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lunes, 12 de mayo de 2014

ALGUNAS FRASES DEL QUIJOTE

El Quijote está lleno de frases y reflexiones que pasan con frecuencia desapercibidas en una primera lectura. He aquí algunas, entre otras muchas:

(Foto: Fernando Redondo)

Dice Sancho de don Quijote: "... no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos". Y don Quijote de sí mismo: "Yo no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy malo".  Hoy, cuando somos dominados y controlados por los más viles, conviene recordar el ejemplo de don Quijote, que acaba su vida llamándose con justicia Alonso Quijano el Bueno. De Machado se dijo que fue, ante todo, "un hombre bueno". La bondad nace de la capacidad de salir de sí mismo para ponerse en el lugar del otro. Como sabemos muy bien lo que nos ofende, podemos saber del mismo modo lo que ofende a los otros. ¡Pasar la vida sin hacer mal a nadie! ¡No ser malo! Tan sencillo y tan difícil. Un compendio de pedagogía. ¿Pero en qué sistema educativo aparece como objetivo fundamental?

Otra frase que ha despertado mi reflexión: "Las verdades tanto son mejores cuanto son más verdaderas". En el difícil equilibrio entre verdad y ficción, Cervantes añade esta distinción entre verdades "más y menos verdaderas". No todas las verdades son iguales. Las hay más verdaderas que otras. No sólo hay que rechazar la mentira y el engaño, sino saber elegir de entre las verdades, aquellas que son más verdaderas. No es un juego artificioso de palabras. El concepto de verdad, por más que sea una elaboración subjetiva, ha de fundamentarse siempre en un hecho o realidad objetiva. Y cuando más cerca esté de ese hecho o realidad, más verdadera es. Me sirve este razonamiento para contestar a los que dicen que mi interpretación de la verdad judeoconversa de Cervantes y el Quijote sólo es una más entre las muchas interpretaciones posibles. Sí, pero yo les contesto que, entre todas, esta verdad es la más verosímil y la más verdadera. Mucho más que la católico-manchega.

martes, 6 de mayo de 2014

UN ARTÍCULO DEL PERIÓDICO "AURORA" DE ISRAEL


En el Periódico "AURORA", el más importante editado en español en Israel, han publicado este artículo sobre el origen judío y leonés de Cervantes que recoge mi investigación sobre el tema. Mi estudio, que es académico, pero no academicista, que es cervantino y no cervantista, trata de unir el rigor en el análisis del texto del Quijote y los fundamentos históricos, con un lenguaje y estilo ameno y directo, sin exhibiciones pedantescas ni afirmaciones gratuitas o fantasiosas. Nacido de mi amor a la verdad, la pasión por el conocimiento y la admiración por nuestro pasado hispanojudío, no pretende buscar el aplauso o reconocimiento de la Iglesia Cervantina, llena de dogmas y celosos inquisidores, sino despertar el interés por Cervantes y su obra más universal y reconocida, invitando a una lectura nueva y mucho más enriquecedora.


http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Cultura/57675/

https://www.youtube.com/watch?v=mOBICL1QKzo

viernes, 2 de mayo de 2014

VEO VEO. ¿QUÉ VES?


No vemos sólo con los ojos, vemos con el cerebro. Los ojos tienen que aprender a ver. Se puede tener perfectamente la retina, el nervio óptico y los centros neurológicos del área de la visión y, sin embargo, no ver. Desde pequeños nos enseñar a ver. A ver lo que hay que ver y dejar de ver lo que no hay que ver.

La visión ocupa la tercera parte del cerebro. Los estímulos visuales requieren gran cantidad de actividad cerebral para transformarse en imágenes tridimensionales y situarlas en el espacio. Además, hemos de focalizar: sólo podemos ver lo que ocupa un punto frontal concreto y limitado; lo demás, o es difuso, ni lo vemos. La atención selecciona, a su vez, lo que podemos ver conscientemente. Para ahorrar energía, el proceso de la visión, como el de todos los sentidos, se automatiza.

Vemos lo que hemos visto y lo que hemos aprendido a ver. Nos anticipamos, completamos, construimos e inventamos lo que vemos. El cerebro tiene que amalgamar todos los estímulos visuales para formar imágenes coherentes y por eso recurre a la automatización del proceso. Todo esto es necesario y adaptativo, pero nos limita mucho, porque podemos ver mucho más de lo que vemos. El mundo es mucho más de lo que vemos.

Toda visión es, en gran parte, una alucinación. La actividad interna, retroalimenta y modula los datos sensoriales externos. Actuamos siguiendo pautas, modelos, patrones internos. Rechazamos y borramos todo lo que no encaja en esos modelos. 

Para enriquecer nuestra vida, nuestra experiencia, nuestra visión de la realidad, hemos de "para el automatismo perceptivo". Podemos alterar nuestra percepción ordinaria y experimentar otro modo de ver, observar y percibir la realidad. Suspender la actividad cerebral automática y crear vacíos, huecos, silencios cerebrales. La visión cambia entonces. En un primer momento todo se hace más confuso y difuso, pero luego podemos enfocar la visión para ver la realidad más como es, más misteriosa, más indeterminada, más "cuántica". Vemos lo que, aún estando ahí,  nunca antes lo habíamos visto. 

Si logramos ver de modo distinto, paralizando la visión rutinaria, nos damos cuenta enseguida que ver no es sólo un asunto de los ojos, sino de todo el cuerpo. El oído y el tacto también ven. La visión se hace "sinestésica", los estímulos se entrelazan y potencian. Se pueden entender así un poco mejor la mística, pero también de la experiencia artística y creativa.