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viernes, 26 de junio de 2020

COSAS QUE ME HA ENSEÑADO EL CORONAVIRUS





No podrás nunca ahorrar, pero sí gastar menos. Menos en casi todo. Puedes gastar menos en comida, por ejemplo, si comes menos. Si comes menos, no pasa nada, ganas en salud (hablo de mí, claro). Tampoco necesitas ducharte y lavarte el pelo cada día. Tu cuerpo y tu pelo te lo agradecen. ¡Y gastas menos agua!

Te sobra mucha ropa. ¡Y la mitad ya no te sienta bien!

El ascensor sólo lo necesitas para subir pesos, no para subir tú. Subir escaleras es como hacerte un chequeo. Si no puedes subir siete pisos sin ahogarte, malo.
Yo subo siete pisos varias veces al día. He ido mejorando.

Menos comida, menos champú, menos gel, menos ropa y menos ascensor. Y también menos coche. Siempre que puedo, a pie. Ahorro en gasolina. Menos basura, menos agua, menos electricidad, menos contaminación.
Poco es, pero si somos millones, algo se notará.

Observo que el verde de los árboles es más intenso. ¡Y más vencejos cruzan por delante de mi ventana! Por la noche no cesan de cantar los mirlos enamorados.

No necesitas ni contar ni medir tanto el tiempo. El ritmo no lo marca el reloj, sino tu cuerpo. Puedes fiarte de él.

Es mejor hacer una cosa que diez. La concentración facilita la intensidad. Hay cosas que no se pueden hacer sin concentración e intensidad. Por ejemplo, escribir un libro. Es lo único que he hecho estos tres meses. Aprovecho para anunciarlo: España sentenciada, pero no vencida.

Digo en él que hemos llegado a un punto de no retorno. Los primeros que no pueden dar marcha atrás son los independentistas: han ido demasiado lejos. O vencen los separatistas o ganamos los demócratas. Porque ya ha empezado la guerra incivil, como dijo Unamuno. Lo siento por los apaciguadores, los pusilánimes, los cobardes y los apocados. Yo alerto contra el coronavirus independentista, pandemia todavía localizada.

¿Y la ciencia? Teníamos demasiada fe en ella, pero como la necesitamos, yo ya sólo me fío de ella. Y de la razón y la verdad, cuya destrucción masiva ha sido el peor efecto del virus coronado. Ciencia, razón, verdad: no tengo otras armas para sobrevivir, y ya es tarde para buscarme otras. Y con ellas, y de su mano, el arte, el único bien imperecedero.

Digo arte, y yo me entiendo, que es mucho más que el arte de los artistas. Arte de vivir, de gozar de todo y por encima de todo y pese a todo.

¿Y las Redes Sociales? Son lo que dicen: enredan, atrapan a los que necesitan sentirse dentro del rebaño, la manada, el bando o la bandada. Y para los que necesitan gallear o gallinear o gallinacear. Pueden ser espacios de libertad, ¡pero hacen perder mucho tiempo!

¿Y la tele? Todavía peor. Dejo aparte películas y series, porque sólo veo las que elijo. Ver informativos y tertulias es puro masoquismo. Una pequeña dosis al día para saber que vivo en un mundo dirigido por psicópatas, delirantes y egomaníacos peligrosos. A veces me pongo a prueba: un minuto de Sánchez, medio de Iglesias, quince segundos de Illa, cinco de Simón, dos y medio de Ábalos, uno de Calvo... No me fijo más que en su rostro: ¡todos tienen cara de enfermos! Me obsesiono con los detalles.

Los ojos de Sánchez son los más opacos que he visto en mi vida: no dejan entrar ni salir un átomo de luz. De Ábalos sólo veo su mandíbula superdotada y sus ojillos de desmán, como el que vi de pequeño a la orilla de un riachuelo. Carmen Calvo yo creo que lucha todavía contra el coronavirus. Lo de Iglesias es ya instintivo, como ante un alimento pasado de fecha. Quizás sea porque él habla mucho (acusa) de malolientes (inmundicia) a los demás.

Como se puede ver, la política ha empezado a desaparecer de mi vida. Se impone la supervivencia. O quizás deba decir mejor que la política ha empezado a desaparecer de la vida de mi país, de mi patria, de mi todavía nación.

Esto es ya otra cosa. El estadio superior de la adolescencia falangista. Neofascismo de una izquierda guerracivilista, progre, millonaria y proletaria.

El coronavirus no se ha ido. Parece que este Gobierno se ha mimetizado con él y ha aprendido sus métodos de camuflaje. Es un coronavirus salvavidas. Pedro Salvavidas. 450.000, así, a ojo. Dice que no lo dice él, que es el único que lo dice, sino unos estudios científicos que son materia reservada al CNI de Iglesias.

Entre tanto, lo único que se puede contar, los muertos de carne y hueso, no se cuentan porque no cuentan para la ceremonia de exculpación. Bueno, menos los muertos en las residencias de Madrid, esos hay que arrojarlos a paletadas contra Ayuso.

El coronavirus se ha hecho madrileño y por eso ha atacado sobre todo a Cataluña, lo dicen los epidemiólogos separatistas.

¿Que el coronavirus nos ha hecho mejores personas? Yo veo todo lo contrario. Me refiero a las personas que se ven, las que aparecen en los medios y los tercios. Yo, desde luego, no veo que haya cambiado, sigo siendo medio-bueno y medio-malo, a partes iguales y según y cómo. Lo único que me esfuerzo es en no ser tonto. Cuesta, pero vale la pena.

Ah, y por último. En contra de lo que se dice, el coronavirus no nos ha hecho más sociables y solidarios. Más bien creo que lo contrario. Una prueba científica: llamamos menos por teléfono a los amigos. El confinamiento nos ha confinado más en nosotros mismos. Hemos comprobado que necesitamos menos de todo, hasta de las relaciones sociales.

Así que los problemas siguen donde estaban: en nosotros mismos.

jueves, 20 de febrero de 2020

DE PÁJARAS Y PÁJAROS


Si, como dice Gracián, "lo bien dicho se dice presto" porque "lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo", quisiera yo ser breve y preciso, al menos para que lo poco que bien diga se duplique, y lo mucho malo se disimule. Pero difícil propósito es éste ante tan profusa, confusa y avasalladora lista de despropósitos que la realidad nos ofrece cada día, que ni aún siendo Argos tiene uno ojos para atisbar lo que pasa alrededor. Por eso siempre mejor, sí, pájaro o pajarraco en mano que cien picos volando por encima de nuestra cabeza.

Así que a la caza voy y, cogidos al menos por una pata, chillen un poco esos pajarillos o pajarracos antes de soltarles y que, después de "cantar en el ansia", sigan su alado vuelo y corten "las etéreas salas con velocidad", ya convertidos en "flor de plumas y ramillete con alas", como escribió Calderón. Dado que la vida es sueño y se nos escapa, que al menos durante un instante brillen y desprendan irisados destellos, incluso en medio de la noche, nuestros breves momentos de lucidez y rebeldía. Nada podemos contra la fatalidad, sea ella lo que fuere, pero si logramos hacer un agujero en medio de su negrura, por él penetrará la luz, de la que estamos rodeados aunque no la veamos.

Cazaron al vuelo a ese avión venezolano que traía en su buche a la vicepresidenta Delcy, nombre de insufrible cursilería, y una vez posada, la dulce pájara puso 40 huevos-maleta en el gallinero del gobierno y nadie sabe si son polluelos o tiranosaurios lo que lleva en su seno la güevada. Es posible, como ha sospechado la valiente Ana Oramas, que los huevos sean de oro, porque la gallina ponedora lo es, tesorera guerrillera a la que deslumbra la lumbre del poder y el relumbrón del dinero, como a los galápagos refugiados en la charca de Galapagar. Lo que de verdad me asombra es que nadie sepa ni dónde está ni qué contiene ese cargamento explosivo transoceánico.

Este oscurantismo, este cerrojazo informativo, eso es lo verdaderamente asombroso. Toda la secuencia, desde el encuentro urgente de Ábalos (ojillos de pájaro insectívoro) con el amigo turista al que no había otro momento para verlo que a las dos de la madrugada en el aeropuerto, a este penúltimo descubrimiento de ese tumulto de maletas invisibles pasando de mano en mano, es algo tan insólito que ni en un sueño febril pudiera imaginarse. Pero ahí está, y sigue tan oculto como el asalto a la embajada mejicana en La Paz, y eso que ésta fue a la luz del día.

Pero es que este cordón de hierro sanitario con que el gobierno protege sus tropelías y delitos lo ha extendido a todo, y lo peor es que le funciona, que tiene a una cohorte de periodistas, funcionarios, jueces, guadaespaldas y cuatreros que protegen su nido de reptiles, y así pasan las horas y los días como en la canción de Machín, en que la gente se pregunta "qué, cuándo, cómo y dónde" y sólo le responden, "quizás, quizás, quizás", porque la duda y el secreto siempre han favorecido al poder.

Así que los más piadosos, por más desconcertados que estén, se dicen que quizás sí, que quizás funcione eso del "diálogo" con los separatistas, y con los agricultores y ganaderos (aunque ni los reciban), y con los empresarios, y los pensionistas, y los autónomos, y con los parados desahuciados y los nuevos que crecen cada día, y que no importa enfrentarse a EEUU y a Europa y cobijar a dictaduras terroristas, declarar el boicot a Israel, amparar teocracias que promueven la más abyecta discriminación de las mujeres y los homosexuales, que todo eso está justificado porque lo hace un gobierno progresista.

Cantan los mirlos enamorados en Madrid estas noches de febrero, anunciando una primavera en la que el coronavirus va a recular y poco a poco disolverse en los rigores estivales, porque no resiste "la calor". Eso aquí, ¿pero qué pasará en las antípodas o el hemisferio sur? Yo confío más en que se lo traguen los pájaros, si todavía quedan pardales, porque también están sufriendo su plaga, la malaria aviar. Nadie ha contado los millones de pajarillos que han caído ya, porque sus cuerpos diminutos no cortan las carreteras ni incendian contenedores, pero a mí me acongoja su muerte silenciosa más que el destino de los galápagos.

jueves, 13 de febrero de 2020

LA LEY POR SÍ SOLA


"La ley por sí sola no basta". Es frase lapidaria de Pedro Sánchez Perogrullo, doctor en ostentosas vacuidades, ejemplo de fatuidad irrebatible. Porque vamos a ver, en la vida, ¿hay algo que por sí solo baste? Nada se basta a sí mismo para existir, todo necesita de algo, ya sea por su origen, su finalidad o su permanencia. La ley necesita de la política, la política de la ley. Así que tampoco "la política por sí sola basta"; es otra obviedad. Incluso más obvia, porque la ley tiene una estabilidad que va más allá de las veleidades políticas.

Frase trucada y truncada, porque le falta el "para qué". "La ley no basta"... ¿para qué? Lo importante es el para qué, que no se dice. Hay que imaginarlo, suponerlo. Es un recurso eficaz: no decir lo que se quiere decir para que nadie sepa bien lo que se dice. Vaciar el lenguaje de sentido para que pueda significar cualquier cosa, según convenga.

Porque lo que se quiere decir es que la ley es insuficiente para impedir la independencia y que, por tanto, mejor no aplicarla. Es esto lo que se quiere legitimar: el no aplicar la ley, transigir con su incumplimiento. Claro que la ley es insuficiente, no sólo para impedir la independencia, sino para impedir cualquier otra cosa. La ley no puede acabar con la delincuencia, el narcotráfico, el asesinato, el fraude, la pobreza, la explotación. ¿Es por eso innecesaria?

Lo increíble es que quienes intentan legislar e imponer los sentimientos, las ideas, los impulsos, la sexualidad (ley de violencia de género, de memoria histórica, contra el franquismo, ley de libertades sexuales, etc.), estos mismos nos dicen que en lo tocante al independentismo no hay que legislar, ni aplicar las leyes, porque los sentimientos, la voluntad del pueblo catalán (el separatista, claro, no el otro) está por encima de la ley.

La medicina no basta para tener buena salud, ni siquiera para curar. Ni la policía ni las multas bastan para evitar las muertes en carretera. Ni siquiera los semáforos, ni la ITV. La lluvia no basta para que broten los trigales, ni bastan las nubes para que llueva. Ni siquiera ser necio basta para llegar a ser presidente de Gobierno. Toda la ciencia se basa en saber que existen condiciones necesarias y causas suficientes, aunque no sea fácil distinguirlas.

Lo que se busca es confundir, desconcertar, aturdir al contrario. Como echar humo en una colmena. Todas las consignas están ideadas para conseguirlo. En esto los separatistas han sido muy eficaces. Ahí están el "España nos roba" y el "derecho a decidir". Basta con repetirlas hasta la náusea. Nunca explicarlas. Nunca aclarar su contenido ni su sentido. Así repite ahora Sánchez, que nada ha inventado: "Hay que devolver a la política un conflicto político". "Retomar la senda de la política, dejando atrás la judicialización del conflicto". "La política es la única vía posible". ¿La única? ¿La sedición y la rebelión no son más que un "conflicto político"? ¿Y para "desjudicializar", no hay que "politizar" a los jueces?

¿Qué se quiere conseguir para lo cual estorba la ley, la justicia, e incluso la política? Porque cuando hablan de política, sólo se refieren a la suya. Lo que hacen los demás no es política, es crispación, fascismo, ultra ultraderecha. Si el objetivo es ceder, aceptar aquello que los separatistas quieren, la independencia, ¿para qué tanto rodeo? Vean lo que dice Batet, tercera autoridad del Estado, partidaria del referéndum: "Si hay más de dos millones de personas en Cataluña que no reconocen como suyo ese marco constitucional, pretender imponerlo no nos va conducir a ninguna solución".

¡Qué fácil! Digo que no acepto el marco constitucional, me pido la independencia y ¡hala!, independencia a la carta. ¿Y qué hacemos con el otro 70% de catalanes que sí quieren el marco constitucional y no aceptan la independencia? ¿Y con el resto de españoles? ¿Les damos a todos con el marco independentista en las narices?

Este discurso claudicante va calando. Hasta Ana Rosa llegó a decirle a Abascal: "algo habrá que hacer con esos dos millones"... No estuvo ágil Abascal para contestar que el problema no eran esos dizque dos millones, sino los 45 restantes, o los 40, o los que sean, que parece que no interesa ni saberlo. A la minoría separatista y antidemócrata se la tiene que contentar; al resto, despreciar y pisotear. Y quien no lo acepte, facha, franquista. ¿Hasta cuándo?

martes, 4 de febrero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (y III)


He explicado que hoy existen dos tipos de iberismo incompatibles: el que busca la unión económica y política entre dos estados (España y Portugal), respetando su soberanía, y el que promueve la federación de un número indeterminado de estados, naciones o pueblos ibéricos, todavía pendientes de constituir y reconocer. Esta doble concepción afecta a la esencia misma del iberismo de tal modo que no podemos ignorarlo o dejarlo de lado. Ni los agentes, ni las acciones, ni los proyectos de unión serían los mismos en un caso o en otro.

Desde los inicios del iberismo esta divergencia ha estado presente. Lo ha contado muy bien Pablo González en este medio. Luis Araquistáin lo expresó en 1945 al distinguir entre los Estados Unidos Ibéricos y una República Dual. La debilidad de esta propuesta se hace evidente al comprobar que Araquistáin sólo enumera a Castilla, País Vasco, Cataluña y Galicia como los estados ibéricos que habrían de unirse conPortugal.

Identificar a Castilla con todo lo que no es Galicia, Cataluña o Euskadi, y a Castilla con España, es algo totalmenteanacrónico e históricamente insostenible. Ese malentendido olvida la importancia que Galicia, Portugal, León, Navarra y Aragón tuvieron como reinos en la construcción de la España moderna, y subyace en el lenguaje de los separatistas que hablan de Castilla (opresora o comunera, tanto da) para no pronunciar la palabra España, del mismo modo que usan eltérmino "castellano" para no reconocer el carácter nacional y universal del español.

Especialmente engañoso es el proyecto iberista de los independentistas catalanes. El Consejo Asesor para la Transición Nacional de Cataluña, como cuenta Pablo González, propuso en 2013 un Consejo Ibérico formado por Cataluña, Andorra, Portugal y España, en el que una alianza lusocatalana fuera el elemento decisivo.

Como iberista nunca me prestaría a ser utilizado para legitimar la existencia de un estado catalán soberano en pie de igualdad con Portugal, por ejemplo. Eso supondría, no sólo destruir España, sino equiparar a Cataluña con Portugal, dotándola de un estatus jurídico que nunca ha tenido en su historia. Lo que el independentismo catalán busca, más que crear una Iberia unida, es legitimarse y ser reconocido como estado independiente.

Digo que no será posible ningún iberismo real si en España, pero también en Portugal, no se tiene claro que los movimientos independentistas son disgregadores, destructivos y promotores de un conflicto civil que daría al traste con cualquier proyecto de unión ibérica. Nada más importante, en este contexto, que los iberistas españoles hagamos un esfuerzo para dar a conocer a nuestros amigos portugueses, qué es lo que hay detrás del separatismo actual, cuáles son sus fines y sus métodos, y en qué situación se encuentra España bajo el actual Gobierno, constituido gracias al apoyo de los independentistas catalanes y vascos.

He aquí algunos hechos que dan una idea de la gravedad del momento y que, de no resolverse reforzando la unidad e igualdad entre todos los españoles, hará imposible cualquier proyecto iberista.

-España ha sufrido un terrorismo con 3.500 atentados, 864 muertos y miles de heridos. ETA ha sido democráticamente derrotada, pero ha creado un partido que no sólo no condena ni se arrepiente de sus crímenes, sino que los justifica abiertamente y homenajea a sus autores. El actual Gobierno se ha formado gracias al apoyo de este partido (Bildu). En pago, el PSOE ha votado recientemente en el Parlamento Europeo en contra del esclarecimiento de los 376 asesinatos todavía por resolver.

-En Cataluña, mediante un proceso de ingeniería mental y social, copiado del nazismo, el secesionismo ha logrado que un 39% de los votantes en 2019 apoye la independencia, frente a un 43% de no independentistas. Esto supone menos del 30% del censo. Durante casi 40 años se ha impuesto el catalán como lengua única y vehicular de la enseñanza, desterrando el español de todos los usos oficiales. Hoy habla catalán un 33% frente a un 55% español. El derecho a recibir la enseñanza en la lengua materna ha desaparecido para los hispanohablantes de Cataluña. El español siempre ha sido una lengua tan propia de Cataluña como el catalán.

-España es un Estado muy descentralizado, con 17 autonomías que tienen capacidad legislativa, fiscal y económica. El País Vasco goza de un estatuto excepcional que lo convierte en un estado semindependiente. El resultado ha sido la pérdida de la unidad fiscal y de mercado, y la desaparición de un sistema sanitario, educativo, judicial, policial y funcionarial único o unificado, aumentando la desigualdad entre los españoles en función de su lugar de nacimiento.La renta per cápita puede oscilar hasta un 50% (entre Madrid y el País Vasco, por un lado, y Extremadura por otro).

-El separatismo catalán intentó crear en octubre de 2017, mediante la fuerza de los hechos consumados, una situación social y política irreversible (equivalente a lo que tradicionalmente ha sido un golpe de estado), que acabara obligando al Estado a reconocer su independencia. Para ello anularon la Constitución, abolieron la monarquía y proclamaron la República Catalana, aprobando Leyes sustitutorias que llamaron de Desconexión y de Transición, desobedeciendo todas las sentencias condenatorias del Tribunal Supremo y el Constitucional. Los cabecillas de la insurrección han sidocondenados por sedición y malversación con penas menores a las máximas que establece nuestro código penal. Esta sentencia provocó una rebelión violenta con incendios y disturbios por toda Cataluña durante quince días. No había ocurrido nada parecido en España desde el final de la guerra civil en 1939.

-El independentismo catalán y vasco, promovido por las clases dominantes, es declaradamente racista, basado en el odio a todo lo español, y no ha ocultado su supremacismo desde sus orígenes en el siglo XIX. Su raíz es profundamente antidemocrática, reaccionaria y defensora de privilegios que van en contra de la igualdad entre todos los españoles. Su mayor éxito ha consistido en poner de su lado a gran parte de la izquierda española, especialmente al PSOE y a Podemos, los dos partidos que hoy forman Gobierno gracias al apoyo de los independentistas.

-El actual Gobierno está dispuesto a abrir la puerta a una interpretación "constitucional" que permita la independencia de hecho de Cataluña, camuflada en un federalismo creativo y asimétrico. Pretende sustituir la voluntad de todos los españoles, únicos sujetos de la soberanía nacional, por un referéndum limitado a Cataluña. Se inicia así un periodo de inestabilidad política y de enfrentamiento civil de imprevisibles consecuencias.

Invito a los lectores, sean de la orientación política que sean, a que imaginen la existencia de algo parecido en Portugal.¿Pensarían que lo mejor sería el fragmentarse para integrarse luego en un Estado ibérico?

jueves, 30 de enero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (II)


(Foto: Fernando Redondo)

Decíamos en el anterior artículo que existía, dentro del movimiento iberista, una corriente que defiende una "federación o confederación de los pueblos ibéricos", un proyecto político no sólo indefinido, sino indefinible y carente de sentido práctico. Basta imaginar la complejidad de este modelo, conformado por un indeterminado número de estados o naciones, todas ellas, además, hoy por hoy inexistentes (salvo Portugal y Andorra), y cuya creación política exigiría la desaparición de España como nación y estado. Parece claro que antes de esa confederación deberían constituirse esos nuevos estados o naciones, un proceso lleno de dificultades, empezando por la delimitación de las fronteras respectivas, base de cualquier soberanía, pues no hay soberanía sin territorio propio.

Hago esta reflexión elemental porque sé que hay defensores sinceros de ese iberismo que idealiza la noción romántica de "pueblo" como el fundamento de la nación y el estado. Esta definición de pueblo alude a una identidad diferenciada y exclusiva (lingüística, racial, étnica, cultural), hoy imposible de encontrar o delimitar en una población tan mezclada genética, cultural e históricamente como la ibérica, y más en la sociedad moderna, basada en intercambios, relaciones y dependencias que han diluido cualquier uniformidad que se supone ha de fundamentar la existencia de un pueblo. Sí podemos usar el término pueblo en sentido político, o sea, el conjunto de ciudadanos, y hablar de pueblo español y pueblo portugués, expresiones que encierran, además, una resonancia emocional positiva (así decimos, "pueblos hermanos").

Dejo de lado, por tanto, a estos iberistas que, sobre todo desde el anarquismo, creen en cierta utopía fraternal e imaginan una especie de "edad dorada ibérica" en la que, como añoraba don Quijote, no hubiera "ni tuyo ni mío" y todo fuera paz y concordia entre los pueblos. Quedémonos con esos buenos deseos, que siempre gozarán de mi respeto, porque sin duda la unión ibérica habrá de estar fundamentada, no sólo en la racionalidad y el interés mutuo, sino en los buenos sentimientos. Es precisamente todo lo contrario del propósito de otros, que usan el reclamo del iberismo para ir justamente en sentido contrario, el de la disgregación y la división. Me refiero, de modo explícito, a los independentistas catalanes, vascos y gallegos y a sus defensores, que también hablan con frecuencia de iberismo.

Se trata de un iberismo "instrumental", contra el que quiero alertar especialmente a los ciudadanos portugueses, en su mayoría desconocedores de la naturaleza y fines de los movimientos independentistas que hoy se están desarrollando en España. De modo espontáneo, los portugueses, rememorando su pasado, cuya independencia se construyó en contra de España, sentirán simpatía por estos movimientos con los que tenderán a identificarse. La propaganda independentista, que ha hecho un gran esfuerzo por ocultar su proyecto antidemocrático, clasista y supremacista para presentarlo como "derecho a la autodeterminación", ha calado en sectores "progresistas" europeos malinformados, y seguramente también en Portugal. Bastaría recordar que son los partidos más derechistas y xenófobos de Europa los únicos que han dado su apoyo a los separatistas catalanes, para sospechar de este "progresismo".

El proyecto iberista no debe caer en esta trampa. Los independentistas hablan de un iberismo de conveniencia en el que ellos, especialmente Cataluña y el País Vasco, ejercerían su hegemonía imponiendo, en la práctica, su dominio económico y político. No aspirarían a salir de España para integrarse en un proyecto que eclipsara este predominio. Pero ni Cataluña ni el País Vasco pueden prescindir de Iberia, o sea, del mercado peninsular, ampliándolo hacia Portugal. Si entran en el juego, ha de ser con ventajas añadidas. Cataluña aspira ya a extender su dominio a Valencia y las Islas Baleares.

Sé que resulta muy difícil explicar, a quien no lo ha vivido de cerca, todos los pasos que el proceso separatista ha ido dando durante cuarenta años para socavar la Constitución española y orden democrático que ha hecho posible el mayor desarrollo de la España moderna. A los bienintencionados les cuesta entender que los independentistas presentan a España como un Estado opresor y franquista simplemente porque defiende su integridad territorial, algo que contemplan las constituciones de todos los estados europeos, empezando por Portugal, cuya Constitución de 1976 señala que "el Estado es unitario" y que el Presidente de la República "garantiza la independencia nacional y la unidad del Estado". Incluso excluye la posibilidad de que esa "independencia y unidad nacional" sea materia de revisión constitucional.

A los portugueses simpatizantes de los independentistas les invitamos a que imaginen la existencia un movimiento parecido en su país que exigiera, por ejemplo, la independencia o autodeterminación del Algarve argumentando que Portugal seguía siendo un estado salazarista opresor.

Pero aún necesitamos explicar con mayor detenimiento, por qué necesitamos que la opinión pública portuguesa comprenda nuestra denuncia y rechazo a los movimientos disgregadores y separatistas de España, cuyos fines chocan radicalmente con el proyecto iberista. De ello nos ocuparemos en el próximo y último artículo.

viernes, 24 de enero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (I)


El proyecto de unión ibérica al que llamamos iberismo -y que este medio defiende y estimula con encomiable empeño-, se presta a cierta confusión que creo necesario abordar de modo explícito y abierto. Como todas las grandes palabras (libertad, democracia, igualdad), el término iberismo puede hacer referencia a realidades muy distintas.

Creo que hay dos interpretaciones básicas del iberismo que es preciso clarificar para evitar malentendidos, porque de cada una de ellas se derivan proyectos y acciones que pueden llegar a ser, no sólo diferentes, sino incompatibles. La pregunta que sirve para diferenciar estos dos modelos es: ¿Qué es lo que queremos unir? Esta es la pregunta inicial e insoslayable, previa a la siguiente: ¿Qué tipo de unión queremos (cooperación, integración, federación, confederación) y qué pasos hemos de dar para lograrlo?

El primer iberismo, que es el que yo defiendo, lo que quiere unir son dos Estados soberanos, Portugal y España. Mi iberismo parte de esta premisa. No se trata de hacer desaparecer la soberanía de ninguno de los dos Estados, ni siquiera establecer espacios de co-soberanía o soberanía compartida. La soberanía no acepta fórmulas intermedias, porque es un principio único e indivisible, se tiene o no se tiene. Así que no se trata de renunciar a nada, entre otras cosas, porque establecer los espacios de co-soberanía, diferenciándolos de los de la soberanía, es algo prácticamente imposible.

No, el camino no puede ser el definir previamente qué es lo que un Estado puede decidir solo y qué es lo que no podría hacer sin el consentimiento del otro. Esta vía, insisto, nos llevaría a discusiones y disputas interminables, con el riesgo de despertar recelos y temores que son los que precisamente queremos superar. Por tanto, el modelo ha de ser otro: el de acordar en cada momento la mejor fórmula de cooperación, optimización de los recursos, unión real de fuerzas, construcción de proyectos comunes. Hay aquí un terreno amplísimo que nos saca de la paralizante discusión y regulación de la soberanía y nos enfoca en la verdadera unión, basada en el interés mutuo y el establecimiento de relaciones humanas, culturales y económicas positivas.

El segundo iberismo no parte de la existencia consolidada de estos dos Estados, sino de otro modelo, el de la unión de los pueblos ibéricos. Es el iberismo del siglo pasado, que surgió en los años 30 y del que tenemos dos referencias concretas que nos pueden ser útiles para juzgar su viabilidad y sentido.

En 1927 se constituyó en Valencia de Federación Anarquista Ibérica (FAI), formada por la Uniáo Anarquista Portuguesa, la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España y la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de Lengua Española en el Exilio. El fracaso de esta iniciativa no sólo se debió al desenlace de la guerra civil española, sino a la confusión que el mismo proyecto encerraba. La retórica sobre los pueblos ibéricos no se concretó en nada, y la referencia al internacionalismo proletario volvía todavía más difusos los objetivos y la posibilidad de llevar a la práctica el principio autogestionario y la democracia directa.

La otra referencia son los dos intentos de proclamación de la independencia de Cataluña de 1931 y 1934. El primero lo protagonizó Francesc Macià en 1931. Macià utilizó sucesivamente tres expresiones para definir el sentido de esta independencia:

-L'Estat Català, que amb total la cordialitat procurarem integrar a la Federació de Repúbliques Ibèrics.
-L'Estat Català como una República Catalana para crear la Confederació de Pobles Ibèrics.
-La República Catalana com Estat integrant de la Federació Ibèrica.

Sorprende este vaivén de fórmulas que indica la ambigüedad y confusión del proyecto. La referencia federal y confederal a los pueblos ibéricos parece un añadido apara atenuar y hacer más aceptable el hecho de la proclamación unilateral de la independencia, sin consultar, por supuesto, a ninguno de esos supuestos pueblos ni contar con su voluntad. El intento de Lluís Companys de 1934 fue parecido: proclamó el Estado Catalán de la República Federal Española, transformando, de golpe, a la República Española en República Federal. El gobierno de la República se vio obligado a sofocar inmediatamente esta rebelión.

Los intentos actuales de revivir la idea de una Federación de los Pueblos Ibéricos repiten los mismos errores. La total indefinición del modelo, donde ni siquiera se especifican ni nombran cuántos y cuáles son esos pueblos ibéricos llamados a formar una federación o confederación (que no es lo mismo), ni qué tipo de estructura global se quiere crear (¿Estado de Estados, nación de naciones?), ni qué soberanía tendrían esos pueblos-estados-naciones, ni qué relaciones mantendrían entre sí (¿bilaterales, multilaterales?) ni con el resto del mundo (defensa, fronteras, relaciones internacionales, comercio, etc); todo esto muestra lo evanescente de este iberismo.


Desde el punto de vista práctico, dejando de lado la complejidad política, sería tan costoso, engorroso y paralizante el poner de acuerdo, ante cualquier cuestión o discrepancia, a ese conglomerado desigual y asimétrico de pueblos-estados, que resultaría imposible llevar adelante ningún proyecto común. No tendría ninguna ventaja, y sí un cúmulo inimaginable de inconvenientes. ¿Por qué, sin embargo, dentro del propio movimiento iberista, hay una corriente que defiende este modelo, a todas luces inviable? Responderemos en el próximo artículo.

miércoles, 22 de enero de 2020

A POR LOS JUECES


Con la llegada de Sánchez al poder estamos asistiendo a un cambio radical de paradigma y régimen político. Lo más evidente es que la batalla se está desplazando, del terreno económico y social, al frente ideológico y judicial. No estábamos preparados para esto.

Habíamos logrado, con un esfuerzo de siglos, que las ideologías y la religión fueran cada vez menos determinantes de la acción política. Habíamos logrado limitar la política a la búsqueda racional de las mejores soluciones a los problemas económicos y sociales, dejando las creencias religiosas y las afinidades ideológicas en el ámbito privado y subjetivo, donde reinaban la libertad y la tolerancia. Todo esto ha saltado por los aires. Por ejemplo, la importancia de la ley.

"Si hay algo genuinamente de izquierdas, es el imperio de la ley, el poder de los que no tienen poder", ha escrito Félix Ovejero. Lo contrario es "estar sometidos a la voluntad de un déspota". La ley. Los jueces. Controlarlos, someterlos. No es la primera vez que se pasa de la democracia a la tiranía sin solución de continuidad. Lo hizo Hitler y el nazismo. No hemos aprendido la lección. Confiamos ingenuamente en la democracia, sin establecer mecanismos internos para defenderla.

Tenemos una democracia cada día más desvalida, abierta por los cuatro costados, que invita al asalto. Sobran los guardianes y vigilantes, a los que se va desplazando hacia despachos acolchados donde se entretienen manteniendo largas discusiones. Pretendimos ser más demócratas y tolerantes que nadie y estamos empezando a sufrir las consecuencias. No hay ninguna otra democracia en el mundo que en esto se nos parezca. Ni Portugal, con una historia reciente tan parecida a la nuestra.

El imperio de la ley como valuarte ante la arbitrariedad, la ambición de los déspotas, el egoísmo de los sátrapas, la dominación de los poderosos, el asalto al poder de los parásitos, cínicos y malvados. Parece ya inútil recordar que denunciar ante los jueces y tribunales un delito no es sólo un derecho, sino una obligación. Que el poder ejecutivo y el poder judicial tienen el deber de perseguir el delito como parte esencial de su función, y que si no lo hacen deben ser denunciados y separados de sus cargos públicos.

La rebelión, la sedición, la prevaricación, la malversación y la desobediencia, son graves delitos que no pueden dejarse impunes. Agrava la pena el que sean responsables públicos quienes los cometen. Decir que aplicarles la ley es judicializar la política, es tratar de borrar los delitos y buscar su impunidad. La política no puede estar ni por encima ni en contra de la ley. La política dicta las leyes, la justicia las aplica. Ni dictar las leyes es politizar la justicia, ni aplicarlas es judicializar la política.

Si el poder judicial se somete al poder político, si se deja presionar, si retuerce la interpretación de la ley para agradar y recibir recompensas del poder político o económico, está cometiendo un grave delito: el de anular o pervertir la ley, y el de someterse al poder político o económico.

Todos estos principios, elementales, base de la democracia, han empezado a desmoronarse. ¿A qué estamos asistiendo? A una degradación alarmante de la fuerza y el sentido de la ley y de la voluntad de los jueces para asegurar su cumplimiento. La consigna es ir a por los jueces que se resistan, los que se nieguen a agachar la cerviz o poner la mano. Esta perversión ha empezado por arriba, confiando en que la estructura jerárquica facilite la tarea. Que se lo pregunten a sus señorías los señores Lesmes y Marchena, hasta hace poco considerados hombres honestos e insobornables.

Pero falta un elemento en este análisis: la fuerza de la ideología. Facilitando este desguace, que intenta convertir al poder judicial en el brazo armado del poder ejecutivo, está la utilización del instrumento de dominación más poderoso, el control de la ideología, de las imágenes, las ideas, el soporte simbólico sin el cual no es posible justificar este asalto a los fundamentos de la democracia. Ideología de género, ideología de las identidades, ideología supremacista, ideología guerracivilista, ideología revanchista, ideología estatalista, etc., todo ello envuelto en la retórica redentorista, progresista, liberadora.

El sometimiento de la política a la ideología, y la ideología como la gran encubridora del totalitarismo: O somos conscientes y reaccionamos con determinación y fuerza ante lo que está ocurriendo, o nuestro destino se volverá tan turbio que no seremos capaces de distinguir ni la misma oscuridad.

miércoles, 8 de enero de 2020

MAL AÑO TENGÁIS, MALDITOS


¡Vaya unas Navidades que nos ha dado el PS, el Partido Sanchista! (el PSOE ha desaparecido, dejemos de llamarle lo que no es). Frente a tantos buenos deseos para el nuevo año, confieso que lo he intentado y nada, no me sale nada políticamente correcto. Caigo en la invocación del mal, la imprecación, el anatema, el jérem judío. Que sólo me salen de la boca exabruptos, oiga. ¿Qué me pasa?

Quiero analizarme. ¿Cómo es posible que me domine un impulso tan irracional, hasta el punto de pedirle a las palabras un efecto mágico, un poder taumatúrgico? Porque a los urdidores y sostenedores del actual gobierno, a toda la andrajosa caterva de criptofascistas nacionalistas y sus adláteres, a todos y cada uno les deseo un mal año, que nada de lo que han tramado y bramado para destruir nuestra democracia, que nada les salga bien, que fracasen, que el 2020 sea para ellos y sus seguidores un "annus horribilis".

Hablo sólo de política, pero es que la política, llegado a este punto de exacerbación navideña, ha empezado a rebasar sus límites y lo que ahora empieza, este rotundo 2020, es ya otra cosa, algo que poco tiene que ver con la racionalidad y el control de los impulsos (que es lo que nos hace ciudadanos y demócratas) y sí con el efecto incontrolado de los incendios australianos o las tormentas monzónicas del Mediterráneo.

Quiero pensar, para mi descargo, que este brote psicótico que estoy padeciendo, es una consecuencia del descontrol de la naturaleza, del cambio climático, del maldito CO2 que me está carcomiendo las neuronas. Necesito urgentemente una explicación científica, algún clavo ardiendo al que agarrarme y con el que quemarme, no sólo las manos, sino la lengua. Porque lo que me sale de la boca no es más que ponzoña, sapos y culebras venenosas y malos deseos para todos los que han convertido el Congreso en una cueva de reptiles y babosas.

En esta duda estaba cuando me asomé a los medios. Encontré una carta manuscrita de José María Múgica (no la busques en El País o los medios de Cataluña) que acaba así: "Que pretenda usted alcanzar la investidura con la ayuda del fascismo, que nos asesinó en el País Vasco, me produce una náusea infinita y un profundo desprecio". Habla quien presenció cómo a su padre ETA le daba un tiro en la nuca. Alguien cuya familia judía murió en Auswichtz. Un facha, sin duda, para Sánchez y su camarillla (la SS, la Secta Sanchista).

También, para mi consuelo, leí el mensaje de otro exsocialista amigo, Enrique Calvet: "Nunca imaginé, ni en mis peores vaticinios certeros, que llegaría a ver a afiliados del PSOE, mi PSOE hasta 2005, aplaudir en Cortes a los filoasesinos de Múgica, Pagaza, Buesa, Jauregui, Lluch... Caiga sobre ellos la peor vergüenza y mi maldición". Pues sí, malditos sean.

Pero lo peor es cómo Sánchez ha justificado su abyecto proyecto cainita en nombre del diálogo: "La ley por sí sola no basta", ha proclamado con necia pomposidad, copiando literalmente a Torra. Oponer la ley a la política, situar la política por encima de la ley, es tratar de justificar el incumplimiento de la ley, degradándola. Lo que se busca es la impunidad, el someter la ley a las conveniencias, cambalaches e intereses de los independentistas, de quienes depende Pedro Sánchez. Por eso se recurre al eufemismo de un inexistente "ordenamiento jurídico-político", no a la Constitución y las leyes que de ellas se derivan. El poder jurídico no está supeditado al poder político; cada uno tiene su ámbito de actuación, y nada ni nadie está por encima de la ley, y menos la política y los políticos.

Y por último, maldito sea ese arribista de "Teruel existe". Nadie habrá hecho a Teruel y a España más daño en menos tiempo. Porque su poder, decisivo en esta hora de perjuros, se basa en haber obtenido ¡19.696 votos! (menos que los de mi barrio de León) frente a los 24 millones 365.851 emitidos. Exactamente, el 0,08% del 69,87% de votantes, ni siquiera del censo.

Pero seamos justos: malditos sean también todos los que han hecho posible esta aberración democrática, la misma que permite investir a un presidente con menos de la mitad de los diputados, siendo a su vez la mitad de éstos, enemigos del orden constitucional que les permite tener un asiento en el Congreso. La peor tiranía es la que se cubre de democracia.

sábado, 28 de diciembre de 2019

POR QUÉ SOY IBERISTA


Tiene el verbo ser en español (y en portugués) una fuerza semántica excesiva en comparación con otras lenguas. Al distinguir entre ser y estar, otorga a todo lo que es, una especie de esencia ontológica atemporal. El ser (sustantivo y verbo) es un desafío al tiempo y el espacio, un deseo categórico de eternidad y permanencia. La paradoja está en que, al mismo tiempo, sirve para decir que "somos" mortales y que nada en este mundo "es" permanente. Hechas estas reservas, pues sí, digo que soy iberista y, sobre todo, explico por qué lo soy.

Lo soy casi desde pequeño, porque estudié en Tuy y crucé muchas veces su puente metálico fronterizo para pasear por la amurallada Valença do Minho. Allí oí por primera vez a un niño referirse a la "Batalha de Aljubarrota" (la derrota castellana de 1385, que figura como hito fundacional de Portugal) y a mí aquello me sonó a lo de ¡Mala la hubisteis, franceses, / en esa de Roncesvalles! El niño lo contaba con una mezcla de orgullo y resentimiento.

Tan temprana educación patriótica me ha hecho pensar, y desde entonces entiendo mejor algo que, para ser iberista, uno debe aceptar: que ningún portugués deja de sentirse profunda y orgullosamente portugués. Es algo que, por desgracia, no podemos decir hoy de muchos españoles respecto a su nación. Los portugueses, es cierto, no han tenido ninguna leyenda negra que soportar y combatir, ni han sufrido movimientos internos disgregadores tan obstinados como los promovidos por los independentistas en Cataluña y el País Vasco.

Luego vino Unamuno, Pessoa, Eugénio de Andrade, Saramago... Es escandalosa la ignorancia que los españoles tenemos de la literatura portuguesa, cuando ya Cervantes nos habló en el Quijote de unas mozas de Sayago que recitaban a Camoens... ¡en portugués! (digo de paso que a estas pastoras, cantando y recitando a la vera del río, difícilmente las podemos imaginar por tierras manchegas, y sí por tierras de la Raya, de Zamora y de León, donde también se ubica la primera y más importante novela pastoril, Los siete libros de Diana, escrita por Jorge de Montemayor o de Metemor-o-Velho, hispanoportugués de origen judío).

No puedo dejar de recordar, en este breve recorrido sentimental, el impacto que en los jóvenes de mi generación dejó la Revolución de los Claveles. Estuve en Lisboa al poco de triunfar esa "revolución" que coincidió con los estertores del franquismo. Todavía resuena en mis oídos el Grândola, Vila Morena de Zeca Alfonso, uno de los cantos más bellos y emotivos que conozco. Pero vayamos a otros motivos "sentimentales".

Soy iberista porque siempre que veo el mapa de la Península Ibérica me cuesta trazar la frontera entre España y Portugal; es algo que siento "contra natura". La vista se me va espontáneamente a la totalidad, que luego debo corregir "por imperativo histórico y legal". Lo que más absurdo me resulta es el mapa meteorológico... ¡Como si el viento, el sol o las nubes entendieran de fronteras!

Soy iberista también porque siempre me he imaginado qué hubiera sido de nosotros, portugueses y españoles, si en lugar de separarnos definitivamente en 1640 hubiéramos unido fuerzas y construido el imperio luso-español. (No olvidemos que esta separación se precipitó como consecuencia de la rebelión simultánea de Cataluña, propiciada por las mismas potencias europeas que siempre han estado interesadas en impedir la unión política de Iberia).

Evocando este pasado siento una extraña nostalgia retrospectiva de algo que nunca existió, pero que pudo existir, y aclaro, de paso, que nada tiene esto que ver con ningún sueño "imperialista". En mi libro De la naturaleza del olvido escribí hace mucho un poema breve que decía: ¿Quién me arrancó de donde nunca estuve / y a donde no puedo regresar? Puede aplicarse esta nostalgia de lo imposible a todo lo que uno ha deseado, desde cualquier amor pasado, al paraíso de la infancia perdida, pero también a esa Iberia mítica y soñada, nacida de un impulso que, al menos en mí, y creo que en otros muchos compatriotas, estimula los mejores sentimientos humanos.

Pero soy iberista no sólo porque así me lo pide el corazón, sino la razón. Cualquier ciudadano portugués o español puede comprender hoy fácilmente, teniendo en cuenta criterios económicos, geográficos, políticos y culturales, que nada sería más beneficioso para todos que una unión "federal" de las dos naciones, adopte esta relación la forma de confluencia, integración, cooperación o coordinación, que de todo podría haber. Dos naciones soberanas que unen sus fuerzas y recursos para potenciar su economía, su turismo, su cultura, su agricultura, sus lenguas, sus vías de comunicación (trenes, autopistas, rutas marítimas y aéreas), la protección de la naturaleza y el patrimonio histórico, organizar su defensa, promover la igualdad, etc.

Un plan así nos protegería, no sólo ante un mundo global sometido a imprevisibles tensiones geoestratégicas y políticas, sino ante una Europa que está empezando a dar peligrosos síntomas de desconcierto y desvarío.

jueves, 19 de diciembre de 2019

DE POLÍTICA Y LITERATURA



La semana pasada he asistido a dos actos de los que he sido protagonista. No es que yo tenga demasiada vida social, pero esta coincidencia me invita a reflexionar sobre la utilidad de cierta actividad intelectual que, como es mi caso, oscila entre el compromiso político y la pasión literaria. Uno de ellos fue la conferencia que di en el Casino de Madrid con el título "Cataluña y España", y el otro, la presentación de mi libro "Confesiones de don Quijote" en la Casa de León en Madrid. Del Casino a la Casa, de la política a la literatura.

Toda la política española pasa hoy por esas dos palabras, Cataluña y España, sobre cuyo significado y relación versó mi conferencia del Casino (no le llamo charla, al menos por respeto a la belleza arquitectónica de uno de los edificios más singulares de Madrid). Me invitó a participar el leonés Isidro González, el mayor experto en la historia de los judíos en España. Entre los asistentes se encontraban Amando de Miguel, Pepe Carralero y José María Vizcay, tres de los firmantes del "Manifiesto de los 2.300", la primera denuncia contra el proyecto catalanista que, casi cuarenta años después, ha desembocado en la rebelión separatista.

Frente a la perversa proclamación de Cataluña como nación, hecha por Iceta y sus mariachis, hemos de repetir incansablemente que Cataluña no es una nación, ni lo es, ni lo ha sido, ni lo será, salvo que España desparezca y los españoles lo consintamos. Si así ocurriera, significaría que aceptábamos la usurpación de algo que es propiedad de todos, por una minoría privilegiada y corrupta, que aspira a destruir el Estado democrático que hoy defiende el bien común y la igualdad de todos los españoles. Repitamos, hasta que le supuren los oídos a los independentistas, que Cataluña no es de los catalanes, como no lo es Extremadura de los extremeños, ni Galicia de los gallegos. Que todo es de todos por igual, sin que nadie tenga derecho alguno a trocearlo, apropiárselo y destruir lo que ha sido construido por todos durante siglos.

Parece mentira que todavía hoy siga el PSOE con la cantinela del federalismo, eufemismo que no sería más que el paso previo al independentismo. Lo ha dicho Tardà de modo inequívoco: "Vamos a hacer con la izquierda española una parte del viaje hasta la estación federal. Cuando lleguemos al estado federal español la izquierda española bajará del tren y nosotros continuaremos hasta la estación final, que es la república de Cataluña". Y añade, por si alguno no lo ha entendido bien: "Si reconocen Cataluña como nación tienen que reconocer el derecho a decidir, y tienen que autorizar el referéndum". Y ese referéndum, "aunque (lo) perdiéramos, ganaríamos. Si haces un referéndum, ¿por qué no dos o tres?"

El texto teatral "Confesiones de don Quijote" fue presentado por Paúl Sarmiento, Juan Margallo y José María Merino. Agradezco el entusiasmo de Sarmiento, el humor cervantino de Margallo y la sabiduría académica de Merino que, lejos de reservas o prevenciones, destacó las huellas judías y leonesas que yo he descubierto en el Quijote y las hizo suyas. Uno, acostumbrado a caminar entre abruptas peñas literarias, cruzar arroyos y buscar sendas escondidas, se sorprende a veces al encontrar en su camino a otros, si no tan solitarios, sí igualmente empeñados en seguir su propia ruta. Compartir la misma pasión cervantina es, sin duda, uno de los fundamentos más sólidos de la amistad.

Volviendo al principio, me pregunto qué sentido tienen estos actos y ceremonias, en que un grupo se reúne para hablar de lo que le preocupa (la grave situación de nuestro país) o le apasiona (la literatura, el teatro). Mi respuesta es que no lo sé. No sé hasta qué punto uno puede influir en los demás, en sus ideas, pasiones y sentimientos.

Lo que sí sé es que la propia vida me empuja a compartir por igual inquietudes políticas y literarias. Y que es difícil separar lo uno de lo otro, sobre todo cuando tiene uno la misma sensación de amenaza, de destrucción de aquello que considera fundamental para su vida y la de los otros: por un lado, la paz y la convivencia, la unidad nacional, la igualdad, la lucha contra los explotadores y usurpadores del bien común; por otro, la creación del arte y la literatura, el disfrutar con los buenos libros, el gozar con el inagotable estímulo cervantino. Pues habrá que seguir.







jueves, 12 de diciembre de 2019

ANESTESIA NACIONAL


Anestesiar, adormecer, sedar. Poco a poco ir perdiendo la conciencia de lo que nos rodea para ir entrando en un mundo de seráfica ingravidez. Van a hacerte una operación de amputación en 3D y lo mejor es que no te enteres, que no sientas ni padezcas. Todo está controlado y en manos de expertos cirujanos. Ha llegado la hora. Hay que intervenir para curar. No podemos seguir así, sin asumir la realidad, sin encarar el problema.

"La realidad española es la que es", ha escrito, exhausto el cráneo, un equidistante columnista de El País ("Acatar... la realidad española", titula su artículo). Es un compendio del plan nacional diseñado para inducirnos al "acatamiento", a la sumisión y la resignación a la que estamos fatalmente llamados: acatar, cumplir inexorablemente la ley, el mandato de la realidad, suprema e incontestable norma. Hasta lo argumenta echando mano de un supuesto ADN histórico.

Dice que todo sería más sencillo si "el país" tuviera algo de lo que goza Europa: "la institucionalidad británica", "la consistencia alemana", "la habilidad italiana" o "la cohesión territorial francesa". Se refiere al "conflicto territorial", del que asegura "es parte de la identidad española", lo mismo que es "consustancial la pulsión de cuestionar las instituciones", o "la tradición de polarización trincherista". Si tuviéramos algo de lo que Europa tiene...

Pero aquí tenemos un Parlamento con 17 partidos y "con eso toca legislar y hacer Gobierno", nos aclara apelando a Perogrullo. De acuerdo con "la aritmética votada por los ciudadanos" (parece que los ciudadanos votamos con calculadora en mano), sólo existen dos opciones: A (coalición PSOE con PP y Cs) o B (PSOE-Podemos con ERC). Dado que la A es imposible, "sólo queda el otro pacto. Por más que se ponga el grito en el cielo, sobre todo en el cielo mesetario, no hay más".

Reparen en lo del "cielo mesetario", que se suma a los tópicos esencialistas ligados a la "identidad española". Tanto rodeo para acabar al final repitiendo (dos veces, para que quede claro): "Hay que acatar la Constitución, pero también hay que acatar la realidad del país". Y: "Hay que sumar con lo que hay, acatando la Constitución pero acatando también la realidad".

La clave está en ese "pero" adversativo, que funciona en realidad como una disyunción de incompatibilidad: o Constitución o realidad. La realidad es lo que se impone, lo sensato, lo que no tendremos más remedio que aceptar si queremos, no sólo salir del actual bloqueo, sino solucionar nuestro atávico "conflicto territorial". Lo demás es "entretenerse en fantasías".

Hacia ahí vamos. Oiremos este mensaje de ahora en adelante hasta la hartura, por no decir el vómito. Que con la Constitución, con el acatamiento a la Constitución no vamos a ningún lado. Que hay algo que está por encima de la Constitución: la realidad, aunque esa realidad sea la rebelión independentista, a la que, con lítotes provocativa, se llama "conflicto político", que es como si al atraco a mano armada de un banco le llamáramos "conflicto financiero".

Sólo les preocupa una cosa: cómo hacer tragar este sapo jurásico a los españoles, cómo ir aplicando el somnífero en vena día a día sin que se note. Tienen medios poderosos para hacerlo, gota a gota, artículo a artículo, pantalla a pantalla, tertuliano a tertuliano, consejo de ministros a consejo de ministros, juez a juez, empresario a empresario, abrazo a abrazo. Álvarez Junco ya lo expresó hace tiempo con apabullante tesis: “Desde un punto de vista lógico, de pura filosofía política, dos nacionalismos son incompatibles. No puede haber dos soberanos en un mismo territorio. Desde el punto de vista práctico, a lo mejor no queda otro remedio”.

¡Es la realidad, hermano! La realidad del círculo-cuadrado, del huevo-castaña, del pan-como-unas- hostias. ¿Dos naciones en un mismo territorio? No, ocho. De momento ocho, que las ha recontado una a una Iceta colocándolas como garbancitos sobre su barriguita. Porque nacionalidad y nación son mismo, lo dice la realidad oculta de la Constitución, que es realidad verdadera.

Que a lo mejor no queda otro remedio: ésta es la consigna. Porque nuestra Constitución es muy abierta, y si no cabe en la Constitución, peor para la Constitución. Ya lo dijo Ábalos, esa inteligencia superdotada agazapada entre dos ojillos: "Tenemos que buscar un cauce de expresión para que no sea necesario que nadie tenga que recurrir a vulnerar el ordenamiento jurídico". El separatismo avanza imparable: la violencia es pacífica, los tsunamis son democráticos, la independencia cabe en la Constitución.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Homenaje a la Resistencia en Cataluña




Suena a homenaje a veteranos de guerra, brigadistas y exiliados. De la Resistencia francesa a la Resistencia catalana. La diferencia es que esta guerra no ha acabado, más bien está en sus comienzos. Por eso fue, más que una evocación, un recuento de efectivos, un analizar dónde estamos, una llamada para unir fuerzas y darse ánimos. El acto tuvo lugar en Barcelona el pasado sábado. Asistí como homenajeado por ser uno de los primeros en intentar organizar esa Resistencia allá por el año prehistórico de 1981, cuando escribí un "Manifiesto por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña" conocido como el "Manifiesto de los 2.300", epítome que recuerda a los 300 espartanos de la Guerra de las Termópilas.

La iniciativa fue de Cayetana Álvarez de Toledo, y sólo ella podía reunir a personas de muy diversa orientación política, porque si algo compartimos los resistentes convocados es el reconocimiento a la honestidad política y la determinación democrática de Cayetana en contra el nacionalseparatismo. Fue un acto importante, y sólo el futuro dirá si señala el inicio de un cambio radical en la lucha contra la rebelión secesionista y la urgente necesidad de una reorganización de todas las fuerzas resistentes actuales. Recibimos el homenaje unos pocos de los miles que a lo largo de casi cuarenta años hemos combatido el independentismo, el proyecto más abyecto, clasista y reaccionario surgido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Allí nos reunimos Antonio Robles, Pepe Domingo, Teresa G. Barbat, Marita Rodríguez, Aleix Vidal-Quadras, Arcadi Espada, Ana Losada, Julia Moreno, en pantalla Albert Boadella y en voz Francesc de Carreras y Félix Ovejero. Nuestras intervenciones están accesibles a quien quiera a través de YouTube. Inició el acto Alejandro Fernández, responsable del PP de Cataluña, y lo cerró Cayetana, que se presenta a la reelección como diputada por Barcelona. Quisiera comentar estas dos intervenciones, que deberían destacarse como uno de los hechos más importantes de la actual campaña electoral.

Tanto Alejandro como Cayetana quisieron dejar claro que no compartían la política de apaciguamiento, entreguismo, apaños e incluso colaboracionismo que durante tantos años había tenido el PP con relación al nacionalismo pujolista, que es quien nos ha llevado hasta aquí. Reconocer este error, este inmenso error, hacer autocrítica y pedir perdón por el abandono, además, en que se ha dejado al constitucionalismo en Cataluña, es un acto de valentía política destacable por lo insólito y tan contrario a la práctica de todos los partidos. Porque ellos han hablado, no a título individual, sino en nombre del partido al que representan.

Se debería cerrar así una etapa de desvarío y claudicación del PP en Cataluña, lo que significa aceptar una culpa compartida por el marianismo y el aznarismo que, entre otros baldones, lleva en su fardel la aceptación de la inmersión (imposición) lingüística, la pérdida del control de los Mozos de Escuadra o el bochorno del 9-N y el 1-O. Y hemos de recordar que todo empezó con la decapitación política de Alejo Vidal-Quadras, que fue precisamente uno de los más justamente homenajeados y quien, en su intervención, dio un ejemplo de elegancia y humor extraordinarios.

Hay quienes han criticado esta rectificación por llegar tarde, ser poco creíble o incluso meramente electoral. Bastaría observar la reacción que ha provocado entre algunos miembros del PP para darse cuenta de que, por el contrario, es un gesto de valentía que no responde a cálculos mezquinos y personales. Un decálogo tan nítido y explícito como el expuesto por Cayetana en su intervención es algo que, o se hace con total sinceridad y compromiso, o no habrá modo alguno de ocultarlo ni de acomodarlo a conveniencias del futuro.

Pero hay más. El acto de rectificación y el compromiso adquirido es algo que, o se extiende a todo el PP y marca un cambio real en la política del partido, no sólo en Cataluña, sino en toda España, o, si esto no ocurre, el futuro que nos espera será más negro que la boca de cien lobos. Por eso es tan importante que triunfen las ideas y la actitud insobornable de Cayetana en el seno del PP, algo que va mucho más allá de las guerras internas y personales por el poder. Y lo digo yo, persona de izquierdas, y que, precisamente por serlo, acudí a este acto. Dado que el PSOE es ya irrecuperable, al menos que el PP se libre del nacionalismo y el marianismo de los Feijóo, Alonsos, Bieles y Sorayas.

sábado, 19 de octubre de 2019

POST SENTENTIAM



Es inevitable. Hablemos de la sentencia. Nada más importante hoy. Nada más importante hoy que el post. Post partum, post coitum, post facio, post mortem. Ya vivimos en el post. ¿Y ahora qué?

Primero, la sentencia: meliflua, acomodaticia, farragosa hasta encubrir y negar los hechos; no ya benevolente, sino jurídica, política y socialmente insultante. Ahora ya puedo decirlo: nunca fui admirador de Marchena, al que los mismos que ahora se lamentan de la sentencia lo pusieron en el Olimpo democrático. Pue no. Pues resulta que ha actuado más preocupado por su imagen que por ejercer su labor de juez sin parte. Ni siquiera se ha atrevido a impedir la aplicación del tercer grado antes de cumplida la mitad de la condena. ¿Resultado? Los condenados ya están prácticamente en la calle. Absolución de facto.

Todo esto no hay por dónde cogerlo, ni cogitarlo, ni regurgitarlo. No ha habido rebelión, sólo desórdenes públicos. La violencia no fue instrumental, no buscaba la secesión, sino sólo la negociación. Lo que ocurrió no fue nada, porque el "riesgo ha de ser real y no mera ensoñación o un artificio engañoso para movilizar a los ciudadanos", dicta la sentencia. Así que todo lo que ocurrió fue una ensoñación, una alucinación. Pero si fue un sueño, un delirio, ¿a qué viene el juzgarlo y condenarlo? Es la misma doctrina que la de aquellos jueces alemanes que dejaron libre a Puigdemont. La violencia no ha sido violencia, y, además, ha sido insuficiente. ¿Y derogar la Constitución, sustituir una legalidad por otra, proclamar la independencia, realizar un referéndum ilegal, atacar tumultuariamente a la policía y a los jueces...? Nada, ilusión.

"Los ilusionados ciudadanos que creían que un resultado positivo del llamado referéndum de autodeterminación conduciría al ansiado horizonte de una república soberana, desconocían que el derecho a decidir había mutado y se había convertido en un atípico derecho a presionar. Pese a ello, los acusados propiciaron un entramado jurídico paralelo al vigente y promovieron un referéndum carente de todas las garantías democráticas. Los ciudadanos fueron movilizados para demostrar que los jueces en Cataluña habían perdido su capacidad jurisdiccional y fueron, además, expuestos a la compulsión personal mediante la que el ordenamiento jurídico garantiza la ejecución de las decisiones judiciales". Pobres ciudadanos ilusionados, engañados por los políticos. No, esto no es una ilusión, ¡es la prosa de la sentencia!

Los "condenados" pasarán a depender de la Generalidad. Saldrán cuando quieran. Harán dentro y fuera lo que les dé la gana. Se les aplicará el tercer grado, el décimo o el grado cero. Serán homenajeados, nimbados. Tendrán la aureola de mártires. No devolverán nada del dinero malversado, robado, dedicado a la causa. El cumplimiento de las "condenas" dependerá de sus seguidores y defensores, los mismos que niegan que sean culpables de nada. Ya lo han hecho con Oriol Pujol. Y acabarán concediéndoles el indulto, al que llamarán amnistía.

Pero más me preocupa el post del post. Porque con esta sentencia ya pasamos directamente a la siguiente fase, la próxima estación, el próximo golpe-no-golpe, la fase de la reforma constitucional, del blindaje de competencias, de la plurinacionalidad, de la soberanía compartida, de la independencia-no-independencia. La España desguazada. La España de los jueces de la ensoñación, la España de los políticos del apaciguamiento.

Dijo al comienzo del juicio a estos golpistas (ahora ya será delito el llamarlos así) el fiscal Javier Zaragoza que ése era un juicio a la democracia española. ¡Y vaya si lo ha sido! Una democracia pusilánime, incapaz de defenderse de quienes la destruyen desde dentro. Juzgada y sentenciada como una democracia débil, acomplejada ante Europa, ante los separatistas, ante los privilegiados, ante los supremacistas, ante las oligarquías, el carlismo renovado y el neofalangismo nacionalista.

El problema ya no es sólo de los políticos y del poder desmesurado de los partidos, de la ley electoral que no se quiere reformar, del aberrante sistema autonómico, de la aceptación de las desigualdades. Hemos de añadir a todo esto el problema del poder judicial, un poder cada día más corrupto, dependiente y encamado con el poder político y económico, al que sirve porque ya forma parte de él. Todo este poder se pondrá manos a la obra para convencernos de que no hay otra salida que la claudicación ante el separatismo, entreguismo que camuflarán de acuerdo, convivencia, diálogo, democracia.

Esta sentencia, sí, inicia una nueva era. ¿De claudicación en claudicación, hasta la claudicación final? Costará mucho el impedirlo.

jueves, 10 de octubre de 2019

¿AHORA ESPAÑA?


"Ahora, España", dice el PSOE. (¿Y antes, qué? ¿Y mañana?)
"España en marcha", anuncia Ciudadanos. (¿Hacia dónde? ¿Marchons, Macron?)
"España siempre", proclama Vox. (¿Siempre la misma, siempre igual?)
"¿Izquierda o derecha? España", descubre el PP. (¿Todos iguales?)
"Más país, más España", titubea Errejón. (¿Qué país, qué España? ¿Más de qué?)
"España plurinacional", pregona Pablo Iglesias. (¿Cuántas naciones, cuántas oligarquías?)

¿Pero qué meteorito ha cruzado el cielo, qué tormenta solar, qué cambio ha sufrido el eje de la Tierra para que, de pronto, la palabra maldita, la palabra borrada, excluida, aparezca en casi todos los eslóganes, carteles, reclamos políticos y en boca de los mismos que hasta hace un telediario la rehuían, negaban o denigraban por franquista? Basta comprobar este cambio repentino para desconfiar de tan exagerada exhibición patriótica. Aquí hay gato, rata o pollo encerrado. Huele a chamusquina, a cuerno quemado. Para quienes hemos defendido siempre la palabra España por ser el nombre propio más apropiado para referirnos a una realidad común (a todo aquello que nos ha unido desde siglos y nos sigue uniendo hoy) esta unanimidad nos pone sobre aviso, porque es imposible no ver en ello oportunismo, cinismo y manipulación descarada.

Porque, y esta es una primera evidencia, cuando unos y otros dicen "España" está claro que no sólo no quieren decir lo mismo, sino hasta lo contrario. Por ejemplo, si hasta ayer por la noche para Pedro Sánchez España era una "nación de naciones" (cuatro, dijo: País Vasco, Cataluña, Galicia y...¡España!, o como quisiera llamarse lo que quedare), ¿ahora qué es? ¿Y qué es España para Errejón y Pablo Iglesias, para Iceta y para Feijóo, para el asturianista Barbón, la eukalduna Chivite o la andalucista Teresa Rodríguez?

Pero lo peor es que esta España indefinida e indefinible del PSOE (¿recuerdan a Zapatero, y a Pedro Sánchez explicándonos qué es una nación?), no acaba de estar clara ni para el PP, que se ha dejado contaminar del nacionalforalismo vasco, el nacionalismo gallego y el autonomismo disgregador, todo lo cual indica que su idea de España es de papel y pandereta, incapaz de enfrentarse a la tendencia caciquil de las oligarquías locales, empezando por al separatismo, tal y como hizo Rajoy, al que Pablo Casado parece que quiere resucitar.

Este intento burdo de apropiarse de una palabra hasta ahora cargada de sentido (el de la igualdad, en todos los sentidos), puede pasar a convertirse en un significante vacío, una maniobra perversa de imprevisibles consecuencias. Sólo faltaba que nos quedáramos sin la palabra España por ser imposible ponernos de acuerdo en su significado y que acabara significando lo que a cada uno le diera la gana. Esa sí que sería una España vacía y vaciada.

Lo positivo es que esta pirueta propagandística nace de un hecho fundamental, que no es otro que el resurgir del sentimiento natural de pertenencia y supervivencia que el pueblo español (recuperemos la palabra en su pleno sentido democrático, histórico y político) ha empezado a manifestar y exhibir sin complejos, tal y como hizo hace dos años en Barcelona el 8 de octubre y que sacó a la luz una realidad oculta, pero no por ello inexistente. Es el miedo a que ese movimiento soterrado acabe desbaratando el actual equilibrio político, tan poco cimentado, lo que ha movido a quienes mueven los hilos de los partidos y orientan a sus líderes, a cambiar de estrategia y ponerles en la boca la palabra España, conocedores de la fuerza y la capacidad de arrastre electoral que este referente todavía encierra.

Algo hemos avanzado, sin duda, y ojalá logremos despojar del tufo franquista que los disgregadores de todo tipo (de separatistas a federalistas, de podemitas a nacionalistas) se han empeñado en arrojar sobre la palabra España, maniobra en la que hasta ahora han tenido mucho éxito. Frente al "Estado español", que todavía mantiene el PNV, o la "Puta Espanya" de los CDR de Puigdemont y Torra, bienvenida sea esta recuperación de la palabra España, aunque sea por puro cálculo electoral.

De nosotros, los votantes, depende el saber distinguir entre los oportunistas y manipuladores de turno, que hoy usan esta palabra para prostituirla y desvirtuarla mañana, de quienes respetan su valor y sentido, que no es otro que el de afianzar la unidad política, igualitaria, de derechos y obligaciones, entre todos los españoles. Llegar hasta las últimas consecuencias de esta simple afirmación es algo que ningún partido parece hoy estar dispuesto a asumir. Pero quién sabe. Algo, de momento, parece que ha cambiado.

martes, 1 de octubre de 2019

EL NIÑO PUJOL




Nuestra mente sólo descansa cuando encuentra una explicación coherente a las cosas que nos suceden o nos preocupan. El mundo es en sí mismo irracional e incomprensible. Para darle estabilidad y sentido, buscamos constantemente un origen causal con el que, aunque sólo sea de modo provisional, calmar la inquietud que nos produce lo imprevisible e incontrolable. Por el mismo motivo reelaboramos nuestro pasado para dotarle de un sentido tranquilizador. He aquí un ejemplo. Lo he tomado del avance de un libro titulado "Pujol: todo era mentira", de próxima aparición.

Al parecer, Jordi Pujol, a los doce años, sufrió un trastorno obsesivo-compulsivo que le llevó a acudir a un psiquiatra prestigioso, el doctor Moragas, quien le puso en manos de un cura amigo que hizo de psicoterapeuta durante meses hasta lograr la remisión del cuadro psicótico que presentaba (no sabemos cómo lo logró). Pujol, en sus memorias, reelabora el percance hasta quitarle toda importancia. Dice: "Yo con 12 años tenía la cabeza llena de cavilación. Me llevaron al doctor Moragas, un psiquiatra infantil de prestigio. Me pidió que hiciera dibujos. El diagnóstico fue: Este niño nunca será un buen dibujante, pero... sabrá sacar buen provecho a la vida". ¡Ja ja! La realidad fue muy distinta.

En un libro del doctor Moragas, "Niños psicópatas", aparece esta ficha que coincide con la del niño Pujol: "Caso 5º. Ficha número 2348. Chico de 12 años. Una hermana menor. Sin antecedentes. Hace tres meses, ante las imágenes religiosas y especialmente ante el Santísimo Sacramento, cree ver imágenes de contenido coprológico y erótico. Confunde en sus pensamientos a Jesús con Judas. Cree que todo lo que piensa es pecado [...]. Después de unos meses de psicoterapia con el confesor han desaparecido las imágenes desviadas y las ideas de culpabilidad han remitido".

Sufrir alucinaciones es para Pujol "tener la cabeza llena de cavilación". Lo sorprendente es que las imágenes piadosas se transformen en materia fecal y erotógena. He analizado en otro lugar la peculiar relación del catalán (la lengua) y la cultura catalana (pintura, teatro, humor, tradiciones), con la pulsión anal. Parece que Pujol confirma mi teoría. ¿Y eso de confundir a Jesús con Judas? ¡Mira que es estrambótico!; pero premonitorio. Sabiduría del inconsciente, la voz del deseo: "todo lo que piensa es pecado"..., pero aprendió a desviar la culpa, y gracias a un cura.

Judas es símbolo de traición, pero también de avaricia. Es como si el ser que iba a ser Pujol, ya estuviera bullendo en su cabeza y cuerpo desde su más tierna infancia y eso asustara al mismo Pujolín. Me recuerda el caso del niño Adolf Hitler, que también sufrió algún trastorno y Freud, consultado por el médico Ernest Bloch, aconsejó a su familia que lo ingresaran en un centro de salud mental (su padre no hizo caso y ya vimos a dónde llegó).

No sabemos hasta qué punto los conflictos de la infancia y adolescencia condicionan nuestra vida, pero sin duda son siempre reveladores. Yo veo en estos desvaríos y cavilaciones del pequeño Pujol un resumen cabalístico de lo que será su futuro: la fascinación coprofágica del dinero, transformando lo más sagrado (el Santísimo Sacramento y la Santísima Patria) en tentación erótica; la confusión entre el bien y el mal, intercambiables; el refugio en el secreto bancario del confesionario y la utilización de los faldones clericales y montserratinos para bendecir las "desviaciones" y alejar cualquier sentimiento de culpa. Sí, toda esta maestría libidinosa debe exigir un aprendizaje infantil precoz y cavilante.

Desconocemos la encrucijada infantil en la que pudo quedar varado Pedro Sánchez, pero no creo sea muy descabellado el imaginar una lucha agónica por llegar a ser lo que creía ser, una ansiosa necesidad de imponerse y ser visto y reconocido casi a la legua, siempre un palmo por encima de cualquiera (también de la chusma obrera e intelectual), todo lo cual acueró su rostro y su carácter, tieso y desconfiado, temeroso de mostrar cualquier debilidad.

Hay estudios que afirman que en España hay más de seis millones de psicópatas, un millón de psicópatas puros, y otros cinco de psicópatas más o menos integrados. Más de un 10%. Muchos, oiga. Lo que no sabemos es dónde se concentran más. La política yo creo que es un buen abrevadero de esta lobifauna. Los electores deberíamos exigir que, al menos los cabeza de lista, fueran examinados por un equipo de expertos cuyo veredicto fuera inapelable: apto/no apto, personalidad normal/personalidad psicopática.

viernes, 13 de septiembre de 2019

FRASES AL VUELO



Cogidas al vuelo, decimos. Vuelan los pájaros, pero a los pájaros es muy difícil cogerlos al vuelo. Trata de cazar a mano a un vencejo o a una golondrina. Ni siquiera a un pardal o a un verdecillo. Y menos a un murciélago. ¡Oh, los murciélagos! Son fascinantes. Hay más de 1100 especies distintas. Uno, al que llaman murciélago moscardón, sólo pesa ¡dos gramos! Otros pueden tener hasta metro y medio de envergadura. A los hematófagos (los que se alimentan de sangre) les llamamos vampiros. Todos son mamíferos. Científicamente, 'quirópteros', del griego, palabra sintética, mano-ala. En catalán le llaman "ratpenat", rata alada, que a mí me suena a 'ratpelat', rata pelada.

Bueno, quiero decir que por el cielo informativo vuelan frases y uno trata de cogerlas al vuelo, y a veces atrapa a alguna, por aquello de que más vale una en mano que ciento en el ojo, o sea, volando y pasando tan fugaces que ni siquiera caemos en la cuenta del excremento que sueltan, porque las aves excretan líquido y sólido a la vez, y casi siempre lo hacen al vuelo, caiga sobre quien caiga. Digo que, aunque todo pasa muy efímeramente ante nuestros ojos y oídos, hay algunas frases que merece la pena cazarlas al vuelo y dejar constancia de que fueron dichas.

Dice Monedero: "la política está ahora podrida". ¿Desde cuándo? Ese 'ahora' se refiere a lo que está pasando entre Podemos y el PSOE. Entiéndase, por tanto, que es una podredumbre nueva que hemos de añadir a la otra, la de la casta. Alguien la ha llamado, acertadamente, la 'progredumbre'. Él, monedero en mano (sí, es chiste facilón), debe saber de todo esto mucho y bien después de aquél casi medio kilo de euros que le llegó por vía diplomática de Venezuela y demás países hermanos.

Dice la alcaldesa Colau: "Barcelona está entre las ciudades más seguras del mundo", y quienes afirman lo contrario "están mintiendo. Es vergonzoso escuchar al señor Casado que en Barcelona te apuñalan por la calle". Dígaselo, señora abadesa, a la familia de las 15 personas que han muerto en lo que va de año apuñaladas en las calles más seguras del mundo. Pero, añade, para redondear la faena con el faldón progresista: "Mi prioridad institucional es que (los presos políticos) salgan de la cárcel como sea". "Esto sí que es un objetivo de país: que salgan de prisión". ¡Vaya sensibilidad social! ¡Toma gobierno de coalición, Pablito!

Dice el independentista catalán Óscar Camps, el negrero rescatador de pobres 'migrantes' africanos: "El rescate no es un objetivo, es una obligación. Los rescates deben hacerse sí o sí, si te los encuentras. Es lo que dice la ley". La ley dice salvar a náufragos, no a personas que pagan un dineral para que los lleven en un barco hasta aguas internacionales, les dejen luego en unas lanchas cerquita de otro barco que les espera para 'rescatarlos' y con ello asegurar un negocio redondo, el que va de las mafias a la 'butxaca' de Camps, ese intrépido campeador, icono mundial de la solidaridad, que lucha contra los poderosos recibiendo más de medio millón de euros de su amiga Colau, al que añádase casi otro millón de 287 ayuntamientos catalanes: en 1917, la fritanga de calamares rebozados de 3,6 millones de euros en subvenciones recibidas (con los brazos abiertos, open arms) de acá y de allá. Pero gallito y victimista, añade: "Si salvo una vida, que me multen y que me embarguen todo mi capital". Sí que tiene 'capital': vive en un chalé de lujo a lo Iglesias y está pagando 4000 euros mensuales de hipoteca por otras dos casas.

Vayan otras frasecitas volando que no tengo espacio para comentar, aunque lo hacen por sí solas. Cifuentes: "Las he pasado muy putas, pero siempre he caído con la cabeza muy alta". Y Iñaki Anasagasti, ese carlista calvorota del PNV, dirigiéndose a Cayetana Álvarez de Toledo en twitter: "Una estúpida, pija, creída y arrogante. Ah... y muy facha". Y Miquel Buch, consejero de la Generalidad: "El Estado me debe dinero que se ha comprometido a pagarme". Reparen en el 'me' duplicado. Y concluyo con la ínclita cebollina Pilar Rahola: "El rey de España se te acerca, te dice que tienes mal el pecho y te toca y hace zumo de naranja". ¡Y lo hizo delante de todo el mundo, según cuenta!

miércoles, 17 de julio de 2019

CAMPAÑA DE LIMPIEZA LINGÜÍSTICA DE COLAU


El Ayuntamiento de Colau, con el dinero de todos, ha editado una Guía de comunicación inclusiva para construir un mundo más igualitario. ¡77.000 copias, 28 páginas, exclusivas, deslumbrantes, esperpénticas! Compendio de escupitajos al diccionario, patadas a la gramática, coces a la semántica. Gran meada, riego por aspersión sobre el asfalto sintáctico, de pie, al estilo de la Colau rompeaguas, activista. Cundirá el ejemplo. Veremos a los ayuntamientos del recambio imitar la proeza. Preparen el cerebro, embalsamen la lengua, hagan ejercicios de contención gutural. Llega la redención lingüística. Acicalados, almidonados, hipervigilantes para que no se nos escape ni un suspiro fuera de catálogo. Progresísimos, ciudadanos concienciados aportando nuestro granito de alpiste al canario de la empatía, la tolerancia, el abrazo inclusivo: llega la epifanía, todos a comulgar, a fundir nuestros corazones y a luchar contra la xenofobia, la lgtbiq+fobia, la canariofobia, la imperiofobia.

Lo que más me sorprende no sé si es la becerril ignoranciaque sus promotores manifiestan, o la cabestril arroganciacon que la nueva clerigalla retroprogre impone su catecismo, establece normas y extiende su legaña vigilante sobre la sociedad. Su obsesión de control y dominio sobre cuerpos, mentes y lenguas, es lo más parecido a la tiranía de los ayatolás. Está claro que cuanto más irracional, cuanto más contraria al sentido común, mayor impacto (temor, respeto) produce una norma totalitaria. 

La lengua es un bien común, propiedad de todos los hablantes. Nadie es dueño de ella, nadie puede imponer sus propias normas. Las normas son convenciones que nacen del uso, y el uso de la interrelación y la necesidad comunicativa. La lengua es el resultado de la creatividad colectiva y responde a leyes naturales, como son la claridad, la economía, la eficacia, el establecimiento de vínculos emocionales, la espontaneidad. Evoluciona de modo natural en función de nuevas necesidades comunicativas, ya sea por un mejor conocimiento del mundo, la aparición de nuevas realidades, nuevos valores y estímulos. Las normas estabilizan los usos más frecuentes y comunes, pero no imponen ni inventan nada.

El poder político nada tiene que hacer ni decir, ni mandar ni prohibir, ni meter la mano, la pata o la lengua en el uso que los hablantes hacen libremente de una lengua; es un terrero totalmente ajeno a las funciones que podemos exigirle al Estado. El conocimiento de la lengua común y oficial es un derecho individual que el Estado debe asegurar, pero eso nada tiene que ver con el funcionamiento y uso de esa lengua. El Estado no es dueño de ninguna lengua ni puede intervenir en sus normas internas y usos.

Las Colau, con cretina soberbia, quieren imponer un modo de hablar, de entonar, de gesticular y de definir las palabras de acuerdo a una ideología obtusa, ovejuna, que consideran superior, oponiéndose a lo que los hablantes han construido y construyen libremente cada día con la lengua que utilizan. El lenguaje se rige por un principio democrático: prevalece lo que la mayoría quiere. Pretender torcer y retorcer esa voluntad es lo más antidemocrático que podamos imaginar, porque afecta a la vida diaria de todos (la vida interior y la vida social: vivir es hablar, consigo mismo y con los otros). Imponer desde el púlpito institucional un modo de hablar y de pensar, mojigato y pedante, es algo tan clasista que espanta comprobar el grado de degeneración mental y moral al que puede llegar esta secta.

Además, si analizamos la alternativa que ofrecen para desterrar los términos reprobados (patriarcales, machistas, xenófobos...) resulta muchas veces más ofensiva y excluyente que lo que pretende erradicar. He aquí unos ejemplos. Nos proponen que no llamemos a nadie "negro", sino "persona negra" o "persona racializada"; no "abuelo o abuela", sino "persona mayor"; no "discapacitado", sino "persona en situación de discapacidad"; no "cojo", sino "personaconmovilidadreducida"; no "ciego", sino "persona con ceguera" (que desaparezca la ONCE, por machista); no "esquizofrénico", sino "persona con un trastorno de esquizofrenia"; no "bipolar", sino "voluble"; no "estoy depre", sino "tengo un día triste", etc. ¡Dicen que así defienden a los "colectivos vulnerabilizados"!


Esta neolengua cursi acaba haciendo más visible aquello que pretende negar, como cuando en lugar del "vete a tomar por el culo" nos propone un "vete a freír espárragos", estigmatizando aún más el sexo anal que es precisamente una legítima reivindicación homosexual. Todo sigue la misma senda del disparate. "Somos personas plurales", "una persona se puede definir por múltiples ejes", y "estos ejes identitarios nunca deben jerarquizarse unos por encima de otros". Esto supone que cuando nos dirijamos a una persona debemos nombrarla a partir de todos sus ejes. Por ejemplo, a un senegalés deprimido y con muletas, debemos tratarle como "persona racializada con movilidad reducida que tiene un día triste". Y sin jerarquizar los ejes para que no se caiga.

Si no actuamos así, con esta delicadeza sintáctica, es como "consecuencia de la colonialidad y el racismo". Pero hay más: no debemos decir "terrorismo yihadista o islámico", sino de al Qaeda, el Daesh... Nada que ver con el islam, ni Mahoma, ni el Corán... Hay que partir el terrorismo por el eje para no confundir los ejes de la carreta. Ya cantó Atahualpa: "Porque no engraso los ejes, me llaman abandonao"...

Y no digas que vas "al paki, al badulaque o al chino"... ¡sino al supermercado! Identificar a alguien sólo por el eje del origen es rebajar su dignidad. Eso huele a racismo. Porque, además, no puedes llamar a nadie "inmigrante ilegal", porque "ninguna persona es ilegal", lo mismo que "no hay nadie normal, todo el mundo es diferente", así que no te ofendas cuando alguien te diga que no eres normal, tío-tía. Tampoco digas "trabajar como un negro", aunque la expresión nazca precisamente de denunciar el trabajo esclavizante de los negros. Y lo de "moros en la costa"... ¡vade retro, Satanás, que son personas del Magreb! Y no se te ocurra decir "mi mujer o mi esposa", sino "mi pareja o mi cónyuge".

Pero la guía municipal va más allá: no presupongas nunca "que una persona con cuerpo de macho se identificará como hombre y tendrá comportamientos 'masculinos', y una persona con cuerpo de hembra se identificará como mujer y tendrá comportamiento 'femenino'. Además,(tampoco) consideres que los hombres y las mujeres son complementarios y se atraen sexualmente",porque"esta cuestión es mucho más compleja". O sea, cuando veas a una persona piensa que es un marciano sin sexo y espera a que él-ella-ello te diga cuál es la preferencia sexual que le-la-lo define. Y si ves a un toro, no mires qué le cuelga entre las piernas, porque la naturaleza se equivoca muchas veces. En todo caso, si ves a un niño, piensa que es una niña, y viceversa; o mejor, no pienses nada, déjale ser lgtbiq+, que él elija su camino sin interferencias morfosintácticas heteropatriarcales.

Y un pasito más. Si ves llorar a una niña, no pienses que llora como una niña, ni se te pase semejante barbaridad por la cabeza; piensa que él-ella-ello "llora como quiere" (sic, no me la invento). Y aprende biología: "hermafroditas son los caracoles", nunca los humanos, que son "intersexuales"; y si alguien se opera y cambia de sexo, no digas que ha realizado un "cambio de sexo, sino una afirmación de género". Y a las personas que están de acuerdo con el género que se le asignó al nacer, no les llames hombre, mujer o heterosexual, sino, de ahora en adelante, "una persona cisgénero", neologismo inventado por un alemán que en español suena a lo que a uno le apetece hacer al oír semejantes chorradas.

(Y digo yo, ¿Valls se habrá enterado de esto (o de algo)? No, hombre, esto son minucias, cosa de plebeyos).