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lunes, 25 de febrero de 2013

CONSEJO CERVANTINO PARA ESCRITORES

(Foto: Marimar Trancón)

Entre los sabios consejos que Cervantes nos ofrece, he encontrado hoy uno que me ha parecido de interés para todos los que, de modo aficionado o profesional, nos dedicamos a escribir y publicar. Se encuentra en el prólogo a La Galatea y se refiere a las dudas que un escritor puede tener a la hora de publicar un libro. Pues ni “excesiva ligereza” ni “escrupulosa tardanza”. Ni precipitarse “deseando comunicar el talento que del cielo ha recibido”, ni “de puro escrupuloso” no “contentarse nunca de lo que hace”, “teniendo sólo por acertado lo que no alcanza”. El equilibrio se logra cuando se deja de pensar sólo en uno mismo, ya que se escribe siempre para los otros, nunca sólo “para el propio gusto”.


Yo, no porque tenga razón para ser confiado, he dado muestras de atrevido en la publicación de este libro, sino porque no sabría determinarme, de estos dos inconvenientes, cuál sea el mayor: o el de quien con ligereza, deseando comunicar el talento que del cielo ha recibido, temprano se aventura a ofrecer los frutos de su ingenio a su patria y amigos, o el que, de puro escrupuloso, perezoso y tardío, jamás acabando de contentarse de lo que hace y entiende, teniendo sólo por acertado lo que no alcanza, nunca se determina a descubrir y comunicar sus escritos. De manera que, así como la osadía y confianza del uno podría condenarse por la licencia demasiada, que con seguridad se concede, asimismo el recelo y la tardanza del otro es vicioso, pues tarde o nunca aprovecha con el fruto de su ingenio y estudio a los que esperan y desean ayudas y ejemplos semejantes para pasar adelante en sus ejercicios. Huyendo de estos dos inconvenientes, no he publicado antes de ahora este libro, ni tampoco quise tenerle para mí solo más tiempo guardado, pues para más que para mi gusto solo le compuso mi entendimiento”.

lunes, 18 de febrero de 2013

LOS SIGNOS FULGURANTES


(Foto: Marimar Trancón)


Caminábamos somnolientos, dóciles, aquellas horas quietas en que nadie podía predecir 
el cambio brusco del vuelo de las aves.

Nadie atendía a los signos fulgurantes de la derrota.
Pero apareció el aliento turbio de los buitres
y el miedo
se enroscó al cuello de la noche.

Y entonces nos suicidamos todos
con los ojos desorbitados, pero ciegos.


jueves, 7 de febrero de 2013

ESTADO DE SATURACIÓN


Estamos viviendo una situación social y política excepcional. Cada día conocemos algún hecho que nos irrita más que el anterior. La lista es interminable: la de los corruptos, los sinvergüenzas, los ladrones, los mentirosos, los provocadores, los encubridores.

La corrupción es el síntoma más evidente y alarmante de la degradación de la política, la economía, la ética y el funcionamiento de las instituciones. Que afecte directa y masivamente a quienes hoy ocupan todos los resortes del poder no es algo del todo nuevo, pero sí lo es la negación sistemática de los hechos y los intentos de confundir y eludir cualquier responsabilidad. Lo que nos sorprende es la capacidad de negar, confundir y acusar a los demás de las propios escándalos.

Otro fenómeno nuevo, muy ligado al anterior, es la sobredosis de información que recibimos cada dia sobre este estado de putrefacción. El estado de corrupción se ha convertido en un estado de saturación. Esto es lo que a mí más me preocupa y sobre lo que quiero reflexionar.

¿A dónde conduce esta saturación, esta sobredosis de información? Al hartazgo, a la apatía, a la desesperación, a la indefensión, a la confusión y a la impotencia. ¿Por qué?
Primero, porque nos obliga a un sobre-esfuerzo de discriminación, de análisis y filtración de la información. Es imposible seguirle la pista a tantos asuntos, encontrar la información más fiable, hacerse una idea acertada sobre todo lo que nos cuentan o está sucediendo.
Segundo, porque toda esa información, con la irritación que provoca, no parece producir ningún efecto directo sobre la realidad, no provoca las reacciones esperadas.
Tercero, porque las protestas que origina son, por lo mismo, confusas, dispersas, efímeras y sin  ningún objetivo alcanzable claro.

El estado de saturación está provocando, paradójicamente, un estado de indefensión mayor. Por supuesto que la verdad siempre es mejor que la ignorancia, pero hay que ir más allá. No basta con la información (ahí está internet): es necesario canalizar la irritación y la protesta hacia objetivos claros y alcanzables. Lo que más me desanima a mí es el comprobar que no se está produciendo ningún cambio en esta dirección.

Si no podemos discriminar la información, distinguir lo fundamental de lo accesorio, lo importante de lo secundario.
Si no tenemos tiempo para contrarrestar la información confusa o mentirosa, la que desvía la atención y lo enmaraña todo.
Si no tenemos tiempo de analizar los hechos y sus consecuencias con objetividad.
Si no podemos canalizar la indignación más que a través de actos dispersos, sectoriales, repetidos y pasajeros (manifestaciones, asambleas).
Si la información y la indignación acaban convertidas en espectáculo televisivo o tertuliano.
Si toda la información y la irritación no se traducen en algo práctico y eficaz, el estado de saturación a que nos conduce no hace más que contribuir al mantenimiento de la situación actual.

En la democracia el mejor camino es el de la alternativa política. Tiene que surgir una alternativa política nueva. Todo lo que no vaya en esta dirección no hará más que profundizar el desánimo y la desesperación. Este estado de saturación es paralizante.