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lunes, 3 de diciembre de 2012

EL REGRESO DE LOS SEFARDÍES


Fueron expulsados en 1492. Es imposible saber cuántos marcharon y cuántos se quedaron. Seguramente abandonaron Sefarad casi medio millón y se quedó aquí más del doble. Hoy, según un estudio genético, el veinte por ciento de la población española tiene ascendencia judeo-sefardí. Somos muchos, como para seguir ignorándolo.

Durante más de tres siglos los españoles quisieron olvidar este hecho insólito, hasta que el doctor Pulido inició su campaña de descubrimiento y valoración de estos españoles de la diáspora. Primo de Rivera inició su reconocimiento, otorgándoles la nacionalidad española, lo que permitió un primer y tímido regreso de los sefardíes a nuestro país. Franco, con su decidido y vulgar antisemitismo, estuvo a punto de enviar a los campos de concentración nazi a todos los judíos y sefardíes de nuestro país, de los que hizo un censo que entregó a Alemania. Los que se salvaron fue  gracias a la labor personal de embajadores como Sanz Briz, que pusieron por delante principios humanitarios en contra de la política oficial del franquismo.

Hoy, después de absurdos titubeos, el gobierno va a devolver por fin el derecho a todos los sefardíes de considerarse plenamente españoles. Bastará demostrar su origen sefardí para recibir automáticamente la nacionalidad española. Es el final de un largo proceso que tiene un gran valor simbólico, pero que debería ir mucho más allá.

La expulsión fue un tremendo error histórico. Causó la muerte de miles de sefardíes y apenas podemos imaginar el dolor causado. Pero también empobreció a nuestro país, lo sumergió en el dogmatismo y el oscurantismo religioso y provocó la división y la persecución interna hasta grados casi inconcebibles. El  molde psicológico que creó la Inquisición se extendió a toda la sociedad y hasta hoy padecemos sus consecuencias.

Pero la fuerza y la determinación de los sefardíes, que hasta hoy han conservado su lengua y su añoranza de Sefarad, ha hecho posible que el ciclo histórico se cierre ahora con la vuelta de los sefardíes. Es algo tan admirable que merecería celebrarse con la proclamación de un día de fiesta nacional, en recuerdo de la importancia que los judíos han tenido en la historia de nuestro país.

Deseo que el medio millón de judíos de origen sefardí que hoy anda por el mundo pida su nacionalidad española y vuelva de un modo u otro a la tierra de la que nunca debieron ser expulsados. España lo necesita; su dinamismo cultural, intelectual y emprendedor nos vendría muy bien en estos tiempos de desolación. La judeofobia larvada y explícita que hoy padece gran parte de los españoles es fruto de la ignorancia. Ignorancia, en primer lugar, de la historia, de todo lo que influyeron y dejaron en  nuestra cultura esos otros españoles, a los que desterramos injustamente, y que hoy pueden al fin regresar.    
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