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domingo, 22 de mayo de 2011

LA DEMOCRACIA REAL ES POSIBLE (Mi Manifiesto)

(Foto: Jesús Rodríguez)

El primer efecto positivo del movimiento del 15-M es que nos obliga a pensar. ¿Por qué? Porque no es fácil analizarlo, ni clasificarlo, ni valorarlo. Se resiste al encasillamiento, no encaja en los conceptos políticos y sociales al uso, invalida el prejuicio y el tópico. Pone en evidencia que las valoraciones políticas habituales se han vuelto inútiles, inservibles: ni explican ni aclaran nada.

Los cambios sociales van necesariamente unidos a una transformación de las ideas, las palabras y las actitudes. Todo junto. Por eso se necesitan ahora nuevas palabras, dar un sentido nuevo a las viejas palabras o revitalizar su sentido originario.

Lo más necio es el acudir a prejuicios y descalificaciones globales, o, por el contrario, dejarse llevar por viejos esquemas, euforias o sueños revolucionarios de tiempos pasados. De lo uno y lo otro tratan de huir quienes han promovido esta rebelión pacífica y que acertadamente han denominado “democracia real”.

Con lo de “democracia” se han quitado de encima la acusación más fácil: no se trata de un movimiento “antisistema”, “anticapitalista”, “antidemocrático”, “antiglobalización”, etc., sino DEMOCRÁTICO. Así que no proclama ninguna utopía inicial, no pretende acabar con el sistema ni la sociedad en que vivimos, un objetivo tan irreal como imposible.

Como la democracia, además, se basa en los partidos políticos, tampoco es una reacción contra la política ni contra la existencia de los partidos políticos. Así que los que van de apolíticos o antipolíticos no están dentro de este movimiento. Pero dado que los partidos actuales han perdido gran parte de su sentido y no responden a las necesidades de la mayoría, el movimiento se proclama apartidista y asindicalista. O sea, que ningún partido ni sindicato actual puede apropiarse de él ni intentar representarlo ni manipularlo.

Se añade lo de REAL. “Real” es un adjetivo impreciso, pero no tanto como para que no lo podamos entender en su sentido más evidente: se pide una democracia real porque la actual no es real; o lo que es lo mismo: es en gran parte irreal, falsa, aparente.

Al exigir que la democracia sea real lo que se está poniendo de manifiesto es:

-Que la democracia actual se ha convertido en un engaño.

-Que los mecanismos básicos en los que se decide la organización social y el poder no son realmente democráticos porque están fuera del control de la mayoría.

-Que la democracia actual, tal y como está organizada, no responde a los intereses de la mayoría y carece de mecanismos eficaces para canalizar, expresar y hacer efectiva la voluntad y la opinión de la mayoría.

-Que es necesario reformar el actual sistema representativo para hacerlo más democrático.

Hemos de analizar, por tanto, cómo funciona hoy la democracia, cuáles son sus límites, sus errores, sus vicios, sus corruptelas, falsedades y manipulaciones. La discusión debe llevar a revisar y cambiar todo lo que no funciona:

1) La organización, financiación y funcionamiento de los partidos. Los partidos dominantes están hoy lastrados ideológicamente por hábitos leninistas (izquierda), actitudes fascistas (la derecha), la burocracia (todos), la lucha interna (selección, no de los mejores, sino de los que se especializan en la manipulación y el control de los aparatos), las camarillas, la financiación irregular, la dependencia del Estado, un discurso anacrónico, un sistema de propaganda arcaico, etc. La reforma de la Ley electoral, las listas abiertas, la prohibición de entrar en ninguna lista a los corruptos, los imputados, los condenados, la supresión de privilegios y la igualación de los sueldos de los políticos con los de la mayoría, son algunas medidas que pueden iniciar la transformación de los partidos y la actividad política.

2) Creación de nuevos sistemas de participación que hagan efectiva la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. En una sociedad tan compleja como la nuestra, el sistema de voto cada cuatro años es un anacronismo inadmisible. Votar a un partido y a un programa (necesariamente vago, incompleto, cuando no demagógico y engañoso, que no puede recoger la mayoría los problemas concretos o que puedan ir surgiendo a lo largo de una legislatura), es otorgar a los políticos un poder abusivo, arbitrario e incontrolable. Debiera crearse un organismo imparcial de control externo, que obligara a todos los gobiernos (municipal, autonómico y central) a someter a votación todos los asuntos que no estuvieran claramente contenidos en los programas electorales y que afectaran a la mayoría.

3) Con independencia del partido más votado o que gobierne, los ciudadanos tienen derecho a decidir en todo aquello que les afecte seriamente. Por ejemplo, no se podría dar dinero a los bancos sin someterlo a aprobación de la mayoría. Esto supondría aclarar previamente por qué se les tiene que ayudar, cuál ha sido su gestión, qué grado de responsabilidad tienen, en qué condiciones se les ayuda, qué sueldos cobran sus directivos y sus trabajadores, etc. Lo que no se puede admitir es socializar las pérdidas y la mala gestión, y privativar los beneficios. Hoy existen medios técnicos y electrónicos (internet) para asegurar de modo eficaz y no costoso, la realización de todas estas consultas vinculantes (la urna física puede continuar como elemento simbólico, pero también es un anacronismo).

4) Racionalización y democratización de la gestión pública: eliminación de todos los organismos burocráticos innecesarios, duplicados, mal administrados y peor gestionados. El actual Senado, por ejemplo, es otro anacronismo, además de una absurda Torre de Babel. Revisión de todos los organismos municipales, autonómicos y estatales para comprobar su verdadero interés y utilidad social. Control estricto o supresión de todo tipo de subvenciones a entidades y particulares que no demuestren su utilidad pública apartidista. Por ejemplo, las Fundaciones de los partidos y sindicatos, o las organizaciones religiosas confesionales: ¿por qué hemos de subvencionarlas?

5) Clara diferenciación entre lo particular y lo público, el interés general y el beneficio particular. La política no puede estar al servicio de lo particular ni el beneficio privado, pero tampoco lo privado y particular debe estar al servicio del Estado y lo público. Ni los mercados han de determinar la política, ni la política ha de determinar los mercados. El mercado ha de regirse por un capitalismo real y verdaderamente liberal: no puede usar al Estado cuando le conviene, ni el Estado está para sostener a un capitalismo parásito. Los impuestos no son algo que se quita a unos para dárselo a otros, sino una forma de justicia proporcional: las empresas y los particulares devuelven al Estado lo que antes han recibido de él (en forma de educación, sanidad, infraestructuras, seguridad, defensa, orden social, aplicación de las leyes, etc.)

6) Es preciso cambiar la mentalidad: ser mucho más creativos, exigentes y productivos en todos los órdenes. Eliminar el parasitismo de la vida social: el capitalismo parásito, las empresas mal gestionadas, los directivos y banqueros incompetentes, manipuladores y psicópatas, los responsables de la corrupción, los intoxicadores de la opinión pública, los propagadores de la violencia, los chantajistas y amenazadores… Digo en todos los ámbitos, porque también hay una literatura parásita, y un arte parásito, y universidades parásitas, y un mercado embrutecedor y parásito, no creativo.

7) La alternativa es crear o robar. Si no creas de verdad, si lo único que haces es aprovecharte del esfuerzo ajeno, si no ofreces a la sociedad algo que realmente le sea útil y necesario, que mejore su vida, estás robando, estás siendo un parásito. Roban los especuladores que lo único que hacen es mover el dinero de un lugar a otro. Roban los banqueros que lo único que hacen es “guardar” un dinero que no es suyo e invertirlo donde les conviene, no donde la sociedad necesita. El beneficio sólo ha de ser fruto del esfuerzo y la creatividad, no de la picaresca y el parasitismo. Trabajar y crear es todo lo contrario de explotar o aprovecharse de los otros o del Estado.

Sí, hay mucho que se podría hacer para cambiar nuestra sociedad y hacerla más justa, más creativa, más democrática, más feliz, más solidaria, más libre, mejor organizada, más exigente, menos resignada. ¿Cómo lograrlo?

Una propuesta: El movimiento de DEMOCRACIA REAL debería convertirse en un partido político, pero un partido radicalmente distinto de los actuales. Es su mejor salida. La organización asamblearia en la calle es un método de presión y presencia mediática muy importante y eficaz, pero insuficiente. Como Partido Político, su objetivo no sería lograr el poder en ninguno de los ámbitos, sino obtener una mayoría influyente y decisiva: sus representantes servirían sólo para votar y controlar las decisiones de quien gobernara y, a su vez, estarían totalmente controlados por sus votantes mediante un sistema verdaderamente democrático (eso es hoy técnicamente posible, para eso tenemos internet y las redes sociales). Esto obligaría a un debate social serio, eliminaría el engaño, la manipulación mediática y la demagogia.

NO PROPONGO NINGUNA UTOPÍA. ESTO ES REALMENTE POSIBLE. LA DEMOCRACIA REAL ES POSIBLE.

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