MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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jueves, 16 de octubre de 2014

SOBRE EL PREMIO SAMUEL TOLEDANO 2014


El Premio Samuel Toledano de este año ha sido otorgado, según mis informaciones, al libro Orígenes de la filosofía en español. Actualidad del pensamiento hebreo de Santob, de Ilia Galán (ed. Dykinson, Madrid 2013). Las bases dicen que “se instituye un premio anual sobre la historia y la cultura de los judíos sefardíes en memoria de Samuel Toledano, uno de los renovadores de la Comunidad Judía en España. Podrán optar al premio investigadores y escritores residentes de Israel y España, con obras dedicadas a la historia de los judíos en España y en la Diáspora Sefardí, y su patrimonio cultural”. Por motivos que desconozco, el Premio todavía no se ha hecho público, a pesar de haberse fallado el pasado mes de junio. Este libro será, sin duda, objeto de polémica, dadas las tesis que defiende, poco compatibles con la finalidad y el sentido del Premio.

Sem Tob (así se ha escrito casi siempre en español) fue un judío nacido en un pueblo del norte de Sefarad-España (Carrión), donde se asentó una pujante comunidad judía de la que aún hoy quedan los restos de una sinagoga. Figura fundamental para conocer el destino de los judíos en aquella España medieval en que vivió, es uno de los escritores más destacados de su época, autor de un libro que tuvo gran repercusión entre los sefardíes, conocido con el título de Proverbios morales. La obra premiada es un supuesto análisis del pensamiento filosófico de Sem Tob contenido en estos Proverbios.

Señalemos, antes de iniciar el análisis de esta obra, que se trata de una reedición corregida de 1986, lo que no ha impedido que el libro resulte casi ilegible, tanto por la ausencia de cualquier orden expositivo como por su estilo, artificioso y plagado de incorrecciones sintácticas y semánticas.
El libro es, además, ideológicamente confuso. Encontramos en sus páginas la defensa de un relativismo moral inaceptable, como cuando nos dice que hemos de escuchar “las razones del comunista tanto como las del fascista, (…) las del inmigrante de raza oscura y las del nazi que se imagina de raza aria, (…) al que defiende el terrorismo y al que lo condena (…) y así hallar los puntos comunes (…), porque todos, al parecer, tienen algo de razón y de verdad...” (p. 123). O cuando afirma que “la locura es manifiesta en ciertos grandes personajes de la política (Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, Hitler o Stalin)” (p. 152). Equiparar a Hitler con Alejandro Magno, y llamarlo enfáticamente “gran personaje de la política” en un libro supuestamente defensor y divulgador de la cultura judía, parece, cuanto menos, llamativo.

Pero vayamos a lo más importante: el contenido básico del libro. Empecemos aclarando que el autor no basa sus comentarios en el texto original, sino en una mala versión de García Calvo (no en alguna de las más reconocidas, como la de S.Shepard o de Paloma Díaz-Mas). El texto, degradado, se convierte así en mero pretexto para discursear de modo arbitrario, sin orden ni concierto ni respeto alguno por las ideas de Sem Tob, que desaparecen entre un maremagnum de ocurrencias que se amontonan desordenadamente. Nunca sabemos, además, cuándo cita a Sem Tob, a García Calvo o glosa él mismo los Proverbios, porque el texto carece de cualquier aclaración y las comillas es imposible saber a quién se refieren. Pero además justifica esta falta de respeto al texto original: “La forma (…) incluso aunque esté transcrita a caracteres hebreos (…) es lo de menos, para espanto de filósofos y pensadores de la exterioridad, hoy en boga. Hasta la rima es prescindible” (p. 226).

Recordemos que el texto está escrito en versos alejandrinos (siguiendo la tradición del mester de clerecía) o heptasílabos que forman cuartetas, sometido, por tanto, a las reglas de la métrica y la rima. El valor del texto reside en su forma literaria, el uso del lenguaje popular, el empleo de metáforas, antítesis y elipsis, el dominio del aforismo, la expresividad de las imágenes, el lirismo, la eficacia de las comparaciones, el manejo de los conceptos. Considerar todo esto “exterioridad prescindible” es anular el texto, desvirtuar su sentido y atropellar la más elemental teoría literaria.

Pero quizás lo más grave sea que, sin fundamento alguno, Ilia Galán cristianiza a Sem Tob, le despoja de toda referencia a su origen judío y borra por completo la influencia de este origen y condición en su obra y su pensamiento. El libro premiado, según las bases, por su aportación al estudio de la historia y la cultura de los judíos sefardíes, resulta que no sólo no contiene referencia alguna a los judíos hispanos o el judaísmo, sino que tergiversa la obra y denigra a Sem Tob hasta convertirlo en un mentiroso y vulgar adulador en busca de su propio beneficio. Veamos lo que escribe:
“Santob adula de la más evidente y torpe manera al rey don Pedro, apodado luego el Cruel, y es que si él era malo difícilmente su política iba a ser buena, sus acciones justas y adecuadas”. “Santob andaba detrás de la ganancia, mintiendo con la exageración halagadora, o cegado por la necedad de alabar a quien más bien parecía, por muchos aspectos, una mala bestia” (p. 324).

Olvida el autor que el propio Sem Tob se reconoce como judío en los Proverbios: “judío de Carrión”, se llama. Que uno de los códices conservados, el de Cambridge, está escrito en aljamiado hebreo. Que Sem Tob escribió un libro en hebreo, el Ma'asé ha-Rab (Disputa entre el cálamo y las tijeras) y tradujo al hebreo del árabe un tratado litúrgico, Preceptos morales, de Israel ben Israel. Y que compuso en hebreo una oración de penitencia que se convirtió en plegaria de Yom Kippur de muchos sefardíes hasta hoy mismo: Vidduy, traducida al español en 1553. ¿De dónde saca el autor que Sem Tob se convirtió al cristianismo?

Sem Tob escribió los Proverbios hacia 1350, un época decisiva en la historia de los judíos de España. La llegada al poder de Pedro I originó un conflicto con su hermano bastardo Enrique, que daría lugar a la primera gran guerra civil. Pedro I siguió la tradición de protección de los judíos, mientras que Enrique incitó a la persecución de los judíos. Ganó Enrique de Trastámara y la situación de los hebreos hispanos comenzó un declive imparable que culminaría con las matanzas de 1391. La complejidad y trascendencia de aquella guerra la resume el autor diciendo que Pedro I “era una mala bestia”.

La influencia de la Torá y el Talmud, y de la tradición sapiencial judía, está muy presente en los Proverbios. Sem Tob refleja bien el momento de incertidumbre y cambios, la toma de conciencia de lo inestable de la vida y la fortuna; elogia el libro y el saber, la cautela, la observación y la capacidad de adaptación, acorde con la psicología y la mentalidad sefardí. Su libro es moral y didáctico, no cristiano ni religioso. Muy pronto se convirtió en sospechoso, y pasó a ser prohibido por la Inquisición. En un expediente inquisitorial de 1492, Ferrán Verde, un mercader aragonés, fue acusado de herejía y apostasía. Pasó cuatro años encerrado e incomunicado, acusado de leer el Génesis y “una obra de rrabi Sonto”. Ferrán, como prueba de que no se alejaba de la ortodoxia, escribió de memoria todo lo que recordaba del libro de los Proverbios, más de 200 coplas. Al Tribunal poco le importó el contenido de esas coplas, lo importante era el hecho de leer a Sem Tob, considerado síntoma judaizante.

(Fotos:S.Trancón)

El contenido de los Proverbios, en efecto, si bien no contiene nada directamente contrario a la fe católica, nada dice sobre el cristianismo ni los dogmas de la Iglesia. Ilia Galán, sin embargo, se empeña en hacer reflexiones y afirmaciones constantes sobre el cristianismo, el Mesías y la religión católica, confundiendo al lector, como si tuvieran algo que ver con el texto de Sem Tob. Así que el libro que comento, no sólo borra, tergiversa y pervierte el pensamiento de Sem Tob, sino que lo adultera hasta el punto de convertirlo en un panegírico del cristianismo. No voy a abrumar al lector con las citas, me limitaré a entresacar unas pocas.
Ya en la página 70 defiende la conversión de Sem Tob al cristianismo con el argumento de que dentro de esta religión “tendría más holgura para reflexionar en aquel entonces”. Insiste en que el Dios cristiano es “infinitamente misericordioso y bueno, más que ferozmente justiciero según aparece en el Antiguo Testamento” y el judaísmo (p. 113). Hace una alabanza de Jesucristo, de la pasión y “la maravilla de la redención” (p. 124). “Para llegar a lo alto y fructificar hay que sepultarse en el barro de lo bajo, como el Mesías que siendo rey nace en la nauseabunda miseria de un establo” (p. 147). Alaba la “tradición del cristianismo que parte de un Dios salvador y rey del universo nacido en la figura de un menesteroso” (p. 151). “Era necesaria la cruz para la resurrección, la muerte para la vida eterna” (p. 159). Sobre la teología cristiana (p. 303), Cristo, la Trinidad, el Evangelio (p. 305), la cruz, la resurrección (p. 310), el cristianismo (p. 314). Etc.

Postdata


Américo Castro escribió: “Un enfoque antisemita de la historia española condena al historiador a falsearla, a malentenderla y a malestimarla”. Sabemos que hay muchas formas hoy de ser antisemita, incluso sin saberlo ni reconocerlo. El autor de este libro premiado parece ser simpatizante de la causa palestina, al menos por el apoyo que dio a los actos de difusión y propaganda antisemita de la III Flotilla Rumbo a Gaza, que sirvió de plataforma para manifestaciones y protestas en Madrid “contra el genocidio israelí”. Ilia Galán, como responsable de la Sección de Filosofía del Ateneo de Madrid (una de las instituciones culturales más importantes de España), presentó un acto el 23 de agosto de 2012 en el Ateneo (en el que participaron destacados activistas pro-palestinos, además del embajador de Palestina) titulado “TODOS HACIA GAZA CON LA FLOTILLA DE LA LIBERTAD”. Era la tercera, así que no se puede alegar ignorancia de los propósitos y fines de esta Flotilla. Tampoco parece que esto se compagine bien con los fines del Premio Samuel Toledano.          

viernes, 10 de octubre de 2014

QUÉ ENTIENDO POR DEMOCRACIA


El término democracia debe ser rescatado y redefinido constantemente. Muchos lo usan de modo interesado y espurio para encubrir todo lo contrario: la imposición arbitraria, el poder tiránico, el totalitarismo encubierto, la manipulación masiva.

Empecemos diciendo que la democracia se asienta sobre un conjunto de valores humanos y democráticos. Valor es lo que es valioso porque sirve, porque es útil y bueno para el individuo y la sociedad, porque favorece el bienestar y la justicia. ¿Qué valores son estos?

Podemos agrupar los valores en torno a tres conceptos: individuo, ciudadano y asociación.
El individuo es el sujeto básico de la existencia y la sociedad humana.
La democracia defiende los valores del individuo o la persona: la libertad, la independencia, el conocimiento, el bienestar, etc.
También defiende la democracia al ciudadano. El ciudadano es el sujeto de derechos y deberes jurídicos. La propiedad privada es un derecho ciudadano; el pagar impuestos, un deber. La igualdad ante la ley es un derecho; el respetar las leyes de trafico, un deber; etc.
La democracia se asienta también en el concepto de asociación. Una asociación es una agrupación libre de individuos que se unen para defender intereses, fines o proyectos compartidos.

La democracia es el establecimiento y la defensa de los valores democráticos del individuo, el ciudadano y los grupos o asociaciones.
El estado democrático es el que define y defiende los derechos y deberes de los individuos, los ciudadanos y los grupos que se constituyen y desarrollan en un sociedad concreta.

El ámbito individual es en el que menos debe intervenir el estado. El estado, frente al individuo y sus valores, no ha de hacer otra cosa que garantizar su libertad: libertad de pensamiento, de conciencia, de creencias, de gustos, de acciones, de movimientos, etc. El individuo es el único responsable de su propio desarrollo personal, de sus pensamientos, de sus ideales, su esfuerzo, su conciencia. En contra de lo que solemos pensar, el ámbito de nuestra individualidad, de nuestra vida personal e intransferible, es mucho mayor que cualquier otro. Debiera ser también el que mayor interés, atención y esfuerzo ocupara en nuestra vida. Digamos, por ejemplo, un 80%.

El ámbito ciudadano debe ser definido y regulado por el estado. El principio básico aquí es el de la igualdad. Así como en el ámbito del individuo, lo fundamental es defender la diferencia, el hecho de que somos únicos y singulares, aquí lo fundamental es asegurar la igualdad ante la ley. Igualdad de derechos y de obligaciones. A este ámbito de nuestra vida podríamos dedicarle, por ejemplo, un 10% de nuestro tiempo y esfuerzo, no más. No quiere decir que sólo tenga ese 10% de importancia, sino que debiera estar asegurado lo suficientemente por el estado como para que no requiriera de nosotros más que ese esfuerzo o dedicación. Cuando un estado no asegura esa igualdad y define y defiende el ámbito ciudadano, entonces nos obliga a definirlo y defenderlo a los ciudadanos con un sobreesfuerzo de vigilancia, control y protesta. Es lo que hoy ocurre.

El ámbito asociativo depende tanto del individuo como del ciudadano. ( Este ámbito podría ocupar en nuestra vida un 10%). El estado debe regular este ámbito para que la acción de las asociaciones se ajuste a sus fines y asegure la libertad del individuo, pero no debiera ser el responsable ni intervenir directamente en ellos. La agrupación pertenece a la iniciativa ciudadana, no al estado. El estado no tiene obligación alguna de crear ni de sostener a las asociaciones.

El estado tiene instituciones, no asociaciones o grupos. Las instituciones no buscan fines particulares o de grupo, no responden a intereses corporativos o asociativos, sino que emanan de su función básica, el asegurar el cumplimiento de los deberes y obligaciones de los ciudadanos y los grupos. La confusión entre asociación e institución es uno de los males más perniciosos de nuestra democracia. Ni los partidos ni los sindicatos ni las compañías ni los bancos son instituciones, como tampoco lo son los equipos de fútbol. (Se entiende por qué los nacionalistas han convertido al Barça en algo “más que un club”).

(Fotos: S. Trancón)


Las sociedades modernas se organizan como estados democráticos sobre la base del individuo, el ciudadano y la asociación. Para entender la importancia de esta forma de organización social hay que compararla con cualquier otro sistema del pasado o de los estados no democráticos. Los sistemas no democráticos se fundamentan en conceptos como el de tribu, secta, casta, raza, etnia, pueblo, nación o religión. Estos conceptos tienen en común que anulan la noción de individuo, ciudadano y asociación, y todo lo subsumen o sustituyen por la noción de “grupo”. El individuo se define en función del grupo, no es más que un miembro del grupo, forma parte de él. El ciudadano no existe. Cualquier asociación que exista en su seno se convierte en secta o casta, en una minoría organizada para controlar el poder y dominar al resto de individuos (convertidos en pueblo, raza, nación o conjunto de fieles).

En los sistemas no democráticos los individuos pertenecen a un territorio, un pueblo, una tribu, una raza, una nación o una religión. Su identidad se define por su pertenencia al grupo: se es catalán, vasco, español, palestino, negro, alemán, musulmán, suní, chiita, etc. No ciudadano catalán, vasco, español o italiano. Para los nacionalistas no existen los ciudadanos, sino “el pueblo catalán”, “el pueblo vasco”, el “pueblo español”, etc. (Los términos “pueblo” y “nación” son ambiguos, por eso nos resulta cada vez más difícil usarlos en sentido positivo).

Somos individuos y ciudadanos que nos agrupamos voluntariamente para defender nuestros intereses o alcanzar todo tipo de fines, entre los que puede estar el desarrollo personal, el altruismo o la búsqueda del paraíso. Pero la noción de individuo, ciudadano o socio es incompatible con la de vasallo, miembro, militante, fiel o seguidor.

La sociedad moderna y democrática se basa en individuos libres y diferentes, ciudadanos iguales y responsables, y asociaciones diversas formadas por individuos y ciudadanos activos, solidarios y bien informados. Lo contrario es una sociedad antidemocrática basada en la alienación del individuo, la anulación del ciudadano, la manipulación y el sometimiento al grupo, la uniformización ideológica, la pérdida de la libertad individual y colectiva.

NOTA
1) Aplíquense estas reflexiones a la actual situación de Cataluña y España. Ni una ni otra son hoy sociedades verdaderamente democráticas. El problema es común, no podemos solucionar uno sin el otro, ni uno contra otro. No entenderlo es provocar un enfrentamiento tan estúpido como doloroso e inútil.
2) El ámbito del desarrollo de la individualidad (conciencia, pensamiento, conocimiento, arte, disfrute, creatividad...) debería ocupar la mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzo. El ámbito de la política (ciudadano y asociativo), con ser muy importante y decisivo, no debería absorber más que una pequeña parte de nuestra atención y energía. Lo que vivimos hoy es una aberración, una anomalía, en la que los términos están invertidos. 



miércoles, 24 de septiembre de 2014

GENÉTICA Y FATALISMO


¿Estamos predeterminados por la genética? ¿Es el ADN nuestro destino?

El determinismo genético se ha convertido en un dogma científico, una explicación simplista a la que acuden, no ya médicos, sociólogos y antropólogos, sino cualquiera. La apelación a la herencia genética sirve para explicar cualquier fenómeno, desde un cáncer al fracaso de una relación.

Especial interés tiene la teoría genética cuando la usamos para explicar la enfermedad, la salud, el modo de ser, el éxito o fracaso social. Allí donde antes se colocaba al azar, el destino, la voluntad de Dios o de los dioses, situamos ahora el ADN, una abstracción con apariencia de verdad científica, pero tan vaga y etérea como las creencias de nuestros antepasados.

Para desvelar hasta qué punto el reduccionismo genético es una explicación muy imprecisa, basta enumerar todo aquello que sabemos está determinando y condicionando nuestra vida cotidiana y nuestro destino: el estrés, la alimentación, los hábitos, el ejercicio físico y mental, el aire que respiramos, los estímulos sensoriales, la geología, el clima, el entorno, la casa, la contaminación electromagnética, acústica y ambiental, el trabajo, las leyes, las decisiones políticas, el nivel económico, los medios de comunicación, la propaganda, la educación, la familia, las experiencias infantiles, el sexo, los pensamientos, las relaciones sociales... Si a esto añadimos la influencia de las hormonas, los neurotransmisores, los oligoelementos, los virus y las bacterias, vemos enseguida que el protagonismo otorgado a la genética en nuestras vidas es evidentemente exagerado.

Todos estos factores o elementos determinan lo que hacemos en cada momento, y todo lo que hacemos en cada momento determina lo que vamos a hacer a continuación. Nos autodeterminamos, estamos autodeterminándonos en cada momento. Especial importancia adquiere, en esta cadena de determinantes, la construcción de la propia imagen, la autonarración, el autorrelato, la elaboración del sentido que le vamos dando a nuestra vida y a todo lo que nos sucede cada día. Cuando nos conviene o no encontramos mejor explicación, echamos manos de la genética.

Pero hoy sabemos que el ADN no tiene nada que ver con el determinismo biológico o mecanicista. Al fin y al cabo no es más que información. Señala “un horizonte de posibilidades”. Las células no son meros receptores pasivos. El ADN, incluso, se puede modificar.

El “no lo puedo evitar”, “no me puedo controlar” o “yo soy así” no es más que un engaño, un pensamiento. Sí, hay muchas cosas que no puedo evitar, ni controlar ni cambiar, pero no está aquí el problema, sino en dejar de lado todo lo que sí puedo evitar y cambiar. Definir de antemano y preocuparse por lo que no podemos controlar ni cambiar es estúpido, cuando tenemos tanto que sí podemos controlar y cambiar. Basta echar un vistazo a nuestro cerebro: la mayor parte queda sin usar, nos morimos sin desprecintarlo, nos pasamos la vida con ese tesoro al alcance de la mano y lo dejamos de lado.

Está bien conocer nuestras predisposiciones genéticas negativas, pero no para sentirnos fatalmente abocados a ellas, sino para evitarlas en la medida de lo posible. Es imposible, por otro lado, prevenirnos contra todas. Por ejemplo, existen 300 tipos de cáncer; ¿puede alguien asegurar que no viene cargado con la predisposición a padecer alguno de ellos?

Los genes se activan o desactivan influidos por las condiciones ambientales, sociales, culturales y mentales. Del estudio de esta influencia se encarga la epigenética, que viene a moderar los dogmas de la genética. Los genes pueden ser modulados, o sea, determinados a su vez.


El fatalismo biológico está tan injustificado como el fatalismo familiar, étnico, de los astros, de la reencarnación, de la predestinación divina o de la mala suerte. Las decisiones más importantes de nuestra vida están en nuestras manos, aquellas que de verdad condicionan nuestro bienestar interior, el curso diario de nuestra vida. Tenemos sobre nuestra vida y nuestro destino mucho más poder del que podamos imaginar. El mayor enemigo, nuestra mayor limitación, nace de nuestros pensamientos y creencias. El fatalismo genético es una de ellas.

(Fotos: S. Trancón)

martes, 16 de septiembre de 2014

¿PUEBLO CATALÁN O MASA UNIFORMADA?

(Foto: S. Trancón)
De “pueblo catalán” a “masa uniformada” hay un trecho; de movimiento de masas a movilización de ciudadanos, un abismo democrático. Hablar hoy de pueblo catalán empieza a ser un eufemismo usado para encubrir la verdadera esencia del independentismo: su tendencia al totalitarismo.

La sociedad moderna se basa en la noción de ciudadano. El sujeto de derechos y deberes es el individuo. Los individuos se organizan de acuerdo con sus intereses. Como los intereses son muy variados, los grupos también lo son. El Estado asegura la libertad individual y el equilibrio entre los grupos estableciendo normas comunes que hacen a todos los ciudadanos y grupos iguales ante la ley.
Sustituir a los ciudadanos y la diversidad de grupos por la idea de pueblo es una maniobra ideológica y política que sólo se puede imponer anulando al individuo y a los grupos. Como ha ocurrido con otros muchos conceptos, el nacionalismo y el independentismo nos están obligando a distinguir y a dejar de usar palabras que en otro tiempo tuvieron un noble sentido, para evitar confusiones y ambigüedades. Es el caso de la palabra pueblo.

El pueblo catalán, tal y como lo concibe y define el independentismo, no existe. No existe un pueblo que use o tenga como lengua propia una sola (el catalán), que se sienta solo catalán, que defienda la forma unánime la independencia, que tenga una misma idea de sociedad, que tenga los mismos intereses, los mismos valores, las mismas oportunidades, los mismos proyectos de vida, las mismas creencias, etc. Existen individuos y grupos muy diversos que tienen en común el hecho de ser ciudadanos españoles, lo que les otorga el ser, a su vez, ciudadanos catalanes.

Pero si no existe el pueblo catalán, lo que sí existe hoy en Cataluña es una masa uniformada. Lo de uniformada no es una metáfora. La concentración de Barcelona durante la Diada no era la de un pueblo formado por individuos o ciudadanos libres y diferentes, sino la de una masa que desfilaba uniformada. No un pueblo formado e informado, sino masa uniformada. Camiseta roja, camiseta amarilla y bandera estelada: el uniforme independentista. Nunca se expresó de modo más explícito que el proceso independentista se basa en un proceso uniformista.

El independentismo es esencialmente totalitario, uniformizador, un monstruoso laboratorio de clones mentales programados para una única misión: proclamar la independencia. ¿Qué independencia, cómo, contra quién, por qué, para qué (para darle más poder a los corruptos)...? Eso es ya mucho pedir. Un clon uniformado no piensa, no debe pensar; sólo está programado para corear consignas, ponerse un uniforme y llevar una banderita.

Pero constatar un hecho no basta para entenderlo ni combatirlo. Hay que saber cómo ha surgido y cuál puede ser su futuro. El origen del independentismo uniformado de hoy empezó hace ya más de treinta y cinco años. No es algo que surja de la noche a la mañana, sino algo que se ha ido construyendo sin pausa desde que Tarradellas desapareció de la escena. Lo anunciamos y denunciamos en el Manifiesto de los 2.300. Nadie (casi nadie) nos hizo caso. Enseguida llegó Pujol I el Corrupto y montó lo de Banca Catalana, la primera empresa destinada a subvencionar con millones al independentismo (y de paso trincar todo lo posible). Cuando debió ir a la cárcel y desaparecer de escena, Felipe González le perdonó la vida. Ahora dice que no cree que el Gran Timonel sea un corrupto. Dime a quién defiendes y te diré quién eres. O qué quieres ocultar.

La inmersión lingüística (otro eufemismo), apuntaló definitivamente el proceso. La clonización empezó ahí; y ahí sigue, con el apoyo de PP y PSOE, algo inconcebible. ¡Y quieren reformar la Constitución para blindar esa fábrica de mentes uniformadas! Luego se extrañan de que una patraña tan soez como la interpretación de lo sucedido en 1714 como una guerra de España contra Cataluña, sirva de base mítica para el desfile patriótico de la Diada.

Pero tan importante como saber cómo se ha ido fabricando la masa independentista es prever hacia dónde puede evolucionar el proceso. Yo no tengo la menor duda: hacia la imposición de la independencia por la vía de la presión, la amenaza, la violencia verbal y los hechos consumados. El totalitarismo catalán no va a cambiar: su esencia es la imposición, el control de las conciencias, el dominio de la propaganda, la eliminación de la discrepancia, la presión social, el uso de todos los mecanismos del poder para doblegar y silenciar a los disidentes, para hacer que quien no sea independentista se sienta fuera de lugar, marginado, excluido. Nada nuevo. Es lo que está ocurriendo ahora. Lo más increíble es que todo esto se haya hecho y se siga haciendo con total impunidad, ¡y con el dinero de todos!

Hay que repetirlo y actuar en consecuencia: una masa mentalmente uniformada es todo lo contrario de un movimiento de ciudadanos libres. Las masas no son más que instrumentos del totalitarismo, no sujetos de derechos democráticos. El independentismo totalitario se viste de uniforme festivo y colorista (bueno, de dos colores), pero eso no nos debe confundir: se trata de un movimiento de masas semejante a todos los que hemos conocido a lo largo de la historia, especialmente durante el siglo XX: el fascismo, el nazismo, el franquismo y el bolchevismo. ¿Una prueba? ¿Cuántos se atrevieron a salir a la calle el pasado 11 de septiembre en Barcelona sin el uniforme independentista? ¿Cuántos no salieron para no sentirse raros o señalados? ¿Cómo estaban las calles fuera de la V por la que transcurría la marcha triunfal? ¿Sin gente? ¿Por qué? ¿Y no sorprende la disciplina con que los uniformados se colocaron en el lugar que les habían ordenado, cada uno con su color, y sin salirse de la fila? ¡Hasta desfilan con antorchas por la noche, al más puro estilo nazi! Todo sin violencia, claro, con mucho civismo y educación, que somos catalanes, no como vosotros, opresores, violentos y fascistas por naturaleza.

La esencia del totalitarismo es siempre la misma, pero las formas que adopta varían mucho, se adaptan a los tiempos. La modalidad catalana es hoy acaso la más disimulada, retorcida y embaucadora de las imaginables, capaz de unir en sus filas a un obrero en paro con un hijo de Pujol, todos envueltos en la misma bandera. ¡Impagable el trabajo de los Sindicatos, de IU (o como se llamen ahora, con Podemos de mamporreros del proceso) y del PSC! Muchos todavía ni se han enterado, entre ellos muchos de los que acudieron a formar parte del ejército “encamisetado” y festivo que gritó independencia con la esperanza de ver pronto “un nuevo amanecer”. ¡Y sin tirar un tiro, oiga, todo por la vía democrática!...

Artículo publicado en:
http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2014/09/-pueblo-catalan-o-masa-uniformada-11181.php

miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿EN QUÉ PIENSAS?

(Foto: Agustín Galisteo)


Cuando nos ocurre un accidente, de ésos fácilmente evitables, solemos preguntarnos, ¿pero en qué estaría yo pensando? Otras veces reaccionamos: ¡ya lo sabía, ya sabía yo que esto me iba a suceder! Una y otra reacción nos indica que no siempre somos dueños ni conscientes de lo que pensamos. Más aún: gran parte de nuestra actividad cerebral es automática e inconsciente. Freud indagó sobre una pequeña parte de ese inconsciente, la relacionada con los traumas y los impulsos más primarios, pero la actividad inconsciente es mucho más.

Estamos “pensando” constantemente. El cerebro jamás cesa en su actividad. Funciona las 24 horas del día. Esta actividad interna incesante sigue patrones y programas previamente establecidos, muchos de ellos heredados y otros adquiridos. ¿Qué lugar ocupan los estímulos y los datos externos en esta actividad?

Los datos y estímulos sensoriales no cambian ni determinan la actividad interna, sólo la modulan. Esto hace que ni siquiera la percepción sea una actividad consciente. El 90% de la percepción es automática e inconsciente. El cerebro inconsciente dirige la percepción, no al revés. La percepción no es pasiva, sino activa. Es una construcción cerebral inconsciente. Hemos aprendido a percibir lo que percibimos de acuerdo con patrones heredados y adquiridos. Vemos lo que ya hemos visto. Esto nos da seguridad, rapidez y capacidad de anticipación, pero limita mucho nuestra capacidad de percepción, novedad y sorpresa. Todo cambia constantemente, pero no somos capaces de percibir esos cambios.

Para modificar nuestra vida, para sacarla de la rutina cerebral, hay que ser conscientes de nuestra actividad inconsciente. No podemos cambiar radicalmente nuestro cerebro, pero sí potenciar nuestra capacidad de ser conscientes. Intuiciones, corazonadas y presentimientos, por ejemplo, forman parte de nuestra actividad inconsciente, pero a la que podemos prestar atención. Sobre lo único que tenemos un poco de control es, en realidad, sobre nuestra atención.

Es esta atención, nuestra capacidad para atender a ciertas señales e intuiciones (ese conocimiento previo, inconsciente), lo que podemos entrenar para evitar ciertos peligros, amenazas y situaciones, así como para dejarnos llevar por presentimientos o anticipaciones positivas. Podemos aprovecharnos de nuestro inconsciente. El inconsciente es rápido, ahorra recursos; la conciencia es lenta y menos eficiente. La conciencia marca la dirección, el inconsciente nos da la energía que necesitamos para alcanzar los objetivos.

El sentimiento de aislamiento, de ensimismamiento, de incapacidad para ver la realidad, para salir de nuestro mundo inconsciente, se debe a ese exceso de actividad interna descontrolada y automática. Todo lo que sea “parar” esa actividad interna caótica e incesante, darnos cuenta de ella, nos libera de esa “cárcel” perceptiva, esa burbuja interna en la que estamos secuestrados.

Darnos cuenta de lo que pensamos inconscientemente en cada momento es la mejor manera de saber por qué actuamos como actuamos. No podemos controlar la mayor parte de nuestros pensamientos inconscientes, pero sí darnos cuenta de que estamos pensando y actuando inconscientemente. Este simple darnos cuenta libera nuestra energía y atención, paraliza el automatismo y nos abre la puerta a otra percepción del mundo, a ver la realidad con otros ojos. Los del asombro y el misterio.

miércoles, 20 de agosto de 2014

¡OYE, ANTISEMITA!

HE RECIBIDO ESTE MENSAJE DE UN AMIGO ISRAELÍ.
De obligada lectura en estos momentos.

(Foto: S. Trancón)


Por Sandra Ben Hillel

¡Oye, tú, antisemita! Te estoy hablando a ti. Y a ti también, que te consideras una persona de buena voluntad, y que horrorizado por las fotos que publican de algunos niños muertos en Gaza nos estás condenando día a día, ¿cuándo vas a despertar y darte cuenta que nosotros somos sólo un señuelo para desviar tu atención de lo que realmente sucede?
Mientras el Islam fanático te llena la cabeza de propaganda antisemita, ellos hacen y deshacen en el mundo a su gusto y tú muy ocupado en condenar el militarismo, el capitalismo, el sionismo, el judaísmo, el… ellos pueden hacer lo inconcebible sin que tú digas ni una palabra.
Y sales a la calle a manifestar y defender al islam fanático y extremista contra el monstruo sionista, judío, israelí o lo que sea.
Pero no eres más que un juguete en manos de los yihadistas y los hamases y otros de esa especie.
Sales a defender a los desvalidos fanáticos musulmanes, aquellos que te consideran poco menos que un perro.
¿Quién te dijo que son pobrecitos y desvalidos?
Primero que nada, son millonarios y de tarados no tienen ni un pelo. Su sistema de propaganda es uno de los mejores del mundo... Te muestran un montón de fotos y te crees todo lo que ves, sin averiguar de dónde salieron las fotos y quiénes son las víctimas.
Y mientras tanto, ellos masacran a miles de cristianos en todo el mundo musulmán y tú callas. Ellos queman pueblos enteros de cristianos y tú callas.
Ellos lapidan mujeres en todo el mundo musulmán y tú callas. Ellos raptan niñas cristianas, las violan y las que sobreviven las venden como esclavas...
Ellos queman vivos o ahorcan a los homosexuales en todo el mundo musulmán y tú callas. Ellos azotan públicamente a personas que fueron vistas comer durante el Ramadán...
Ellos matan a las niñas pequeñas que han sido violentadas para limpiar el honor de la familia, aunque solo tengan 10 años de edad... y tú callas. Ellos decretan la infibulación (mutilación genital) para todas las mujeres desde recién nacidas y hasta los 45 años en Iraq...
Ellos decretan que se puede un hombre casar con una bebé recién nacida y disfrutar sexualmente de ella como sea esperando hasta los 9 años para tener una relación completa con ella y tú callas. Ellos decretan y practican muchas otras barbaridades, que por pudor personal no puedo seguir mencionando.
Les has visto en Siria comiendo el corazón de sus enemigos frente a las cámaras de la televisión.
Les has visto jugar fútbol con las cabezas de sus enemigos y tú callas.
Les has visto cortar las manos de niños pequeños por robar un pan. Les has visto enviar a sus hijos cargados de explosivos para matar enemigos... y tú callas.
Les has visto matar a niños pequeños con un tiro en la cabeza. Les has visto sepultar niños vivos por el solo pecado de ser cristianos y tú callas.
Años atrás (en Ramallah) los vimos matar a 3 soldados israelíes, dos judíos y uno árabe, y mostrar sus manos y sus bocas ensangrentadas con orgullo y tú callaste. Estás tan embebido de odio antisemita que no ves lo que pasa contra tu propia gente, contra tus correligionarios cristianos.
¿Qué excusa tienes? ¿Cómo te justificas? ¿La sangre musulmana vale más que la sangre de tu propia gente? No digo que me defiendas a mí, ¡¡pero que tampoco defiendes a tu gente!! ¡¡Defiendes la barbarie!!
¿No ves cómo se van apoderando de la opinión pública de Europa y de Sudamérica?
¿No ves que no haces más que repetir todas las acusaciones contra Israel y los sionistas?
¿No ves que eres tú mismo el que le estás abriendo las puertas del mundo occidental?
No creo el cuento de los pobres prófugos palestinos... Resulta que son los únicos del mundo que, rechazados por TODOS los países árabes, sirven sólo como carne de cañón para sus intereses. Ellos no son nuestras víctimas, son víctimas de islam fanático.
Los judíos israelíes somos los únicos del mundo que les damos a los palestinos asistencia médica gratuita. Somos los únicos que les entregamos todos los días toneladas de alimentos, para que puedan comer, mientras sus jefes se dan la gran vida en hoteles de lujo. Sin embargo, nunca hemos instrumentado nuestra ayuda humanitaria.
¿Y sabes por qué? Porque no somos la porquería que vende la propaganda antisemita. Porque somos nosotros y algunos pocos amigos verdaderos los únicos que conservamos la moral y la ética para ayudar de verdad a los palestinos.
¿Qué harás cuando vengan por ti? ¿Qué harás cuando vengan por tu hija? ¿O por tu nieta?
¿Darás las gracias porque han liberado el mundo de los judíos?
Pero esto no sucederá porque antes han de hacernos desaparecer, y eso no sucederá... ¿Entonces pedirás nuestra ayuda, como la pide hoy la población de Gaza, rehenes de Hamás?
Pero piénsalo un poco, ¿estás seguro que te ayudaremos?

Fuente: Por Israel


viernes, 15 de agosto de 2014

REDEFINIR ESPAÑA

(Foto: F. Redondo)

El desafío nacionalista vasco y catalán nos está obligando a pensar de nuevo qué es España y los españoles. La primera consecuencia del conflicto y la polémica en que estamos sumergidos desde hace años es que ya no nos sirven la mayoría de los tópicos e invenciones del pasado: al descubrir los engaños del nacionalismo hemos descubierto también los engaños e invenciones del nacionalismo español. No hay otro camino que el de denunciar la ideología nacionalista como perjudicial e inservible, pero esto también nos afecta y deja ideológicamente desarmados.

La indefensión ante la fuerza y arrogancia de los nuevos nacionalismos nos ha llevado a la mayoría de los españoles al silencio, la incapacidad para elaborar un nuevo discurso acorde con nuestras convicciones democráticas. Es hora de descubrir y aceptar que ya no nos sirven más que parcialmente los del 98, los del 27; ni siquiera los teóricos de la República. Su discurso está indisolublemente ligado a una idea del nacionalismo que hoy ya no nos es útil, porque si la aceptamos nos quedamos sin argumentos frente a los nuevos nacionalismos.

Fue Américo Castro quien primero se enfrentó a los tópicos e invenciones sobre el origen de España y los españoles. A pesar de su esfuerzo clarificador, todavía hoy no han sido plenamente asumidas sus ideas. Américo Castro demostró que no hubo españoles antes del siglo XIII, así que remontarnos a Atapuerca, a Altamira, a Elche, a Numancia, a Tartesos o a Sagunto no son más que fantasías. La continuidad imaginaria de una esencia (de España y los españoles) carece de todo fundamento. Iberia, Hispania, España es un referente geográfico, pero la tierra no cría ni engendra pueblos, lenguas o culturas. La continuidad y permanencia (relativa) de una tierra, un paisaje, una orografía..., no produce una continuidad biológica y cultural.

Los españoles no existieron desde el origen de los tiempos, sino que se fueron haciendo a partir del siglo X, poco a poco, superando sus divisiones en leoneses, castellanos, navarros, aragoneses, catalanes... Empezaron a ser españoles cuando empezaron a nombrarse españoles, y el gentilicio "español", de origen provenzal, empieza a generalizarse a partir del siglo XII a través del Camino de Santiago, no antes. Así que antes no había españoles, sino distintos grupos sin conciencia común "nacional". Su única identificación común era el ser "cristianos" frente a los "musulmanes".

Así que no somos "celtas", "íberos", "romanos","godos" ni "árabes"... Esos pueblos fueron desapareciendo y redefiniéndose absorbidos por otros, no son ningún referente histórico cuya continuidad biológica haya dado lugar a los "españoles". La biología tiene poco que ver con la conciencia común, con la invención de una conciencia común, que lo mismo que se definió como "española", se pudo definir de otra manera. Por ejemplo, "portuguesa".

Así que si hoy defendemos una idea nueva de España, no hemos de basarla en ningún mito ancestral, sino en los hechos que ocurrieron en nuestro país a partir del siglo XIII y que han configurado una idea común de convivencia e identidad histórica, no basada en ninguna esencia (racial o biológica), sino en una continuidad de unión y convivencia asumida por la mayoría. Necesitamos definir una idea democrática de España frente a todo esencialismo mítico. No necesitamos remontarnos a Viriato, ni a Séneca, ni a Numancia ni a Tartesos para buscar nuestra identidad. Lo que somos nació de una situación histórica concreta y se ha ido redefiniendo y revalidando desde entonces gracias a su utilidad y eficacia.

La historia no es ni la orografía, ni la biología, ni la psicología, ni la economía, ni la mitología, sino el resultado de una conciencia colectiva actuante, que ha guiado y determinado las acciones de unos hombres concretos, movidos por ideales, valores colectivos y estímulos sociales. Redefinir España es redefinir  nuestros valores, ideales, proyectos y formas de organización comunes. No nos ha ido tan mal desde el siglo XIII, pese a todos los signos y amenazas de mal augurio que han puesto a prueba nuestra conciencia colectiva, en el pasado y en el presente.


miércoles, 6 de agosto de 2014

REFLEXIONES DE VERANO

(Foto: S. Trancón)

El yo, en cuanto fracasa o es golpeado, se entrega a la muerte.
Prefiere morir a perder el control.

La relación entre lo pequeño y lo grande no es sólo cuantitativa. 
La cantidad modifica la cualidad.
Un arroyo no es navegable; un río sí. 
Si caes a un arroyo no te ahogas; en un río, sí te puedes ahogar.

El mal existe.
Los malvados existen.
Pero para que los malvados actúen,
se necesita que otros se lo permitan.

Todo poder, aunque sea democrático, tiende al totalitarismo.

La identidad más necesaria es la identidad democrática.
Sin ella, todas las demás identidades sobran.

Optimista es el que actúa para que las peores previsiones no se cumplan.

No basta con negar o rechazar la irracionalidad.
Hay que desactivar la racionalidad interna de lo irracional:
las emociones que lo sostienen.

Lo que importa no es quién eres, sino que haces con lo que eres.
Lo que importa no es qué tienes, sino qué haces con lo que tienes.
Qué haces y qué sientes con lo que haces.

No basta con conocer la verdad, hay que decirla.
No basta con decirla, hay que saber difundirla.

miércoles, 23 de julio de 2014

DERECHO A DECIDIR LO QUE ME DA LA GANA

(Foto. Fernando Redondo)

El “derecho a decidir” no es ningún derecho. Para serlo, hay que especificar quién decide y qué. No existen derechos abstractos. Si no se concreta un derecho, es porque se sobreentiende y, en caso de duda, se aclara. Por ejemplo, el “derecho a votar”. Nuestra Constitución especifica quién puede votar, qué se puede someter a votación e incluso cada cuánto tiempo. No todos los ciudadanos pueden votar, ni se puede votar todo ni en cualquier momento.

Así que no existe el “derecho a decidir”, sino el derecho a decidir algo. Sin un quién, un qué y un cuándo, no existe ningún derecho a decidir. Los independentistas, sin embargo, afirman machacona y provocativamente que “tienen derecho a decidir”, así, en abstracto, y añaden que es un derecho “democrático irrenunciable”. Ni especifican ni discuten el contenido de ese derecho, ni quiénes lo pueden ejercer, ni cada cuánto tiempo. Todo se sobreentiende. Mejor dejarlo sin definir, para poder interpretarlo en cada caso según convenga.

Hoy ya nadie duda de que con el “derecho a decidir” lo que se quiere decir (y ocultar) es el “derecho a decidir la independencia”, y que los sujetos de ese derecho son “los catalanes”, o sea, únicamente los ciudadanos empadronados y censados en Cataluña. Así que cuando alguien (sea catalanista, izquierdista, batasuno, socialista, comunista, populista, republicano..., que todos repiten la misma serenata, incluidos algunos del PP) defiende el “derecho a decidir”, lo que está afirmando es que los catalanes, ellos solos, tienen derecho a decidir la independencia de Cataluña. Los más patéticos son los que se ponen a matizar: que si doble referendum, que si federalismo asimétrico, que si reforma de la Constitución... Se niegan a encarar la única verdad: la invención de un derecho inexistente urdido para alcanzar de forma totalitaria y antidemocrática la independencia.

Que se trata de una maniobra antidemocrática, de confusión y manipulación ideológica y mental, es algo que podemos descubrir nada más preguntarnos por quién se ha inventado ese derecho a decidir de forma unilateral y exclusiva la independencia. La respuesta es clara: los independentistas, los que quieren la independencia. O sea, que primero digo que tengo derecho a la independencia, y luego exijo que se me reconozca. Desplazo el problema hacia donde no está: exijo que los demás reconozcan un derecho que yo mismo me he otorgado. Si no me lo reconocen, son antidemócratas, fascistas, centralistas, ocupantes.

El proceso independentista y secesionista (no le llamemos soberanista, otra argucia lingüística), se basa en una maniobra profundamente antidemocrática que atenta contra la democracia española, contra el estado de derecho, contra el derecho a decidir de todos los españoles sobre el marco constitucional que fundamenta nuestra sociedad, contra un proceso histórico de siglos de unidad y convivencia, contra un entramado fecundo de relaciones familiares, sociales y culturales, contra las estructuras económicas compartidas, contra un orden de intercambios y equilibrios de todo tipo (territoriales, nacionales, europeos, mundiales) elaborado durante muchos años, tanto en el terreno cultural, como defensivo, tecnológico y de comunicaciones, etc. Frente a todo eso no puede prevalecer el interés egoísta de una minoría que busca aumentar su poder mediante la maniobra independentista y guiada por la ambición, el rencor, el desprecio, la autosuficiencia y una patológica necesidad de revancha de no se sabe qué milenarios agravios.

El “derecho a decidir” es, por tanto, no solo una patraña y una descarada manipulación ideológica, sino una peligrosa provocación antidemocrática que nadie debiera dejar pasar sin rebatir y desenmascarar, porque en realidad no es otra cosa que el “derecho a decidir lo que me da la gana”. ¿Qué otra cosa ha hecho el Parlamento catalán, sino decidir por su cuenta qué se puede o no decidir, quiénes pueden y no pueden decidir y cuándo han de decidir? La democracia es todo lo contrario del derecho a decidir lo que me da la gana. Para decidir lo que me sale de abajo no necesito ningún derecho, basta con imponerme con amenazas y enredos, que es lo que ha hecho durante casi 40 años el independentismo con total impunidad y alevosía.

El “derecho a decidir”, repito, no es ningún derecho. El “derecho a decidir la independencia de Cataluña” tampoco es hoy ningún derecho, porque no existe como tal en nuestro estado de derecho. Para que lo fuera no bastaría “reformar la Constitución”, como empiezan a repetir hoy estúpidamente casi todos los políticos. Lo que habría que hacer primero era abolir la Constitución y proclamar la desaparición del actual Estado; luego, inventarse otro Estado y otra Constitución. ¿Reformar la Constitución? Sí, pero no para hacer lo que pretenden los reformistas federalistas de última hora, sino para dotarnos de un Estado más democrático y asegurar una verdadera igualdad entre todos los ciudadanos. Para ello habría que empezar por desactivar y revisar todas las leyes confusas que han permitido la constitución de embriones de estados independientes al margen del Estado, abocado a la autodisolución si no se establece un orden más justo e igualitario.

La democracia es el establecimiento de la ley para lograr el bienestar y el bien común. La democracia es radicalmente incompatible con el derecho a decidir lo que le da la gana, no sólo a un individuo, sino a un banco, un partido, un grupo de presión, un colectivo, un parlamento, un gobierno, una mafia, una organización terrorista, independentista, religiosa, deportiva, mediática... Podemos y debemos reformar nuestra Constitución para que el derecho a decidir lo que les da la gana, otorgado a muchas instituciones, organismos y poderes fácticos (desde el gobierno a los banqueros, de los jueces a los alcaldes, etc.) se convierta en un derecho democrático regulado y controlado por la mayoría de los ciudadanos. No es esto lo que piden los neofederalistas, incapaces de enfrentarse al verdadero problema de nuestro país: la falta de definición y establecimiento de un verdadero Estado Democrático, basado en el imperio de la ley frente al derecho a decidir lo que a cada uno le da la gana. No hay más que dos caminos, o democracia o totalitarismo, o leyes comunes e igualitarias, o sometimiento a la imposición del más fuerte, representado hoy por el independentismo destructivo y desintegrador.
http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2014/07/el-derecho-a-decidir-lo-que-me-da-la-ganasantiago-trancon-perez-9850.php


jueves, 10 de julio de 2014

EL DISCURSO DE LA EDAD DORADA (y III)

(Foto: Agustín Galisteo)

Lo que nos conviene aquí señalar es la estrecha vinculación de la tradición judía con una visión idealizada de la naturaleza, en la que los pacíficos agricultores y pastores encarnan el modo de vida más acorde con el orden del universo. El rey David, recordemos, era pastor. La exaltación de la vida natural, la idealización de la vuelta a la naturaleza, el considerar el orden natural como el referente básico del que nace toda moral y toda norma, por encima de las leyes políticas y administrativas, es algo esencial en la visión que don Quijote tiene del mundo y que justifica su actuación. Entenderemos ahora mucho mejor el famoso discurso de la Edad Dorada con que don Quijote encandila a los cabreros:  
Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto”, etc. (I, 11).
Vemos en esta descripción algunos rasgos singulares. El paisaje no responde a los tópicos del Paraíso ni la Arcadia, sino que tiene que ver con el entorno real en el que se encuentran los cabreros: encinas, ríos, peñas, alcornoques... Se insiste en que la tierra es una madre fecunda y generosa y, sobre todo, en que todas las cosas eran comunes y por eso “todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia”. Define esa Edad, a la que llama “venturosa” y “santa”, por oposición a la presente, “nuestros detestables siglos”, “nuestra edad de hierro”, aludiendo así a la guerra, pero también a la falta de concordia y amistad, a la violencia sobre la que se asientan las relaciones humanas, movidas por el dinero, la ambición y la posesión privada: “No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y la llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese”. La orden de caballería, nos dice, nació para luchar contra la maldad que destruyó aquellos felices tiempos.
A Cervantes no le interesa recrear un espacio mítico o lejano, sino hablar de lo que tiene delante, de la sociedad y el tiempo en que vive. Se dirige a unos cabreros reales, no a unos falsos pastores, como eran los que protagonizaban las novelas pastoriles. Lo que les predica y explica, no es algo que esté alejado de su modo de vida ni pertenezca a ninguna utópica irrealidad bucólica. Sabemos que por todos los pueblos del antiguo Reino de León, la propiedad comunal era, no una excepción, sino la forma básica de organización social: los bienes más importantes, como los ríos, los montes, los bosques, los prados, la caza..., o sea, las bases de su sustento, eran propiedad de la comunidad o concejo, es decir, de todos los vecinos. Todas las normas nacían del concejo, o sea, de una reunión abierta en la que, formando un corro, todos eran iguales, ejercían la democracia directa, establecían el derecho consuetudinario y resolvían los conflictos. Esta forma de organización ha pervivido hasta hoy, convirtiéndose en uno de los ejemplos más admirables y sorprendentes de resistencia al capitalismo. No es que no hubiera propiedad privada; pero incluso ésta, requería el concurso y la colaboración de todo el pueblo para mantenerse. Los caminos se construían mediante el sistema de hacendera o facendera, o sea, con el trabajo de todos los vecinos; lo mismo ocurría con la organización de otras tareas, como la construcción de las casas, el techado o teitado, el cuidado de los rebaños de ovejas, cabras o vacas (la llamada vecera, que reunía todos los animales del pueblo o aldea), que eran llevadas a pastar por los vecinos, turnándose en este trabajo. Así que el tuyo y mío se sustentaba en el de todos o el común. Esto era una realidad en tiempos de Cervantes, y su origen se remonta a la época prerromana; sin duda debió de conocerla directamente y tenerla muy en cuenta cuando escribe este emotivo discurso de don Quijote. La coherencia entre el entorno geográfico y social y el contenido y las imágenes que evoca, es algo que hemos de tener muy en cuenta y que fundamenta la hipótesis de esta presencia e influencia de “lo leonés” en el Quijote.    
Frente al idealismo platónico, Cervantes acepta la lucha de los contrarios, que trata de reconciliar, pero no de eliminar o ignorar. Detrás de su humor se asoma con frecuencia la melancolía y, en el fondo, el pesimismo. No se fía de la ilusión, por eso no cree en la posibilidad de volver a un mundo unitario, original y puro. La riqueza, la codicia, la mentira, la intolerancia, la guerra han destruido toda posibilidad de volver a ninguna Edad Dorada. La defensa de la sencillez, la espontaneidad, la llaneza, la armonía y cierta idealización de lo rústico y pastoril, no le impide desvelar al mismo tiempo la utopía oculta en esa idealización. Lo pastoril es un tema esencial en Cervantes, pero sobre el que realiza una desmitificación radical.
Cervantes logra lo más difícil, mostrarnos una utopía caballeresco-pastoril, con todos sus atractivos, pero a la vez su opuesto, una contrautopía, al contarnos con igual crudeza y maestría las consecuencias de esa utopía: “Mundo pastoril y mundo caballeresco no son ni cosas separadas, ni siquiera yuxtapuestas, sino los dos hemisferios, perfectamente encajados, de una misma imagen ideal de la sociedad”, nos aclara José Antonio Maravall. Frente a ese mundo, Cervantes “presentó su obra como una contrautopía, escrita a fin de oponerse a la falsificación de la utopía que representaba el propio Don Quijote”.
Cervantes es un humanista, influido por todas las corrientes progresistas y reformistas del momento, pero al que le toca vivir una época de profundo desengaño y decadencia. No renuncia a sus ideales renacentistas, pero se niega al mismo tiempo a cualquier mitificación de esos ideales; no se evade de la realidad que tiene a su alrededor. Le repele la mentira, el engaño, la falsificación y la evasión, no sólo por ser incompatibles con su sentido crítico y observador, sino porque cree que conducen al fracaso, el dolor y sufrimiento inútil.
Hay algo, sin embargo, que no duda Cervantes en criticar: la imposición de un Estado basado en un ejército regular, una economía dineraria y una burocracia administrativa y política inoperante y corrupta. Esta crítica es paralela a la que hace del poder y la imposición de los dogmas de la Iglesia Católica, el fundamento ideológico en que se asienta el Estado, confundiéndose con él.
Don Quijote siente un repulsa hacia toda autoridad política o militar que esté por encima de él. Sólo obedece a su impecable sentido del orden y la justicia basado en el respeto y el modelo de la naturaleza.  
Especial interés tiene su relación con el dinero. Don Quijote es generoso, desprendido, el dinero no le interesa. Preferiría vivir sin él. En su primera salida no lleva ni un maravedí. Cuando no tiene más remedio, le deja a Sancho este asunto; será él quien custodie la bolsa común y la administre.
Cervantes critica el afán de lucro y la avaricia, la pasión por el dinero, tan presente en el desarrollo de la burguesía y el capitalismo. Dirán algunos que esto contradice las afirmaciones que hemos hecho sobre su ascendencia judía. La simplificación y el estereotipo del judío como un ser mezquino y usurero, fue un lugar común extendido desde la Edad Media. Pero hay que recordar que la crítica de la riqueza y el dinero nació en primer lugar dentro del judaísmo. El judaísmo no condena el enriquecimiento lícito, pero siempre supedita la riqueza a la obligación de dedicar parte de los beneficios a hacer obras de caridad y de ayuda comunitaria. El dinero y la acumulación de riqueza no es un fin en sí mismo. Cervantes tampoco acepta la pobreza y la penuria, a la que juzga origen de muchos males y asocia siempre a la injusticia; lo que elogia es el desprendimiento, el desapego de las riquezas, pero por considerar al dinero como un impedimento para alcanzar la pureza de espíritu, la perfección espiritual.
Digamos, para acabar, que don Quijote vuelve a su patria después de intentar poner orden en el caos del mundo, después de realizar su particular tikkun olam. Ha hecho lo que ha podido. La aldea es el único lugar en que puede refugiarse; pero esta vuelta a la naturaleza, este regreso al orden natural no es más que otra utopía. El mundo rural, símbolo y soporte de la ilusión naturalista, está también crisis. Si don Quijote no pudo resucitar la andante caballería, tampoco será posible volver a ninguna alegre y melancólica vida pastoril. Sin embargo, ahí quedan sus ideales: el del valor y el empeño por luchar contra la injusticia, y el deseo de vivir en una sociedad pacífica y tolerante, en permanente contacto con la naturaleza. El discurso de la Edad Dorada sigue interesándonos porque seguimos anhelando tanto la justicia y la tolerancia, como la paz y la serenidad que sólo nos puede ofrecer la naturaleza.

EL DISCURSO DE LA EDAD DORADA (II)

(Foto: Fernando Redondo)

Pero pasemos ya a analizar brevemente el discurso de la Edad Dorada.
Comienza el relato después de la aventura del vizcaíno. Nos cuenta Cervantes que huyendo de la Santa Hermandad, don Quijote “se entró por un bosque que allí junto estaba”(I, 10) y que pronto llegan “junto a unas chozas de unos cabreros”, donde determinan pasar la noche. Este cambio escénico y paisajístico es fundamental, y no podemos pasarlo por alto como han hecho todos los cervantistas “amanchegados”. El entorno en que don Quijote va a pronunciar el famoso discurso de la Edad Dorada no tiene ya nada que ver con el árido paisaje manchego, y esto es significativo. Hay una relación estrecha o congruencia entre el mundo idílico de la Edad Dorada que don Quijote evoca y el paisaje real en el que se encuentran. Veamos cómo lo describe Cervantes.
Sancho “se fue tras el olor que despedían de sí ciertos tasajos de cabra que hirviendo al fuego en un caldero estaban” (I, 11), nos dice para introducirnos en este nuevo ambiente. Es de noche, los cabreros comen sobre zaleas o pieles extendidas en el suelo y les acogen “con buen ánimo” y “muestras de muy buena voluntad”, y les convidan a una calderada y a queso y “bellotas avellanadas” (dulces), sin siquiera preguntarles el nombre ni extrañarse de la anacrónica vestimenta de don Quijote. Es precisamente el modo de vida de esos cabreros, sencillos, libres, tolerantes y hospitalarios, lo que va a motivar en don Quijote su discurso de la Edad de Oro, que se desencadena al tomar en la mano un puñado de bellotas. Los cabreros acogen sus palabras “embobados y suspensos”.
La Edad Dorada es inseparable de la descripción y exaltación de un entorno fértil y pacífico, en que el hombre vive en perfecta armonía con la naturaleza: “Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del tiempo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia” (I, 11). La naturaleza “sin ser forzada ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían”. Y “andaban las simples y hermosas zagalas de valle en valle y de otero en otero” (I, 11).
Es importante resaltar que los cabreros comprenden bien a don Quijote, seguramente porque su vida no se alejaba mucho de la que describía el caballero en su nostálgico discurso. Tanto es así que le agasajan luego con el cante de un compañero que “sabe leer y escribir y es músico de un rabel” (I, 11). Este entorno montañoso servirá para situar la historia de Marcela y Grisóstomo que viene a continuación, y todas las que luego con ella se enlazan.
El cabrero que le cuenta la historia de Marcela a don Quijote, dice: “Y si aquí estuviésedes, señor, algún día, viéredes resonar estas sierras y estos valles con los lamentos de los desengañados que la siguen. No está muy lejos de aquí un sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas...” (I, 12). Los pastores que acuden al entierro de Grisóstomo van “vestidos con pellicos negros y coronadas las cabezas con guirnaldas de ciprés y de amarga adelfa. Traía cada uno un grueso bastón de acebo en la mano” (I, 13). Poco después “por la quiebra que dos altas montañas hacían, bajaban hasta veinte pastores”, con guirnaldas “cuál de tejo y cuál de ciprés”, y las andas con que llevan al muerto iban “cubiertas de mucha diversidad de flores y ramos” (I, 13).
Aparece entonces Marcela, la bella pastora que vivía en las montañas, y con un altivo y muy razonado alegato defiende su libertad:  “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos” (I, 14). La libertad va unida a la soledad y el refugio de las montañas.
Más adelante (I, 50) sucederá el episodio de la “cabra manchada”, que ha huido del rebaño. Con este motivo el cura nos dice que ya sabe bien que “las montañas crían letrados” y las chozas “encierran filósofos”. Le replica el cabrero que también “acogen hombres escarmentados”. Estamos muy lejos de la imagen del cabrero rústico e ignorante, rudo, imagen habitual de la literatura de la época. Cervantes, sin duda, alude a esta zona de León, Zamora y la Raya donde se refugiaron muchos judíos, letrados, filósofos y hombres escarmentados, que huían de la Inquisición viviendo como pastores.
Profundicemos un poco más en el contenido y el significado de este discurso. Hay dos corrientes de pensamiento que Cervantes asimila y reelabora de modo original: una, la renacentista, y otra, tradición judía y su concepcion de la naturaleza y el orden natural.
Las referencias humanistas nos remiten a Virgilio, especialmente a las Bucólicas y las Geórgicas. Es evidente la influencia de la tradición griega y del mito de la Arcadia Feliz y su mundo pastoril. Especialmente encontramos en el discurso de la Edad Dorada un eco de la égloga IV de las Bucólicas. Esta égloga celebra el futuro nacimiento de un niño, que no se identifica directamente, que coincidirá con el regreso de la Edad de Oro en la que el hombre recogerá sin esfuerzo los frutos de la tierra y dejará de tener que afanarse en la agricultura o el comercio.
El sentido profético de esta égloga tiene que ver con el mesianismo judío, del que pudo recibir su influencia. Leemos en Isaías 11, 6-8, sobre el futuro tiempo mesiánico: “Vivirá el lobo con el cordero, yacerá el leopardo con el chivo, habitarán juntos el ternero, el león y la oveja y un niño pequeño los guiará. Pacerán juntos el ternero y el oso; juntos descansarán sus cachorros. El león comerá paja como el buey y el niño de teta jugará junto a la madriguera de la serpiente...”
La segunda tradición que Cervantes asimila, decimos, es la judía. La Torá es el texto sagrado más importante de la religión y la cultura judía. Su primer libro, el Bereshit, conocido entre los cristianos como el Génesis, es, a su vez, el más importante de los cinco que conforman el Pentateuco, ya que en él se cuenta el origen del mundo y se fundamenta todo el orden universal. Bien, pues este libro es, ante todo, un canto y reconocimiento de la naturaleza con toda su variedad de seres, plantas y animales, situado dentro de un universo lleno de maravillas y misterios. No es casual que todas las corrientes místicas y cabalísticas del judaísmo partan de la lectura y la interpretación casi inagotable del relato de la Creación, como vemos en el Zóhar de Moisés de León, considerado el más importante cabalista medieval. El hombre aparece en medio del paraíso como una criatura más. Su superioridad nace de la voluntad divina, pero le obliga a vivir respetando todo lo que le rodea. Sólo cuando Adán y Eva rompen el orden natural establecido por el Creador se inicia el caos, la envidia, el trabajo, el sufrimiento y la muerte. Desde ese momento, el mayor deseo del hombre será el volver al Paraíso, pero para ello debe pasar por esta Tierra para purificarse y ser digno de encontrase de nuevo con Dios. De aquí nace el mito del Paraíso Perdido y el deseo de volver a los orígenes. En el Renacimiento se reaviva este mito, ampliando la iconografía bíblica con las imágenes de la mitología y la literatura griega. La Arcadia y el Paraíso adquieren el mismo valor simbólico e imaginario.
El judaísmo, partiendo de esta mitificación de los orígenes, desarrolló un amplio código de principios y normas de conducta que consolidaron una visión de la naturaleza y la vida como la manifestación más visible del poder divino. El respeto a la naturaleza y a la vida en todas sus formas fue la consecuencia más inmediata. El Kashrut es un conjunto de normas que han de guiar el trato del hombre con los demás seres vivos y la naturaleza, base de la importantísima distinción entre comida kósher y no kósher, pura e impura.
No vamos a enumerar los alimentos puros e impuros y los minuciosos y estrictos criterios que se deben tener para distinguir unos de otros. Lo importante es señalar el respeto que imponen estas normas con relación a todas las formas de vida de la naturaleza. En especial, me interesa destacar el hecho de que existe una serie de animales considerados libres o salvajes, que deben ser respetados, a los que no se puede perseguir ni matar, entre ellos la liebre, el conejo, el lobo, el oso, pero también, por otros motivos, las serpientes, las anguilas, las ranas, las cigüeñas, las aves rapaces, los mariscos y la mayoría de los insectos. Esto sirve para preservar la naturaleza como un espacio o territorio intocable, en el que todas estas criaturas han de poder vivir libremente, siguiendo el orden natural que Dios estableció desde el origen de los tiempos, sin que el hombre pueda intervenir para cambiar su curso. El tabú de la sangre nace de ese respeto a la vida (la sangre contiene la vida), ya que la vida es algo que sólo Dios concede y nadie puede interferir en sus designios.
La naturaleza, por tanto, tiene un valor fundamental ya que se convierte en el referente básico del orden natural establecido por Dios. La moral tiene su origen en la imitación de la naturaleza y sus leyes.
Pero no sólo las criaturas de la naturaleza merecen esa atención: la tierra misma debe ser respetada por haber sido creada por Dios. También aquí existen normas que deben cumplirse. No sólo hombres y animales, también la tierra debe descansar el día del shabat. Cada siete años, además, debe dejarse el campo en baldío durante un año para que renueve su vitalidad. Es el llamado año sabático. Los frutos de los árboles y la tierra han de considerarse un don. La fiesta de Shavuot es la del agradecimiento por los primeros frutos o primicias.
El orden de la naturaleza es un espejo en el que debe mirarse el orden social. El hombre ha de imitar a la naturaleza. El concepto de tikkun olam aparece en la Mishná, y se usó para referirse a la obligación de restablecer la justicia social en el mundo. El judaísmo tiene un fuerte sentido de la justicia, un elemento esencial del ideal caballeresco de don Quijote. La expresión tikkun olam puede traducirse como “sanar el mundo”, “repararlo”. El cumplimiento de los mitzvot (preceptos) debe ayudar a restaurar el orden en el universo. En el siglo XVI el cabalista Isaac Luria le dio a esta expresión una connotación más espiritual. Postula que para restablecer el orden del universo es necesaria la recuperación de la luz divina (orot) que contienen los vasos o vasijas (kelim) esparcidas por el universo después de romperse el Gran Recipiente de la Creación que no pudo contener la Luz Primera. El tikkun olam es una reparación o restauración de un orden roto o quebrado. Este proceso de reparación tiene que ver con el Mesías, que llegará cuando todas las naciones hayan alcanzado o estén a punto de alcanzar esa reparación y reine la paz y la fraternidad en el mundo. Tanto la idea de justicia social como la de reparación del universo, remiten a la búsqueda utópica de un mundo y una sociedad en equilibrio o perfecta. En la formulación de la necesidad de volver al orden natural universal, perdido en los orígenes de la Creación, vemos que confluyen los mitos del Paraíso Perdido, la Arcadia Feliz, la Sociedad Justa y el Universo Perfecto. De aquí nacerá también la nostalgia de la Edad Dorada (que contiene y sintetiza esta tradición) que mueve a don Quijote en su lucha por restablecer la justicia en el mundo.
Todavía hay otra influencia que determina el sincretismo simbólico de estos mitos y tradiciones: la búsqueda de la Tierra Prometida. El Éxodo la describe como “una tierra que mana leche y miel”. Con su propensión a la hipérbole, se habla de racimos tan grandes que debían ser transportados por dos hombres, la miel fluía de los dátiles de las palmeras y un hombre apenas podía cargar él solo con un higo. El hecho de que los judíos fueron expulsados de esa Tierra convirtió a Israel en la encarnación de estos mitos del regreso. La vuelta a Israel tenía el valor simbólico del regreso al Paraíso, a la Tierra Prometida, la Arcadia Feliz y la restauración de una Sociedad Perfecta dentro del Orden Universal. Los inicios del Estado de Israel, basados en la ideología socialista e igualitaria de los kibbutzim, son en gran parte el resultado de toda esta tradición.

EL DISCURSO DE LA EDAD DORADA (I)

Este es el texto de una ponencia que he presentado el pasado 3 de julio en un Congreso de Zamora.

(Foto: Fernando Redondo)


LAS MONTAÑAS DE LEÓN COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN DEL DISCURSO DE LA EDAD DORADA: EL ORDEN NATURAL Y LA UTOPÍA NATURALISTA. 
(HUELLAS JUDÍAS Y LEONESAS EN EL DISCURSO DE LA EDAD DORADA) 
Santiago Trancón Pérez

El discurso de la Edad Dorada, situado al comienzo de libro (I, 11), tiene una importancia capital para comprender el sentido y la intención del Quijote. El propósito de esta ponencia es desvelar las huellas judías y las referencias leonesas implícitas en este capítulo, lo que confirmará la influencia que tanto la cultura judía como el entorno geográfico y social de las montañas de León, tuvo en la elaboración del libro más importante de la literatura española y universal.
Empecemos por realizar un análisis del espacio en el que se desarrolla este episodio. En contra de los tópicos y dogmas del cervantismo oficial y la iconografía reduccionista a que ha sido sometido el Quijote, el espacio manchego no es más que un referente inicial que nunca aparece descrito en sus páginas y funciona, sobre todo, como un recurso literario. Las incongruencias de la vegetación, la fauna, el paisaje y las costumbres que presentan la mayoría de los episodios del Quijote con relación al espacio manchego no son sólo evidentes, sino esencialmente significativas.
La aventura de don Quijote se inicia cuando abandona su pueblo para irse a recorrer el mundo. El primer reto de don Quijote, y condición de todos los demás, es el de alejarse de su patria, extralimitarse, salir de sí para ir en busca de aventuras con el afán de que sus hazañas sean conocidas en el mundo entero. La Mancha es el símbolo de lo local y conocido que debe ser superado para abrirse a lo universal y desconocido. Al poco de salir de ese espacio, Cervantes empieza a llamar famoso español a don Quijote (I, 9). El inicial espacio manchego le resultó enseguida a Cervantes demasiado pequeño y monótono para poder desarrollar en él las increíbles aventuras de su protagonista. Tuvo que llevar los hechos de la ficción a otro espacio y otro entorno cultural y social mucho más acorde con sus intenciones. Es aquí donde aparecen las montañas de León como un espacio geográfico fundacional, sin el cual no se entienden la mayoría de los episodios de la novela.
Quiero precisar mi afirmación. Con la expresión “montañas de León” me refiero a la montaña noroccidental de la Península que abarca tanto la comarca del Teleno, los Montes Aquilanos, la Maragatería, la Cabrera y la Sierra de Sanabria, como su prolongación natural, las riberas del Esla y la meseta de Tierra de Campos, Benavente, Aliste, Tierra del Pan, Tierra del Vino y Sayago. Es una zona geográfica que tiene más que ver con el antiguo Reino de León que con las actuales fronteras administrativas. Creo haber demostrado en mi investigación (plasmada en el libro Huellas judías y leonesas en el Quijote) que esta zona es la que Cervantes tiene en su mente cuando crea la ficción de su novela. Digo que la usa como fuente de inspiración, no como documento o referencia realista. Sería incongruente con su propósito el sacar a don Quijote de la Mancha para trasladarlo a otro espacio igualmente localista o limitado. El paisaje y el entorno ha de ser, por lo mismo, indeterminado, símbolo y representación de ese viaje hacia lo desconocido. No esperemos, por tanto, referencias concretas a este espacio zamorano-leonés, pero sí suficientes indicios y alusiones como para poder acercar la ficción cervantina a esta zona y afirmar que Cervantes tuvo que echar mano de sus recuerdos y vivencias para construir gran parte de su ficción. Este hecho, entre otros, nos permite afirmar que Cervantes procede de las montañas de León, donde hemos de situar el origen de su linaje, y que por estas tierras hubo de vivir en su infancia y adolescencia.
Me objetarán que por qué Cervantes nombra a distintos pueblos de la Mancha y encubre, al mismo tiempo, cualquier referencia directa a los pueblos o toponimia de las montañas de León. Hay una explicación para ello. En primer lugar, la necesidad de mantener cierta coherencia narrativa, haciendo verosímil el itinerario de don Quijote. Su crítica a los fabulosos viajes por tierras remotas que contaban los libros de caballerías le obligó a ceñirse a un espacio mucho más real y cercano al lector. Sin embargo, a medida que va creciendo el relato, Cervantes, sin romper ese hilo realista, va trasladando las aventuras a un paisaje y unos lugares cada vez más alejados de la Mancha. En la tercera salida, ya libre de toda atadura geográfica o cronológica, nos lleva hacia Barcelona en un viaje de ida y vuelta absolutamente inverosímil desde un punto de vista realista.
Pero hay otra poderosa razón para que Cervantes ocultara, trastocara o trasladara los espacios reales en los que se inspira hacia otros lugares manchegos o zaragozanos. El principal motivo es el deseo de no dar a conocer sus orígenes ni los de su familia. No se trata de ningún olvido o descuido, sino de una voluntad de encubrimiento. Cervantes era un criptoconverso, o sea, alguien que tenía que ocultar, no sólo su posible simpatía o adhesión al judaísmo, sino borrar su propia condición de converso. Lo hizo por una necesidad de supervivencia, no por renegar de su origen y condición. Recordemos que el tiempo de Cervantes fue sin duda el peor de la historia para los judeoconversos. Desaparecidos los judíos oficialmente a partir de 1492, perseguidos y llevados a la hoguera todos los sospechosos de judaizar, el foco de atención y persecución se dirigió hacia los conversos. El odio a los judíos se desplazó hacia ellos, y de nada les sirvió proclamar públicamente la fe católica, pues siempre fueron considerados sospechosos. Había que impedir, por otra parte, su ascenso social, su poder y su influencia creciente. Proclamarse, no ya judío (algo imposible), sino simplemente converso, era la peor carta de presentación para poder vivir tranquilo o aspirar a ascender socialmente. Cervantes no duda en defender el disimulo, el disfraz, el fingimiento, el refugio en la propia conciencia y la necesidad de guardar las apariencias, para liberarse del estigma de judeoconverso.

martes, 1 de julio de 2014

ANHELO DE DISOLUCIÓN

El 6 de septiembre de 2012 escribí esto:
(Foto: S. Trancón)


Vienen veloces del azul oscuro, al anochecer, quién sabe qué, o quiénes, y me inquieta su sombra, aleteos negros que tiemblan, reverberan y desaparecen al instante. Fugaces señales de ese otro mundo que no veo, pero que sé que está aquí, ahí, rodeándome, yo sumergido en él sin apenas saberlo. Al otro lado de ese velo invisible. Esa vibración oscura deja su eco dentro de mí, en el centro de mi pecho, una inquietud anhelante, ondas que no encuentran su reposo en el mar del infinito. La paz. La serenidad. El infinito contemplando al infinito. Y de pronto, las hojas oscuras y brillantes del magnolio se recortan contra el azul eléctrico del cielo, mientras contemplo el mar abajo en profunda calma. Esa suavidad me invita a una dulce disolución. La vida, esa fugaz vibración oscura, un aleteo, un anhelo de intensidad. Así el ser que vino de la nada vuelve a su eterna e inconmovible calma, olvidando hasta la posibilidad de ser, habiendo sido. 

jueves, 19 de junio de 2014

EL YO ES LO QUE MENOS IMPORTA



El yo es la imagen que el sujeto tiene de sí mismo.
El yo es una construcción subjetiva imaginaria y, como tal, no se basa en ninguna esencia o sustancia real que podamos identificar como tal.
El yo, al ser una construcción mental imaginaria, exige una atención y una energía constante para constituirse y mantenerse.
El yo es, por su propia naturaleza, una entidad mental frágil, sometida constantemente a prueba en la medida en que la imagen del sujeto no es una realidad fija, sólida, consistente, sino cambiante.

El sujeto construye su yo tanto a partir de sus propias
experiencias como de las experiencias de los otros. La imagen que el sujeto se hace de sí mismo depende en gran parte de la imagen que los otros se hacen de él mismo. Construimos nuestra propia imagen a partir de la imagen que los otros se hacen de nosotros mismos.

El yo es necesario para nuestra seguridad psíquica y mental. No podemos prescindir de él.
El yo es la primera persona verbal sin la cual no es posible construir el lenguaje. El yo nos identifica lingüística y socialmente, nos diferencia de los otros y nos permite comunicarnos con ellos.

¿Por qué digo, sin embargo, que el yo es lo que menos importa?

Porque el yo no es la totalidad de uno mismo.
Cuando el yo absorbe toda nuestra energía, cuando de ser un instrumento útil se convierte en dueño y señor de todo lo que somos, cuando deja de ser un sirviente y se convierte en amo, cuando deja de ser consejero y se convierte en dictador, cuando nos hace sus esclavos, cuando todo cuanto hacemos y pensamos y sentimos está en función del yo, de la imagen de uno mismo, de la preocupación por uno mismo y por la imagen que los demás se hacen de uno mismo..., entonces perdemos toda libertad para ser la totalidad de los que somos.

Somos mucho más que un yo. 
Somos un cuerpo que siente.
Somos una conciencia que se da cuenta.
Somos una mente que conoce.
Somos seres que perciben.
Somos seres que aman.
Somos seres que crean.
Somos seres que ríen, gozan, disfrutan...

Cuando el yo se convierte en lo más importante, todo lo demás deja de ser importante.

(Fotos: Fernando Redondo)