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lunes, 10 de diciembre de 2012

LA DICTADURA PERFECTA

(FOTOS: FERNANDO REDONDO)

Tormenta perfecta, guerra perfecta, crimen perfecto... ¡Dictadura perfecta! El mal también puede alcanzar su perfección. En la historia, casi todos los crímenes conocidos han sido imperfectos, y las tormentas nunca han llegado a ser absolutamente destructivas. Pero todo cambia y hoy nos acercamos a uno de los ideales que siempre han perseguido los poderosos: la dictadura perfecta.

La dictadura perfecta es aquella que nadie reconoce como tal: ni los dictadores ni los subyugados. Aquella que se proclama como lo contrario de lo que es y ¡convence a todos! Es la paradoja del ciego que no ve ni reconoce ni quiere saber que no ve.

Antes los dictadores tenían nombre y rostro: Stalin, Hittler, Franco, Mussolini, Pinochet, King Yon-il... Los dictadores siguen ahí, pero son locales, y casi siempre tratan de legitimarse con algún artilugio democrático, como ahora el hermanito musulmán Mursi. Al hacerse visibles siempre se las podía combatir.

Pero la dictadura perfecta lo es por ser invisible y, por lo mismo, más difícil de definir y combatir. Hoy la dictadura perfecta lo es por ser mundial, anónima, desterritorializada, omnímoda, radial, omnipresente. Pero todavía hay algo más asombroso que hace que esta nueva dictadura global sea aún más perfecta: cada día somos más lo que lo sabemos, los que ya no nos creemos el engaño, pero esto no hace que merme su poder, sino que lo aumente. Esta nueva dictadura mundial ha logrado convencernos, incluso a los que ya sabemos lo que pasa, de que todo es inevitable, de que no hay otra salida que el aceptar su poder absoluto.

Cada día somos más los que descubrimos que este nuevo orden de esclavitud planetaria tiene un centro de poder reconocible: los grandes bancos y empresas multinacionales que concentran casi todo el poder económico y financiero mundial. Es una red perfectamente establecida y que funciona sincronizada, que toma decisiones con total impunidad y a conciencia, sabedor de lo que hace y de las consecuencias de sus actos. Pero esto no nos hace más libres. Cuanto más absoluto es el poder, más lejano, intangible e intocable se ha vuelto.

Este poder, sin embargo, tiene un pequeño fallo: necesita la colaboración activa de los gobiernos llamados democráticos. Esta es la única rendija por la que, ratas cada día más resignadas a vivir en las cloacas, podemos asomar el hocico: exigir una democracia que no sea lo que hoy es, una tapadera del vomitivo orden financiero mundial.


Hay que elevar el tono, llamar ladrones, cobardes y criminales a quienes colaboran, consienten y favorecen el afianzamiento de esta nueva dictadura mundial. Las muertes, sufrimientos, humillaciones y enfrentamientos que están provocando son ya incomparablemente mayores que el conjunto causado por todas las monstruosas guerras ocurridas durante el siglo XX. No exagero: cualquier estadística lo podría confirmar.

Que los políticos sigan haciendo lo que hacen, repitiendo hasta la náusea eso del despilfarro, el haber vivido por encima de nuestras posibilidades, herencias recibidas, déficits, deuda “soberana”, prima de riesgo, rescates, recortes, ahorro, reforma bancaria, laboral, sanitaria, educativa... Que cada día tengamos que tragarnos toda esta basura semántica. Que la mayoría de los medios de comunicación se presten para ser altavoces de estos mantras del adoctrinamiento y el lavado de cerebro colectivo, no es más que la confirmación del establecimiento de esta nueva dictadura que aspira a ser, y ya casi lo es, perfecta. ¿Cuánto durará? ¿Un siglo? No seamos tan pesimistas, que esta es nuestra mayor derrota. Abre este video y verás que no todo está perdido: http://www.charkleons.com/2012/05/como-roban-los-bancos.html

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