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jueves, 16 de abril de 2015

Y LOS VENCEJOS ¿DÓ SE FUERON?

(Foto: S. Trancón)

Desaparecen, están a punto de desaparecer.

Hace varios lustros, cuando yo era Delegado de Cultura en León, se inició un encuentro poético al que los participantes (quizás José Antonio Llamas, no sé) le dieron el nombre de “Poesía para vencejos”. ¡Buenos tiempos para la lírica, cuando todavía acudían a su cita los vencejos! Hoy la poesía ha perdido hasta su alada audiencia. Pocas noticias más trágicas. ¿Dó se han ido?

Pero no sólo los vencejos: golondrinas, ruiseñores, tórtolas, alondras, lavanderas, trigueros, abubillas, cuclillos... ¡y los pardales! Sí, esta guerra silenciosa está diezmando también el ejército de gorriones. En diez años quedarán menos que linces. Más de 120 millones de aves han desaparecido en Europa los últimos 20 años.

La naturaleza que conocimos, en la que nacimos y crecimos, con la que tomamos conciencia de lo que somos, ha desaparecido. No es un vaticinio, es un hecho que ahoga la respiración. No oiremos al cuco en primavera, ni el chiar agudo de los vencejos, ni a la alondra en los trigales, ni al ruiseñor entre los alisos... Perderán sentido los versos de Bécquer y la oda de John Keats necesitará ilustraciones para entenderla. Cuando me muera, no podré soñar con Juan Ramón que seguirán los pájaros cantando...

La catástrofe se agudizó en tiempos de Zapatero, Rajoy ha rematado la faena y pronto dejaremos de hablar de crisis ornitológica, porque muerto el pájaro se acabó la crisis. Pesticidas, herbicidas, fungicidas, transgénicos, radiaciones electromagnéticas, calentamiento global, cambio en el ritmo de las estaciones, la contaminación del agua y el aire... No hay insectos, ni mariposas por el aire ni merucas en los tapines, y los que sobreviven a la aniquilación pestífera, son tóxicos. Envenenados, envenenan. La tierra se ha vuelto tan aséptica como un quirófano. África, refugio invernal de estos emigrantes subsaharianos, se degrada a grandes zancadas. Hasta los arquitectos merluzos les tapan el hueco de los aleros, la sombrilla de las tejas. Ni tienen qué comer ni dónde anidar para incubar.

Estas prodigiosas aves son capaces de casi todo. Pueden vivir un año entero en el aire sin posarse, recorrer 800 kilómetros al día y alcanzar los 200 km a la hora. Vuelan con el pico abierto, beben las gotas de la lluvia y pueden almacenar en su buche hasta 1.000 insectos. Duermen sobre corrientes cálidas de aire como en un colchón de plumas. Copulan en las nubes, se emparejan para toda la vida y vuelven cada abril al mismo nido, no se pierden por las autopistas del cielo. Lo que todavía no han aprendido es a incubar los huevos en el aire.

Votaré al partido que lleve en su programa la defensa de los vencejos. No palabras, sino un proyecto serio de salvación nacional. Si son incapaces de proteger a los pájaros, ¡cómo van a sacar del hoyo a los parados!
http://www.lanuevacronica.com/y-los-vencejos-do-se-fueron

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