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jueves, 16 de octubre de 2014

SOBRE EL PREMIO SAMUEL TOLEDANO 2014


El Premio Samuel Toledano de este año ha sido otorgado, según mis informaciones, al libro Orígenes de la filosofía en español. Actualidad del pensamiento hebreo de Santob, de Ilia Galán (ed. Dykinson, Madrid 2013). Las bases dicen que “se instituye un premio anual sobre la historia y la cultura de los judíos sefardíes en memoria de Samuel Toledano, uno de los renovadores de la Comunidad Judía en España. Podrán optar al premio investigadores y escritores residentes de Israel y España, con obras dedicadas a la historia de los judíos en España y en la Diáspora Sefardí, y su patrimonio cultural”. Por motivos que desconozco, el Premio todavía no se ha hecho público, a pesar de haberse fallado el pasado mes de junio. Este libro será, sin duda, objeto de polémica, dadas las tesis que defiende, poco compatibles con la finalidad y el sentido del Premio.

Sem Tob (así se ha escrito casi siempre en español) fue un judío nacido en un pueblo del norte de Sefarad-España (Carrión), donde se asentó una pujante comunidad judía de la que aún hoy quedan los restos de una sinagoga. Figura fundamental para conocer el destino de los judíos en aquella España medieval en que vivió, es uno de los escritores más destacados de su época, autor de un libro que tuvo gran repercusión entre los sefardíes, conocido con el título de Proverbios morales. La obra premiada es un supuesto análisis del pensamiento filosófico de Sem Tob contenido en estos Proverbios.

Señalemos, antes de iniciar el análisis de esta obra, que se trata de una reedición corregida de 1986, lo que no ha impedido que el libro resulte casi ilegible, tanto por la ausencia de cualquier orden expositivo como por su estilo, artificioso y plagado de incorrecciones sintácticas y semánticas.
El libro es, además, ideológicamente confuso. Encontramos en sus páginas la defensa de un relativismo moral inaceptable, como cuando nos dice que hemos de escuchar “las razones del comunista tanto como las del fascista, (…) las del inmigrante de raza oscura y las del nazi que se imagina de raza aria, (…) al que defiende el terrorismo y al que lo condena (…) y así hallar los puntos comunes (…), porque todos, al parecer, tienen algo de razón y de verdad...” (p. 123). O cuando afirma que “la locura es manifiesta en ciertos grandes personajes de la política (Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, Hitler o Stalin)” (p. 152). Equiparar a Hitler con Alejandro Magno, y llamarlo enfáticamente “gran personaje de la política” en un libro supuestamente defensor y divulgador de la cultura judía, parece, cuanto menos, llamativo.

Pero vayamos a lo más importante: el contenido básico del libro. Empecemos aclarando que el autor no basa sus comentarios en el texto original, sino en una mala versión de García Calvo (no en alguna de las más reconocidas, como la de S.Shepard o de Paloma Díaz-Mas). El texto, degradado, se convierte así en mero pretexto para discursear de modo arbitrario, sin orden ni concierto ni respeto alguno por las ideas de Sem Tob, que desaparecen entre un maremagnum de ocurrencias que se amontonan desordenadamente. Nunca sabemos, además, cuándo cita a Sem Tob, a García Calvo o glosa él mismo los Proverbios, porque el texto carece de cualquier aclaración y las comillas es imposible saber a quién se refieren. Pero además justifica esta falta de respeto al texto original: “La forma (…) incluso aunque esté transcrita a caracteres hebreos (…) es lo de menos, para espanto de filósofos y pensadores de la exterioridad, hoy en boga. Hasta la rima es prescindible” (p. 226).

Recordemos que el texto está escrito en versos alejandrinos (siguiendo la tradición del mester de clerecía) o heptasílabos que forman cuartetas, sometido, por tanto, a las reglas de la métrica y la rima. El valor del texto reside en su forma literaria, el uso del lenguaje popular, el empleo de metáforas, antítesis y elipsis, el dominio del aforismo, la expresividad de las imágenes, el lirismo, la eficacia de las comparaciones, el manejo de los conceptos. Considerar todo esto “exterioridad prescindible” es anular el texto, desvirtuar su sentido y atropellar la más elemental teoría literaria.

Pero quizás lo más grave sea que, sin fundamento alguno, Ilia Galán cristianiza a Sem Tob, le despoja de toda referencia a su origen judío y borra por completo la influencia de este origen y condición en su obra y su pensamiento. El libro premiado, según las bases, por su aportación al estudio de la historia y la cultura de los judíos sefardíes, resulta que no sólo no contiene referencia alguna a los judíos hispanos o el judaísmo, sino que tergiversa la obra y denigra a Sem Tob hasta convertirlo en un mentiroso y vulgar adulador en busca de su propio beneficio. Veamos lo que escribe:
“Santob adula de la más evidente y torpe manera al rey don Pedro, apodado luego el Cruel, y es que si él era malo difícilmente su política iba a ser buena, sus acciones justas y adecuadas”. “Santob andaba detrás de la ganancia, mintiendo con la exageración halagadora, o cegado por la necedad de alabar a quien más bien parecía, por muchos aspectos, una mala bestia” (p. 324).

Olvida el autor que el propio Sem Tob se reconoce como judío en los Proverbios: “judío de Carrión”, se llama. Que uno de los códices conservados, el de Cambridge, está escrito en aljamiado hebreo. Que Sem Tob escribió un libro en hebreo, el Ma'asé ha-Rab (Disputa entre el cálamo y las tijeras) y tradujo al hebreo del árabe un tratado litúrgico, Preceptos morales, de Israel ben Israel. Y que compuso en hebreo una oración de penitencia que se convirtió en plegaria de Yom Kippur de muchos sefardíes hasta hoy mismo: Vidduy, traducida al español en 1553. ¿De dónde saca el autor que Sem Tob se convirtió al cristianismo?

Sem Tob escribió los Proverbios hacia 1350, un época decisiva en la historia de los judíos de España. La llegada al poder de Pedro I originó un conflicto con su hermano bastardo Enrique, que daría lugar a la primera gran guerra civil. Pedro I siguió la tradición de protección de los judíos, mientras que Enrique incitó a la persecución de los judíos. Ganó Enrique de Trastámara y la situación de los hebreos hispanos comenzó un declive imparable que culminaría con las matanzas de 1391. La complejidad y trascendencia de aquella guerra la resume el autor diciendo que Pedro I “era una mala bestia”.

La influencia de la Torá y el Talmud, y de la tradición sapiencial judía, está muy presente en los Proverbios. Sem Tob refleja bien el momento de incertidumbre y cambios, la toma de conciencia de lo inestable de la vida y la fortuna; elogia el libro y el saber, la cautela, la observación y la capacidad de adaptación, acorde con la psicología y la mentalidad sefardí. Su libro es moral y didáctico, no cristiano ni religioso. Muy pronto se convirtió en sospechoso, y pasó a ser prohibido por la Inquisición. En un expediente inquisitorial de 1492, Ferrán Verde, un mercader aragonés, fue acusado de herejía y apostasía. Pasó cuatro años encerrado e incomunicado, acusado de leer el Génesis y “una obra de rrabi Sonto”. Ferrán, como prueba de que no se alejaba de la ortodoxia, escribió de memoria todo lo que recordaba del libro de los Proverbios, más de 200 coplas. Al Tribunal poco le importó el contenido de esas coplas, lo importante era el hecho de leer a Sem Tob, considerado síntoma judaizante.

(Fotos:S.Trancón)

El contenido de los Proverbios, en efecto, si bien no contiene nada directamente contrario a la fe católica, nada dice sobre el cristianismo ni los dogmas de la Iglesia. Ilia Galán, sin embargo, se empeña en hacer reflexiones y afirmaciones constantes sobre el cristianismo, el Mesías y la religión católica, confundiendo al lector, como si tuvieran algo que ver con el texto de Sem Tob. Así que el libro que comento, no sólo borra, tergiversa y pervierte el pensamiento de Sem Tob, sino que lo adultera hasta el punto de convertirlo en un panegírico del cristianismo. No voy a abrumar al lector con las citas, me limitaré a entresacar unas pocas.
Ya en la página 70 defiende la conversión de Sem Tob al cristianismo con el argumento de que dentro de esta religión “tendría más holgura para reflexionar en aquel entonces”. Insiste en que el Dios cristiano es “infinitamente misericordioso y bueno, más que ferozmente justiciero según aparece en el Antiguo Testamento” y el judaísmo (p. 113). Hace una alabanza de Jesucristo, de la pasión y “la maravilla de la redención” (p. 124). “Para llegar a lo alto y fructificar hay que sepultarse en el barro de lo bajo, como el Mesías que siendo rey nace en la nauseabunda miseria de un establo” (p. 147). Alaba la “tradición del cristianismo que parte de un Dios salvador y rey del universo nacido en la figura de un menesteroso” (p. 151). “Era necesaria la cruz para la resurrección, la muerte para la vida eterna” (p. 159). Sobre la teología cristiana (p. 303), Cristo, la Trinidad, el Evangelio (p. 305), la cruz, la resurrección (p. 310), el cristianismo (p. 314). Etc.

Postdata


Américo Castro escribió: “Un enfoque antisemita de la historia española condena al historiador a falsearla, a malentenderla y a malestimarla”. Sabemos que hay muchas formas hoy de ser antisemita, incluso sin saberlo ni reconocerlo. El autor de este libro premiado parece ser simpatizante de la causa palestina, al menos por el apoyo que dio a los actos de difusión y propaganda antisemita de la III Flotilla Rumbo a Gaza, que sirvió de plataforma para manifestaciones y protestas en Madrid “contra el genocidio israelí”. Ilia Galán, como responsable de la Sección de Filosofía del Ateneo de Madrid (una de las instituciones culturales más importantes de España), presentó un acto el 23 de agosto de 2012 en el Ateneo (en el que participaron destacados activistas pro-palestinos, además del embajador de Palestina) titulado “TODOS HACIA GAZA CON LA FLOTILLA DE LA LIBERTAD”. Era la tercera, así que no se puede alegar ignorancia de los propósitos y fines de esta Flotilla. Tampoco parece que esto se compagine bien con los fines del Premio Samuel Toledano.          
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