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sábado, 7 de abril de 2012

GÜNTER GRASS Y EL ANTISEMITISMO


(Foto: S. Trancón. Aniés)


Lo que hay que decir, a la vista de este texto (ver al final):

-Que Günter Grass, premio Nobel, no tiene ni idea de lo que es un poema.
-Que cortar renglones y ponerlos uno debajo de otro no es un poema.
-Que este texto no es más que un mal artículo que el autor no se atreve a escribir, quizás porque así quedaría más en evidencia su ínfimo nivel intelectual y literario.
-Que es sorprendente que un texto de tan baja calidad haya sido publicado en cuatro grandes periódicos internacionales.
-Que el autor, ya en plena decadencia mental, no sólo escribe mal, sino que hace afirmaciones absolutamente rechazables. Veamos algunas:

Empieza diciendo que ha guardado silencio durante demasiado tiempo, como si alguien le hubiera impedido hablar hasta ahora. De lo que guardó silencio demasiado tiempo fue de su militancia en las SS. Ser de las SS no era simplemente unirse al ejército nazi, como hicieron tantos otros alemanes. No era algo obligatorio, sino voluntario. ¿Y qué hacía en las SS, jugar al billar?

Se alarma ante el supuesto derecho a un ataque preventivo (israelí) que extermine al pueblo iraní. Hablar de exterminio parece que otorga inmediatamente la razón a quien exhibe tan drástico término (y más si se une a la palabra “pueblo”). Pero el único exterminio histórico, fríamente planificado, ha sido el del pueblo judío por parte, entre otros,  de aquellos alocados jovenzuelos (¡pobrecitos!) de las SS, entre los que figuraba el tan tardíamente arrepentido Günter Grass. Hoy la única amenaza de exterminio, reiterada, pública y ostentóreamenbte anunciada, es la del régimen iraní contra Israel. Pero para Grass esto no es más que palabrería de un “fanfarrón” que, ¡atentos a las palabras!, “subyuga y conduce al júbilo” al pueblo iraní. Es repugnante el intento de trivializar la amenaza iraní envolviendo a su impulsor, negador del Holocausto, en esta épica fascistoide.

Para Grass todo se basa en que en su jurisdicción (iraní) “se sospecha la fabricación de una bomba atómica”. Dejemos de lado eso de que “en su jurisdicción” (suponemos que quiere decir "territorio"). Los laboratorios subterráneos, ocultos y ocultados sistemáticamente, no son una sospecha, sino un hecho real, tan real como lo es la voluntad de usar esa bomba con fines de exterminio por parte de ese simpático caudillo fanfarrón, como lo hizo el jefe de Günter Grass en su día, sin duda porque era adicto a ciertas bravuconadas “jurisdiccionales”.

Argumenta Grass que Israel posee un arsenal atómico “fuera de control” porque es “inaccesible a toda inspección”. Pues no, señor Günter: el potencial atómico de Israel no está fuera de control ni constituye amenaza alguna para la paz mundial, porque ni ha sido ni es amenaza para nadie, como no lo es el arsenal alemán, el francés, el norteamericano o el ruso. Su mayor riesgo es el de un accidente, y en este sentido son mucho más amenazantes, puestos a temer, los cientos de centrales nucleares esparcidas por el mundo. En cuanto a lo de “inaccesible a toda inspección” es un burdo intento de buscar una falsa simetría entre Irán e Israel, pues los órganos internacionales no inspeccionan los sistemas defensivos atómicos de todos los países, sino de aquellos que constituyen una seria amenaza para la paz mundial, como es el caso de Corea e Irán. No van por ejemplo, a inspeccionar las instalaciones atómicas alemanas, contra las que nada dice el escandalizado Grass. (Alemania oficialmente no posee armas nucleares, pero fabrica ojivas nucleares que vende a otros países y posiblemente guarda varias bombas atómicas americanas de la época de la guerra fría).

Como gran argumento, nos cuenta Günter no sé qué tontería sobre la venta de un submarino alemán a Israel, una especie de terrible dragón capaz de escupir “ojivas aniquiladoras” contra un país “donde no se ha probado la existencia de una sola bomba” (sic), ni, se supone, tampoco se ha probado la existencia de un solo terrorista… Pero lo que al parecer le irrita más a Grass no es que Alemania venda todo tipo armamento a medio mundo, sino que esto lo haga a Israel en concepto de “reparación”, se supone que por los crímenes cometidos por Alemania contra el pueblo judío. Que Grass se refiera con desagrado a las obligaciones de reparación, internacionalmente aceptadas y muy justificadas (algunas, por cierto, injusta e injustificadamente perdonadas, como en el caso de Grecia, a la que hoy “no perdonan” los bancos alemanes), es algo demasiado sintomático, como eso de que los alemanes ya han sido “suficientemente incriminados como alemanes”.

Es muy freudiano eso de que por “su origen” está “marcado por un estigma imborrable” del que se quiere liberar nada menos que denunciado el previsible “crimen” israelí para no hacerse cómplice de él. Confunde intencionadamente “militancia nazi” con origen alemán. Como freudiano (o sea, insuficientemente reprimido) es eso de no querer nombrar a Israel en un momento, para poco después contradecirse y nombrarla, envuelto todo el discurso, eso sí, de purismo izquierdista, de lucha contra la “hipocresía de Occidente”, de retórica vacía (resulta casi sarcástico eso de que está “unido” al país de Israel y quiere seguir estándolo; o eso de “ayudar a todos, israelíes y palestinos”…).

En una sola cosa tiene razón Günter Grass: “Antisemitismo se llama” a todo este discurso lleno de veladas justificaciones, falsas acusaciones y clamorosos silencios, como todo lo que tiene que ver con el actual régimen antisemita, terrorista, abyecto y represor iraní, verdadera y real amenaza a la frágil paz mundial.

 LO QUE HAY QUE DECIR
Günter Grass
                                     
Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.


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