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sábado, 13 de diciembre de 2014

ECONOMÍA Y MERCADOS: DIOSES Y MITOS


(Foto: Fernando Redondo)


La economía y los mercados son abstracciones cuya principal función es alejarnos de la realidad y los problemas concretos. Abstracciones fonéticas destinadas a crear un vacío semántico que rellenemos con fe, reverencia y resignación. La economía es hoy una gran abstracción que encubre el hecho de que su funcionamiento no es ciego, ni autónomo, ni ajeno a las decisiones de las personas, los gobiernos y los poderes financieros.

Considerar que los mercados, los flujos financieros, la prima de riesgo, el mercado de la deuda, los paraísos fiscales, el fraude, la distribución de la renta, el aumento de las desigualdades sociales, la imposición del tipo de recortes y ajustes, la política de privatizaciones, la venta de recursos y empresas nacionales, la política de impuestos, la desrregulación del trabajo, la conservación de la naturaleza o la mejora del medio ambiente; considerar que todo esto funciona por sí mismo, sin posibilidad de que pueda intervenir en ello el poder político democrático, o sea, la decisión de la mayoría social; considerar que la economía es una máquina gigantesca que funciona siguiendo leyes y mecanismos internos sobre los que apenas se puede intervenir, es una maniobra ideológica destinada a impedir que los ciudadanos y los gobiernos ejerzan su poder y su capacidad de decisión. Apelar al fatalismo reverencial y mecanicista de la economía, convertida en un monstruo cuyos caprichos hemos de acatar inexorablemente, no es más que un engaño y una burda imposición que deja sin contenido a la democracia.

Detrás de la abstracción de la economía y los mercados se oculta el poder de las grandes empresas y bancos multinacionales, que toman unas decisiones u otras en función de sus intereses, que afianzan su poder dominando e imponiendo sus normas a los países, empresas y economías más débiles, haciéndolas más dependientes, con menos capacidad de decisión y autonomía. Nuestro país, con esta crisis, se ha vuelto mucho más dependiente y sometido a poderes financieros y económicos multinacionales. Sólo mediante decisiones políticas, basadas en el apoyo democrático de la mayoría, se pueden controlar los abusos y atropellos a los que lleva la codicia, la ambición y la voluntad de dominio de una minoría superpoderosa.

El discurso economicista que oculta la debilidad política o el sometimiento de los políticos a las decisiones de esos poderes económicos y financieros, que han creado una total dependencia mediante los mecanismos de control y aumento de la deuda, lleva a presentar a los ciudadanos las decisiones económicas como las únicas posibles, induciéndoles a una aceptación pasiva de lo inevitable. Es preciso romper ese falso determinismo y afirmar que existen muchas formas de abordar la crisis económica y financiera, siempre que no se renuncie a situarla dentro del contexto global de la economía productiva, el consumo, la creatividad, la investigación y la renovación del sistema productivo, administrativo y de servicios. Los gobiernos pueden regular y controlar el capitalismo meramente especulativo y dar prioridad a la inversión productiva y la investigación tecnológica.

La inversión puramente especulativa e improductiva, de ostentación y despilfarro, ha causado un daño no sólo económico a nuestro país, sino ambiental, destruyendo el patrimonio artístico y natural y con efectos sociales muy negativos, en la medida en que ha orientado los esfuerzos hacia proyectos socialmente inútiles, produciendo desconfianza en nuestra capacidad de desarrollo y mejora de las condiciones de vida.

Seguir confiando en el valor taumatúrgico de las cifras económicas, en la mejora de unas décimas o puntos en las estadísticas macroeconómicas, tan inconsistentes como engañosas, es renunciar a enfrentarnos a la verdadera crisis económica de nuestro país, de la que no hay mejor indicador que la cifra de parados y desempleados, las familias sin recursos, la pobreza infantil o el número de españoles obligados a emigrar.

La economía y los mercados se han convertido en nuevos dioses ante los que sólo cabe la fe, la reverencia, la resignación, y a los que hemos de ofrecer el sacrificio de nuestras vidas. En mitos con capacidad de cegar y anular cualquier pensamiento crítico. La religión cambia de dioses, pero mantiene lo esencial: la creencia en poderes superiores que dirigen nuestras vidas caprichosamente.

Antonio Muñoz Molina, en su excelente libro Todo lo que era sólido, escribió sobre los sacerdotes de esta nueva religión: “No eran expertos en economía sino en brujería. Les hemos creído no porque comprendiéramos lo que nos decían sino porque no lo comprendíamos, y porque la oscuridad de sus augurios y la seriedad sacerdotal con que los enunciaban nos sumían en un especie de aterrada reverencia”. O creyentes, o ciudadanos informados y libres: es la hora de elegir.



jueves, 27 de noviembre de 2014

NOTICIAS SOBRE CERVANTES

(Foto: S.Trancón)
Cervantes y el Quijote son un tema inagotable que siempre está de moda. Últimamente no hay día que no salga una noticia relacionada con el autor y el libro más famoso de nuestra literatura. He aquí un pequeño resumen.

Se siguen buscando los restos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias de Madrid. De momento se han superado las dificultades que había puesto no sé qué familia, el Obispado, el Convento y la Comunidad de Madrid. Es increíble que se pongan tantos obstáculos a un proyecto de indudable interés común y que, si acaba con éxito, repercutirá en beneficio de todos. 

Andrés Trapiello acaba de publicar una novela que prolonga imaginariamente la vida de Sancho después de morir don Quijote. Muchos han sido tentados a escribir y reescribir un libro en sí mismo inimitable; pocos se han atrevido, y muy pocos, de entre ellos, lo han hecho con un mínimo de acierto. 

Luis García Jambrina también se ha atrevido a novelar parte de la vida de nuestro autor partiendo de la supuesta pelea de Cervantes con Antonio de Segura a quien, según la hipótesis oficial, hirió gravemente, lo que le obligó a huir a Italia para que no le cortaran una mano. 

No he leído ninguna de estas dos novelas, así que no aventuro ningún juicio sobre ellas. De entrada no me atraen, sobre todo porque tengo muchísimos otros libros que reclaman mi tiempo y mi atención. 

Muy fecunda ha sido la labor de los cazadores de documentos cervantinos o seudo-cervantinos. José Cabello, un archivero de Puebla de Cazalla, en Sevilla, ha descubierto varios documentos relacionados con la recaudación de trigo y cebada para la Armada por parte de Cervantes en 1593. Aparece una Magdalena Henríquez a la que otorga un poder para que cobre su sueldo, 1.490 reales. Aventuran algunos una relación sentimental de Cervantes con esta Magdalena. Otro cervantista deduce de este sueldo que es falsa la imagen romántica de autor pobre y menesteroso que el propio Cervantes propagó. Dice este profesor que Cervantes vivió en las tres ciudades más caras del momento, Sevilla, Valladolid y Madrid, lo que indica que no pudo ser pobre. Hombre, yo creo que en esas ciudades, por muy caras que fueran, vivían muchos pobres y menesterosos. 

Pero las noticias más pintorescas tienen que ver con hallazgos que aseguran haber descubierto el acta de bautismo de Sancho, el lugar exacto donde se encontraba la venta donde armaron caballero a don Quijote, y el personaje real que inspiró a Cervantes la figura de don Quijote. 

Sabino de Diego, un empresario jubilado, dice haber encontrado en Esquivias un acta de bautismo de 1569 de un tal Sancho (Gaona), que sería el verdadero Sancho Panza cervantino. Descubre también que los padres de este Sancho fueron padrinos de una hija de Bernardino Ricote, que sería el Ricote amigo de Sancho que aparece en el Quijote

Puestos a asociar arbitrariamente nombres y pesquisas, más delirante es el trabajo historico-arqueológico de Francisco Javier Escudero e Isabel Sánchez Duque, que aseguran con increíble desparpajo que “la historia de don Quijote no es inventada, es real”. Dicen que han encontrado documentos históricos y realizado excavaciones que confirman que la venta cervantina donde es armado caballero don Quijote estaba en la Mota del Cuervo, en Cuenca, de la que quedan algunos restos. Con el mismo atrevimiento aseguran que don Quijote es una especie de mezcla entre Pedro de Villaseñor, amigo de Cervantes, Francisco de Acuña, enemigo de Villaseñor a quien intentó asesinar armado de caballero, y un personaje malvado llamado Rodrigo Quijada, corregidor de El Toboso, donde también viven los otros dos personajes. Cervantes habría ridiculizado a los enemigos de Villaseñor a través de la figura de don Quijote. Impepinable. Que don Quijote y Sancho sean personajes de ficción no les importa a estos investigadores. Que esos personajes reales, de los que se sabe que existieron por esos documentos, se parezcan a don Quijote y Sancho como un churro a una castaña, tampoco parece importarles nada.

Que ocurrencias de este calibre pasen por investigaciones cervantinas nos confirma que Cervantes y el Quijote tienen una capacidad asombrosa para despertar la fantasía y el deseo de originalidad de los más peregrinos estudiosos. Lo malo de todo esto es que trivializa y mete en la misma alforja los estudios más serios que tratan de descubrir lo mucho que todavía puede estudiarse y pensarse sobre Cervantes y su obra más admirable, el Quijote

sábado, 8 de noviembre de 2014

VÍDEO LIBRES E IGUALES

Este vídeo muestra mi participación en los actos del pasado 8 de Noviembre en Segovia organizados por la plataforma LIBRES E IGUALES.




Un pequeño acto de resistencia y denuncia del golpe antidemocrático que se está produciendo en Cataluña en contra de los derechos y la igualdad de todos los españoles. El mismo Comunicado se leyó en todas las capitales de provincia de España.

El problema ya no es la imposición totalitaria del independentismo catalán, su desprecio de la Constitución, la amenaza, el chantaje y la manipulación de los sentimientos de los catalanes que ha llevado a cabo durante 35 años una minoría corrupta y ambiciosa, con total impunidad y con el dinero de todos. 
El problema hoy es lo que pasa en el resto de España, la pasividad, el desánimo y la resignación con que se acepta el desafío a la legalidad y la democracia de los que se han apoderado del Estado en Cataluña. 
Lo que pasa en Cataluña es el reflejo de lo que está pasando en España: corrupción asfixiante, destrucción del Estado democrático, pérdida de la libertad, sobrexplotación, manipulación de las conciencias, políticos mezquinos servidores de sus amos, una minoría engreída, poderosa, voraz y sin preocupación alguna por la situación agobiante de la mayoría, la lucha por ganar terreno en un nuevo reparto del poder, ausencia total de un proyecto para sacar al país del proceso de autodestrucción al que le están llevando intereses ajenos y espurios, desmoronamiento de los sentimientos de unión, colaboración y solidaridad. La antesala del abismo.
La cobardía y claudicación de hoy no va a poder evitar los enfrentamientos de mañana. Un mañana que puede estar mucho más cerca de lo que nos negamos a ver y aceptar. ¿Se acuerdan de Yugoslavia?  ¿Alguien sigue creyendo que aquí somos mejores, más listos, menos violentos y más civilizados?






jueves, 23 de octubre de 2014

SOBRE EL SENTIMIENTO DE SUPERIORIDAD DEL INDEPENDENTISMO


La habilidad del independentismo marrullero para colocar las palabras adecuadas en el momento oportuno es sorprendente, pero mucho más lo es que la mayoría se deje enredar y no se entere de qué va la farsa. Ahora le toca el turno a la singularidad. Palabra mágica: hay que reformar la Constitución para reconocer la singularidad de Cataluña y ya tenemos resuelto el problema catalán.
Los periodistas, cada día más alelados o abducidos, lo oyen y no se les ocurre preguntar lo más elemental: Oiga, explíqueme qué entiende usted por “singularidad”. Sería la forma más sencilla de empezar a desenmascarar esta nueva trampa lingüística.

El interpelado seguramente repetiría, como harían los independentistas, aquello de la “lengua propia”, “una tradición y cultura propia”, “una historia propia”, unas “instituciones propias”, un “modo de ser propio”, etc. Incluso hablaría de “nación” y “derechos históricos”. Aquí propia sustituye a singular y singular a diferente. ¿Y qué quiere decir ser diferente o distinto en boca de un nacionalista? Ser superior. Traduzcamos singularidad por superioridad. Reconocer la singularidad de Cataluña no es otra cosa que reconocer la superioridad de los catalanes. Todo lo demás sobra. Yo soy leonés (lo mismo vale para un gallego, un extremeño, un andaluz...), y podría ponerme a defender lo mismo: lengua propia (el leonés, el bable, el berciano), tradición y cultura propia (los pendones, las pallozas, danzas y fiestas únicas, la lucha leonesa, la cecina, el botillo, el santo grial, una nómina ingente de escritores...), instituciones propias (concejos, la cuna del parlamentarismo...), un modo de ser (osados, originales, cazurros, socarrones...). Fuimos un reino durante siglos (nunca lo fue Cataluña), etc. Puestos a fabricar una identidad, una historia y una lista de agravios, tendríamos argumentos sobrados para sentirnos una nación oprimida y reivindicar nuestra singularidad. Pero no va por aquí la cosa, la de reconocer la singularidad de todos.

Llegamos así al meollo del catalanismo, que tiene que ver, sobre todo, con la necesidad de satisfacer un sentimiento agraviado de superioridad. Quienes promueven el independentismo se sienten superiores y lo que necesitan ahora es, no sólo sentirlo, sino serlo. Ya han pasado del reconocimiento, aquello de que nos quieran y respeten. Ahora quieren resolver el problema de una vez por todas: acabar con cualquier dependencia, cualquier vínculo, cualquier humillación, los agravios históricos, la opresión, la dominación, la explotación, el robo..., porque nosotros somos distintos, o sea, superiores.

Insisto en que el independentismo catalán no sería posible sin un fuerte sentido de superioridad que cada día se revela más como lo que es: racismo encubierto. Si repasamos el origen del nacionalismo y el discurso nacionalista catalán (como el vasco) encontraremos este sentimiento de superioridad como el elemento clave que sostiene todo el edificio. Revísense los discursos de los próceres catalanistas, incluido Pujol o Heribert Barrera.

Pero el sentimiento de superioridad no es algo simple, sino complejo, porque se asienta sobre la construcción imaginaria de una identidad propia, diferente y superior a la del otro. Para ser superior tiene que haber otro inferior. Ser catalán es ser distinto y superior a ser español. Necesitan el espejo español para reconocerse catalanes. Y aquí viene el problema, porque la realidad, el espejo, no les devuelve ninguna imagen distinta o muy diferente de la del español. Si se colocan al lado ante el espejo resulta que no hay modo de diferenciarlos: necesitan ponerse la barretina y enfundarse la senyera para distinguirse, pero, sobre todo, colocarle al de al lado el yugo y las flechas y estirarle el brazo en alto como un palo; ni siquiera el cubrirlo con una bandera española serviría, porque se parece bastante a la senyera (más si se le coloca la bandera aragonesa). Díganme en qué se diferencia el sanchopancesco Junqueras de un labrador manchego o mañico...

No hay ninguna identidad española, ni catalana, ni leonesa, ni aragonesa, ni manchega; aquí está el problema. Todas las diferencias hoy son individuales, no colectivas. Hoy la sociedad es esencialmente heterogénea porque en ella apenas existe endogamia, único elemento de creación de una etnia, una tribu o un pueblo diferenciado. Ni Cataluña ni España son hoy ningún pueblo, ni étnica ni culturalmente, esencialmente diferenciados entre sí.

Las sociedades modernas no se constituyen sobre ninguna identidad nacional, sino sobre dos conceptos básicos: el individuo y el ciudadano. Como individuos somos todos libres, únicos, singulares e intransferibles; como ciudadanos, todos somos iguales (ante el Estado y la ley, iguales en derechos y deberes). El Estado democrático no puede fundamentarse en nada más: individuos y ciudadanos. Como ciudadano me puedo asociar con quien quiera para defender mis intereses o alcanzar fines comunes (también para defender el bien común), pero no hay nada si desaparece el ciudadano y el individuo. El Estado se legitima por la voluntad libremente expresada de sus ciudadanos; no se fundamenta en ninguna identidad, derecho histórico o singularidad.

Cuando entramos en el debate de la singularidad catalana nos vemos arrastrados inevitablemente a la metafísica de las identidades y la exaltación de las diferencias, o sea, al encubrimiento de los sentimientos de superioridad. Insisto en que se trata de algo que tiene que ver más con la psicología que con la política, la economía o la historia. Por supuesto que sin la búsqueda de más poder de una minoría corrupta y ambiciosa (la tradicional burguesía catalana), no habríamos llegado al enfrentamiento actual; pero no basta con esto. Sin ese sentimiento de superioridad de fondo, alimentado por mitos, una historia inventada, unos rituales colectivos, una propaganda eficaz y el anhelo de un futuro idealizado, el independentismo no habría llegado al grado de provocación, engreimiento y desprecio de la legalidad a la que ha llegado.

Pero el diagnóstico quedaría incompleto si no añadiéramos otro elemento decisivo: el sentimiento de inferioridad que (también) encierra este complejo de superioridad. Los catalanes independentistas, precisamente por sentirse superiores a la chusma española, no comprenden cómo no han logrado ser independientes hasta ahora. Siendo como se ven, superiores, no pueden aceptar la humillación de depender de Castilla o Madrid (necesitan simplificar y caricaturizar la complejidad cultural y social de España). De esta supuesta dependencia (también paranoicamente amplificada) nace un inevitable rencor o resentimiento que necesitan superar porque lo viven intensamente como humillación o desprecio. Hablo de complejo de inferioridad precisamente por eso: porque exagera el poder de dominación y la dependencia del otro, incluso se lo inventa. El victimismo es la expresión más clara de esta mezcla de sentimientos aparentemente opuestos: el de superioridad y el de inferioridad. El inventarse un agravio tiene la gran ventaja de que justifica tu rencor, tu odio y todo lo que hagas para defenderte de esa ofensa.

Siempre he tenido la convicción de que detrás del catalanismo independentista se esconde una patología colectiva, una vivencia paranoica de la relación con el otro (el más semejante y cercano), que ha dado lugar a un discurso instalado de forma secular en el engaño, la mentira, la impostura, el engreimiento y el desprecio hacia lo que consideran, de modo muchas veces inconsciente, “superior”: la lengua y la cultura española, la historia de España con sus logros indiscutibles (el descubrimiento de América, la expansión colonial y del idioma, su literatura universal, el poder político y militar, su capacidad para organizar y sostener un estado moderno y democrático...). ¿A qué viene ese empeño de apropiarse de todas las figuras relevantes de la historia española para hacerlas catalanas, desde Colón a Cervantes, pasando por Santa Teresa o Américo Vespucio? ¿Sería posible este estúpido propósito si no se sintiera, al mismo tiempo, una admiración por esas figuras y su obra? Detrás de este exacerbado catalanismo hay también un españolismo que debe reprimirse de forma tan grotesca como la que lleva a cabo la llamada Nova Història. Pura teoría freudiana.

(Fotos: F. Redondo)

El catalanismo independentista no se asienta sobre un concepto propio y positivo de sí mismo, basado en sus logros, valores y proyectos, sino en un sentimiento de revancha, negación y destrucción de lo español, nacido de un atávico complejo de superioridad, pero también, paradójicamente, de su atracción hacia lo español. No de otro modo se puede entender el empeño en difundir una imagen totalmente distorsionada, esperpéntica y falsa de lo que es hoy España, machaconamente identificada con el fascismo, la ignorancia, el atraso y el militarismo cuartelario y antidemocrático. Para romper con cualquier sentimiento de simpatía es necesario hacer repulsivo el objeto de la atracción. Simple teoría freudiana, de nuevo.

Creo que es necesario acudir a este tipo de interpretaciones psicoanalíticas y patológicas para entender ese algo que siempre se nos escapa en el debate sobre la singularidad catalana, a la que, mientras no se aborde desde esta perspectiva, es tan difícil dar un cauce y alcanzar una explicación política. Si no se fundamentara en este magma patológico e inconsciente, mezcla de superioridad, soberbia, rencor y desafío, no sería posible la deriva independentista actual, vista por cualquiera que no esté contaminado del mismo virus como verdadero disparate, irracionalidad, delirios de poder y pérdida del sentido de la realidad.



 Lo peor de todo este chapapote emocional es que gran número de personas se han dejado absorber por la fuerza de su corriente hasta el punto de perder su individualidad (su libertad individual, de pensamiento y de sentimiento) sacrificada en el altar de la nación, de Cataluña, el proceso o el baile de la sardana. Al dejar de ser individuos libres e independientes, han dejado de ser al mismo tiempo ciudadanos: ya no saben cuáles son sus derechos ni sus deberes democráticos, se dejan guiar por los guardianes de la singularidad, los que definen su identidad y los convierten en pueblo. Los que les otorgan generosamente una identidad superior, nada menos que la identidad catalana. Todos los totalitarismos se han asentado sobre el sentimiento de una identidad colectiva superior, con la que se identifican los individuos mientras renuncian a su única singularidad: la que nace de su propio ser individual.

jueves, 16 de octubre de 2014

SOBRE EL PREMIO SAMUEL TOLEDANO 2014


El Premio Samuel Toledano de este año ha sido otorgado, según mis informaciones, al libro Orígenes de la filosofía en español. Actualidad del pensamiento hebreo de Santob, de Ilia Galán (ed. Dykinson, Madrid 2013). Las bases dicen que “se instituye un premio anual sobre la historia y la cultura de los judíos sefardíes en memoria de Samuel Toledano, uno de los renovadores de la Comunidad Judía en España. Podrán optar al premio investigadores y escritores residentes de Israel y España, con obras dedicadas a la historia de los judíos en España y en la Diáspora Sefardí, y su patrimonio cultural”. Por motivos que desconozco, el Premio todavía no se ha hecho público, a pesar de haberse fallado el pasado mes de junio. Este libro será, sin duda, objeto de polémica, dadas las tesis que defiende, poco compatibles con la finalidad y el sentido del Premio.

Sem Tob (así se ha escrito casi siempre en español) fue un judío nacido en un pueblo del norte de Sefarad-España (Carrión), donde se asentó una pujante comunidad judía de la que aún hoy quedan los restos de una sinagoga. Figura fundamental para conocer el destino de los judíos en aquella España medieval en que vivió, es uno de los escritores más destacados de su época, autor de un libro que tuvo gran repercusión entre los sefardíes, conocido con el título de Proverbios morales. La obra premiada es un supuesto análisis del pensamiento filosófico de Sem Tob contenido en estos Proverbios.

Señalemos, antes de iniciar el análisis de esta obra, que se trata de una reedición corregida de 1986, lo que no ha impedido que el libro resulte casi ilegible, tanto por la ausencia de cualquier orden expositivo como por su estilo, artificioso y plagado de incorrecciones sintácticas y semánticas.
El libro es, además, ideológicamente confuso. Encontramos en sus páginas la defensa de un relativismo moral inaceptable, como cuando nos dice que hemos de escuchar “las razones del comunista tanto como las del fascista, (…) las del inmigrante de raza oscura y las del nazi que se imagina de raza aria, (…) al que defiende el terrorismo y al que lo condena (…) y así hallar los puntos comunes (…), porque todos, al parecer, tienen algo de razón y de verdad...” (p. 123). O cuando afirma que “la locura es manifiesta en ciertos grandes personajes de la política (Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, Hitler o Stalin)” (p. 152). Equiparar a Hitler con Alejandro Magno, y llamarlo enfáticamente “gran personaje de la política” en un libro supuestamente defensor y divulgador de la cultura judía, parece, cuanto menos, llamativo.

Pero vayamos a lo más importante: el contenido básico del libro. Empecemos aclarando que el autor no basa sus comentarios en el texto original, sino en una mala versión de García Calvo (no en alguna de las más reconocidas, como la de S.Shepard o de Paloma Díaz-Mas). El texto, degradado, se convierte así en mero pretexto para discursear de modo arbitrario, sin orden ni concierto ni respeto alguno por las ideas de Sem Tob, que desaparecen entre un maremagnum de ocurrencias que se amontonan desordenadamente. Nunca sabemos, además, cuándo cita a Sem Tob, a García Calvo o glosa él mismo los Proverbios, porque el texto carece de cualquier aclaración y las comillas es imposible saber a quién se refieren. Pero además justifica esta falta de respeto al texto original: “La forma (…) incluso aunque esté transcrita a caracteres hebreos (…) es lo de menos, para espanto de filósofos y pensadores de la exterioridad, hoy en boga. Hasta la rima es prescindible” (p. 226).

Recordemos que el texto está escrito en versos alejandrinos (siguiendo la tradición del mester de clerecía) o heptasílabos que forman cuartetas, sometido, por tanto, a las reglas de la métrica y la rima. El valor del texto reside en su forma literaria, el uso del lenguaje popular, el empleo de metáforas, antítesis y elipsis, el dominio del aforismo, la expresividad de las imágenes, el lirismo, la eficacia de las comparaciones, el manejo de los conceptos. Considerar todo esto “exterioridad prescindible” es anular el texto, desvirtuar su sentido y atropellar la más elemental teoría literaria.

Pero quizás lo más grave sea que, sin fundamento alguno, Ilia Galán cristianiza a Sem Tob, le despoja de toda referencia a su origen judío y borra por completo la influencia de este origen y condición en su obra y su pensamiento. El libro premiado, según las bases, por su aportación al estudio de la historia y la cultura de los judíos sefardíes, resulta que no sólo no contiene referencia alguna a los judíos hispanos o el judaísmo, sino que tergiversa la obra y denigra a Sem Tob hasta convertirlo en un mentiroso y vulgar adulador en busca de su propio beneficio. Veamos lo que escribe:
“Santob adula de la más evidente y torpe manera al rey don Pedro, apodado luego el Cruel, y es que si él era malo difícilmente su política iba a ser buena, sus acciones justas y adecuadas”. “Santob andaba detrás de la ganancia, mintiendo con la exageración halagadora, o cegado por la necedad de alabar a quien más bien parecía, por muchos aspectos, una mala bestia” (p. 324).

Olvida el autor que el propio Sem Tob se reconoce como judío en los Proverbios: “judío de Carrión”, se llama. Que uno de los códices conservados, el de Cambridge, está escrito en aljamiado hebreo. Que Sem Tob escribió un libro en hebreo, el Ma'asé ha-Rab (Disputa entre el cálamo y las tijeras) y tradujo al hebreo del árabe un tratado litúrgico, Preceptos morales, de Israel ben Israel. Y que compuso en hebreo una oración de penitencia que se convirtió en plegaria de Yom Kippur de muchos sefardíes hasta hoy mismo: Vidduy, traducida al español en 1553. ¿De dónde saca el autor que Sem Tob se convirtió al cristianismo?

Sem Tob escribió los Proverbios hacia 1350, un época decisiva en la historia de los judíos de España. La llegada al poder de Pedro I originó un conflicto con su hermano bastardo Enrique, que daría lugar a la primera gran guerra civil. Pedro I siguió la tradición de protección de los judíos, mientras que Enrique incitó a la persecución de los judíos. Ganó Enrique de Trastámara y la situación de los hebreos hispanos comenzó un declive imparable que culminaría con las matanzas de 1391. La complejidad y trascendencia de aquella guerra la resume el autor diciendo que Pedro I “era una mala bestia”.

La influencia de la Torá y el Talmud, y de la tradición sapiencial judía, está muy presente en los Proverbios. Sem Tob refleja bien el momento de incertidumbre y cambios, la toma de conciencia de lo inestable de la vida y la fortuna; elogia el libro y el saber, la cautela, la observación y la capacidad de adaptación, acorde con la psicología y la mentalidad sefardí. Su libro es moral y didáctico, no cristiano ni religioso. Muy pronto se convirtió en sospechoso, y pasó a ser prohibido por la Inquisición. En un expediente inquisitorial de 1492, Ferrán Verde, un mercader aragonés, fue acusado de herejía y apostasía. Pasó cuatro años encerrado e incomunicado, acusado de leer el Génesis y “una obra de rrabi Sonto”. Ferrán, como prueba de que no se alejaba de la ortodoxia, escribió de memoria todo lo que recordaba del libro de los Proverbios, más de 200 coplas. Al Tribunal poco le importó el contenido de esas coplas, lo importante era el hecho de leer a Sem Tob, considerado síntoma judaizante.

(Fotos:S.Trancón)

El contenido de los Proverbios, en efecto, si bien no contiene nada directamente contrario a la fe católica, nada dice sobre el cristianismo ni los dogmas de la Iglesia. Ilia Galán, sin embargo, se empeña en hacer reflexiones y afirmaciones constantes sobre el cristianismo, el Mesías y la religión católica, confundiendo al lector, como si tuvieran algo que ver con el texto de Sem Tob. Así que el libro que comento, no sólo borra, tergiversa y pervierte el pensamiento de Sem Tob, sino que lo adultera hasta el punto de convertirlo en un panegírico del cristianismo. No voy a abrumar al lector con las citas, me limitaré a entresacar unas pocas.
Ya en la página 70 defiende la conversión de Sem Tob al cristianismo con el argumento de que dentro de esta religión “tendría más holgura para reflexionar en aquel entonces”. Insiste en que el Dios cristiano es “infinitamente misericordioso y bueno, más que ferozmente justiciero según aparece en el Antiguo Testamento” y el judaísmo (p. 113). Hace una alabanza de Jesucristo, de la pasión y “la maravilla de la redención” (p. 124). “Para llegar a lo alto y fructificar hay que sepultarse en el barro de lo bajo, como el Mesías que siendo rey nace en la nauseabunda miseria de un establo” (p. 147). Alaba la “tradición del cristianismo que parte de un Dios salvador y rey del universo nacido en la figura de un menesteroso” (p. 151). “Era necesaria la cruz para la resurrección, la muerte para la vida eterna” (p. 159). Sobre la teología cristiana (p. 303), Cristo, la Trinidad, el Evangelio (p. 305), la cruz, la resurrección (p. 310), el cristianismo (p. 314). Etc.

Postdata


Américo Castro escribió: “Un enfoque antisemita de la historia española condena al historiador a falsearla, a malentenderla y a malestimarla”. Sabemos que hay muchas formas hoy de ser antisemita, incluso sin saberlo ni reconocerlo. El autor de este libro premiado parece ser simpatizante de la causa palestina, al menos por el apoyo que dio a los actos de difusión y propaganda antisemita de la III Flotilla Rumbo a Gaza, que sirvió de plataforma para manifestaciones y protestas en Madrid “contra el genocidio israelí”. Ilia Galán, como responsable de la Sección de Filosofía del Ateneo de Madrid (una de las instituciones culturales más importantes de España), presentó un acto el 23 de agosto de 2012 en el Ateneo (en el que participaron destacados activistas pro-palestinos, además del embajador de Palestina) titulado “TODOS HACIA GAZA CON LA FLOTILLA DE LA LIBERTAD”. Era la tercera, así que no se puede alegar ignorancia de los propósitos y fines de esta Flotilla. Tampoco parece que esto se compagine bien con los fines del Premio Samuel Toledano.          

viernes, 10 de octubre de 2014

QUÉ ENTIENDO POR DEMOCRACIA


El término democracia debe ser rescatado y redefinido constantemente. Muchos lo usan de modo interesado y espurio para encubrir todo lo contrario: la imposición arbitraria, el poder tiránico, el totalitarismo encubierto, la manipulación masiva.

Empecemos diciendo que la democracia se asienta sobre un conjunto de valores humanos y democráticos. Valor es lo que es valioso porque sirve, porque es útil y bueno para el individuo y la sociedad, porque favorece el bienestar y la justicia. ¿Qué valores son estos?

Podemos agrupar los valores en torno a tres conceptos: individuo, ciudadano y asociación.
El individuo es el sujeto básico de la existencia y la sociedad humana.
La democracia defiende los valores del individuo o la persona: la libertad, la independencia, el conocimiento, el bienestar, etc.
También defiende la democracia al ciudadano. El ciudadano es el sujeto de derechos y deberes jurídicos. La propiedad privada es un derecho ciudadano; el pagar impuestos, un deber. La igualdad ante la ley es un derecho; el respetar las leyes de trafico, un deber; etc.
La democracia se asienta también en el concepto de asociación. Una asociación es una agrupación libre de individuos que se unen para defender intereses, fines o proyectos compartidos.

La democracia es el establecimiento y la defensa de los valores democráticos del individuo, el ciudadano y los grupos o asociaciones.
El estado democrático es el que define y defiende los derechos y deberes de los individuos, los ciudadanos y los grupos que se constituyen y desarrollan en un sociedad concreta.

El ámbito individual es en el que menos debe intervenir el estado. El estado, frente al individuo y sus valores, no ha de hacer otra cosa que garantizar su libertad: libertad de pensamiento, de conciencia, de creencias, de gustos, de acciones, de movimientos, etc. El individuo es el único responsable de su propio desarrollo personal, de sus pensamientos, de sus ideales, su esfuerzo, su conciencia. En contra de lo que solemos pensar, el ámbito de nuestra individualidad, de nuestra vida personal e intransferible, es mucho mayor que cualquier otro. Debiera ser también el que mayor interés, atención y esfuerzo ocupara en nuestra vida. Digamos, por ejemplo, un 80%.

El ámbito ciudadano debe ser definido y regulado por el estado. El principio básico aquí es el de la igualdad. Así como en el ámbito del individuo, lo fundamental es defender la diferencia, el hecho de que somos únicos y singulares, aquí lo fundamental es asegurar la igualdad ante la ley. Igualdad de derechos y de obligaciones. A este ámbito de nuestra vida podríamos dedicarle, por ejemplo, un 10% de nuestro tiempo y esfuerzo, no más. No quiere decir que sólo tenga ese 10% de importancia, sino que debiera estar asegurado lo suficientemente por el estado como para que no requiriera de nosotros más que ese esfuerzo o dedicación. Cuando un estado no asegura esa igualdad y define y defiende el ámbito ciudadano, entonces nos obliga a definirlo y defenderlo a los ciudadanos con un sobreesfuerzo de vigilancia, control y protesta. Es lo que hoy ocurre.

El ámbito asociativo depende tanto del individuo como del ciudadano. ( Este ámbito podría ocupar en nuestra vida un 10%). El estado debe regular este ámbito para que la acción de las asociaciones se ajuste a sus fines y asegure la libertad del individuo, pero no debiera ser el responsable ni intervenir directamente en ellos. La agrupación pertenece a la iniciativa ciudadana, no al estado. El estado no tiene obligación alguna de crear ni de sostener a las asociaciones.

El estado tiene instituciones, no asociaciones o grupos. Las instituciones no buscan fines particulares o de grupo, no responden a intereses corporativos o asociativos, sino que emanan de su función básica, el asegurar el cumplimiento de los deberes y obligaciones de los ciudadanos y los grupos. La confusión entre asociación e institución es uno de los males más perniciosos de nuestra democracia. Ni los partidos ni los sindicatos ni las compañías ni los bancos son instituciones, como tampoco lo son los equipos de fútbol. (Se entiende por qué los nacionalistas han convertido al Barça en algo “más que un club”).

(Fotos: S. Trancón)


Las sociedades modernas se organizan como estados democráticos sobre la base del individuo, el ciudadano y la asociación. Para entender la importancia de esta forma de organización social hay que compararla con cualquier otro sistema del pasado o de los estados no democráticos. Los sistemas no democráticos se fundamentan en conceptos como el de tribu, secta, casta, raza, etnia, pueblo, nación o religión. Estos conceptos tienen en común que anulan la noción de individuo, ciudadano y asociación, y todo lo subsumen o sustituyen por la noción de “grupo”. El individuo se define en función del grupo, no es más que un miembro del grupo, forma parte de él. El ciudadano no existe. Cualquier asociación que exista en su seno se convierte en secta o casta, en una minoría organizada para controlar el poder y dominar al resto de individuos (convertidos en pueblo, raza, nación o conjunto de fieles).

En los sistemas no democráticos los individuos pertenecen a un territorio, un pueblo, una tribu, una raza, una nación o una religión. Su identidad se define por su pertenencia al grupo: se es catalán, vasco, español, palestino, negro, alemán, musulmán, suní, chiita, etc. No ciudadano catalán, vasco, español o italiano. Para los nacionalistas no existen los ciudadanos, sino “el pueblo catalán”, “el pueblo vasco”, el “pueblo español”, etc. (Los términos “pueblo” y “nación” son ambiguos, por eso nos resulta cada vez más difícil usarlos en sentido positivo).

Somos individuos y ciudadanos que nos agrupamos voluntariamente para defender nuestros intereses o alcanzar todo tipo de fines, entre los que puede estar el desarrollo personal, el altruismo o la búsqueda del paraíso. Pero la noción de individuo, ciudadano o socio es incompatible con la de vasallo, miembro, militante, fiel o seguidor.

La sociedad moderna y democrática se basa en individuos libres y diferentes, ciudadanos iguales y responsables, y asociaciones diversas formadas por individuos y ciudadanos activos, solidarios y bien informados. Lo contrario es una sociedad antidemocrática basada en la alienación del individuo, la anulación del ciudadano, la manipulación y el sometimiento al grupo, la uniformización ideológica, la pérdida de la libertad individual y colectiva.

NOTA
1) Aplíquense estas reflexiones a la actual situación de Cataluña y España. Ni una ni otra son hoy sociedades verdaderamente democráticas. El problema es común, no podemos solucionar uno sin el otro, ni uno contra otro. No entenderlo es provocar un enfrentamiento tan estúpido como doloroso e inútil.
2) El ámbito del desarrollo de la individualidad (conciencia, pensamiento, conocimiento, arte, disfrute, creatividad...) debería ocupar la mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzo. El ámbito de la política (ciudadano y asociativo), con ser muy importante y decisivo, no debería absorber más que una pequeña parte de nuestra atención y energía. Lo que vivimos hoy es una aberración, una anomalía, en la que los términos están invertidos. 



miércoles, 24 de septiembre de 2014

GENÉTICA Y FATALISMO


¿Estamos predeterminados por la genética? ¿Es el ADN nuestro destino?

El determinismo genético se ha convertido en un dogma científico, una explicación simplista a la que acuden, no ya médicos, sociólogos y antropólogos, sino cualquiera. La apelación a la herencia genética sirve para explicar cualquier fenómeno, desde un cáncer al fracaso de una relación.

Especial interés tiene la teoría genética cuando la usamos para explicar la enfermedad, la salud, el modo de ser, el éxito o fracaso social. Allí donde antes se colocaba al azar, el destino, la voluntad de Dios o de los dioses, situamos ahora el ADN, una abstracción con apariencia de verdad científica, pero tan vaga y etérea como las creencias de nuestros antepasados.

Para desvelar hasta qué punto el reduccionismo genético es una explicación muy imprecisa, basta enumerar todo aquello que sabemos está determinando y condicionando nuestra vida cotidiana y nuestro destino: el estrés, la alimentación, los hábitos, el ejercicio físico y mental, el aire que respiramos, los estímulos sensoriales, la geología, el clima, el entorno, la casa, la contaminación electromagnética, acústica y ambiental, el trabajo, las leyes, las decisiones políticas, el nivel económico, los medios de comunicación, la propaganda, la educación, la familia, las experiencias infantiles, el sexo, los pensamientos, las relaciones sociales... Si a esto añadimos la influencia de las hormonas, los neurotransmisores, los oligoelementos, los virus y las bacterias, vemos enseguida que el protagonismo otorgado a la genética en nuestras vidas es evidentemente exagerado.

Todos estos factores o elementos determinan lo que hacemos en cada momento, y todo lo que hacemos en cada momento determina lo que vamos a hacer a continuación. Nos autodeterminamos, estamos autodeterminándonos en cada momento. Especial importancia adquiere, en esta cadena de determinantes, la construcción de la propia imagen, la autonarración, el autorrelato, la elaboración del sentido que le vamos dando a nuestra vida y a todo lo que nos sucede cada día. Cuando nos conviene o no encontramos mejor explicación, echamos manos de la genética.

Pero hoy sabemos que el ADN no tiene nada que ver con el determinismo biológico o mecanicista. Al fin y al cabo no es más que información. Señala “un horizonte de posibilidades”. Las células no son meros receptores pasivos. El ADN, incluso, se puede modificar.

El “no lo puedo evitar”, “no me puedo controlar” o “yo soy así” no es más que un engaño, un pensamiento. Sí, hay muchas cosas que no puedo evitar, ni controlar ni cambiar, pero no está aquí el problema, sino en dejar de lado todo lo que sí puedo evitar y cambiar. Definir de antemano y preocuparse por lo que no podemos controlar ni cambiar es estúpido, cuando tenemos tanto que sí podemos controlar y cambiar. Basta echar un vistazo a nuestro cerebro: la mayor parte queda sin usar, nos morimos sin desprecintarlo, nos pasamos la vida con ese tesoro al alcance de la mano y lo dejamos de lado.

Está bien conocer nuestras predisposiciones genéticas negativas, pero no para sentirnos fatalmente abocados a ellas, sino para evitarlas en la medida de lo posible. Es imposible, por otro lado, prevenirnos contra todas. Por ejemplo, existen 300 tipos de cáncer; ¿puede alguien asegurar que no viene cargado con la predisposición a padecer alguno de ellos?

Los genes se activan o desactivan influidos por las condiciones ambientales, sociales, culturales y mentales. Del estudio de esta influencia se encarga la epigenética, que viene a moderar los dogmas de la genética. Los genes pueden ser modulados, o sea, determinados a su vez.


El fatalismo biológico está tan injustificado como el fatalismo familiar, étnico, de los astros, de la reencarnación, de la predestinación divina o de la mala suerte. Las decisiones más importantes de nuestra vida están en nuestras manos, aquellas que de verdad condicionan nuestro bienestar interior, el curso diario de nuestra vida. Tenemos sobre nuestra vida y nuestro destino mucho más poder del que podamos imaginar. El mayor enemigo, nuestra mayor limitación, nace de nuestros pensamientos y creencias. El fatalismo genético es una de ellas.

(Fotos: S. Trancón)

martes, 16 de septiembre de 2014

¿PUEBLO CATALÁN O MASA UNIFORMADA?

(Foto: S. Trancón)
De “pueblo catalán” a “masa uniformada” hay un trecho; de movimiento de masas a movilización de ciudadanos, un abismo democrático. Hablar hoy de pueblo catalán empieza a ser un eufemismo usado para encubrir la verdadera esencia del independentismo: su tendencia al totalitarismo.

La sociedad moderna se basa en la noción de ciudadano. El sujeto de derechos y deberes es el individuo. Los individuos se organizan de acuerdo con sus intereses. Como los intereses son muy variados, los grupos también lo son. El Estado asegura la libertad individual y el equilibrio entre los grupos estableciendo normas comunes que hacen a todos los ciudadanos y grupos iguales ante la ley.
Sustituir a los ciudadanos y la diversidad de grupos por la idea de pueblo es una maniobra ideológica y política que sólo se puede imponer anulando al individuo y a los grupos. Como ha ocurrido con otros muchos conceptos, el nacionalismo y el independentismo nos están obligando a distinguir y a dejar de usar palabras que en otro tiempo tuvieron un noble sentido, para evitar confusiones y ambigüedades. Es el caso de la palabra pueblo.

El pueblo catalán, tal y como lo concibe y define el independentismo, no existe. No existe un pueblo que use o tenga como lengua propia una sola (el catalán), que se sienta solo catalán, que defienda la forma unánime la independencia, que tenga una misma idea de sociedad, que tenga los mismos intereses, los mismos valores, las mismas oportunidades, los mismos proyectos de vida, las mismas creencias, etc. Existen individuos y grupos muy diversos que tienen en común el hecho de ser ciudadanos españoles, lo que les otorga el ser, a su vez, ciudadanos catalanes.

Pero si no existe el pueblo catalán, lo que sí existe hoy en Cataluña es una masa uniformada. Lo de uniformada no es una metáfora. La concentración de Barcelona durante la Diada no era la de un pueblo formado por individuos o ciudadanos libres y diferentes, sino la de una masa que desfilaba uniformada. No un pueblo formado e informado, sino masa uniformada. Camiseta roja, camiseta amarilla y bandera estelada: el uniforme independentista. Nunca se expresó de modo más explícito que el proceso independentista se basa en un proceso uniformista.

El independentismo es esencialmente totalitario, uniformizador, un monstruoso laboratorio de clones mentales programados para una única misión: proclamar la independencia. ¿Qué independencia, cómo, contra quién, por qué, para qué (para darle más poder a los corruptos)...? Eso es ya mucho pedir. Un clon uniformado no piensa, no debe pensar; sólo está programado para corear consignas, ponerse un uniforme y llevar una banderita.

Pero constatar un hecho no basta para entenderlo ni combatirlo. Hay que saber cómo ha surgido y cuál puede ser su futuro. El origen del independentismo uniformado de hoy empezó hace ya más de treinta y cinco años. No es algo que surja de la noche a la mañana, sino algo que se ha ido construyendo sin pausa desde que Tarradellas desapareció de la escena. Lo anunciamos y denunciamos en el Manifiesto de los 2.300. Nadie (casi nadie) nos hizo caso. Enseguida llegó Pujol I el Corrupto y montó lo de Banca Catalana, la primera empresa destinada a subvencionar con millones al independentismo (y de paso trincar todo lo posible). Cuando debió ir a la cárcel y desaparecer de escena, Felipe González le perdonó la vida. Ahora dice que no cree que el Gran Timonel sea un corrupto. Dime a quién defiendes y te diré quién eres. O qué quieres ocultar.

La inmersión lingüística (otro eufemismo), apuntaló definitivamente el proceso. La clonización empezó ahí; y ahí sigue, con el apoyo de PP y PSOE, algo inconcebible. ¡Y quieren reformar la Constitución para blindar esa fábrica de mentes uniformadas! Luego se extrañan de que una patraña tan soez como la interpretación de lo sucedido en 1714 como una guerra de España contra Cataluña, sirva de base mítica para el desfile patriótico de la Diada.

Pero tan importante como saber cómo se ha ido fabricando la masa independentista es prever hacia dónde puede evolucionar el proceso. Yo no tengo la menor duda: hacia la imposición de la independencia por la vía de la presión, la amenaza, la violencia verbal y los hechos consumados. El totalitarismo catalán no va a cambiar: su esencia es la imposición, el control de las conciencias, el dominio de la propaganda, la eliminación de la discrepancia, la presión social, el uso de todos los mecanismos del poder para doblegar y silenciar a los disidentes, para hacer que quien no sea independentista se sienta fuera de lugar, marginado, excluido. Nada nuevo. Es lo que está ocurriendo ahora. Lo más increíble es que todo esto se haya hecho y se siga haciendo con total impunidad, ¡y con el dinero de todos!

Hay que repetirlo y actuar en consecuencia: una masa mentalmente uniformada es todo lo contrario de un movimiento de ciudadanos libres. Las masas no son más que instrumentos del totalitarismo, no sujetos de derechos democráticos. El independentismo totalitario se viste de uniforme festivo y colorista (bueno, de dos colores), pero eso no nos debe confundir: se trata de un movimiento de masas semejante a todos los que hemos conocido a lo largo de la historia, especialmente durante el siglo XX: el fascismo, el nazismo, el franquismo y el bolchevismo. ¿Una prueba? ¿Cuántos se atrevieron a salir a la calle el pasado 11 de septiembre en Barcelona sin el uniforme independentista? ¿Cuántos no salieron para no sentirse raros o señalados? ¿Cómo estaban las calles fuera de la V por la que transcurría la marcha triunfal? ¿Sin gente? ¿Por qué? ¿Y no sorprende la disciplina con que los uniformados se colocaron en el lugar que les habían ordenado, cada uno con su color, y sin salirse de la fila? ¡Hasta desfilan con antorchas por la noche, al más puro estilo nazi! Todo sin violencia, claro, con mucho civismo y educación, que somos catalanes, no como vosotros, opresores, violentos y fascistas por naturaleza.

La esencia del totalitarismo es siempre la misma, pero las formas que adopta varían mucho, se adaptan a los tiempos. La modalidad catalana es hoy acaso la más disimulada, retorcida y embaucadora de las imaginables, capaz de unir en sus filas a un obrero en paro con un hijo de Pujol, todos envueltos en la misma bandera. ¡Impagable el trabajo de los Sindicatos, de IU (o como se llamen ahora, con Podemos de mamporreros del proceso) y del PSC! Muchos todavía ni se han enterado, entre ellos muchos de los que acudieron a formar parte del ejército “encamisetado” y festivo que gritó independencia con la esperanza de ver pronto “un nuevo amanecer”. ¡Y sin tirar un tiro, oiga, todo por la vía democrática!...

Artículo publicado en:
http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2014/09/-pueblo-catalan-o-masa-uniformada-11181.php

miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿EN QUÉ PIENSAS?

(Foto: Agustín Galisteo)


Cuando nos ocurre un accidente, de ésos fácilmente evitables, solemos preguntarnos, ¿pero en qué estaría yo pensando? Otras veces reaccionamos: ¡ya lo sabía, ya sabía yo que esto me iba a suceder! Una y otra reacción nos indica que no siempre somos dueños ni conscientes de lo que pensamos. Más aún: gran parte de nuestra actividad cerebral es automática e inconsciente. Freud indagó sobre una pequeña parte de ese inconsciente, la relacionada con los traumas y los impulsos más primarios, pero la actividad inconsciente es mucho más.

Estamos “pensando” constantemente. El cerebro jamás cesa en su actividad. Funciona las 24 horas del día. Esta actividad interna incesante sigue patrones y programas previamente establecidos, muchos de ellos heredados y otros adquiridos. ¿Qué lugar ocupan los estímulos y los datos externos en esta actividad?

Los datos y estímulos sensoriales no cambian ni determinan la actividad interna, sólo la modulan. Esto hace que ni siquiera la percepción sea una actividad consciente. El 90% de la percepción es automática e inconsciente. El cerebro inconsciente dirige la percepción, no al revés. La percepción no es pasiva, sino activa. Es una construcción cerebral inconsciente. Hemos aprendido a percibir lo que percibimos de acuerdo con patrones heredados y adquiridos. Vemos lo que ya hemos visto. Esto nos da seguridad, rapidez y capacidad de anticipación, pero limita mucho nuestra capacidad de percepción, novedad y sorpresa. Todo cambia constantemente, pero no somos capaces de percibir esos cambios.

Para modificar nuestra vida, para sacarla de la rutina cerebral, hay que ser conscientes de nuestra actividad inconsciente. No podemos cambiar radicalmente nuestro cerebro, pero sí potenciar nuestra capacidad de ser conscientes. Intuiciones, corazonadas y presentimientos, por ejemplo, forman parte de nuestra actividad inconsciente, pero a la que podemos prestar atención. Sobre lo único que tenemos un poco de control es, en realidad, sobre nuestra atención.

Es esta atención, nuestra capacidad para atender a ciertas señales e intuiciones (ese conocimiento previo, inconsciente), lo que podemos entrenar para evitar ciertos peligros, amenazas y situaciones, así como para dejarnos llevar por presentimientos o anticipaciones positivas. Podemos aprovecharnos de nuestro inconsciente. El inconsciente es rápido, ahorra recursos; la conciencia es lenta y menos eficiente. La conciencia marca la dirección, el inconsciente nos da la energía que necesitamos para alcanzar los objetivos.

El sentimiento de aislamiento, de ensimismamiento, de incapacidad para ver la realidad, para salir de nuestro mundo inconsciente, se debe a ese exceso de actividad interna descontrolada y automática. Todo lo que sea “parar” esa actividad interna caótica e incesante, darnos cuenta de ella, nos libera de esa “cárcel” perceptiva, esa burbuja interna en la que estamos secuestrados.

Darnos cuenta de lo que pensamos inconscientemente en cada momento es la mejor manera de saber por qué actuamos como actuamos. No podemos controlar la mayor parte de nuestros pensamientos inconscientes, pero sí darnos cuenta de que estamos pensando y actuando inconscientemente. Este simple darnos cuenta libera nuestra energía y atención, paraliza el automatismo y nos abre la puerta a otra percepción del mundo, a ver la realidad con otros ojos. Los del asombro y el misterio.

miércoles, 20 de agosto de 2014

¡OYE, ANTISEMITA!

HE RECIBIDO ESTE MENSAJE DE UN AMIGO ISRAELÍ.
De obligada lectura en estos momentos.

(Foto: S. Trancón)


Por Sandra Ben Hillel

¡Oye, tú, antisemita! Te estoy hablando a ti. Y a ti también, que te consideras una persona de buena voluntad, y que horrorizado por las fotos que publican de algunos niños muertos en Gaza nos estás condenando día a día, ¿cuándo vas a despertar y darte cuenta que nosotros somos sólo un señuelo para desviar tu atención de lo que realmente sucede?
Mientras el Islam fanático te llena la cabeza de propaganda antisemita, ellos hacen y deshacen en el mundo a su gusto y tú muy ocupado en condenar el militarismo, el capitalismo, el sionismo, el judaísmo, el… ellos pueden hacer lo inconcebible sin que tú digas ni una palabra.
Y sales a la calle a manifestar y defender al islam fanático y extremista contra el monstruo sionista, judío, israelí o lo que sea.
Pero no eres más que un juguete en manos de los yihadistas y los hamases y otros de esa especie.
Sales a defender a los desvalidos fanáticos musulmanes, aquellos que te consideran poco menos que un perro.
¿Quién te dijo que son pobrecitos y desvalidos?
Primero que nada, son millonarios y de tarados no tienen ni un pelo. Su sistema de propaganda es uno de los mejores del mundo... Te muestran un montón de fotos y te crees todo lo que ves, sin averiguar de dónde salieron las fotos y quiénes son las víctimas.
Y mientras tanto, ellos masacran a miles de cristianos en todo el mundo musulmán y tú callas. Ellos queman pueblos enteros de cristianos y tú callas.
Ellos lapidan mujeres en todo el mundo musulmán y tú callas. Ellos raptan niñas cristianas, las violan y las que sobreviven las venden como esclavas...
Ellos queman vivos o ahorcan a los homosexuales en todo el mundo musulmán y tú callas. Ellos azotan públicamente a personas que fueron vistas comer durante el Ramadán...
Ellos matan a las niñas pequeñas que han sido violentadas para limpiar el honor de la familia, aunque solo tengan 10 años de edad... y tú callas. Ellos decretan la infibulación (mutilación genital) para todas las mujeres desde recién nacidas y hasta los 45 años en Iraq...
Ellos decretan que se puede un hombre casar con una bebé recién nacida y disfrutar sexualmente de ella como sea esperando hasta los 9 años para tener una relación completa con ella y tú callas. Ellos decretan y practican muchas otras barbaridades, que por pudor personal no puedo seguir mencionando.
Les has visto en Siria comiendo el corazón de sus enemigos frente a las cámaras de la televisión.
Les has visto jugar fútbol con las cabezas de sus enemigos y tú callas.
Les has visto cortar las manos de niños pequeños por robar un pan. Les has visto enviar a sus hijos cargados de explosivos para matar enemigos... y tú callas.
Les has visto matar a niños pequeños con un tiro en la cabeza. Les has visto sepultar niños vivos por el solo pecado de ser cristianos y tú callas.
Años atrás (en Ramallah) los vimos matar a 3 soldados israelíes, dos judíos y uno árabe, y mostrar sus manos y sus bocas ensangrentadas con orgullo y tú callaste. Estás tan embebido de odio antisemita que no ves lo que pasa contra tu propia gente, contra tus correligionarios cristianos.
¿Qué excusa tienes? ¿Cómo te justificas? ¿La sangre musulmana vale más que la sangre de tu propia gente? No digo que me defiendas a mí, ¡¡pero que tampoco defiendes a tu gente!! ¡¡Defiendes la barbarie!!
¿No ves cómo se van apoderando de la opinión pública de Europa y de Sudamérica?
¿No ves que no haces más que repetir todas las acusaciones contra Israel y los sionistas?
¿No ves que eres tú mismo el que le estás abriendo las puertas del mundo occidental?
No creo el cuento de los pobres prófugos palestinos... Resulta que son los únicos del mundo que, rechazados por TODOS los países árabes, sirven sólo como carne de cañón para sus intereses. Ellos no son nuestras víctimas, son víctimas de islam fanático.
Los judíos israelíes somos los únicos del mundo que les damos a los palestinos asistencia médica gratuita. Somos los únicos que les entregamos todos los días toneladas de alimentos, para que puedan comer, mientras sus jefes se dan la gran vida en hoteles de lujo. Sin embargo, nunca hemos instrumentado nuestra ayuda humanitaria.
¿Y sabes por qué? Porque no somos la porquería que vende la propaganda antisemita. Porque somos nosotros y algunos pocos amigos verdaderos los únicos que conservamos la moral y la ética para ayudar de verdad a los palestinos.
¿Qué harás cuando vengan por ti? ¿Qué harás cuando vengan por tu hija? ¿O por tu nieta?
¿Darás las gracias porque han liberado el mundo de los judíos?
Pero esto no sucederá porque antes han de hacernos desaparecer, y eso no sucederá... ¿Entonces pedirás nuestra ayuda, como la pide hoy la población de Gaza, rehenes de Hamás?
Pero piénsalo un poco, ¿estás seguro que te ayudaremos?

Fuente: Por Israel


viernes, 15 de agosto de 2014

REDEFINIR ESPAÑA

(Foto: F. Redondo)

El desafío nacionalista vasco y catalán nos está obligando a pensar de nuevo qué es España y los españoles. La primera consecuencia del conflicto y la polémica en que estamos sumergidos desde hace años es que ya no nos sirven la mayoría de los tópicos e invenciones del pasado: al descubrir los engaños del nacionalismo hemos descubierto también los engaños e invenciones del nacionalismo español. No hay otro camino que el de denunciar la ideología nacionalista como perjudicial e inservible, pero esto también nos afecta y deja ideológicamente desarmados.

La indefensión ante la fuerza y arrogancia de los nuevos nacionalismos nos ha llevado a la mayoría de los españoles al silencio, la incapacidad para elaborar un nuevo discurso acorde con nuestras convicciones democráticas. Es hora de descubrir y aceptar que ya no nos sirven más que parcialmente los del 98, los del 27; ni siquiera los teóricos de la República. Su discurso está indisolublemente ligado a una idea del nacionalismo que hoy ya no nos es útil, porque si la aceptamos nos quedamos sin argumentos frente a los nuevos nacionalismos.

Fue Américo Castro quien primero se enfrentó a los tópicos e invenciones sobre el origen de España y los españoles. A pesar de su esfuerzo clarificador, todavía hoy no han sido plenamente asumidas sus ideas. Américo Castro demostró que no hubo españoles antes del siglo XIII, así que remontarnos a Atapuerca, a Altamira, a Elche, a Numancia, a Tartesos o a Sagunto no son más que fantasías. La continuidad imaginaria de una esencia (de España y los españoles) carece de todo fundamento. Iberia, Hispania, España es un referente geográfico, pero la tierra no cría ni engendra pueblos, lenguas o culturas. La continuidad y permanencia (relativa) de una tierra, un paisaje, una orografía..., no produce una continuidad biológica y cultural.

Los españoles no existieron desde el origen de los tiempos, sino que se fueron haciendo a partir del siglo X, poco a poco, superando sus divisiones en leoneses, castellanos, navarros, aragoneses, catalanes... Empezaron a ser españoles cuando empezaron a nombrarse españoles, y el gentilicio "español", de origen provenzal, empieza a generalizarse a partir del siglo XII a través del Camino de Santiago, no antes. Así que antes no había españoles, sino distintos grupos sin conciencia común "nacional". Su única identificación común era el ser "cristianos" frente a los "musulmanes".

Así que no somos "celtas", "íberos", "romanos","godos" ni "árabes"... Esos pueblos fueron desapareciendo y redefiniéndose absorbidos por otros, no son ningún referente histórico cuya continuidad biológica haya dado lugar a los "españoles". La biología tiene poco que ver con la conciencia común, con la invención de una conciencia común, que lo mismo que se definió como "española", se pudo definir de otra manera. Por ejemplo, "portuguesa".

Así que si hoy defendemos una idea nueva de España, no hemos de basarla en ningún mito ancestral, sino en los hechos que ocurrieron en nuestro país a partir del siglo XIII y que han configurado una idea común de convivencia e identidad histórica, no basada en ninguna esencia (racial o biológica), sino en una continuidad de unión y convivencia asumida por la mayoría. Necesitamos definir una idea democrática de España frente a todo esencialismo mítico. No necesitamos remontarnos a Viriato, ni a Séneca, ni a Numancia ni a Tartesos para buscar nuestra identidad. Lo que somos nació de una situación histórica concreta y se ha ido redefiniendo y revalidando desde entonces gracias a su utilidad y eficacia.

La historia no es ni la orografía, ni la biología, ni la psicología, ni la economía, ni la mitología, sino el resultado de una conciencia colectiva actuante, que ha guiado y determinado las acciones de unos hombres concretos, movidos por ideales, valores colectivos y estímulos sociales. Redefinir España es redefinir  nuestros valores, ideales, proyectos y formas de organización comunes. No nos ha ido tan mal desde el siglo XIII, pese a todos los signos y amenazas de mal augurio que han puesto a prueba nuestra conciencia colectiva, en el pasado y en el presente.


miércoles, 6 de agosto de 2014

REFLEXIONES DE VERANO

(Foto: S. Trancón)

El yo, en cuanto fracasa o es golpeado, se entrega a la muerte.
Prefiere morir a perder el control.

La relación entre lo pequeño y lo grande no es sólo cuantitativa. 
La cantidad modifica la cualidad.
Un arroyo no es navegable; un río sí. 
Si caes a un arroyo no te ahogas; en un río, sí te puedes ahogar.

El mal existe.
Los malvados existen.
Pero para que los malvados actúen,
se necesita que otros se lo permitan.

Todo poder, aunque sea democrático, tiende al totalitarismo.

La identidad más necesaria es la identidad democrática.
Sin ella, todas las demás identidades sobran.

Optimista es el que actúa para que las peores previsiones no se cumplan.

No basta con negar o rechazar la irracionalidad.
Hay que desactivar la racionalidad interna de lo irracional:
las emociones que lo sostienen.

Lo que importa no es quién eres, sino que haces con lo que eres.
Lo que importa no es qué tienes, sino qué haces con lo que tienes.
Qué haces y qué sientes con lo que haces.

No basta con conocer la verdad, hay que decirla.
No basta con decirla, hay que saber difundirla.

miércoles, 23 de julio de 2014

DERECHO A DECIDIR LO QUE ME DA LA GANA

(Foto. Fernando Redondo)

El “derecho a decidir” no es ningún derecho. Para serlo, hay que especificar quién decide y qué. No existen derechos abstractos. Si no se concreta un derecho, es porque se sobreentiende y, en caso de duda, se aclara. Por ejemplo, el “derecho a votar”. Nuestra Constitución especifica quién puede votar, qué se puede someter a votación e incluso cada cuánto tiempo. No todos los ciudadanos pueden votar, ni se puede votar todo ni en cualquier momento.

Así que no existe el “derecho a decidir”, sino el derecho a decidir algo. Sin un quién, un qué y un cuándo, no existe ningún derecho a decidir. Los independentistas, sin embargo, afirman machacona y provocativamente que “tienen derecho a decidir”, así, en abstracto, y añaden que es un derecho “democrático irrenunciable”. Ni especifican ni discuten el contenido de ese derecho, ni quiénes lo pueden ejercer, ni cada cuánto tiempo. Todo se sobreentiende. Mejor dejarlo sin definir, para poder interpretarlo en cada caso según convenga.

Hoy ya nadie duda de que con el “derecho a decidir” lo que se quiere decir (y ocultar) es el “derecho a decidir la independencia”, y que los sujetos de ese derecho son “los catalanes”, o sea, únicamente los ciudadanos empadronados y censados en Cataluña. Así que cuando alguien (sea catalanista, izquierdista, batasuno, socialista, comunista, populista, republicano..., que todos repiten la misma serenata, incluidos algunos del PP) defiende el “derecho a decidir”, lo que está afirmando es que los catalanes, ellos solos, tienen derecho a decidir la independencia de Cataluña. Los más patéticos son los que se ponen a matizar: que si doble referendum, que si federalismo asimétrico, que si reforma de la Constitución... Se niegan a encarar la única verdad: la invención de un derecho inexistente urdido para alcanzar de forma totalitaria y antidemocrática la independencia.

Que se trata de una maniobra antidemocrática, de confusión y manipulación ideológica y mental, es algo que podemos descubrir nada más preguntarnos por quién se ha inventado ese derecho a decidir de forma unilateral y exclusiva la independencia. La respuesta es clara: los independentistas, los que quieren la independencia. O sea, que primero digo que tengo derecho a la independencia, y luego exijo que se me reconozca. Desplazo el problema hacia donde no está: exijo que los demás reconozcan un derecho que yo mismo me he otorgado. Si no me lo reconocen, son antidemócratas, fascistas, centralistas, ocupantes.

El proceso independentista y secesionista (no le llamemos soberanista, otra argucia lingüística), se basa en una maniobra profundamente antidemocrática que atenta contra la democracia española, contra el estado de derecho, contra el derecho a decidir de todos los españoles sobre el marco constitucional que fundamenta nuestra sociedad, contra un proceso histórico de siglos de unidad y convivencia, contra un entramado fecundo de relaciones familiares, sociales y culturales, contra las estructuras económicas compartidas, contra un orden de intercambios y equilibrios de todo tipo (territoriales, nacionales, europeos, mundiales) elaborado durante muchos años, tanto en el terreno cultural, como defensivo, tecnológico y de comunicaciones, etc. Frente a todo eso no puede prevalecer el interés egoísta de una minoría que busca aumentar su poder mediante la maniobra independentista y guiada por la ambición, el rencor, el desprecio, la autosuficiencia y una patológica necesidad de revancha de no se sabe qué milenarios agravios.

El “derecho a decidir” es, por tanto, no solo una patraña y una descarada manipulación ideológica, sino una peligrosa provocación antidemocrática que nadie debiera dejar pasar sin rebatir y desenmascarar, porque en realidad no es otra cosa que el “derecho a decidir lo que me da la gana”. ¿Qué otra cosa ha hecho el Parlamento catalán, sino decidir por su cuenta qué se puede o no decidir, quiénes pueden y no pueden decidir y cuándo han de decidir? La democracia es todo lo contrario del derecho a decidir lo que me da la gana. Para decidir lo que me sale de abajo no necesito ningún derecho, basta con imponerme con amenazas y enredos, que es lo que ha hecho durante casi 40 años el independentismo con total impunidad y alevosía.

El “derecho a decidir”, repito, no es ningún derecho. El “derecho a decidir la independencia de Cataluña” tampoco es hoy ningún derecho, porque no existe como tal en nuestro estado de derecho. Para que lo fuera no bastaría “reformar la Constitución”, como empiezan a repetir hoy estúpidamente casi todos los políticos. Lo que habría que hacer primero era abolir la Constitución y proclamar la desaparición del actual Estado; luego, inventarse otro Estado y otra Constitución. ¿Reformar la Constitución? Sí, pero no para hacer lo que pretenden los reformistas federalistas de última hora, sino para dotarnos de un Estado más democrático y asegurar una verdadera igualdad entre todos los ciudadanos. Para ello habría que empezar por desactivar y revisar todas las leyes confusas que han permitido la constitución de embriones de estados independientes al margen del Estado, abocado a la autodisolución si no se establece un orden más justo e igualitario.

La democracia es el establecimiento de la ley para lograr el bienestar y el bien común. La democracia es radicalmente incompatible con el derecho a decidir lo que le da la gana, no sólo a un individuo, sino a un banco, un partido, un grupo de presión, un colectivo, un parlamento, un gobierno, una mafia, una organización terrorista, independentista, religiosa, deportiva, mediática... Podemos y debemos reformar nuestra Constitución para que el derecho a decidir lo que les da la gana, otorgado a muchas instituciones, organismos y poderes fácticos (desde el gobierno a los banqueros, de los jueces a los alcaldes, etc.) se convierta en un derecho democrático regulado y controlado por la mayoría de los ciudadanos. No es esto lo que piden los neofederalistas, incapaces de enfrentarse al verdadero problema de nuestro país: la falta de definición y establecimiento de un verdadero Estado Democrático, basado en el imperio de la ley frente al derecho a decidir lo que a cada uno le da la gana. No hay más que dos caminos, o democracia o totalitarismo, o leyes comunes e igualitarias, o sometimiento a la imposición del más fuerte, representado hoy por el independentismo destructivo y desintegrador.
http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2014/07/el-derecho-a-decidir-lo-que-me-da-la-ganasantiago-trancon-perez-9850.php


jueves, 10 de julio de 2014

EL DISCURSO DE LA EDAD DORADA (y III)

(Foto: Agustín Galisteo)

Lo que nos conviene aquí señalar es la estrecha vinculación de la tradición judía con una visión idealizada de la naturaleza, en la que los pacíficos agricultores y pastores encarnan el modo de vida más acorde con el orden del universo. El rey David, recordemos, era pastor. La exaltación de la vida natural, la idealización de la vuelta a la naturaleza, el considerar el orden natural como el referente básico del que nace toda moral y toda norma, por encima de las leyes políticas y administrativas, es algo esencial en la visión que don Quijote tiene del mundo y que justifica su actuación. Entenderemos ahora mucho mejor el famoso discurso de la Edad Dorada con que don Quijote encandila a los cabreros:  
Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto”, etc. (I, 11).
Vemos en esta descripción algunos rasgos singulares. El paisaje no responde a los tópicos del Paraíso ni la Arcadia, sino que tiene que ver con el entorno real en el que se encuentran los cabreros: encinas, ríos, peñas, alcornoques... Se insiste en que la tierra es una madre fecunda y generosa y, sobre todo, en que todas las cosas eran comunes y por eso “todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia”. Define esa Edad, a la que llama “venturosa” y “santa”, por oposición a la presente, “nuestros detestables siglos”, “nuestra edad de hierro”, aludiendo así a la guerra, pero también a la falta de concordia y amistad, a la violencia sobre la que se asientan las relaciones humanas, movidas por el dinero, la ambición y la posesión privada: “No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y la llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese”. La orden de caballería, nos dice, nació para luchar contra la maldad que destruyó aquellos felices tiempos.
A Cervantes no le interesa recrear un espacio mítico o lejano, sino hablar de lo que tiene delante, de la sociedad y el tiempo en que vive. Se dirige a unos cabreros reales, no a unos falsos pastores, como eran los que protagonizaban las novelas pastoriles. Lo que les predica y explica, no es algo que esté alejado de su modo de vida ni pertenezca a ninguna utópica irrealidad bucólica. Sabemos que por todos los pueblos del antiguo Reino de León, la propiedad comunal era, no una excepción, sino la forma básica de organización social: los bienes más importantes, como los ríos, los montes, los bosques, los prados, la caza..., o sea, las bases de su sustento, eran propiedad de la comunidad o concejo, es decir, de todos los vecinos. Todas las normas nacían del concejo, o sea, de una reunión abierta en la que, formando un corro, todos eran iguales, ejercían la democracia directa, establecían el derecho consuetudinario y resolvían los conflictos. Esta forma de organización ha pervivido hasta hoy, convirtiéndose en uno de los ejemplos más admirables y sorprendentes de resistencia al capitalismo. No es que no hubiera propiedad privada; pero incluso ésta, requería el concurso y la colaboración de todo el pueblo para mantenerse. Los caminos se construían mediante el sistema de hacendera o facendera, o sea, con el trabajo de todos los vecinos; lo mismo ocurría con la organización de otras tareas, como la construcción de las casas, el techado o teitado, el cuidado de los rebaños de ovejas, cabras o vacas (la llamada vecera, que reunía todos los animales del pueblo o aldea), que eran llevadas a pastar por los vecinos, turnándose en este trabajo. Así que el tuyo y mío se sustentaba en el de todos o el común. Esto era una realidad en tiempos de Cervantes, y su origen se remonta a la época prerromana; sin duda debió de conocerla directamente y tenerla muy en cuenta cuando escribe este emotivo discurso de don Quijote. La coherencia entre el entorno geográfico y social y el contenido y las imágenes que evoca, es algo que hemos de tener muy en cuenta y que fundamenta la hipótesis de esta presencia e influencia de “lo leonés” en el Quijote.    
Frente al idealismo platónico, Cervantes acepta la lucha de los contrarios, que trata de reconciliar, pero no de eliminar o ignorar. Detrás de su humor se asoma con frecuencia la melancolía y, en el fondo, el pesimismo. No se fía de la ilusión, por eso no cree en la posibilidad de volver a un mundo unitario, original y puro. La riqueza, la codicia, la mentira, la intolerancia, la guerra han destruido toda posibilidad de volver a ninguna Edad Dorada. La defensa de la sencillez, la espontaneidad, la llaneza, la armonía y cierta idealización de lo rústico y pastoril, no le impide desvelar al mismo tiempo la utopía oculta en esa idealización. Lo pastoril es un tema esencial en Cervantes, pero sobre el que realiza una desmitificación radical.
Cervantes logra lo más difícil, mostrarnos una utopía caballeresco-pastoril, con todos sus atractivos, pero a la vez su opuesto, una contrautopía, al contarnos con igual crudeza y maestría las consecuencias de esa utopía: “Mundo pastoril y mundo caballeresco no son ni cosas separadas, ni siquiera yuxtapuestas, sino los dos hemisferios, perfectamente encajados, de una misma imagen ideal de la sociedad”, nos aclara José Antonio Maravall. Frente a ese mundo, Cervantes “presentó su obra como una contrautopía, escrita a fin de oponerse a la falsificación de la utopía que representaba el propio Don Quijote”.
Cervantes es un humanista, influido por todas las corrientes progresistas y reformistas del momento, pero al que le toca vivir una época de profundo desengaño y decadencia. No renuncia a sus ideales renacentistas, pero se niega al mismo tiempo a cualquier mitificación de esos ideales; no se evade de la realidad que tiene a su alrededor. Le repele la mentira, el engaño, la falsificación y la evasión, no sólo por ser incompatibles con su sentido crítico y observador, sino porque cree que conducen al fracaso, el dolor y sufrimiento inútil.
Hay algo, sin embargo, que no duda Cervantes en criticar: la imposición de un Estado basado en un ejército regular, una economía dineraria y una burocracia administrativa y política inoperante y corrupta. Esta crítica es paralela a la que hace del poder y la imposición de los dogmas de la Iglesia Católica, el fundamento ideológico en que se asienta el Estado, confundiéndose con él.
Don Quijote siente un repulsa hacia toda autoridad política o militar que esté por encima de él. Sólo obedece a su impecable sentido del orden y la justicia basado en el respeto y el modelo de la naturaleza.  
Especial interés tiene su relación con el dinero. Don Quijote es generoso, desprendido, el dinero no le interesa. Preferiría vivir sin él. En su primera salida no lleva ni un maravedí. Cuando no tiene más remedio, le deja a Sancho este asunto; será él quien custodie la bolsa común y la administre.
Cervantes critica el afán de lucro y la avaricia, la pasión por el dinero, tan presente en el desarrollo de la burguesía y el capitalismo. Dirán algunos que esto contradice las afirmaciones que hemos hecho sobre su ascendencia judía. La simplificación y el estereotipo del judío como un ser mezquino y usurero, fue un lugar común extendido desde la Edad Media. Pero hay que recordar que la crítica de la riqueza y el dinero nació en primer lugar dentro del judaísmo. El judaísmo no condena el enriquecimiento lícito, pero siempre supedita la riqueza a la obligación de dedicar parte de los beneficios a hacer obras de caridad y de ayuda comunitaria. El dinero y la acumulación de riqueza no es un fin en sí mismo. Cervantes tampoco acepta la pobreza y la penuria, a la que juzga origen de muchos males y asocia siempre a la injusticia; lo que elogia es el desprendimiento, el desapego de las riquezas, pero por considerar al dinero como un impedimento para alcanzar la pureza de espíritu, la perfección espiritual.
Digamos, para acabar, que don Quijote vuelve a su patria después de intentar poner orden en el caos del mundo, después de realizar su particular tikkun olam. Ha hecho lo que ha podido. La aldea es el único lugar en que puede refugiarse; pero esta vuelta a la naturaleza, este regreso al orden natural no es más que otra utopía. El mundo rural, símbolo y soporte de la ilusión naturalista, está también crisis. Si don Quijote no pudo resucitar la andante caballería, tampoco será posible volver a ninguna alegre y melancólica vida pastoril. Sin embargo, ahí quedan sus ideales: el del valor y el empeño por luchar contra la injusticia, y el deseo de vivir en una sociedad pacífica y tolerante, en permanente contacto con la naturaleza. El discurso de la Edad Dorada sigue interesándonos porque seguimos anhelando tanto la justicia y la tolerancia, como la paz y la serenidad que sólo nos puede ofrecer la naturaleza.