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miércoles, 13 de mayo de 2009

IDEOLOGÍAS Y LIBERTAD



Me esfuerzo en comprender el mundo que me rodea. Vienen a mi mente palabras que se resisten al análisis, pero no puedo prescindir de ellas: ideología, religión, ciencia, pensamiento, política. Ahí están, en boca de todos; son de uso constante, irremplazables. Pues habrá que pensar en ellas, ya que no podemos dejar de pensar con ellas.

Ideología: un conjunto de ideas sencillas, fuertemente enlazadas, cargadas de emoción, que crean modelos de identificación y sirven para dar cohesión a un grupo. Se distinguen, no por su estructura interna, sino por su eficacia: la capacidad de atraer seguidores y el grado de automatismo que generan sobre la conducta.

Las ideologías están muy cercanas a la religión y la política. Participan de la religión en la medida en que su fundamento último es la creencia y la adhesión indiscutible, pero su contenido es distinto: se refieren a este mundo, a los problemas de este mundo, no se adentran en los misterios de la vida y la muerte.

Las ideologías también se relacionan con la política, pero la política es más práctica: se ocupa del poder, las distintas formas de organización social, de las relaciones entre grupos y la distribución de los bienes materiales.

El pensamiento es nuestra capacidad para razonar, utilizar las ideas para comprender mejor el mundo y a nosotros mismos. Es un instrumento imprescindible para distanciarnos de la realidad, interpretarla, actuar sobre ella y evaluar los resultados de nuestra acción.

La ciencia es una forma restringida de pensamiento, que trata de prescindir de la ideología, la política, la religión y cualquier desviación subjetiva en el conocimiento y análisis de la realidad. Busca la verdad, pero pone siempre a prueba esa verdad, que sólo valora en función de los resultados comprobados.

Bien, pues mi reflexión consiste en afirmar, primero, que nuestro modo de entender la vida y el mundo está determinado por todo ello: ideología, religión, ciencia, política y pensamiento. Nuestra conducta está influida por todo eso. No podemos sustraernos a la influencia de las ideologías, la política, la religión, la ciencia y el pensamiento.

Segundo, que, cuanto más clara tengamos la distinción entre estos cinco ámbitos de nuestra vida y conducta, mejor. Cuanto menos los mezclemos, mejor. Cuanto más huyamos de un pensamiento indiferenciado y globalizador (o sea, totalitario), mejor. Confundir religión con ciencia o hacer de la ciencia una religión, por ejemplo, es igual de equivocado que convertir la política en pura ideología o pretender que la política sustituya a la religión y la ideología.

Tercero, que, frente a la fuerza de las ideologías, las religiones, los partidos políticos, sólo nos quedan dos caminos: la ciencia y el pensamiento. Más aún: la ciencia al servicio del pensamiento, y el pensamiento al servicio de nuestra libertad.

Sólo quien piensa por sí mismo, quien defiende por encima de las ideologías, la religión, la política y el reduccionismo de la ciencia, su propio modo de pensar y sentir, sólo ése puede aspirar a ser libre y dueño de su vida.
Sólo así, ejercitando su pensamiento, resistiendo a la presión que le llega de fuera, la obediencia al rebaño (el automatismo de la ideología, la fe de la religión, la adhesión al partido político o el dogmatismo de la ciencia) puede el solitario construir su mundo y colocar en su centro el afán de conocimiento y la pasión por la vida, beber de la fuente: el intento de ser verdaderamente libres.
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