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viernes, 15 de agosto de 2014

REDEFINIR ESPAÑA

(Foto: F. Redondo)

El desafío nacionalista vasco y catalán nos está obligando a pensar de nuevo qué es España y los españoles. La primera consecuencia del conflicto y la polémica en que estamos sumergidos desde hace años es que ya no nos sirven la mayoría de los tópicos e invenciones del pasado: al descubrir los engaños del nacionalismo hemos descubierto también los engaños e invenciones del nacionalismo español. No hay otro camino que el de denunciar la ideología nacionalista como perjudicial e inservible, pero esto también nos afecta y deja ideológicamente desarmados.

La indefensión ante la fuerza y arrogancia de los nuevos nacionalismos nos ha llevado a la mayoría de los españoles al silencio, la incapacidad para elaborar un nuevo discurso acorde con nuestras convicciones democráticas. Es hora de descubrir y aceptar que ya no nos sirven más que parcialmente los del 98, los del 27; ni siquiera los teóricos de la República. Su discurso está indisolublemente ligado a una idea del nacionalismo que hoy ya no nos es útil, porque si la aceptamos nos quedamos sin argumentos frente a los nuevos nacionalismos.

Fue Américo Castro quien primero se enfrentó a los tópicos e invenciones sobre el origen de España y los españoles. A pesar de su esfuerzo clarificador, todavía hoy no han sido plenamente asumidas sus ideas. Américo Castro demostró que no hubo españoles antes del siglo XIII, así que remontarnos a Atapuerca, a Altamira, a Elche, a Numancia, a Tartesos o a Sagunto no son más que fantasías. La continuidad imaginaria de una esencia (de España y los españoles) carece de todo fundamento. Iberia, Hispania, España es un referente geográfico, pero la tierra no cría ni engendra pueblos, lenguas o culturas. La continuidad y permanencia (relativa) de una tierra, un paisaje, una orografía..., no produce una continuidad biológica y cultural.

Los españoles no existieron desde el origen de los tiempos, sino que se fueron haciendo a partir del siglo X, poco a poco, superando sus divisiones en leoneses, castellanos, navarros, aragoneses, catalanes... Empezaron a ser españoles cuando empezaron a nombrarse españoles, y el gentilicio "español", de origen provenzal, empieza a generalizarse a partir del siglo XII a través del Camino de Santiago, no antes. Así que antes no había españoles, sino distintos grupos sin conciencia común "nacional". Su única identificación común era el ser "cristianos" frente a los "musulmanes".

Así que no somos "celtas", "íberos", "romanos","godos" ni "árabes"... Esos pueblos fueron desapareciendo y redefiniéndose absorbidos por otros, no son ningún referente histórico cuya continuidad biológica haya dado lugar a los "españoles". La biología tiene poco que ver con la conciencia común, con la invención de una conciencia común, que lo mismo que se definió como "española", se pudo definir de otra manera. Por ejemplo, "portuguesa".

Así que si hoy defendemos una idea nueva de España, no hemos de basarla en ningún mito ancestral, sino en los hechos que ocurrieron en nuestro país a partir del siglo XIII y que han configurado una idea común de convivencia e identidad histórica, no basada en ninguna esencia (racial o biológica), sino en una continuidad de unión y convivencia asumida por la mayoría. Necesitamos definir una idea democrática de España frente a todo esencialismo mítico. No necesitamos remontarnos a Viriato, ni a Séneca, ni a Numancia ni a Tartesos para buscar nuestra identidad. Lo que somos nació de una situación histórica concreta y se ha ido redefiniendo y revalidando desde entonces gracias a su utilidad y eficacia.

La historia no es ni la orografía, ni la biología, ni la psicología, ni la economía, ni la mitología, sino el resultado de una conciencia colectiva actuante, que ha guiado y determinado las acciones de unos hombres concretos, movidos por ideales, valores colectivos y estímulos sociales. Redefinir España es redefinir  nuestros valores, ideales, proyectos y formas de organización comunes. No nos ha ido tan mal desde el siglo XIII, pese a todos los signos y amenazas de mal augurio que han puesto a prueba nuestra conciencia colectiva, en el pasado y en el presente.


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