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viernes, 12 de octubre de 2012

LA PÉRDIDA DE MEMORIA

La gente tiene mucho miedo a perder la memoria. En cuanto no se acuerdan de algún dato (un nombre, una fecha, el título de un libro o una película...) enseguida saltan con aquello de "...Es el Alzheimer". Lo dicen medio en broma, para disculparse y desdramatizar la situación, pero en realidad la frase revela un miedo real, cada día más extendido, a padecer esta enfermedad, que empieza a asustar tanto como el cáncer. Muchos acaban poniéndose a prueba a cada paso, obsesivamente, y claro, acaban convencidos de que han entrado en una fase irreversible. No importa la edad: ya he oído la frase a mis alumnos, que no tienen ni veinte años.

Yo, la verdad, estoy mucho más preocupado por lo que no olvido. Por la cantidad de basura que recuerdo: datos, nombres, imágenes, sucesos... totalmente insignificantes, cuando no tóxicos, obsesivos, inútiles.

(Foto: Fernando Redondo. Sierra de Madrid)

Para recordar lo significativo, nada mejor que olvidar lo supérfluo. La mente almacena todo, sin orden ni control. Si nos dejamos llevar por todos los estímulos que recibimos, nuestra memoria se convierte en una tienda de chinos o del rastro, llena de cosas inutiles, de residuos, de basura mental, de miedos absurdos, de rencores, de ultrajes, de humillaciones, de nimiedades, de datos estúpidos, de preocupaciones paralizantes.

No conviene confundir cultura, saber, conocimiento, con tener una memoria excelente para recordar  eso que podríamos llamar "cultura de masas", y que sirve para los concursos de la tele. No, lo más importante es no perder la capacidad de pensar, de pensar libre y autónomamente. La memoria ha de estar al servicio del pensamiento, no al revés.

Preocúpate de pensar, de razonar, de criticar las ideas que te imponen, la información que recibes, la manipulación de los sentimientos, las mentiras que quieren que recordemos y para eso las repiten cada día. Preocúpate porque recuerdas sólo lo que quieren que recuerdes y así te olvidas de lo más importante: pensar por ti mismo.

Si piensas, recordarás lo que necesites recordar. Porque no piensas para recordar, sino para vivir. Tampoco sabes para recordar, sino que recuerdas porque sabes. Y sabes, no para demostrar a los demás que sabes, sino para vivir mejor y más intensamente. La mejor manera de conservar la memoria es ejercitar la concentración y el pensamiento.

Recuerdas para vivir, no vives para recordar. Cuanto más vives, más y mejor recuerdas, porque sólo recordarás aquello que más y mejor te ayude a vivir intensamente el momento presente.


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