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miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL PODER DEL MIEDO (II)


(Vuelvo sobre un tema del que escribí hace tiempo otra entrada)

El miedo es la emoción más poderosa. Todas las otras emociones siguen su patrón. El miedo es una anticipación. Su función evolutiva es ayudarnos a la supervivencia: evitar las amenazas, prevenir los riesgos, predisponernos para el ataque o la huida.

Como toda emoción, tiene una parte mental y otra más corporal o biológica. En el inicio de la reacción emocional siempre hay una imagen, una idea, un pensamiento que desencadena un mecanismo neurofisiológico automático.

Gracias al desarrollo prefrontal del cerebro, podemos establecer una breve pausa (décimas de segundo) entre la imagen del peligro (real o imaginario) y la reacción del sistema límbico. Sólo mediante el aprendizaje se puede llegar a controlar las reacciones emocionales del miedo y su consecuencia natural: el ataque, la huida o la paralización.

El miedo provoca un estado de alerta general, indiscriminada. No distingue entre los estímulos reales o imaginarios, externos o internos, ni establece una gradación en función del peligro. No analiza el origen, ni la distancia, ni las consecuencias de nuestra reacción. Por eso la respuesta que induce es siempre de todo o nada.

El sistema emocional es rápido, y en eso radica su eficacia, pero la mayoría de las situaciones de la vida no exige una respuesta de ese tipo. Vivimos en un mundo complejo. El miedo todo lo simplifica, pero el precio que pagamos por ello es enorme.


Detrás de todo conflicto siempre encontramos el miedo. Es la emoción humana más fuerte (más que el sexo) y por eso la más peligrosa. La sociedad actual se basa cada vez más en la creación y manipulación del miedo individual y colectivo. Lo peor es que necesita reprimir las reacciones de ataque. Huida y paralización son las únicas salidas.

Pero cuando la presión del miedo no se puede controlar directamente, los poderosos recurren a un mecanismo muy simple: dirigirla hacia los otros, inventarse un chivo expiatorio. El caso de Cataluña es tan evidente que parece mentira que una mayoría social no se dé cuenta: España es el enemigo. En otro tiempo fueron los judíos o los rojos. Por cierto, que los judíos siempre están ahí, a mano, para cuando se necesite un enemigo. Por eso el antisemitismo, ni ha desaparecido ni, desgraciadamente, desaparecerá.

Una recomendación: siempre que tengas un conflicto, un problema, una inquietud, una depresión, un arranque de ira... párate y analízalo. Encontrarás detrás el miedo, el miedo a algo. Cuanto más concretes ese miedo, cuanto más y mejor lo definas, mayor capacidad tendrás para controlarlo. Incluso para darle la vuelta y convertirlo en un impulso, en una fuerza positiva. De esto saben mucho los verdaderos toreros; incluso los buenos escritores. Los dos encaran el último miedo, el más real y el más imaginario, el más general y el más concreto: el miedo a la muerte.       
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