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miércoles, 10 de abril de 2013

SOBRE LA ENVIDIA



(Foto: S. Trancón)

Leemos en el Quijote: ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias (II, 8).
Siempre me ha inquietado el fenómeno universal de la envidia, quizás porque yo, por no sé qué extraña inclinación natural, nunca la he padecido. He sentido vivamente, desde niño, la injusticia o el desprecio, pero nunca la envidia. Aclaro la diferencia.

Yo puedo indignarme ante la injusticia de ver con qué poco mérito se otorgan bienes, prestigio o recompensas sociales a los mediocres o a quienes no sólo no lo merecen, sino que debieran ser castigados muchas veces por lo nocivo de sus obras o la bajeza de su conducta. Puedo enfadarme, pero nunca envidiar a quienes reciben esos honores o prebendas. Frente a quienes, por el contrario, reciben merecidamente reconocimiento o recompensas, no siento envidia alguna, sino, cuando juzgo de interés sus obras, admiración y respeto. Insisto que no es mérito ni presunción, sino mi forma natural de reaccionar. Por eso siempre me quedo perplejo ante la envidia que tan bien describe don Quijote como fuente de disgustos, rencores y rabias. ¿Será porque, como bien dice, yo no siento deleite alguno en envidiar?

Si embargo, en mi vida me he visto muchas veces rodeado de envidiosos que me han hecho, sin saber por qué, el centro de sus rabias y rencores. Precisamente por no concebir bien el fenómeno de la envidia, por eso he sido también muchas veces incapaz de defenderme de sus malévolas trampas. Sentir envidia sería, según cierta teoría de la evolución, un fenómeno adaptativo, cuyo déficit padecemos algunos.

Amable lector, mi pregunta, la que te dirijo, es el saber si soy un tipo tan raro que de verdad nunca siento envidia de nadie, o si, por fortuna, tú o algún otro padeces la misma extraña enfermedad, pues por tal la juzgo, dado que parece ser poco útil para moverse en un mundo tan lleno de envidiosos y mediocres rencorosos. Sácame de dudas.      
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