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jueves, 31 de enero de 2008

POÉTICA (I)

(Foto:PortfolioNatural)
A principios de febrero saldrá publicado mi libro Desvelos de la luz en la editorial Huerga y Fierro. Este libro fue el primer finalista del desdichado y escandaloso II Premio de Poesía "Viaje del Parnaso", que se le otorgó a un libro de Villena, que no cumplía ni una de las bases del premio. Los curiosos lectores podrán comparar este libro con el premiado y sacar sus conclusiones. Este escándalo me llevó a precisar mi idea de la poesía, que transmito a continuación en dos partes. Mi propósito es, ya lo dice el título de este bloc, "hacer pensar", porque el pensar es también un hacer, sobre todo cuando hace pensar.

Proclamar que los géneros literarios no existen es como afirmar que la tierra es plana. Cuanto más se empeñan algunos en anunciar su desaparición, más se nos impone su existencia y necesidad. La literatura gira, da vueltas alrededor del hombre, y no es plana. Dice Bajtin: “Cada género posee determinados principios de selección, determinadas formas de visión y concepción de la realidad, determinados grados en la capacidad de abarcarla y en la profundidad de penetración en ella”.
Los géneros son modos específicos y diferenciados de organizar la producción y la estructura del texto literario. Modos diversos de enunciación, con impulsos, intenciones y finalidades comunicativas distintas. Los géneros se justifican porque lo que cada uno alcanza, no lo puede lograr el otro, o no del mismo modo, o no con la misma intensidad. Por eso cada género exige su lector: una disposición mental, anímica y atencional propia, acorde con la naturaleza específica de cada texto.
La poesía no es simple convención formal o estilística. Lo que ella ilumina, descubre y crea, no es lo mismo que lo que convoca una novela, un cuento, una obra dramática, un ensayo o una noticia de periódico. La diversidad de géneros no es limitación, sino enriquecimiento de la experiencia humana. Y porque existen, un autor puede jugar con ellos, mezclarlos, enfrentarlos o refundirlos. Pero también puede profundizar en su esencia, en su razón de ser, y llevar el modo particular de visión, expresión y creación de cada género hasta su raíz. Puede ser así radical y original, o sea, ir hacia el origen, la fuente. La poesía selecciona, comprende y desvela aspectos de la realidad, del mundo y sus misterios, que sólo a través de ella podemos vivir y vislumbrar.
La poesía es ritmo, respiración, cadencia. Por eso, su modo natural de enunciación es el verso. El verso puede adoptar formas continuas, sin espacios en blanco que señalen o hagan visibles sus ritmos, pero nunca puede confundirse este modo de escritura y respiración con el de la prosa, que tiene otras formas y condiciones rítmicas, menos visibles, menos marcadas, más extensas y cambiantes.
La poesía es concisión, intensidad, concentración significativa y emocional. En esto también se distingue de la prosa, más elástica, más expansiva y orientada hacia lo útil o referencial.
La poesía, hoy, es siempre lírica. La épica ha encontrado su cauce natural a través de otros géneros, incluido el cine. Es lírica porque no puede construirse con emociones fingidas. El yo lírico sólo puede decir la verdad, transmitir su visión y su vivencia. Por eso, el espacio y el tiempo en (y de) un poema es siempre subjetivo.
La poesía no está hecha para contar historias ni para describir cosas, sucesos o paisajes, sino para transmitir lo que el poeta siente, piensa e imagina al observar la realidad, dialogar con los otros y vivir de cerca su dolor, su alegría y sus profundos anhelos, que son también los suyos. Por eso la verdadera poesía nos libera del peso y la ofuscación de la realidad social y de las exigencias y apremios de la vida.
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