MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

EL FIN DEL MUNDO



De pequeño todavía me alcanzaron sus ecos. La llegada del fin del mundo no era una ingenua creencia medieval, sino una posibilidad real. La amenaza de una guerra atómica encajaba con las revelaciones de la Virgen de Fátima, secreto cuyo contenido sólo conocía el Sumo Pontífice. El fin del mundo llegaría como la destrucción de Sodoma y Gomorra: como castigo divino. El ejemplo más cercano fue lo que sucedió aquella noche del 25 de enero de 1938 en que todo el cielo se tiñó de sangre. De niño, una vecina anciana, siempre vestida de luto, me lo contaba con vivo dramatismo. En plena guerra civil, el cielo se cubrió enteramente de rojo durante toda la noche, atravesado de cegadores destellos amarillos y verdes. La gente rezó aterrorizada esperando la hecatombe final.

Aquel descomunal incendio provenía del sol. Una aurora boreal gigantesca cubrió el cielo de media Europa. Una de las mayores tormentas geomagnéticas que se han conocido. Llamaradas colosales que llegaron a alcanzar 122.000 kilómetros cuadrados, capaces de engullir a nueve Tierras. No era el "rayo de muerte", ese arma potentísima que poseía Hitler, pero tampoco la apocalíptica catástrofe anunciada por San Juan.

El infierno, el fin del mundo y el juicio final: hoy apenas podemos imaginar la fuerza de estas creencias, la influencia que estas amenazas han ejercido sobre la mente y la conducta de nuestros antepasados. La sociedad europea, desde la Edad Media hace hace poco, ha vivido imbuida por esos imponentes relatos. La voz exaltada de profetas y predicadores, atentos a cualquier señal que enviara el cielo, anunciaba las más espantosas calamidades. La imaginería religiosa se ha nutrido abundantemente del Apocalipsis y la Divina Comedia, por citar dos de los miles de libros que han recreado los horrores del infierno, la apoteosis destructiva del fin del mundo y el implacable juicio final que vendría precedido de la macabra resurrección de los muertos.

Afortunadamente, ya no vivimos hoy con la congoja de esa destrucción final, ni bajo el miedo al infierno y a la terrorífica sentencia que separará a los buenos (a la diestra) de los malos (a la siniestra). Pero esto no significa que el fin del mundo no exista, que sea ya sólo el recuerdo de un relato fantástico. Hay muchas formas silenciosas de destrucción del mundo, apocalipsis lentos e invisibles, y no provocados por la cólera divina, sino por la ceguera humana, el desvarío de la mente unido a la ambición y el egoísmo más cruel. Un ejemplo claro es la influencia demoledora del actual concepto de progreso y modernización, en cuyo nombre se han cometido las más atroces devastaciones.

La pregunta fundamental es si no podríamos lograr un bienestar parecido sin necesidad de destruir la naturaleza ni de despreciar bienes y valores que, creados a lo largo de los siglos, han sido estúpidamente arrasados y menospreciados. Pienso, por ejemplo, en la extraordinaria red de forrocarriles que España tenía antes de la llegada de las autopistas y la expansión del AVE (uno de cuyos últimos engendros va a ser el EVA, un tren morado, feminista y ultraligero). ¿Alguien recuerda que hubo un tren que iba desde Gijón a Sevilla por la ruta de la Plata? ¿Por qué se destruyó esa enorme infraestructura y se han dejado morir miles de kilómetros de raíles, cuando lo más fácil hubiera sido su mejoramiento y remodelación?

Pero se impuso esa estúpida idea de la velocidad y la rapidez, ganar tiempo para luego perderlo en el amodorramiento de las pantallas. Y lo mismo ha pasado con la idea de paisaje o belleza natural. ¿Para qué? Mejor arrasar la costa con construcciones horrendas o sembrar los montes y montañas de aspas gigantescas, capaces de triturar a una bandada de cigüeñas sin inmutarse.

Este progreso, que desprecia una concepción humana de la naturaleza y la vida, es otra forma de destruir el mundo. Que la política, cuya acción debiera tener como fundamento una idea clara del hombre, del bienestar colectivo, sea un mero instrumento en manos de los destructores, y que, de modo especial, haya sido la izquierda (el PSOE a la cabeza) la que haya impulsado esa idea acrítica de progreso (hoy se declara 'progresista' como única seña de identidad), es una desgracia que nos recuerda la maldición bíblica del fin del mundo.

¿Les preocupa algo de esto a los muy progresistas de Podemos? ?¿Y al resto, que sustituye progreso por crecimiento?


viernes, 13 de septiembre de 2019

FRASES AL VUELO



Cogidas al vuelo, decimos. Vuelan los pájaros, pero a los pájaros es muy difícil cogerlos al vuelo. Trata de cazar a mano a un vencejo o a una golondrina. Ni siquiera a un pardal o a un verdecillo. Y menos a un murciélago. ¡Oh, los murciélagos! Son fascinantes. Hay más de 1100 especies distintas. Uno, al que llaman murciélago moscardón, sólo pesa ¡dos gramos! Otros pueden tener hasta metro y medio de envergadura. A los hematófagos (los que se alimentan de sangre) les llamamos vampiros. Todos son mamíferos. Científicamente, 'quirópteros', del griego, palabra sintética, mano-ala. En catalán le llaman "ratpenat", rata alada, que a mí me suena a 'ratpelat', rata pelada.

Bueno, quiero decir que por el cielo informativo vuelan frases y uno trata de cogerlas al vuelo, y a veces atrapa a alguna, por aquello de que más vale una en mano que ciento en el ojo, o sea, volando y pasando tan fugaces que ni siquiera caemos en la cuenta del excremento que sueltan, porque las aves excretan líquido y sólido a la vez, y casi siempre lo hacen al vuelo, caiga sobre quien caiga. Digo que, aunque todo pasa muy efímeramente ante nuestros ojos y oídos, hay algunas frases que merece la pena cazarlas al vuelo y dejar constancia de que fueron dichas.

Dice Monedero: "la política está ahora podrida". ¿Desde cuándo? Ese 'ahora' se refiere a lo que está pasando entre Podemos y el PSOE. Entiéndase, por tanto, que es una podredumbre nueva que hemos de añadir a la otra, la de la casta. Alguien la ha llamado, acertadamente, la 'progredumbre'. Él, monedero en mano (sí, es chiste facilón), debe saber de todo esto mucho y bien después de aquél casi medio kilo de euros que le llegó por vía diplomática de Venezuela y demás países hermanos.

Dice la alcaldesa Colau: "Barcelona está entre las ciudades más seguras del mundo", y quienes afirman lo contrario "están mintiendo. Es vergonzoso escuchar al señor Casado que en Barcelona te apuñalan por la calle". Dígaselo, señora abadesa, a la familia de las 15 personas que han muerto en lo que va de año apuñaladas en las calles más seguras del mundo. Pero, añade, para redondear la faena con el faldón progresista: "Mi prioridad institucional es que (los presos políticos) salgan de la cárcel como sea". "Esto sí que es un objetivo de país: que salgan de prisión". ¡Vaya sensibilidad social! ¡Toma gobierno de coalición, Pablito!

Dice el independentista catalán Óscar Camps, el negrero rescatador de pobres 'migrantes' africanos: "El rescate no es un objetivo, es una obligación. Los rescates deben hacerse sí o sí, si te los encuentras. Es lo que dice la ley". La ley dice salvar a náufragos, no a personas que pagan un dineral para que los lleven en un barco hasta aguas internacionales, les dejen luego en unas lanchas cerquita de otro barco que les espera para 'rescatarlos' y con ello asegurar un negocio redondo, el que va de las mafias a la 'butxaca' de Camps, ese intrépido campeador, icono mundial de la solidaridad, que lucha contra los poderosos recibiendo más de medio millón de euros de su amiga Colau, al que añádase casi otro millón de 287 ayuntamientos catalanes: en 1917, la fritanga de calamares rebozados de 3,6 millones de euros en subvenciones recibidas (con los brazos abiertos, open arms) de acá y de allá. Pero gallito y victimista, añade: "Si salvo una vida, que me multen y que me embarguen todo mi capital". Sí que tiene 'capital': vive en un chalé de lujo a lo Iglesias y está pagando 4000 euros mensuales de hipoteca por otras dos casas.

Vayan otras frasecitas volando que no tengo espacio para comentar, aunque lo hacen por sí solas. Cifuentes: "Las he pasado muy putas, pero siempre he caído con la cabeza muy alta". Y Iñaki Anasagasti, ese carlista calvorota del PNV, dirigiéndose a Cayetana Álvarez de Toledo en twitter: "Una estúpida, pija, creída y arrogante. Ah... y muy facha". Y Miquel Buch, consejero de la Generalidad: "El Estado me debe dinero que se ha comprometido a pagarme". Reparen en el 'me' duplicado. Y concluyo con la ínclita cebollina Pilar Rahola: "El rey de España se te acerca, te dice que tienes mal el pecho y te toca y hace zumo de naranja". ¡Y lo hizo delante de todo el mundo, según cuenta!

martes, 3 de septiembre de 2019

BANDADA DE ESTORNINOS


Desde hace unos días, al atardecer, veo pasar por delante de mi balcón cientos de estorninos que van a posarse sobre unos árboles frondosos que se levantan a los lados de la calle. Son castaños de indias de casi 30 metros de altura. Pasan en oleadas y se camuflan entre las hojas y las ramas, como notas de un pentagrama. Forman una gran algarabía, mezclando gritos y gorjeos en un intrincado torbellino acústico.

No todos farfullan o parlotean lo mismo. Distingo entrelazados cantos de gorriones, mirlos y urracas. Son pájaros políglotas, con un gran oído, capaces de imitar sonidos muy variados, algo que ya sorprendió a Mozart. El alboroto dura casi una hora, y cesa repentinamente al oscurecer. No sé cómo se ponen de acuerdo para hacerlo tan al "unísono". Sin duda, son aves muy disciplinadas, porque durante toda la noche no se oye ni pío. Ni un "piullido" se escapa de sus picos. (He recuperado esta entrañable palabra onomatopéyica de mi infancia, releyendo "Los sueños" de Quevedo).

Son los estorninos aves gregarias, se juntan para protegerse del ataque de halcones y gavilanes y dibujan con su vuelo hermosas nubes de formas sorprendentes, tan sincronizadas que parecen transformarse en un ser fantasmagórico. El secreto está, al parecer, en que cada pájaro sigue el aleteo de los siete compañeros de viaje que vuelan su lado. El conjunto es el resultado de la agregación de esas sincronías individuales, así que no hace falta una mente global que dirija el espectáculo. Nunca chocan entre sí, y no necesitan a ningún líder que dirija la bandada y organice el vuelo.

Estos estorninos (también conocidos como tordos o zorzales) cuando caen sobre viñedos y frutales causan enormes estragos, por lo que muchos agricultores tienen que acudir a ahuyentadores sónicos para evitar la plaga. Sus excrementos son muy corrosivos y contienen bacterias y hongos que pueden causarnos muchas enfermedades, incluida la meningitis y la encefalitis.

No todos los estorninos son iguales, los hay negros y los hay pintos. Los pintos son migrantes y sus plumas están moteadas de hermosos colores verdes, azules, marrones y blancos. Confieso que pájaros y árboles son los seres que desde niño han atraído más mi atención. Tengo mucha más afinidad con ellos que con muchos de mis semejantes.

Son éstas, divagaciones de finales de verano, en el que las oleadas de noticias no han pasado delante de mi balcón, alejado como he estado del alboroto político-mediático diario, leyendo a Pío Baroja, a Quevedo y a Baltasar Gracián mientras recopilaba y seleccionaba, entre los cientos de artículos que he ido publicando en el último lustro, un ramillete con el que editar un libro al que daré el título de "La verdad sea dicha". Hablo de la verdad que no debe callarse y que, además, ha de ser fuente de dicha.

Y ya, empujado por la metáfora pajarera o pajaril, y puesto a interpretar las señales del cielo, pienso en cómo funciona o se configura una masa, cómo los individuos acaban perdiendo su individualidad en medio de una ola que los arrastra sin posibilidad de escapar a su empuje. No es necesario poner a todos los individuos previamente de acuerdo, dispuestos a obedecer y a seguir a un líder; basta con sentir la necesidad de acomodarse al pequeño grupo con el que uno vive y se mueve cada día, los más cercanos e influyentes, para acabar formando parte de esa bandada de estorninos alborotadores. (Aplíquese la alegoría, por ejemplo, al vuelo del "prusés").

Y mientras tanto seguimos a la espera de que ocurra un milagro y las nuevas elecciones nos saquen del atolladero en que cada día nos hundimos un poquito más. El abyecto espectáculo que nos están ofreciendo Iglesias y Sánchez está degradando tanto la política que es sorprendente que la mayoría siga yendo a votar. Pero nos esperan días gloriosos, un otoño lleno de sorpresas. La política basura ya está alcanzado el nivel sublime de la televisión basura, la de los programas y las tertulias, no del corazón, sino de la entrepierna.

Así que sigamos observando el vuelo de los estorninos y oyendo sus trinos vocingleros. Mientras los árboles ofrezcan sus ramas y hojas para dormitorio de los pájaros, elevando sus copas al cielo del atardecer, nada estará del todo perdido.


miércoles, 31 de julio de 2019

FULGOR Y MISERIA DEL CEREBRO


El título parafrasea una obra dramática de Bertolt Brecht, autor otrora omnipresente en la escena, hoy abandonado en ese cercado de desguaces que es en gran parte el teatro actual. Pero nada tiene que ver el contenido de esa obra con el título de este artículo, salvo la resonancia mórfica y fonética, fenómeno inesperado y automático al que casi nunca opongo resistencia. Mi intención es mostrar la perplejidad que me produce ese órgano al que los científicos más prestigiosos del mundo están dedicando su mejor esfuerzo, un empeño titánico por descubrir no sólo cómo funciona, sino para desentrañar qué es, qué hay en ese conglomerado, en esa sustancia química y biológica que hace posible el pensamiento y la conciencia.

Quizás el error esté en la misma pregunta, pues en el universo, la mera existencia de algo no exige ningún porqué previo que lo justifique, eso es algo que construye nuestra mente y va más allá de la existencia misma. El cerebro existe, está ahí, colocado dentro de nuestra cabeza y ramificado por todo el cuerpo, especialmente en el intestino, y sabemos que gracias a él tenemos sensaciones y percepciones que acaban transformándose en imágenes, emociones y pensamientos. Y toda la vida consiste en organizar ese bullicio y agitación neuronal incesante de tal modo que actuemos de un modo eficaz para mantener la vida de todas las células de nuestro cuerpo y su constante renovación.

El cerebro es capaz de construir una imagen de todo cuanto existe, o sea, convertir la actividad celular y neuronal en mente, creando una representación, una simulación y una sustitución virtual del mundo, gracias a la cual podemos anticipar los hechos y los cambios de nuestro entorno y acomodar nuestra conducta a ellos. Este es el fulgor del cerebro: la capacidad de iluminar la realidad, sentirla y percibirla. Pero más allá del automatismo con que la vida afirma y asegura su existencia a través de la mente, lo más inexplicable es que hay algo más, y es la conciencia que esa mente (ese cuerpo) tiene de sí misma como un todo al que llama "yo", entidad a la que atribuye cuanto hace, ve, piensa, siente y padece.

Más allá de la mente, aparece la conciencia, ese darse cuenta de sí mismo, ese percibirse a sí mismo dentro del mundo pero como algo separado de él. Nuestra "miseria" (en el sentido de pobreza), la miseria de nuestro cerebro nace de la limitación de nuestra conciencia. El yo es tímido, está siempre al acecho y le teme a la muerte, a su propia desaparición. La conciencia, en cambio, es el intento de liberarse del yo, acceder a la percepción pura, el observar sin el filtro de la mente todo cuanto nos rodea, empezando por nosotros mismos.

La observación de sí mismo comienza al darnos cuenta de qué estamos pensando, qué es lo que está trajinando, haciendo y deshaciendo nuestra mente. Todos sabemos lo difícil que es atrapar los pensamientos. La mente es siempre nebulosa, flotante, y sólo gracias al lenguaje esos efluvios neuronales se convierten en pensamiento. El pensamiento, gracias a la escritura, puede, a su vez, adquirir una realidad objetiva, fuera de nuestro cerebro. Por eso la buena escritura, la buena literatura, es siempre fulgor, resplandor que nos saca del sopor y el aturdimiento mental.

Llego a donde quería llegar: nada más importante que el pensar consciente, el desarrollar la capacidad fulgurante del cerebro. ¿Para qué? Para ser felices o, al menos, para ser un poco menos infelices de lo que la mayoría (la mayor parte del tiempo) lo somos. Feliz es quien es consciente de lo que piensa y lo que siente, quien se da cuenta de cómo lo que piensa determina lo que siente y así deja de estar enganchado a pensamientos automáticos, inútiles, anticipaciones paralizantes, rumiaciones tóxicas, miedos, evasiones y proyecciones fantasiosas. En su lugar, enfoca toda su atención en observar, percibir y admirar todo cuanto sucede a su alrededor.

Son reflexiones de verano, la estación más fulgurante. Como dije en mi anterior artículo, el verano es un buen momento para pensar, para meditar, para aquietar la mente. También para liberarnos de la absorción en las preocupaciones colectivas, ese cerebro social igualmente intoxicado y aturdido con sus propios miedos, obsesiones, evasiones y fantasías. Porque también podríamos hablar del fulgor y la miseria de la política, de la política de los políticos conscientes y de la política de los políticos apenas cerebrados, que son los más.

jueves, 25 de julio de 2019

TIEMPO DE SILENCIO


En el verano la luz se aquieta, reposa con mayor intensidad sobre los tejados, los muros, las tapias, la tierra roja de los surcos, las ramas y troncos de los árboles, el asfalto gris, el agua tersa de los pantanos, las peñas, el azul celeste. Esa luz quieta eterniza el instante, paraliza el tiempo fugitivo y nos invita al silencio, a no hablar, a no cotorrear, a no parlotear, a no farfullar con nosotros mismos, que es lo que más hacemos, a lo que más tiempo dedicamos, lo que más energía consume. No hay mayor despilfarro que dejarnos atrapar por ese diálogo interno obsesivo, repetitivo, en el que hoy nos decimos lo mismo que ayer, y que anteayer, y que el anteayer del anteayer.

El mayor secreto de la vida es no estar de paso por la vida, o sea, no estar de paso por ese instante que la luz aquieta. Porque no hay otro. Y si te vas de él y te quedas absorto en la preocupación por ti mismo, encapsulado en ese cuchicheo interno que te saca del mundo real (ése que la luz hace presente), entonces ignoras y desprecias lo que de verdad nos hace vivir, que no es sino el contacto real y físico con todo lo que nos rodea. Nuestra energía sólo se renueva cuando se aquieta y alinea con la energía de la luz que hace presente al mundo. Si vives encerrado en tu cápsula, escuchando el eco de ti mismo, excitado por esa agitación interna permanente, que confundes con la vida, no descubrirás nunca la fuerza del silencio, ese no temer al vacío que la luz nos desvela en las horas quietas del verano.

La vida es absoluta y completa en sí misma, no se justifica en función de algo que vendrá después. Nada cambiará luego si algo no cambia ahora. Sólo soy lo que ahora soy. Todo lo que pueda llegar a ser está en lo que ahora soy y puedo hacer. Escapar del presente, no poner toda la atención en el presente, es dejar pasar la vida, es perderse el espectáculo indescriptible de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Infinidad de acontecimientos, transformaciones, asociaciones, sincronías, interrelaciones se producen a cada instante ante nuestros ojos. Todo nos lo perdemos si estamos atrapados por ese diálogo compulsivo que proyecta su preocupación por el futuro y no cesa de darle vueltas al pasado.

Nace esta obsesiva y reiterativa agitación interna de nuestro miedo a la muerte. Es como si temiéramos al vacío, al silencio, a la quietud, que identificamos con la muerte. Preferimos vivir en una atmósfera de irrealidad, de sopor, ese mundo imaginario que sustituye al mundo real y al que entregamos nuestra atención y energía. Vemos todo con ojos velados. La cápsula en que estamos atrapados se llena del vaho de nuestro propio aliento. No vemos realmente a los otros ni al mundo, y nosotros mismos pasamos a formar parte de ese mundo irreal. Nos da miedo el misterio de la realidad, que está siempre más allá de nosotros y de lo que nosotros hagamos.

En "El mundo por de dentro", Francisco de Quevedo nos recuerda todo esto con palabras llenas de agudeza y sabiduría. La conciencia del tiempo nace de la conciencia de la muerte. "¿Tú, por ventura, sabes lo que vale un día? ¿Entiendes de cuánto precio es una hora? ¿Has examinado el valor del tiempo?" El tiempo se valora por horas, por días, que son como ladrones que, de forma "fugitiva y secreta", nos roban el tiempo.

Y frente a la ilusión del futuro: "¿Quién te ha dicho que lo que ya fue volverá cuando lo hayas menester, si lo llamares?" Los días no dejan huellas ("¿has visto algunas pisadas de los días?"), el pasado no vuelve sobre sus pasos, los días "sólo vuelven la cabeza para reírse y burlarse de los que así los dejaron pasar". Porque vivir no es ir dejando atrás a los días, sino "que van delante de ti, tiran hacia ti y te acercan a la muerte".

Concluye Quevedo diciéndonos que tiene por necio tanto "al que toda la vida se muere de miedo que se ha de morir", como al malo "que vive sin miedo della" como si nunca hubiera de morir. ¿Y quién es cuerdo, entonces? "Cuerdo es sólo el que vive cada día como quien cada día y cada hora puede morir". Lo escribió antes de que aparecieran los libros de autoayuda.

miércoles, 17 de julio de 2019

CAMPAÑA DE LIMPIEZA LINGÜÍSTICA DE COLAU


El Ayuntamiento de Colau, con el dinero de todos, ha editado una Guía de comunicación inclusiva para construir un mundo más igualitario. ¡77.000 copias, 28 páginas, exclusivas, deslumbrantes, esperpénticas! Compendio de escupitajos al diccionario, patadas a la gramática, coces a la semántica. Gran meada, riego por aspersión sobre el asfalto sintáctico, de pie, al estilo de la Colau rompeaguas, activista. Cundirá el ejemplo. Veremos a los ayuntamientos del recambio imitar la proeza. Preparen el cerebro, embalsamen la lengua, hagan ejercicios de contención gutural. Llega la redención lingüística. Acicalados, almidonados, hipervigilantes para que no se nos escape ni un suspiro fuera de catálogo. Progresísimos, ciudadanos concienciados aportando nuestro granito de alpiste al canario de la empatía, la tolerancia, el abrazo inclusivo: llega la epifanía, todos a comulgar, a fundir nuestros corazones y a luchar contra la xenofobia, la lgtbiq+fobia, la canariofobia, la imperiofobia.

Lo que más me sorprende no sé si es la becerril ignoranciaque sus promotores manifiestan, o la cabestril arroganciacon que la nueva clerigalla retroprogre impone su catecismo, establece normas y extiende su legaña vigilante sobre la sociedad. Su obsesión de control y dominio sobre cuerpos, mentes y lenguas, es lo más parecido a la tiranía de los ayatolás. Está claro que cuanto más irracional, cuanto más contraria al sentido común, mayor impacto (temor, respeto) produce una norma totalitaria. 

La lengua es un bien común, propiedad de todos los hablantes. Nadie es dueño de ella, nadie puede imponer sus propias normas. Las normas son convenciones que nacen del uso, y el uso de la interrelación y la necesidad comunicativa. La lengua es el resultado de la creatividad colectiva y responde a leyes naturales, como son la claridad, la economía, la eficacia, el establecimiento de vínculos emocionales, la espontaneidad. Evoluciona de modo natural en función de nuevas necesidades comunicativas, ya sea por un mejor conocimiento del mundo, la aparición de nuevas realidades, nuevos valores y estímulos. Las normas estabilizan los usos más frecuentes y comunes, pero no imponen ni inventan nada.

El poder político nada tiene que hacer ni decir, ni mandar ni prohibir, ni meter la mano, la pata o la lengua en el uso que los hablantes hacen libremente de una lengua; es un terrero totalmente ajeno a las funciones que podemos exigirle al Estado. El conocimiento de la lengua común y oficial es un derecho individual que el Estado debe asegurar, pero eso nada tiene que ver con el funcionamiento y uso de esa lengua. El Estado no es dueño de ninguna lengua ni puede intervenir en sus normas internas y usos.

Las Colau, con cretina soberbia, quieren imponer un modo de hablar, de entonar, de gesticular y de definir las palabras de acuerdo a una ideología obtusa, ovejuna, que consideran superior, oponiéndose a lo que los hablantes han construido y construyen libremente cada día con la lengua que utilizan. El lenguaje se rige por un principio democrático: prevalece lo que la mayoría quiere. Pretender torcer y retorcer esa voluntad es lo más antidemocrático que podamos imaginar, porque afecta a la vida diaria de todos (la vida interior y la vida social: vivir es hablar, consigo mismo y con los otros). Imponer desde el púlpito institucional un modo de hablar y de pensar, mojigato y pedante, es algo tan clasista que espanta comprobar el grado de degeneración mental y moral al que puede llegar esta secta.

Además, si analizamos la alternativa que ofrecen para desterrar los términos reprobados (patriarcales, machistas, xenófobos...) resulta muchas veces más ofensiva y excluyente que lo que pretende erradicar. He aquí unos ejemplos. Nos proponen que no llamemos a nadie "negro", sino "persona negra" o "persona racializada"; no "abuelo o abuela", sino "persona mayor"; no "discapacitado", sino "persona en situación de discapacidad"; no "cojo", sino "personaconmovilidadreducida"; no "ciego", sino "persona con ceguera" (que desaparezca la ONCE, por machista); no "esquizofrénico", sino "persona con un trastorno de esquizofrenia"; no "bipolar", sino "voluble"; no "estoy depre", sino "tengo un día triste", etc. ¡Dicen que así defienden a los "colectivos vulnerabilizados"!


Esta neolengua cursi acaba haciendo más visible aquello que pretende negar, como cuando en lugar del "vete a tomar por el culo" nos propone un "vete a freír espárragos", estigmatizando aún más el sexo anal que es precisamente una legítima reivindicación homosexual. Todo sigue la misma senda del disparate. "Somos personas plurales", "una persona se puede definir por múltiples ejes", y "estos ejes identitarios nunca deben jerarquizarse unos por encima de otros". Esto supone que cuando nos dirijamos a una persona debemos nombrarla a partir de todos sus ejes. Por ejemplo, a un senegalés deprimido y con muletas, debemos tratarle como "persona racializada con movilidad reducida que tiene un día triste". Y sin jerarquizar los ejes para que no se caiga.

Si no actuamos así, con esta delicadeza sintáctica, es como "consecuencia de la colonialidad y el racismo". Pero hay más: no debemos decir "terrorismo yihadista o islámico", sino de al Qaeda, el Daesh... Nada que ver con el islam, ni Mahoma, ni el Corán... Hay que partir el terrorismo por el eje para no confundir los ejes de la carreta. Ya cantó Atahualpa: "Porque no engraso los ejes, me llaman abandonao"...

Y no digas que vas "al paki, al badulaque o al chino"... ¡sino al supermercado! Identificar a alguien sólo por el eje del origen es rebajar su dignidad. Eso huele a racismo. Porque, además, no puedes llamar a nadie "inmigrante ilegal", porque "ninguna persona es ilegal", lo mismo que "no hay nadie normal, todo el mundo es diferente", así que no te ofendas cuando alguien te diga que no eres normal, tío-tía. Tampoco digas "trabajar como un negro", aunque la expresión nazca precisamente de denunciar el trabajo esclavizante de los negros. Y lo de "moros en la costa"... ¡vade retro, Satanás, que son personas del Magreb! Y no se te ocurra decir "mi mujer o mi esposa", sino "mi pareja o mi cónyuge".

Pero la guía municipal va más allá: no presupongas nunca "que una persona con cuerpo de macho se identificará como hombre y tendrá comportamientos 'masculinos', y una persona con cuerpo de hembra se identificará como mujer y tendrá comportamiento 'femenino'. Además,(tampoco) consideres que los hombres y las mujeres son complementarios y se atraen sexualmente",porque"esta cuestión es mucho más compleja". O sea, cuando veas a una persona piensa que es un marciano sin sexo y espera a que él-ella-ello te diga cuál es la preferencia sexual que le-la-lo define. Y si ves a un toro, no mires qué le cuelga entre las piernas, porque la naturaleza se equivoca muchas veces. En todo caso, si ves a un niño, piensa que es una niña, y viceversa; o mejor, no pienses nada, déjale ser lgtbiq+, que él elija su camino sin interferencias morfosintácticas heteropatriarcales.

Y un pasito más. Si ves llorar a una niña, no pienses que llora como una niña, ni se te pase semejante barbaridad por la cabeza; piensa que él-ella-ello "llora como quiere" (sic, no me la invento). Y aprende biología: "hermafroditas son los caracoles", nunca los humanos, que son "intersexuales"; y si alguien se opera y cambia de sexo, no digas que ha realizado un "cambio de sexo, sino una afirmación de género". Y a las personas que están de acuerdo con el género que se le asignó al nacer, no les llames hombre, mujer o heterosexual, sino, de ahora en adelante, "una persona cisgénero", neologismo inventado por un alemán que en español suena a lo que a uno le apetece hacer al oír semejantes chorradas.

(Y digo yo, ¿Valls se habrá enterado de esto (o de algo)? No, hombre, esto son minucias, cosa de plebeyos).






jueves, 11 de julio de 2019

LA REBELIÓN CATALANA: Ni güevo ni fuero


Entre los Escritos políticos de Quevedo encontramos uno, La rebelión de Barcelona, subtitulado Ni es por el güevo ni es por el fuero, cuyo contenido es de una actualidad asombrosa. Sorprende comprobar hasta qué punto lo que cuenta y analiza Quevedo se parece a lo que hoy vivimos y padecemos. Escribió Quevedo el texto confinado en la cárcel de San Marcos de León, circunstancia que agranda la dignidad y libertad de su pensamiento. Reflexiona en él sobre los hechos iniciados en 1640 que llevaron a Cataluña a separarse de España y ponerse en manos de la monarquía francesa hasta 1652.

La sublevación tuvo una fase inicial que fue la revuelta de los segadores y campesinos contra el poder feudal y burgués barcelonés, que recuerda el intento de toma del Parlamento catalán por los indignados en 2011. Ese movimiento social fue enseguida canalizado y dirigido contra del ejército de Felipe IV que luchaba desde tierras catalanas contra Francia, ejército al que Cataluña se había negado a aportar hombres y dinero. El proyecto de la Unión de Armas de Olivares, resumido en su aforismo Multa regna, sed una lex («Muchos reinos, pero una ley»), chocó en Cataluña con la resistencia de la oligarquía medieval ("los señores de la montaña") y la burguesía mercantil barcelonesa. Recordemos, para completar el cuadro, el auge del bandolerismo, que en Cataluña se convirtió casi en una guerra civil entre clanes mafiosos (robos, secuestros, venganzas, asaltos... Nyarros contra cadells).

La imagen de una Cataluña pactista y pacífica es un mito. El día del Corpusapuñalaron y mataron al virrey Dalmau de Queralt. El clérigo Pau Claris hizo que la Generalidad proclamara al rey francés conde de Barcelona. "Quitaron de la cabeza la corona a la Virgen de Montserrate para coronar a Luis XIII", escribe Quevedo.No quisieron unirse al ejército español y acabaron pagando al ejército francés para que viniera a defender Barcelona. Pasaron de una monarquía otra y en el cambio perdieron el Rosellón y la Alta Cerdaña (donde, además, se impuso el francés como lengua oficial y desapareció el catalán). "No querer dar lo justo y moderado que se les pidió, y perder más, no puede llamarse ahorro, locura sí. Hoy nada es suyo si no es la rebelión", escribió Quevedo.

Quevedo trata de entender esta conducta tan irracional ("locura"), y es aquí donde su reflexión nos interesa más. Primero desmonta la motivación religiosa que fue el arma más eficaz de la rebelión. Se acusó a los tercios de herejes y profanadores de templos. El libelo con el que se alentó la revuelta, escrito por el fraile Gaspar Sala, se titulaba Proclamación Católica (escrita en español, por cierto), en que se exalta la catolicidad catalana hasta el delirio. "El primer gentil que recibió la fe de Cristo" era catalán, Santiago Apóstol inició su predicación en Cataluña, el primer obispo fue catalán, "por los catalanes goza España el santo tribunal de la Inquisición, y fue su primer inquisidor el santo catalán Raimundo de Peñafort". También "los primeros que plantaron la fe de Cristo en las Indias Occidentales fueron doce sacerdotes catalanes"…

Frente a esto, el ejército español quemaba iglesias y pisoteaba el Santísimo Sacramento. De Ruidarenas, la iglesia que sufrió un incendio que Quevedo sospecha fue causado por los rebeldes, se extendió por toda Cataluña la imagen -que aparece en la portada de la Proclamación-de un cáliz con la Sagrada Forma entre llamas. Todos las iglesias y campanarios de Cataluña llamaron a la guerra contra "los agravios sacrílegos ejecutados por los soldados". Hoy exhiben lazos amarillos en las torres y fachadas de las iglesias y llaman a la independencia desde los púlpitos; sus dirigentes, que siguen yendo a misa a comulgar, son una réplica de aquel brazo eclesiástico que alentó la rebelión.

Se identificó entonces a Cataluña con esa catolicidad ultra del mismo modo que hoy se identifica con la democracia y la lucha por la libertad del pueblo oprimido.(Donde católicos contra sacrílegos, pongan demócratas contra fascistas). La Fe Católica era atacada y eso justificaba la guerra. Franco hizo lo mismo y le llamó cruzada. Artur Mas ha dicho que España y los españoles están dispuestos a "quemar Cataluña". La propaganda, basada en la mentira, cuanto más exagerada más eficaz. 

El segundo argumento que desmiente Quevedo es el de la fidelidad de los catalanes a la corona y a la legalidad, que esgrimen con orgullo. Decía la Proclamación, dirigida a Felipe IV: "No tiene V. M. vasallos de fidelidad más entera, de legalidad más pura que los catalanes". Quevedo se asombra de que los catalanes defiendan esto cuando acaban de traicionar al rey, reinventando los fueros para acomodarlos a sus intereses. Sigue aquí al Aristarco (el contra-libelo de la Proclamación): "Esto de inventar los catalanes y escribir a su albedrío lo que conviene a su honra, o a su vanidad, es cosa natural en ellos".Dando la vuelta a todo, pretenden demostrar que ha sido el soberano Felipe IV el que ha traicionado el pacto y conculcado los fueros. Quevedo deja claro que sólo se trata de una lucha en favor de los privilegios de una oligarquía local a la que llama "sátrapas de Cataluña".

Entendemos hoy muy bien esta amarga reflexión de Quevedo: "Mucho desanima amparar al que se ofende de que le amparen: peleábamos contra los franceses por Cataluña, y los catalanes obligaban a los franceses contra nosotros". Buscó en el libro de los fueros catalanes algo que justificara esta conducta y temió encontrar ese "«no queremos porque no queremos», a quien han introducido en fuero; y hojeado todo el libro, hallé no sólo sanos y no quebrados sus fueros, empero no hendidos, antes más guardados de su majestad que de su Archivo y Deputación y Concelleres. Yo les pregunto que cuál tienen que para valerse de los franceses no le hayan hecho pedazos y vuéltole desafuero, pues defenderlos para quebrarlos, guardarlos de todos y no de sí, para perderlos, no es menor locura que sería en cualquiera guardar su casa de todos para derribarla encima de sí mismo".

Lo que descubre Quevedo es cómo han retorcido los fueros (leyes), habilidad que hoy siguen practicando con total descaro: "Muchos fueros y privilegios leí tan diferentes de como los alegan, que los desconocí; y siendo los mismos, los tuve por otros. No los alegan como los tienen, sino como los quieren. Esto es concederse privilegios; y yo certifico que no tienen privilegios ni fuero para poder concederse a sí mismos ni lo uno ni lo otro". Saltarse la Constitución, interpretar el Estatuto a su antojo, inventarse leyes... ¿Les suena a algo? ¡Estamos en el siglo XVII!

Acaba Quevedo explicando la metáfora del güevo (los intereses), diciendo que es huevo de gallo porque ha sido empollado por los franceses (losgalos), pero del que ha salido un basilisco, esa "sierpe habitada de veneno que mira con muertes". Tendrán así los catalanes "por rey al régulo" (el basilisco), "que, si mira lo que hace, deshace lo que mira". Entendemos ahora por qué dice que "son los catalanes aborto monstruoso de la política" y el condado de Barcelona "este laberinto de privilegios, este caos de fueros". Y otra jugosa comparación: "son los catalanes el ladrón de tres manos", porque juntan las dos manos para rezar, pero una de ella es un simulacro de madera o trapo, mientras con la mano libre hurtan lo que pueden. Sí, no me recuerden que ni ayer ni hoy podemos hablar de "los catalanes" como un todo homogéneo; vayamos al meollo del asunto y no desviemos la atención.

Es la irracionalidad de la "rebelión"(la llama así, no de otro modo) lo que Quevedo trata de encarar, algo que ni por el güevo ni por el fuero se puede justificar. El escrito nos deja un sabor amargo, porque Quevedo acaba expresando supesimismo ante el fracaso de la razón y la política misma.

Una última perla. Asegura Quevedo que Cataluña necesita, "para engañar, que se fíen de ella". ¡Diálogo, diálogo, diálogo!, repite el basilisco.

domingo, 7 de julio de 2019

DE ZAPATERO A SÁNCHEZ


De niño fui a una escuela donde nos daban un vaso de leche en polvo durante el recreo de la mañana. Era leche que enviaban los americanos. Yo la aborrecía porque, con el estómago vacío, me sentaba fatal. Al maestro, que usaba una regla como principal arma pedagógica, le llamábamos "Zapatones". Tenía unos zapatos llamativamente grandes. Supongo que ocultaban unos pies algo desmesurados con relación a su estatura, que no era demasiado alta. No tanto como aquel otro tipo encorvado y grandullón al que llamábamos "el Altísimo" (y que, por cierto, era el jefe de Falange, del que se decía había encabezado los "paseos" que habían acabado con todos los rojos del pueblo).

Al oír estos días a Zapatero pidiendo el indulto para los separatistas acusados de rebelión, me he acordado de ese sonoro apodo, no sólo por asociación fonética, sino porque zapatones puede traducirse como metepatas, torpe o zopenco. Cuando uno vitupera a alguien (aunque la mofa, como en este caso, sea más descriptiva que ofensiva), debe ampararse en la función pedagógica y política que cumple el insulto, de tan larga y fecundísima tradición entre nosotros.

Creo que es suficiente justificación el denunciar con ello la gravísima irresponsabilidad de quien fue presidente del Gobierno al proclamar, con esa engolada prosodia que ha convertido en caricatura de sí mismo, que espera que la sentencia contra los golpistas "no comprometa el diálogo". Provocación premeditada que asusta porque revela qué tipo de Zapatero remendón tuvimos al frente del Gobierno de España durante ocho años, y qué tipo de PSOE tenemos hoy que ampara y hace suyo este desgarrón contra la democracia y la independencia judicial.

"No comprometer el diálogo", "volver a la política", "encauzar el conflicto"... Palabrería insultante y falaz, como si la ley fuera lo opuesto, y no el sostén, de la política. Todo para pedir una sentencia exculpatoria y un indulto anticipado. Algo peor que lo que trapicheó con ETA, aquellas vergonzosas negociaciones claudicantes del 2006 que hicieron posible la legalización de EH Bildu, un partido que no tendría cabida en ninguna otra democracia, y menos en Europa, organización facciosa con la que ahora pacta Sánchez descaradamente.

Zapatero es el ejemplo más pavoroso de hasta qué punto la democracia puede abrir la puerta a los personajes más ineptos, mentalmente obtusos, peligrosamente fatuos, lo que no significa necesariamente tontos. No lo son, al menos para sí mismos y para los intereses a los que sirven. Ahí está la prueba de esa mediación (zapateresca y zarrapastrosa) en Venezuela, éxito fulgurante que ahora quiere trasladar a Cataluña. De nada sirven el Parlamento, los partidos, las instituciones del Estado, el poder judicial. Hay que abrir "otros espacios de diálogo" que soslayen la Constitución y nos hagan tragar la rueda de molino separatista como si fuera una oblea.

Zapatero hace tiempo que es una fuente de extravagancias que rozan el esperpento. Pasará a la historia aquel gesto cerril del que hizo solemne ostentación ante la bandera americana. Icono de otro momento cegador fue esa foto familiar junto a los Obama, sus hijas luciendo una estética tan cutre e inverosímil como el reciente corte de pelo de su consorte Sonsoles, flequillo y melena tronchada por encima de las orejas, algo tan espantosamente feo que podría "justificar" una demanda de divorcio.

Pero nada de esto sería posible sin el apoyo de algo mucho más peligroso, y que va más allá de la cretinez que exhiben hoy muchos otros Zapateros, empezando por el que hoy ostenta, en una interinidad que dura ya más de un año, la presidencia del Gobierno, ese doble corregido y aumentado que es Pedro Sánchez. Me refiero a esa masa de votantes abducidos por lo que todavía llaman progresismo, que no es más que carlismo postmoderno, comandado por esa carcundia retrógrada y racista que es el nacionalismo catalán, vasco, gallego y sus sucursales diseminadas por toda España.

Pero digamos más. Tampoco sería todo esto suficiente si no hubiera intereses más decisivos que están moviendo hilos y propiciando este desbarajuste. Son fuerzas y poderes internacionales (desde Rusia a Alemania, por no hablar de China y los países islámicos), a los que el escenario geoestratégico de España les viene muy bien para esa guerra global en la que hace tiempo estamos sumergidos (de la que lo ocurrido en los Balcanes parece prueba evidente). Pero de esto le debiéramos preguntar al leonés Pedro Baños, que sabe mucho más.

martes, 25 de junio de 2019

HACERSE EL LOCO


Dice el gran sabio aristotélico-pontevedrés que "en política hay que hacerse el loco muchas veces". Después de cavar en su cráneo hondamente hasta hallar la piedra preciosa de esta sentencia, me dice el Diablo Cojuelo que el expresi ha quedado exhausto y no volverá abrir el pico hasta que no haga una caminata de diez kilómetros de esquí sobre hierba, que es su especialidad. Esperemos que entretanto le dé tiempo a Casado a nombrar a Cayetana Álvarez de Toledo portavoz del PP en el Congreso, que sería una de las noticias más esperanzadoras en medio de este turbio panorama desesperanzado en que hasta las inteligencias más lúcidas empiezan a decir tonterías. (Vean, por ejemplo, qué han dicho y dicen los defensores de Valls, ese tarambana de la política, listísimo, al parecer).

Hacerse el loco: lo dice Rajoy queriendo hacer gracia y pensando que hacerse el loco es sinónimo de hacerse el tonto siendo listo, parecer que no se entera de algo estando como está al tantísimo de todo. Astucia gallega, ser capaz de engañar hasta a la propia sombra simulando que va hacia adelante cuando en realidad está dando la vuelta. El arte de estar parado mientras se bracea como que se avanza. Es todo esto tan pueril que resulta bochornoso que alguien se lo tome en serio, como si surgiera de un cráneo que cogita y no del balbuceo, digamos, de un paramecio al que han nombrado delegado de curso.

Perola política es el arte de hacer, no el de parecer, ni siquiera el de ser. La política debe dejar de lado toda esa mugre vaporosa que envuelve sus decisiones de agudeza, ese pretender escribir recto con renglones torcidos, creerse listísimo por ser capaz de engañar a muchos. El arte del disimulo, del bandazo, el arte de la artimaña... Pues no; por más que se haya degradado hasta exudar basura como por boca de albañal, la política es (debe ser) el espacio de la verdad y la racionalidad, de la fría, apasionada, cruda y vigorosa realidad vista con ojos de despiadada racionalidad, que es lo más humano que podamos imaginar, porque es tener en cuenta el bien de todos y el tratar de no hacer, al mismo tiempo, mal a nadie.

Digo, contra tanto tópico, que ni en la vida ni en la política debe uno hacerse el loco, ni serlo ni parecerlo. Que uno debe hacer y no hacerse, ni el listo ni el tonto, ni el loco ni el cuerdo, ni el astuto ni el besugo. Preocuparse por hacer, no sólo por parecer. Por eso propongo acabar de una vez con los asesores de imagen, mandarles a pacer al desierto. Confiar en lo que uno hace y dejarse guiar por lo que uno siente al hacer lo que hace. La política es un pensar en qué se puede hacer y qué no se debe hacer, cuáles son los efectos reales de las decisiones. Aquí sobran las ideologías, sólo mandan las ideas como guía de los actos, y los actos como jueces de las ideas.

Apliquen esto, por ejemplo, a los resultados de ese hacerse el loco que practicó con astutísima estulticia Rajoy ante la rebelión separatista catalana. Acumulen los hechos, resultado de tanta sabiduría y marrullería política. Lo más increíble es que llevó este hacerse el loco hasta la mismísima sala del Supremo donde se juzgan hechos y disimulos (que son parte de los hechos, del intento de ocultar los hechos). Sólo la contaminación de la justicia por parte de esta concepción reptil de la política ha podido permitir que el expresidente del Gobierno no esté ahora siendo juzgado por alta traición, por echar mano de alguna de las figuras delictivas ante las que nadie debería poder hacerse el loco.

Reconozco que mi idea de la política es algo que hoy sólo parece existir en la estratosfera platónica, tan alejada está de la realidad. Parecería este hecho un argumento autodestructivo, pero es que la realidad es por sí misma el único argumento de la vida, por más que vivamos sumergidos en la etereidad de los deseos, las emociones, los engaños y disimulos. Así que propongo que empecemos a dejar de hacernos el loco, de simular que aquí no pasa nada. Pasa algo, y grave, porque, además, hemos pasado de la estulticia del simulador al descaro del impostorque ya no se preocupa de ocultar nada, porque nada tiene que defender, sino a sí mismo.

BARCELONA: LO QUE VA DE AYER A HOY


Acaba de "republicar" Federico Jiménez Losantos Barcelona, la ciudad que fue. Me invitó a que participara en la presentación del libro en el Hotel Wellington. Ante un numerosísimo público, como ya es habitual en las convocatorias de Federico, intervine como pude, pues un percance cardíaco me impidió valorar como hubiera deseado estas memorias políticas y sentimentales. Aprovecho ahora para hacerlo con mayor serenidad.

Debo aclarar en primer lugar, para tirios y troyanos, mi relación con Federico Jiménez Losantos, algo que tiene cierto interés, más allá de nuestros vínculos personales. Federico es de sobra conocido por todo cuanto piensa y dice, pues si algo le caracteriza es que ha hecho de la sinceridad y la libertad política (de pensamiento, palabra y obra) su mejor carta de presentación. Expresa sus ideas de modo vehemente, combina el sarcasmo y la ironía mordaz con una argumentación rigurosa y una información apabullante. Hasta sus enemigos reconocen su dominio de palabra y su agilidad mental. Son éstas, cualidades y modos de agitación y comunicación política tan infrecuentes que provocan el rechazo inmediato de los medios bien-pensantes, acomodados y acomodaticios, servidores de sus amos, a derecha e izquierda.

A la derecha acomplejada no le perdona su claudicación ante los nacionalismos, y a la izquierda oficial esto mismo y todo lo demás. Sabemos lo impreciso y confuso que puede ser esta categorización dicotómica de derecha/izquierda, pero sigue siendo práctica y orientativa, además de imprescindible para los electores. Federico siempre ha respetado mi posición política de izquierdas, y yo su adscripción liberal, término igualmente ambiguo, pero útil. Los dos distinguimos bien entre ideas e ideología, y nos une el combatir por igual la ideología progre y la reaccionaria. En este sentido, nuestras discrepancias políticas carecen de relevancia frente a la visión básica que compartimos de la democracia, la libertad y el sentido de la justicia, principios que nos obligaron a enfrentarnos, en la Barcelona que se fue, primero al catalanismo, luego a todo lo que vino detrás y consecuente: nacionalismo, separatismo, golpismo y lo de ahora, ese nazismo-leninismo que se alimenta día a día del odio a España y a todo lo que suene a español.

Quiero destacar algo que, aunque poco frecuente, no deja de ser lo más natural: el hecho de que sólo el fanatismo, el sectarismo partidista o la ceguera ideológica podrían destruir una amistad que se ha forjado en la lucha contra el totalitarismo nacionalista que nos expulsó de aquella Barcelona excitante en la que vivimos los años más intensos de nuestra vida, por ser los de nuestra primera juventud. Una amistad que los dos sabemos está ahí, y que no necesita exhibiciones ni ritos de paso (del paso de los años) para mantenerse. Este libro, que revive algunos hechos y experiencias compartidas, pero sobre todo describe el ambiente intelectual, sentimental y político en que nos sumergimos con pasión y riesgo, ha servido para valorar lo que entonces hicimos, pero también para entender lo que luego continuamos haciendo, y así hasta hoy. Es esta coherencia vital la que quiero destacar, y que muestra, no sólo la distancia entre lo que va de ayer a hoy, sino su continuidad.

Porque todo lo que hoy vemos y padecemos, y que algunos todavía niegan con necia cobardía o mostrenca soberbia, ya lo vimos y vivimos aquel grupo de profesores e intelectuales que primero denunciamos la censura de Lo que queda de España y luego suscribimos el Manifiesto de los 2.300, dos hechos enlazados y que han adquirido un valor simbólico y casi fundacional de la resistencia y lucha contra el nacionalismo separatista que a finales de los setenta reaccionó de forma violenta y difamatoria contra todos nosotros, y que Federico sufrió de modo directo y brutal.

Yo me preguntaba en la presentación frustrada del Hotel Wellington por qué nos costó tanto contar la verdad de lo que estaba ocurriendo en Cataluña, y sobre todo por qué casi nadie quiso hacernos caso. De nada sirvió que los promotores de aquella precoz y premonitoria llamada de alarma fuéramos abiertamente de izquierdas y conocidos antifranquistas. La acusación, que resultó eficacísima, fue desde entonces hasta hoy la misma: llamarnos fascistas (lerruxistas, franquistas, anticatalanes). Degradados, despreciados y denigrados con el uso indiscriminado de este insulto, la tarea inicial de desmontar esta burda acusación hacía imposible centrar la atención sobre lo que para nosotros era lo principal: destapar la impostura, el disimulo con que los catalanistas ocultaban la naturaleza perversa y antidemocrática del proyecto nacionalista, entonces ya perfectamente diseñado. Llamar a alguien facha y franquista (o de ultra derecha ahora) es un modo de descalificación global y absoluta que no necesita argumentación ni demostración alguna, funciona por sí mismo y de modo automático.

Claro está que no basta esta explicación para entender el desprecio con que, no ya en Cataluña, donde el poder nacionalista ya lo dominaba todo, sino en el resto de España, fuimos recibidos después de un primer momento de sorpresa. Debo aclarar aquí que, tanto la UCD de Calvo Sotelo y Martín Villa, como el PSOE de Guerra y Felipe, fueron entonces directamente informados de lo que estaba ocurriendo, cómo habíamos sido linchados personal y públicamente los promotores de la denuncia, qué es lo que empezaba a pasar en la educación, en la cultura, en la vida pública. Ni ellos ni los que siguieron se lo tomaron en serio. El pujolismo no desaprovechó la ocasión. Como bien dice Federico, el presente ya estaba en aquel pasado, pasado en el que nosotros vimos (y temimos) la miseria del presente.

Pero este libro no tiene sólo una lectura política e histórica, sino biográfica. Lo biográfico es la trama que sustenta todo lo demás, que Federico aborda aquí con voluntad literaria. Hecha mano para ello de cierto lirismo que revela ese lado de su personalidad que, quizás por las urgencias combativas y las provocaciones de la lucha política diaria, Federico ha tenido que dejar de lado, y que apenas encauzó a través de una poesía prematuramente abandonada. No resulta fácil, pero en este libro lo ha logrado, aunar esa pulsión (y pasión) literaria, con la descripción cruda de hechos que no admiten demasiados adornos sentimentales. Pero la vida es ese todo inseparable donde las emociones y vivencias íntimas pugnan por ser reconocidas, empezando por nosotros mismos. No es fácil encontrar el equilibrio entre la sinceridad que convence al lector de la verdad de lo que decimos, basándonos en la verdad de lo que sentimos, y la relevancia de lo que contamos, más allá de las peripecias personales.

Federico cuenta en esta Barcelona que fue y se fue con nosotros, muchas cosas que a mí me suscitan emociones y recuerdos olvidados, que quizás debiera algún día también relatar, porque es cierto que lo que entonces vivimos no es muy distinto de lo que ahora padecemos, y la España que en la Barcelona de aquellos años no puedo ser, es la misma que hoy quiere recuperar su conciencia de ser y su derecho a existir. Si entonces aprendimos a escribir (y sólo se aprende a escribir publicando), yo quiero agradecer a Federico aquel empeño en publicar, para lo cual él y Cardín impulsaron la Revista de Literatura,Diwany La Bañera, en las que yo colaboré, además de escribir, como ellos, en El viejo topoy Ajoblanco. Lo intelectual, lo sentimental y lo político formó parte de la misma pasión por la vida que, desbordada, chocó contra la intolerancia, la imposición y el racismo nacionalista. Elegimos la libertad frente a la claudicación servil de muchos. No nos arrepentimos.

martes, 18 de junio de 2019

TOTUM REVOLUTUM


El tiempo anda revuelto. Quiero decir turbio, inseguro, impredecible. Vivimos tiempos revueltos. Así llamaron a los años de la guerra civil en aquella serie de televisión "Amar en tiempos revueltos". Nada puedo decir de esta serie porque no la vi. Soy un pésimo seguidor de series, por muy buenas que sean. Conmigo fracasan todas las estrategias del suspense y la intriga. Rechazo el hecho mismo de que nadie ni nada me obligue a estar pendiente de algo que, por mucho que pueda atraer, me es totalmente ajeno. Entre la ficción televisiva y yo, no sé por qué, siempre hay un abismo.

Revuelto: que se da la vuelta. De ahí el significado de revuelta como insurrección, cambio radical. Lo que está abajo pasa a estar arriba. Dar la vuelta a la tortilla, decimos. Eso quisieron los golpistas telejuzgados en la serie televisiva que los ha dejado listos para sentencia (y un poco atontados). También los caminos tienen revueltas, cambios bruscos de dirección. Es lo que nos está pasando en estos tiempos políticamente revueltos. De pronto los caminos se bifurcan, se revuelven, dan la vuelta y perdemos el rumbo.

Revuelto también significa mezclado, combinado. Si la unión de elementos diversos no es adecuada hablamos de embarullar, enredar y confundir. Mucho de esto estamos viendo en algunas combinaciones de siglas, partidos, grupos y grupúsculos en estos últimos días,políticamente tan revueltos. Pasa como con la gastronomía: hay combinados acertadísimos, otros horrorosos.

Los huevos, sabemos, combinan bien con casi todo, especialmente vegetales, pero mezclar huevos fritos con chocolate (espeso), pues no acabo de verlo, por más que el gusto sea el sentido más manipulable y errático. No olvidemos que hubo (¿do se fue?) un grupo de escritores al que llamaron Generación Nocilla (y no se ofendieron), capitaneados por un tal Fernández Mallo, de olvidado recuerdo. Nada que ver con esa genial mezcla de morcilla leonesa (no confundir con cualquier otra) con piñones y manzana reineta, hallazgo reciente del que nadie que pase por León debiera privarse.

Si el revuelto cae mal en el estómago nos produce náuseas, ganas de vomitar. Algo así me pasa con cualquier combinación en la que aparezcan nacionalistas, sean del tipo y pelaje que sean, y aquí no distingo entre Bildu y PNV, JxCat o Revueltos por la República, PSC y Federalistas plurinacionales. Ni juntos ni revueltos. Y no se trata de tener el estómago exquisito, sino de evitar una intoxicación.

De revolulum también deriva revolución, palabra seria donde las haya, hoy degradada en lo que ha tenido históricamente de exaltación heroica de la violencia. Las revoluciones de hoy son silenciosas e invisibles, lo que no siempre es bueno. Pasa como con los golpes de Estado que, aun incruentos, no dejan de ser crueles y agresivos, por más que esa violencia se invisibilice y adopte la forma de intimidación, amenaza, chantaje, insulto, ataque de CDR, telenoticia, sesión parlamentaria o leyes de desconexión.

Estetotum revolutumde hoy es lo que me inquieta, porque no hay modo de saber a dónde nos conduce. Cuando todo está revuelto, liado, enredado, cunde el miedo, la incertidumbre, porque no sabemos realmente qué pasa, qué está sucediendo. ¿Alguien sabe hoy, de verdad, qué está pasando en España, en qué punto estamos, hacia dónde vamos, qué fuerzas nos guían, quién controla esta situación? ¿Pedro Sánchez? ¿Alguien sabe qué tiene en la cabeza, qué plan, qué modelo, qué proyecto? ¿Y su partido, el PSOE?

No nos tranquiliza más el meternos en el cráneo de Rivera, en esa difícil posición de equilibrio acuático en el que pretende estabilizarse. ElPPanda en busca de sí mismo, perdido entre los Feijóo, los Alfonso Alonso y demás rajoyanos y sorayistas. De Podemosya ni podemos hablar, porque no sabemos ni qué son ni qué serán. ¿Y Vox? ¿Extrema derecha? De tanto repetirlo, lo peor sería que ellos mismos acabaran creyéndoselo. Que la izquierda oficial (reaccionaria) necesite a Macron y a Valls para demonizarlos, indica hasta qué punto ha perdido el rumbo (y la dignidad, y el amor a la verdad, y el sentido de la igualdad, y...). De tanto querer girar hacia la izquierda han acabado cogiendo la revuelta que los lleva en sentido contrario, ahí por donde caminan independentistas, derechistas y carlistas disfrazados de demócratas.

En medio de este revolutum estamos viendo cambalaches, apaños, trapicheos que degradan la política hasta arrojarla al muladar. Yo pensaba antes que todo necesitaba empeorar para mejorar, pero ahora digo que mejor pararnos aquí, que ya hemos llegado lo suficientemente lejos.

jueves, 6 de junio de 2019

ENTRE CHAVES NOGALES Y QUEVEDO


Uno vive de estímulos intelectuales, lee y escribe a vuela letra, y se deja aconsejar por amigos sabios. Es el caso que ahora me lleva a tirar del hilo de dos lecturas recientes para hilvanar este comentario. La una (lectura) ha sido el excelente y oportuno artículo de Ernesto Escapa titulado "Una mirada delatora", en el que, con motivo del 75 aniversario de su muerte, recuerda la extraordinaria obra de Manuel Chaves Nogales, hasta hace poco olvidada. Así que, bajo este estímulo me he puesto a leer (y releer) alguno de sus libros y artículos.

La segunda lectura ha sido el original libro de Juan Pedro Aparicio recién publicado, "Cien relatos cuánticos", donde me he topado con un texto de Quevedo que me ha empujado a leer sus "Escritos políticos" y a releer sus "Sueños". Y así, siguiendo el azaroso encuentro de lecturas que, como meteoritos, pueden chocar en el cielo de nuestro cerebro y desprender una nueva luz, así, digo, me he visto atrapado por dos pensamientos, uno de Nogales, otro de Quevedo, que piden los ponga en contacto al modo del fortuito encuentro entre una máquina de coser y un paraguas, que cantó Lautréamont y pintó Dalí.

El de Nogales viene en un artículo que escribió en Irlanda durante la segunda guerra mundial sobre el ejército americano, que titula "La fuerza constructiva y la potencia destructora". Dice ahí que "cuesta tanto trabajo destruir como construir. La potencia tiene que ser la misma (...). Los mejores constructores serán también los mejores destructores".

En contra de lo que podríamos pensar, explica que Hitler fracasó porque no tenía suficiente fuerza destructora. Los americanos, en cambio, tenían "fe ciega en la eficacia de su capacidad destructora"; pero, y aquí viene lo más importante, esa fe nacía de su fuerza constructiva, de su amor a la vida y no a la muerte, como ocurría en el nazismo. "¿Qué es más eficaz, la desesperación o el entusiasmo?¿Qué da más fuerza al hombre, la plenitud o la miseria, la conciencia del valor que tiene la vida o la triste convicción de que no vale la pena conservarla?", se pregunta.

La reflexión de Quevedo es igual de lúcida, pero más desgarradora. Habla de la muerte de César y nos cuenta cómo Tilio Cimbro le quita la capa y la asesta la primera puñalada por la espalda: "Esta primera herida, que no fue de peligro, fue la mortal, con ser la primera, pues dio determinación a las otras". Y añade: "El Rey que se deja quitar la capa da ánimo para que le quiten la vida".

Hace a continuación otra reflexión. Cuando Casca está a punto de clavarle el puñal, César la pregunta "¿qué haces?", a lo que comenta Quevedo: "Quien pregunta lo que padece, con razón padece, y sin remedio, lo que pregunta. No puede ser mayor ignorancia que preguntar uno lo que ve". Y concluye: "Achaque es de la majestad descuidada preguntar al que le destruye y no creer al que le desengaña".

Una y asocie el lector estas dos ideas y trate de aplicarlas a su vida, verá cuán provechosas son. Y tanto valen para la vida personal, ese reto permanente en que consiste vivir, como para la vida colectiva y la política. Al fin y al cabo, no tenemos medio mejor para vencer obstáculos, asegurar la supervivencia y encarar el caos sobre el que se asienta la vida, que dejarnos guiar por unos pocos pensamientos iluminadores.

Aceptemos que "fuerza constructiva" y "potencia destructora" son ambas necesarias. El buenismo irenista no nos salva, ni con él podremos construir nada. En esta lucha de contrarios y necesarios, la conciencia de la vida y el entusiasmo son superiores a la desesperación y la atracción de la muerte. Y tengamos el valor de mirar a nuestros enemigos de frente. En la vida sí, hay adversarios y competidores, pero también enemigos. Son los menos, pero eso no importa, porque, dependiendo de lo que esté en juego, pueden acabar siendo muchos. Si uno actúa impunemente arrastra a los demás, como nos dice Quevedo.

Y sí, no hay mayor ignorancia, cobardía y estupidez, que ponerse adialogar con quien te está apuñalando y preguntarle qué está haciendo. Claro, para tener esto claro hay que aceptar lo que señala Chaves Nogales, la ineludible necesidad que tenemos de destruir todo aquello que nos destruye. No es una invitación a la violencia, sino una exaltación de la vida.

viernes, 31 de mayo de 2019

LA IDEOLOGÍA DOMINANTE



Seamos marxistas, al menos por un ratito. Tratemos de comprender eso que los estructuralistas franceses llamaban "ideología dominante". Ideología: conglomerado de ideas que conforman un todo, en el que cada idea es inseparable del conjunto, del que no se puede desgajar sin ponerlo en crisis. Las ideologías son las religiones de nuestro tiempo, transforman las ideas en creencias, y las creencias en dogmas. Sustituyen a la religión y aspiran, como ella, a regir la totalidad de la conducta humana, desde la moral y el sexo, a la política y las relaciones sociales.

Toda ideología es colectiva, crea un grupo con el que se identifican los individuos que la profesan. Por su naturaleza absorbente y totalizadora, exige que el individuo se identifique con ella hasta convertirla en un sustituto o prolongación del yo. Cualquier duda o ataque a la ideología se considera una ofensa a la persona que la profesa.Tanto es así que un individuo puede llegar a matar o a morir por defender su ideología, lo mismo que todavía hoy hay quien está dispuesto a morir y a matar por su religión.

De acuerdo con Marx, las ideologías no nacen de la nada, sino de las condiciones materiales y las relaciones de poder que se establecen en una sociedad. Tienen un fin: mantener un orden social que asegure el poder y la dominación de las clases privilegiadas. Toda clase dominante lo es, no sólo por ostentar el poder económico, sino por generar y controlar la ideología dominante de una sociedad. Tómese aquí el concepto marxista de clase dominante en sentido amplio: no sólo incluye a los dueños de los medios de producción, sino del mercado, la información, las comunicaciones, el flujo del dinero, la tecnología, el armamento, el petróleo, las materias primas, etc. No forman un grupo unificado, ni podemos definirlos sin más como "los ricos", ya que no todos los ricos son explotadores, depredadores y poderosos, sino sólo una minoría.

Aterrizo. Hoy, en España, podemos hablar de la existencia de una ideología política dominante que reúne todos los requisitos para serlo: conjunto de ideas rígidamente estructuradas, defendidas por sus seguidores de modo dogmático, difundidas ampliamente por los medios de comunicación, aceptadas por la mayoría de los ciudadanos. Algunos rasgos de esta ideología son:

-División de la sociedad en dos grupos enfrentados: las élites/la gente (casta, ricos, banqueros, Ibex 35..., "los malos", frente a pueblo, clases trabajadoras, marginados y oprimidos..., "nosotros, los buenos").
-División política de los ciudadanos en dos grupos antagónicos:derecha/izquierda.
-Demonización y deshumanización de la derecha(antidemócrata, facha, franquista, explotadora, corrupta, xenófoba, machista...).
-Identificación de la izquierda con los valores positivos(tolerancia, democracia, libertad, sensibilidad, solidaridad...).

A partir de aquí, la ideología dominante ha ido ampliando su radio de acción: feminismo, abortismo, antipatriarcalismo, eutanasia, ecología, antisionismo, filoislamismo, plurinacionalismo, autodeterminación, identidad nacional, lengua propia... Cada poco surge una nueva causa que se engarza a las otras. Todo va a parar al mismo cesto.

Esta ideología "progresista" no se sostiene y difunde por su coherencia o racionalidad interna, sino porque absorbe emociones primarias, sobre todo negativas (odio, rechazo, miedo, rencor, envidia…); porque hace sentirse a los individuossuperiores; porque canaliza frustraciones e impulsos reprimidos, que encuentran un escape al focalizarse en un "enemigo" fácilmente identificable, al que se descalifica de modo absoluto. Todas las causas que defiende (muchas veces justas en su origen) acaban así contaminadas de sectarismo, fanatismo, violencia verbal e imposición totalitaria. El ejemplo más claro es todo lo que tiene que ver con la "violencia de género".

Mi conclusión es que esta ideología, si aceptamos el supuesto marxista, no tiene otro fin sino el de servir a los intereses y el poder de la clase dominante, como siempre ha sido a lo largo de la historia. Si es cierta esta inquietante verdad habrá que empezar adesmontar todo este tinglado retroprogre, todas sus falacias y engaños, el entramado de intereses a los que sirve y su función de control social de la conciencia, la conducta y hasta el sexo de la mayoría. Y cuidado, no para montar otra ideología paralela que recoja todos los deshechos de la historia, sino para imponer la racionalidad y la libertad individual y colectiva.

Lo primero es empezar a sospechar. Cualquier trabajador podría preguntarse, por ejemplo: ¿qué tengo yo en común con esos pijoprogres y millonarios de izquierda, desde Wyoming a Carmena, de Pepu Hernández a Monedero? ¿Y con esas madres secuestradoras de hijos en nombre del feminismo? ¡El Ibex 35 ideológico!

viernes, 24 de mayo de 2019

IDENTIDADES CERCADAS



El pasado octubre soltaron por los Pirineos franceses a dos osas pardas eslovenas, una llamada Claverina, la otra, Sorita. Claverina, por lo visto, se zampó algunas ovejas para acumular grasa y poder hibernar. Su hermana, Sorita, encontró bellotas y frutos silvestres y obtuvo esa reserva sin necesidad de atacar el ganado. Claverina ha despertado ahora y ha vuelto a matar a cuatro ovejas, no sabemos si por necesidad proteínica o por imperativo étnico-zoológico. El problema ha surgido porque esta vez han sido ovejas navarras las atacadas. Claverina, que no entiende de fronteras, se ha venido a vivir al Pirineo navarro-aragonés, donde al parecer se come mejor. Todo muy natural.

El tema, sin embargo, ha ocupado la cumbre hispano-francesa, convirtiendo la osadía de la osa en conflicto internacional. Un conflicto político que, naturalmente, requiere una solución política. Ya se han reunido los Ministerios de Transición Ecológica y las correspondientes Consejerías Autonómicas de Navarra y Aragón. Lo importante, han dicho, es dialogar, "como no podía ser de otra manera". Se proponen cercados electrificados, mastines y pastores vigilantes armados. He aquí un claro conflicto de identidades territoriales.

Por un lado tenemos a dos osas eslovenas emigrantes, cuyos movimientos están protegidos por el espacio Shengen. Como al parecer estas dos osas son legalmente francesas, nos encontramos con una identidad política superpuesta que habrá que respetar, y por eso llevan las plantígradas un geolocalizador controlado desde Francia. Añadamos que las ovejas destripadas eran indubitablemente navarras. Metamos ahora por medio a los pastores, seguramente navarros y aragoneses de pura cepa, y así reconocidos en sus respectivos Estatutos de Autonomía.

No quiero hablar de los buitres, cuya patria es el cielo, pero resulta que también han intervenido en el despedazamiento de las ovejas, incluso, según algunas fuentes, causando la muerte de una de ellas, cuyo asesinato se atribuye, sin embargo, a Claverina, a la queel Paísllama ofensivamente "mataovejas". A mí me sueña algo heteropatriarcal, porque no olvidemos que Claverina es fémina plantígrada, y oveja término inclusivo.

Estoy con Claverina, con su identidad errante, basada en la necesidad y el instinto, que se impone a cualquier identidad territorial. Porque en este conflicto lanar, lo que debiera predominar es que una osa es una osa, una oveja es una oveja y un buitre un buitre. La naturaleza de la osa es ser osada, la de la oveja protegerse en el rebaño y la del buitre unir al vuelo majestuoso la voracidad carroñera. Y podríamos así ampliar la causa osuna (actualmente hay 300 ejemplares, 250 concentrados en las montañas de Asturias y León) a la defensa de las 200 manadas de lobosque ya se extienden por casi toda la Península sin respetar fronteras autonómicas, haciendo honor a su nombre, "lobo ibérico", y reivindicando, de paso, no ya la desaparición de las autonomías, sino nuestra unión con Portugal.

Se han contabilizado los ataques de lobos del 2016 y el saldo da más de 5.000, y los animales muertos, más de 10.000. ¿Mucho? Son estadísticas tramposas, que magnifican el daño, sin realmente valorarlo. Mueren más animales y aves en las carreteras, sin contar los humanos. Algunos aseguran que ya han llegado los lobos a unos 15 kilómetros de las murallas de Ávila. Acabarán zampándose a los niños del parque en un descuido de sus padres.

También han dejado sueltos, como a las osas eslovenas (y ahora me voy, sin ton ni son, de los cerros de Jacetania a orillas del Manzanares), a los golpistas encarcelados, y también hemos visto que no respetan ni la cerca del Congreso ni la geolocalización impuesta por el Supremo. Es paradójico, porque reclaman libertad cuando están ellos empeñados en electrificar la frontera de los Países Catalanes.

El ejemplo cunde, y empieza a extenderse por toda la cabaña lanar hispánica. José García Molina, vicepresidente podemita de la Junta manchega, acaba de presentar un plan que "prioriza el acceso al empleo público de las personas de Castilla-La Mancha". Donde no hay lengua ni pedigree genético, hay que electrificar la cerca con el origen manchego. Si no hay duda de que existen ovejas manchegas (ahí está el queso con denominación de origen), ¡cómo no va a existir una identidad manchega!

Ah, aclaro que Jacetaniaes una comarca de Huesca por donde debe de andar ahora Claverina siguiendo el rastro de dos osos machos autóctonos, al parecer recientemente desaparecidos. ¡Jacetania! Sólo por este nombre merecería ser reconocida esta comarca como nación independiente.

viernes, 17 de mayo de 2019

PARÁLISIS


Lo confieso: no sé de qué hablar, qué escribir, qué tema traer a cuento y a cuenta de qué. No sé cuántos españoles compartirán esta perplejidad, esta apatía, una especie de desenganche o flojera mental que me ha sobrevenido después de las elecciones. Me refiero a la marcha general del país, la nación, la sociedad, la necesidad de valorar el "estado de ánimo general", ese presente que incluye el futuro inmediato y un poco más allá, tarea a la que he dedicado gran parte de estos artículos semanales.

Este estado de ánimo, no pesimista, sino inclinado a la apatía, es sin duda un mecanismo de defensa ante la saturación de estímulos, ante la imposibilidad de discriminar, sopesar y analizar la acumulación de hechos y dichos contradictorios que nos acosan cada día. Me gustaría pensar que esta reacción es una forma de protección, un momento de pausa necesaria para no dejarse arrastrar por el agujero negro que genera la inmediatez, las urgencias del momento.

Quizás todo tiene que ver con el impulso o la necesidad de detectar y describir cómo nos vemos y cómo nos sentimos hoy la mayoría de ciudadanos, algo que no muestran los resultados electorales, sino que lo enmascaran. Si es válida la analogía que considera a la sociedad como un organismo vivo, diríamos que los síntomas más evidentes señalan un proceso de desintegración orgánica, de pérdida del impulso de coordinación y cohesión entre todos los elementos que componen el ser vivoque como sociedad somos. Lo más parecido es el cáncer, en el que un conjunto de células deciden ir por su lado, para lo cual necesitan destruir a otras y ocupar su espacio.

La duda que me paraliza es saber si esta sensación, la percepción que yo tengo de la realidad orgánica (política y social) de nuestra patria es general o sólo fruto de mi particular modo de observar y analizar los hechos, las tensiones, los movimientos biológicas del conjunto. El impulso básico de los seres vivos es alcanzar un equilibrio entre el interior y el exterior. La homeostasis es ese estado en el que un organismo logra mantener los niveles óptimos de todos los componentes vitales, desde el calcio y el oxígeno, a la glucosa o el hierro. Mantener la vida, permanecer en el ser, ésta es la ley general.Para ello necesita coordinar y cohesionar todas las células, todos los elementos que constituyen su ser.

En un cuerpo sano, triunfa el principio homeostático; ¿pero qué pasa cuando un organismo es incapaz de restaurar ese equilibrio que hace posible la vida? Del mismo modo que nosotros dependemos del cerebro, que de forma consciente e inconsciente regula las acciones necesarias para la supervivencia, así creo yo que tenemos un cerebro social, con circuitos especializados en distintas tareas, pero sobre todo capaz de generar una conciencia de sí mismo autoprotectora. A esta conciencia contribuyen todos los cerebros individuales, que, como las neuronas, deben conectarse, cooperar e integrarse en un propósito común. Yo, al menos, así lo intento.

Digo que la sociedad española necesita tomar conciencia de sí misma, el paso previo para que se despierte en ella el instinto de supervivencia, el deseo de permanecer, hoy aletargado. La conciencia de sí mismo es la unidad central que permite la coordinación e integración de todas las neuronas y células del cuerpo. Conciencia autobiográfica de pertenencia y permanencia, que es la base de cualquier racionalidad consciente. La gestión de la vida social no es posible sin una deliberación reflexiva, consciente y eficaz. Nuestro cuerpo social ha perdido la capacidad de tomar decisiones destinadas al mantenimiento de la vida, por eso lo más urgente es que recupere la conciencia de sí mismo y encare el proceso de desintegración y muerte a la que, si no reacciona, está abocado.

Despertar el instinto, el inconsciente biológico, el impulso de la vida.Superar la apatía paralizante que puede acabar invadiendo todo el cuerpo y el cerebro social. No creo que el miedo, la amenaza de un futuro autodestructivo (metástasis) sea fruto de ningún delirio personal. Ojalá lo fuera, pero acabo de leer que hasta Carlos Saura, nada sospechoso de alarmista, ve como posible una nueva guerra civil, de la que observa síntomas muy preocupantes.

Bueno, estamos en el 2019; para el 2036 faltan 17 años. Más o menos los que Iceta anuncia para la independencia de Cataluña... Pero como hoy el tiempo corre que es una barbaridad, quién sabe, quizás el parto se adelante.

miércoles, 8 de mayo de 2019

APROPIACIÓN INDEBIDA



Apoderarse de los bienes ajenos es delito. La apropiación indebida es robo con estafa. Suena a atenuante, pero hay apropiaciones que pueden ser criminales, sobre todo cuando se trata de bienes comunes. Apropiárselos es expropiarlos a la mayoría. Porque hay propiedad común.

El término nación expresa bien qué es un bien común: aquello que es propiedad de todos los ciudadanos por igual. Nación es todo lo que pertenece a todos, empezando por el medio físico, eso que delimitan las fronteras (terrestres, marítimas, aéreas). Entran aquí los bienes naturales (el suelo, el aire, el agua, el sol, la flora, la fauna, etc.); los bienes materiales, sociales y culturales construidos a los largo de los siglos (industria, comunicaciones, carreteras, monumentos...); pero también el Estado, que es el conjunto de instituciones y normas que rigen las relaciones sociales y productivas y hacen posible la convivencia.

Propiedad común no se opone a propiedad privada, pero limita el uso particular de los bienes comunes, prevaleciendo su defensa sobre cualquier otro interés. Entender la nación como bien y propiedad común es el mejor modo de desenmascarar la aberración semántica de la plurinacionalidad. Si hay varias naciones, cada una ha de tener su territorio con su Estado y fronteras, del que son dueños y soberanos exclusivamente sus ciudadanos. Un mismo territorio no puede pertenecer a dos naciones (hasta los enclaves, como el de Treviño, se rigen por esta norma).

Traducido: si Cataluña es una nación, deja de ser de todos los españoles para pasar a ser propiedad exclusiva de quienes sean reconocidos como catalanes. Para ello hay que expropiar a los españoles de esa propiedad común que es hoy Cataluña (con todos sus bienes), y a su vez expropiarles a los catalanes esa propiedad común que hoy es España (con todas sus consecuencias). Hacerlo al estilo de la toma del peñasco del Perejil o mediante una apropiación indebida (como proponen Junqueras, Iceta e Iglesias) es lo mismo.

Pero quien dice Cataluña puede decir cualquier otro bien común. Por ejemplo, Cervantes y el Quijote. Los bienes culturales son también un bien común, aunque, por su naturaleza, puedan ser gozados por todo el mundo. Nada más miserable que intentar apropiarse indebidamente de un bien tan común como Cervantes y el Quijote. Pues los separatistas no tienen reparo en hacerlo. Han montado una institución destinada a catalanizar todo lo que suene a valor o prestigio español, incluido Cervantes y el Quijote, cuyo origen catalán propagan con vídeos, conferencias y libros. No es delito menor,¡porque además se hace con dinero público!

Pero lo más nocivo es el contagio. En cualquier rincón de España vemos surgir a fragmentadores y expropiadores de lo común, ya sea la educación, la historia, la sanidad, la justicia, los puertos y aeropuertos, las fuerzas de seguridad y hasta los rótulos de las carreteras. Un ejemplo ridículo es el conflicto que ha llegado al Tribunal de Justicia Europeo a propósito del uso comercial de la figura de don Quijote.

Las Denominaciones de Origen se inventaron para proteger los productos originales de las imitaciones espurias. Tal es el caso del "Queso Manchego". Los productores de esta DO unen a la marca una efigie de don Quijote, con su molino y rebaño de ovejas, y consideran que ningún otro queso puede llevar estos iconos. El TEJ sentencia que éstos son "signos evocativos" de la Mancha y que es ilegítimo usarlos para vender otro queso.

Traigo a cuento esta "noticia de quesos" como muestra del afán de apropiarse de lo común para beneficio particular. Nada hay más común y español que Cervantes y el Quijote. La primera apropiación indebida ha sido hacer a Cervantes y a don Quijote "manchegos".Viene de lejos, cuando un cura encontró una partida de bautismo en Alcalá a la que añadió el nombre de "Miguel". Luego, una lectura reduccionista convirtió a la Mancha en el espacio geográfico dominante de las aventuras de don Quijote. 


He demostrado en mi libro Huellas judías y leonesas en el Quijote que ese tópico paisaje desolado desaparece a partir del capítulo X de la I Parte. Convertir el Quijote en guía turística es licencia aceptable, siempre que no se desvirtúe su sentido y alcance, que es universal por ser español, no manchego. Como español, no acepto la expropiación forzosa, ni de Cervantes ni de cualquier otro bien común. Vamos, que me rebelo contra tanto timador, saqueador y maleante, y contra todos los predicadores de la resignación y la claudicaciónque los amparan. ¡Que se vayan al infierno!