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viernes, 26 de junio de 2020

COSAS QUE ME HA ENSEÑADO EL CORONAVIRUS





No podrás nunca ahorrar, pero sí gastar menos. Menos en casi todo. Puedes gastar menos en comida, por ejemplo, si comes menos. Si comes menos, no pasa nada, ganas en salud (hablo de mí, claro). Tampoco necesitas ducharte y lavarte el pelo cada día. Tu cuerpo y tu pelo te lo agradecen. ¡Y gastas menos agua!

Te sobra mucha ropa. ¡Y la mitad ya no te sienta bien!

El ascensor sólo lo necesitas para subir pesos, no para subir tú. Subir escaleras es como hacerte un chequeo. Si no puedes subir siete pisos sin ahogarte, malo.
Yo subo siete pisos varias veces al día. He ido mejorando.

Menos comida, menos champú, menos gel, menos ropa y menos ascensor. Y también menos coche. Siempre que puedo, a pie. Ahorro en gasolina. Menos basura, menos agua, menos electricidad, menos contaminación.
Poco es, pero si somos millones, algo se notará.

Observo que el verde de los árboles es más intenso. ¡Y más vencejos cruzan por delante de mi ventana! Por la noche no cesan de cantar los mirlos enamorados.

No necesitas ni contar ni medir tanto el tiempo. El ritmo no lo marca el reloj, sino tu cuerpo. Puedes fiarte de él.

Es mejor hacer una cosa que diez. La concentración facilita la intensidad. Hay cosas que no se pueden hacer sin concentración e intensidad. Por ejemplo, escribir un libro. Es lo único que he hecho estos tres meses. Aprovecho para anunciarlo: España sentenciada, pero no vencida.

Digo en él que hemos llegado a un punto de no retorno. Los primeros que no pueden dar marcha atrás son los independentistas: han ido demasiado lejos. O vencen los separatistas o ganamos los demócratas. Porque ya ha empezado la guerra incivil, como dijo Unamuno. Lo siento por los apaciguadores, los pusilánimes, los cobardes y los apocados. Yo alerto contra el coronavirus independentista, pandemia todavía localizada.

¿Y la ciencia? Teníamos demasiada fe en ella, pero como la necesitamos, yo ya sólo me fío de ella. Y de la razón y la verdad, cuya destrucción masiva ha sido el peor efecto del virus coronado. Ciencia, razón, verdad: no tengo otras armas para sobrevivir, y ya es tarde para buscarme otras. Y con ellas, y de su mano, el arte, el único bien imperecedero.

Digo arte, y yo me entiendo, que es mucho más que el arte de los artistas. Arte de vivir, de gozar de todo y por encima de todo y pese a todo.

¿Y las Redes Sociales? Son lo que dicen: enredan, atrapan a los que necesitan sentirse dentro del rebaño, la manada, el bando o la bandada. Y para los que necesitan gallear o gallinear o gallinacear. Pueden ser espacios de libertad, ¡pero hacen perder mucho tiempo!

¿Y la tele? Todavía peor. Dejo aparte películas y series, porque sólo veo las que elijo. Ver informativos y tertulias es puro masoquismo. Una pequeña dosis al día para saber que vivo en un mundo dirigido por psicópatas, delirantes y egomaníacos peligrosos. A veces me pongo a prueba: un minuto de Sánchez, medio de Iglesias, quince segundos de Illa, cinco de Simón, dos y medio de Ábalos, uno de Calvo... No me fijo más que en su rostro: ¡todos tienen cara de enfermos! Me obsesiono con los detalles.

Los ojos de Sánchez son los más opacos que he visto en mi vida: no dejan entrar ni salir un átomo de luz. De Ábalos sólo veo su mandíbula superdotada y sus ojillos de desmán, como el que vi de pequeño a la orilla de un riachuelo. Carmen Calvo yo creo que lucha todavía contra el coronavirus. Lo de Iglesias es ya instintivo, como ante un alimento pasado de fecha. Quizás sea porque él habla mucho (acusa) de malolientes (inmundicia) a los demás.

Como se puede ver, la política ha empezado a desaparecer de mi vida. Se impone la supervivencia. O quizás deba decir mejor que la política ha empezado a desaparecer de la vida de mi país, de mi patria, de mi todavía nación.

Esto es ya otra cosa. El estadio superior de la adolescencia falangista. Neofascismo de una izquierda guerracivilista, progre, millonaria y proletaria.

El coronavirus no se ha ido. Parece que este Gobierno se ha mimetizado con él y ha aprendido sus métodos de camuflaje. Es un coronavirus salvavidas. Pedro Salvavidas. 450.000, así, a ojo. Dice que no lo dice él, que es el único que lo dice, sino unos estudios científicos que son materia reservada al CNI de Iglesias.

Entre tanto, lo único que se puede contar, los muertos de carne y hueso, no se cuentan porque no cuentan para la ceremonia de exculpación. Bueno, menos los muertos en las residencias de Madrid, esos hay que arrojarlos a paletadas contra Ayuso.

El coronavirus se ha hecho madrileño y por eso ha atacado sobre todo a Cataluña, lo dicen los epidemiólogos separatistas.

¿Que el coronavirus nos ha hecho mejores personas? Yo veo todo lo contrario. Me refiero a las personas que se ven, las que aparecen en los medios y los tercios. Yo, desde luego, no veo que haya cambiado, sigo siendo medio-bueno y medio-malo, a partes iguales y según y cómo. Lo único que me esfuerzo es en no ser tonto. Cuesta, pero vale la pena.

Ah, y por último. En contra de lo que se dice, el coronavirus no nos ha hecho más sociables y solidarios. Más bien creo que lo contrario. Una prueba científica: llamamos menos por teléfono a los amigos. El confinamiento nos ha confinado más en nosotros mismos. Hemos comprobado que necesitamos menos de todo, hasta de las relaciones sociales.

Así que los problemas siguen donde estaban: en nosotros mismos.

miércoles, 4 de marzo de 2020

EL VIRUS CORONADO




Avanza imparable. Coronavirus le llaman, de apellido Covid-19. No habrá nombre más repetido hoy en el mundo, "del uno al otro confín". Los virus, las criaturas más invisibles y escurridizas de la Tierra, aunque en número sean lo que más abunda en ella. Hay millones de tipos, de los que sólo conocemos unos miles. Tienen vida propia, y aunque no son animales ni plantas, ni siquiera células, necesitan de las células para sobrevivir. Son microorganismos parásitos, penetran en las células y las fagocitan. No los vemos, forman parte de ese inmenso mundo invisible que nos rodea y en el que estamos sumergidos. Mutan constantemente y se replican a grandísima velocidad. Cuando entran en un cuerpo se establece en su interior una guerra a muerte. Si el cuerpo no logra vencerlos con su propio ejército de anticuerpos, ellos acaban con la vida.

Los virus son un ejemplo perfecto de amenaza invisible. ¿Cómo protegernos de aquello que no vemos, ni sabemos cómo de verdad se propaga? Se afanan médicos, expertos y políticos en pedirnos calma, en llamar a la tranquilidad. Hemos de tener más miedo al pánico, nos dicen, que al propio virus. Yo, la verdad, todavía no he visto ninguna escena de pánico, ningún arrebato o estampida descontrolada. Lo que no se puede es evitar la reacción más elemental: el sentir miedo e indefensión ante una amenaza como ésta, invisible, pero muy real. Y más si uno se pone a pensar un poco y a sacar sus propias conclusiones.

Primero, porque no sabemos de dónde ha salido ni cómo se ha iniciado su propagación. Que si en el mercado de Wuhan, donde se vende todo tipo de marisco y una variopinta muestra de animales exóticos y salvajes, entre ellos los murciélagos y el pangolín. Pero también pudo salir, de forma intencionada o casual, de esos laboratorios, muy cercanos a ese mercado, donde se experimenta con virus y bacterias. El fantasma de la guerra biológica se une al de la guerra comercial. Sabemos que el capitalismo necesita de estas crisis periódicas para reorganizarse. Crece la burbuja especulativa hasta que necesita estallar. ¿China se había convertido en un virus para la economía mundial?

Tampoco sabemos muy bien cómo se propaga. El contagio directo o a través del aire cercano parece claro, pero si así fuera no se entiende a qué vienen esos trajes de astronauta, esa fumigación de las calles, los rincones y hasta las fachadas de edificios de muchas plantas, como si el virus trepara por las paredes, se colara por las alcantarillas o se agazapara en los pliegues de la ropa. Ubicuo, como Dios, puede estar en todas partes. Si se nos dice que alguien fue a Italia y volvió con el virus en la mochila, no hay otra explicación.

Sabemos también que las vacunas antivíricas son uno de los negocios más suculentos del mundo. Se abre un "nicho" de mercado descomunal, y alguien estará interesado en explotarlo. Cuanto más propagación de la amenaza, más "oportunidades de negocio". Así que aquí entra una variable conspiranoica tan incontrolable como el propio virus. Dicen que mata menos que la gripe, que los accidentes de tráfico o los suicidios, pero la comparación es totalmente falaz. La diferencia está en lo invisible, lo imprevisible, la inevitable y lo universal de esta amenaza, porque no hay lugar en el mundo ni refugio totalmente seguro.

Así que, queramos o no, a todos se nos ha metido ya dentro el virus, ya habita en nuestra cabeza. Sí, tenemos el cerebro lleno de virus, que es donde más abundan y donde mejor se instalan. Porque no hay metáfora más adecuada para explicar hoy lo que ocurre a nuestro alrededor y cómo nosotros lo vivimos, sentimos e interpretamos. Al final va a tener razón Lacan y su teoría del significante. Ni el significado ni el referente (la verdad y la ley, por ejemplo) son lo más importante, porque lo que nos mueve, lo que determina nuestra vida es algo aparentemente más insignificante, pero mucho más poderoso.

Hoy no existiría esta amenaza de pandemia si no existiera ese significante llamado 'coronavirus'. Para coronarlo, para erigirlo en el rey de los virus, para lograr que se haya hecho con la monarquía vírica, hemos tenido que nombrarlo, crear una "imagen acústica" (Saussure) que materializa y condensa un halo de emociones, significados y referentes atropelladamente mezclados en nuestra cabeza y extendidos por todo nuestro cuerpo. El poder del significante, sí. Aplíquenlo a lo que quieran. Al 'procés', por ejemplo.

miércoles, 5 de febrero de 2020

MANDATAN E INTERLOCUTAN


Confieso que me desborda, me sobrepasa como las olas de la tormenta Gloria, que en paz esté. Hemipléjico, mis dos hemisferios en guerra púnica. La situación política. La manada ministerial. La mesnada que los acompaña. El lenguaje, el estilo, la prosodia. El bruxismo de Sánchez (quijada tensa, crujir de dientes). Los ojillos de canica, opacos, retraídos y mal avecindados de Ábalos, qué solo garantiza la mentira al descubierto. ¿Para dónde miro que no vea lo que veo? ¿Me tapo con cera los oídos? Imposible, allá adentro se queda el eco, el martillo golpea el yunque y pone pie en el estribo y vibra el tímpano, y me aturden las voces, el gorjeo de las faringes empoderadas.

Irene Montero, la miembra del consejo de ministras, ministra consorte de la igualdad inmobiliaria, está de un creativo febril y habla de "interlocutar" con no sé quien, lo ha dicho en TVE y no se ha electrocutado con el interlocutador que la interlocutaba. Debe de ser consigna ministerial, porque Ábalos, robusto cuello en cabeza chica, ya lo dijo también: "El Gobierno de la nación puede interlocutar con cualquier otro gobierno autonómico". Ha rematado doña Irene la faena denunciando a la sociedad "adultocéntrica" (la prefiere infantilizada) y defendiendo a la familia "monomarental" (lo de "parental", de pariente, le suena a padre, y padre a machista). ¡Viva la sororidad!

Ellas están tomando la delantera. Otra Montero (tardan en feminizar su apellido y ponerse la Montera por Montero), María Jesús (¡vaya por Dios, otra intrusión heteropatriarcal!), en su atropellada fonética ya denunció, a propósito de la renovación del CGPJ, que "lleva tiempo que la ley mandató para que se produciera esa renovación". Lo dijo así, sic, sin que se "produciera" ningún sobresalto en la sala donde dicen que había periodistas. ¡Abajo la gramática opresora! También afirmó aquello de "¡yo lo digo siempre, chiqui, son 1200 millones, eso es poco!". La ha elevado Sánchez a portavoza, y al verla siempre tan espiritada pienso que ha tomado demasiado café, o lo que sea.

Tampoco se oyó ni un suspiro cuando otra de las sublimes, Celaá, afirmó: "No podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres". Ha escandalizado mucho eso de la pertinencia o impertinencia de los hijos a los padres, asunto que dicho así puede significar lo que se quiera. Mucho más grave es ese "no podemos pensar de ninguna de las maneras". Es esta arrogancia totalitaria lo que más espanta. Quieren que pensemos y sintamos como ellas dicen que hemos de sentir y pensar. No es que manden, "mandatan" e "interlocutan": ¡Viva la lucha antifascista!

Pronto habrá más fachas en España que en toda la Galaxia. Hasta ayer los campesinos eran trabajadores del campo, agricultores, pero hete aquí que Pepe Álvarez, el capataz de Pujol, secretario general de UGT, ha descubierto que son "la derecha terrateniente, carca". El virus de la derecha ha mutado en el virus corona de la ultra ultra derecha, que es la última consigna de Redondo que repiten a coro todas y todos los que se sientan en la alargada mesa oval monclovea.

Dijo también la pequeña Lastra, cabecita superdotada, segunda autoridad jerárquica del PSOE, que la negociación de los presupuestos está todavía en un "trámite muy primigenio". Aprendió la palabra ayer y ya la usa con una soltura que obligará a cambiar el diccionario de la RAE, batalla progresista que ya ha iniciado Carmen Calvo, la vicesegunda de lo que sea, toda ella simpatía, eh, bonita.

En esta brevísima relación del asalto feminista a la sintaxis no podía faltar la directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno (otra que debe despatriarcalizar su apellido). Ha escrito cosas de altísima enjundia: "El ano es una de las principales zonas erógenas para hombres y mujeres, pero especialmente para los hombres". ¡Y yo, que tuve que superar la fase anal para llegar a ser lo que soy, sin enterarme! Con lo feliz que hubiera sido jugueteando toda la vida con el fruto de mis entrañas.

Y: "Me interesa mucho el culo masculino como espacio altamente simbólico donde se concentra la pasividad entendida como feminización (degradante) y como lugar de placer inasumible para los hombres heterosexuales". Conclusión: "la heterosexualidad oprime a las mujeres". De la lucha de clases a la lucha contra la heterosexualidad. ¿Clase obrera? ¡Anda ya, carca! Tiene ésta, doña Beatriz, cinco pisos, y pronto se comprará un palacete, no va ser menos que su jefa proletaria y que Celaá, que ya lo tiene.

jueves, 30 de enero de 2020

LA GALA DE OS HORRORES

(Foto: Fernando Redondo)

No vi ni oí la Gala de los Goya, así que lo que escriba será juicio gratuito e insostenible. Confesar el crimen antes de cometerlo es maniobra exculpatoria de fácil desenmascaramiento, así que me adelanto. Atribuyan todo a mi deterioro, si no mental, digamos neurótico, neuropático o neuropolítico. Porque al final todas las aguas críticas desembocan en la charca de la política.

Empiezo por eso a lo que llaman "estatuilla", que es más bien pesadilla, no sólo por lo pesada, sino por lo horrorosa. Pasan los años y ni se les ocurre aligerarla, darle algo de gracia para que pueda alzarse en una mano como trofeo y no exija las dos para acunarlo como enano petrificado, todo cabeza. Lo siento por Goya, al que veo sufrir hasta en las arrugas de la frente. ¿A quién se le ocurrió semejante bodrio? Relacionar el cine, no ya con la pintura, sino con un pintor, al que se le cercena la testa, es tan forzado como hacerlo con un torero o un pianista.

Tan pobre imaginación es síntoma de la zafia concepción que los propios actores y cineastas tienen de sí mismos y de su arte. No se puede entender de otro modo que acepten esa humillación pública que cada año se supera en horterez y pretenciosidad. Este año no ha sido menos, por más que hayan hecho alarde de baratijas visuales (hablo por lo que he ojeado en las medios y las medias, que nunca enteras). Que todo sea una imitación paleta de los Óscar, que tampoco son modelo de nada, ya indica lo que señala. Y todo para acabar viéndole el culo a Buenafuente y su señora, o viceversa.

Lo de los trajes de pingüino y la exhibición de kilómetros de tela de ellas, las feministas de la alfombra roja, tan parecidas a nuestras tatarabuelas en los salones reales, es de una estética más bien cutre, por más brillos y sonrisas de muñeca cursi que se cuelguen de los labios. Todo tan impostado, vano y vacuo, tan poco femenino, por más poses seductoras que hayan ensayado colocando la barbilla en el hombro desnudo, imitando a las de Hollywood, que resulta un enigma cómo ellos y ellas lo hacen compatible con una furibunda negación de la feminidad heteropatriarcal. 

Vienen luego las declaraciones de los unos y las unas, de una agudeza deslumbrante. Esta vez ha destacado un tal Casanova, que fue vestido de arcángel y le pidió al presidente Sánchez "más dinero para hacer nuestras películas", y en eso estuvo muy acertado, porque son suyas y no mías. (Y si son suyas, y tan suyas, ¿por qué hemos de pagarlas nosotros, que ni nos apetece ir a verlas?)

Pero fue la más feminista de las actrices feministas, una tal Dolera, quien dijo lo que había que decir, que se necesita "más cultura antifascista en España". La cultura toda ella subsumida y absorbida por el antifascismo, que es un todo, ya se sabe, que sirve para definir cuanto hacemos, pensamos y sentimos, porque o se es fascista o antifascista, y no se hable más. Así que ¡viva el antifascismo subvencionado!

Pedro Almodóvar, justamente premiado, intentó ser un poco más sutil, pero vino a decir lo mismo y peor: "aunque me da vergüenza pedir dinero al Estado lo cierto es que el cine español lo necesita" porque "incluso el malo, es memoria histórica de España". Si hasta el cine malo es memoria histórica, subvencionémoslo todo, ¿no? También el cine fascista. Lo que no explicó es por qué el cine, y no los escritores, los albañiles, los sacristanes, los recolectores de aceituna o los pescadores, por qué no deberían también ellos recibir dinero del Estado para realizar sus tareas antifascistas. ¿O acaso no están impidiendo con su trabajo abnegado y no subvencionado, la llegada del fascismo?

Pero la perla de Tous fue la referida al Presidente empajaritado: “En los próximos cuatro años va a ser el coautor del guión de nosotros, los ciudadanos españoles, y espero que le vaya muy bien, porque si a él le va muy bien, nos irá bien a todos los demás». Le concedió Almodóvar un cuatrienio de película, coescribiendo con Redondo el guión de nuestras vidas, lo que es, más que atrevido vaticinio, un deseo canallesco, pues que le vaya a él mal es condición necesaria para que a nosotros nos vaya un poco mejor. Lo contrario es un imposible telúrico, cosmológico; pero quién sabe, estamos ya en plena emergencia climática.

miércoles, 22 de enero de 2020

A POR LOS JUECES


Con la llegada de Sánchez al poder estamos asistiendo a un cambio radical de paradigma y régimen político. Lo más evidente es que la batalla se está desplazando, del terreno económico y social, al frente ideológico y judicial. No estábamos preparados para esto.

Habíamos logrado, con un esfuerzo de siglos, que las ideologías y la religión fueran cada vez menos determinantes de la acción política. Habíamos logrado limitar la política a la búsqueda racional de las mejores soluciones a los problemas económicos y sociales, dejando las creencias religiosas y las afinidades ideológicas en el ámbito privado y subjetivo, donde reinaban la libertad y la tolerancia. Todo esto ha saltado por los aires. Por ejemplo, la importancia de la ley.

"Si hay algo genuinamente de izquierdas, es el imperio de la ley, el poder de los que no tienen poder", ha escrito Félix Ovejero. Lo contrario es "estar sometidos a la voluntad de un déspota". La ley. Los jueces. Controlarlos, someterlos. No es la primera vez que se pasa de la democracia a la tiranía sin solución de continuidad. Lo hizo Hitler y el nazismo. No hemos aprendido la lección. Confiamos ingenuamente en la democracia, sin establecer mecanismos internos para defenderla.

Tenemos una democracia cada día más desvalida, abierta por los cuatro costados, que invita al asalto. Sobran los guardianes y vigilantes, a los que se va desplazando hacia despachos acolchados donde se entretienen manteniendo largas discusiones. Pretendimos ser más demócratas y tolerantes que nadie y estamos empezando a sufrir las consecuencias. No hay ninguna otra democracia en el mundo que en esto se nos parezca. Ni Portugal, con una historia reciente tan parecida a la nuestra.

El imperio de la ley como valuarte ante la arbitrariedad, la ambición de los déspotas, el egoísmo de los sátrapas, la dominación de los poderosos, el asalto al poder de los parásitos, cínicos y malvados. Parece ya inútil recordar que denunciar ante los jueces y tribunales un delito no es sólo un derecho, sino una obligación. Que el poder ejecutivo y el poder judicial tienen el deber de perseguir el delito como parte esencial de su función, y que si no lo hacen deben ser denunciados y separados de sus cargos públicos.

La rebelión, la sedición, la prevaricación, la malversación y la desobediencia, son graves delitos que no pueden dejarse impunes. Agrava la pena el que sean responsables públicos quienes los cometen. Decir que aplicarles la ley es judicializar la política, es tratar de borrar los delitos y buscar su impunidad. La política no puede estar ni por encima ni en contra de la ley. La política dicta las leyes, la justicia las aplica. Ni dictar las leyes es politizar la justicia, ni aplicarlas es judicializar la política.

Si el poder judicial se somete al poder político, si se deja presionar, si retuerce la interpretación de la ley para agradar y recibir recompensas del poder político o económico, está cometiendo un grave delito: el de anular o pervertir la ley, y el de someterse al poder político o económico.

Todos estos principios, elementales, base de la democracia, han empezado a desmoronarse. ¿A qué estamos asistiendo? A una degradación alarmante de la fuerza y el sentido de la ley y de la voluntad de los jueces para asegurar su cumplimiento. La consigna es ir a por los jueces que se resistan, los que se nieguen a agachar la cerviz o poner la mano. Esta perversión ha empezado por arriba, confiando en que la estructura jerárquica facilite la tarea. Que se lo pregunten a sus señorías los señores Lesmes y Marchena, hasta hace poco considerados hombres honestos e insobornables.

Pero falta un elemento en este análisis: la fuerza de la ideología. Facilitando este desguace, que intenta convertir al poder judicial en el brazo armado del poder ejecutivo, está la utilización del instrumento de dominación más poderoso, el control de la ideología, de las imágenes, las ideas, el soporte simbólico sin el cual no es posible justificar este asalto a los fundamentos de la democracia. Ideología de género, ideología de las identidades, ideología supremacista, ideología guerracivilista, ideología revanchista, ideología estatalista, etc., todo ello envuelto en la retórica redentorista, progresista, liberadora.

El sometimiento de la política a la ideología, y la ideología como la gran encubridora del totalitarismo: O somos conscientes y reaccionamos con determinación y fuerza ante lo que está ocurriendo, o nuestro destino se volverá tan turbio que no seremos capaces de distinguir ni la misma oscuridad.

viernes, 15 de noviembre de 2019

ESPAÑA DESMEMBRADA



¡Qué castigo! ¡Oh, terca realidad!, ¿por qué no me contradices? ¿Por qué te empeñas en darme la razón? Yo quiero equivocarme, quiero que quienes me han tachado tantas veces de alarmista y exagerado, estén en lo cierto. Pero no. Ahí está el resultado electoral, la confirmación más cegadora del desastre nacional. Los viejos fantasmas van tomando cuerpo, encarnándose, pasando del mundo de los muertos a la más turbia realidad. Cada día que pasa, más cerca sentimos su lúgubre aliento.

Yo entiendo que todos queremos dormir en paz. Que todos tenemos derecho a un feliz descanso diario. Que la reacción más natural es huir de las malas noticias, negar los hechos desagradables, buscar refugios individuales, alejar los malos augurios. Pero no hay salida. No hay sueño al que no lleguen el destello y el humo de las hogueras, las autopistas cortadas, los disparos, el odio de los encapuchados, la torpe defensa de los cascos y los escudos. Ya se han instalado en nuestra retina, y ahí siguen, al fondo, inquietando, perturbando la paz, esa paz que creíamos eterna. En mi obra dramática "Confesiones de don Quijote", imagino a un don Quijote librando la última batalla, la más decisiva, la de "desembarazarse de los hilos y telarañas, los negros murciélagos y las sombras voladoras que aturden y confunden su alma".

Sí, lo peor de esta hora es la confusión. La incapacidad para encarar la cruda realidad. Lo diré con palabras de Stanley G. Payne, el más lúcido hispanista vivo: "España está inmersa en la mayor crisis contemporánea de la era democrática, la más intensa. El problema es que ni el PP ni el PSOE podrán resolver la crisis del sistema. Son responsables de la misma". Y: "La estructura autonómica del Estado es la causa de la fragmentación y deconstrucción de España como nación". "El sistema político puede colapsar y ello llevar a la disgregación de la nación". "La situación es muy, muy grave. Después de la rebelión en Cataluña, la situación sigue igual o peor aún, porque no se resuelve. Vamos de crisis en crisis. No es imposible que en España se vuelva a repetir un escenario como el de la experiencia cantonal de la Primera República".

No hay mejor confirmación de estos negros vaticinios que el resultado de las elecciones. Un parlamento nacional con 17 partidos, de ellos sólo 4 nacionales y el resto partidos territoriales o conglomerados, de los cuales la mitad son antinacionales y antiespañoles. ¡En manos de este Parlamento hemos dejado la soberanía nacional y nuestro futuro! Algo tan sencillo y razonable como el no permitir concurrir a las elecciones nacionales a partidos no nacionales, que no sean de ámbito nacional (y cuyos fines sean locales), bastaría para que, de forma natural, se configuraran en el Parlamento mayorías de gobierno. Pero ahí tenemos a este gallinero, donde oiremos cada día mayores y más vociferantes cacareos. Política de corral, gallinácea, excremental, de la que vivirán con fantásticos sueldos gente que sólo acudirá al Parlamento para destruirlo desde dentro.

No han querido reformar la Ley electoral. Una Ley antidemocrática, porque colapsa la democracia, la invalida al otorgar a los votos un valor distinto en función del lugar en que se emiten. La diferencia es abismal: un diputado puede valer 19.000 votos en una provincia y 167.000 en otra. De ello se benefician los partidos provinciales, regionalistas y nacionalistas, esos que no deberían ocupar un solo asiento en el Congreso. Para defender lo local están los ayuntamientos, las diputaciones y las autonomías; pero eso no basta: quieren estar en el Parlamento Nacional, el único órgano político que representa a la nación, o sea, a todos los españoles por igual, sean de donde sean. Circunscripción única y listas abiertas, con ligeras correcciones: no es tan difícil el remedio.

Pero se prefiere el abismo. Se prefiere la exacerbación de los sentimientos disgregadores, el oportunismo, el egoísmo caciquil de las burguesías locales, la rapiña de tonto el último. Lo dicho: España se agrieta, se quiebra, se trocea, y la izquierda reaccionaria hoy dominante, la del rencor y el odio victimista, la más abyecta izquierda de Europa, la que ha destruido lo único que ha justificado su existencia a lo largo de la historia, o sea, la búsqueda de la igualdad y la defensa de los más desfavorecidos frente a los poderosos, esa izquierda está hoy en el poder y pretende imponernos su más nefasto proyecto, el de la plurinacionalidad, o sea, el de la España desmembrada.

viernes, 25 de octubre de 2019

EXCESO DE REALIDAD



Somos organismos receptores. Estamos diseñados para canalizar el flujo infinito de estímulos externos e internos a través de cinco sentidos. Podían ser muchos más, pero con estos cinco ya tenemos de sobra para sobrevivir... ¡y para aturdirnos! Porque no basta con detectar y seleccionar los estímulos, lo importante es convertirlos luego en imágenes, sonidos y sensaciones, y con todo ello pasar después a construir impulsos, deseos, pensamientos y actos.

Pero hay más. De nada servirían estos magníficos aparatos receptores y ese increíble sistema de transducción de la energía (lumínica, mecánica, química) en impulso bioeléctrico (neuronal); ni siquiera basta que estemos dotados de ese otro aparato mágico (el cerebro), transformador y creador del pensamiento. Necesitamos algo más. Necesitamos construir la realidad, o sea, dotar al mundo exterior y a nuestro propio cuerpo, de consistencia y estabilidad, algo que exige crear un mapa interior, una imagen global cuyos rasgos esenciales sean permanentes y a los que todos otorguemos una realidad objetiva que no depende de nosotros, que está ahí a pesar de todos los cambios que observemos.

Bien, pues lo nuevo de la sociedad actual es que han aumentado esos aparatos receptores y emisores de imágenes, sonidos, sensaciones, hasta el punto de multiplicar por millones los estímulos diarios que recibimos de ese mundo exterior y llegar a sustituir a la percepción directa de nuestro entorno. La consecuencia es que nuestro mapa interno, la idea misma de un mundo estable y consistente, se resquebraja, se vuelve insegura y tambaleante. ¿Cómo sobrevivir a tanto reclamo de nuestra atención, a tantas imágenes, voces, mensajes, estímulos, manipulaciones, impactos, si apenas tenemos capacidad para recibirlos, no ya para asimilarlos, valorarlos, recolocarlos en nuestra mente y nuestro interior? 

Estamos sumergidos en un mundo incontrolado e incontrolable, sobreexcitado, lo que conduce inevitablemente al aturdimiento, la impotencia y la desconfianza. Ante esta situación, necesitamos a toda costa encontrar elementos que nos den seguridad, que estabilicen nuestra imagen del mundo y de nuestro entorno. Los caminos para lograrlo son muchos, pero lo más frecuente es volverse más fanático, más dogmático, otorgar a nuestras creencias mayor poder sobre nuestras reacciones. También, al quedar atrapados por la confusión, buscar refugio en salvadores o predicadores que nos prometan acabar milagrosamente con el desorden y la inestabilidad.

Quien haya estado siguiendo los acontecimientos de la semana negra de Barcelona (¿todos nosotros?), recibiendo el constante bombardeo (sic) de imágenes, comentarios, gritos y disparos, llamas y proclamas, habrá visto cómo sus ideas, su imagen de la realidad catalana, se tambalea; necesitará reacomodar su mapa interior para reinterpretar qué es el separatismo, la democracia, la violencia, el terrorismo, la independencia. Ese exceso de realidad nos obliga a un ejercicio de simplificación, porque lo que no podemos es dejar de valorar y de buscar algún sentido a lo que vemos, oímos y percibimos con una carga tan alta de excitación, furia y ruido.

Es aquí donde interviene la política como mediadora necesaria para dar sentido y canalizar los efectos nocivos y peligrosos de ese exceso de excitación que la propia realidad produce. La peor política, en este caso, paradójicamente, es la apaciguadora, la encubridora, la banalizadora, cuya imagen más patética se refleja en la cara y los balbuceos del ministro Marlaska y el presidente Sánchez. ¿Por qué? Porque esos tímidos gestos y apariciones no tranquilizan, en el fondo, a nadie. Porque el exceso de realidad acaba desbordando cualquier maniobra de distracción y engaño.

Otro efecto pernicioso de nuestra incapacidad para percibir y dar sentido a la precipitación de hechos inesperados (aunque previsibles) que se están produciendo a nuestro alrededor y tan cerca de nosotros, es el acostumbrarnos a ese exceso de realidad y acabar aceptando como normal lo que en modo alguno puede llegar a serlo: el terrorismo callejero, el uso de la violencia como arma política, como elemento de amenaza, de presión, de imposición. No pueden derrotarnos los antidemócratas y neofascistas por cansancio, por desmoralización, por saturación.

Aquí no hay ninguna solución intermedia: o triunfa la democracia y el Estado, y se restablece la unidad de la Nación y la igualdad política real de todos los ciudadanos, o triunfa el separatismo y la disgregación de la Nación y la derrota del Estado democrático. Las contradicciones irán en aumento y el PSOE, que pretende encontrar una tercera vía, no podrá mantener durante mucho tiempo esa quimera, porque ni será solución ni será moderada, como ahora trata de vendernos. El exceso de realidad lo impedirá.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

EL FIN DEL MUNDO



De pequeño todavía me alcanzaron sus ecos. La llegada del fin del mundo no era una ingenua creencia medieval, sino una posibilidad real. La amenaza de una guerra atómica encajaba con las revelaciones de la Virgen de Fátima, secreto cuyo contenido sólo conocía el Sumo Pontífice. El fin del mundo llegaría como la destrucción de Sodoma y Gomorra: como castigo divino. El ejemplo más cercano fue lo que sucedió aquella noche del 25 de enero de 1938 en que todo el cielo se tiñó de sangre. De niño, una vecina anciana, siempre vestida de luto, me lo contaba con vivo dramatismo. En plena guerra civil, el cielo se cubrió enteramente de rojo durante toda la noche, atravesado de cegadores destellos amarillos y verdes. La gente rezó aterrorizada esperando la hecatombe final.

Aquel descomunal incendio provenía del sol. Una aurora boreal gigantesca cubrió el cielo de media Europa. Una de las mayores tormentas geomagnéticas que se han conocido. Llamaradas colosales que llegaron a alcanzar 122.000 kilómetros cuadrados, capaces de engullir a nueve Tierras. No era el "rayo de muerte", ese arma potentísima que poseía Hitler, pero tampoco la apocalíptica catástrofe anunciada por San Juan.

El infierno, el fin del mundo y el juicio final: hoy apenas podemos imaginar la fuerza de estas creencias, la influencia que estas amenazas han ejercido sobre la mente y la conducta de nuestros antepasados. La sociedad europea, desde la Edad Media hace hace poco, ha vivido imbuida por esos imponentes relatos. La voz exaltada de profetas y predicadores, atentos a cualquier señal que enviara el cielo, anunciaba las más espantosas calamidades. La imaginería religiosa se ha nutrido abundantemente del Apocalipsis y la Divina Comedia, por citar dos de los miles de libros que han recreado los horrores del infierno, la apoteosis destructiva del fin del mundo y el implacable juicio final que vendría precedido de la macabra resurrección de los muertos.

Afortunadamente, ya no vivimos hoy con la congoja de esa destrucción final, ni bajo el miedo al infierno y a la terrorífica sentencia que separará a los buenos (a la diestra) de los malos (a la siniestra). Pero esto no significa que el fin del mundo no exista, que sea ya sólo el recuerdo de un relato fantástico. Hay muchas formas silenciosas de destrucción del mundo, apocalipsis lentos e invisibles, y no provocados por la cólera divina, sino por la ceguera humana, el desvarío de la mente unido a la ambición y el egoísmo más cruel. Un ejemplo claro es la influencia demoledora del actual concepto de progreso y modernización, en cuyo nombre se han cometido las más atroces devastaciones.

La pregunta fundamental es si no podríamos lograr un bienestar parecido sin necesidad de destruir la naturaleza ni de despreciar bienes y valores que, creados a lo largo de los siglos, han sido estúpidamente arrasados y menospreciados. Pienso, por ejemplo, en la extraordinaria red de forrocarriles que España tenía antes de la llegada de las autopistas y la expansión del AVE (uno de cuyos últimos engendros va a ser el EVA, un tren morado, feminista y ultraligero). ¿Alguien recuerda que hubo un tren que iba desde Gijón a Sevilla por la ruta de la Plata? ¿Por qué se destruyó esa enorme infraestructura y se han dejado morir miles de kilómetros de raíles, cuando lo más fácil hubiera sido su mejoramiento y remodelación?

Pero se impuso esa estúpida idea de la velocidad y la rapidez, ganar tiempo para luego perderlo en el amodorramiento de las pantallas. Y lo mismo ha pasado con la idea de paisaje o belleza natural. ¿Para qué? Mejor arrasar la costa con construcciones horrendas o sembrar los montes y montañas de aspas gigantescas, capaces de triturar a una bandada de cigüeñas sin inmutarse.

Este progreso, que desprecia una concepción humana de la naturaleza y la vida, es otra forma de destruir el mundo. Que la política, cuya acción debiera tener como fundamento una idea clara del hombre, del bienestar colectivo, sea un mero instrumento en manos de los destructores, y que, de modo especial, haya sido la izquierda (el PSOE a la cabeza) la que haya impulsado esa idea acrítica de progreso (hoy se declara 'progresista' como única seña de identidad), es una desgracia que nos recuerda la maldición bíblica del fin del mundo.

¿Les preocupa algo de esto a los muy progresistas de Podemos? ?¿Y al resto, que sustituye progreso por crecimiento?


viernes, 13 de septiembre de 2019

FRASES AL VUELO



Cogidas al vuelo, decimos. Vuelan los pájaros, pero a los pájaros es muy difícil cogerlos al vuelo. Trata de cazar a mano a un vencejo o a una golondrina. Ni siquiera a un pardal o a un verdecillo. Y menos a un murciélago. ¡Oh, los murciélagos! Son fascinantes. Hay más de 1100 especies distintas. Uno, al que llaman murciélago moscardón, sólo pesa ¡dos gramos! Otros pueden tener hasta metro y medio de envergadura. A los hematófagos (los que se alimentan de sangre) les llamamos vampiros. Todos son mamíferos. Científicamente, 'quirópteros', del griego, palabra sintética, mano-ala. En catalán le llaman "ratpenat", rata alada, que a mí me suena a 'ratpelat', rata pelada.

Bueno, quiero decir que por el cielo informativo vuelan frases y uno trata de cogerlas al vuelo, y a veces atrapa a alguna, por aquello de que más vale una en mano que ciento en el ojo, o sea, volando y pasando tan fugaces que ni siquiera caemos en la cuenta del excremento que sueltan, porque las aves excretan líquido y sólido a la vez, y casi siempre lo hacen al vuelo, caiga sobre quien caiga. Digo que, aunque todo pasa muy efímeramente ante nuestros ojos y oídos, hay algunas frases que merece la pena cazarlas al vuelo y dejar constancia de que fueron dichas.

Dice Monedero: "la política está ahora podrida". ¿Desde cuándo? Ese 'ahora' se refiere a lo que está pasando entre Podemos y el PSOE. Entiéndase, por tanto, que es una podredumbre nueva que hemos de añadir a la otra, la de la casta. Alguien la ha llamado, acertadamente, la 'progredumbre'. Él, monedero en mano (sí, es chiste facilón), debe saber de todo esto mucho y bien después de aquél casi medio kilo de euros que le llegó por vía diplomática de Venezuela y demás países hermanos.

Dice la alcaldesa Colau: "Barcelona está entre las ciudades más seguras del mundo", y quienes afirman lo contrario "están mintiendo. Es vergonzoso escuchar al señor Casado que en Barcelona te apuñalan por la calle". Dígaselo, señora abadesa, a la familia de las 15 personas que han muerto en lo que va de año apuñaladas en las calles más seguras del mundo. Pero, añade, para redondear la faena con el faldón progresista: "Mi prioridad institucional es que (los presos políticos) salgan de la cárcel como sea". "Esto sí que es un objetivo de país: que salgan de prisión". ¡Vaya sensibilidad social! ¡Toma gobierno de coalición, Pablito!

Dice el independentista catalán Óscar Camps, el negrero rescatador de pobres 'migrantes' africanos: "El rescate no es un objetivo, es una obligación. Los rescates deben hacerse sí o sí, si te los encuentras. Es lo que dice la ley". La ley dice salvar a náufragos, no a personas que pagan un dineral para que los lleven en un barco hasta aguas internacionales, les dejen luego en unas lanchas cerquita de otro barco que les espera para 'rescatarlos' y con ello asegurar un negocio redondo, el que va de las mafias a la 'butxaca' de Camps, ese intrépido campeador, icono mundial de la solidaridad, que lucha contra los poderosos recibiendo más de medio millón de euros de su amiga Colau, al que añádase casi otro millón de 287 ayuntamientos catalanes: en 1917, la fritanga de calamares rebozados de 3,6 millones de euros en subvenciones recibidas (con los brazos abiertos, open arms) de acá y de allá. Pero gallito y victimista, añade: "Si salvo una vida, que me multen y que me embarguen todo mi capital". Sí que tiene 'capital': vive en un chalé de lujo a lo Iglesias y está pagando 4000 euros mensuales de hipoteca por otras dos casas.

Vayan otras frasecitas volando que no tengo espacio para comentar, aunque lo hacen por sí solas. Cifuentes: "Las he pasado muy putas, pero siempre he caído con la cabeza muy alta". Y Iñaki Anasagasti, ese carlista calvorota del PNV, dirigiéndose a Cayetana Álvarez de Toledo en twitter: "Una estúpida, pija, creída y arrogante. Ah... y muy facha". Y Miquel Buch, consejero de la Generalidad: "El Estado me debe dinero que se ha comprometido a pagarme". Reparen en el 'me' duplicado. Y concluyo con la ínclita cebollina Pilar Rahola: "El rey de España se te acerca, te dice que tienes mal el pecho y te toca y hace zumo de naranja". ¡Y lo hizo delante de todo el mundo, según cuenta!

martes, 3 de septiembre de 2019

BANDADA DE ESTORNINOS


Desde hace unos días, al atardecer, veo pasar por delante de mi balcón cientos de estorninos que van a posarse sobre unos árboles frondosos que se levantan a los lados de la calle. Son castaños de indias de casi 30 metros de altura. Pasan en oleadas y se camuflan entre las hojas y las ramas, como notas de un pentagrama. Forman una gran algarabía, mezclando gritos y gorjeos en un intrincado torbellino acústico.

No todos farfullan o parlotean lo mismo. Distingo entrelazados cantos de gorriones, mirlos y urracas. Son pájaros políglotas, con un gran oído, capaces de imitar sonidos muy variados, algo que ya sorprendió a Mozart. El alboroto dura casi una hora, y cesa repentinamente al oscurecer. No sé cómo se ponen de acuerdo para hacerlo tan al "unísono". Sin duda, son aves muy disciplinadas, porque durante toda la noche no se oye ni pío. Ni un "piullido" se escapa de sus picos. (He recuperado esta entrañable palabra onomatopéyica de mi infancia, releyendo "Los sueños" de Quevedo).

Son los estorninos aves gregarias, se juntan para protegerse del ataque de halcones y gavilanes y dibujan con su vuelo hermosas nubes de formas sorprendentes, tan sincronizadas que parecen transformarse en un ser fantasmagórico. El secreto está, al parecer, en que cada pájaro sigue el aleteo de los siete compañeros de viaje que vuelan su lado. El conjunto es el resultado de la agregación de esas sincronías individuales, así que no hace falta una mente global que dirija el espectáculo. Nunca chocan entre sí, y no necesitan a ningún líder que dirija la bandada y organice el vuelo.

Estos estorninos (también conocidos como tordos o zorzales) cuando caen sobre viñedos y frutales causan enormes estragos, por lo que muchos agricultores tienen que acudir a ahuyentadores sónicos para evitar la plaga. Sus excrementos son muy corrosivos y contienen bacterias y hongos que pueden causarnos muchas enfermedades, incluida la meningitis y la encefalitis.

No todos los estorninos son iguales, los hay negros y los hay pintos. Los pintos son migrantes y sus plumas están moteadas de hermosos colores verdes, azules, marrones y blancos. Confieso que pájaros y árboles son los seres que desde niño han atraído más mi atención. Tengo mucha más afinidad con ellos que con muchos de mis semejantes.

Son éstas, divagaciones de finales de verano, en el que las oleadas de noticias no han pasado delante de mi balcón, alejado como he estado del alboroto político-mediático diario, leyendo a Pío Baroja, a Quevedo y a Baltasar Gracián mientras recopilaba y seleccionaba, entre los cientos de artículos que he ido publicando en el último lustro, un ramillete con el que editar un libro al que daré el título de "La verdad sea dicha". Hablo de la verdad que no debe callarse y que, además, ha de ser fuente de dicha.

Y ya, empujado por la metáfora pajarera o pajaril, y puesto a interpretar las señales del cielo, pienso en cómo funciona o se configura una masa, cómo los individuos acaban perdiendo su individualidad en medio de una ola que los arrastra sin posibilidad de escapar a su empuje. No es necesario poner a todos los individuos previamente de acuerdo, dispuestos a obedecer y a seguir a un líder; basta con sentir la necesidad de acomodarse al pequeño grupo con el que uno vive y se mueve cada día, los más cercanos e influyentes, para acabar formando parte de esa bandada de estorninos alborotadores. (Aplíquese la alegoría, por ejemplo, al vuelo del "prusés").

Y mientras tanto seguimos a la espera de que ocurra un milagro y las nuevas elecciones nos saquen del atolladero en que cada día nos hundimos un poquito más. El abyecto espectáculo que nos están ofreciendo Iglesias y Sánchez está degradando tanto la política que es sorprendente que la mayoría siga yendo a votar. Pero nos esperan días gloriosos, un otoño lleno de sorpresas. La política basura ya está alcanzado el nivel sublime de la televisión basura, la de los programas y las tertulias, no del corazón, sino de la entrepierna.

Así que sigamos observando el vuelo de los estorninos y oyendo sus trinos vocingleros. Mientras los árboles ofrezcan sus ramas y hojas para dormitorio de los pájaros, elevando sus copas al cielo del atardecer, nada estará del todo perdido.


viernes, 31 de mayo de 2019

LA IDEOLOGÍA DOMINANTE



Seamos marxistas, al menos por un ratito. Tratemos de comprender eso que los estructuralistas franceses llamaban "ideología dominante". Ideología: conglomerado de ideas que conforman un todo, en el que cada idea es inseparable del conjunto, del que no se puede desgajar sin ponerlo en crisis. Las ideologías son las religiones de nuestro tiempo, transforman las ideas en creencias, y las creencias en dogmas. Sustituyen a la religión y aspiran, como ella, a regir la totalidad de la conducta humana, desde la moral y el sexo, a la política y las relaciones sociales.

Toda ideología es colectiva, crea un grupo con el que se identifican los individuos que la profesan. Por su naturaleza absorbente y totalizadora, exige que el individuo se identifique con ella hasta convertirla en un sustituto o prolongación del yo. Cualquier duda o ataque a la ideología se considera una ofensa a la persona que la profesa.Tanto es así que un individuo puede llegar a matar o a morir por defender su ideología, lo mismo que todavía hoy hay quien está dispuesto a morir y a matar por su religión.

De acuerdo con Marx, las ideologías no nacen de la nada, sino de las condiciones materiales y las relaciones de poder que se establecen en una sociedad. Tienen un fin: mantener un orden social que asegure el poder y la dominación de las clases privilegiadas. Toda clase dominante lo es, no sólo por ostentar el poder económico, sino por generar y controlar la ideología dominante de una sociedad. Tómese aquí el concepto marxista de clase dominante en sentido amplio: no sólo incluye a los dueños de los medios de producción, sino del mercado, la información, las comunicaciones, el flujo del dinero, la tecnología, el armamento, el petróleo, las materias primas, etc. No forman un grupo unificado, ni podemos definirlos sin más como "los ricos", ya que no todos los ricos son explotadores, depredadores y poderosos, sino sólo una minoría.

Aterrizo. Hoy, en España, podemos hablar de la existencia de una ideología política dominante que reúne todos los requisitos para serlo: conjunto de ideas rígidamente estructuradas, defendidas por sus seguidores de modo dogmático, difundidas ampliamente por los medios de comunicación, aceptadas por la mayoría de los ciudadanos. Algunos rasgos de esta ideología son:

-División de la sociedad en dos grupos enfrentados: las élites/la gente (casta, ricos, banqueros, Ibex 35..., "los malos", frente a pueblo, clases trabajadoras, marginados y oprimidos..., "nosotros, los buenos").
-División política de los ciudadanos en dos grupos antagónicos:derecha/izquierda.
-Demonización y deshumanización de la derecha(antidemócrata, facha, franquista, explotadora, corrupta, xenófoba, machista...).
-Identificación de la izquierda con los valores positivos(tolerancia, democracia, libertad, sensibilidad, solidaridad...).

A partir de aquí, la ideología dominante ha ido ampliando su radio de acción: feminismo, abortismo, antipatriarcalismo, eutanasia, ecología, antisionismo, filoislamismo, plurinacionalismo, autodeterminación, identidad nacional, lengua propia... Cada poco surge una nueva causa que se engarza a las otras. Todo va a parar al mismo cesto.

Esta ideología "progresista" no se sostiene y difunde por su coherencia o racionalidad interna, sino porque absorbe emociones primarias, sobre todo negativas (odio, rechazo, miedo, rencor, envidia…); porque hace sentirse a los individuossuperiores; porque canaliza frustraciones e impulsos reprimidos, que encuentran un escape al focalizarse en un "enemigo" fácilmente identificable, al que se descalifica de modo absoluto. Todas las causas que defiende (muchas veces justas en su origen) acaban así contaminadas de sectarismo, fanatismo, violencia verbal e imposición totalitaria. El ejemplo más claro es todo lo que tiene que ver con la "violencia de género".

Mi conclusión es que esta ideología, si aceptamos el supuesto marxista, no tiene otro fin sino el de servir a los intereses y el poder de la clase dominante, como siempre ha sido a lo largo de la historia. Si es cierta esta inquietante verdad habrá que empezar adesmontar todo este tinglado retroprogre, todas sus falacias y engaños, el entramado de intereses a los que sirve y su función de control social de la conciencia, la conducta y hasta el sexo de la mayoría. Y cuidado, no para montar otra ideología paralela que recoja todos los deshechos de la historia, sino para imponer la racionalidad y la libertad individual y colectiva.

Lo primero es empezar a sospechar. Cualquier trabajador podría preguntarse, por ejemplo: ¿qué tengo yo en común con esos pijoprogres y millonarios de izquierda, desde Wyoming a Carmena, de Pepu Hernández a Monedero? ¿Y con esas madres secuestradoras de hijos en nombre del feminismo? ¡El Ibex 35 ideológico!

viernes, 24 de mayo de 2019

IDENTIDADES CERCADAS



El pasado octubre soltaron por los Pirineos franceses a dos osas pardas eslovenas, una llamada Claverina, la otra, Sorita. Claverina, por lo visto, se zampó algunas ovejas para acumular grasa y poder hibernar. Su hermana, Sorita, encontró bellotas y frutos silvestres y obtuvo esa reserva sin necesidad de atacar el ganado. Claverina ha despertado ahora y ha vuelto a matar a cuatro ovejas, no sabemos si por necesidad proteínica o por imperativo étnico-zoológico. El problema ha surgido porque esta vez han sido ovejas navarras las atacadas. Claverina, que no entiende de fronteras, se ha venido a vivir al Pirineo navarro-aragonés, donde al parecer se come mejor. Todo muy natural.

El tema, sin embargo, ha ocupado la cumbre hispano-francesa, convirtiendo la osadía de la osa en conflicto internacional. Un conflicto político que, naturalmente, requiere una solución política. Ya se han reunido los Ministerios de Transición Ecológica y las correspondientes Consejerías Autonómicas de Navarra y Aragón. Lo importante, han dicho, es dialogar, "como no podía ser de otra manera". Se proponen cercados electrificados, mastines y pastores vigilantes armados. He aquí un claro conflicto de identidades territoriales.

Por un lado tenemos a dos osas eslovenas emigrantes, cuyos movimientos están protegidos por el espacio Shengen. Como al parecer estas dos osas son legalmente francesas, nos encontramos con una identidad política superpuesta que habrá que respetar, y por eso llevan las plantígradas un geolocalizador controlado desde Francia. Añadamos que las ovejas destripadas eran indubitablemente navarras. Metamos ahora por medio a los pastores, seguramente navarros y aragoneses de pura cepa, y así reconocidos en sus respectivos Estatutos de Autonomía.

No quiero hablar de los buitres, cuya patria es el cielo, pero resulta que también han intervenido en el despedazamiento de las ovejas, incluso, según algunas fuentes, causando la muerte de una de ellas, cuyo asesinato se atribuye, sin embargo, a Claverina, a la queel Paísllama ofensivamente "mataovejas". A mí me sueña algo heteropatriarcal, porque no olvidemos que Claverina es fémina plantígrada, y oveja término inclusivo.

Estoy con Claverina, con su identidad errante, basada en la necesidad y el instinto, que se impone a cualquier identidad territorial. Porque en este conflicto lanar, lo que debiera predominar es que una osa es una osa, una oveja es una oveja y un buitre un buitre. La naturaleza de la osa es ser osada, la de la oveja protegerse en el rebaño y la del buitre unir al vuelo majestuoso la voracidad carroñera. Y podríamos así ampliar la causa osuna (actualmente hay 300 ejemplares, 250 concentrados en las montañas de Asturias y León) a la defensa de las 200 manadas de lobosque ya se extienden por casi toda la Península sin respetar fronteras autonómicas, haciendo honor a su nombre, "lobo ibérico", y reivindicando, de paso, no ya la desaparición de las autonomías, sino nuestra unión con Portugal.

Se han contabilizado los ataques de lobos del 2016 y el saldo da más de 5.000, y los animales muertos, más de 10.000. ¿Mucho? Son estadísticas tramposas, que magnifican el daño, sin realmente valorarlo. Mueren más animales y aves en las carreteras, sin contar los humanos. Algunos aseguran que ya han llegado los lobos a unos 15 kilómetros de las murallas de Ávila. Acabarán zampándose a los niños del parque en un descuido de sus padres.

También han dejado sueltos, como a las osas eslovenas (y ahora me voy, sin ton ni son, de los cerros de Jacetania a orillas del Manzanares), a los golpistas encarcelados, y también hemos visto que no respetan ni la cerca del Congreso ni la geolocalización impuesta por el Supremo. Es paradójico, porque reclaman libertad cuando están ellos empeñados en electrificar la frontera de los Países Catalanes.

El ejemplo cunde, y empieza a extenderse por toda la cabaña lanar hispánica. José García Molina, vicepresidente podemita de la Junta manchega, acaba de presentar un plan que "prioriza el acceso al empleo público de las personas de Castilla-La Mancha". Donde no hay lengua ni pedigree genético, hay que electrificar la cerca con el origen manchego. Si no hay duda de que existen ovejas manchegas (ahí está el queso con denominación de origen), ¡cómo no va a existir una identidad manchega!

Ah, aclaro que Jacetaniaes una comarca de Huesca por donde debe de andar ahora Claverina siguiendo el rastro de dos osos machos autóctonos, al parecer recientemente desaparecidos. ¡Jacetania! Sólo por este nombre merecería ser reconocida esta comarca como nación independiente.

viernes, 17 de mayo de 2019

PARÁLISIS


Lo confieso: no sé de qué hablar, qué escribir, qué tema traer a cuento y a cuenta de qué. No sé cuántos españoles compartirán esta perplejidad, esta apatía, una especie de desenganche o flojera mental que me ha sobrevenido después de las elecciones. Me refiero a la marcha general del país, la nación, la sociedad, la necesidad de valorar el "estado de ánimo general", ese presente que incluye el futuro inmediato y un poco más allá, tarea a la que he dedicado gran parte de estos artículos semanales.

Este estado de ánimo, no pesimista, sino inclinado a la apatía, es sin duda un mecanismo de defensa ante la saturación de estímulos, ante la imposibilidad de discriminar, sopesar y analizar la acumulación de hechos y dichos contradictorios que nos acosan cada día. Me gustaría pensar que esta reacción es una forma de protección, un momento de pausa necesaria para no dejarse arrastrar por el agujero negro que genera la inmediatez, las urgencias del momento.

Quizás todo tiene que ver con el impulso o la necesidad de detectar y describir cómo nos vemos y cómo nos sentimos hoy la mayoría de ciudadanos, algo que no muestran los resultados electorales, sino que lo enmascaran. Si es válida la analogía que considera a la sociedad como un organismo vivo, diríamos que los síntomas más evidentes señalan un proceso de desintegración orgánica, de pérdida del impulso de coordinación y cohesión entre todos los elementos que componen el ser vivoque como sociedad somos. Lo más parecido es el cáncer, en el que un conjunto de células deciden ir por su lado, para lo cual necesitan destruir a otras y ocupar su espacio.

La duda que me paraliza es saber si esta sensación, la percepción que yo tengo de la realidad orgánica (política y social) de nuestra patria es general o sólo fruto de mi particular modo de observar y analizar los hechos, las tensiones, los movimientos biológicas del conjunto. El impulso básico de los seres vivos es alcanzar un equilibrio entre el interior y el exterior. La homeostasis es ese estado en el que un organismo logra mantener los niveles óptimos de todos los componentes vitales, desde el calcio y el oxígeno, a la glucosa o el hierro. Mantener la vida, permanecer en el ser, ésta es la ley general.Para ello necesita coordinar y cohesionar todas las células, todos los elementos que constituyen su ser.

En un cuerpo sano, triunfa el principio homeostático; ¿pero qué pasa cuando un organismo es incapaz de restaurar ese equilibrio que hace posible la vida? Del mismo modo que nosotros dependemos del cerebro, que de forma consciente e inconsciente regula las acciones necesarias para la supervivencia, así creo yo que tenemos un cerebro social, con circuitos especializados en distintas tareas, pero sobre todo capaz de generar una conciencia de sí mismo autoprotectora. A esta conciencia contribuyen todos los cerebros individuales, que, como las neuronas, deben conectarse, cooperar e integrarse en un propósito común. Yo, al menos, así lo intento.

Digo que la sociedad española necesita tomar conciencia de sí misma, el paso previo para que se despierte en ella el instinto de supervivencia, el deseo de permanecer, hoy aletargado. La conciencia de sí mismo es la unidad central que permite la coordinación e integración de todas las neuronas y células del cuerpo. Conciencia autobiográfica de pertenencia y permanencia, que es la base de cualquier racionalidad consciente. La gestión de la vida social no es posible sin una deliberación reflexiva, consciente y eficaz. Nuestro cuerpo social ha perdido la capacidad de tomar decisiones destinadas al mantenimiento de la vida, por eso lo más urgente es que recupere la conciencia de sí mismo y encare el proceso de desintegración y muerte a la que, si no reacciona, está abocado.

Despertar el instinto, el inconsciente biológico, el impulso de la vida.Superar la apatía paralizante que puede acabar invadiendo todo el cuerpo y el cerebro social. No creo que el miedo, la amenaza de un futuro autodestructivo (metástasis) sea fruto de ningún delirio personal. Ojalá lo fuera, pero acabo de leer que hasta Carlos Saura, nada sospechoso de alarmista, ve como posible una nueva guerra civil, de la que observa síntomas muy preocupantes.

Bueno, estamos en el 2019; para el 2036 faltan 17 años. Más o menos los que Iceta anuncia para la independencia de Cataluña... Pero como hoy el tiempo corre que es una barbaridad, quién sabe, quizás el parto se adelante.

miércoles, 8 de mayo de 2019

APROPIACIÓN INDEBIDA



Apoderarse de los bienes ajenos es delito. La apropiación indebida es robo con estafa. Suena a atenuante, pero hay apropiaciones que pueden ser criminales, sobre todo cuando se trata de bienes comunes. Apropiárselos es expropiarlos a la mayoría. Porque hay propiedad común.

El término nación expresa bien qué es un bien común: aquello que es propiedad de todos los ciudadanos por igual. Nación es todo lo que pertenece a todos, empezando por el medio físico, eso que delimitan las fronteras (terrestres, marítimas, aéreas). Entran aquí los bienes naturales (el suelo, el aire, el agua, el sol, la flora, la fauna, etc.); los bienes materiales, sociales y culturales construidos a los largo de los siglos (industria, comunicaciones, carreteras, monumentos...); pero también el Estado, que es el conjunto de instituciones y normas que rigen las relaciones sociales y productivas y hacen posible la convivencia.

Propiedad común no se opone a propiedad privada, pero limita el uso particular de los bienes comunes, prevaleciendo su defensa sobre cualquier otro interés. Entender la nación como bien y propiedad común es el mejor modo de desenmascarar la aberración semántica de la plurinacionalidad. Si hay varias naciones, cada una ha de tener su territorio con su Estado y fronteras, del que son dueños y soberanos exclusivamente sus ciudadanos. Un mismo territorio no puede pertenecer a dos naciones (hasta los enclaves, como el de Treviño, se rigen por esta norma).

Traducido: si Cataluña es una nación, deja de ser de todos los españoles para pasar a ser propiedad exclusiva de quienes sean reconocidos como catalanes. Para ello hay que expropiar a los españoles de esa propiedad común que es hoy Cataluña (con todos sus bienes), y a su vez expropiarles a los catalanes esa propiedad común que hoy es España (con todas sus consecuencias). Hacerlo al estilo de la toma del peñasco del Perejil o mediante una apropiación indebida (como proponen Junqueras, Iceta e Iglesias) es lo mismo.

Pero quien dice Cataluña puede decir cualquier otro bien común. Por ejemplo, Cervantes y el Quijote. Los bienes culturales son también un bien común, aunque, por su naturaleza, puedan ser gozados por todo el mundo. Nada más miserable que intentar apropiarse indebidamente de un bien tan común como Cervantes y el Quijote. Pues los separatistas no tienen reparo en hacerlo. Han montado una institución destinada a catalanizar todo lo que suene a valor o prestigio español, incluido Cervantes y el Quijote, cuyo origen catalán propagan con vídeos, conferencias y libros. No es delito menor,¡porque además se hace con dinero público!

Pero lo más nocivo es el contagio. En cualquier rincón de España vemos surgir a fragmentadores y expropiadores de lo común, ya sea la educación, la historia, la sanidad, la justicia, los puertos y aeropuertos, las fuerzas de seguridad y hasta los rótulos de las carreteras. Un ejemplo ridículo es el conflicto que ha llegado al Tribunal de Justicia Europeo a propósito del uso comercial de la figura de don Quijote.

Las Denominaciones de Origen se inventaron para proteger los productos originales de las imitaciones espurias. Tal es el caso del "Queso Manchego". Los productores de esta DO unen a la marca una efigie de don Quijote, con su molino y rebaño de ovejas, y consideran que ningún otro queso puede llevar estos iconos. El TEJ sentencia que éstos son "signos evocativos" de la Mancha y que es ilegítimo usarlos para vender otro queso.

Traigo a cuento esta "noticia de quesos" como muestra del afán de apropiarse de lo común para beneficio particular. Nada hay más común y español que Cervantes y el Quijote. La primera apropiación indebida ha sido hacer a Cervantes y a don Quijote "manchegos".Viene de lejos, cuando un cura encontró una partida de bautismo en Alcalá a la que añadió el nombre de "Miguel". Luego, una lectura reduccionista convirtió a la Mancha en el espacio geográfico dominante de las aventuras de don Quijote. 


He demostrado en mi libro Huellas judías y leonesas en el Quijote que ese tópico paisaje desolado desaparece a partir del capítulo X de la I Parte. Convertir el Quijote en guía turística es licencia aceptable, siempre que no se desvirtúe su sentido y alcance, que es universal por ser español, no manchego. Como español, no acepto la expropiación forzosa, ni de Cervantes ni de cualquier otro bien común. Vamos, que me rebelo contra tanto timador, saqueador y maleante, y contra todos los predicadores de la resignación y la claudicaciónque los amparan. ¡Que se vayan al infierno!


lunes, 29 de abril de 2019

ENTRE DEBATE Y DEBACLE



Hablemos del primer debate de las elecciones, que el segundo queda fuera del plazo de entrega de esta columna. Comentemos la ceremonia, el espectáculo, la teatralidad de este primer acto de la comedia, sainete o tragedia nacional. Voy de tópicos, pero no soy yo, sino la realidad la que es tópica. Y si se construye un escenario artificial, si salen cuatro personajes y se ponen a hablar y gesticular, y se reúne una multitud de espectadores para verlos, pues eso es formalmente una obra teatral, que cada cual podrá clasificar como quiera. Yo la califico de una mala comedia, representada por actores mediocres, algunos pésimos.

He sido crítico teatral, y como para mí el arte dramático se fundamenta en el trabajo del actor, empiezo por aquí. El vestuario, que debe caracterizar al personaje o alguno de sus rasgos esenciales, unificó a tres actores, tópicamente trajeados, y diferenció al cuarto, aparentemente más informal, enfundado en una camisa con las mangas milimétrica y feamente arremangadas a la altura del codo. El traje y corbata condiciona la gestualidad corporal y la expresividad facial, encorsetándolas y volviéndolas más rígidas, lo que debería haber favorecido una mayor espontaneidad y proximidad del cuarto, pero no, sólo sirvió para poner de manifiesto otro tipo de acartonamiento, el de la impostada naturalidad, una moderación forzada, acompasada con melifluo cabeceo.

Dejo de lado la "camisa azul" (y nueva), de viejas resonancias, quizás no tan casuales, pero lo que, como actor, deja a Iglesias en el peor puesto, es esa actitud corporal encogida, llamativamente encorvada, prueba de una timidez no del todo superada o quizás un reflejo defensivo, como preparándose para una pelea o boxeo (¿peso pluma?), que es cuando se muestra Iglesias más locuaz y retador. Su jesuítica contención, las reiteradas llamadas al diálogo y las buenas formas resultaron por lo mismo ridículas, tanto como sus apelaciones a la Constitución del 78, ese régimen corrupto y nefasto que, sin embargo, se quiere abolir. Cinismo burdo, potaje mal cocinado.

De Sánchez y su robótica gestualidad, lo que más destaca es su actitud despectiva, ese rencor concentrado que no logra ocultar y le sale a los ojos (mirada turbia y negra); ese apretar los labios formando una u invertida, tan difícil de dibujar (a mí no me sale), gesto que deberían captar los fotógrafos como el más emblemático de su personalidad. Menos dotado para la ironía, incluso, que el desabrido Aznar, Sánchez resulta patético cuando pretende ser irónico y original, como cuando se escudó en eso del "detector de verdades", tontería que hasta debió aprender de memoria.

De Casado, dentro de su comedida actuación, llamó mi atención la falta de reflejos, el no haber aprendido que ante un ataque hay que contraatacar de inmediato, y para ello hay que tomar las palabras siempre al pie de la letra. Si te preguntan de qué color tienes las manos, pues hay que responder sin titubeos: "Yo, blancas, muy blancas, y tú (o usted) ?" Y si te dicen que has votado con Bildu, le pides el contenido de esas votaciones, y a cambio de qué, porque a lo mejor se refieren al asfalto de una calle o a poner farolas. Y aprovechas para recordarle que su socio preferente acusó a su partido de tener las manos manchadas de cal viva, por si lo ha olvidado; y le recuerdas las cesiones y concesiones a los filoterroristas y separatistas, las habidas y por haber, etc.

Rivera, sin duda, fue el mejor actor, pero sin abandonar del todo esa desvaída pulcritud que no sabemos si oculta falta de ideas y convicciones o un imposible y calculado equilibrismo. Son tantos los puntos débiles de Sánchez, tantas las tropelías, engaños, mentiras y maquinaciones antidemocráticas perpetradas por el más nefasto y peligroso presidente del gobierno de nuestra democracia, que resulta sorprendente la falta de claridad y firmeza en denunciarlo.

Pues esto es lo que hay. No nos sacarán estos políticos (ni con este ni con otro debate) de la debacle en que como nación y estado democrático estamos ya hace tiempo sumergidos. Mala comedia, malos actores, mala representación, un guión falto de vida, de interés, de verdad. Todo demasiado impostado, sin centrarse en el argumento principal, el tema que condiciona todo lo demás: la propia existencia de la nación y la defensa del estado democrático que la sostiene, amenazados por esa imposible "nación de naciones". Si no hay Nación y Estado, ¿cómo va a haber política social, fiscal, igualitaria o económica? entre debate y debacle

miércoles, 17 de abril de 2019

HAY CARTITAS QUE OFENDEN


Abro mi buzón y me topo con tres cartitas del PSOE. Madrugadoras. Deberían haberse quedado en el buzón general, donde la comunidad de vecinos ha decidido que se coloque la publicidad. Pero no. Se han colado a mi buzón, y sin mi permiso. Vienen a mi nombre, el de mi mujer y el de mi hija.

Las abrimos, y todas tienen un numerito arriba, que debe de ser el que corresponde a mi identidad gregaria (el 28079). No sé por qué, pero me acuerdo de otros siniestros numeritos tatuados. El firmante, sin embargo, me tutea y llama por mi nombre: "Estimado Santiago". ¡Qué confianza! Dejo de lado el corazoncito rojo que acompaña a las siglas. Reprimo mi primera reacción ante este símbolo, puerilizado hoy hasta la náusea, usado tan a troche y moche que puede colocarlo un asesino sobre su víctima antes de estrangularla.

Así, a ojo de pajarillo, o de pardillo, que es como me siento, veo que la cartita viene llena de frases y palabras en negrita para que me fije en lo esencial, porque sin duda necesito de ese reclamo gráfico para enterarme mejor de lo intrincado del mensaje, impreso sobre la frase "La España que quieres", que emborrona el texto. ¡Gran metáfora!, porque, ciertamente, es la palabra España la que sobra, la que, por más que se nombre, está ausente, negada y prostituida.

Se niega, en primer lugar, al negárseme mi condición política, que es el ser un ciudadano español, la única seña de identidad que le autorizaría a dirigirse a mí al firmante Pedro Sánchez. Pues no, mi identidad política, para él y su partido, no es ésa, sino el ser un colega progre al que le pueden dirigir frases como ésta que encabeza la misiva: "Tú sabes que 'la juventud no se pierde' (negrita) mientras se siga luchando y creyendo en el futuro". Supónese que ya he perdido la juventud, si no a qué viene esta pavada. Por si hubiera dudas, prosigue: "Eres de la generación que nunca ha dejado de pelear"... Todo para venderme, ¡oh gran propuesta!, "la revalorización de las pensiones". ¿Cómo, cuánto? ¡Qué más da!

Repite hasta 24 veces la palabra España, algo tan freudiano que ciega. Hay España para todo, hasta "la España que cuida de tu familia". ¡Toma España, Abascal, Casado, Rivera! Ya lo dice al final, como colofón: "la España en la que cabemos todos". Incluidos, por supuesto, aquellos que usan nuestro dinero para negar y renegar de España. Nunca un partido, que además sigue llamándose español, ha defendido con mayor descaro el desmoronamiento y la desaparición de España en nombre de España.

Pero si a mí me quita la condición de ciudadano para convertirme en "pensionista" progre, a mi mujer la convierte en feminista activa, permitiéndose esta inicial conjetura: "La España que hoy conoces es muy distinta de aquella en la que creciste", suponiendo que la de hoy es mucho mejor gracias a una lucha "de la que tú has sido protagonista". De nuevo desaparece su condición de sujeto político para ser reducida a mujer progre, que defiende "una España que apuesta por el feminismo".

¿Y a mi hija? Otra vez ese tono de empalagosa confianza: "Tú ya naciste en una España que miraba hacia el futuro". "A medida que ibas creciendo has ido imaginando la España que quieres". ¿Y si la España que quiere no tiene nada que ver con la no España que tú imaginas, Pedrín, Pedrito, Pedrusco, ya puestos a tomar confianzas? Lo de "una España en la que quedarse" es puro sarcasmo, pues lleva mi hija dos años ganándose la vida al otro lado del mundo, a donde ha ido a buscar trabajo.

Me fijo, para acabar, en la firma del firmante y veo, sin ser especialista en ello, que la "p" nominativa abreviada no es tal, sino un triángulo que apunta muy en punta hacia adelante, simplificación gráfica de una agresividad apenas contenida. De nuevo Freud, escribiendo por los codos para revelar eso que apenas se puede ocultar. Se "confirman" (nunca mejor dicho) los rasgos de reconcentrado y peligroso narcisismo en la rúbrica del apellido, casi ilegible, pero con ególatras mayúsculas y una tilde exagerada que cae como un rayo.

Pues sí, confiésolo, mucho me alegraría que esta burda patraña -la de usar el nombre de España para negar a España- le saliera por donde pueda haberle entrado, pura impostura, engaño descarado, aunque sólo para quienes necesitan engañarse.

jueves, 14 de febrero de 2019

PARÁLISIS MENTAL



Los ocultó Pedro Sánchez en aquella abyecta declaración de Pedralbes. Ahora Torra los saca para presionar aún más. Los 21 puntos de la infamia con los que, sin eufemismos, el separatismo exige al Gobierno que claudique, que acepte como irremediable e irreversible la independencia de Cataluña. Y Sánchez dice que sí, que vamos a "negociarlo", que vamos a ver "cómo hacemos efectiva la voluntad del pueblo de Cataluña", o sea, la ruptura definitiva con España (pero así, como que no se note, al menos de momento). Cada punto es una provocación, un insulto, un escupitajo, un vómito contra la democracia y la Constitución, un ataque directo a todos los españoles, incluida más de la mitad de los catalanes.

Todo el andamiaje de conceptos sobre los que se levanta esta proclamación de guerra (un día será estudiada como las tesis que Lutero clavó en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg), parte del hecho de que Cataluña es una entidad esencial propiedad exclusiva de los independentistas y que es inevitable que sea reconocida como tal, o sea, que sea independiente de derecho, porque ya lo es de hecho (un hecho histórico irrebatible). La basura ideológica y política que rezuma cada punto, la hediondez supremacista que supura, la nauseabunda mentira que expresa cada frase debería hacer saltar las alarmas de todas las instituciones del Estado y poner en pie de guerra democrática a todos los españoles de bien, que somos la mayoría.

Empieza este libelo diciendo que "no se puede gobernar contra Cataluña". Cataluña, repitámoslo, no es otra cosa que el conjunto de ciudadanos que viven en Cataluña y que lo son por ser españoles, única realidad que les convierte en sujetos políticos y de derecho. Contra esa Cataluña real está gobernando desde hace 40 años el separatismo. Así que habrá que decir que sí, que no se puede seguir gobernando contra Cataluña y contra el resto de España.

Los siguientes puntos no hacen más que reiterar hasta la náusea que Cataluña (o sea, los separatistas) es independiente y soberana, y que lo único que exige es que esta realidad se reconozca internacionalmente y de modo efectivo, para lo cual sobran jueces, juicios, leyes, Constitución, Parlamentos y todo lo que estorbe. De modo sarcástico adornan esta usurpación e imposición apelando a la "separación de poderes", la "independencia judicial", los "Derechos Humanos" y la "ética política". Hasta dicen preocuparse por "la calidad democrática de España". Para argumentarlo dedican los últimos diez puntos a denigrar la realidad democrática de España pidiendo un "proceso de desfranquización".

Lo sorprendente es que algo tan descaradamente beligerante, tan ostentosamente humillante, tan repugnante y antidemocrático, no haya provocado mayor indignación, no se haya desenmascarado con mayor claridad y contundencia por parte de todos los partidos, las instituciones, los poderes del Estado, los medios de comunicación.Sorprende tanta contemporización, tanto miedo a levantar la voz, tanta pusilanimidad.

Buscando una explicación, me atrevo a aventurar una teoría: el efecto "parálisis mental". Lo que el catalanismo separatista (no hay otro) ha logrado (y es mérito indiscutible) es asentar un lenguaje y unos conceptos que, al no ser rebatidos y rechazados de inmediato, producen enseguida una parálisis mental, una incapacidad para el análisis y la crítica racional, un colapso, un atontamiento masivo. Al aceptar el lenguaje impuesto (hay muchos ejemplos, desde hablar del "derecho a decidir" y el "procés" hasta desterrar el topónimo "Lérida") ya todo es parálisis y embotamiento, porque oponerse a usar esa morralla verbal exige esfuerzo y valor: rechazarlo implica ser tachado enseguida de facha y antidemócrata, incluso anticonstitucional.

Los supremacistas separatistas han tenido éxito porque nadie ha querido tomarse nunca en serio, no ya sus intenciones y proclamas, sino los hechos consumados con que han ido creando un cordón sanitario, un círculo de hierro protector que ha asegurado su impunidad, lo queles ha envalentonado hasta el punto de atreverse siempre a dar un paso más. Y nunca han retrocedido, y, aventuro, ni siquiera el juicio previsto les hará retroceder un milímetro. ¡Qué difícil resulta aceptar el mal en estado puro! Es mejor no creérselo, eso evita enfrentarnos a él.

P.D. Fui no de los 200.000 españoles "amotinados" (en palabras de Tezanos) que acudí a la Plaza de Colón el pasado domingo. Podíamos haber sido más, pero me alegró encontrar allí a Luis Corcuera. Deberíamos haber sido más ex-socialistas los que, sin miedo ni complejos, hubiéramos acudido para denunciar la traición de esa banda de los tres (Sánchez-Calvo-Ábalos) que está acabando con el socialismo español.


martes, 15 de enero de 2019

¿PODEMOS PRESCINDIR DE LA VERDAD?



Empieza el nuevo año y me asalta una duda metafísica nacida de los vapores que desprenden los desechos acumulados durante los pasados 365 días, por ponerle un dique numérico al río turbio de la vida. Viendo y oliendo y recordando todo lo acontecido, me llega el vaho de esa pregunta: la verdad,¿para qué? ¿Y si entráramos en un nuevo ciclo evolutivo en el que la sociedad pudiera prescindir de la verdad? ¿Y si en lugar de la verdad nos acostumbráramos a la ficción hasta el punto de no distinguir entre verdad y mentira, invención y realidad? ¿Un periodo de delirio colectivo?

Parto de un hecho empírico: es más fácil creer una mentira que aceptar una verdad. La mentira tiene la ventaja de que puede construirse con ella un relato apaciguador, coherente, inmune a la realidad de los hechos, a cuya prueba no necesita someterse. Basta con que sirva para reforzar la ideología del sujeto. La ideología (que siempre es compartida o colectiva), aclaro, es un conjunto rígido de creencias que se refuerzan entre sí de tal modo que si se pone en cuestión una de ellas, la estructura se tambalea. La verdad, en cambio, no necesita de la aceptación del sujeto para definirse y justificarse. Con la verdad (las verdades) se construye una teoría, pero no una ideología.

La verdad nace de la realidad de los hechos, pero los hechos no necesitan ser coherentes ni apaciguadores. La fuerza de la verdad nace de la rotundidad e irreversibilidad de los hechos, con independencia de la consistencia cognitiva que le otorguemos, porque la realidad no responde a nuestra lógica, sino a la suya, de la que apenas sabemos nada. Por eso la verdad es siempre más inquietante que la mentira. La verdad siempre es sospechosa, porque revela las mentiras y nos obliga a dudar de ellas. La verdad nos atrae y repele a la vez, por eso abundan más los creyentes que los científicos, los charlatanes que los hombres sensatos.

En contra de lo que se supone, con el aumento de información no ha disminuido el número de creencias y de creyentes, de mentiras y de mentirosos. Sostener una creencia o una mentira hoy es muy fácil, existen toneladas de información al alcance de cualquiera para confirmarlas. Antes bastaba con un puñadito de creencias para vivir tranquilo toda la vida; hoy necesitamos creencias para casi todo, hasta para alimentarnos, para definir nuestro sexo o para votar a un partido político.

Nuestra mente está permanentemente invadida por mensajes que no podemos, no ya verificar o poner a prueba, sino simplemente procesar. No tenemos ni tiempo ni espacio mental para hacerlo. Pero la verdad nunca nos viene dada, es preciso construirla con esfuerzo y distancia. De ahí mi pregunta: ¿y si esto de la verdad no fuera más que un deseo, una ilusión, una utopía racionalista?

En ningún ámbito se hace más patente la necesidad de esta pregunta que en el de la política. Si nos ponemos a analizar, por ejemplo, qué ha dicho y hecho Sánchez durante estos siete meses de ocupación del poder, no hay modo de establecer ningún criterio de verdad, de realidad, de consistencia objetiva. Todo, si creemos en sus palabras, es a la vez lo uno y lo otro, aquí y allá, pero siempre progreso, nueva era, avance indiscutible: "más en siete meses que en siete años", o siglos, o milenios, qué más da. La mayor prueba de la mentira es que resiste la contradicción, que basta con defender impertérrito lo que sea para que eso parezca verdad.

Podríamos decir que hoy asistimos a la "desustancialización" de la verdad. Mi duda es si una sociedad puede mantenerse sobre esta degradación, degeneración, desprecio y negación de la verdad. Si es posible sustituir la referencia a hechos objetivos por meras construcciones virtuales, por la artificiosidad de la propaganda, la imagen efímera, las declaraciones impostadas, los gestos engolados, los aspavientos solemnes, el halago de los sentimientos de identidad supremacista (sea separatista o de izquierdas).

Nada más elocuente que esas canas tintadas que el encorsetado y soberbio P.Sánchez se ha colocado justo a un ladito de la media frente y en el arranque de las sienes... Alguien le ha convencido de que así parece más estadista, más serio, más responsable. Es un truco de chalán de feria, que seguramente toma de Obama, al que las canas le salieron de verdad. ¡Qué disciplinadas las canas, que van y brotan justo allí donde marca el asesor de imagen!¡Y las horas que se habrá pasado el pinturero mirándose en el espejo monclovita!