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lunes, 16 de mayo de 2016

¿ESPAÑA PLURAL?

(Foto: S. Trancón)

La manipulación política comienza con la perversión del lenguaje. Hay usos de la lengua contagiosos, tóxicos. La lengua es un bien común, nadie debería destruirla impunemente, sobre todo cuando se hace desde posiciones de poder. Tienen especial responsabilidad los políticos y los medios de comunicación.
La moda va cambiando con la evolución de la terminología política. Ahora le toca el turno a “plural” y a todos sus derivados, empezando por el más insufrible: “plurinacionalidad”. Han introducido estos términos en la jerga política los nacionalistas, que han encontrado un aliado impagable en los plurinacionalistas de Podemos, pero el virus se propaga a toda mecha: políticos de todo signo se agarran al cuello de la España plural y los peatones (ciudadanos de a pie) ya lo usan en las discusiones de café.  
            La lengua define sus términos por oposición (semántica) y contraste (sintáctico). Cada idioma establece sus leyes de combinación; si estas normas se alteran arbitrariamente se provoca una disfunción que afecta a toda la estructura de la lengua. La introducción forzada de determinados usos terminológicos no es algo inocuo o inofensivo, más aún cuando se trata de usos incorrectos, como en este caso. Podemos decir que hay una España, pero no que hay una España “una”. Aquello de la “España una” de Franco es una aberración lingüística. Pasa lo mismo con la “España plural” de ahora, creada para mantener la idea de que, quienes la rechazan, no pueden ser más que franquistas. La España franquista real ha muerto hace mucho tiempo y, sin embargo, muchos viven (y quieren seguir viviendo) de su fantasma, al que insuflan aire como si se tratara de un muñeco de feria.
            Me explico. Podemos decir que existe “una” España o que existen “varias” (las que queramos), pero no que exista una “España plural”. Lo singular no puede ser plural a la vez. Una misma sustancia (el sustantivo España), no puede ser a la vez una y trina (atributos antitéticos). Eso sólo lo puede ser Dios. Y por eso hablamos de misterio.
Pero vayamos al fondo del asunto. Quienes usan el término tan profusa y confusamente no quieren afirmar que existan varias Españas, como pareciera, sino que en realidad no existe ninguna. Si quisieran referirse a la existencia de varias Españas tendrían que especificar cuántas y cuáles son esas Españas. Asunto complicadísimo, claro. Es lo que significa “plurinacionalidad”: un modo de hacer desaparecer a la nación para convertirla en naciones, sean las que sean.
            Como no va por ahí la cosa, sino que se trata de encubrir lo que se piensa (o sea, que España no es más que un invento, un Estado fallido, una nación impuesta, hecho del que se deriva un derecho, el de la autodeterminación o secesión), pues por eso conviene desenmascarar la trampa lingüística de la “España plural”. El lenguaje, incluso el de la política, tiene que comprometerse con la verdad y la claridad, pues de lo contrario se transforma en una agresión y un desprecio, no sólo a sus hablantes, sino a todos los ciudadanos.
            itico﷽﷽﷽﷽﷽que los pol sino a los hablantes. y la claridad, pues lo contrario es una agresimbre propioal., Pues no, no existe ninguna España plural, del mismo modo que no existe un hombre plural, una lengua plural o un Estado plural. Por más diversas y distintas que sean las peras de un cesto, nunca formarán un cesto plural.     

             
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