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viernes, 12 de marzo de 2010

PERVERSION DE LA DEMOCRACIA


La democracia es el sistema político menos malo.
Pero no es un sistema perfecto.
Su mayor debilidad está en que no dispone de resortes eficaces para impedir el paso de los no demócratas a los mecanismos del poder.
Tampoco para impedir que se pueda usar ese poder para destruir la propia democracia.
Hitler es el caso más evidente de perversión de la democracia.

Los países de tradición democrática han sabido poner límites a quienes usan las libertades que la democracia les otorga para destruir los fundamentos de esa misma democracia.
El caso de Alemania es ejemplar: allí es delito, por ejemplo, ensalzar o difundir ideas nazis o racistas.
En la Europa democrática nadie duda de que la democracia debe saber defenderse a sí misma, impidiendo el acceso al poder de los antidemócratas.

España es una llamativa excepción. Aquí se producen cada día comportamientos que pervierten y destruyen los mecanismos democráticos, y no hay ni leyes ni conciencia ciudadana que ponga límite a quienes usan la democracia exclusivamente para alcanzar el poder y luego se saltan abiertamente los principios democráticos.
Basta recordar que aquí no sólo no está prohibido hacer apología del franquismo, sino que se persigue el esclarecimiento y el conocimiento de los crímenes impunes de aquella negra dictadura (apenas acabamos de enterarnos de los miles de niños, hijos de asesinados y represaliados, entregados a las familias de los vencedores, o los cientos de campos de trabajos forzados por los que pasaron cerca de 350.000 presos, por no hablar de esa fosa con más de 4000 muertos de Málaga que tanto está costando desenterrar) .

Carrillo dice que la derecha de hoy es muy parecida a la del 36.
Podríamos hacer una larga lista de ejemplos que lo confirman.
Lo último ha sido esa llamada a la rebelión (al parecer, fiscal) de la presidenta de la comunidad madrileña. Llegó al poder pervirtiendo la democracia y desde entonces no hay día que no demuestre que la democracia “se la suda”.
A eso algunos tontos le llaman valentía, astucia, habilidad política.
Otro ejemplo, aparentemente en las antípodas, es eso de prohibir los toros.
Tanto da tirar las leyes a la basura como establecer leyes allí donde nadie debiera imponer nada.

Los demócratas, en verdad, lo tenemos muy difícil. Entre una derecha grosera y perversamente antidemocrática, y unos nacionalistas engreídos y perversamente democráticos, nos están dejando sin espacio, sin voz, sin apenas argumentos. Toda la energía se nos va en tapar los agujeros que cada día le abren a nuestro sistema democrático unos y otros.
Como se ve, la línea divisoria no pasa por la vieja distinción entre izquierdas y derechas, sino entre demócratas consecuentes y antidemócratas perversos.

Lo repito: nuestra democracia no es homologable. No lo son muchos jueces, no lo son los voceros de la derecha, no lo son los nacionalistas de derechas y de izquierdas, no lo son algunos periódicos y medios de comunicación, no lo son los corruptos, especialistas en sortear y pervertir todos los mecanismos de control del robo, el fraude fiscal, el atraco a la hacienda pública, con un descaro provocativo y chulesco.
Lo último es llamar a todo esto “rebelión”. Ya ni se preocupan de añadir “pacífica” o “democrática”. Menos mal, al menos en este caso no se ha pervertido también el lenguaje.
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