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jueves, 31 de enero de 2008

POÉTICA (II)

(Foto:PortfolioNatural)




La poesía es subjetiva, pero no egocéntrica ni narcisista. Busca el conocimiento, la clarividencia y el éxtasis, pero no la exaltación del yo. Es más corporal que psicológica, más universal que personal, más intemporal que histórica. Transmite una vivencia, un estado emocional y mental, pero no un ego. No responde a ninguna exigencia o conveniencia social. Por eso es verdadera comunicación, diálogo, todo lo contrario del autismo o el ensimismamiento. Por eso el lector, para gozar de la poesía, tiene que dejarse llevar, entregarse por entero al fulgor de las palabras y su sonoridad, a las imágenes y sus ecos, las ideas y su iluminación. Tiene que romper su aislamiento y abrirse al otro. Un otro que es también él mismo, su lado oculto, su propio misterio.
Contemplar, sentir, pensar y crear belleza. Provocar una experiencia nueva en la que se une lo físico y la conciencia, el sentir y la idea, el ser con el dejar de ser, el yo con la objetividad del mundo: a esto aspira la poesía.
Nada más lejos, por tanto, de mi visión de la poesía que la impostura, los sentimientos fingidos, la hojarasca retórica, la arbitrariedad sintáctica, la mezcolanza forzada de géneros, la egolatría, el exhibicionismo, la búsqueda de novedades (que es lo contrario de la innovación), el vacío de sentido, la confusión mental, la afasia, la indefensión del lector. No vale todo, ni todo vale; cada palabra ha de estar justificada, no ser superflua, innecesaria.
Así que sobran etiquetas: ni poesía social, ni del realismo sucio, ni novísima, ni culturalista, ni de la experiencia, ni modernista, ni postmoderna, ni deconstruida, ni irracional, ni surrealista, ni joven ni vieja. Poesía que provoca una experiencia única, intensa, emocional y mental a la vez, corporal y etérea, un darse cuenta del misterio que nos rodea, de la belleza y el dolor y la tristeza que traspasa el mundo. Un sentir eso que de verdad ansiamos y necesitamos sentir para sentirnos vivos y conscientes.
¿Dónde queda todo eso del mercado, la búsqueda ansiosa y patológica de reconocimiento, la fama literaria, el nombre propio por encima de todo y de todos, el hacer del arte de la palabra una forma de enriquecimiento y poder? Lejos, muy lejos... La poesía, ¿al servicio de qué y de quiénes? ¡Sólo de sí misma y para sí misma! Sólo si, después de leerla y releerla, uno cambia, vive, piensa y siente algo distinto. ¿Qué? Eso lo tiene que experimentar y vivir cada lector.
Nada más ex-temporáneo y actual (actuante), más alejado de la compulsión y aturdimiento de la vida cotidiana, que la poesía, el sosiego activo, la contemplación desinteresada, el descubrimiento inesperado, la pasión y el entusiasmo, el encuentro verdadero. Plenitud en el vacío.

POÉTICA (I)

(Foto:PortfolioNatural)
A principios de febrero saldrá publicado mi libro Desvelos de la luz en la editorial Huerga y Fierro. Este libro fue el primer finalista del desdichado y escandaloso II Premio de Poesía "Viaje del Parnaso", que se le otorgó a un libro de Villena, que no cumplía ni una de las bases del premio. Los curiosos lectores podrán comparar este libro con el premiado y sacar sus conclusiones. Este escándalo me llevó a precisar mi idea de la poesía, que transmito a continuación en dos partes. Mi propósito es, ya lo dice el título de este bloc, "hacer pensar", porque el pensar es también un hacer, sobre todo cuando hace pensar.

Proclamar que los géneros literarios no existen es como afirmar que la tierra es plana. Cuanto más se empeñan algunos en anunciar su desaparición, más se nos impone su existencia y necesidad. La literatura gira, da vueltas alrededor del hombre, y no es plana. Dice Bajtin: “Cada género posee determinados principios de selección, determinadas formas de visión y concepción de la realidad, determinados grados en la capacidad de abarcarla y en la profundidad de penetración en ella”.
Los géneros son modos específicos y diferenciados de organizar la producción y la estructura del texto literario. Modos diversos de enunciación, con impulsos, intenciones y finalidades comunicativas distintas. Los géneros se justifican porque lo que cada uno alcanza, no lo puede lograr el otro, o no del mismo modo, o no con la misma intensidad. Por eso cada género exige su lector: una disposición mental, anímica y atencional propia, acorde con la naturaleza específica de cada texto.
La poesía no es simple convención formal o estilística. Lo que ella ilumina, descubre y crea, no es lo mismo que lo que convoca una novela, un cuento, una obra dramática, un ensayo o una noticia de periódico. La diversidad de géneros no es limitación, sino enriquecimiento de la experiencia humana. Y porque existen, un autor puede jugar con ellos, mezclarlos, enfrentarlos o refundirlos. Pero también puede profundizar en su esencia, en su razón de ser, y llevar el modo particular de visión, expresión y creación de cada género hasta su raíz. Puede ser así radical y original, o sea, ir hacia el origen, la fuente. La poesía selecciona, comprende y desvela aspectos de la realidad, del mundo y sus misterios, que sólo a través de ella podemos vivir y vislumbrar.
La poesía es ritmo, respiración, cadencia. Por eso, su modo natural de enunciación es el verso. El verso puede adoptar formas continuas, sin espacios en blanco que señalen o hagan visibles sus ritmos, pero nunca puede confundirse este modo de escritura y respiración con el de la prosa, que tiene otras formas y condiciones rítmicas, menos visibles, menos marcadas, más extensas y cambiantes.
La poesía es concisión, intensidad, concentración significativa y emocional. En esto también se distingue de la prosa, más elástica, más expansiva y orientada hacia lo útil o referencial.
La poesía, hoy, es siempre lírica. La épica ha encontrado su cauce natural a través de otros géneros, incluido el cine. Es lírica porque no puede construirse con emociones fingidas. El yo lírico sólo puede decir la verdad, transmitir su visión y su vivencia. Por eso, el espacio y el tiempo en (y de) un poema es siempre subjetivo.
La poesía no está hecha para contar historias ni para describir cosas, sucesos o paisajes, sino para transmitir lo que el poeta siente, piensa e imagina al observar la realidad, dialogar con los otros y vivir de cerca su dolor, su alegría y sus profundos anhelos, que son también los suyos. Por eso la verdadera poesía nos libera del peso y la ofuscación de la realidad social y de las exigencias y apremios de la vida.

sábado, 26 de enero de 2008

PARA EMPEZAR ESTE BLOC

(Foto:PortfolioNatural)
Para empezar este blog lo primero que quiero hacer es no llamarle blog, sino bloc. Así que comienzo reivindicando esta palabra, reviviéndola, sacándola de las cenizas en que duerme. Bueno, no tan dormida. Windows tiene una función que titula "Bloc de notas".

Bloc, aunque de origen francés, es palabra de nuestra infancia, sinónimo de cuaderno. Quizás se extendió por esa tendencia natural del lenguaje hacia la novedad. Novedad y renovación, pero también por la necesidad de matizar. El bloc no llevaba grapas, sino un alambre ensortijado que anillaba las hojas y tenía las tapas de cartón. Un paso adelante.

De bloc podemos derivar "bloquero". Me gusta más que "bloguero". Bloquero resuena a roquero (de rock y de roca). Y podemos hablar de "bloquear" como una de las funciones esenciales del "bloc": bloquear la falsa información, la manipulación, el engaño y la mentira. También podemos establecer con el "bloc" un bloqueo a todo lo que no nos gusta, al cúmulo asfixiante de tonterías que nos rodea. Y hasta podemos constituir, juntos, un "bloque", una nueva forma de resistencia. O quedarnos bloquiabiertos: abiertos al pensamiento que nos hace pensar. Incluso inventarnos otra: bloker, que puede dar un poco que pensar por su semejanza con otros anglicismos conocidos. "Soy un bloker", por ejemplo, para los que no les guste lo de bloquero. También suena mejor que "bloguero". Todo esto tiene que ver con el sentido fonético y rítmico de la lengua, que es cosa que evoluciona, pero nunca violentando a capricho el fondo musical, sonoro, respiratorio, orgánico, construido a lo largo de siglos, que es lo más valioso de un idioma. Idioma viene de idios, lo propio, lo que no se uniformiza en el magma informe de un empobrecedor lenguaje cosmopolita o globalizado. De nuestra lengua hablaré largo, tendido y distendido. Porque no sólo pensamos con las palabras, sino que las palabras mismas dan mucho que pensar.

Pues para empezar, ya está.