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martes, 3 de noviembre de 2009

EL UNIVERSO CEREBRAL

(Foto: Isabel Trancón)

La neurociencia se parece a la astrofísica: cuanto más nos adentramos en el estudio del cerebro, más nos sorprende su extensión y complejidad.
Juguemos con la analogía cerebro-universo.

En contra de lo que antes se afirmaba, el universo parece que se expande ilimitadamente.
En contra de lo que antes se decía, el cerebro puede desarrollarse casi ilimitadamente.

Antes se aseguraba, sin fundamento serio, que las neuronas no podían regenerarse, que existía una muerte neuronal programada e inexorable, que el destino del cerebro era ir perdiendo cada día miles de neuronas. Hoy se sabe que las neuronas, como todas las células del cuerpo, se renuevan constantemente: aparecen nuevas neuronas y se desarrollan los axones y las dendritas de cualquier neurona en función de las necesidades del individuo, de la estimulación y el ejercicio, o sea, del pensar (imaginar, recordar, indagar...). A esto se llama neuroplasticidad.

En el universo sucede lo mismo: mueren y nacen constantemente nuevas estrellas, planetas y hasta galaxias; incluso, posiblemente, universos completos.

En número de neuronas se asemeja al número de estrellas de nuestra galaxia: 100.000 millones. Cada neurona puede llegar a establecer 10.000 conexiones. Cada milímetro cúbico de córtex cerebral contiene aproximadamente 1000 millones de sinapsis. Contar el número de neuronas y sus conexiones nos llevará unos 32 millones de años, según G.Edelman, premio Nobel de medicina.

Con relación al peso corporal, el cerebro, que pesa entre 1300 y 1600 gramos, sólo representa entre el 0,8% y 2%. Sin embargo, consume el 20% de la energía (oxígeno y glucosa) de todo el cuerpo. Puede consumir menos, pero no más, porque se rompería su equilibrio homeostático. Si concentramos todo ese consumo energético en una sola actividad, no tendremos energía para otra.
Cuanto más se repite una actividad, más se facilitan las conexiones sinápticas, más “marcada” queda esa ruta en nuestro cerebro, facilitando el paso de la corriente bioeléctrica (que va a 320 km. por hora). Las neuronas que no tienen conexiones, mueren. Lo que no se usa, acaba desechándose.

¿En qué invierte el cerebro tanto combustible? Según Raichle, "el 60-80% de la energía se dedica a mantener la conexión entre neuronas”. Sólo dedica una parte muy pequeña a responder a las demandas del medio exterior. Yo veo en esta condición biológica el peligro del ensimismamiento, la hipertrofia del yo. En el carácter recurrente y obsesivo de la actividad cerebral, una de las fuentes de su degeneración.

El cerebro humano puede almacenar información que "llenaría unos veinte millones de volúmenes, como en las mayores bibliotecas del mundo"( Carl Sagan).
El cerebro humano es la realidad más eficiente de consumo y transformación de la energía que existe en este universo

El cerebro, cuando mejor funciona es cuando su actividad produce ondas alfa, o sea, cuando “se enfría”. Un cerebro “recalentado” (estrés, obsesión, miedos, depresión...) es menos eficiente, menor es su actividad sináptica y, en consecuencia, se atrofia antes.

Tenemos en nuestras manos el destino de nuestro cerebro, su presente y su futuro, que es tanto como decir el presente y el futuro de nuestra vida. No podemos echarle la culpa al cerebro de nada: su capacidad es prodigiosa, independientemente de nuestra edad.

Nos sobra masa cerebral para vivir una vida permanentemente renovada. Al cerebro le mueve el entusiasmo, la búsqueda de nuevas ideas, palabras, proyectos, imágenes... Lo que más le estimula y renueva viene del exterior. Sólo lo que viene del exterior le obliga a reordenar su interior. La rutina, la monotonía, el desánimo, la resignación, es lo que provoca el colapso de nuestro universo cerebral.
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