni siquiera ser necio basta para llegar a ser presidente de Gobierno. Toda la ciencia se basa en saber que existen condiciones necesarias y causas suficientes, aunque no sea fácil distinguirlas.

Lo que se busca es confundir, desconcertar, aturdir al contrario. Como echar humo en una colmena. Todas las consignas están ideadas para conseguirlo. En esto los separatistas han sido muy eficaces. Ahí están el "España nos roba" y el "derecho a decidir". Basta con repetirlas hasta la náusea. Nunca explicarlas. Nunca aclarar su contenido ni su sentido. Así repite ahora Sánchez, que nada ha inventado: "Hay que devolver a la política un conflicto político". "Retomar la senda de la política, dejando atrás la judicialización del conflicto". "La política es la única vía posible". ¿La única? ¿La sedición y la rebelión no son más que un "conflicto político"? ¿Y para "desjudicializar", no hay que "politizar" a los jueces?

¿Qué se quiere conseguir para lo cual estorba la ley, la justicia, e incluso la política? Porque cuando hablan de política, sólo se refieren a la suya. Lo que hacen los demás no es política, es crispación, fascismo, ultra ultraderecha. Si el objetivo es ceder, aceptar aquello que los separatistas quieren, la independencia, ¿para qué tanto rodeo? Vean lo que dice Batet, tercera autoridad del Estado, partidaria del referéndum: "Si hay más de dos millones de personas en Cataluña que no reconocen como suyo ese marco constitucional, pretender imponerlo no nos va conducir a ninguna solución".

¡Qué fácil! Digo que no acepto el marco constitucional, me pido la independencia y ¡hala!, independencia a la carta. ¿Y qué hacemos con el otro 70% de catalanes que sí quieren el marco constitucional y no aceptan la independencia? ¿Y con el resto de españoles? ¿Les damos a todos con el marco independentista en las narices?

Este discurso claudicante va calando. Hasta Ana Rosa llegó a decirle a Abascal: "algo habrá que hacer con esos dos millones"... No estuvo ágil Abascal para contestar que el problema no eran esos dizque dos millones, sino los 45 restantes, o los 40, o los que sean, que parece que no interesa ni saberlo. A la minoría separatista y antidemócrata se la tiene que contentar; al resto, despreciar y pisotear. Y quien no lo acepte, facha, franquista. ¿Hasta cuándo?

miércoles, 5 de febrero de 2020

MANDATAN E INTERLOCUTAN


Confieso que me desborda, me sobrepasa como las olas de la tormenta Gloria, que en paz esté. Hemipléjico, mis dos hemisferios en guerra púnica. La situación política. La manada ministerial. La mesnada que los acompaña. El lenguaje, el estilo, la prosodia. El bruxismo de Sánchez (quijada tensa, crujir de dientes). Los ojillos de canica, opacos, retraídos y mal avecindados de Ábalos, qué solo garantiza la mentira al descubierto. ¿Para dónde miro que no vea lo que veo? ¿Me tapo con cera los oídos? Imposible, allá adentro se queda el eco, el martillo golpea el yunque y pone pie en el estribo y vibra el tímpano, y me aturden las voces, el gorjeo de las faringes empoderadas.

Irene Montero, la miembra del consejo de ministras, ministra consorte de la igualdad inmobiliaria, está de un creativo febril y habla de "interlocutar" con no sé quien, lo ha dicho en TVE y no se ha electrocutado con el interlocutador que la interlocutaba. Debe de ser consigna ministerial, porque Ábalos, robusto cuello en cabeza chica, ya lo dijo también: "El Gobierno de la nación puede interlocutar con cualquier otro gobierno autonómico". Ha rematado doña Irene la faena denunciando a la sociedad "adultocéntrica" (la prefiere infantilizada) y defendiendo a la familia "monomarental" (lo de "parental", de pariente, le suena a padre, y padre a machista). ¡Viva la sororidad!

Ellas están tomando la delantera. Otra Montero (tardan en feminizar su apellido y ponerse la Montera por Montero), María Jesús (¡vaya por Dios, otra intrusión heteropatriarcal!), en su atropellada fonética ya denunció, a propósito de la renovación del CGPJ, que "lleva tiempo que la ley mandató para que se produciera esa renovación". Lo dijo así, sic, sin que se "produciera" ningún sobresalto en la sala donde dicen que había periodistas. ¡Abajo la gramática opresora! También afirmó aquello de "¡yo lo digo siempre, chiqui, son 1200 millones, eso es poco!". La ha elevado Sánchez a portavoza, y al verla siempre tan espiritada pienso que ha tomado demasiado café, o lo que sea.

Tampoco se oyó ni un suspiro cuando otra de las sublimes, Celaá, afirmó: "No podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres". Ha escandalizado mucho eso de la pertinencia o impertinencia de los hijos a los padres, asunto que dicho así puede significar lo que se quiera. Mucho más grave es ese "no podemos pensar de ninguna de las maneras". Es esta arrogancia totalitaria lo que más espanta. Quieren que pensemos y sintamos como ellas dicen que hemos de sentir y pensar. No es que manden, "mandatan" e "interlocutan": ¡Viva la lucha antifascista!

Pronto habrá más fachas en España que en toda la Galaxia. Hasta ayer los campesinos eran trabajadores del campo, agricultores, pero hete aquí que Pepe Álvarez, el capataz de Pujol, secretario general de UGT, ha descubierto que son "la derecha terrateniente, carca". El virus de la derecha ha mutado en el virus corona de la ultra ultra derecha, que es la última consigna de Redondo que repiten a coro todas y todos los que se sientan en la alargada mesa oval monclovea.

Dijo también la pequeña Lastra, cabecita superdotada, segunda autoridad jerárquica del PSOE, que la negociación de los presupuestos está todavía en un "trámite muy primigenio". Aprendió la palabra ayer y ya la usa con una soltura que obligará a cambiar el diccionario de la RAE, batalla progresista que ya ha iniciado Carmen Calvo, la vicesegunda de lo que sea, toda ella simpatía, eh, bonita.

En esta brevísima relación del asalto feminista a la sintaxis no podía faltar la directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno (otra que debe despatriarcalizar su apellido). Ha escrito cosas de altísima enjundia: "El ano es una de las principales zonas erógenas para hombres y mujeres, pero especialmente para los hombres". ¡Y yo, que tuve que superar la fase anal para llegar a ser lo que soy, sin enterarme! Con lo feliz que hubiera sido jugueteando toda la vida con el fruto de mis entrañas.

Y: "Me interesa mucho el culo masculino como espacio altamente simbólico donde se concentra la pasividad entendida como feminización (degradante) y como lugar de placer inasumible para los hombres heterosexuales". Conclusión: "la heterosexualidad oprime a las mujeres". De la lucha de clases a la lucha contra la heterosexualidad. ¿Clase obrera? ¡Anda ya, carca! Tiene ésta, doña Beatriz, cinco pisos, y pronto se comprará un palacete, no va ser menos que su jefa proletaria y que Celaá, que ya lo tiene.

martes, 4 de febrero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (y III)


He explicado que hoy existen dos tipos de iberismo incompatibles: el que busca la unión económica y política entre dos estados (España y Portugal), respetando su soberanía, y el que promueve la federación de un número indeterminado de estados, naciones o pueblos ibéricos, todavía pendientes de constituir y reconocer. Esta doble concepción afecta a la esencia misma del iberismo de tal modo que no podemos ignorarlo o dejarlo de lado. Ni los agentes, ni las acciones, ni los proyectos de unión serían los mismos en un caso o en otro.

Desde los inicios del iberismo esta divergencia ha estado presente. Lo ha contado muy bien Pablo González en este medio. Luis Araquistáin lo expresó en 1945 al distinguir entre los Estados Unidos Ibéricos y una República Dual. La debilidad de esta propuesta se hace evidente al comprobar que Araquistáin sólo enumera a Castilla, País Vasco, Cataluña y Galicia como los estados ibéricos que habrían de unirse conPortugal.

Identificar a Castilla con todo lo que no es Galicia, Cataluña o Euskadi, y a Castilla con España, es algo totalmenteanacrónico e históricamente insostenible. Ese malentendido olvida la importancia que Galicia, Portugal, León, Navarra y Aragón tuvieron como reinos en la construcción de la España moderna, y subyace en el lenguaje de los separatistas que hablan de Castilla (opresora o comunera, tanto da) para no pronunciar la palabra España, del mismo modo que usan eltérmino "castellano" para no reconocer el carácter nacional y universal del español.

Especialmente engañoso es el proyecto iberista de los independentistas catalanes. El Consejo Asesor para la Transición Nacional de Cataluña, como cuenta Pablo González, propuso en 2013 un Consejo Ibérico formado por Cataluña, Andorra, Portugal y España, en el que una alianza lusocatalana fuera el elemento decisivo.

Como iberista nunca me prestaría a ser utilizado para legitimar la existencia de un estado catalán soberano en pie de igualdad con Portugal, por ejemplo. Eso supondría, no sólo destruir España, sino equiparar a Cataluña con Portugal, dotándola de un estatus jurídico que nunca ha tenido en su historia. Lo que el independentismo catalán busca, más que crear una Iberia unida, es legitimarse y ser reconocido como estado independiente.

Digo que no será posible ningún iberismo real si en España, pero también en Portugal, no se tiene claro que los movimientos independentistas son disgregadores, destructivos y promotores de un conflicto civil que daría al traste con cualquier proyecto de unión ibérica. Nada más importante, en este contexto, que los iberistas españoles hagamos un esfuerzo para dar a conocer a nuestros amigos portugueses, qué es lo que hay detrás del separatismo actual, cuáles son sus fines y sus métodos, y en qué situación se encuentra España bajo el actual Gobierno, constituido gracias al apoyo de los independentistas catalanes y vascos.

He aquí algunos hechos que dan una idea de la gravedad del momento y que, de no resolverse reforzando la unidad e igualdad entre todos los españoles, hará imposible cualquier proyecto iberista.

-España ha sufrido un terrorismo con 3.500 atentados, 864 muertos y miles de heridos. ETA ha sido democráticamente derrotada, pero ha creado un partido que no sólo no condena ni se arrepiente de sus crímenes, sino que los justifica abiertamente y homenajea a sus autores. El actual Gobierno se ha formado gracias al apoyo de este partido (Bildu). En pago, el PSOE ha votado recientemente en el Parlamento Europeo en contra del esclarecimiento de los 376 asesinatos todavía por resolver.

-En Cataluña, mediante un proceso de ingeniería mental y social, copiado del nazismo, el secesionismo ha logrado que un 39% de los votantes en 2019 apoye la independencia, frente a un 43% de no independentistas. Esto supone menos del 30% del censo. Durante casi 40 años se ha impuesto el catalán como lengua única y vehicular de la enseñanza, desterrando el español de todos los usos oficiales. Hoy habla catalán un 33% frente a un 55% español. El derecho a recibir la enseñanza en la lengua materna ha desaparecido para los hispanohablantes de Cataluña. El español siempre ha sido una lengua tan propia de Cataluña como el catalán.

-España es un Estado muy descentralizado, con 17 autonomías que tienen capacidad legislativa, fiscal y económica. El País Vasco goza de un estatuto excepcional que lo convierte en un estado semindependiente. El resultado ha sido la pérdida de la unidad fiscal y de mercado, y la desaparición de un sistema sanitario, educativo, judicial, policial y funcionarial único o unificado, aumentando la desigualdad entre los españoles en función de su lugar de nacimiento.La renta per cápita puede oscilar hasta un 50% (entre Madrid y el País Vasco, por un lado, y Extremadura por otro).

-El separatismo catalán intentó crear en octubre de 2017, mediante la fuerza de los hechos consumados, una situación social y política irreversible (equivalente a lo que tradicionalmente ha sido un golpe de estado), que acabara obligando al Estado a reconocer su independencia. Para ello anularon la Constitución, abolieron la monarquía y proclamaron la República Catalana, aprobando Leyes sustitutorias que llamaron de Desconexión y de Transición, desobedeciendo todas las sentencias condenatorias del Tribunal Supremo y el Constitucional. Los cabecillas de la insurrección han sidocondenados por sedición y malversación con penas menores a las máximas que establece nuestro código penal. Esta sentencia provocó una rebelión violenta con incendios y disturbios por toda Cataluña durante quince días. No había ocurrido nada parecido en España desde el final de la guerra civil en 1939.

-El independentismo catalán y vasco, promovido por las clases dominantes, es declaradamente racista, basado en el odio a todo lo español, y no ha ocultado su supremacismo desde sus orígenes en el siglo XIX. Su raíz es profundamente antidemocrática, reaccionaria y defensora de privilegios que van en contra de la igualdad entre todos los españoles. Su mayor éxito ha consistido en poner de su lado a gran parte de la izquierda española, especialmente al PSOE y a Podemos, los dos partidos que hoy forman Gobierno gracias al apoyo de los independentistas.

-El actual Gobierno está dispuesto a abrir la puerta a una interpretación "constitucional" que permita la independencia de hecho de Cataluña, camuflada en un federalismo creativo y asimétrico. Pretende sustituir la voluntad de todos los españoles, únicos sujetos de la soberanía nacional, por un referéndum limitado a Cataluña. Se inicia así un periodo de inestabilidad política y de enfrentamiento civil de imprevisibles consecuencias.

Invito a los lectores, sean de la orientación política que sean, a que imaginen la existencia de algo parecido en Portugal.¿Pensarían que lo mejor sería el fragmentarse para integrarse luego en un Estado ibérico?

jueves, 30 de enero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (II)


(Foto: Fernando Redondo)

Decíamos en el anterior artículo que existía, dentro del movimiento iberista, una corriente que defiende una "federación o confederación de los pueblos ibéricos", un proyecto político no sólo indefinido, sino indefinible y carente de sentido práctico. Basta imaginar la complejidad de este modelo, conformado por un indeterminado número de estados o naciones, todas ellas, además, hoy por hoy inexistentes (salvo Portugal y Andorra), y cuya creación política exigiría la desaparición de España como nación y estado. Parece claro que antes de esa confederación deberían constituirse esos nuevos estados o naciones, un proceso lleno de dificultades, empezando por la delimitación de las fronteras respectivas, base de cualquier soberanía, pues no hay soberanía sin territorio propio.

Hago esta reflexión elemental porque sé que hay defensores sinceros de ese iberismo que idealiza la noción romántica de "pueblo" como el fundamento de la nación y el estado. Esta definición de pueblo alude a una identidad diferenciada y exclusiva (lingüística, racial, étnica, cultural), hoy imposible de encontrar o delimitar en una población tan mezclada genética, cultural e históricamente como la ibérica, y más en la sociedad moderna, basada en intercambios, relaciones y dependencias que han diluido cualquier uniformidad que se supone ha de fundamentar la existencia de un pueblo. Sí podemos usar el término pueblo en sentido político, o sea, el conjunto de ciudadanos, y hablar de pueblo español y pueblo portugués, expresiones que encierran, además, una resonancia emocional positiva (así decimos, "pueblos hermanos").

Dejo de lado, por tanto, a estos iberistas que, sobre todo desde el anarquismo, creen en cierta utopía fraternal e imaginan una especie de "edad dorada ibérica" en la que, como añoraba don Quijote, no hubiera "ni tuyo ni mío" y todo fuera paz y concordia entre los pueblos. Quedémonos con esos buenos deseos, que siempre gozarán de mi respeto, porque sin duda la unión ibérica habrá de estar fundamentada, no sólo en la racionalidad y el interés mutuo, sino en los buenos sentimientos. Es precisamente todo lo contrario del propósito de otros, que usan el reclamo del iberismo para ir justamente en sentido contrario, el de la disgregación y la división. Me refiero, de modo explícito, a los independentistas catalanes, vascos y gallegos y a sus defensores, que también hablan con frecuencia de iberismo.

Se trata de un iberismo "instrumental", contra el que quiero alertar especialmente a los ciudadanos portugueses, en su mayoría desconocedores de la naturaleza y fines de los movimientos independentistas que hoy se están desarrollando en España. De modo espontáneo, los portugueses, rememorando su pasado, cuya independencia se construyó en contra de España, sentirán simpatía por estos movimientos con los que tenderán a identificarse. La propaganda independentista, que ha hecho un gran esfuerzo por ocultar su proyecto antidemocrático, clasista y supremacista para presentarlo como "derecho a la autodeterminación", ha calado en sectores "progresistas" europeos malinformados, y seguramente también en Portugal. Bastaría recordar que son los partidos más derechistas y xenófobos de Europa los únicos que han dado su apoyo a los separatistas catalanes, para sospechar de este "progresismo".

El proyecto iberista no debe caer en esta trampa. Los independentistas hablan de un iberismo de conveniencia en el que ellos, especialmente Cataluña y el País Vasco, ejercerían su hegemonía imponiendo, en la práctica, su dominio económico y político. No aspirarían a salir de España para integrarse en un proyecto que eclipsara este predominio. Pero ni Cataluña ni el País Vasco pueden prescindir de Iberia, o sea, del mercado peninsular, ampliándolo hacia Portugal. Si entran en el juego, ha de ser con ventajas añadidas. Cataluña aspira ya a extender su dominio a Valencia y las Islas Baleares.

Sé que resulta muy difícil explicar, a quien no lo ha vivido de cerca, todos los pasos que el proceso separatista ha ido dando durante cuarenta años para socavar la Constitución española y orden democrático que ha hecho posible el mayor desarrollo de la España moderna. A los bienintencionados les cuesta entender que los independentistas presentan a España como un Estado opresor y franquista simplemente porque defiende su integridad territorial, algo que contemplan las constituciones de todos los estados europeos, empezando por Portugal, cuya Constitución de 1976 señala que "el Estado es unitario" y que el Presidente de la República "garantiza la independencia nacional y la unidad del Estado". Incluso excluye la posibilidad de que esa "independencia y unidad nacional" sea materia de revisión constitucional.

A los portugueses simpatizantes de los independentistas les invitamos a que imaginen la existencia un movimiento parecido en su país que exigiera, por ejemplo, la independencia o autodeterminación del Algarve argumentando que Portugal seguía siendo un estado salazarista opresor.

Pero aún necesitamos explicar con mayor detenimiento, por qué necesitamos que la opinión pública portuguesa comprenda nuestra denuncia y rechazo a los movimientos disgregadores y separatistas de España, cuyos fines chocan radicalmente con el proyecto iberista. De ello nos ocuparemos en el próximo y último artículo.

LA GALA DE OS HORRORES

(Foto: Fernando Redondo)

No vi ni oí la Gala de los Goya, así que lo que escriba será juicio gratuito e insostenible. Confesar el crimen antes de cometerlo es maniobra exculpatoria de fácil desenmascaramiento, así que me adelanto. Atribuyan todo a mi deterioro, si no mental, digamos neurótico, neuropático o neuropolítico. Porque al final todas las aguas críticas desembocan en la charca de la política.

Empiezo por eso a lo que llaman "estatuilla", que es más bien pesadilla, no sólo por lo pesada, sino por lo horrorosa. Pasan los años y ni se les ocurre aligerarla, darle algo de gracia para que pueda alzarse en una mano como trofeo y no exija las dos para acunarlo como enano petrificado, todo cabeza. Lo siento por Goya, al que veo sufrir hasta en las arrugas de la frente. ¿A quién se le ocurrió semejante bodrio? Relacionar el cine, no ya con la pintura, sino con un pintor, al que se le cercena la testa, es tan forzado como hacerlo con un torero o un pianista.

Tan pobre imaginación es síntoma de la zafia concepción que los propios actores y cineastas tienen de sí mismos y de su arte. No se puede entender de otro modo que acepten esa humillación pública que cada año se supera en horterez y pretenciosidad. Este año no ha sido menos, por más que hayan hecho alarde de baratijas visuales (hablo por lo que he ojeado en las medios y las medias, que nunca enteras). Que todo sea una imitación paleta de los Óscar, que tampoco son modelo de nada, ya indica lo que señala. Y todo para acabar viéndole el culo a Buenafuente y su señora, o viceversa.

Lo de los trajes de pingüino y la exhibición de kilómetros de tela de ellas, las feministas de la alfombra roja, tan parecidas a nuestras tatarabuelas en los salones reales, es de una estética más bien cutre, por más brillos y sonrisas de muñeca cursi que se cuelguen de los labios. Todo tan impostado, vano y vacuo, tan poco femenino, por más poses seductoras que hayan ensayado colocando la barbilla en el hombro desnudo, imitando a las de Hollywood, que resulta un enigma cómo ellos y ellas lo hacen compatible con una furibunda negación de la feminidad heteropatriarcal. 

Vienen luego las declaraciones de los unos y las unas, de una agudeza deslumbrante. Esta vez ha destacado un tal Casanova, que fue vestido de arcángel y le pidió al presidente Sánchez "más dinero para hacer nuestras películas", y en eso estuvo muy acertado, porque son suyas y no mías. (Y si son suyas, y tan suyas, ¿por qué hemos de pagarlas nosotros, que ni nos apetece ir a verlas?)

Pero fue la más feminista de las actrices feministas, una tal Dolera, quien dijo lo que había que decir, que se necesita "más cultura antifascista en España". La cultura toda ella subsumida y absorbida por el antifascismo, que es un todo, ya se sabe, que sirve para definir cuanto hacemos, pensamos y sentimos, porque o se es fascista o antifascista, y no se hable más. Así que ¡viva el antifascismo subvencionado!

Pedro Almodóvar, justamente premiado, intentó ser un poco más sutil, pero vino a decir lo mismo y peor: "aunque me da vergüenza pedir dinero al Estado lo cierto es que el cine español lo necesita" porque "incluso el malo, es memoria histórica de España". Si hasta el cine malo es memoria histórica, subvencionémoslo todo, ¿no? También el cine fascista. Lo que no explicó es por qué el cine, y no los escritores, los albañiles, los sacristanes, los recolectores de aceituna o los pescadores, por qué no deberían también ellos recibir dinero del Estado para realizar sus tareas antifascistas. ¿O acaso no están impidiendo con su trabajo abnegado y no subvencionado, la llegada del fascismo?

Pero la perla de Tous fue la referida al Presidente empajaritado: “En los próximos cuatro años va a ser el coautor del guión de nosotros, los ciudadanos españoles, y espero que le vaya muy bien, porque si a él le va muy bien, nos irá bien a todos los demás». Le concedió Almodóvar un cuatrienio de película, coescribiendo con Redondo el guión de nuestras vidas, lo que es, más que atrevido vaticinio, un deseo canallesco, pues que le vaya a él mal es condición necesaria para que a nosotros nos vaya un poco mejor. Lo contrario es un imposible telúrico, cosmológico; pero quién sabe, estamos ya en plena emergencia climática.

viernes, 24 de enero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (I)


El proyecto de unión ibérica al que llamamos iberismo -y que este medio defiende y estimula con encomiable empeño-, se presta a cierta confusión que creo necesario abordar de modo explícito y abierto. Como todas las grandes palabras (libertad, democracia, igualdad), el término iberismo puede hacer referencia a realidades muy distintas.

Creo que hay dos interpretaciones básicas del iberismo que es preciso clarificar para evitar malentendidos, porque de cada una de ellas se derivan proyectos y acciones que pueden llegar a ser, no sólo diferentes, sino incompatibles. La pregunta que sirve para diferenciar estos dos modelos es: ¿Qué es lo que queremos unir? Esta es la pregunta inicial e insoslayable, previa a la siguiente: ¿Qué tipo de unión queremos (cooperación, integración, federación, confederación) y qué pasos hemos de dar para lograrlo?

El primer iberismo, que es el que yo defiendo, lo que quiere unir son dos Estados soberanos, Portugal y España. Mi iberismo parte de esta premisa. No se trata de hacer desaparecer la soberanía de ninguno de los dos Estados, ni siquiera establecer espacios de co-soberanía o soberanía compartida. La soberanía no acepta fórmulas intermedias, porque es un principio único e indivisible, se tiene o no se tiene. Así que no se trata de renunciar a nada, entre otras cosas, porque establecer los espacios de co-soberanía, diferenciándolos de los de la soberanía, es algo prácticamente imposible.

No, el camino no puede ser el definir previamente qué es lo que un Estado puede decidir solo y qué es lo que no podría hacer sin el consentimiento del otro. Esta vía, insisto, nos llevaría a discusiones y disputas interminables, con el riesgo de despertar recelos y temores que son los que precisamente queremos superar. Por tanto, el modelo ha de ser otro: el de acordar en cada momento la mejor fórmula de cooperación, optimización de los recursos, unión real de fuerzas, construcción de proyectos comunes. Hay aquí un terreno amplísimo que nos saca de la paralizante discusión y regulación de la soberanía y nos enfoca en la verdadera unión, basada en el interés mutuo y el establecimiento de relaciones humanas, culturales y económicas positivas.

El segundo iberismo no parte de la existencia consolidada de estos dos Estados, sino de otro modelo, el de la unión de los pueblos ibéricos. Es el iberismo del siglo pasado, que surgió en los años 30 y del que tenemos dos referencias concretas que nos pueden ser útiles para juzgar su viabilidad y sentido.

En 1927 se constituyó en Valencia de Federación Anarquista Ibérica (FAI), formada por la Uniáo Anarquista Portuguesa, la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España y la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de Lengua Española en el Exilio. El fracaso de esta iniciativa no sólo se debió al desenlace de la guerra civil española, sino a la confusión que el mismo proyecto encerraba. La retórica sobre los pueblos ibéricos no se concretó en nada, y la referencia al internacionalismo proletario volvía todavía más difusos los objetivos y la posibilidad de llevar a la práctica el principio autogestionario y la democracia directa.

La otra referencia son los dos intentos de proclamación de la independencia de Cataluña de 1931 y 1934. El primero lo protagonizó Francesc Macià en 1931. Macià utilizó sucesivamente tres expresiones para definir el sentido de esta independencia:

-L'Estat Català, que amb total la cordialitat procurarem integrar a la Federació de Repúbliques Ibèrics.
-L'Estat Català como una República Catalana para crear la Confederació de Pobles Ibèrics.
-La República Catalana com Estat integrant de la Federació Ibèrica.

Sorprende este vaivén de fórmulas que indica la ambigüedad y confusión del proyecto. La referencia federal y confederal a los pueblos ibéricos parece un añadido apara atenuar y hacer más aceptable el hecho de la proclamación unilateral de la independencia, sin consultar, por supuesto, a ninguno de esos supuestos pueblos ni contar con su voluntad. El intento de Lluís Companys de 1934 fue parecido: proclamó el Estado Catalán de la República Federal Española, transformando, de golpe, a la República Española en República Federal. El gobierno de la República se vio obligado a sofocar inmediatamente esta rebelión.

Los intentos actuales de revivir la idea de una Federación de los Pueblos Ibéricos repiten los mismos errores. La total indefinición del modelo, donde ni siquiera se especifican ni nombran cuántos y cuáles son esos pueblos ibéricos llamados a formar una federación o confederación (que no es lo mismo), ni qué tipo de estructura global se quiere crear (¿Estado de Estados, nación de naciones?), ni qué soberanía tendrían esos pueblos-estados-naciones, ni qué relaciones mantendrían entre sí (¿bilaterales, multilaterales?) ni con el resto del mundo (defensa, fronteras, relaciones internacionales, comercio, etc); todo esto muestra lo evanescente de este iberismo.


Desde el punto de vista práctico, dejando de lado la complejidad política, sería tan costoso, engorroso y paralizante el poner de acuerdo, ante cualquier cuestión o discrepancia, a ese conglomerado desigual y asimétrico de pueblos-estados, que resultaría imposible llevar adelante ningún proyecto común. No tendría ninguna ventaja, y sí un cúmulo inimaginable de inconvenientes. ¿Por qué, sin embargo, dentro del propio movimiento iberista, hay una corriente que defiende este modelo, a todas luces inviable? Responderemos en el próximo artículo.

miércoles, 22 de enero de 2020

A POR LOS JUECES


Con la llegada de Sánchez al poder estamos asistiendo a un cambio radical de paradigma y régimen político. Lo más evidente es que la batalla se está desplazando, del terreno económico y social, al frente ideológico y judicial. No estábamos preparados para esto.

Habíamos logrado, con un esfuerzo de siglos, que las ideologías y la religión fueran cada vez menos determinantes de la acción política. Habíamos logrado limitar la política a la búsqueda racional de las mejores soluciones a los problemas económicos y sociales, dejando las creencias religiosas y las afinidades ideológicas en el ámbito privado y subjetivo, donde reinaban la libertad y la tolerancia. Todo esto ha saltado por los aires. Por ejemplo, la importancia de la ley.

"Si hay algo genuinamente de izquierdas, es el imperio de la ley, el poder de los que no tienen poder", ha escrito Félix Ovejero. Lo contrario es "estar sometidos a la voluntad de un déspota". La ley. Los jueces. Controlarlos, someterlos. No es la primera vez que se pasa de la democracia a la tiranía sin solución de continuidad. Lo hizo Hitler y el nazismo. No hemos aprendido la lección. Confiamos ingenuamente en la democracia, sin establecer mecanismos internos para defenderla.

Tenemos una democracia cada día más desvalida, abierta por los cuatro costados, que invita al asalto. Sobran los guardianes y vigilantes, a los que se va desplazando hacia despachos acolchados donde se entretienen manteniendo largas discusiones. Pretendimos ser más demócratas y tolerantes que nadie y estamos empezando a sufrir las consecuencias. No hay ninguna otra democracia en el mundo que en esto se nos parezca. Ni Portugal, con una historia reciente tan parecida a la nuestra.

El imperio de la ley como valuarte ante la arbitrariedad, la ambición de los déspotas, el egoísmo de los sátrapas, la dominación de los poderosos, el asalto al poder de los parásitos, cínicos y malvados. Parece ya inútil recordar que denunciar ante los jueces y tribunales un delito no es sólo un derecho, sino una obligación. Que el poder ejecutivo y el poder judicial tienen el deber de perseguir el delito como parte esencial de su función, y que si no lo hacen deben ser denunciados y separados de sus cargos públicos.

La rebelión, la sedición, la prevaricación, la malversación y la desobediencia, son graves delitos que no pueden dejarse impunes. Agrava la pena el que sean responsables públicos quienes los cometen. Decir que aplicarles la ley es judicializar la política, es tratar de borrar los delitos y buscar su impunidad. La política no puede estar ni por encima ni en contra de la ley. La política dicta las leyes, la justicia las aplica. Ni dictar las leyes es politizar la justicia, ni aplicarlas es judicializar la política.

Si el poder judicial se somete al poder político, si se deja presionar, si retuerce la interpretación de la ley para agradar y recibir recompensas del poder político o económico, está cometiendo un grave delito: el de anular o pervertir la ley, y el de someterse al poder político o económico.

Todos estos principios, elementales, base de la democracia, han empezado a desmoronarse. ¿A qué estamos asistiendo? A una degradación alarmante de la fuerza y el sentido de la ley y de la voluntad de los jueces para asegurar su cumplimiento. La consigna es ir a por los jueces que se resistan, los que se nieguen a agachar la cerviz o poner la mano. Esta perversión ha empezado por arriba, confiando en que la estructura jerárquica facilite la tarea. Que se lo pregunten a sus señorías los señores Lesmes y Marchena, hasta hace poco considerados hombres honestos e insobornables.

Pero falta un elemento en este análisis: la fuerza de la ideología. Facilitando este desguace, que intenta convertir al poder judicial en el brazo armado del poder ejecutivo, está la utilización del instrumento de dominación más poderoso, el control de la ideología, de las imágenes, las ideas, el soporte simbólico sin el cual no es posible justificar este asalto a los fundamentos de la democracia. Ideología de género, ideología de las identidades, ideología supremacista, ideología guerracivilista, ideología revanchista, ideología estatalista, etc., todo ello envuelto en la retórica redentorista, progresista, liberadora.

El sometimiento de la política a la ideología, y la ideología como la gran encubridora del totalitarismo: O somos conscientes y reaccionamos con determinación y fuerza ante lo que está ocurriendo, o nuestro destino se volverá tan turbio que no seremos capaces de distinguir ni la misma oscuridad.

miércoles, 8 de enero de 2020

MAL AÑO TENGÁIS, MALDITOS


¡Vaya unas Navidades que nos ha dado el PS, el Partido Sanchista! (el PSOE ha desaparecido, dejemos de llamarle lo que no es). Frente a tantos buenos deseos para el nuevo año, confieso que lo he intentado y nada, no me sale nada políticamente correcto. Caigo en la invocación del mal, la imprecación, el anatema, el jérem judío. Que sólo me salen de la boca exabruptos, oiga. ¿Qué me pasa?

Quiero analizarme. ¿Cómo es posible que me domine un impulso tan irracional, hasta el punto de pedirle a las palabras un efecto mágico, un poder taumatúrgico? Porque a los urdidores y sostenedores del actual gobierno, a toda la andrajosa caterva de criptofascistas nacionalistas y sus adláteres, a todos y cada uno les deseo un mal año, que nada de lo que han tramado y bramado para destruir nuestra democracia, que nada les salga bien, que fracasen, que el 2020 sea para ellos y sus seguidores un "annus horribilis".

Hablo sólo de política, pero es que la política, llegado a este punto de exacerbación navideña, ha empezado a rebasar sus límites y lo que ahora empieza, este rotundo 2020, es ya otra cosa, algo que poco tiene que ver con la racionalidad y el control de los impulsos (que es lo que nos hace ciudadanos y demócratas) y sí con el efecto incontrolado de los incendios australianos o las tormentas monzónicas del Mediterráneo.

Quiero pensar, para mi descargo, que este brote psicótico que estoy padeciendo, es una consecuencia del descontrol de la naturaleza, del cambio climático, del maldito CO2 que me está carcomiendo las neuronas. Necesito urgentemente una explicación científica, algún clavo ardiendo al que agarrarme y con el que quemarme, no sólo las manos, sino la lengua. Porque lo que me sale de la boca no es más que ponzoña, sapos y culebras venenosas y malos deseos para todos los que han convertido el Congreso en una cueva de reptiles y babosas.

En esta duda estaba cuando me asomé a los medios. Encontré una carta manuscrita de José María Múgica (no la busques en El País o los medios de Cataluña) que acaba así: "Que pretenda usted alcanzar la investidura con la ayuda del fascismo, que nos asesinó en el País Vasco, me produce una náusea infinita y un profundo desprecio". Habla quien presenció cómo a su padre ETA le daba un tiro en la nuca. Alguien cuya familia judía murió en Auswichtz. Un facha, sin duda, para Sánchez y su camarillla (la SS, la Secta Sanchista).

También, para mi consuelo, leí el mensaje de otro exsocialista amigo, Enrique Calvet: "Nunca imaginé, ni en mis peores vaticinios certeros, que llegaría a ver a afiliados del PSOE, mi PSOE hasta 2005, aplaudir en Cortes a los filoasesinos de Múgica, Pagaza, Buesa, Jauregui, Lluch... Caiga sobre ellos la peor vergüenza y mi maldición". Pues sí, malditos sean.

Pero lo peor es cómo Sánchez ha justificado su abyecto proyecto cainita en nombre del diálogo: "La ley por sí sola no basta", ha proclamado con necia pomposidad, copiando literalmente a Torra. Oponer la ley a la política, situar la política por encima de la ley, es tratar de justificar el incumplimiento de la ley, degradándola. Lo que se busca es la impunidad, el someter la ley a las conveniencias, cambalaches e intereses de los independentistas, de quienes depende Pedro Sánchez. Por eso se recurre al eufemismo de un inexistente "ordenamiento jurídico-político", no a la Constitución y las leyes que de ellas se derivan. El poder jurídico no está supeditado al poder político; cada uno tiene su ámbito de actuación, y nada ni nadie está por encima de la ley, y menos la política y los políticos.

Y por último, maldito sea ese arribista de "Teruel existe". Nadie habrá hecho a Teruel y a España más daño en menos tiempo. Porque su poder, decisivo en esta hora de perjuros, se basa en haber obtenido ¡19.696 votos! (menos que los de mi barrio de León) frente a los 24 millones 365.851 emitidos. Exactamente, el 0,08% del 69,87% de votantes, ni siquiera del censo.

Pero seamos justos: malditos sean también todos los que han hecho posible esta aberración democrática, la misma que permite investir a un presidente con menos de la mitad de los diputados, siendo a su vez la mitad de éstos, enemigos del orden constitucional que les permite tener un asiento en el Congreso. La peor tiranía es la que se cubre de democracia.

sábado, 28 de diciembre de 2019

POR QUÉ SOY IBERISTA


Tiene el verbo ser en español (y en portugués) una fuerza semántica excesiva en comparación con otras lenguas. Al distinguir entre ser y estar, otorga a todo lo que es, una especie de esencia ontológica atemporal. El ser (sustantivo y verbo) es un desafío al tiempo y el espacio, un deseo categórico de eternidad y permanencia. La paradoja está en que, al mismo tiempo, sirve para decir que "somos" mortales y que nada en este mundo "es" permanente. Hechas estas reservas, pues sí, digo que soy iberista y, sobre todo, explico por qué lo soy.

Lo soy casi desde pequeño, porque estudié en Tuy y crucé muchas veces su puente metálico fronterizo para pasear por la amurallada Valença do Minho. Allí oí por primera vez a un niño referirse a la "Batalha de Aljubarrota" (la derrota castellana de 1385, que figura como hito fundacional de Portugal) y a mí aquello me sonó a lo de ¡Mala la hubisteis, franceses, / en esa de Roncesvalles! El niño lo contaba con una mezcla de orgullo y resentimiento.

Tan temprana educación patriótica me ha hecho pensar, y desde entonces entiendo mejor algo que, para ser iberista, uno debe aceptar: que ningún portugués deja de sentirse profunda y orgullosamente portugués. Es algo que, por desgracia, no podemos decir hoy de muchos españoles respecto a su nación. Los portugueses, es cierto, no han tenido ninguna leyenda negra que soportar y combatir, ni han sufrido movimientos internos disgregadores tan obstinados como los promovidos por los independentistas en Cataluña y el País Vasco.

Luego vino Unamuno, Pessoa, Eugénio de Andrade, Saramago... Es escandalosa la ignorancia que los españoles tenemos de la literatura portuguesa, cuando ya Cervantes nos habló en el Quijote de unas mozas de Sayago que recitaban a Camoens... ¡en portugués! (digo de paso que a estas pastoras, cantando y recitando a la vera del río, difícilmente las podemos imaginar por tierras manchegas, y sí por tierras de la Raya, de Zamora y de León, donde también se ubica la primera y más importante novela pastoril, Los siete libros de Diana, escrita por Jorge de Montemayor o de Metemor-o-Velho, hispanoportugués de origen judío).

No puedo dejar de recordar, en este breve recorrido sentimental, el impacto que en los jóvenes de mi generación dejó la Revolución de los Claveles. Estuve en Lisboa al poco de triunfar esa "revolución" que coincidió con los estertores del franquismo. Todavía resuena en mis oídos el Grândola, Vila Morena de Zeca Alfonso, uno de los cantos más bellos y emotivos que conozco. Pero vayamos a otros motivos "sentimentales".

Soy iberista porque siempre que veo el mapa de la Península Ibérica me cuesta trazar la frontera entre España y Portugal; es algo que siento "contra natura". La vista se me va espontáneamente a la totalidad, que luego debo corregir "por imperativo histórico y legal". Lo que más absurdo me resulta es el mapa meteorológico... ¡Como si el viento, el sol o las nubes entendieran de fronteras!

Soy iberista también porque siempre me he imaginado qué hubiera sido de nosotros, portugueses y españoles, si en lugar de separarnos definitivamente en 1640 hubiéramos unido fuerzas y construido el imperio luso-español. (No olvidemos que esta separación se precipitó como consecuencia de la rebelión simultánea de Cataluña, propiciada por las mismas potencias europeas que siempre han estado interesadas en impedir la unión política de Iberia).

Evocando este pasado siento una extraña nostalgia retrospectiva de algo que nunca existió, pero que pudo existir, y aclaro, de paso, que nada tiene esto que ver con ningún sueño "imperialista". En mi libro De la naturaleza del olvido escribí hace mucho un poema breve que decía: ¿Quién me arrancó de donde nunca estuve / y a donde no puedo regresar? Puede aplicarse esta nostalgia de lo imposible a todo lo que uno ha deseado, desde cualquier amor pasado, al paraíso de la infancia perdida, pero también a esa Iberia mítica y soñada, nacida de un impulso que, al menos en mí, y creo que en otros muchos compatriotas, estimula los mejores sentimientos humanos.

Pero soy iberista no sólo porque así me lo pide el corazón, sino la razón. Cualquier ciudadano portugués o español puede comprender hoy fácilmente, teniendo en cuenta criterios económicos, geográficos, políticos y culturales, que nada sería más beneficioso para todos que una unión "federal" de las dos naciones, adopte esta relación la forma de confluencia, integración, cooperación o coordinación, que de todo podría haber. Dos naciones soberanas que unen sus fuerzas y recursos para potenciar su economía, su turismo, su cultura, su agricultura, sus lenguas, sus vías de comunicación (trenes, autopistas, rutas marítimas y aéreas), la protección de la naturaleza y el patrimonio histórico, organizar su defensa, promover la igualdad, etc.

Un plan así nos protegería, no sólo ante un mundo global sometido a imprevisibles tensiones geoestratégicas y políticas, sino ante una Europa que está empezando a dar peligrosos síntomas de desconcierto y desvarío.

martes, 24 de diciembre de 2019

SEFARAD NOS UNE


Para los judíos, España y Portugal nunca han estado separadas. Todo es Sefarad. La separación en dos naciones nunca ha servido para distinguir a los judíos de un lado y otro de la frontera. No hay diferencias entre judíos portugueses y españoles. Todos son sefardíes. Todos son judíos ibéricos o hispanojudíos. Así ha sido a lo largo de la historia, antes y después de su expulsión en 1492 de España y de Portugal en 1497.

La unificación política hispana fue temprana (1469) y se culminó territorialmente en 1492, a partir del cual el imperio español se extendió por todo el mundo. Sin embargo, Portugal se independizó y siguió su propio camino, algo históricamente comprensible, pero política, territorial y económicamente negativo si pensamos en qué podría haber sido el imperio luso-español. Hoy podríamos aprovechar nuestra cercanía y nuestra historia común para recuperar un proyecto de unión que en cierto modo ha estado siempre presente, y cuyas ventajas pocos podrían racionalmente negar. Evocar a Sefarad, mito y realidad, puede servirnos para impulsar ese proyecto.

Los judíos eran súbditos protegidos por el rey, propiedad del rey, estaban a su servicio. Como recaudadores de impuestos sufrían los ataques que no podían dirigirse directamente contra el rey. Además de recaudadores, también ejercían de prestamistas. No sólo prestaban a cualquiera que necesitara dinero, sino también a la corona. Acabaron constituyendo un grupo que, por su posición y poder, logró adquirir títulos de nobleza. No todos los judíos fueron nobles aristócratas y banqueros acaudalados, sólo una minoría. La mayoría vivía de la artesanía y de las profesiones que les estaban permitidas: médicos, veterinarios, escribanos, comerciantes, sastres, etc. En algunas zonas (León) llegaron a ocuparse de la defensa de la ciudad y también fueron propietarios de tierras y viñedos.

Hay una fecha fundamental en la historia de los judíos de Sefarad: 1391. Este año sufrieron la mayor persecución de su historia desde que, varios siglos antes de nuestra era, se instalaran en Hispania. Ese año fueron asesinados por las turbas miles de judíos, una cruel matanza provocada por la predicación de Vicente Ferrer y sobre todo del arcediano de Écija, Ferrán Martínez, que dirigió el saqueo de la judería de Sevilla y de ahí se extendió a casi todas las aljamas de España. Un tercio de los judíos se convirtió, produciendo la primera gran oleada de conversos. Un siglo después, en 1481, se creó la Inquisición para perseguir a estos conversos que, habiéndose bautizado forzosamente, muchos seguían practicando la Ley de Moisés en secreto. Diez años después de la creación de la Inquisición, y quizás como prueba de la imposibilidad de erradicar las estrechas relaciones entre judíos conversos y no conversos, se aprobó el decreto de expulsión, que obligó a miles de judíos y conversos a refugiarse en Portugal y a dispersarse por todo el Mediterráneo.

No podemos entender la cultura española y portuguesa sin la aportación de los judíos en todos los órdenes, pero especialmente en lo referente a la administración del Estado, a las profesiones llamadas liberales, y al arte y la literatura, tanto durante la Edad Media como en los siglos de Oro, XVI y XVII. Podríamos decir que los judíos han dado continuidad a la Hispania romana a través de los siglos, con la llegada de los visigodos, los árabes y el surgimiento de los reinos cristianos medievales. Artes y ciencias como la exégesis bíblica, la mística, la filosofía, la medicina, las leyes, la astronomía, la navegación, la economía o la literatura, fueron desarrolladas gracias a la aportación judía. España estuvo a la cabeza de Europa durante esos siglos.

Otra aportación fundamental fue el desarrollo de la individualidad. Podemos hablar de la aparición de la subjetividad, del mundo interior, en gran parte debido a la necesidad que los judíos tuvieron de encerrarse en su mundo interior frente a la persecución exterior. La surgimiento de la mística se fundamentó en la existencia de la cábala, que ya desarrolló la importancia de la interioridad y la experiencia subjetiva. Nada de extraño que muchos conversos acabaran refugiándose y ocupando los puestos más importantes dentro de Iglesia y las órdenes religiosas.

Hoy, gracias a leyes impulsoras de la nacionalización o "repatriación" de los sefardíes, tanto en Portugal como en España, han podido nacionalizarse unos miles de judíos, estrechando sus lazos con la Península y favoreciendo la recuperación de ese pasado común. Si queremos dar fundamento a la unión federal entre España y Portugal, el conocimiento de la historia de los judíos de Sefarad servirá para estrechar nuestros vínculos culturales y emocionales, no sólo porque hoy muchos, tanto españoles como portugueses, nos reconocemos en esa herencia y nos sentimos descendientes de aquellos conversos y criptoconversos de los siglos XIV, XV y XVI, sino porque la propia utopía que encierra el mito de Sefarad, como reino de paz y armonía, es un estímulo para superar barreras artificiales, diferencias forzadas y prejuicios hoy carentes de sentido. Sí, Sefarad nos une.

jueves, 19 de diciembre de 2019

DE POLÍTICA Y LITERATURA



La semana pasada he asistido a dos actos de los que he sido protagonista. No es que yo tenga demasiada vida social, pero esta coincidencia me invita a reflexionar sobre la utilidad de cierta actividad intelectual que, como es mi caso, oscila entre el compromiso político y la pasión literaria. Uno de ellos fue la conferencia que di en el Casino de Madrid con el título "Cataluña y España", y el otro, la presentación de mi libro "Confesiones de don Quijote" en la Casa de León en Madrid. Del Casino a la Casa, de la política a la literatura.

Toda la política española pasa hoy por esas dos palabras, Cataluña y España, sobre cuyo significado y relación versó mi conferencia del Casino (no le llamo charla, al menos por respeto a la belleza arquitectónica de uno de los edificios más singulares de Madrid). Me invitó a participar el leonés Isidro González, el mayor experto en la historia de los judíos en España. Entre los asistentes se encontraban Amando de Miguel, Pepe Carralero y José María Vizcay, tres de los firmantes del "Manifiesto de los 2.300", la primera denuncia contra el proyecto catalanista que, casi cuarenta años después, ha desembocado en la rebelión separatista.

Frente a la perversa proclamación de Cataluña como nación, hecha por Iceta y sus mariachis, hemos de repetir incansablemente que Cataluña no es una nación, ni lo es, ni lo ha sido, ni lo será, salvo que España desparezca y los españoles lo consintamos. Si así ocurriera, significaría que aceptábamos la usurpación de algo que es propiedad de todos, por una minoría privilegiada y corrupta, que aspira a destruir el Estado democrático que hoy defiende el bien común y la igualdad de todos los españoles. Repitamos, hasta que le supuren los oídos a los independentistas, que Cataluña no es de los catalanes, como no lo es Extremadura de los extremeños, ni Galicia de los gallegos. Que todo es de todos por igual, sin que nadie tenga derecho alguno a trocearlo, apropiárselo y destruir lo que ha sido construido por todos durante siglos.

Parece mentira que todavía hoy siga el PSOE con la cantinela del federalismo, eufemismo que no sería más que el paso previo al independentismo. Lo ha dicho Tardà de modo inequívoco: "Vamos a hacer con la izquierda española una parte del viaje hasta la estación federal. Cuando lleguemos al estado federal español la izquierda española bajará del tren y nosotros continuaremos hasta la estación final, que es la república de Cataluña". Y añade, por si alguno no lo ha entendido bien: "Si reconocen Cataluña como nación tienen que reconocer el derecho a decidir, y tienen que autorizar el referéndum". Y ese referéndum, "aunque (lo) perdiéramos, ganaríamos. Si haces un referéndum, ¿por qué no dos o tres?"

El texto teatral "Confesiones de don Quijote" fue presentado por Paúl Sarmiento, Juan Margallo y José María Merino. Agradezco el entusiasmo de Sarmiento, el humor cervantino de Margallo y la sabiduría académica de Merino que, lejos de reservas o prevenciones, destacó las huellas judías y leonesas que yo he descubierto en el Quijote y las hizo suyas. Uno, acostumbrado a caminar entre abruptas peñas literarias, cruzar arroyos y buscar sendas escondidas, se sorprende a veces al encontrar en su camino a otros, si no tan solitarios, sí igualmente empeñados en seguir su propia ruta. Compartir la misma pasión cervantina es, sin duda, uno de los fundamentos más sólidos de la amistad.

Volviendo al principio, me pregunto qué sentido tienen estos actos y ceremonias, en que un grupo se reúne para hablar de lo que le preocupa (la grave situación de nuestro país) o le apasiona (la literatura, el teatro). Mi respuesta es que no lo sé. No sé hasta qué punto uno puede influir en los demás, en sus ideas, pasiones y sentimientos.

Lo que sí sé es que la propia vida me empuja a compartir por igual inquietudes políticas y literarias. Y que es difícil separar lo uno de lo otro, sobre todo cuando tiene uno la misma sensación de amenaza, de destrucción de aquello que considera fundamental para su vida y la de los otros: por un lado, la paz y la convivencia, la unidad nacional, la igualdad, la lucha contra los explotadores y usurpadores del bien común; por otro, la creación del arte y la literatura, el disfrutar con los buenos libros, el gozar con el inagotable estímulo cervantino. Pues habrá que seguir.







jueves, 12 de diciembre de 2019

BOOKTRAILER del libro CONFESIONES DE DON QUIJOTE




https://www.youtube.com/watch?v=NwCxr198IKQ

ANESTESIA NACIONAL


Anestesiar, adormecer, sedar. Poco a poco ir perdiendo la conciencia de lo que nos rodea para ir entrando en un mundo de seráfica ingravidez. Van a hacerte una operación de amputación en 3D y lo mejor es que no te enteres, que no sientas ni padezcas. Todo está controlado y en manos de expertos cirujanos. Ha llegado la hora. Hay que intervenir para curar. No podemos seguir así, sin asumir la realidad, sin encarar el problema.

"La realidad española es la que es", ha escrito, exhausto el cráneo, un equidistante columnista de El País ("Acatar... la realidad española", titula su artículo). Es un compendio del plan nacional diseñado para inducirnos al "acatamiento", a la sumisión y la resignación a la que estamos fatalmente llamados: acatar, cumplir inexorablemente la ley, el mandato de la realidad, suprema e incontestable norma. Hasta lo argumenta echando mano de un supuesto ADN histórico.

Dice que todo sería más sencillo si "el país" tuviera algo de lo que goza Europa: "la institucionalidad británica", "la consistencia alemana", "la habilidad italiana" o "la cohesión territorial francesa". Se refiere al "conflicto territorial", del que asegura "es parte de la identidad española", lo mismo que es "consustancial la pulsión de cuestionar las instituciones", o "la tradición de polarización trincherista". Si tuviéramos algo de lo que Europa tiene...

Pero aquí tenemos un Parlamento con 17 partidos y "con eso toca legislar y hacer Gobierno", nos aclara apelando a Perogrullo. De acuerdo con "la aritmética votada por los ciudadanos" (parece que los ciudadanos votamos con calculadora en mano), sólo existen dos opciones: A (coalición PSOE con PP y Cs) o B (PSOE-Podemos con ERC). Dado que la A es imposible, "sólo queda el otro pacto. Por más que se ponga el grito en el cielo, sobre todo en el cielo mesetario, no hay más".

Reparen en lo del "cielo mesetario", que se suma a los tópicos esencialistas ligados a la "identidad española". Tanto rodeo para acabar al final repitiendo (dos veces, para que quede claro): "Hay que acatar la Constitución, pero también hay que acatar la realidad del país". Y: "Hay que sumar con lo que hay, acatando la Constitución pero acatando también la realidad".

La clave está en ese "pero" adversativo, que funciona en realidad como una disyunción de incompatibilidad: o Constitución o realidad. La realidad es lo que se impone, lo sensato, lo que no tendremos más remedio que aceptar si queremos, no sólo salir del actual bloqueo, sino solucionar nuestro atávico "conflicto territorial". Lo demás es "entretenerse en fantasías".

Hacia ahí vamos. Oiremos este mensaje de ahora en adelante hasta la hartura, por no decir el vómito. Que con la Constitución, con el acatamiento a la Constitución no vamos a ningún lado. Que hay algo que está por encima de la Constitución: la realidad, aunque esa realidad sea la rebelión independentista, a la que, con lítotes provocativa, se llama "conflicto político", que es como si al atraco a mano armada de un banco le llamáramos "conflicto financiero".

Sólo les preocupa una cosa: cómo hacer tragar este sapo jurásico a los españoles, cómo ir aplicando el somnífero en vena día a día sin que se note. Tienen medios poderosos para hacerlo, gota a gota, artículo a artículo, pantalla a pantalla, tertuliano a tertuliano, consejo de ministros a consejo de ministros, juez a juez, empresario a empresario, abrazo a abrazo. Álvarez Junco ya lo expresó hace tiempo con apabullante tesis: “Desde un punto de vista lógico, de pura filosofía política, dos nacionalismos son incompatibles. No puede haber dos soberanos en un mismo territorio. Desde el punto de vista práctico, a lo mejor no queda otro remedio”.

¡Es la realidad, hermano! La realidad del círculo-cuadrado, del huevo-castaña, del pan-como-unas- hostias. ¿Dos naciones en un mismo territorio? No, ocho. De momento ocho, que las ha recontado una a una Iceta colocándolas como garbancitos sobre su barriguita. Porque nacionalidad y nación son mismo, lo dice la realidad oculta de la Constitución, que es realidad verdadera.

Que a lo mejor no queda otro remedio: ésta es la consigna. Porque nuestra Constitución es muy abierta, y si no cabe en la Constitución, peor para la Constitución. Ya lo dijo Ábalos, esa inteligencia superdotada agazapada entre dos ojillos: "Tenemos que buscar un cauce de expresión para que no sea necesario que nadie tenga que recurrir a vulnerar el ordenamiento jurídico". El separatismo avanza imparable: la violencia es pacífica, los tsunamis son democráticos, la independencia cabe en la Constitución.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

VA DE LIBROS


(FOTO: Fernando Redondo)

La palabra libro proviene de "líber", nombre con el que se designa en latín a la membrana vegetal que separa la corteza del tronco de un árbol. Contiene la idea de crecer y liberar, que está también en el origen de la palabra libertad. Ser libre es tener la capacidad de crecer. Y crecer se hace siempre desde dentro, rompiendo lo que nos constriñe o encierra, como es la corteza del árbol.

El término "scríbere" dio origen de la palabra escritura. Significa hacer incisiones, grabar, tal y como hacían nuestros antepasados sobre la piedra, la madera o la arcilla para dar permanencia a la palabra. Pero también está emparentada la escritura con el término griego "kriptós", que se refiere a lo oculto, lo encriptado, lo que debe descifrarse.

"Elígere" en latín significa recolectar, seleccionar, elegir. Leer es elegir, tener la capacidad de seleccionar entre distintos significados o interpretaciones. El lector es un elector. La inteligencia es saber elegir entre varias posibilidades.

Al extenderse la imprenta, el libro pasó de ser declamado o recitado en voz alta, a poder ser leído en silencio, lo que exigió desarrollar la capacidad de concentración e introspección. Uno de los logros mayores del libro ha sido aumentar nuestra capacidad de atención, introversión y reflexión.

El libro sigue siendo hoy el mejor instrumento inventado por el hombre para desarrollar la capacidad de concentración, de reflexión, de autoconocimiento y conocimiento del mundo. Para desarrollar la capacidad de pensar, la capacidad de crecer desde dentro de uno mismo, la capacidad de elegir, la capacidad de descifrar lo oculto.

El los últimos meses he ido a muchas presentaciones de libros. Recibo invitaciones casi cada día. No tendría presupuesto para poder comprar todos los libros a cuyas presentaciones soy invitado. Por eso renuncio a veces a ir a estos actos, sobre todo cuando son de amigos. Es casi obligado que, al ir a saludarlo al final del acto, lleve uno el libro para que se lo firme.

Caigo en la cuenta de que casi todos mis amigos escriben libros, como yo. Y la verdad, no es fácil mantener la amistad con alguien que escribe libros como tú. Es una relación complicada, porque a uno no le gustan siempre los libros de sus amigos. Pero la amistad obliga a la cortesía.

Se escriben hoy muchos libros, pero sobre todo muchos libros inútiles, prescindibles. Quizás siempre fue así, pero hoy se nota mucho más, porque se publica más. Paradójicamente, cada día es más difícil publicar. El mercado del libro es tan caótico, está tan degradado el valor del libro, que la antigua relación entre libro y calidad (literaria) es hoy el último criterio que los editores tienen en cuenta a la hora de publicar algo.

La crítica de libros ha desaparecido prácticamente. Ya casi nadie lee los suplementos literarios de los periódicos o las revistas especializadas. Sólo las leen los propios escritores, no los lectores de libros. La media de las ediciones hoy es de 500 ejemplares, cuando hasta hace poco eran como mínimo de 2.000. Hay miles de editoriales, pero si quieres publicar un libro, pon el dinero por delante. Y muéstrate agradecido, porque te dirán que te hacen un favor.

Cierto es que hoy, repito, gran parte de los libros publicados son deplorables, no sirven para nada de lo que he dicho más arriba. Antes yo jamás dejaba un libro sin leer enteramente. Hoy ya no lo dudo: leo diez páginas, hago un par de catas y decido seguir adelante o lamentar el espacio que va a ocupar el libro en mi trastero, ya abarrotado. Porque eso sí, todavía tengo cierto respeto, casi supersticioso, a los libros.

Concluyo dando un rodeo por el bosque, recién nevado, en el que voy dejando unas huellas que pronto borrará el viento y la lluvia para siempre. Me pregunto, mientras camino por una senda escondida, quién soy y qué sería yo en esta vida sin libros. Qué sería de mí. Trato de responderme.

Soy un cuerpo, una mente y una conciencia. Soy esa totalidad. Mi cuerpo percibe y actúa. Mi mente interpreta y decide. Mi conciencia se da cuenta y crea. Todo está relacionado. El mayor logro es armonizar nuestro ser, que es único, teniendo en cuenta todo lo que somos. Alcanzar el bienestar físico, la claridad del pensamiento y la plenitud de la conciencia. Para todo ello me sirven los libros. Bueno, más que rodeo, este final es una pirueta. Sea.