MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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jueves, 13 de agosto de 2015

LA OBRA DE LOS JUDEOCONVERSOS (II)


(Foto: A.Galisteo)

En mi anterior artículo reivindicaba la obra de los judeoconversos destacando su influencia decisiva en el origen y desarrollo la literatura y cultura española. El fenómeno, que sólo ha sido estudiado parcialmente, tiene gran importancia para comprender el pasado, pero también para interpretar el presente.
            Ya dijimos que el fenómeno converso es muy complejo y que sólo adquiere sentido al considerarlo en su conjunto. Estamos hablando de un largo período que va de mediados del XIV a finales del XVII, pero cuyas consecuencias se prolongan hasta hoy. Durante este tiempo las circunstancias sociales fueron cambiando y obligando a los conversos a enfrentarse a distintas formas de persecución e intolerancia.
Aunque obvio, es necesario decir que no existirían judeoconversos si no hubiera habido leyes antijudías, persecuciones, asesinatos y matanzas promovidas en nombre de la religión. Sabemos que los motivos religiosos encubrían todo tipo de intereses políticos y económicos, pero también factores ideológicos y psicológicos, desde la envidia al miedo al diferente, de los estereotipos y prejuicios raciales a la construcción del enemigo expiatorio.
            Dejando de lado las conversiones de la época medieval, forzadas por persecuciones y amenazas (visigodos a partir del 586 y almorávides y almohades en el siglo XII), hemos de situarnos a mediados del siglo XIV para empezar a hablar de la existencia de judeoconversos como grupo social diferenciado. Hasta entonces, gracias a la protección de los reyes y nobles (con los que se mezcló una minoría judía poderosa y muy influyente que a su vez protegió a la comunidad hebrea), la presencia judía era “tolerada” y no causaba ningún problema social importante. Es a partir de la guerra civil entre Pedro I y Enrique de Trastámara (que acabó en 1369) cuando el destino de los judíos españoles empieza su declive definitivo, porque por primera vez se utiliza el antijudaísmo como arma política provocando el asalto de sinagogas y el asesinato de judíos. Poco antes, en 1348, ya había ocurrido lo mismo al ser acusados los judíos de propagar la Peste Negra. Fanáticos predicadores como el arcediano Ferrán Martínez no cesaron en su labor de furibunda persecución, lo que desembocó en las revueltas de 1391, que se iniciaron en Sevilla y se propagaron por toda España causando la muerte a miles de judíos. No sabemos cuántos, pero sólo en Sevilla seguramente pasaron de 3.000.
Este acontecimiento es sin duda un hecho decisivo para entender el fenómeno converso. Cuando alguien está a punto de ser degollado y sabe que su única salvación consiste en pedir a gritos el bautismo, ¿qué es lo que puede hacer? Ya Maimónides había defendido la conversión externa para salvar la vida, si bien con el propósito de poder escapar a un lugar donde se pudiera volver a practicar la fe. Él huyó, pero en 1391 la mayoría quedó atrapada y no pudo hacerlo. ¿Cuántos se bautizaron entonces? No lo sabemos, pero algunos autores hablan de más de 100.000.
Tenemos, por tanto, a partir de esta fecha, a la comunidad judía dividida en dos: los conversos forzados y aquellos que han podido seguir manteniendo su fe al refugiarse en aquellos reinos, ciudades y pueblos donde la persecución fue menor, como el Reino de León o Navarra. Esta situación favoreció que la mayoría de conversos acabara “judaizando”, o sea, manteniendo su adhesión al judaísmo al relacionarse con la otra mitad que poco a poco volvió a practicar sus rezos y ritos públicamente al no estar prohibido por ninguna ley. Esta situación de coexistencia se prolongó durante casi un siglo, amparándose en cierta protección de la monarquía que necesitaba a los judíos y conversos por ser su principal apoyo económico, no sólo como recaudadores de impuestos, sino por sus aportaciones y préstamos millonarios.



Los judeoconversos del siglo XV anteriores a la creación de la Inquisición de 1487 pudieron mantener, por tanto, sus vínculos con el judaísmo a través de familiares y amigos, pero también porque el judaísmo era todavía visible en las juderías y sinagogas. Aunque clandestinamente, tendrían acceso a los libros, ritos y prácticas judías. La presión social y popular, azuzada por el clero, sin embargo, volvería cada vez más problemática y arriesgada esta conducta, que debía de estar muy extendida, ya que es este el motivo principal por el que se crea la Inquisición: impedir que los cristianos nuevos judaizaran a causa de la influencia de quienes seguían siendo judíos. Con la expulsión, pocos años después, se pretendió acabar definitivamente con el problema.
Debemos situarnos en la mentalidad de la época. Hasta ese momento el catolicismo oficial aceptaba que existieran “infieles”, o sea, creyentes de religiones como el judaísmo o el islam, a las que consideraba equivocadas o pervertidas. El cristianismo era la única fe verdadera, que había que propagar por todos los medios. Para lograr la conversión había dos métodos: la fuerza y la predicación. Después de la ola de terror de 1391 se intensificó el método de la predicación y la persuasión.  Vicente Ferrer encabezó este empeño. Los judíos trataron de defender su fe esgrimiendo argumentos bíblicos, especialmente en contra de la supuesta llegada del Mesías en la figura de Cristo. Se dio mucha importancia a este combate dialéctico. Se trataba de una batalla simbólica de la que debía salir derrotado el judaísmo a fin de convencer a la mayoría de judíos de que renegaran voluntariamente de la “ley de Moisés”. La gran Disputa de Tortosa (1413-1414) supuso la derrota oficial del judaísmo como doctrina y su deslegitimación teológica. Paradójicamente, no fueron cristianos viejos, sino antiguos judíos los que impusieron sus tesis antijudías con mayor retórica, virulencia y teatralidad. Los principales rabinos acabaron convirtiéndose al final de la Disputa. Este hecho tuvo una repercusión enorme, produciendo una desmoralización y postración en toda la comunidad judía. El Decreto de Expulsión de 1492 acabó de decidir el destino de los conversos resistentes, que quedaron no sólo aislados y perdidos emocional y mentalmente, sino marcados por la sospecha, sometidos a una vigilancia obsesiva y condenados a la marginación y la exclusión tras la imposición de los estatutos de limpieza de sangre que se iniciaron en la revuelta antijudía de Toledo en 1449 y se extendieron a partir de 1482. 
Lo que sorprende de esta dramática historia, cuyo resultado más previsible hubiera sido la total erradicación de fenómeno judío en España, es que los conversos siguieran manteniendo una vinculación mental, psicológica y cultural con la tradición judía, incluso más allá de sus creencias y actitudes conscientes; que ni las hogueras ni los sambenitos lograran su aculturación ni borrar la huella de sus antepasados; que interiormente vivieran esta escisión entre los dos mundos como un estímulo creativo que les impulsó a buscar nuevas formas de estar en el mundo, de encarar los misterios de la fe y el anhelo de trascendencia; que la tensión y el desarraigo social y cultural les llevara a desarrollar un mundo interior que acabó alumbrando la mentalidad moderna, el pensamiento libre, la racionalidad laica, el espíritu crítico y la preocupación social.

Cada autor judeoconverso es un mundo inexplorado lleno de deslumbrantes creaciones personales. Leerlos hoy desde la perspectiva que señalo es una experiencia llena de emoción y enriquecimiento espiritual y humano. Su obra está ahí, a la espera de nuestro descubrimiento y estudio. No hablo sólo de autores muy conocidos como Cervantes, Fernando de Rojas, Luis Vives, Juan de Mena, Góngora, Gracián, Tirso de Molina, Mateo Alemán, Antonio de Nebrija, Juan Valdés, Andrés Laguna, Juan de la Cruz o Teresa de Jesús, a los que redescubriremos si tenemos en cuenta su condición de judeoconversos, sino de cientos de otros autores cuya lista no podemos aquí reproducir, pero de la que daré sólo algunos nombres limitándome a los nacidos en el Reino de León entre finales del XIV y principios XVI, a los que he empezado a estudiar con motivo de la III Conferencia Internacional sobre el Legado Judío de Zamora, donde presenté una ponencia titulada “Literatura de judeoconversos de origen leonés”: Clemente Sánchez de Bercial, Alonso de Zamora, Juan del Encina, Jorge de  Montemayor, Andrés Pérez de León,  Lucas Fernández, Gómez Manrique, Martín Martínez de Cantalapiedra, Gaspar de Grajal, Fray Cipriano de la Huerga, Fray Bernardino de Sahagún, Luis de Carvajal, Francisco López de Villalobos, Cristóbal de Villalón, Antonio de Torquemada… Es una pequeña muestra referida a una zona geográfica limitada que tuvo como característica el haber sido lugar de refugio de muchos judíos y conversos antes y después de 1492, lo que explicaría el hecho de que la mayoría de estos autores haya nacido en pequeños pueblos donde les resultó más fácil la ocultación y la supervivencia. Otro dato que hace más fascinante su peripecia personal. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

LA OBRA DE LOS JUDEOCONVERSOS


Comprendo el poco interés que los judíos de hoy puedan tener por la historia y la obra de los judeoconversos. El propio concepto de judeoconverso puede resultarles indiferente o incluso incómodo. Se supone que en un momento determinado dejaron de pertenecer al pueblo judío. Poco importa que la mayoría lo hicieran forzados (anusim). Si pudieron luego volver al judaísmo, ¿por qué no lo hicieron? La pregunta implica una respuesta de culpabilidad que justifica la exclusión y el olvido en que los judeoconversos han permanecido durante siglos.
            El planteamiento es, sin embargo, demasiado simplista e injusto, porque no tiene en cuenta la realidad histórica. No podemos minimizar, por citar algunos hechos, la persecución y las matanzas de 1391, la expulsión de 1492 y las condiciones en que se realizó esta nueva diáspora. Muchos se fueron, pero con la esperanza de poder volver, y para ello dejaron en Sefarad vínculos familiares que les pudiera facilitar el regreso. La mayoría de los que se quedaron no se consideraron menos judíos ni peores que los que se fueron. También confiaban en que cambiaran los tiempos. Se convirtieron externamente, pero afianzaron internamente su adhesión a la cultura y la tradición de sus antepasados. Se produjo una interiorización de la fe, del sentimiento de pertenencia y la capacidad de resistencia a la cristianización.
Con el paso del tiempo, las dificultades de mantener esta vinculación y la pérdida de apoyos familiares y sociales dio lugar a una gran variedad de actitudes y conductas. No todos los conversos fueron iguales. En cierto modo, cada judeoconverso tuvo que enfrentarse a su condición de extraño y marginado ante la imposibilidad de integrarse en ninguno de los dos grupos excluyentes: el mundo judío y el mundo cristiano. Y todo esto duró oficialmente hasta 1834 en que definitivamente quedó abolida la Inquisición. Todavía en 1781 fue quemada en Sevilla María de los Dolores López, la beata Dolores. Y Francisco de Goya compareció ante un tribunal de la Inquisición en 1815. Diría más: la llama de esa persecución revivió durante el franquismo y ha permanecido hasta hoy.
            El drama de los judeoconversos (doblemente excluidos) no ha sido valorado ni estudiado seriamente hasta ahora; más aún, ni siquiera se ha tenido en cuenta la condición de judeoconverso como un elemento esencial en los estudios académicos y literarios. Los estudios se han centrado en la tradición y la pervivencia del mundo sefardí, dejando de lado la obra de los judeoconversos. Estudios recientes, sin embargo, como los relacionados con Cervantes o Teresa de Jesús, están obligando a considerar el fenómeno judeoconverso como un elemento fundamental para entender e interpretar la literatura española. Digo literatura, pero la reflexión va mucho más allá, pues debiera incluir la cultura, la política y la historia. Ni la cultura ni la historia española pueden entenderse ni analizarse sin tener en cuenta la presencia y la aportación de los judeoconversos. Hablo de los siglos más decisivos en la configuración de la conciencia de la nación y la cultura española: XV, XVI y XVII. Es en estos siglos donde la influencia y la obra de los judeoconversos es verdaderamente asombrosa. Este hecho exige una investigación y una interpretación adecuada, porque se trata de un fenómeno único y extraordinario que nos obliga a hacernos preguntas para las que no tenemos respuestas claras.
Por ejemplo: ¿existe una impronta psíquica, una estructura psicobiológica y cultural hereditaria relacionada con el hecho judío? Freud así lo creía. No hablamos de racismo ni de nada que se le parezca, sino de un fenómeno de naturaleza cultural que puede estar ligado al misterio de la genética. El ADN, al fin y al cabo, es información contenida en cadenas de aminoácidos. Los antropólogos siempre han hablado de la dualidad gen-cultura. Si así fuera, el hecho de la conversión no supondría más que una ruptura externa del judeoconverso con el judaísmo, pero permanecería la vinculación con su “núcleo esencial”, podríamos decir, que es de naturaleza psicocultural más que religiosa.
            La cultura es la forma particular que un grupo social construye para desarrollar el inmenso e indeterminado caudal de posibilidades humanas. El pueblo judío es el resultado de una orientación cultural que privilegia el desarrollo del pensamiento, la palabra, el saber y el conocer. Esto significa que centró sus energías en entender e interpretar el misterio del mundo y la realidad material que nos rodea. Este empeño le obligó a construir unas normas de conducta coherentes con esa visión del mundo que hicieron posible la cohesión del grupo, su permanencia y su particular proceso evolutivo. Esto condujo al mantenimiento de cierta endogamia que pudo propiciar la transmisión de esa herencia psicobiológica de que hablamos. Los judeoconversos, desde este punto de vista, siguieron vinculados al pueblo judío más allá de sus creencias y su condición social.
            La reivindicación de la obra y la memoria de los judeoconversos españoles y portugueses parte, por tanto, del supuesto de que la conversión no borra esa estructura cultural, psíquica y biológica judía, sino que la vuelve más o menos problemática, contradictoria, compulsiva, angustiosa o estimulante, de acuerdo con el modo particular con que cada individuo encara y resuelve su condición de judeoconverso y sus vínculos, conscientes e inconscientes, con la tradición y el mundo judío.
            La investigación y reivindicación que propongo tiene interés, por tanto, para la historia del pueblo judío y su influencia en el mundo y, en este sentido, los judíos de hoy pueden preguntarse por su particular modo de estar en el mundo y su capacidad de intervenir en el desarrollo humano y la historia de la humanidad. Analizar el fenómeno judeoconverso puede ayudarles a entender mejor su propia capacidad creativa y cultural, sus relaciones con otros pueblos y culturas y la necesidad de distinguir entre el judaísmo oficial y otro difuso, cuyas fronteras nunca han sido ni rígidas ni excluyentes, por más que este hecho pueda volver problemática la propia definición del “ser judío”.

y cultural structura psicobiolóa psa o ha permanecido hasta hoy. xige una investigacis grupos excluyente: el mundo judoconverso

Pero no sólo a los judíos, también a los españoles de hoy nos interesa reivindicar la obra y la memoria de los judeoconversos, de los que muchos nos sentimos descendientes y, por lo mismo, vinculados a una tradición que tiene que ver con ese núcleo esencial del que he hablado. Si la influencia de los judeoconversos fue decisiva, los españoles de hoy necesitamos conocerla. Los descendientes de esos conversos necesitamos comprender también por qué permanece en nosotros esa inconsciente atracción por el judaísmo y el interés por conocer la peripecia y el modo particular que tuvieron estos “judíos-no judíos” de resolver las contradicciones en que se vieron sumergidos. Admiramos, por ejemplo, su impresionante obra literaria, inseparable de los logros más admirables de la literatura española. No exageramos si afirmamos que el noventa por ciento de los nombres más destacados de esta literatura, de Cervantes a Góngora, de Jorge de Montemayor a Mateo Alemán, de Fernando de Rojas a Fray Luis de León, por citar media docena de una lista interminable, fueron de origen judío. ¿Qué significa esto? ¿Cómo hemos de explicarlo? Quizás tengamos que empezar a hablar de “los otros judíos”, o sea, “los hispanojudíos” de ayer y de hoy. Quizás sea el fenómeno inverso y complementario de esa “vuelta de los sefardíes” que propiciará el reconocimiento actual de la nacionalidad española para los descendientes de los expulsados en 1492. ¿La “vuelta de los judeoconversos”? Bastaría con que fuéramos reconocidos como muchos nos sentimos, hispanojudíos descendientes de judeoconversos. B’nei anusim. Aunque para algunos resulte una categoría confusa, nosotros sabemos muy bien a qué nos referimos.   

jueves, 30 de julio de 2015

¿QUÉ PASA EN CATALUÑA?


(Foto: S. Trancón)
http://www.lanuevacronica.com/que-pasa-en-cataluna

Conozco a Cataluña. Conozco a los catalanes. Ahora mismo escribo desde allí. Siempre me he esforzado por observar, analizar e interpretar la realidad política y social catalana. Hace más de 35 años escribí un Manifiesto (conocido como el de “los 2.300”) en el que se alertaba de todo lo que vino después: la deriva antidemocrática del catalanismo y su desprecio a los derechos de los ciudadanos. Hoy el objetivo final se proclama ya sin eufemismos: alcanzar cuanto antes y como sea la independencia. Todo por la independencia.

Durante años, quienes insistimos en que Cataluña caminaba hacia un sistema antidemocrático y totalitario, hemos sufrido el insulto de los catalanistas y el desprecio de los demás. Aún quedan quienes siguen creyendo en el mito de Cataluña. Hay leonesistas que admiran a los catalanes, “porque saben defender lo suyo”. La realidad es que el proceso independentista está dominado e impulsado por una burguesía corrupta, taimada, soberbia e insolidaria, la “de más negra entraña”, como dijo Valle-Inclán, que ha ido inculcando la misma ideología nacionalista y empleando los mismos métodos que los movimientos totalitarios del siglo pasado: el nazismo, el fascismo…¡y el franquismo! El movimiento independentista es lo más parecido al Movimiento Nacional. Comparen la importancia que adquiere la bandera, el himno, las concentraciones de masas, la imposición del catalán, el Barça, la patria, la Cataluña una, grande, libre y antiespañola, lo mismo que la España de Franco era antimasónica y anticomunista. Que esa minoría usa a la mayoría para sus fines, o sea, para defender lo suyo y aumentar su poder basándose en el mito de la patria, el pueblo y el país, es algo que sólo los ciegos y fanatizados pueden negar.

Ya oigo a los “neoindignados” y a “los progres de toda la vida” protestar airadamente. Si fueran capaces de pensar por sí mismos, les recordaría que hoy en Cataluña se adoctrina desde las guarderías en el independentismo y el odio y desprecio hacia todo lo español; que la lengua oficial y común de todos los españoles está proscrita de la enseñanza y de la vida pública; que todos los medios de comunicación están subvencionados y controlados por el poder político y se dedican a una constante propaganda en contra de la legalidad democrática española; que la presión social de los activistas hace imposible la discrepancia, a la que se denigra, persigue y sataniza; que hoy la mayor parte del dinero público que maneja la Generalidad (una millonada) está dedicado a promover y sentar las bases de la independencia y la ruptura efectiva con España, etc. La Cataluña real, en cambio, se oculta sistemáticamente. ¿Alguien sabe que Cataluña es la comunidad en que la sanidad pública ha sufrido un mayor deterioro, mayores recortes y privatizaciones, una mayor degradación, hasta límites tercermundistas?


Lo más increíble no es el atrevimiento y la capacidad de engaño y manipulación de los independentistas, sino que gran parte de la izquierda y los demócratas haya aceptado pasivamente el engaño, el chantaje, la amenaza y el desprecio a los más elementales principios democráticos que ordenan y garantizan nuestra convivencia. Todavía hay quien sigue pensando que esto de la independencia no va en serio. Hasta al Rey le ha costado enterarse. A lo peor es ya demasiado tarde. El daño, de cualquier modo, ya está hecho. Y se prolongará durante décadas. 

miércoles, 15 de julio de 2015

EL NIÑO ADOLF HITLER

(Foto: S. Trancón)
http://www.lanuevacronica.com/el-nino-adolf-hitler

El niño Adolf Hitler fue maltratado física y psicológicamente por su padre Alois. Como sufría muchas pesadillas y mostraba ya a los seis años una conducta extraña y poco social, el médico de la familia, Ernest Bloch, le pidió consejo a Sigmund Freud, quien no dudó en recomendar que  ingresaran al niño en un instituto de salud mental de Viena. Este insólito cruce entre el judío Freud y el futuro asesino de más de seis millones de judíos, es inquietante. El padre, Alois, siguió zurrándole al niño Adolf y no hizo caso del sabio consejo. No sabemos qué podría haber sucedido en caso contrario.

La vida es una cadena imprevisible de cruces, enlaces, encuentros y desencuentros. El nanoespacio que va de una decisión a otra, ese vacío infinitesimal donde habita la duda, es la nada absoluta de la que procede el universo entero. Y cambia a cada milisegundo. Al darnos cuenta de ese insondable abismo apreciamos mucho más nuestra libertad y responsabilidad, a pesar de su rotundo determinismo, del que sólo nos libramos gracias al leve resplandor de la conciencia.

La cadena de sorprendentes cruces que dio lugar al monstruo de Hitler tiene un comienzo turbador: su abuelo pudo ser el barón Rothschild, conocido judío, que dejó embarazada a una criada, de apellido Schicklgruber, apellido que llevó su hijo Alois durante 40 años y que cambió por el de su padrastro, ya muerto, Hiedler, que acabó en Hitler. Hijo de un bastardo, por tanto, fue acumulando rencor y odio en la misma medida en que era despreciado y humillado. Cuentan que una noche quiso escapar por una ventana y se quedó enganchado. Su padre llamó a toda la familia para que se rieran de él. Adolf lloró durante tres días y entonces tomó la decisión de no volver nunca más a llorar, por más zurriagazos que recibiera. Quizás fue entonces cuando resolvió asesinar simbólicamente a su padre y a su abuelo y físicamente a todos los judíos, a los que consideró raza, pero no humana. También parece que Eva Braun tenía sangre judía. Los mayores antijudíos, paradójicamente, han tenido orígenes judíos. Recordemos al primer gran inquisidor, impulsor decisivo del Santo Oficio, Tomás de Torquemada. Si hay algo que expresa de modo aterrador el fondo de maldad que encierra el ser humano, es el antisemitismo. Sólo siendo conscientes de lo que somos capaces de hacer podemos evitar el mal absoluto, que siempre es humano.

Adentrarnos en estas simas del azar o el destino es como sentir vértigo ante un abismo. Nada sabemos del inescrutable misterio del mundo, ese nanoespacio vacío, infinito en su esencia, que es la nada inexplicable, en el que la cadena de acontecimientos va hacia un lado o hacia otro, siendo imprevisibles siempre sus consecuencias. El desprecio, la humillación, el rencor y el odio, son sentimientos que se acumulan en los sótanos del alma y se contagian y propagan con enorme facilidad. Una palabra de odio puede iniciar un proceso irreversible que emponzoñe las entrañas de un niño. Pero lo que vale para un niño vale también para una familia, un pueblo o una sociedad.    
 

lunes, 6 de julio de 2015

LA "TRADUCCIÓN" DEL QUIJOTE

(Foto: S. Trancón)
http://www.lanuevacronica.com/la-traduccion-del-quijote

-¿Qué opinas del Quijote de Andrés García Trapiello? Es el acontecimiento literario del año.
-Bueno, éste y la nueva edición de Francisco Rico, que se ha fotografiado con los dos tomazos al hombro, como un butanero. Alta cultura al peso. En cuanto a lo de “traducción”...
-No lo tomes al pie de la letra, es sentido figurado.
-No, no, el escritor lo emplea sin atenuación semántica. Cervantes hablaba español, nosotros castellano. Son dos lenguas distintas. Si a Cervantes no lo entiende ni Dios, habrá que traducirlo.
-Ese es el argumento madre, impepinable. No hay polémica.
-El argumento padre es el de las horas, los días y los años empleados en la ciclópea tarea. Un Polifemo de la pluma encerrado en su caverna durante 14 años. Castigo de los dioses, pero ha merecido la pena.
-Es valor añadido al producto, no te burles.
-No sabía que la calidad literaria se midiera por arrobas de tiempo fantástico. La torpeza alarga las horas. Es la teoría de la relatividad. Cervantes tardó mucho menos en escribirlo.
-Bueno, sin rodeos, qué piensas del resultado.
-Lo dejo a tu albedrío. Juzga por ti mismo. Entresácote una muestra variopinta. A un lado va el original cervantino y después de la barra la traducción moderna. Son todos ejemplos del capítulo primero, que para mostrar el roto vale con un descosido:
Salpicón/ropa vieja, duelos y quebrantos/huevos con torreznos, diferencia/discrepancia, sobredicho hidalgo/el hidalgo del que hablamos, tierra de sembradura/tierra de labor, compuso/escribió, intrincadas razones/intrincadas frases, mas/pero, en resolución/en resumidas cuentas, vino a perder/acabó perdiendo, más cierta/más verdadera, por medio/por la mitad, mucho bien/mucho y bien, todo de oro/de oro macizo, se dio priesa/se apresuró, hacían una apariencia de celada/daba el pego de celada, al vivo/a lo vivo, talante/antojo, se holgó/se alegró, de muy buen parecer/de muy buen ver...
-Haces trampa, esto está fuera de contexto.
-Pues contextualízalo y me cuentas la diferencia y discrepancia.
-Bueno, ¿algo más? Esto no parece mucho desafuero.
-Te explico el método: suprimir casi todos los subjuntivos (hiciera/habría hecho, cobrase/cobraría), deshacer todos los enclíticos (llenósele/se le llenó, imaginábase/se imaginaba) y eliminar lo que el traductor llama hipérbaton. El hipérbaton es de lo peor, algo insufrible, afirma. Rebuscando qué posible hipérbaton ha corregido, encuéntrome con: “Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo”, que pasa a “puesto nombre a su caballo, y tan a su gusto”. Otro: “cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre sus brazos”, pasado a “cuando ahogó entre sus brazos a Anteo, el hijo de la Tierra”.
-¿No confundirá el escritor hipérbaton con libertad en la colocación de los elementos de la frase? Esa flexibilidad es característica muy notoria y valiosa del castellano y del español.
-Así es. El hipérbaton es recurso poético, no narrativo, por eso Cervantes casi no lo usa, así que lo que aquí hace el traductor es corregir el estilo de Cervantes con trastrueques y tijeretazos contra el tuerto de los hipérbatos imaginarios.
-Suena a atropello y abuso de autoridad.
-También ultracorrige a Cervantes y le elimina todos los leísmos, hoy aceptados ya hasta por la Academia: “le venzo y le rindo” pasa a “lo venzo y lo rindo”, que suena mucho peor, por la cacofonía de la “o”.
-¿Hay más?
-Haylo. He aquí otra “transducción”: “se le pasaban las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio” pasa a “leyendo se le pasaban las noches en blanco y los días en sombra”. Y la última, que se me acaba el espacio. Va sobre Rocinante: tenía “más cuartos que un real” se transmuta en “tenía más años que achaques”.
-¿Cómo? ¿No será al revés? Aquí hay hipérbaton encerrado.
-Puestos a transmigrar palabras, parece que para indicar la condición escuálida de Rocinante, sí, debería decir que “tenía más achaques que años”.
-Sutilezas, lindezas, cochina envidia. Si tan malo fuere, no vendiera tanto ni tan calvo, ni tantas loas recibiera, ni de tan altas plumas fuera tan bien servido. Son las leyes del mercado, no estarás en contra de la sociedad del mercado y el espectáculo.


 -No, pero un poquito de sentido crítico, tampoco viene mal; incluso anima el mercado, no sea que se levante del astillero el cráneo ya olvidado de Cervantes y diga, recordando a aquel oportunista de Avellaneda, que fue su primer plagiario: “Bien sé lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir un libro con que gane tanta fama como dineros y tantos dineros cuanta fama"

lunes, 22 de junio de 2015

TWITTER, LA MÁQUINA DE LA VERDAD

(Foto: A.Galisteo)
Twiter y Facebook se han convertido en la máquina de la verdad. Amparados unos en el anonimato, otros en la volatilidad de la pantalla, estimulados todos por la inmediatez de las respuestas, estas redes atrapan y sirven a muchos de terapia virtual, de desahogo de tensiones y sentimientos de rabia y frustración. También para alimentar el narcisismo y buscar una compensación emocional y un  reconocimiento público medido por el número de seguidores, comentarios y “me gusta”. El mensaje corto no se presta a razonamientos ni sutilezas, así que lo que se valora es la ocurrencia, el lenguaje atrevido, el tono beligerante, la espontaneidad y la sinceridad. Nada más adecuado, para entender este fenómeno, que recordar aquella sentencia evangélica y freudiana: “de la abundancia del corazón habla la lengua”.

Hay temas sobre los que si te pronuncias en Twitter o Facebook, inevitablemente vas a provocar una pérdida de amigos reales, aunque ganes otros virtuales. Hablo por experiencia. Me refiero a temas, peligrosísimos para tu perfil público, como: los toros (yo los defiendo), los judíos (soy pro-israelí), los independentismos (soy anti-independentista), la memoria histórica (la defiendo), Podemos (los critico), leonesismo (soy de León, no leonesista), “traducir” a Cervantes (lo deploro), federalismo asimétrico (lo combato), etc. Todos estos pronunciamientos, necesariamente simplistas, requieren reflexiones y explicaciones que yo procuro dar a través de artículos, mi blog, conferencias e intervenciones públicas. Quienes de verdad quieran conocer mi pensamiento pueden encontrar ahí matices y aclaraciones en las que invito siempre a pensar por sí mismo, poniendo en cuestión los lugares comunes, los prejuicios y las creencias no fundamentadas en datos y hechos.

Vienen a cuento estas consideraciones a propósito del revuelo provocado por los tuites de los nuevos concejales de Madrid. Sorprende que los defensores de una nueva política, basada en la verdad y la sinceridad, como reacción a las críticas que han recibido se hayan apresurado a borrar comentarios y cerrar cuentas esgrimiendo la vieja teoría de la conspiración y la nueva de la descontextualización. Limpieza, zafarrancho general. Ya no somos lo que fuimos. Mutación mágica. Resulta que Twitter, de la que Zapata es “un apasionado”, “en la medida que me permite una interacción ágil y constante con decenas de miles de personas, el saber colectivo, el intercambio de información de manera directa y sin intermediarios (…), una oportunidad para aprender, debatir y compartir”, resulta que ya no sirve, porque “ese medio es propicio a las descontextualizaciones”; “la descontextualización hace que se pierda el sentido original”, dice.

Pero vamos a ver, Twitter no tiene contexto, no es más que texto original, así que no puede descontextualizarse. Su interés y su fuerza reside, precisamente, en que sólo se puede tomar al pie de la letra y completo. No caben interpretaciones ni dondiegos. Además, es intemporal, no se inscribe en el tiempo, siempre es actual, por eso no se puede borrar ni destruir nunca del todo. Uno se responsabiliza totalmente de lo que escribe y de sus consecuencias. No funciona de otra manera. Así han forjado estos concejales su perfil público y combativo. Que renieguen ahora de él es una muestra de impostura y oportunismo vergonzante. Lo dicho, ahora en latín: de corde exeunt cogitationes malae. Del corazón nacen los malos pensamientos. Para cambiar de política hay que cambiar el corazón, no tratar de ocultarlo.

sábado, 13 de junio de 2015

SOBRE LA "TRADUCCIÓN" DEL QUIJOTE


Habla una profesora a sus alumnos de primero de bachillerato:
-Vamos a leer un trocito del Quijote. Tengo aquí una traducción que seguro os va a molar mogollón y que entenderéis a la primera sin ningún esfuerzo.
-¿De qué va el libro, profe? -pregunta Jonathan.
-De un jambo que está loco -se adelanta Jaimito que, aunque nadie se lo crea, se ha leído el Quijote de cabo a rabo.
-¡Atentos, empezamos! -alza la voz la profe:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor”.

-¿Qué es eso de rocín? -interrumpe Daysi mascando chiche.
-Caballo; rocín significa caballo.
-¡Ah, un caballo pequeño! ¿Como un pony?
-Bueno, más que pequeño, flaco.
-Profe -interviene de pronto Jaimito-, ¿por qué el traductor ha cambiado “no ha mucho tiempo” por “no hace mucho”, que rompe el ritmo? En el original se entiende bien.
-Sí -le contesta la profe-, pero “ha mucho tiempo” es expresión antigua, y el traductor ha querido que no parezca un libro viejo, sino actual.
-Lo de “lanza ya olvidada”, profe -vuelve Jaimito-, ¿se refiere a que la había olvidado don Quijote en el trastero o que no se acordaba dónde la había puesto? Porque la lanza no se puede olvidar a sí misma.
-Bueno, eso que dices está muy bien, a todo eso se refiere el traductor, Jaimito. Prosigamos -vuelve al libro la profesora.

“Consumían tres partes de su hacienda una olla con algo más de vaca que carnero, ropa vieja casi todas las noches, huevos con torreznos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos. El resto de ella lo concluían un sayo de velarte negro y, para las fiestas, calzas de terciopelo con sus pantuflos a juego, y honrándose entre semana con un traje pardo de lo más fino”.

-¡Alto ahí, profe, alto!, que aquí hay muchas cosas que yo no entender -interrumpe levantando la mano Jaimito-. ¿Quiénes “consumían” una olla? ¿Y qué quiere decir “el resto de ella lo concluían un sayo de velarte”? No está claro el sujeto de “consumían” y “concluían”; tampoco sé si “ella” sustituye a la ropa, la vaca, la olla o la hacienda, ni qué es lo que “concluían” ellos o ellas. ¿Y por qué el impersonal “honrándose” en sustitución del reflexivo más claro “se honraba”? Pero lo que más me desconcierta es ese “traje pardo” que viste don Quijote, no sé si imaginarme un traje maragato o uno del Corte Inglés...
-Hombre, Jaimito, no seas tan quisquilloso. Se sobreentiende que el texto está hablando de la dieta de don Quijote y de cómo vestía, está muy claro.
-Así lo entendí yo cuando leí el original, profe. No comprendí algunas palabras, pero me imaginé que vestía un poco estrafalariamente y que llevaba un dieta bastante variada, aunque le faltaban frutas y verduras. Lo de “duelos y quebrantos”, además, me gustaba mucho, y yo pensé que era un plato que tenía que comer los sábados y esto le causaba algún dolor, como si se sintiera culpable de quebrantar algo... Cambiarlo por “huevos con torreznos” me parece una rebaja de saldo por derribo; si hubiera querido, Cervantes ya lo habría escrito así o algo parecido... Y otra cosa: ¿todos los lectores de su tiempo seguro que sabían bien que “duelos y quebrantos” eran “huevos con torreznos”? A lo mejor eran huevos con chorizo. ¿Y le llamaban así en toda España? Quizás Cervantes tenía que haber traducido su propia obra para que la entendieran bien todos los lectores de su época...
-¿Seguimos? -trata de continuar con la lectura la animosa profesora.
-Si no te importa, profe, quisiera que me aclararas antes eso de “ropa vieja casi todas las noches”- habla Samir-. Yo no sabía que don Quijote echara ropa vieja a la olla...
-Se refiere a un plato con carne deshebrada, Samir, todo el mundo lo sabe.    
-¡Ah, menos mal! -exclama Jonathan.
-Profe, profe -salta de nuevo Daysi-, yo no sé qué significa “velarte”.
Evelyn, animada por aquel ambiente tan participativo, interrumpe:
-Profe, yo sé lo que es una saya, pero no un sayo. Tampoco sé si las calzas son calzones o calzoncillos, porque dice que son de terciopelo... Lo de pantuflos sí lo entiendo porque mi madre los hacía de lana, aunque les llamaba patucos.
-Bueno sí, son una especie de patucos...
-Lo de “palomino”, profe -pregunta Jonathan- ¿se refiere a lo de los gayumbos?
-No, quiere decir pichón, palomino es lo mismo que pichón... Bueno, seguiremos la próxima semana -da la profesora por concluida y consumida la lectura del nuevo Quijote, traducido del arcaico e ininteligible español “al castellano actual íntegra y fielmente”, “para hacerlo asequible a todo el mundo”. Bueno, no a todos. No había duda, este año le había tocado la clase de los torpes.


(Fotos: S. Trancón)