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jueves, 28 de junio de 2012

METAMORFOSIS VEGETAL

(Foto: Román Díaz)

    En la excelente Revista Cuadernos del Matemático, en su número 48, acabo de publicar el siguiente poema. Es mi celebración de la llegada del verano. 


Metamorfosis Vegetal

1
Es la hoja perecedera y desde lo alto de la rama cae al suelo
temblando, pero serena, y con leve crujido desprendida,
libra la batalla de haber sido y no por ello perecer, dejar de ser,
roce de oro, plateada, morada,
ocre o amarilla, hasta encontrar,
fugitiva de lo alto, el suelo que sostuvo su fragilidad. 

2
Solitaria espera en la inmovilidad la caricia de la lluvia que devolverá
la suavidad a su rugosa piel, oscura ya por la cercanía de la noche.
Y así, poco a poco, la tierra la acogerá
en su seno y tapada, lentamente sumergida,
con voraz sigilo los invisibles átomos la disolverán
hasta transformarla otra vez en luminoso anhelo.

3
Oscura, incansable, infatigable, la muerte rodea de silencio y vacío
el hueco que sella con su boca, pero de esa nada brota
anhelante la fecunda savia, y contra la dura roca nuevamente busca
la luz, líquida hoja, tierna y ansiosa ascensión, creando un nuevo
círculo, impalpable empeño que anilla al tronco endurecido
aprentándolo contra sí mismo.
Goza lo profundo subiendo hacia la rama y la hoja,
derramando su anhelo, alcanza allí su plenitud victoriosa. 

lunes, 18 de junio de 2012

DIME QUÉ PIENSAS


Dime qué piensas y te diré quién eres.
Dime cómo piensas y te diré qué sientes.
Dime en qué piensas y te diré qué haces.
Los pensamientos determinan lo que hacemos y lo que sentimos.

(Foto: S. Trancón)

Sólo hay una cosa que de verdad podemos controlar: los pensamientos conscientes.
Al pensamiento inconsciente no tenemos acceso directo.
La mayor parte de nuestros pensamientos son automáticos e inconscientes.
Sólo podemos influir y dominar una pequeña parte de nuestra actividad cerebral: la actividad consciente.

Pero esa pequeña parte es fundamental, porque ahí reside nuestra libertad y nuestra posibilidad de cambio.
Todo lo que puedo hacer libre y voluntariamente pasa por mis pensamientos conscientes.
No tenemos control directo de nuestro cuerpo, ni de nuestras percepciones, reacciones o emociones.
Sólo tenemos la posibilidad de controlar una pequeña parte de nuestros pensamientos conscientes.

Si sólo puedo de verdad controlar mis pensamientos conscientes, nada más importante para mí que concentrar mi atención en esos pensamientos para analizarlos, valorarlos y cambiarlos siempre que la realidad me lo exija. Lo más importante es ser conscientes del gran poder e influencia que tienen esos pensamientos cuando se convierten en creencias, en prejuicios, en dogmas, en ideas recurrentes, compulsivas y obsesivas. Esas ideas a las que otorgamos una validez absoluta e incuestionable.

Si haces una lista y te paras a pensar en esas ideas fijas, incuestionables, recurrentes, verás que no merecen ocupar el lugar que ocupan en tu mente, que les has otorgado un poder que no merecen.

Vivir es ser consciente. Cuanto más renuncies a dominar tus pensamientos, menos vives.
No vives para alimentar a tus pensamientos; tus pensamientos viven para alimentar tu vida, para dominar tu vida.

Domina tus pensamientos o tus pensamientos te dominarán a ti. No es lo mismo.

domingo, 10 de junio de 2012

TITUBEAN Y TARTAMUDEAN, PERO NO DUDAN



No hay modo de sustraerse a la realidad política. Cada día, una provocación mayor. La última se llama 100.000 millones de euros.
La propaganda oficial repite: Se trata de un préstamo muy beneficioso que nos aleja del rescate y la intervención. ¡Uf, qué alivio! Puta y cenagosa mentira, digámoslo claro. Una mentira mayor y más atrevida que las anteriores.

(Río Miño: S.Trancón)


Basta escucharles, prestar atención, no sólo a lo que dicen (circunloquios, eufemismos), sino a cómo hablan y a dónde miran y cómo miran cuando hablan. De Guindos (de qué guindal habrá sacado ese “de”?) es patético, patoso, ridículo, pero ahí lo tienen, anunciando la salvación. Titubea, tartamudea, no se sabe a dónde mira, un ojo lo abre desconcertado mientras el otro pugna por cerrarse para no ver lo que la lengua farfulla… Ojos borrosos, envueltos en telarañas, pero un rostro áspero, duro, con una gran mandíbula, que se le va hacia adelante.

Titubea, tartamudea, pero no duda, no quiere que los demás duden, y asegura que sólo los bancos serán los que tengan que hacer frente a esta “recapitalización”, que sólo a ellos les afectará el descomunal rescate.
No dice que los 100.000 millones son un préstamo al Estado. No dice que es un préstamo que nos hacen los grandes banqueros (a través del FMI, BCE…) que debe devolver el Estado con intereses (no sabemos todavía a qué interés ni cuándo ni cómo hay que devolverlo; esto, al parecer, es lo de menos). O sea, no dice que se trata de una deuda ciclópea que tendremos que devolver con nuestros impuestos. No dice que vamos a quedar atrapados en una deuda imposible de pagar y que nos atará de pies y manos a lo que esos prestamistas quieran, planifiquen y decidan. No dice lo que todo el mundo sabe: que España ya ha sido “rescatada” e intervenida.
  
Y que esa deuda la tendremos que devolver nosotros, la mayoría, con un sacrificio enorme, no ellos. No hace falta repetir quiénes son ellos. Lo sabemos, pero convendría ponerle nombre y apellidos. Una lista de unas mil “familias”: banqueros, grandes empresarios, aristócratas, terratenientes, sagas políticas, sagas nacionalistas, jueces, narcotraficantes… A los que hay que añadir los superpoderosos grupos alemanes, franceses, británicos, norteamericanos, chinos, árabes…, con sus redes supranacionales.

En contra de toda lógica capitalista, los banqueros culpables  no desaparecen barridos por la competencia, sino que mantienen sus chiringuitos y pasan sus deudas al Estado. En lugar de liquidar a todas esas entidades corruptas y crear una banca pública y dedicar ese dinero a promover la economía real, productiva, se refuerzan los circuitos puramente financieros para seguir especulando. ¿Qué no se podría hacer con esos 100.000 millones bien empleados (a los que habría que añadir los 20.000 millones ya desembolsados, que nunca más se recuperarán, y de los que nadie habla)?


La democracia está fallando en su raíz, porque está claro que no hemos dado a los políticos tanto poder como para que cometan este atraco y aparezcan, al mismo tiempo, como nuestros salvadores. Del tartamudeo de Rubalcaba hemos pasado al de Guindos. Avanzamos… ¡hacia el abismo! La calma durará, lo auguro, en el mejor de los casos, un mes. La realidad es demasiado terca y el objetivo muy claro: de momento, acabar con lo poco que queda del Estado del bienestar; luego, ya veremos. A lo mejor sobra hasta la democracia. O lo que quede de ella.

¿Hay alguien que se crea, a estas alturas, que la guerra iniciada es un problema contable, un problema de déficit presupuestario?  


PD. Optimista, ayer, al acabar esta entrada, auguraba que la calma duraría unas semanas. Me equivoqué. No ha durado ni 24 horas. 


Por si fuera poco, acabo de leer la opinión de Paul Krugman:
  

Independientemente de cuáles sean las raíces profundas de esta parálisis, está quedando cada vez más claro que hará falta una catástrofe sin paliativos para que haya alguna acción política real que vaya más allá de los rescates bancarios. Pero no desesperen: al paso al que van las cosas, especialmente en Europa, la catástrofe sin paliativos podría estar a la vuelta de la esquina.

(Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y Premio Nobel 2008).

martes, 5 de junio de 2012

TAMBIÉN DON QUIJOTE SE DEPRIME

(Fotos: Fernando Redondo)

Don Quijote es un optimista insobornable, jamás se deja derrotar psicológicamente. No cesa en su propósito de vida a pesar de todos los fracasos. Tiene tanta fe en sí mismo que acaba arrastrando y metiendo a todos en el mundo de fantasía y heroísmo que ha creado. Cuando acepta su derrota, cuando ya no tiene energía para seguir viviendo en el mundo que ha construido, se deprime y se deja morir.

Hay un momento en el que se anuncia este cambio, con la sutiliza con que Cervantes va haciendo evolucionar a sus dos grandes personajes. Después de desviarse para no pasar por Zaragoza, se adentran en un bosque y de pronto aparece un tropel de toros que acaba pasando por encima de ellos. Dice entonces don Quijote:

-Come, Sancho amigo; sustenta la vida, que más que a mí te importa, y déjame morir a mí a manos de mis pensamientos y a fuerzas de mis desgracias. Yo, Sancho, nací para vivir muriendo y tú para morir comiendo; y porque veas que te digo verdad en esto, considérame impreso en historias, famoso en las armas, comedido en mis acciones, respetado de príncipes, solicitado de doncellas: al cabo al cabo, cuando esperaba palmas, triunfos y coronas, granjeadas y merecidas por mis valerosas hazañas, me he visto esta mañana pisado y acoceado y molido de los pies de animales inmundos y soeces. Y decide dejarse morir de hambre, porque se le ha quitado "de todo en todo la gana de comer".


Me topé con este pasaje, en el que en anteriores lecturas no había reparado, hace unos días, cuando me encontraba igualmente falto de ánimo. De vez en cuando se nos viene encima un tropel de toros bravos, casi siempre guiados por mansos cabestros. Nos dejan molidos y humillados, y es entonces cuando hemos de reconocer humildemente que existen fuerzas inesperadas que nos atropellan y lo más que podemos hacer es protegernos contra el suelo y esperar a que pasen. 

Don Quijote se repone y prosigue su camino hacia Barcelona. Aún no ha llegado su hora. Se retirará de su oficio de caballero andante cuando él lo decida. Admirable ejemplo de entereza. Los psicólogos le llaman resiliencia, una palabra un poco rebuscada, pero que viene bien para los tiempos que corren (y nos atropellan).