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jueves, 10 de junio de 2010

EDAD Y ENVEJECIMIENTO


-Oye, cómo lo haces, estás más joven que hace veinte años, no cambias, no envejeces.
-Pues no tengo ningún secreto.

-¿Pero cuántos años tienes?
-No te lo voy a decir.

-¿A qué viene esa coquetería? ¿Por qué ocultarlo?
-Porque no quiero que me envejezcas.

-¿Cómo?
-Sí, tú, en cuanto sepas los años que tengo, me los echarás encima como un saco, y ya no me volverás a ver como ahora, sin edad definida. A cada edad, un cuerpo, una cara, un comportamiento, una imagen preconcebida. Para envejecer, lo primero que hay que hacer es contar los años. Cuando no los cuentas ni dejas que los demás te los cuenten, ya, por ese simple detalle, pones una barrera al envejecimiento. Porque es la sociedad la que nos envejece.

-Y los genes. Los genes son implacables.
-Mentira de las gordas. Digamos que los genes determinan el 10% del deterioro físico que acompaña a la edad. El otro 90% es social. El envejecimiento es algo mental, un mecanismo evolutivo que la sociedad, el grupo, se inventó para asegurar mejor su supervivencia, en una época, además, en la que casi todo dependía del esfuerzo físico. Pero hoy ese mecanismo no tiene ningún sentido: la fuerza física la realizan las máquinas, no necesitamos de los hijos para sobrevivir, tenemos todo lo que necesitamos para alimentarnos y podemos combatir a las enfermedades más letales. Mira, me acaba de informar un amigo que en Israel acaba de morir un rabino a los 123 años.

-El elixir de la eterna juventud, el sueño de la inmortalidad… No son más que mitos.
-Cierto, todos vamos a morir, aquí no va a quedar nadie, seguro. Pero algo muy distinto es aceptar la fatalidad del envejecimiento prematuro. Y con prematuro me refiero a convertirte en un viejo achacoso a partir de los sesenta años, que es donde ahora pone la sociedad el tope. Justo a partir de la jubilación, qué casualidad. A partir de entonces, todo lo que nos espera son fatigas, achaques, trastornos múltiples, polimorfos y perversos. Y el Alzheimer, claro.

-Que el cerebro se deteriora y envejece es un hecho científicamente probado.
-Otra tontería. El cerebro no envejece, simplemente, cambia, se modifica, como ocurre con todo nuestro cuerpo, que se renueva y cambia constantemente. En tu cuerpo no tienes ahora ni una sola célula del año pasado, salvo las neuronas. Se van dejando de activar ciertas zonas y se ponen en funcionamiento otras, creando incluso nuevas neuronas; se desenganchan ciertas sinapsis y se forman otros circuitos. Cuando hay actividad, cuando algún proyecto nos apasiona y empuja, ocurre todo lo contrario: el cerebro se vuelve más creativo y potente, avanza hacia la plenitud. Claro, para que esto ocurra lo primero que hay que hacer es dejar de creer en esas ideas preconcebidas, no dejarse atrapar por la presión social. No celebrar, por ejemplo, el cumpleaños. Celebra lo que quieras, menos el paso de los años. No midas, no cuentes, no peses la vida, el latir de la vida. Deja que fluya sobre el presente, no recuerdes ni el día ni el año en que naciste. Cuando lo necesites, lo miras en el carné de identidad.

-Pero no bastará con eso.
-Sí, puedes hacer otras cosas. Si me pides algún consejo te diré:

.Desayuna bien, come poco, cena menos.
.Nunca te metas en la cama cabreado.
.Duerme un poquito menos de lo que necesites, pero durante el día descansa, túmbate cuando tu cuerpo de verdad te lo pida.
.Estírate, mueve tus músculos y huesos cada poco (no es necesario ir a un gimnasio, lo puedes hacer sobre el suelo del salón de tu casa).
.Sé consciente de la tensión de los músculos de tu cara (mandíbula, entrecejo, orbitales, frente, nariz…) y dales la orden de relajación, nada de “arrugarse” ante nada ni ante nadie: serenidad, sosiego.
.El cerebro no es un músculo: no hace falta tensar los músculos de la cabeza ni del cuerpo para activarlo.
.Siempre has de tener entre manos un libro que de verdad te guste, interese y estimule.
.No combatas los miedos, las obsesiones, las preocupaciones, los problemas: haz lo que puedas para superarlos o solucionarlos, y luego déjalos, ponlos a un lado.

.Lo que no puedas hacer, es que no lo tienes que hacer. Vivir no es luchar, sino hacer, y dejar de hacer o no hacer.
.No pienses en el pasado, no te pongas al final del tren a ver cómo pasa y se aleja todo, sino adelante; mira y encara sólo lo que tienes delante.


Podría seguir, pero no es necesario. Escucha a tu cuerpo y sé consciente de que lo único que de verdad puedes vivir es el minuto presente. Para eso lo que menos necesitas es el reloj.
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