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viernes, 4 de junio de 2010

CONJUGAR... LA REALIDAD

(Foto: Rafael Rojas)
Levantarse y mirar por la ventana: cielo claro, mañana serena, sombras nítidas.

Abrir un periódico y leer que La Comunidad de Madrid se gastó el año pasado 160 millones de euros en publicidad, y este año, 90. Sólo en la colocación de la primera piedra del Campus de la Justicia se gastó Esperanza Aguirre 1,4 millones. Un proyecto megalómano y disparatado del que se hizo propaganda hasta en Singapur y que ahora ha tenido que abandonarse por falta de dinero.¡Eso sí que es austeridad!

Oír hasta la náusea que ahora, a los que explotan, avasallan, humillan, roban, se les llama “mercados”.

Comprobar que los herederos de quienes con sus manos llenaron de sangre las cunetas y las tapias, se hacen llamar “Manos Limpias” para seguir humillando a los hijos y nietos de aquellos que fueron asesinados, y con el bendición del máximo órgano de los jueces (lo de “máximo órgano” es un mal chiste).

Ver la imagen de un charnego andaluz hablando un catalán encorsetado mientras otro andaluz se pone los cascos para que traduzcan su discurso a la lengua oficial, propia y materna de ambos, sabiendo que ese andaluz no podría ir al parlamento catalán y hablar en español, ni con la escafandra de Fernando Alonso.

Leer una emotiva e inquietante novela, Los últimos paganos, de un amigo (Luis Díaz Viana) y darse cuenta de la gran catástrofe que supuso la desaparición del mundo antiguo al imponerse de forma bárbara y violenta el cristianismo. Comprender así mejor a Nietzsche.

Recibir la llamada la una ONG solicitando una ayuda para una noble causa y decir no por desconfiar cada día más de estas organizaciones, verdaderas tapaderas de causas nada nobles.

Recordar que Ana Botella ha pertenecido a los Legionarios de Cristo, que también tienen una ONG, a los que subvencionó muy generosamente. Su fundador fue un corrupto, pederasta y abusador de niños, que gozó del apoyo, no sólo del Vaticano, sino de varios altos cargos y ministros del PP hasta hoy mismo.

Darse cuenta de que la refundación del capitalismo ha consistido en dar una millonada de dinero a los bancos para luego quitárselo a los funcionarios, pensionistas y trabajadores. Y, para mayor desesperación, reconocer que todo tiene una lógica aplastante, porque así se ha querido montar el tinglado y las posibilidades de cambiarlo en solitario son las mismas que tirarse a un pozo con una rueda de molino atada al cuello y salir volando.

Sí, hay crisis. Pero ¿desde cuándo?

Son pequeñas noticias que a uno le asaltan apenas abre los ojos por la mañana, mira por la ventana, se ducha o toma tranquilo una taza de café con leche. Y las enuncia así, en infinitivo, para despersonalizarlas o impersonalizarlas. Pero luego se pone a jugar con los verbos, porque la clave de la literatura consiste en conjugar la realidad, o sea, en jugar con los tiempos y las personas verbales. Así que

Me levanto y miro por la ventana. Abro un periódico. Oigo hasta la náusea. Compruebo que los herederos. Veo la imagen de un charnego andaluz. Leo una emotiva e inquietante novela. Recibo la llamada de una ONG. Recuerdo que Ana Botella. Me doy cuenta. Etc.

O mejor, quizás
Me levantaré y miraré por la ventana. Abriré un periódico. Oiré hasta la náusea. Comprobaré que los herederos. Veré la imagen. Leeré una emotiva e inquietante novela. Recibiré la llamada de una ONG. Recordaré que Ana Botella. Me daré cuenta. Etc.

O más bien pensé que
Si me levantara y mirara por la ventana. Si abriera un periódico. Si oyera hasta la náusea. Si comprobara. Si viera la imagen de un charnego. Si leyera una emotiva e inquietante novela. Si recibiera la llamada de una ONG. Si recordara que Ana Botella. Si me diera cuenta. Etc.

Aunque lo cierto es que
Te levantaste y miraste. Abriste. Oíste. Comprobaste. Viste. Leíste. Recibiste. Recordaste. Te diste cuenta.

Etc.

La realidad hay que conjugarla en todos los tiempos y personas. Al con-jugarla, la conjuramos, nos distanciamos de ella para que no nos amargue demasiado el desayuno de una luminosa la mañana de junio.
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