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miércoles, 10 de junio de 2009

ELEVAR LA MIRADA


(Imágenes: Dino del Monte)

Han pasado las elecciones europeas y, la verdad, es para echar por tierra el ánimo de cualquiera. No sólo comprueba uno que el voto de la mayoría es de lo más incomprensible y errático, sino que algo falla, que el sistema democrático está pidiendo a gritos un cambio radical... ¡para ser de verdad democrático! No hemos aprendido de la experiencia nazi, que llegó al poder a través de las urnas.

La democracia exige una regulación más rigurosa, que haga imposible que quienes no la aceptan se aprovechen de ella para destruirla. Todas esas tonterías sobre la fortaleza de la democracia, que es capaz de aceptar dentro de sí a sus propios enemigos, pues es eso, una estupidez. Que el Parlamento Europeo esté plagado de antidemócratas que no creen en el propio proyecto europeo es una prueba escandalosa del desvarío de una política ciega e inoperante.

Pero no sólo es desolador el panorama europeo, sino el que tenemos aquí, en este viejo país que camina igualmente hacia la deriva antidemocrática. Ver triunfantes a los corruptos, los ladrones, los que utilizan la mentira y el engaño, sistemática e infatigablemente, inmunes a cualquier escrúpulo moral, con un descaro matón, mientras se hacen las víctimas de todo tipo de delirantes conspiraciones, es algo que debería repugnar e indignar a cualquier demócrata, sea del partido que sea. Hay algo que está muy por encima de las preferencias políticas e ideológicas, y es que quien roba debe ir a la cárcel, quien engaña o miente debe ser castigado, quien insulta debe pagar por ello, quien usa el dinero de todos para beneficio propio debe ser apartado, de por vida, de la política y la vida pública, etc.

Pero hoy vemos en nuestro país que todo es al revés, que quien es más miserable y descarado, quien mejor roba, quien más insulta, quien más engaña, más votos recibe. Insisto, esto está por encima de las preferencias políticas, es el suelo mínimo sobre el que poder caminar como ciudadanos libres. A partir de aquí debería empezar la política, no de aquí para abajo. Cuando se dan la vuelta a estos principios mínimos y todo se confunde, ¿qué podemos esperar?

Bien, pues sumido en este pesimismo coyuntural, que amenaza con precipitarse hacia abajo, hacia el abismo, me topé con el programa Redes, que me sirvió de alivio, porque me ayudó a elevar la mirada, a levantar los ojos hacia otro abismo, el del cosmos, infinitamente más interesante y estimulador. Me quedé con algunas ideas, tan simples como incomprensibles:
Que nuestro universo, el que conocemos, compuesto por más de cien mil millones de galaxias, no es más que uno de los infinitos universos existentes que han ido surgiendo y siguen surgiendo del vacío, el falso vacío, porque está lleno de algo que, a falta de mejor palabra, llamamos energía, una energía indescriptible y desconocida. Son infinitos los mundos, pero finitas las reglas que hacen posible la constitución de la materia y la vida, por lo que en alguno de esos otros mundos necesariamente se repetirá lo que vemos y somos en éste... Fascinante y un poco aterrador, pero así es el misterio de todo lo que existe, incluidos nosotros mismos.

De la baja política al alto misterio del cosmos. Movido por la necesidad de elevar la mirada busqué por Google “la música de las esferas” y “el sonido de los planetas”. Lo recomiendo a cualquiera. Escuchar ese rumor de infinitos armónicos e imaginar que vamos por el universo a velocidades inconmensurables, girando a nuestro alrededor y acompañando a soles que giran en torno a galaxias... Pues sí, un viaje alucinante.
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