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martes, 18 de junio de 2019

TOTUM REVOLUTUM


El tiempo anda revuelto. Quiero decir turbio, inseguro, impredecible. Vivimos tiempos revueltos. Así llamaron a los años de la guerra civil en aquella serie de televisión "Amar en tiempos revueltos". Nada puedo decir de esta serie porque no la vi. Soy un pésimo seguidor de series, por muy buenas que sean. Conmigo fracasan todas las estrategias del suspense y la intriga. Rechazo el hecho mismo de que nadie ni nada me obligue a estar pendiente de algo que, por mucho que pueda atraer, me es totalmente ajeno. Entre la ficción televisiva y yo, no sé por qué, siempre hay un abismo.

Revuelto: que se da la vuelta. De ahí el significado de revuelta como insurrección, cambio radical. Lo que está abajo pasa a estar arriba. Dar la vuelta a la tortilla, decimos. Eso quisieron los golpistas telejuzgados en la serie televisiva que los ha dejado listos para sentencia (y un poco atontados). También los caminos tienen revueltas, cambios bruscos de dirección. Es lo que nos está pasando en estos tiempos políticamente revueltos. De pronto los caminos se bifurcan, se revuelven, dan la vuelta y perdemos el rumbo.

Revuelto también significa mezclado, combinado. Si la unión de elementos diversos no es adecuada hablamos de embarullar, enredar y confundir. Mucho de esto estamos viendo en algunas combinaciones de siglas, partidos, grupos y grupúsculos en estos últimos días,políticamente tan revueltos. Pasa como con la gastronomía: hay combinados acertadísimos, otros horrorosos.

Los huevos, sabemos, combinan bien con casi todo, especialmente vegetales, pero mezclar huevos fritos con chocolate (espeso), pues no acabo de verlo, por más que el gusto sea el sentido más manipulable y errático. No olvidemos que hubo (¿do se fue?) un grupo de escritores al que llamaron Generación Nocilla (y no se ofendieron), capitaneados por un tal Fernández Mallo, de olvidado recuerdo. Nada que ver con esa genial mezcla de morcilla leonesa (no confundir con cualquier otra) con piñones y manzana reineta, hallazgo reciente del que nadie que pase por León debiera privarse.

Si el revuelto cae mal en el estómago nos produce náuseas, ganas de vomitar. Algo así me pasa con cualquier combinación en la que aparezcan nacionalistas, sean del tipo y pelaje que sean, y aquí no distingo entre Bildu y PNV, JxCat o Revueltos por la República, PSC y Federalistas plurinacionales. Ni juntos ni revueltos. Y no se trata de tener el estómago exquisito, sino de evitar una intoxicación.

De revolulum también deriva revolución, palabra seria donde las haya, hoy degradada en lo que ha tenido históricamente de exaltación heroica de la violencia. Las revoluciones de hoy son silenciosas e invisibles, lo que no siempre es bueno. Pasa como con los golpes de Estado que, aun incruentos, no dejan de ser crueles y agresivos, por más que esa violencia se invisibilice y adopte la forma de intimidación, amenaza, chantaje, insulto, ataque de CDR, telenoticia, sesión parlamentaria o leyes de desconexión.

Estetotum revolutumde hoy es lo que me inquieta, porque no hay modo de saber a dónde nos conduce. Cuando todo está revuelto, liado, enredado, cunde el miedo, la incertidumbre, porque no sabemos realmente qué pasa, qué está sucediendo. ¿Alguien sabe hoy, de verdad, qué está pasando en España, en qué punto estamos, hacia dónde vamos, qué fuerzas nos guían, quién controla esta situación? ¿Pedro Sánchez? ¿Alguien sabe qué tiene en la cabeza, qué plan, qué modelo, qué proyecto? ¿Y su partido, el PSOE?

No nos tranquiliza más el meternos en el cráneo de Rivera, en esa difícil posición de equilibrio acuático en el que pretende estabilizarse. ElPPanda en busca de sí mismo, perdido entre los Feijóo, los Alfonso Alonso y demás rajoyanos y sorayistas. De Podemosya ni podemos hablar, porque no sabemos ni qué son ni qué serán. ¿Y Vox? ¿Extrema derecha? De tanto repetirlo, lo peor sería que ellos mismos acabaran creyéndoselo. Que la izquierda oficial (reaccionaria) necesite a Macron y a Valls para demonizarlos, indica hasta qué punto ha perdido el rumbo (y la dignidad, y el amor a la verdad, y el sentido de la igualdad, y...). De tanto querer girar hacia la izquierda han acabado cogiendo la revuelta que los lleva en sentido contrario, ahí por donde caminan independentistas, derechistas y carlistas disfrazados de demócratas.

En medio de este revolutum estamos viendo cambalaches, apaños, trapicheos que degradan la política hasta arrojarla al muladar. Yo pensaba antes que todo necesitaba empeorar para mejorar, pero ahora digo que mejor pararnos aquí, que ya hemos llegado lo suficientemente lejos.

jueves, 6 de junio de 2019

ENTRE CHAVES NOGALES Y QUEVEDO


Uno vive de estímulos intelectuales, lee y escribe a vuela letra, y se deja aconsejar por amigos sabios. Es el caso que ahora me lleva a tirar del hilo de dos lecturas recientes para hilvanar este comentario. La una (lectura) ha sido el excelente y oportuno artículo de Ernesto Escapa titulado "Una mirada delatora", en el que, con motivo del 75 aniversario de su muerte, recuerda la extraordinaria obra de Manuel Chaves Nogales, hasta hace poco olvidada. Así que, bajo este estímulo me he puesto a leer (y releer) alguno de sus libros y artículos.

La segunda lectura ha sido el original libro de Juan Pedro Aparicio recién publicado, "Cien relatos cuánticos", donde me he topado con un texto de Quevedo que me ha empujado a leer sus "Escritos políticos" y a releer sus "Sueños". Y así, siguiendo el azaroso encuentro de lecturas que, como meteoritos, pueden chocar en el cielo de nuestro cerebro y desprender una nueva luz, así, digo, me he visto atrapado por dos pensamientos, uno de Nogales, otro de Quevedo, que piden los ponga en contacto al modo del fortuito encuentro entre una máquina de coser y un paraguas, que cantó Lautréamont y pintó Dalí.

El de Nogales viene en un artículo que escribió en Irlanda durante la segunda guerra mundial sobre el ejército americano, que titula "La fuerza constructiva y la potencia destructora". Dice ahí que "cuesta tanto trabajo destruir como construir. La potencia tiene que ser la misma (...). Los mejores constructores serán también los mejores destructores".

En contra de lo que podríamos pensar, explica que Hitler fracasó porque no tenía suficiente fuerza destructora. Los americanos, en cambio, tenían "fe ciega en la eficacia de su capacidad destructora"; pero, y aquí viene lo más importante, esa fe nacía de su fuerza constructiva, de su amor a la vida y no a la muerte, como ocurría en el nazismo. "¿Qué es más eficaz, la desesperación o el entusiasmo?¿Qué da más fuerza al hombre, la plenitud o la miseria, la conciencia del valor que tiene la vida o la triste convicción de que no vale la pena conservarla?", se pregunta.

La reflexión de Quevedo es igual de lúcida, pero más desgarradora. Habla de la muerte de César y nos cuenta cómo Tilio Cimbro le quita la capa y la asesta la primera puñalada por la espalda: "Esta primera herida, que no fue de peligro, fue la mortal, con ser la primera, pues dio determinación a las otras". Y añade: "El Rey que se deja quitar la capa da ánimo para que le quiten la vida".

Hace a continuación otra reflexión. Cuando Casca está a punto de clavarle el puñal, César la pregunta "¿qué haces?", a lo que comenta Quevedo: "Quien pregunta lo que padece, con razón padece, y sin remedio, lo que pregunta. No puede ser mayor ignorancia que preguntar uno lo que ve". Y concluye: "Achaque es de la majestad descuidada preguntar al que le destruye y no creer al que le desengaña".

Una y asocie el lector estas dos ideas y trate de aplicarlas a su vida, verá cuán provechosas son. Y tanto valen para la vida personal, ese reto permanente en que consiste vivir, como para la vida colectiva y la política. Al fin y al cabo, no tenemos medio mejor para vencer obstáculos, asegurar la supervivencia y encarar el caos sobre el que se asienta la vida, que dejarnos guiar por unos pocos pensamientos iluminadores.

Aceptemos que "fuerza constructiva" y "potencia destructora" son ambas necesarias. El buenismo irenista no nos salva, ni con él podremos construir nada. En esta lucha de contrarios y necesarios, la conciencia de la vida y el entusiasmo son superiores a la desesperación y la atracción de la muerte. Y tengamos el valor de mirar a nuestros enemigos de frente. En la vida sí, hay adversarios y competidores, pero también enemigos. Son los menos, pero eso no importa, porque, dependiendo de lo que esté en juego, pueden acabar siendo muchos. Si uno actúa impunemente arrastra a los demás, como nos dice Quevedo.

Y sí, no hay mayor ignorancia, cobardía y estupidez, que ponerse adialogar con quien te está apuñalando y preguntarle qué está haciendo. Claro, para tener esto claro hay que aceptar lo que señala Chaves Nogales, la ineludible necesidad que tenemos de destruir todo aquello que nos destruye. No es una invitación a la violencia, sino una exaltación de la vida.

viernes, 31 de mayo de 2019

LA IDEOLOGÍA DOMINANTE



Seamos marxistas, al menos por un ratito. Tratemos de comprender eso que los estructuralistas franceses llamaban "ideología dominante". Ideología: conglomerado de ideas que conforman un todo, en el que cada idea es inseparable del conjunto, del que no se puede desgajar sin ponerlo en crisis. Las ideologías son las religiones de nuestro tiempo, transforman las ideas en creencias, y las creencias en dogmas. Sustituyen a la religión y aspiran, como ella, a regir la totalidad de la conducta humana, desde la moral y el sexo, a la política y las relaciones sociales.

Toda ideología es colectiva, crea un grupo con el que se identifican los individuos que la profesan. Por su naturaleza absorbente y totalizadora, exige que el individuo se identifique con ella hasta convertirla en un sustituto o prolongación del yo. Cualquier duda o ataque a la ideología se considera una ofensa a la persona que la profesa.Tanto es así que un individuo puede llegar a matar o a morir por defender su ideología, lo mismo que todavía hoy hay quien está dispuesto a morir y a matar por su religión.

De acuerdo con Marx, las ideologías no nacen de la nada, sino de las condiciones materiales y las relaciones de poder que se establecen en una sociedad. Tienen un fin: mantener un orden social que asegure el poder y la dominación de las clases privilegiadas. Toda clase dominante lo es, no sólo por ostentar el poder económico, sino por generar y controlar la ideología dominante de una sociedad. Tómese aquí el concepto marxista de clase dominante en sentido amplio: no sólo incluye a los dueños de los medios de producción, sino del mercado, la información, las comunicaciones, el flujo del dinero, la tecnología, el armamento, el petróleo, las materias primas, etc. No forman un grupo unificado, ni podemos definirlos sin más como "los ricos", ya que no todos los ricos son explotadores, depredadores y poderosos, sino sólo una minoría.

Aterrizo. Hoy, en España, podemos hablar de la existencia de una ideología política dominante que reúne todos los requisitos para serlo: conjunto de ideas rígidamente estructuradas, defendidas por sus seguidores de modo dogmático, difundidas ampliamente por los medios de comunicación, aceptadas por la mayoría de los ciudadanos. Algunos rasgos de esta ideología son:

-División de la sociedad en dos grupos enfrentados: las élites/la gente (casta, ricos, banqueros, Ibex 35..., "los malos", frente a pueblo, clases trabajadoras, marginados y oprimidos..., "nosotros, los buenos").
-División política de los ciudadanos en dos grupos antagónicos:derecha/izquierda.
-Demonización y deshumanización de la derecha(antidemócrata, facha, franquista, explotadora, corrupta, xenófoba, machista...).
-Identificación de la izquierda con los valores positivos(tolerancia, democracia, libertad, sensibilidad, solidaridad...).

A partir de aquí, la ideología dominante ha ido ampliando su radio de acción: feminismo, abortismo, antipatriarcalismo, eutanasia, ecología, antisionismo, filoislamismo, plurinacionalismo, autodeterminación, identidad nacional, lengua propia... Cada poco surge una nueva causa que se engarza a las otras. Todo va a parar al mismo cesto.

Esta ideología "progresista" no se sostiene y difunde por su coherencia o racionalidad interna, sino porque absorbe emociones primarias, sobre todo negativas (odio, rechazo, miedo, rencor, envidia…); porque hace sentirse a los individuossuperiores; porque canaliza frustraciones e impulsos reprimidos, que encuentran un escape al focalizarse en un "enemigo" fácilmente identificable, al que se descalifica de modo absoluto. Todas las causas que defiende (muchas veces justas en su origen) acaban así contaminadas de sectarismo, fanatismo, violencia verbal e imposición totalitaria. El ejemplo más claro es todo lo que tiene que ver con la "violencia de género".

Mi conclusión es que esta ideología, si aceptamos el supuesto marxista, no tiene otro fin sino el de servir a los intereses y el poder de la clase dominante, como siempre ha sido a lo largo de la historia. Si es cierta esta inquietante verdad habrá que empezar adesmontar todo este tinglado retroprogre, todas sus falacias y engaños, el entramado de intereses a los que sirve y su función de control social de la conciencia, la conducta y hasta el sexo de la mayoría. Y cuidado, no para montar otra ideología paralela que recoja todos los deshechos de la historia, sino para imponer la racionalidad y la libertad individual y colectiva.

Lo primero es empezar a sospechar. Cualquier trabajador podría preguntarse, por ejemplo: ¿qué tengo yo en común con esos pijoprogres y millonarios de izquierda, desde Wyoming a Carmena, de Pepu Hernández a Monedero? ¿Y con esas madres secuestradoras de hijos en nombre del feminismo? ¡El Ibex 35 ideológico!

viernes, 24 de mayo de 2019

IDENTIDADES CERCADAS



El pasado octubre soltaron por los Pirineos franceses a dos osas pardas eslovenas, una llamada Claverina, la otra, Sorita. Claverina, por lo visto, se zampó algunas ovejas para acumular grasa y poder hibernar. Su hermana, Sorita, encontró bellotas y frutos silvestres y obtuvo esa reserva sin necesidad de atacar el ganado. Claverina ha despertado ahora y ha vuelto a matar a cuatro ovejas, no sabemos si por necesidad proteínica o por imperativo étnico-zoológico. El problema ha surgido porque esta vez han sido ovejas navarras las atacadas. Claverina, que no entiende de fronteras, se ha venido a vivir al Pirineo navarro-aragonés, donde al parecer se come mejor. Todo muy natural.

El tema, sin embargo, ha ocupado la cumbre hispano-francesa, convirtiendo la osadía de la osa en conflicto internacional. Un conflicto político que, naturalmente, requiere una solución política. Ya se han reunido los Ministerios de Transición Ecológica y las correspondientes Consejerías Autonómicas de Navarra y Aragón. Lo importante, han dicho, es dialogar, "como no podía ser de otra manera". Se proponen cercados electrificados, mastines y pastores vigilantes armados. He aquí un claro conflicto de identidades territoriales.

Por un lado tenemos a dos osas eslovenas emigrantes, cuyos movimientos están protegidos por el espacio Shengen. Como al parecer estas dos osas son legalmente francesas, nos encontramos con una identidad política superpuesta que habrá que respetar, y por eso llevan las plantígradas un geolocalizador controlado desde Francia. Añadamos que las ovejas destripadas eran indubitablemente navarras. Metamos ahora por medio a los pastores, seguramente navarros y aragoneses de pura cepa, y así reconocidos en sus respectivos Estatutos de Autonomía.

No quiero hablar de los buitres, cuya patria es el cielo, pero resulta que también han intervenido en el despedazamiento de las ovejas, incluso, según algunas fuentes, causando la muerte de una de ellas, cuyo asesinato se atribuye, sin embargo, a Claverina, a la queel Paísllama ofensivamente "mataovejas". A mí me sueña algo heteropatriarcal, porque no olvidemos que Claverina es fémina plantígrada, y oveja término inclusivo.

Estoy con Claverina, con su identidad errante, basada en la necesidad y el instinto, que se impone a cualquier identidad territorial. Porque en este conflicto lanar, lo que debiera predominar es que una osa es una osa, una oveja es una oveja y un buitre un buitre. La naturaleza de la osa es ser osada, la de la oveja protegerse en el rebaño y la del buitre unir al vuelo majestuoso la voracidad carroñera. Y podríamos así ampliar la causa osuna (actualmente hay 300 ejemplares, 250 concentrados en las montañas de Asturias y León) a la defensa de las 200 manadas de lobosque ya se extienden por casi toda la Península sin respetar fronteras autonómicas, haciendo honor a su nombre, "lobo ibérico", y reivindicando, de paso, no ya la desaparición de las autonomías, sino nuestra unión con Portugal.

Se han contabilizado los ataques de lobos del 2016 y el saldo da más de 5.000, y los animales muertos, más de 10.000. ¿Mucho? Son estadísticas tramposas, que magnifican el daño, sin realmente valorarlo. Mueren más animales y aves en las carreteras, sin contar los humanos. Algunos aseguran que ya han llegado los lobos a unos 15 kilómetros de las murallas de Ávila. Acabarán zampándose a los niños del parque en un descuido de sus padres.

También han dejado sueltos, como a las osas eslovenas (y ahora me voy, sin ton ni son, de los cerros de Jacetania a orillas del Manzanares), a los golpistas encarcelados, y también hemos visto que no respetan ni la cerca del Congreso ni la geolocalización impuesta por el Supremo. Es paradójico, porque reclaman libertad cuando están ellos empeñados en electrificar la frontera de los Países Catalanes.

El ejemplo cunde, y empieza a extenderse por toda la cabaña lanar hispánica. José García Molina, vicepresidente podemita de la Junta manchega, acaba de presentar un plan que "prioriza el acceso al empleo público de las personas de Castilla-La Mancha". Donde no hay lengua ni pedigree genético, hay que electrificar la cerca con el origen manchego. Si no hay duda de que existen ovejas manchegas (ahí está el queso con denominación de origen), ¡cómo no va a existir una identidad manchega!

Ah, aclaro que Jacetaniaes una comarca de Huesca por donde debe de andar ahora Claverina siguiendo el rastro de dos osos machos autóctonos, al parecer recientemente desaparecidos. ¡Jacetania! Sólo por este nombre merecería ser reconocida esta comarca como nación independiente.

viernes, 17 de mayo de 2019

PARÁLISIS


Lo confieso: no sé de qué hablar, qué escribir, qué tema traer a cuento y a cuenta de qué. No sé cuántos españoles compartirán esta perplejidad, esta apatía, una especie de desenganche o flojera mental que me ha sobrevenido después de las elecciones. Me refiero a la marcha general del país, la nación, la sociedad, la necesidad de valorar el "estado de ánimo general", ese presente que incluye el futuro inmediato y un poco más allá, tarea a la que he dedicado gran parte de estos artículos semanales.

Este estado de ánimo, no pesimista, sino inclinado a la apatía, es sin duda un mecanismo de defensa ante la saturación de estímulos, ante la imposibilidad de discriminar, sopesar y analizar la acumulación de hechos y dichos contradictorios que nos acosan cada día. Me gustaría pensar que esta reacción es una forma de protección, un momento de pausa necesaria para no dejarse arrastrar por el agujero negro que genera la inmediatez, las urgencias del momento.

Quizás todo tiene que ver con el impulso o la necesidad de detectar y describir cómo nos vemos y cómo nos sentimos hoy la mayoría de ciudadanos, algo que no muestran los resultados electorales, sino que lo enmascaran. Si es válida la analogía que considera a la sociedad como un organismo vivo, diríamos que los síntomas más evidentes señalan un proceso de desintegración orgánica, de pérdida del impulso de coordinación y cohesión entre todos los elementos que componen el ser vivoque como sociedad somos. Lo más parecido es el cáncer, en el que un conjunto de células deciden ir por su lado, para lo cual necesitan destruir a otras y ocupar su espacio.

La duda que me paraliza es saber si esta sensación, la percepción que yo tengo de la realidad orgánica (política y social) de nuestra patria es general o sólo fruto de mi particular modo de observar y analizar los hechos, las tensiones, los movimientos biológicas del conjunto. El impulso básico de los seres vivos es alcanzar un equilibrio entre el interior y el exterior. La homeostasis es ese estado en el que un organismo logra mantener los niveles óptimos de todos los componentes vitales, desde el calcio y el oxígeno, a la glucosa o el hierro. Mantener la vida, permanecer en el ser, ésta es la ley general.Para ello necesita coordinar y cohesionar todas las células, todos los elementos que constituyen su ser.

En un cuerpo sano, triunfa el principio homeostático; ¿pero qué pasa cuando un organismo es incapaz de restaurar ese equilibrio que hace posible la vida? Del mismo modo que nosotros dependemos del cerebro, que de forma consciente e inconsciente regula las acciones necesarias para la supervivencia, así creo yo que tenemos un cerebro social, con circuitos especializados en distintas tareas, pero sobre todo capaz de generar una conciencia de sí mismo autoprotectora. A esta conciencia contribuyen todos los cerebros individuales, que, como las neuronas, deben conectarse, cooperar e integrarse en un propósito común. Yo, al menos, así lo intento.

Digo que la sociedad española necesita tomar conciencia de sí misma, el paso previo para que se despierte en ella el instinto de supervivencia, el deseo de permanecer, hoy aletargado. La conciencia de sí mismo es la unidad central que permite la coordinación e integración de todas las neuronas y células del cuerpo. Conciencia autobiográfica de pertenencia y permanencia, que es la base de cualquier racionalidad consciente. La gestión de la vida social no es posible sin una deliberación reflexiva, consciente y eficaz. Nuestro cuerpo social ha perdido la capacidad de tomar decisiones destinadas al mantenimiento de la vida, por eso lo más urgente es que recupere la conciencia de sí mismo y encare el proceso de desintegración y muerte a la que, si no reacciona, está abocado.

Despertar el instinto, el inconsciente biológico, el impulso de la vida.Superar la apatía paralizante que puede acabar invadiendo todo el cuerpo y el cerebro social. No creo que el miedo, la amenaza de un futuro autodestructivo (metástasis) sea fruto de ningún delirio personal. Ojalá lo fuera, pero acabo de leer que hasta Carlos Saura, nada sospechoso de alarmista, ve como posible una nueva guerra civil, de la que observa síntomas muy preocupantes.

Bueno, estamos en el 2019; para el 2036 faltan 17 años. Más o menos los que Iceta anuncia para la independencia de Cataluña... Pero como hoy el tiempo corre que es una barbaridad, quién sabe, quizás el parto se adelante.

miércoles, 8 de mayo de 2019

APROPIACIÓN INDEBIDA



Apoderarse de los bienes ajenos es delito. La apropiación indebida es robo con estafa. Suena a atenuante, pero hay apropiaciones que pueden ser criminales, sobre todo cuando se trata de bienes comunes. Apropiárselos es expropiarlos a la mayoría. Porque hay propiedad común.

El término nación expresa bien qué es un bien común: aquello que es propiedad de todos los ciudadanos por igual. Nación es todo lo que pertenece a todos, empezando por el medio físico, eso que delimitan las fronteras (terrestres, marítimas, aéreas). Entran aquí los bienes naturales (el suelo, el aire, el agua, el sol, la flora, la fauna, etc.); los bienes materiales, sociales y culturales construidos a los largo de los siglos (industria, comunicaciones, carreteras, monumentos...); pero también el Estado, que es el conjunto de instituciones y normas que rigen las relaciones sociales y productivas y hacen posible la convivencia.

Propiedad común no se opone a propiedad privada, pero limita el uso particular de los bienes comunes, prevaleciendo su defensa sobre cualquier otro interés. Entender la nación como bien y propiedad común es el mejor modo de desenmascarar la aberración semántica de la plurinacionalidad. Si hay varias naciones, cada una ha de tener su territorio con su Estado y fronteras, del que son dueños y soberanos exclusivamente sus ciudadanos. Un mismo territorio no puede pertenecer a dos naciones (hasta los enclaves, como el de Treviño, se rigen por esta norma).

Traducido: si Cataluña es una nación, deja de ser de todos los españoles para pasar a ser propiedad exclusiva de quienes sean reconocidos como catalanes. Para ello hay que expropiar a los españoles de esa propiedad común que es hoy Cataluña (con todos sus bienes), y a su vez expropiarles a los catalanes esa propiedad común que hoy es España (con todas sus consecuencias). Hacerlo al estilo de la toma del peñasco del Perejil o mediante una apropiación indebida (como proponen Junqueras, Iceta e Iglesias) es lo mismo.

Pero quien dice Cataluña puede decir cualquier otro bien común. Por ejemplo, Cervantes y el Quijote. Los bienes culturales son también un bien común, aunque, por su naturaleza, puedan ser gozados por todo el mundo. Nada más miserable que intentar apropiarse indebidamente de un bien tan común como Cervantes y el Quijote. Pues los separatistas no tienen reparo en hacerlo. Han montado una institución destinada a catalanizar todo lo que suene a valor o prestigio español, incluido Cervantes y el Quijote, cuyo origen catalán propagan con vídeos, conferencias y libros. No es delito menor,¡porque además se hace con dinero público!

Pero lo más nocivo es el contagio. En cualquier rincón de España vemos surgir a fragmentadores y expropiadores de lo común, ya sea la educación, la historia, la sanidad, la justicia, los puertos y aeropuertos, las fuerzas de seguridad y hasta los rótulos de las carreteras. Un ejemplo ridículo es el conflicto que ha llegado al Tribunal de Justicia Europeo a propósito del uso comercial de la figura de don Quijote.

Las Denominaciones de Origen se inventaron para proteger los productos originales de las imitaciones espurias. Tal es el caso del "Queso Manchego". Los productores de esta DO unen a la marca una efigie de don Quijote, con su molino y rebaño de ovejas, y consideran que ningún otro queso puede llevar estos iconos. El TEJ sentencia que éstos son "signos evocativos" de la Mancha y que es ilegítimo usarlos para vender otro queso.

Traigo a cuento esta "noticia de quesos" como muestra del afán de apropiarse de lo común para beneficio particular. Nada hay más común y español que Cervantes y el Quijote. La primera apropiación indebida ha sido hacer a Cervantes y a don Quijote "manchegos".Viene de lejos, cuando un cura encontró una partida de bautismo en Alcalá a la que añadió el nombre de "Miguel". Luego, una lectura reduccionista convirtió a la Mancha en el espacio geográfico dominante de las aventuras de don Quijote. 


He demostrado en mi libro Huellas judías y leonesas en el Quijote que ese tópico paisaje desolado desaparece a partir del capítulo X de la I Parte. Convertir el Quijote en guía turística es licencia aceptable, siempre que no se desvirtúe su sentido y alcance, que es universal por ser español, no manchego. Como español, no acepto la expropiación forzosa, ni de Cervantes ni de cualquier otro bien común. Vamos, que me rebelo contra tanto timador, saqueador y maleante, y contra todos los predicadores de la resignación y la claudicaciónque los amparan. ¡Que se vayan al infierno!


viernes, 3 de mayo de 2019

UNA DEMOCRACIA DÈBIL



Los resultados electorales ahí están. Permitirán a Pedro Sánchez formar gobierno y proseguir con su descarado oportunismo, ejemplo de lo más abyecto de la política. De nada sirven los lamentos. Pero otra cosa es el análisis de la realidad, la interpretación de los hechos. Ahí es donde debe imponerse la racionalidad. Pasar de la superficialidad y emocionalidad de las primeras reacciones a la comprensión de los fenómenos ocultos. Centrar la atención sobre los problemas decisivos, el movimiento de placas tectónicas, las grietas, las anomalías que amenazan al propio sistema democrático.

Empecemos por los números. En términos de derecha e izquierda, apenas existe una diferencia significativa de votos a favor de la derecha, lo que, sin embargo, se traduce en un decisivo menor número de escaños, hasta el punto de anular en la práctica su capacidad de oposición. Entre los más de 155.000 votos que ha necesitado Cayetana Álvarez de Toledo para lograr su escaño en Barcelona y la media de 60.000 que le ha costado al PSOE un escaño (y poco más a Esquerra Republicana), hay demasiados votos. Que el voto esté territorialmente tan condicionado, invalida el principio democrático básico de la igualdad política de los ciudadanos.

La segunda grieta, además de esta distorsión del voto territorial, es la presencia en el Congreso y el Senado de partidos contrarios al propio orden constitucional que les permite existir. Es una anomalía democrática que hayan llegado al Parlamento nacional 32 diputados cuya labor principal será la de socavar el actual orden constitucional. Si a estos asaltantes unimos los 42 de Podemos y la mitad del PSOE, se comprenderá cómo el propio edificio democrático está profundamente resquebrajado. Así que pasemos de la aritmética parlamentaria a la geometría o arquitectura constitucional, porque lo que falla no es circunstancial, sino que afecta a la estructura misma de nuestra convivencia.

Es urgente una reforma de la Ley electoral, por un lado, que establezca la circunscripción única con una leve corrección de proporcionalidad territorial, y, por otro, la ilegalización (reforma, limitación o supresión) de los partidos abiertamente anticonstitucionales como hoy lo son, de hecho y de propósito, ERC, JxCAT, la CUP, Bildu, PNV o el BNG. Es preciso acabar con el suicidio democrático que supone el permitir que el dinero de todos vaya directamente a financiar la segregación y el desmoronamiento de la Nación y el Estado que la sostiene.

Hablamos de una democracia débil, que permite la erosión de sus cimientos, que es incapaz de defender y proteger su propia existencia, imponer límites claros a la labor autodestructiva de quienes aprovechan las actuales grietas democráticas para desvirtuar el sentido mismo de la democracia. Un cuerpo débil no resiste a la enfermedad. Por más que la mitad de españoles no quiera reconocerlo (quizás por miedo, comodidad o ignorancia), el cáncer separatista ya ha iniciado su metástasis. El resultado electoral no es más que otro síntoma de nuestra debilidad estructural.

Una democracia fuerte y resistente partiría del hecho de que en nuestra sociedad existe un equilibrio entre derecha a izquierda, algo que, lejos de ser un problema, debiera ser considerado como algo valioso y positivo. Esto supondría entender la política como el ejercicio de la racionalidad, medida de acuerdo con el principio objetivo del bien y el interés común.

Derecha e izquierda no son, en realidad, más que opciones políticas que defienden ideas distintas sobre el mejor modo de definir y defender el bien común. La perversión de la política empieza cuando no se distinguen ideas e ideología. La ideología convierte a las ideas en dogmas y a sus defensores en creyentes fanáticos y sectarios. Derecha e izquierda se conciben como antagónicas e irreconciliables, no como complementarias.

Pero hoy la izquierda es rabiosamente sectaria, fanática y revanchista. Pretende gobernar demagógicamente a favor de media España, pero en contra de la otra. En su arrogancia, lejos de corregir nuestra debilidad democrática, va a realizar la tarea sucia y preparar el camino a los independentistas. Quizás sea un paso necesario para que la mayoría de españoles se preocupe de verdad por la enfermedad democrática que hoy nos impide avanzar, absorbidas la mayor parte de nuestras energías en luchar contra las imposiciones nacionalistas.

Necesitamos otra izquierda, pero también que la derecha descubra su propia enfermedad, porque ella misma ha estado (y está todavía) contaminada por el mismo virus disgregador, contemporizador y claudicante, del que pretende liberarse ahora bruscamente recreando viejos dogmas, en lugar de afianzar nuestra democracia en la más exigente racionalidad autodefensiva.

lunes, 29 de abril de 2019

ENTRE DEBATE Y DEBACLE



Hablemos del primer debate de las elecciones, que el segundo queda fuera del plazo de entrega de esta columna. Comentemos la ceremonia, el espectáculo, la teatralidad de este primer acto de la comedia, sainete o tragedia nacional. Voy de tópicos, pero no soy yo, sino la realidad la que es tópica. Y si se construye un escenario artificial, si salen cuatro personajes y se ponen a hablar y gesticular, y se reúne una multitud de espectadores para verlos, pues eso es formalmente una obra teatral, que cada cual podrá clasificar como quiera. Yo la califico de una mala comedia, representada por actores mediocres, algunos pésimos.

He sido crítico teatral, y como para mí el arte dramático se fundamenta en el trabajo del actor, empiezo por aquí. El vestuario, que debe caracterizar al personaje o alguno de sus rasgos esenciales, unificó a tres actores, tópicamente trajeados, y diferenció al cuarto, aparentemente más informal, enfundado en una camisa con las mangas milimétrica y feamente arremangadas a la altura del codo. El traje y corbata condiciona la gestualidad corporal y la expresividad facial, encorsetándolas y volviéndolas más rígidas, lo que debería haber favorecido una mayor espontaneidad y proximidad del cuarto, pero no, sólo sirvió para poner de manifiesto otro tipo de acartonamiento, el de la impostada naturalidad, una moderación forzada, acompasada con melifluo cabeceo.

Dejo de lado la "camisa azul" (y nueva), de viejas resonancias, quizás no tan casuales, pero lo que, como actor, deja a Iglesias en el peor puesto, es esa actitud corporal encogida, llamativamente encorvada, prueba de una timidez no del todo superada o quizás un reflejo defensivo, como preparándose para una pelea o boxeo (¿peso pluma?), que es cuando se muestra Iglesias más locuaz y retador. Su jesuítica contención, las reiteradas llamadas al diálogo y las buenas formas resultaron por lo mismo ridículas, tanto como sus apelaciones a la Constitución del 78, ese régimen corrupto y nefasto que, sin embargo, se quiere abolir. Cinismo burdo, potaje mal cocinado.

De Sánchez y su robótica gestualidad, lo que más destaca es su actitud despectiva, ese rencor concentrado que no logra ocultar y le sale a los ojos (mirada turbia y negra); ese apretar los labios formando una u invertida, tan difícil de dibujar (a mí no me sale), gesto que deberían captar los fotógrafos como el más emblemático de su personalidad. Menos dotado para la ironía, incluso, que el desabrido Aznar, Sánchez resulta patético cuando pretende ser irónico y original, como cuando se escudó en eso del "detector de verdades", tontería que hasta debió aprender de memoria.

De Casado, dentro de su comedida actuación, llamó mi atención la falta de reflejos, el no haber aprendido que ante un ataque hay que contraatacar de inmediato, y para ello hay que tomar las palabras siempre al pie de la letra. Si te preguntan de qué color tienes las manos, pues hay que responder sin titubeos: "Yo, blancas, muy blancas, y tú (o usted) ?" Y si te dicen que has votado con Bildu, le pides el contenido de esas votaciones, y a cambio de qué, porque a lo mejor se refieren al asfalto de una calle o a poner farolas. Y aprovechas para recordarle que su socio preferente acusó a su partido de tener las manos manchadas de cal viva, por si lo ha olvidado; y le recuerdas las cesiones y concesiones a los filoterroristas y separatistas, las habidas y por haber, etc.

Rivera, sin duda, fue el mejor actor, pero sin abandonar del todo esa desvaída pulcritud que no sabemos si oculta falta de ideas y convicciones o un imposible y calculado equilibrismo. Son tantos los puntos débiles de Sánchez, tantas las tropelías, engaños, mentiras y maquinaciones antidemocráticas perpetradas por el más nefasto y peligroso presidente del gobierno de nuestra democracia, que resulta sorprendente la falta de claridad y firmeza en denunciarlo.

Pues esto es lo que hay. No nos sacarán estos políticos (ni con este ni con otro debate) de la debacle en que como nación y estado democrático estamos ya hace tiempo sumergidos. Mala comedia, malos actores, mala representación, un guión falto de vida, de interés, de verdad. Todo demasiado impostado, sin centrarse en el argumento principal, el tema que condiciona todo lo demás: la propia existencia de la nación y la defensa del estado democrático que la sostiene, amenazados por esa imposible "nación de naciones". Si no hay Nación y Estado, ¿cómo va a haber política social, fiscal, igualitaria o económica? entre debate y debacle

miércoles, 17 de abril de 2019

HAY CARTITAS QUE OFENDEN


Abro mi buzón y me topo con tres cartitas del PSOE. Madrugadoras. Deberían haberse quedado en el buzón general, donde la comunidad de vecinos ha decidido que se coloque la publicidad. Pero no. Se han colado a mi buzón, y sin mi permiso. Vienen a mi nombre, el de mi mujer y el de mi hija.

Las abrimos, y todas tienen un numerito arriba, que debe de ser el que corresponde a mi identidad gregaria (el 28079). No sé por qué, pero me acuerdo de otros siniestros numeritos tatuados. El firmante, sin embargo, me tutea y llama por mi nombre: "Estimado Santiago". ¡Qué confianza! Dejo de lado el corazoncito rojo que acompaña a las siglas. Reprimo mi primera reacción ante este símbolo, puerilizado hoy hasta la náusea, usado tan a troche y moche que puede colocarlo un asesino sobre su víctima antes de estrangularla.

Así, a ojo de pajarillo, o de pardillo, que es como me siento, veo que la cartita viene llena de frases y palabras en negrita para que me fije en lo esencial, porque sin duda necesito de ese reclamo gráfico para enterarme mejor de lo intrincado del mensaje, impreso sobre la frase "La España que quieres", que emborrona el texto. ¡Gran metáfora!, porque, ciertamente, es la palabra España la que sobra, la que, por más que se nombre, está ausente, negada y prostituida.

Se niega, en primer lugar, al negárseme mi condición política, que es el ser un ciudadano español, la única seña de identidad que le autorizaría a dirigirse a mí al firmante Pedro Sánchez. Pues no, mi identidad política, para él y su partido, no es ésa, sino el ser un colega progre al que le pueden dirigir frases como ésta que encabeza la misiva: "Tú sabes que 'la juventud no se pierde' (negrita) mientras se siga luchando y creyendo en el futuro". Supónese que ya he perdido la juventud, si no a qué viene esta pavada. Por si hubiera dudas, prosigue: "Eres de la generación que nunca ha dejado de pelear"... Todo para venderme, ¡oh gran propuesta!, "la revalorización de las pensiones". ¿Cómo, cuánto? ¡Qué más da!

Repite hasta 24 veces la palabra España, algo tan freudiano que ciega. Hay España para todo, hasta "la España que cuida de tu familia". ¡Toma España, Abascal, Casado, Rivera! Ya lo dice al final, como colofón: "la España en la que cabemos todos". Incluidos, por supuesto, aquellos que usan nuestro dinero para negar y renegar de España. Nunca un partido, que además sigue llamándose español, ha defendido con mayor descaro el desmoronamiento y la desaparición de España en nombre de España.

Pero si a mí me quita la condición de ciudadano para convertirme en "pensionista" progre, a mi mujer la convierte en feminista activa, permitiéndose esta inicial conjetura: "La España que hoy conoces es muy distinta de aquella en la que creciste", suponiendo que la de hoy es mucho mejor gracias a una lucha "de la que tú has sido protagonista". De nuevo desaparece su condición de sujeto político para ser reducida a mujer progre, que defiende "una España que apuesta por el feminismo".

¿Y a mi hija? Otra vez ese tono de empalagosa confianza: "Tú ya naciste en una España que miraba hacia el futuro". "A medida que ibas creciendo has ido imaginando la España que quieres". ¿Y si la España que quiere no tiene nada que ver con la no España que tú imaginas, Pedrín, Pedrito, Pedrusco, ya puestos a tomar confianzas? Lo de "una España en la que quedarse" es puro sarcasmo, pues lleva mi hija dos años ganándose la vida al otro lado del mundo, a donde ha ido a buscar trabajo.

Me fijo, para acabar, en la firma del firmante y veo, sin ser especialista en ello, que la "p" nominativa abreviada no es tal, sino un triángulo que apunta muy en punta hacia adelante, simplificación gráfica de una agresividad apenas contenida. De nuevo Freud, escribiendo por los codos para revelar eso que apenas se puede ocultar. Se "confirman" (nunca mejor dicho) los rasgos de reconcentrado y peligroso narcisismo en la rúbrica del apellido, casi ilegible, pero con ególatras mayúsculas y una tilde exagerada que cae como un rayo.

Pues sí, confiésolo, mucho me alegraría que esta burda patraña -la de usar el nombre de España para negar a España- le saliera por donde pueda haberle entrado, pura impostura, engaño descarado, aunque sólo para quienes necesitan engañarse.

miércoles, 10 de abril de 2019

MATRACA FEDERALISTA


"Aquí sólo hay una salida seria, que es la federalización".Habló Felipe González y se hizo el silencio. Sentenció, desde las alturas de la divinidad expresidencial, y la corte celestial cuasi al completo asintió, asiente, salvo un camarero que andaba por allí preocupado de que no se rompieran las copas del brindis. Es hora de ajustar algunos botones a la chaqueta de pana felipista que derivó en frac sin solución de continuidad. Al menos, porque ha engordado un poco.

Hay dos responsables que iniciaron del abismal colapso mental, institucional y político en que andamos metidos y que afecta a los fundamentos del orden democrático, que no son otros que la propia existencia de España como nación, base del Estado, siendo el Estado, a su vez, el sostén de la nación. No es pequeño problema, ni un problema más, sino el que condiciona los demás, de izquierda a derecha. Dos responsables dos, Felipe y Aznar. Los dos igualitos en esto, porque con ellos y en ellos se fraguó la claudicación, el entreguismo, el cambalache suicida de la fragmentación y disolución de España, por muy solemne y apocalíptico que suene.

Felipe decidió, en el momento decisivo, exculpar a Pujol del desfalco de Banca Catalana, punto de arranque del proceso separatista, negocio familiar que permitió el acopio de millones incalculables de pasta gansa catalana para la compra de voluntadesurbi et orbi.Aznar le entregó luego las llaves de la finca para hiciera lo que quisiera. Supongamos que se equivocaron por ambición y sin ser conscientes de las consecuencias, a pesar de que algunos ya advertimos, entonces, de la que se nos venía encima y de costado.

Bueno, supongamos lo que sea, lo que hoy no es admisible es que ni uno ni otro sean capaces de reconocer su error, no ya su culpa. Yo estaría dispuesto a olvidarlo si al menos tuvieran ahora claro qué hay que hacer. O no intentaran, como en el caso de Felipe, confundir y darle aliento al separatismo al modo Iceta, ofreciéndole la puerta de salida de la "federalización". ¡Qué manía la de alargar los polisílabos con sobrederivaciones como si se tratara de elongar el pene! ¡La constitucionalización de la plurifederalización del Estado!

No sabe Felipe, ni ninguno de los federalistas, qué carallada es eso de la "federalización" salvo un eufemismo para otorgarles de hecho la independencia a Cataluña, Euskadi, Galicia y etc., pero viene a decir que, para evitar problemas con la independencia, lo mejor es otorgarla de hecho (y de derecho, pero de forma encubierta) mediante la federalización, que es lo mismo que la indefinible "nación de naciones", el cheque que Pedro Sánchez lleva en su cartera para comprar su posible continuidad. Los supremacistas no dudarán en subirse a este tren que les brindará "la mejor ocasión que han visto" en un siglo para saltarse definitivamente cualquier barrera democrática.

Que no, que no hay tercera vía, sino vía muerta. Que seguir creando la ilusión de un apaño torticero e ignorar que éste no es más que un asunto de fuerza (esto lo tienen muy claro los independentistas), y que llegado a este punto sólo hay una "salida seria" que es la imposición democrática de la fuerza frente a los que quieren imponernos, por la fuerza de los hechos, la segregación.

Que aquí el problema no es cómo unos pocos se reparten el poder y lo disputan entre sí, sino cómo se impone el poder democrático de la mayoría, cómo prevalece el interés común que es el interés de todos los españoles sin distinción de origen o apellido, sobre el proyecto egoísta y supremacista de unas oligarquías que quieren dar un paso más en su proceso de usurpación y apropiación indebida de un territorio y unos bienes que son de todos, fruto del esfuerzo histórico y colectivo de millones de españoles durante siglos.

Que hoy España no es ninguna entelequia esencialista, sino una realidad social, política, económica, cultural y territorial consolidada, constituida como un Estado democrático en el que están garantizados los derechos fundamentales de todos sus ciudadanos. Que España es hoy la única garantía de la unidad e igualdad de todos los españoles, por eso hoy más que nunca la idea de España es revolucionaria, de izquierdas (de una izquierda ideal y emancipadora, no de la izquierda cutre y reaccionaria actual), más que de derechas (que sigue sin saber qué hacer con España, si volverla católica, apostólica, foral, liberal o progresista).

sábado, 6 de abril de 2019

FOBIAS Y FILIAS


La lista de fobias y filias es infinita. A casi todo, y a todos, podemos odiar, amar, rechazar o apegarnos. La fobia es una aversión obsesiva y compulsiva. La filia, una atracción incontrolada y excesiva. La psicología describe fobias y filias de todo tipo. Son una prueba de que lo irracional forma parte del ser humano. Nadie está libre de estas reacciones impulsivas, que condicionan nuestra vida.

Estamos en época de elecciones, y viene a propósito el reflexionar sobre este fenómeno aplicado a la política. Empiezo reconociendo que todos estamos atrapados por nuestras fobias y filias, aversiones y adhesiones incondicionales. Uno tiende a pensar que está libre de prejuicios, que no se deja arrastrar por factores emocionales a la hora de analizar lo que dicen y hacen los políticos. Yo lo intento, y creo ser bastante objetivo y sensato en mis juicios, pero al mismo tiempo compruebo que no puedo evitar esas reacciones, sobre todo las fobias y manías, por más que procuro controlarlas o justificarlas con argumentos racionales.

Lo cierto es que, por encima de cualquier razonamiento, exposición de hechos o valoración de propuestas, la mayoría reacciona anteponiendo a todo ello sus fobias y filias, simpatías y antipatías. Nuestros juicios políticos acaban dependiendo de algo tan expeditivo como un "me cae bien" o "me cae fatal". Seguramente es algo muy humano, un recurso evolutivo necesario ante lo imprevisible de la conducta de nuestros semejantes.

El problema está en que nunca tenemos acceso directo a las verdaderas intenciones de los demás. Lo más fácil sería fiarnos de la palabra del otro cuando nos manifiesta o explica sus propósitos, pero la experiencia nos dice que nunca hemos de fiarnos de las buenas palabras e intenciones, y menos en política. De palabras y promesas incumplidas están las hemerotecas llenas, y las videotecas, los parlamentos y demás almacenes de la política. Si las palabras no son de fiar, uno necesita orientarse por alguna otra señal, y es aquí donde entran en juego las simpatías y antipatías personales.

Y es aquí donde también intervienen los asesores de imagen, los equipos de comunicación y demás instrumentos de manipulación e ingeniería social. ¿Hasta qué punto son eficaces estas maniobras orquestadas en la oscuridad de los equipos de campaña? Supongamos que de los posibles votantes, un 40% tiene ya decidido su voto en función de fobias y filias bien arraigadas; otro 30% ya ha decidido no votar y el 30% restante todavía no ha decantado su voto. Los primeros, incondicionales, se identifican con los representantes de sus respectivas opciones políticas y sus mensajes. El 30% dudoso, el decisivo, no sabe a quién votar, aunque sí a quién no votar, porque votar es, en primer lugar, no votar a quienes nos caen mal o fatal.

Así que lo decisivo es crear una corriente de atracción y simpatía con el fin de provocar en los dudosos cierta identificación personal. Y aquí intervienen decisivamente esos mensajes breves, simplificados, relacionados con problemas y preocupaciones generales, con miedos y amenazas, pero también con deseos e ilusiones futuras: emigración, Cataluña, autonomías, vivienda, sanidad, paro, terrorismo, inseguridad, turismo, desigualdad... Un terreno complejo y para el que no existen recetas ni soluciones fáciles.

Mi conclusión es que no hay modo de aventurar el resultado de las próximas elecciones, que yo espero depare sorpresas, sobre todo porque no existen líderes lo suficientemente atractivos como para inclinar el flujo de simpatías a su favor de modo mayoritario. Si hablo por mí mismo, he de confesar que mis fobias y antipatías van casi por igual hacia todos los candidatos, así que mi voto va ser por descarte. Llegado a este punto, me dejo llevar por las"fobias estéticas".

Me explico. Soy hipersensible a las "apariencias", me fío mucho de ellas. En esto sigo a mi compatriota Moisés de León, que dijo que todas las cosas de este mundo tienen una parte visible y otra invisible, y que la visible revela la invisible. Así que no puedo con la impostura. Rechazo instintivamente a los que no desprenden naturalidad, armonía entre lo que piensan, dicen, sienten y padecen.

Y por eso me repelen los rostros asimétricos, los ceños fruncidos, las miradas turbias, los ojos opacos, los cuerpos ovoides, los hombros encogidos, los gestos crispados, las voces acartonadas, los andares pomposos, las sonrisas forzadas, los timbres agudos, la fonética flatulenta, las caras de cemento, las melenas encoletadas, los flequillos desflecados, el léxico insulso, la prosodia engolada... Cada uno es hijo de sus fobias.

viernes, 29 de marzo de 2019

NEUROGÉNESIS NACIONAL


Hasta hace poco nos decían que neurona muerta, neurona perdida para siempre. Que el cerebro era irrecuperable. Como metáfora de la vida, parece acertado. Lo muerto, muerto está. El pasado, pasado. Así es. Pero puede que no tan así. Que las neuronas mueran, como todo, pero también se regeneren. Porque casi todo lo que muere puede renacer. La flecha del tiempo no va tan recta, sino en zigzag, porque va y viene. Le llaman neurogénesis. Dicen que hasta los 90 años siguen renaciendo neuronas en un cerebro sano y estimulado. Bueno, yo creo que hasta la muerte, e incluso después, al menos durante un tiempo. Es posible que no muramos ni tan de repente ni tan del todo.

Quisiera pensar que también puede existir una neurogénesis nacional. Que el cerebro colectivo tiene capacidad de regenerarse. Dos enemigos le acechan, nos acechan: la depresión y el estrés. La depresión y el estrés son máquinas destructoras de neuronas. Confieso que estoy atacado por esos dos males, que muchas veces van unidos. Depresión ansiosa, ansiedad depresiva. La depresión nace de la incapacidad para resolver un conflicto, alejar un peligro, vencer una dificultad. Las fuerzas flaquean, el pesimismo paraliza, el derrotismo anticipa la derrota. Viendo y oyendo, observando y razonando sobre lo visto y oído cada día a nuestro alrededor, es difícil no dejarse llevar por la depresión nacional.

O por la ansiedad, igualmente destructiva. Porque uno ve con claridad primaveral lo que habría que hacer para conjurar los males y alejar los peligros. Lo dice, lo escribe, lo comenta con los pocos o muchos amigos que uno tiene (imposible saberlo hoy día), pero no sabe el alcance de todo ello, y sospecha que es casi nulo, porque el proceso neuro-degenerativo parece mucho más poderoso y extendido que el de la neurogénesis nacional.

Muy difícil, sí, no dejarse arrastrar por el pesimismo y la ansiedad. Dura prueba, pero de la que hemos de salir más serenos, libres, decididos y clarividentes, porque sólo desde la claridad de ideas, la firmeza de las convicciones, la determinación que nace de la verdad, la defensa del bien común, la igualdad y la justicia, podremos estimular esa neuro-regeneración nacional, el resurgir de impulsos ocultos, fuerzas revitalizadoras que sustituyan a la depresión y desesperación actuales.

Entre tanto, no nos queda otro camino que seguir denunciando el proceso degenerativo y autodestructivo en el que ha entrado el cerebro colectivo, el organismo neuronal de la nación, si atendemos a las manifestaciones y los propósitos cada día menos encubiertos de quienes se ven ya haciendo la autopsia al cadáver de la nación. Lo digo porque parece cundir el miedo a que vuelva a gobernar Pedro Sánchez con su comparsa de enterradores. Peligro real, que nos podría llevar al enfrentamiento civil (o sea, al triunfo de la depresión y la desesperación), enfrentamiento que puede adoptar muchas formas, hoy inimaginables.

Los síntomas son alarmantes, pero yo confío en la fuerza de la biología. A pesar de todo. No es optimismo, es aceptar que no es tan fácil que una nación se suicide, que la mayoría caiga en un estado de hipnosis colectiva irreversible. Esto supondría, al menos, que las fuerzas degenerativas actuales (PSOE, Podemos y todas las marcas, mareas y conglomerados separatistas y nacionalistas) alcanzaran la mayoría.

Para que esto no ocurra, y en tanto no surja otra izquierda, es necesario desenmascarar y atacar sin descanso a esta izquierda reaccionaria, servidora de las oligarquías territoriales supremacistas, que ha sustituido aquel "proletarios del mundo, uníos" por el "trabajadores de España, dividíos". No luchéis por la igualdad, por leyes que os defiendan a todos del abuso de los poderosos, sino por sus privilegios y el reparto de poder entre ellos.

Lo peor de todo es el servilismo y el acobardamiento de los medios. Fue bochornoso ver el otro día a Iglesias defendiendo su residencia de neopijo diciendo que él tenía derecho a pagarla con una hipoteca de "900 euros al mes a 30 años". No hace falta coger la calculadora para descubrir la patraña de semejante afirmación. Suponiendo que le haya costado 600.000 euros (precio muy por debajo del de mercado), necesitaría, no 30, sino 60 años para pagar la deuda. Que pueda hacerlo, además, gracias a la existencia de los bancos, contra los que lanza soflamas y amenazas porque encarnan lo más abominable del sistema capitalista, es cinismo vomitivo. Pero los entrevistadores callaron, enmudecieron. Hacen lo mismo otros los medios, a los que intimida insultándolos. ¡Y seguimos cambiando la hora!

miércoles, 20 de marzo de 2019

LA LENGUA Y LOS LENGUADOS


Sigo bajo el síndrome de lo políticamente insólito e incomprensible. Me preocupa, porque esto puede degenerar en enfermedad mental y acabar yo siendo víctima de mi mismo. Ciertamente es peligroso enfocarse en descubrir despropósitos y desvaríos, porque uno acaba viéndolo todo del mismo color que el cristal del absurdo con que mira. Es fácil perder la cabeza, y difícil controlar a las neuronas, siempre dispuestas a conectarse y establecer los vínculos más insospechados. 

Reflexiono aquí sobre un problema evolutivo irresoluble: nuestro cerebro ha adquirido una capacidad descomunal para establecer sinapsis ilimitadas, pero sólo una pequeña parte de ellas puede ser controlada por la zona prefrontal, que al parecer es la única que puede iluminar un poco la caverna platónica en que vivimos. Hay una tendencia asociativa que es muy valiosa para generar cambios, descubrir y crear nuevas realidades, pero que, al mismo tiempo, nos lleva a la perdición. Todo se puede asociar con todo, en todo podemos encontrar ecos, resonancias o semejanzas, y basta establecer algún vínculo entre dos realidades para despertar la sospecha de que existe entre ellas alguna relación causal.

Podríamos hablar del "cerebro asociativo automático", que siempre va por delante del cerebro racional, mucho más limitado porque es incapaz de procesar la marea infinita de datos que circulan por esta "red de redes" neuronal. Lo más sorprendente es que este entramado no colapse, no se autodestruya por saturación, por el choque y la incompatibilidad de las informaciones y el batiburrillo de datos almacenados. Para evitarlo, funciona un mecanismo de simplificación eficacísimo: unos pocos conceptos y mensajes se convierten en pilares y guías que filtran toda la información que recibimos. Toda la actividad cerebral contradictoria queda así secuestrada o anulada.

Acudo a estas consideraciones neuro-filosóficas para tratar de entender algo de ese discurrir de noticias inquietantes que absorben nuestra atención cada día. Es aquí donde yo observo la fuerza de esa ley asociativa. Ideas y creencias estrafalarias dan lugar a actos inusitados. Un ejemplo: la concentración independentista de Cibeles. Cualquiera que oyera los discursos que allí se pronunciaron creería haber sido teletransportado a otro planeta.

Nunca seres más enloquecidos habían ensartado mayores desatinos. Gritar, por ejemplo, el "no pasarán" de hace 80 años, como si estuviéramos combatiendo al fascismo, es delirio histórico y, además, estúpido, porque resulta que sí pasaron, y cómo. El separatismo delira, sí, y por eso es más peligroso. La España que inventan se basa en esa capacidad de asociación incontrolada de nuestro cerebro pre-racional. Ahí pinchamos en hueso, un hueso duro de roer.

Así que es ley de la miseria política en que vivimos, el confundir y mezclar el culo con las témporas, la velocidad con el tocino, churras con merinas, el magnesio y la gimnasia. Y añado yo: la lengua y los lenguados. La fonética y las imágenes tienen vida propia, son significantes que, como las partículas subatómicas, siguen trayectorias invisibles y se acaban asociando con todo lo que pillan. Todo lo que puede ser dicho, aunque sea un imposible, ya existe por sí mismo. La sintaxis es todopoderosa, crea el mundo.

Digo lengua y lenguados, porque aquí funciona la semejanza mórfica y la resonancia fónica como factores asociativos. De lengua (órgano anatómico) deriva lenguado, pero nada tienen que ver. Lengua, lenguado y lenguadina son peces planos de la familia de los pleuronectiformes, parecidos, pero de distinta textura y sabor. Por eso es muy fácil que nos den lengua y lenguadina (incluso gallo) por lenguado.

Puestos a descubrir rarezas, el lenguado tiene una rara característica, que es tener los dos ojos del mismo lado de la cabeza, así que es asimétrico. Uno de los ojos, que al nacer está en su sitio, emigra luego al otro lado. Le viene bien, porque como se pasa la vida echado del mismo lado en el suelo y medio oculto, necesita los dos ojos para ver a sus presas, porque es carnívoro. Así que mira de un solo lado, como, por lo demás, hacen muchos políticos lenguados (también los hay merluzos y besugos), que no de frente.

P.D. Espero, aunque me temo, que el juicio a los separatistas catalanes no acabe siendo otro ejemplo de mi teoría asociativa delirante, en el que las palabras anulen a los hechos, la palabrería construya una realidad alternativa. ¿No ha dicho Trapero que él tenía un plan para detener a Puigdemont y eso ha pasado por un hecho, sin que nadie le haya pedido pruebas y concreciones?

lunes, 18 de marzo de 2019

LA FUERZA DEL DESATINO




Marx trató de demostrar que las ideas son construcciones mentales cuyo origen hay que buscarlo en las condiciones materiales. La superestructura ideológica, por definición, se levanta sobre una estructura material previa. La teoría tiene consistencia lógica, pero eso no basta para otorgarle la condición de científica. Si observamos la realidad y repasamos la historia, este determinismo causal resulta indemostrable. Colocar por un lado las ideas (tanto da que sean racionales o irracionales) y por otro las condiciones materiales (económicas, productivas), puede resultar práctico, pero nos impide alcanzar una explicación satisfactoria de lo que realmente ocurre en la sociedad y la historia.

Se observamos la realidad de los hechos, es imposible sustraernos a la sensación de desorden e improvisación que muchas veces presenta, ajena a la concatenación lógica de las causas. Nos llama la atención, además, la dinámica interna de las construcciones mentales y su relativa independencia de las condiciones económicas. Pero sobre todo nos sorprende la fuerza de las ideas absurdas, irracionales, disparatadas. La historia es, en gran parte, el desarrollo de un desatino, especialmente en los momentos críticos. Podríamos hablar, no de la "fuerza del destino", sino del "poder del desatino".

El pasado viernes se presentó en la Casa de León de Madrid el libro "Los judíos y España después de la expulsión", del leonés Isidro González, el estudio más importante y documentado sobre las complejas y tortuosas relaciones entre judíos y españoles a lo largo de los últimos cinco siglos. Imposible entender la historia y la cultura de España sin tener en cuenta la influencia judía en todos los ámbitos. El tema ha cobrado especial interés a raíz del separatismo, que ha alentado el resurgir de la leyenda negra, uno de cuyos pilares es la expulsión de los judíos y la actuación de la Inquisición, paradigma caricaturesco de "lo español". El libro de I.González, entre otras virtudes, demuestra lo infundado de esa leyenda.

En el animado debate que siguió a la presentación, estuvieron brillantes mis colegas de mesa, José Andrés Gallego, Pedro Insua y el autor, que nos dejó con ganas de más, conocedor como es de los entresijos de esa historia de amor y odio entre judíos y españoles que ha llegado hasta hoy. Yo al final esbocé una reflexión, que ha dado pie a este artículo: el antijudaísmo encontró un fundamento sin el cual seguramente hubiera carecido de la fuerza y el arraigo que ha mantenido durante tantos siglos: la acusación de deicidio.

El "deicidio" es una construcción imaginaria disparatada, no sólo por carecer de cualquier fundamento histórico, sino por el concepto en sí mismo. "Matar a Dios" es algo absurdo y de una incoherencia, además, insostenible, porque resulta que gracias a ese hecho, toda la humanidad se ha librado de una condena eterna. Los supuestos autores, lejos de convertirse en la "raza maldita", deberían ser considerados un instrumento necesario en manos de Dios a los que habría que agradecer, en último término, su salvadora intervención. Pero ahí está esta terrible acusación, como roca indestructible, atravesando los siglos, hasta encontrarla en los discursos de curas y obispos durante la "cruzada" de nuestra última guerra civil, como bien recoge I.González en su libro.

El desatino, sí, convertido en una construcción mental, simbólica y lingüística, puede adquirir una fuerza poderosa, y poco importa su incoherencia, su irracionalidad o su naturaleza imaginaria. No somos seres racionales, sino delirantes, y sólo nos libra del desastre definitivo el intento de controlar la propensión al desatino, una tarea hercúlea, pero de la que depende nuestra supervivencia. Ya lo vio así Cervantes, quien dijo que su mayor logro literario había sido el "mostrar con propiedad un desatino". No otra cosa hizo don Quijote, sino mostrar con propiedad su propio desatino y el de los demás, para así tomar conciencia de él y controlarlo.

Mostrar con propiedad, por ejemplo, el desatino separatista, ya que no está en nuestras manos el impedir el delirio (por sí mismo contagioso), sino sólo el controlarlo y estar vigilantes, porque nada más fácil que pasar de un desatino a otro. Apliquen mi teoría a los avatares, cambalaches y tropelías del momento político actual, y díganme si no perciben esa fuerza cegadora del desatino agitando neuronas, gestos y palabras, profiriendo anatemas y acusaciones de "deicidio". O simples disparates. Vean cómo la ministra Celaá se despidió el otro día, el de la gran ostentación feminista: "Espero que ustedes pasen, ustedes, vosotros y vosotras, ustedes, ellos y ellas, un buen día". ¡Qué grande, Cantinflas!


viernes, 8 de marzo de 2019

A QUIÉN VOTARÍA


Voy a mojarme y, a volapié, decir a quién votaría, colocando el estoque en la cruz del morlaco de la política, hoy perdido en el ruedo y con los tendidos en pleno desconcierto, no sabiendo si silbar o agitar los pañuelos blancos. No veo ningún partido que hable claramente de todo esto, razón de más para expresar mis deseos, taurinos por utópicos, o al revés. Así que votaría (el orden no importa ni altera el conjunto):

-A quien presentara un plan para sostener y aumentar las pensiones, estableciendo esta partida presupuestaria como prioritaria e irrenunciable, así como para asegurar ayudas y atención a todas las personas mayores y dependientes, especialmente dentro del hogar y la familia.

-A quien persiguiera implacablemente el fraude fiscal, la evasión de capitales, el dinero negro de la prostitución y el narcotráfico, la  corrupción y malversación de fondos públicos o su empleo para la propaganda separatista.

-A quien impidiera los salarios de miseria, el trabajo no remunerado y los horarios fuera de contrato, los trabajos precarios y temporales no justificados, la discriminación laboral por cualquier motivo, el maltrato y abuso de mujeres, jóvenes o inmigrantes.

-A quien promoviera la sustitución del actual sistema autonómico por otro más eficaz y menos costoso, que respete el principio de igualdad de todos los españoles.

-A quien asegure un sistema sanitario único y universal, con igualdad de servicios en toda España, sin barreras burocráticas ni territoriales.

-A quien se propusiera la eliminación de las policías autonómicas, unificando de modo jerarquizado la tarea de todos los cuerpos y fuerzas seguridad del Estado.


-A quien quisiera reformar la Constitución para que quedaran fuera de la ley los partidos que propugnan la fragmentación o destrucción de la nación española; eliminar cualquier referencia a derechos históricos, privilegios forales o blindaje de competencias contrarias a la unidad e igualdad entre todos los españoles.

-A quien defendiera y regulara un mercado unificado, anulando las disposiciones que lo impiden, laborales y fiscales, facilitando la movilidad geográfica y social y el acceso a la función pública en igualdad de condiciones en toda España.

-A quien se comprometiera a acabar con la producción, la importación y el mercado ilegal de las falsificaciones y la economía sumergida.

-A quien promoviera de verdad una economía sostenible y el avance de las energías renovables, especialmente la energía solar, tanto en la actividad productiva como en la economía doméstica, así como la eliminación y control de los residuos plásticos y contaminantes.

-A quien propusiera un plan global de revitalización del mundo rural basado en la artesanía, la pequeña industria, el turismo, el patrimonio natural y arquitectónico, la agricultura y la ganadería sostenible, ecológica y de calidad, con infraestructuras y servicios dignos.

-A quien se propusiera reformar la Agencia Tributaria eliminando las normas abusivas que rigen su funcionamiento, estableciendo un único sistema tributario y de control en toda España.

-A quien revisara el actual corpus legislativo, eliminando aquello que no fuera estrictamente necesario y basado en la defensa del orden y bien común, regulando con mayor claridad, al mismo tiempo, la actividad de las entidades bancarias, la construcción, la defensa del medio ambiente y las costas, el patrimonio natural, artístico y religioso, etc., ámbitos en los que el Estado debe actuar por encima de cualquier interés particular.

-A quien se comprometiera a revisar todas las ayudas, subvenciones, desgravaciones y exenciones fiscales(incluidos partidos, sindicatos, asociaciones, etc.), eliminando aquellas que no tuvieran una clara justificación social, así como los organismos públicos o semipúblicos que no acrediten su necesidad y contribución al bien común.

-A quien defienda el derecho a recibir toda la enseñanza en español en todos los niveles educativos y en cualquier lugar de España.

-A quien impida la imposición monolingüe del vasco, el catalán, el gallego o cualquier otra lengua distinta del español en la administración, la vida pública y la comunicación de los ciudadanos, eliminando cualquier norma contraria al principio de libertad de elección lingüística de los hablantes en el ámbito público y privado.

-A quien suprima cualquier privilegio económico y fiscal de las organizaciones religiosas, así como la enseñanza específica de cualquier religión en las escuelas públicas, incluyendo, sin embargo, el conocimiento de las religiones de acuerdo a su importancia histórica y cultural.

-A quien defienda objetivamente la historia de España y luche contra la leyenda negra y la difusión de las mentiras y tergiversaciones nacionalistas, impidiendo cualquier adoctrinamiento supremacista y xenófobo en la enseñanza.

-A quien respete la diversidad étnica, religiosa, sexual, lingüística y cultural, pero que no la use como arma política e ideológica, ni convierta la identidad personal en un derecho regulado por normas contrarias al principio desigualdad de todos los ciudadanos.

-A quien promoviera una verdadera unión ibérica con Portugal en todos los ámbitos, respetando la soberanía de los dos Estados.

-A quien defendiera avanzar hacia los Estados Unidos de Europa, no cediendo, sino compartiendo soberanía y promoviendo un modelo social basado en los valores de la igualdad, la justicia, la libertad y la democracia, capaz de impedir el avance de ideologías populistas, racistas y totalitarias, así como la lucha contra el fanatismo religioso, el islamismo terrorista y el antisemitismo.

Pues por ahí va la cosa. Si encuentran algún partido que encare con seriedad, claridad y sin escamoteos ni prevenciones, estos problemas, me lo digan, por favor, mesedez, si us plau, graciñas.

jueves, 28 de febrero de 2019

POLÍTICA Y METAFÍSICA


Supongamos, con Espinosa, que sólo existe una única sustancia, y que todo lo que vemos y no vemos son transformaciones, combinaciones, movimientos de esa sustancia inconcebible e inabarcable. Si todo deriva de una única sustancia infinita, no por creación ni emanación, sino por pura necesidad interna, eso de la libertad o la finalidad no son más que ilusión. Todo está sometido a un orden divino necesario, por más que desconozcamos las causas que determinan cuanto acontece y cuanto hacemos. Aceptar este determinismo metafísico (tanto da que esa sustancia ontológica la concibamos como material o espiritual), y practicar el ascetismo racional que de ello se deriva, son la única fuente de la felicidad.

¿Y dónde colocamos, dentro de esta sinopsis, al pensamiento y la conciencia? El pensamiento, la razón y la conciencia son también atributos de esa única sustancia y forman parte de esa cadena inevitable de causalidad o necesidad interna que da origen a todo cuanto existe y sucede. No es posible ninguna intervención externa, todo es inmanente, y ni siquiera la pasividad o el fatalismo pueden ser el resultado de una decisión externa que nos pudiera situar fuera del mundo.

Así que aquí estamos, en medio del chapoteo de la política del mismo modo que la Tierra da vueltas alrededor de sí misma al tiempo que circula a velocidades descomunales por el universo. Y sin darnos cuenta, porque el encadenamiento de causas supera cualquier comprensión. Atisbar un poco esa infinita acumulación y concatenación de causas nos produce vértigo, y en estas estamos, digo, ahora mismo, porque detrás de todo, también de la política, está el abismo, y hay momentos en que esa percepción se hace tan imperiosa como paralizante.

Viene esta reflexión metafísica a cuento, porque intentar poner un poco de orden en el desconcierto general en que nos ha metido hoy la política es tarea casi imposible. El distanciamiento a que nos invita Espinosa, aceptando nuestra limitación e inmanencia (no somos dioses creadores), nos ayuda a relativizar las convulsiones del momento y a no perder la cabeza ante todo lo que nos resulta inconcebible, como son la mayoría de las decisiones políticas que vemos cada día.

Vistas desde esta distancia, tampoco son tan importantes las elecciones anunciadas, ni tan decisivo a quién elijamos. Me lo digo a mí mismo, y no para aconsejar a nadie; porque, ante un panorama políticamente tan embarullado, sólo sé a quién no votar. Y si sigo así, como no quiero votar a ninguno de los que se presentan, lo mejor va a ser no votar a nadie. No sé cuántos españoles se encuentran en la misma situación, pero sospecho que muchos más de los que recuentan las estadísticas.

Claro está que acabaré votando al menos malo, y esto confirma una vez más que mi decisión no será libre, sino fruto de la necesidad. Lo repito para quitarme esa carga extra de responsabilidad que parece venirnos encima a quienes nos atrevemos a hablar y escribir de política, advirtiendo a los ciudadanos sobre los males que acarrea apoyar a políticos mendaces, egópatas, psicópatas y plagiadores, aunque formen parte de esa cadena de causalidad invisible que mueve todas las cosas en este perro mundo.

Pero si tengo que dar alguna pista, me adelanto para anunciar que no votaré jamás a los traidores. Dante, en su Divina Comedia, nos describe el último círculo del infierno, el noveno, como un lago de hielo donde van a parar todos los traidores. La traición nos hiela el corazón, nos paraliza la frialdad del traidor, que no es aquel que no puede cumplir lo que promete, sino quien promete lo que no puede cumplir, ni le importa; aquel al que ningún compromiso obliga, porque a nadie ni a nada se siente atado.

Si todo se puede incumplir, si entre el decir y el hacer no hay ningún vínculo ni responsabilidad, ¿qué sentido tiene la política, qué fundamento? Basta aplicar este simple criterio para no tener dudas, al menos, sobre qué partidos y qué traidores no merecen ni segunda ni primera oportunidad. Traición a los principios básicos de igualdad ante la ley, de unidad política, de justicia social, de protección y seguridad, de libertad de pensamiento, de libertad lingüística, de respeto al orden constitucional, de lucha contra la corrupción, el supremacismo y la mentira.

Sí, es hora de que salgamos del círculo infernal de los traidores, aunque sólo sea por "necesidad metafísica". Hora de volver a pronunciar sin miedo aquella antigua consigna de "¡muerte(política)a los traidores!"

jueves, 21 de febrero de 2019

GORJERÍAS POLÍTICAS


(De gorjeo, canto de pájaro o gorgoritos de niño. En mala imitación de las greguerías ramonianas. También pudieran ser golferías).

Pedro I el Breve, cruel destino, no volverá a gobernar aunque lo sueñe Sonsoles y su perrita Turca, que ya se había acostumbrado a buscar ratones bajo las alfombras y la entrepierna de los sillones de la impostura. El que aspiró a agotar la paciencia de la legislatura, ceño adusto, ojos opacos e ira contenida, lo ha anunciado con énfasis afásico y cara en la que ni el maquillaje pudo ocultar los golpes del cincel, ¡oh la cruda y dura realidad! No volverá porque no podrá, y será como un desahucio exprés, tan larga la ambición y tan breve el placer.

Veo la cara de pájaro recién caído del nido del ministro astronauta, al que la piel casi no le llega al cuello, y tampoco él lo entiende, porque nada sabe de finanzas ni finiquitos. Y a la histeroide ministra presupuestaria precipitarse contra la nada después de aparecer sobre el cielo parlamentario como una ráfaga henchida de vacua arrogancia. ¿Y la cara desabrida de la ministra portavocera, podrá contorsionarse más? ¿Y qué pensará esa ministra de ojerones tiznados, cuyo nombre no recuerdo? ¿Y qué decir de la otra feministra, la lenguaraz, que se pasa del despectivo maricón a la obsesión trifálica, sin solución de continuidad freudiana?

Y no quisiera hablar mal de Borrell, tan borroso, tan esponjoso, tan relamido él cuando se tiene que mezclar o dirigir a la chusma que pide, no la cabeza, sino prisión justa para los agolpados, los asaltadores y salteadores de la casa común. El Borrell que ha envejecido por los ojos, que es donde más duele porque más se nota. Perder la mirada es andar perdido, metonimia de ida y vuelta, el contenido por el continente, el humo por la hoguera que se apaga. Le quedó un rescoldo de dignidad y no aplaudió la llegada del jefe derrotado, simulando tener ocupado el metacarpo con el móvil, esa escena de elocuente ridículo y rubor ajeno, la sala del Consejo de ministras y ministros palmeando (o palmipedando) el happy end.

No hablo, no escribo, son las imágenes amontonadas en la retina que pían como polluelos. Y veo a Felipe, físicamente mejorado, que dice cosas sensatísimas del sanchismo claudicante, pero hete aquí que pronto se arrepiente y da por bueno el reculeo atrabiliario de la ministra que ahora pinta calvo todo lo que ayer fue turbio, tanto que alarmó también a Guerra, mucho más creíble en su diatriba, quizás porque tiene menos vergüenzas pujolistas que ocultar. Pedrito, ¿quiénes, cómo y con qué te amenazaron, para que tan rápido hicieras como que no habías hecho?

¿Balance de estos nueve meses embarazosos? No, sino balanceo, vaivén a merced del viento, ahora para allá, ahora para acá, pero siempre anclado sobre el mismo punto, el de una egopatía tan simple como reconcomida. Por lo que un ministro y una ministra dimiten, otros se quedan, incluido el cabecilla de la trama impostora, primer plagiador del reino, primus inter pares. ¿Y la exhumación de la momia de Franco (no son sólo huesos, que está el general embalsamado), ese coitus interruptus, emblema de este gobierno gestante y gesticulador, que ha acabado pariendo un ratón?

Entretanto, dice el obispo sacristán Junqueras, orondo y lirondo, que él, el impulsor de las urnas funerarias, no ha querido destruir España porque la ama, y mucho. Y remata el otro, el del verdín en los dientes tarados, que la democracia está por encima de la ley, y esa es la doctrina fundante, fulminante y fulgurante del derecho inalienable de autodeterminación, o sea, de autodestrucción de lo único que hasta ahora es y ha sido, España, propiedad común de leoneses, catalanes y etcétera, todos iguales, por españoles, en derechos y deberes.

Y concluyo: Verde era el conejo blanco, roja la mirada de la hormiga, y negra la sangre azul de los cisnes. Que el color no existe sino en nuestro ojo, que todo lo pinta del color con que mira, así que este efímero gobierno será como un embarazo psicológico para los que creyeron en la fuerza genésica del aire. Yo, chamuscado como la jara en verano, compruebo una vez más que la política vive del delirio, y me admiro al comprobar lo difícil que es convencer a los creyentes de que llevan en la cabeza una bacía, no el yelmo de Mambrino. Bacía vacía, de la que deriva bacinilla. Malos tiempos para la próstata apostólica, que tocan a maitines y llegan los mítines. Y así hasta finales de mayo.

jueves, 14 de febrero de 2019

PARÁLISIS MENTAL



Los ocultó Pedro Sánchez en aquella abyecta declaración de Pedralbes. Ahora Torra los saca para presionar aún más. Los 21 puntos de la infamia con los que, sin eufemismos, el separatismo exige al Gobierno que claudique, que acepte como irremediable e irreversible la independencia de Cataluña. Y Sánchez dice que sí, que vamos a "negociarlo", que vamos a ver "cómo hacemos efectiva la voluntad del pueblo de Cataluña", o sea, la ruptura definitiva con España (pero así, como que no se note, al menos de momento). Cada punto es una provocación, un insulto, un escupitajo, un vómito contra la democracia y la Constitución, un ataque directo a todos los españoles, incluida más de la mitad de los catalanes.

Todo el andamiaje de conceptos sobre los que se levanta esta proclamación de guerra (un día será estudiada como las tesis que Lutero clavó en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg), parte del hecho de que Cataluña es una entidad esencial propiedad exclusiva de los independentistas y que es inevitable que sea reconocida como tal, o sea, que sea independiente de derecho, porque ya lo es de hecho (un hecho histórico irrebatible). La basura ideológica y política que rezuma cada punto, la hediondez supremacista que supura, la nauseabunda mentira que expresa cada frase debería hacer saltar las alarmas de todas las instituciones del Estado y poner en pie de guerra democrática a todos los españoles de bien, que somos la mayoría.

Empieza este libelo diciendo que "no se puede gobernar contra Cataluña". Cataluña, repitámoslo, no es otra cosa que el conjunto de ciudadanos que viven en Cataluña y que lo son por ser españoles, única realidad que les convierte en sujetos políticos y de derecho. Contra esa Cataluña real está gobernando desde hace 40 años el separatismo. Así que habrá que decir que sí, que no se puede seguir gobernando contra Cataluña y contra el resto de España.

Los siguientes puntos no hacen más que reiterar hasta la náusea que Cataluña (o sea, los separatistas) es independiente y soberana, y que lo único que exige es que esta realidad se reconozca internacionalmente y de modo efectivo, para lo cual sobran jueces, juicios, leyes, Constitución, Parlamentos y todo lo que estorbe. De modo sarcástico adornan esta usurpación e imposición apelando a la "separación de poderes", la "independencia judicial", los "Derechos Humanos" y la "ética política". Hasta dicen preocuparse por "la calidad democrática de España". Para argumentarlo dedican los últimos diez puntos a denigrar la realidad democrática de España pidiendo un "proceso de desfranquización".

Lo sorprendente es que algo tan descaradamente beligerante, tan ostentosamente humillante, tan repugnante y antidemocrático, no haya provocado mayor indignación, no se haya desenmascarado con mayor claridad y contundencia por parte de todos los partidos, las instituciones, los poderes del Estado, los medios de comunicación.Sorprende tanta contemporización, tanto miedo a levantar la voz, tanta pusilanimidad.

Buscando una explicación, me atrevo a aventurar una teoría: el efecto "parálisis mental". Lo que el catalanismo separatista (no hay otro) ha logrado (y es mérito indiscutible) es asentar un lenguaje y unos conceptos que, al no ser rebatidos y rechazados de inmediato, producen enseguida una parálisis mental, una incapacidad para el análisis y la crítica racional, un colapso, un atontamiento masivo. Al aceptar el lenguaje impuesto (hay muchos ejemplos, desde hablar del "derecho a decidir" y el "procés" hasta desterrar el topónimo "Lérida") ya todo es parálisis y embotamiento, porque oponerse a usar esa morralla verbal exige esfuerzo y valor: rechazarlo implica ser tachado enseguida de facha y antidemócrata, incluso anticonstitucional.

Los supremacistas separatistas han tenido éxito porque nadie ha querido tomarse nunca en serio, no ya sus intenciones y proclamas, sino los hechos consumados con que han ido creando un cordón sanitario, un círculo de hierro protector que ha asegurado su impunidad, lo queles ha envalentonado hasta el punto de atreverse siempre a dar un paso más. Y nunca han retrocedido, y, aventuro, ni siquiera el juicio previsto les hará retroceder un milímetro. ¡Qué difícil resulta aceptar el mal en estado puro! Es mejor no creérselo, eso evita enfrentarnos a él.

P.D. Fui no de los 200.000 españoles "amotinados" (en palabras de Tezanos) que acudí a la Plaza de Colón el pasado domingo. Podíamos haber sido más, pero me alegró encontrar allí a Luis Corcuera. Deberíamos haber sido más ex-socialistas los que, sin miedo ni complejos, hubiéramos acudido para denunciar la traición de esa banda de los tres (Sánchez-Calvo-Ábalos) que está acabando con el socialismo español.


viernes, 8 de febrero de 2019

LA DEMOCRACIA EXIGE DEMÓCRATAS


Pensar y pesar tienen la misma raíz etimológica, del latín "pensare", que a su vez proviene de "pendere", que significa pender, colgar. La balanza y la romana eran instrumentos en los que se colocaba o colgaba aquello que había que pesar. El peso lo marcaba el "fiel de la balanza". De niño, casi todo cuanto se compraba se pesaba con balanzas y romanas. Son para mí piezas entrañables, evocadoras de olores en tiendas de ultramarinos. Su desaparición indica que el mundo ha cambiado, y nosotros con él. El otro sentido de pesar (tristeza, abatimiento) es un derivado metafórico que une el pensar y el pesar: el mucho pensar puede producir pesar, decaimiento, ese carecer de fuerza para elevarnos y luchar contra la gravedad de la vida.

Si escribir en España, en tiempos de Larra, era llorar, hoy pensar (y escribir lo que se piensa) es también un pesar, un aceptar el peso de lo pensado, hasta llegar a veces al abatimiento. Porquepensar, verdaderamente, es siempre pensar de modo diferente, o sea, no repetir el pensamiento de los otros.Tenemos la mente secuestrada por el pensamiento de los otros. En cuanto pensamos algo distinto buscamos enseguida la aprobación de los demás. Pero repetir lo que otros han pensado no es pensar. Si así fuera no habríamos salido nunca de la manada, la tribu, el clan. Pensar es liberarse de la presión mental de los otros.

La democracia exige ciudadanos que piensen, por eso es tan frágil e inestable.Por eso no hay que darla nunca por sentada. Por eso es tan importante estimar y estimular el pensamiento libre, sin el cual es imposible ser demócrata. Porque existe una estrecha relación entre democracia y pensar. Ser demócrata no es tener una idea fija y preconcebida de todo aquello que debe proponerse, decidirse o realizarse, sino el ser capaz de pensar, sopesar y ponderar en cada momento lo más apropiado, lo que más interesa al bien común y el interés de todos.

Pensar democráticamente es encontrar un equilibrio, un balance entre el interés particular y el general, entre lo que me conviene a mí y lo que conviene a la mayoría. La democracia, como el pensamiento, es sopesar y elegir: entre propuestas, entre proyectos, entre partidos, entre candidatos. Allí donde los ciudadanos renuncian a pensar por sí mismos, allí empieza la democracia a tambalearse.La democracia moderna comenzó con la Ilustración, o sea, con el pensamiento libre. Renunciar a pensar es renunciar a la democracia.

Piensen ahora en Cataluñao en Venezuela, por poner los dos ejemplos de mayor actualidad. Piensen en eso del pensamiento único y entenderán que es incompatible con la democracia. Porque la democracia no es vencer, sino convencer a la mayoría. Y para convencer hay que razonar, ponderar, equilibrar el peso de un pensamiento con el de otro, los intereses de unos con los intereses de otros.

Me produce pesar el comprobar que hoy los partidos han sustituido el pensamiento, no ya por la ideología o las creencias, sino por un no pensar, por carecer, no ya de ideas propias, sino simplemente de ideas. La democracia, o sea, el pensamiento libre, ha desaparecido de su vida. Pensemos en Podemos, en el PSOE o en VOX, por no citar al resto, especialmente a los partidos separatistas, absortos en una sola idea, un único pensamiento.Lo peor es que todos lo partidos creen que lo importante es conseguir "seguidores", votantes "fieles", para lo cual basta con difundir ideas simples, cuanto más vacías, cuanto menos obliguen a pensar, mejor.

Pero repitámoslo: no puede haber democracia sin demócratas, y no hay demócratas allí donde no hay ciudadanos que piensan, que asumen el peso y el pesar de pensar libremente. Sólo las ideas convencen. Los partidos, en una democracia, no pueden ser meros instrumentos de manipulación y propaganda con el único propósito de vencer, anulando el pensamiento.

En época de crisis como la que vivimos, de incertidumbre y confusión, muchos creen que lo mejor es no pensar, renunciar al pensamiento libre, acomodarse al grupo, protegerse en el refugio de la manada, tenga las siglas que tenga. Pero esto es suicida. No tenemos otra salida que la democracia, y no hay democracia allí donde no hay demócratas, o sea, ciudadanos que piensan por sí mismos y confían en su pensamiento. A su pesar, y a pesar de los pesares.