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miércoles, 17 de abril de 2019

HAY CARTITAS QUE OFENDEN


Abro mi buzón y me topo con tres cartitas del PSOE. Madrugadoras. Deberían haberse quedado en el buzón general, donde la comunidad de vecinos ha decidido que se coloque la publicidad. Pero no. Se han colado a mi buzón, y sin mi permiso. Vienen a mi nombre, el de mi mujer y el de mi hija.

Las abrimos, y todas tienen un numerito arriba, que debe de ser el que corresponde a mi identidad gregaria (el 28079). No sé por qué, pero me acuerdo de otros siniestros numeritos tatuados. El firmante, sin embargo, me tutea y llama por mi nombre: "Estimado Santiago". ¡Qué confianza! Dejo de lado el corazoncito rojo que acompaña a las siglas. Reprimo mi primera reacción ante este símbolo, puerilizado hoy hasta la náusea, usado tan a troche y moche que puede colocarlo un asesino sobre su víctima antes de estrangularla.

Así, a ojo de pajarillo, o de pardillo, que es como me siento, veo que la cartita viene llena de frases y palabras en negrita para que me fije en lo esencial, porque sin duda necesito de ese reclamo gráfico para enterarme mejor de lo intrincado del mensaje, impreso sobre la frase "La España que quieres", que emborrona el texto. ¡Gran metáfora!, porque, ciertamente, es la palabra España la que sobra, la que, por más que se nombre, está ausente, negada y prostituida.

Se niega, en primer lugar, al negárseme mi condición política, que es el ser un ciudadano español, la única seña de identidad que le autorizaría a dirigirse a mí al firmante Pedro Sánchez. Pues no, mi identidad política, para él y su partido, no es ésa, sino el ser un colega progre al que le pueden dirigir frases como ésta que encabeza la misiva: "Tú sabes que 'la juventud no se pierde' (negrita) mientras se siga luchando y creyendo en el futuro". Supónese que ya he perdido la juventud, si no a qué viene esta pavada. Por si hubiera dudas, prosigue: "Eres de la generación que nunca ha dejado de pelear"... Todo para venderme, ¡oh gran propuesta!, "la revalorización de las pensiones". ¿Cómo, cuánto? ¡Qué más da!

Repite hasta 24 veces la palabra España, algo tan freudiano que ciega. Hay España para todo, hasta "la España que cuida de tu familia". ¡Toma España, Abascal, Casado, Rivera! Ya lo dice al final, como colofón: "la España en la que cabemos todos". Incluidos, por supuesto, aquellos que usan nuestro dinero para negar y renegar de España. Nunca un partido, que además sigue llamándose español, ha defendido con mayor descaro el desmoronamiento y la desaparición de España en nombre de España.

Pero si a mí me quita la condición de ciudadano para convertirme en "pensionista" progre, a mi mujer la convierte en feminista activa, permitiéndose esta inicial conjetura: "La España que hoy conoces es muy distinta de aquella en la que creciste", suponiendo que la de hoy es mucho mejor gracias a una lucha "de la que tú has sido protagonista". De nuevo desaparece su condición de sujeto político para ser reducida a mujer progre, que defiende "una España que apuesta por el feminismo".

¿Y a mi hija? Otra vez ese tono de empalagosa confianza: "Tú ya naciste en una España que miraba hacia el futuro". "A medida que ibas creciendo has ido imaginando la España que quieres". ¿Y si la España que quiere no tiene nada que ver con la no España que tú imaginas, Pedrín, Pedrito, Pedrusco, ya puestos a tomar confianzas? Lo de "una España en la que quedarse" es puro sarcasmo, pues lleva mi hija dos años ganándose la vida al otro lado del mundo, a donde ha ido a buscar trabajo.

Me fijo, para acabar, en la firma del firmante y veo, sin ser especialista en ello, que la "p" nominativa abreviada no es tal, sino un triángulo que apunta muy en punta hacia adelante, simplificación gráfica de una agresividad apenas contenida. De nuevo Freud, escribiendo por los codos para revelar eso que apenas se puede ocultar. Se "confirman" (nunca mejor dicho) los rasgos de reconcentrado y peligroso narcisismo en la rúbrica del apellido, casi ilegible, pero con ególatras mayúsculas y una tilde exagerada que cae como un rayo.

Pues sí, confiésolo, mucho me alegraría que esta burda patraña -la de usar el nombre de España para negar a España- le saliera por donde pueda haberle entrado, pura impostura, engaño descarado, aunque sólo para quienes necesitan engañarse.

miércoles, 10 de abril de 2019

MATRACA FEDERALISTA


"Aquí sólo hay una salida seria, que es la federalización".Habló Felipe González y se hizo el silencio. Sentenció, desde las alturas de la divinidad expresidencial, y la corte celestial cuasi al completo asintió, asiente, salvo un camarero que andaba por allí preocupado de que no se rompieran las copas del brindis. Es hora de ajustar algunos botones a la chaqueta de pana felipista que derivó en frac sin solución de continuidad. Al menos, porque ha engordado un poco.

Hay dos responsables que iniciaron del abismal colapso mental, institucional y político en que andamos metidos y que afecta a los fundamentos del orden democrático, que no son otros que la propia existencia de España como nación, base del Estado, siendo el Estado, a su vez, el sostén de la nación. No es pequeño problema, ni un problema más, sino el que condiciona los demás, de izquierda a derecha. Dos responsables dos, Felipe y Aznar. Los dos igualitos en esto, porque con ellos y en ellos se fraguó la claudicación, el entreguismo, el cambalache suicida de la fragmentación y disolución de España, por muy solemne y apocalíptico que suene.

Felipe decidió, en el momento decisivo, exculpar a Pujol del desfalco de Banca Catalana, punto de arranque del proceso separatista, negocio familiar que permitió el acopio de millones incalculables de pasta gansa catalana para la compra de voluntadesurbi et orbi.Aznar le entregó luego las llaves de la finca para hiciera lo que quisiera. Supongamos que se equivocaron por ambición y sin ser conscientes de las consecuencias, a pesar de que algunos ya advertimos, entonces, de la que se nos venía encima y de costado.

Bueno, supongamos lo que sea, lo que hoy no es admisible es que ni uno ni otro sean capaces de reconocer su error, no ya su culpa. Yo estaría dispuesto a olvidarlo si al menos tuvieran ahora claro qué hay que hacer. O no intentaran, como en el caso de Felipe, confundir y darle aliento al separatismo al modo Iceta, ofreciéndole la puerta de salida de la "federalización". ¡Qué manía la de alargar los polisílabos con sobrederivaciones como si se tratara de elongar el pene! ¡La constitucionalización de la plurifederalización del Estado!

No sabe Felipe, ni ninguno de los federalistas, qué carallada es eso de la "federalización" salvo un eufemismo para otorgarles de hecho la independencia a Cataluña, Euskadi, Galicia y etc., pero viene a decir que, para evitar problemas con la independencia, lo mejor es otorgarla de hecho (y de derecho, pero de forma encubierta) mediante la federalización, que es lo mismo que la indefinible "nación de naciones", el cheque que Pedro Sánchez lleva en su cartera para comprar su posible continuidad. Los supremacistas no dudarán en subirse a este tren que les brindará "la mejor ocasión que han visto" en un siglo para saltarse definitivamente cualquier barrera democrática.

Que no, que no hay tercera vía, sino vía muerta. Que seguir creando la ilusión de un apaño torticero e ignorar que éste no es más que un asunto de fuerza (esto lo tienen muy claro los independentistas), y que llegado a este punto sólo hay una "salida seria" que es la imposición democrática de la fuerza frente a los que quieren imponernos, por la fuerza de los hechos, la segregación.

Que aquí el problema no es cómo unos pocos se reparten el poder y lo disputan entre sí, sino cómo se impone el poder democrático de la mayoría, cómo prevalece el interés común que es el interés de todos los españoles sin distinción de origen o apellido, sobre el proyecto egoísta y supremacista de unas oligarquías que quieren dar un paso más en su proceso de usurpación y apropiación indebida de un territorio y unos bienes que son de todos, fruto del esfuerzo histórico y colectivo de millones de españoles durante siglos.

Que hoy España no es ninguna entelequia esencialista, sino una realidad social, política, económica, cultural y territorial consolidada, constituida como un Estado democrático en el que están garantizados los derechos fundamentales de todos sus ciudadanos. Que España es hoy la única garantía de la unidad e igualdad de todos los españoles, por eso hoy más que nunca la idea de España es revolucionaria, de izquierdas (de una izquierda ideal y emancipadora, no de la izquierda cutre y reaccionaria actual), más que de derechas (que sigue sin saber qué hacer con España, si volverla católica, apostólica, foral, liberal o progresista).

sábado, 6 de abril de 2019

FOBIAS Y FILIAS


La lista de fobias y filias es infinita. A casi todo, y a todos, podemos odiar, amar, rechazar o apegarnos. La fobia es una aversión obsesiva y compulsiva. La filia, una atracción incontrolada y excesiva. La psicología describe fobias y filias de todo tipo. Son una prueba de que lo irracional forma parte del ser humano. Nadie está libre de estas reacciones impulsivas, que condicionan nuestra vida.

Estamos en época de elecciones, y viene a propósito el reflexionar sobre este fenómeno aplicado a la política. Empiezo reconociendo que todos estamos atrapados por nuestras fobias y filias, aversiones y adhesiones incondicionales. Uno tiende a pensar que está libre de prejuicios, que no se deja arrastrar por factores emocionales a la hora de analizar lo que dicen y hacen los políticos. Yo lo intento, y creo ser bastante objetivo y sensato en mis juicios, pero al mismo tiempo compruebo que no puedo evitar esas reacciones, sobre todo las fobias y manías, por más que procuro controlarlas o justificarlas con argumentos racionales.

Lo cierto es que, por encima de cualquier razonamiento, exposición de hechos o valoración de propuestas, la mayoría reacciona anteponiendo a todo ello sus fobias y filias, simpatías y antipatías. Nuestros juicios políticos acaban dependiendo de algo tan expeditivo como un "me cae bien" o "me cae fatal". Seguramente es algo muy humano, un recurso evolutivo necesario ante lo imprevisible de la conducta de nuestros semejantes.

El problema está en que nunca tenemos acceso directo a las verdaderas intenciones de los demás. Lo más fácil sería fiarnos de la palabra del otro cuando nos manifiesta o explica sus propósitos, pero la experiencia nos dice que nunca hemos de fiarnos de las buenas palabras e intenciones, y menos en política. De palabras y promesas incumplidas están las hemerotecas llenas, y las videotecas, los parlamentos y demás almacenes de la política. Si las palabras no son de fiar, uno necesita orientarse por alguna otra señal, y es aquí donde entran en juego las simpatías y antipatías personales.

Y es aquí donde también intervienen los asesores de imagen, los equipos de comunicación y demás instrumentos de manipulación e ingeniería social. ¿Hasta qué punto son eficaces estas maniobras orquestadas en la oscuridad de los equipos de campaña? Supongamos que de los posibles votantes, un 40% tiene ya decidido su voto en función de fobias y filias bien arraigadas; otro 30% ya ha decidido no votar y el 30% restante todavía no ha decantado su voto. Los primeros, incondicionales, se identifican con los representantes de sus respectivas opciones políticas y sus mensajes. El 30% dudoso, el decisivo, no sabe a quién votar, aunque sí a quién no votar, porque votar es, en primer lugar, no votar a quienes nos caen mal o fatal.

Así que lo decisivo es crear una corriente de atracción y simpatía con el fin de provocar en los dudosos cierta identificación personal. Y aquí intervienen decisivamente esos mensajes breves, simplificados, relacionados con problemas y preocupaciones generales, con miedos y amenazas, pero también con deseos e ilusiones futuras: emigración, Cataluña, autonomías, vivienda, sanidad, paro, terrorismo, inseguridad, turismo, desigualdad... Un terreno complejo y para el que no existen recetas ni soluciones fáciles.

Mi conclusión es que no hay modo de aventurar el resultado de las próximas elecciones, que yo espero depare sorpresas, sobre todo porque no existen líderes lo suficientemente atractivos como para inclinar el flujo de simpatías a su favor de modo mayoritario. Si hablo por mí mismo, he de confesar que mis fobias y antipatías van casi por igual hacia todos los candidatos, así que mi voto va ser por descarte. Llegado a este punto, me dejo llevar por las"fobias estéticas".

Me explico. Soy hipersensible a las "apariencias", me fío mucho de ellas. En esto sigo a mi compatriota Moisés de León, que dijo que todas las cosas de este mundo tienen una parte visible y otra invisible, y que la visible revela la invisible. Así que no puedo con la impostura. Rechazo instintivamente a los que no desprenden naturalidad, armonía entre lo que piensan, dicen, sienten y padecen.

Y por eso me repelen los rostros asimétricos, los ceños fruncidos, las miradas turbias, los ojos opacos, los cuerpos ovoides, los hombros encogidos, los gestos crispados, las voces acartonadas, los andares pomposos, las sonrisas forzadas, los timbres agudos, la fonética flatulenta, las caras de cemento, las melenas encoletadas, los flequillos desflecados, el léxico insulso, la prosodia engolada... Cada uno es hijo de sus fobias.

viernes, 29 de marzo de 2019

NEUROGÉNESIS NACIONAL


Hasta hace poco nos decían que neurona muerta, neurona perdida para siempre. Que el cerebro era irrecuperable. Como metáfora de la vida, parece acertado. Lo muerto, muerto está. El pasado, pasado. Así es. Pero puede que no tan así. Que las neuronas mueran, como todo, pero también se regeneren. Porque casi todo lo que muere puede renacer. La flecha del tiempo no va tan recta, sino en zigzag, porque va y viene. Le llaman neurogénesis. Dicen que hasta los 90 años siguen renaciendo neuronas en un cerebro sano y estimulado. Bueno, yo creo que hasta la muerte, e incluso después, al menos durante un tiempo. Es posible que no muramos ni tan de repente ni tan del todo.

Quisiera pensar que también puede existir una neurogénesis nacional. Que el cerebro colectivo tiene capacidad de regenerarse. Dos enemigos le acechan, nos acechan: la depresión y el estrés. La depresión y el estrés son máquinas destructoras de neuronas. Confieso que estoy atacado por esos dos males, que muchas veces van unidos. Depresión ansiosa, ansiedad depresiva. La depresión nace de la incapacidad para resolver un conflicto, alejar un peligro, vencer una dificultad. Las fuerzas flaquean, el pesimismo paraliza, el derrotismo anticipa la derrota. Viendo y oyendo, observando y razonando sobre lo visto y oído cada día a nuestro alrededor, es difícil no dejarse llevar por la depresión nacional.

O por la ansiedad, igualmente destructiva. Porque uno ve con claridad primaveral lo que habría que hacer para conjurar los males y alejar los peligros. Lo dice, lo escribe, lo comenta con los pocos o muchos amigos que uno tiene (imposible saberlo hoy día), pero no sabe el alcance de todo ello, y sospecha que es casi nulo, porque el proceso neuro-degenerativo parece mucho más poderoso y extendido que el de la neurogénesis nacional.

Muy difícil, sí, no dejarse arrastrar por el pesimismo y la ansiedad. Dura prueba, pero de la que hemos de salir más serenos, libres, decididos y clarividentes, porque sólo desde la claridad de ideas, la firmeza de las convicciones, la determinación que nace de la verdad, la defensa del bien común, la igualdad y la justicia, podremos estimular esa neuro-regeneración nacional, el resurgir de impulsos ocultos, fuerzas revitalizadoras que sustituyan a la depresión y desesperación actuales.

Entre tanto, no nos queda otro camino que seguir denunciando el proceso degenerativo y autodestructivo en el que ha entrado el cerebro colectivo, el organismo neuronal de la nación, si atendemos a las manifestaciones y los propósitos cada día menos encubiertos de quienes se ven ya haciendo la autopsia al cadáver de la nación. Lo digo porque parece cundir el miedo a que vuelva a gobernar Pedro Sánchez con su comparsa de enterradores. Peligro real, que nos podría llevar al enfrentamiento civil (o sea, al triunfo de la depresión y la desesperación), enfrentamiento que puede adoptar muchas formas, hoy inimaginables.

Los síntomas son alarmantes, pero yo confío en la fuerza de la biología. A pesar de todo. No es optimismo, es aceptar que no es tan fácil que una nación se suicide, que la mayoría caiga en un estado de hipnosis colectiva irreversible. Esto supondría, al menos, que las fuerzas degenerativas actuales (PSOE, Podemos y todas las marcas, mareas y conglomerados separatistas y nacionalistas) alcanzaran la mayoría.

Para que esto no ocurra, y en tanto no surja otra izquierda, es necesario desenmascarar y atacar sin descanso a esta izquierda reaccionaria, servidora de las oligarquías territoriales supremacistas, que ha sustituido aquel "proletarios del mundo, uníos" por el "trabajadores de España, dividíos". No luchéis por la igualdad, por leyes que os defiendan a todos del abuso de los poderosos, sino por sus privilegios y el reparto de poder entre ellos.

Lo peor de todo es el servilismo y el acobardamiento de los medios. Fue bochornoso ver el otro día a Iglesias defendiendo su residencia de neopijo diciendo que él tenía derecho a pagarla con una hipoteca de "900 euros al mes a 30 años". No hace falta coger la calculadora para descubrir la patraña de semejante afirmación. Suponiendo que le haya costado 600.000 euros (precio muy por debajo del de mercado), necesitaría, no 30, sino 60 años para pagar la deuda. Que pueda hacerlo, además, gracias a la existencia de los bancos, contra los que lanza soflamas y amenazas porque encarnan lo más abominable del sistema capitalista, es cinismo vomitivo. Pero los entrevistadores callaron, enmudecieron. Hacen lo mismo otros los medios, a los que intimida insultándolos. ¡Y seguimos cambiando la hora!

miércoles, 20 de marzo de 2019

LA LENGUA Y LOS LENGUADOS


Sigo bajo el síndrome de lo políticamente insólito e incomprensible. Me preocupa, porque esto puede degenerar en enfermedad mental y acabar yo siendo víctima de mi mismo. Ciertamente es peligroso enfocarse en descubrir despropósitos y desvaríos, porque uno acaba viéndolo todo del mismo color que el cristal del absurdo con que mira. Es fácil perder la cabeza, y difícil controlar a las neuronas, siempre dispuestas a conectarse y establecer los vínculos más insospechados. 

Reflexiono aquí sobre un problema evolutivo irresoluble: nuestro cerebro ha adquirido una capacidad descomunal para establecer sinapsis ilimitadas, pero sólo una pequeña parte de ellas puede ser controlada por la zona prefrontal, que al parecer es la única que puede iluminar un poco la caverna platónica en que vivimos. Hay una tendencia asociativa que es muy valiosa para generar cambios, descubrir y crear nuevas realidades, pero que, al mismo tiempo, nos lleva a la perdición. Todo se puede asociar con todo, en todo podemos encontrar ecos, resonancias o semejanzas, y basta establecer algún vínculo entre dos realidades para despertar la sospecha de que existe entre ellas alguna relación causal.

Podríamos hablar del "cerebro asociativo automático", que siempre va por delante del cerebro racional, mucho más limitado porque es incapaz de procesar la marea infinita de datos que circulan por esta "red de redes" neuronal. Lo más sorprendente es que este entramado no colapse, no se autodestruya por saturación, por el choque y la incompatibilidad de las informaciones y el batiburrillo de datos almacenados. Para evitarlo, funciona un mecanismo de simplificación eficacísimo: unos pocos conceptos y mensajes se convierten en pilares y guías que filtran toda la información que recibimos. Toda la actividad cerebral contradictoria queda así secuestrada o anulada.

Acudo a estas consideraciones neuro-filosóficas para tratar de entender algo de ese discurrir de noticias inquietantes que absorben nuestra atención cada día. Es aquí donde yo observo la fuerza de esa ley asociativa. Ideas y creencias estrafalarias dan lugar a actos inusitados. Un ejemplo: la concentración independentista de Cibeles. Cualquiera que oyera los discursos que allí se pronunciaron creería haber sido teletransportado a otro planeta.

Nunca seres más enloquecidos habían ensartado mayores desatinos. Gritar, por ejemplo, el "no pasarán" de hace 80 años, como si estuviéramos combatiendo al fascismo, es delirio histórico y, además, estúpido, porque resulta que sí pasaron, y cómo. El separatismo delira, sí, y por eso es más peligroso. La España que inventan se basa en esa capacidad de asociación incontrolada de nuestro cerebro pre-racional. Ahí pinchamos en hueso, un hueso duro de roer.

Así que es ley de la miseria política en que vivimos, el confundir y mezclar el culo con las témporas, la velocidad con el tocino, churras con merinas, el magnesio y la gimnasia. Y añado yo: la lengua y los lenguados. La fonética y las imágenes tienen vida propia, son significantes que, como las partículas subatómicas, siguen trayectorias invisibles y se acaban asociando con todo lo que pillan. Todo lo que puede ser dicho, aunque sea un imposible, ya existe por sí mismo. La sintaxis es todopoderosa, crea el mundo.

Digo lengua y lenguados, porque aquí funciona la semejanza mórfica y la resonancia fónica como factores asociativos. De lengua (órgano anatómico) deriva lenguado, pero nada tienen que ver. Lengua, lenguado y lenguadina son peces planos de la familia de los pleuronectiformes, parecidos, pero de distinta textura y sabor. Por eso es muy fácil que nos den lengua y lenguadina (incluso gallo) por lenguado.

Puestos a descubrir rarezas, el lenguado tiene una rara característica, que es tener los dos ojos del mismo lado de la cabeza, así que es asimétrico. Uno de los ojos, que al nacer está en su sitio, emigra luego al otro lado. Le viene bien, porque como se pasa la vida echado del mismo lado en el suelo y medio oculto, necesita los dos ojos para ver a sus presas, porque es carnívoro. Así que mira de un solo lado, como, por lo demás, hacen muchos políticos lenguados (también los hay merluzos y besugos), que no de frente.

P.D. Espero, aunque me temo, que el juicio a los separatistas catalanes no acabe siendo otro ejemplo de mi teoría asociativa delirante, en el que las palabras anulen a los hechos, la palabrería construya una realidad alternativa. ¿No ha dicho Trapero que él tenía un plan para detener a Puigdemont y eso ha pasado por un hecho, sin que nadie le haya pedido pruebas y concreciones?

lunes, 18 de marzo de 2019

LA FUERZA DEL DESATINO




Marx trató de demostrar que las ideas son construcciones mentales cuyo origen hay que buscarlo en las condiciones materiales. La superestructura ideológica, por definición, se levanta sobre una estructura material previa. La teoría tiene consistencia lógica, pero eso no basta para otorgarle la condición de científica. Si observamos la realidad y repasamos la historia, este determinismo causal resulta indemostrable. Colocar por un lado las ideas (tanto da que sean racionales o irracionales) y por otro las condiciones materiales (económicas, productivas), puede resultar práctico, pero nos impide alcanzar una explicación satisfactoria de lo que realmente ocurre en la sociedad y la historia.

Se observamos la realidad de los hechos, es imposible sustraernos a la sensación de desorden e improvisación que muchas veces presenta, ajena a la concatenación lógica de las causas. Nos llama la atención, además, la dinámica interna de las construcciones mentales y su relativa independencia de las condiciones económicas. Pero sobre todo nos sorprende la fuerza de las ideas absurdas, irracionales, disparatadas. La historia es, en gran parte, el desarrollo de un desatino, especialmente en los momentos críticos. Podríamos hablar, no de la "fuerza del destino", sino del "poder del desatino".

El pasado viernes se presentó en la Casa de León de Madrid el libro "Los judíos y España después de la expulsión", del leonés Isidro González, el estudio más importante y documentado sobre las complejas y tortuosas relaciones entre judíos y españoles a lo largo de los últimos cinco siglos. Imposible entender la historia y la cultura de España sin tener en cuenta la influencia judía en todos los ámbitos. El tema ha cobrado especial interés a raíz del separatismo, que ha alentado el resurgir de la leyenda negra, uno de cuyos pilares es la expulsión de los judíos y la actuación de la Inquisición, paradigma caricaturesco de "lo español". El libro de I.González, entre otras virtudes, demuestra lo infundado de esa leyenda.

En el animado debate que siguió a la presentación, estuvieron brillantes mis colegas de mesa, José Andrés Gallego, Pedro Insua y el autor, que nos dejó con ganas de más, conocedor como es de los entresijos de esa historia de amor y odio entre judíos y españoles que ha llegado hasta hoy. Yo al final esbocé una reflexión, que ha dado pie a este artículo: el antijudaísmo encontró un fundamento sin el cual seguramente hubiera carecido de la fuerza y el arraigo que ha mantenido durante tantos siglos: la acusación de deicidio.

El "deicidio" es una construcción imaginaria disparatada, no sólo por carecer de cualquier fundamento histórico, sino por el concepto en sí mismo. "Matar a Dios" es algo absurdo y de una incoherencia, además, insostenible, porque resulta que gracias a ese hecho, toda la humanidad se ha librado de una condena eterna. Los supuestos autores, lejos de convertirse en la "raza maldita", deberían ser considerados un instrumento necesario en manos de Dios a los que habría que agradecer, en último término, su salvadora intervención. Pero ahí está esta terrible acusación, como roca indestructible, atravesando los siglos, hasta encontrarla en los discursos de curas y obispos durante la "cruzada" de nuestra última guerra civil, como bien recoge I.González en su libro.

El desatino, sí, convertido en una construcción mental, simbólica y lingüística, puede adquirir una fuerza poderosa, y poco importa su incoherencia, su irracionalidad o su naturaleza imaginaria. No somos seres racionales, sino delirantes, y sólo nos libra del desastre definitivo el intento de controlar la propensión al desatino, una tarea hercúlea, pero de la que depende nuestra supervivencia. Ya lo vio así Cervantes, quien dijo que su mayor logro literario había sido el "mostrar con propiedad un desatino". No otra cosa hizo don Quijote, sino mostrar con propiedad su propio desatino y el de los demás, para así tomar conciencia de él y controlarlo.

Mostrar con propiedad, por ejemplo, el desatino separatista, ya que no está en nuestras manos el impedir el delirio (por sí mismo contagioso), sino sólo el controlarlo y estar vigilantes, porque nada más fácil que pasar de un desatino a otro. Apliquen mi teoría a los avatares, cambalaches y tropelías del momento político actual, y díganme si no perciben esa fuerza cegadora del desatino agitando neuronas, gestos y palabras, profiriendo anatemas y acusaciones de "deicidio". O simples disparates. Vean cómo la ministra Celaá se despidió el otro día, el de la gran ostentación feminista: "Espero que ustedes pasen, ustedes, vosotros y vosotras, ustedes, ellos y ellas, un buen día". ¡Qué grande, Cantinflas!


viernes, 8 de marzo de 2019

A QUIÉN VOTARÍA


Voy a mojarme y, a volapié, decir a quién votaría, colocando el estoque en la cruz del morlaco de la política, hoy perdido en el ruedo y con los tendidos en pleno desconcierto, no sabiendo si silbar o agitar los pañuelos blancos. No veo ningún partido que hable claramente de todo esto, razón de más para expresar mis deseos, taurinos por utópicos, o al revés. Así que votaría (el orden no importa ni altera el conjunto):

-A quien presentara un plan para sostener y aumentar las pensiones, estableciendo esta partida presupuestaria como prioritaria e irrenunciable, así como para asegurar ayudas y atención a todas las personas mayores y dependientes, especialmente dentro del hogar y la familia.

-A quien persiguiera implacablemente el fraude fiscal, la evasión de capitales, el dinero negro de la prostitución y el narcotráfico, la  corrupción y malversación de fondos públicos o su empleo para la propaganda separatista.

-A quien impidiera los salarios de miseria, el trabajo no remunerado y los horarios fuera de contrato, los trabajos precarios y temporales no justificados, la discriminación laboral por cualquier motivo, el maltrato y abuso de mujeres, jóvenes o inmigrantes.

-A quien promoviera la sustitución del actual sistema autonómico por otro más eficaz y menos costoso, que respete el principio de igualdad de todos los españoles.

-A quien asegure un sistema sanitario único y universal, con igualdad de servicios en toda España, sin barreras burocráticas ni territoriales.

-A quien se propusiera la eliminación de las policías autonómicas, unificando de modo jerarquizado la tarea de todos los cuerpos y fuerzas seguridad del Estado.


-A quien quisiera reformar la Constitución para que quedaran fuera de la ley los partidos que propugnan la fragmentación o destrucción de la nación española; eliminar cualquier referencia a derechos históricos, privilegios forales o blindaje de competencias contrarias a la unidad e igualdad entre todos los españoles.

-A quien defendiera y regulara un mercado unificado, anulando las disposiciones que lo impiden, laborales y fiscales, facilitando la movilidad geográfica y social y el acceso a la función pública en igualdad de condiciones en toda España.

-A quien se comprometiera a acabar con la producción, la importación y el mercado ilegal de las falsificaciones y la economía sumergida.

-A quien promoviera de verdad una economía sostenible y el avance de las energías renovables, especialmente la energía solar, tanto en la actividad productiva como en la economía doméstica, así como la eliminación y control de los residuos plásticos y contaminantes.

-A quien propusiera un plan global de revitalización del mundo rural basado en la artesanía, la pequeña industria, el turismo, el patrimonio natural y arquitectónico, la agricultura y la ganadería sostenible, ecológica y de calidad, con infraestructuras y servicios dignos.

-A quien se propusiera reformar la Agencia Tributaria eliminando las normas abusivas que rigen su funcionamiento, estableciendo un único sistema tributario y de control en toda España.

-A quien revisara el actual corpus legislativo, eliminando aquello que no fuera estrictamente necesario y basado en la defensa del orden y bien común, regulando con mayor claridad, al mismo tiempo, la actividad de las entidades bancarias, la construcción, la defensa del medio ambiente y las costas, el patrimonio natural, artístico y religioso, etc., ámbitos en los que el Estado debe actuar por encima de cualquier interés particular.

-A quien se comprometiera a revisar todas las ayudas, subvenciones, desgravaciones y exenciones fiscales(incluidos partidos, sindicatos, asociaciones, etc.), eliminando aquellas que no tuvieran una clara justificación social, así como los organismos públicos o semipúblicos que no acrediten su necesidad y contribución al bien común.

-A quien defienda el derecho a recibir toda la enseñanza en español en todos los niveles educativos y en cualquier lugar de España.

-A quien impida la imposición monolingüe del vasco, el catalán, el gallego o cualquier otra lengua distinta del español en la administración, la vida pública y la comunicación de los ciudadanos, eliminando cualquier norma contraria al principio de libertad de elección lingüística de los hablantes en el ámbito público y privado.

-A quien suprima cualquier privilegio económico y fiscal de las organizaciones religiosas, así como la enseñanza específica de cualquier religión en las escuelas públicas, incluyendo, sin embargo, el conocimiento de las religiones de acuerdo a su importancia histórica y cultural.

-A quien defienda objetivamente la historia de España y luche contra la leyenda negra y la difusión de las mentiras y tergiversaciones nacionalistas, impidiendo cualquier adoctrinamiento supremacista y xenófobo en la enseñanza.

-A quien respete la diversidad étnica, religiosa, sexual, lingüística y cultural, pero que no la use como arma política e ideológica, ni convierta la identidad personal en un derecho regulado por normas contrarias al principio desigualdad de todos los ciudadanos.

-A quien promoviera una verdadera unión ibérica con Portugal en todos los ámbitos, respetando la soberanía de los dos Estados.

-A quien defendiera avanzar hacia los Estados Unidos de Europa, no cediendo, sino compartiendo soberanía y promoviendo un modelo social basado en los valores de la igualdad, la justicia, la libertad y la democracia, capaz de impedir el avance de ideologías populistas, racistas y totalitarias, así como la lucha contra el fanatismo religioso, el islamismo terrorista y el antisemitismo.

Pues por ahí va la cosa. Si encuentran algún partido que encare con seriedad, claridad y sin escamoteos ni prevenciones, estos problemas, me lo digan, por favor, mesedez, si us plau, graciñas.

jueves, 28 de febrero de 2019

POLÍTICA Y METAFÍSICA


Supongamos, con Espinosa, que sólo existe una única sustancia, y que todo lo que vemos y no vemos son transformaciones, combinaciones, movimientos de esa sustancia inconcebible e inabarcable. Si todo deriva de una única sustancia infinita, no por creación ni emanación, sino por pura necesidad interna, eso de la libertad o la finalidad no son más que ilusión. Todo está sometido a un orden divino necesario, por más que desconozcamos las causas que determinan cuanto acontece y cuanto hacemos. Aceptar este determinismo metafísico (tanto da que esa sustancia ontológica la concibamos como material o espiritual), y practicar el ascetismo racional que de ello se deriva, son la única fuente de la felicidad.

¿Y dónde colocamos, dentro de esta sinopsis, al pensamiento y la conciencia? El pensamiento, la razón y la conciencia son también atributos de esa única sustancia y forman parte de esa cadena inevitable de causalidad o necesidad interna que da origen a todo cuanto existe y sucede. No es posible ninguna intervención externa, todo es inmanente, y ni siquiera la pasividad o el fatalismo pueden ser el resultado de una decisión externa que nos pudiera situar fuera del mundo.

Así que aquí estamos, en medio del chapoteo de la política del mismo modo que la Tierra da vueltas alrededor de sí misma al tiempo que circula a velocidades descomunales por el universo. Y sin darnos cuenta, porque el encadenamiento de causas supera cualquier comprensión. Atisbar un poco esa infinita acumulación y concatenación de causas nos produce vértigo, y en estas estamos, digo, ahora mismo, porque detrás de todo, también de la política, está el abismo, y hay momentos en que esa percepción se hace tan imperiosa como paralizante.

Viene esta reflexión metafísica a cuento, porque intentar poner un poco de orden en el desconcierto general en que nos ha metido hoy la política es tarea casi imposible. El distanciamiento a que nos invita Espinosa, aceptando nuestra limitación e inmanencia (no somos dioses creadores), nos ayuda a relativizar las convulsiones del momento y a no perder la cabeza ante todo lo que nos resulta inconcebible, como son la mayoría de las decisiones políticas que vemos cada día.

Vistas desde esta distancia, tampoco son tan importantes las elecciones anunciadas, ni tan decisivo a quién elijamos. Me lo digo a mí mismo, y no para aconsejar a nadie; porque, ante un panorama políticamente tan embarullado, sólo sé a quién no votar. Y si sigo así, como no quiero votar a ninguno de los que se presentan, lo mejor va a ser no votar a nadie. No sé cuántos españoles se encuentran en la misma situación, pero sospecho que muchos más de los que recuentan las estadísticas.

Claro está que acabaré votando al menos malo, y esto confirma una vez más que mi decisión no será libre, sino fruto de la necesidad. Lo repito para quitarme esa carga extra de responsabilidad que parece venirnos encima a quienes nos atrevemos a hablar y escribir de política, advirtiendo a los ciudadanos sobre los males que acarrea apoyar a políticos mendaces, egópatas, psicópatas y plagiadores, aunque formen parte de esa cadena de causalidad invisible que mueve todas las cosas en este perro mundo.

Pero si tengo que dar alguna pista, me adelanto para anunciar que no votaré jamás a los traidores. Dante, en su Divina Comedia, nos describe el último círculo del infierno, el noveno, como un lago de hielo donde van a parar todos los traidores. La traición nos hiela el corazón, nos paraliza la frialdad del traidor, que no es aquel que no puede cumplir lo que promete, sino quien promete lo que no puede cumplir, ni le importa; aquel al que ningún compromiso obliga, porque a nadie ni a nada se siente atado.

Si todo se puede incumplir, si entre el decir y el hacer no hay ningún vínculo ni responsabilidad, ¿qué sentido tiene la política, qué fundamento? Basta aplicar este simple criterio para no tener dudas, al menos, sobre qué partidos y qué traidores no merecen ni segunda ni primera oportunidad. Traición a los principios básicos de igualdad ante la ley, de unidad política, de justicia social, de protección y seguridad, de libertad de pensamiento, de libertad lingüística, de respeto al orden constitucional, de lucha contra la corrupción, el supremacismo y la mentira.

Sí, es hora de que salgamos del círculo infernal de los traidores, aunque sólo sea por "necesidad metafísica". Hora de volver a pronunciar sin miedo aquella antigua consigna de "¡muerte(política)a los traidores!"

jueves, 21 de febrero de 2019

GORJERÍAS POLÍTICAS


(De gorjeo, canto de pájaro o gorgoritos de niño. En mala imitación de las greguerías ramonianas. También pudieran ser golferías).

Pedro I el Breve, cruel destino, no volverá a gobernar aunque lo sueñe Sonsoles y su perrita Turca, que ya se había acostumbrado a buscar ratones bajo las alfombras y la entrepierna de los sillones de la impostura. El que aspiró a agotar la paciencia de la legislatura, ceño adusto, ojos opacos e ira contenida, lo ha anunciado con énfasis afásico y cara en la que ni el maquillaje pudo ocultar los golpes del cincel, ¡oh la cruda y dura realidad! No volverá porque no podrá, y será como un desahucio exprés, tan larga la ambición y tan breve el placer.

Veo la cara de pájaro recién caído del nido del ministro astronauta, al que la piel casi no le llega al cuello, y tampoco él lo entiende, porque nada sabe de finanzas ni finiquitos. Y a la histeroide ministra presupuestaria precipitarse contra la nada después de aparecer sobre el cielo parlamentario como una ráfaga henchida de vacua arrogancia. ¿Y la cara desabrida de la ministra portavocera, podrá contorsionarse más? ¿Y qué pensará esa ministra de ojerones tiznados, cuyo nombre no recuerdo? ¿Y qué decir de la otra feministra, la lenguaraz, que se pasa del despectivo maricón a la obsesión trifálica, sin solución de continuidad freudiana?

Y no quisiera hablar mal de Borrell, tan borroso, tan esponjoso, tan relamido él cuando se tiene que mezclar o dirigir a la chusma que pide, no la cabeza, sino prisión justa para los agolpados, los asaltadores y salteadores de la casa común. El Borrell que ha envejecido por los ojos, que es donde más duele porque más se nota. Perder la mirada es andar perdido, metonimia de ida y vuelta, el contenido por el continente, el humo por la hoguera que se apaga. Le quedó un rescoldo de dignidad y no aplaudió la llegada del jefe derrotado, simulando tener ocupado el metacarpo con el móvil, esa escena de elocuente ridículo y rubor ajeno, la sala del Consejo de ministras y ministros palmeando (o palmipedando) el happy end.

No hablo, no escribo, son las imágenes amontonadas en la retina que pían como polluelos. Y veo a Felipe, físicamente mejorado, que dice cosas sensatísimas del sanchismo claudicante, pero hete aquí que pronto se arrepiente y da por bueno el reculeo atrabiliario de la ministra que ahora pinta calvo todo lo que ayer fue turbio, tanto que alarmó también a Guerra, mucho más creíble en su diatriba, quizás porque tiene menos vergüenzas pujolistas que ocultar. Pedrito, ¿quiénes, cómo y con qué te amenazaron, para que tan rápido hicieras como que no habías hecho?

¿Balance de estos nueve meses embarazosos? No, sino balanceo, vaivén a merced del viento, ahora para allá, ahora para acá, pero siempre anclado sobre el mismo punto, el de una egopatía tan simple como reconcomida. Por lo que un ministro y una ministra dimiten, otros se quedan, incluido el cabecilla de la trama impostora, primer plagiador del reino, primus inter pares. ¿Y la exhumación de la momia de Franco (no son sólo huesos, que está el general embalsamado), ese coitus interruptus, emblema de este gobierno gestante y gesticulador, que ha acabado pariendo un ratón?

Entretanto, dice el obispo sacristán Junqueras, orondo y lirondo, que él, el impulsor de las urnas funerarias, no ha querido destruir España porque la ama, y mucho. Y remata el otro, el del verdín en los dientes tarados, que la democracia está por encima de la ley, y esa es la doctrina fundante, fulminante y fulgurante del derecho inalienable de autodeterminación, o sea, de autodestrucción de lo único que hasta ahora es y ha sido, España, propiedad común de leoneses, catalanes y etcétera, todos iguales, por españoles, en derechos y deberes.

Y concluyo: Verde era el conejo blanco, roja la mirada de la hormiga, y negra la sangre azul de los cisnes. Que el color no existe sino en nuestro ojo, que todo lo pinta del color con que mira, así que este efímero gobierno será como un embarazo psicológico para los que creyeron en la fuerza genésica del aire. Yo, chamuscado como la jara en verano, compruebo una vez más que la política vive del delirio, y me admiro al comprobar lo difícil que es convencer a los creyentes de que llevan en la cabeza una bacía, no el yelmo de Mambrino. Bacía vacía, de la que deriva bacinilla. Malos tiempos para la próstata apostólica, que tocan a maitines y llegan los mítines. Y así hasta finales de mayo.

jueves, 14 de febrero de 2019

PARÁLISIS MENTAL



Los ocultó Pedro Sánchez en aquella abyecta declaración de Pedralbes. Ahora Torra los saca para presionar aún más. Los 21 puntos de la infamia con los que, sin eufemismos, el separatismo exige al Gobierno que claudique, que acepte como irremediable e irreversible la independencia de Cataluña. Y Sánchez dice que sí, que vamos a "negociarlo", que vamos a ver "cómo hacemos efectiva la voluntad del pueblo de Cataluña", o sea, la ruptura definitiva con España (pero así, como que no se note, al menos de momento). Cada punto es una provocación, un insulto, un escupitajo, un vómito contra la democracia y la Constitución, un ataque directo a todos los españoles, incluida más de la mitad de los catalanes.

Todo el andamiaje de conceptos sobre los que se levanta esta proclamación de guerra (un día será estudiada como las tesis que Lutero clavó en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg), parte del hecho de que Cataluña es una entidad esencial propiedad exclusiva de los independentistas y que es inevitable que sea reconocida como tal, o sea, que sea independiente de derecho, porque ya lo es de hecho (un hecho histórico irrebatible). La basura ideológica y política que rezuma cada punto, la hediondez supremacista que supura, la nauseabunda mentira que expresa cada frase debería hacer saltar las alarmas de todas las instituciones del Estado y poner en pie de guerra democrática a todos los españoles de bien, que somos la mayoría.

Empieza este libelo diciendo que "no se puede gobernar contra Cataluña". Cataluña, repitámoslo, no es otra cosa que el conjunto de ciudadanos que viven en Cataluña y que lo son por ser españoles, única realidad que les convierte en sujetos políticos y de derecho. Contra esa Cataluña real está gobernando desde hace 40 años el separatismo. Así que habrá que decir que sí, que no se puede seguir gobernando contra Cataluña y contra el resto de España.

Los siguientes puntos no hacen más que reiterar hasta la náusea que Cataluña (o sea, los separatistas) es independiente y soberana, y que lo único que exige es que esta realidad se reconozca internacionalmente y de modo efectivo, para lo cual sobran jueces, juicios, leyes, Constitución, Parlamentos y todo lo que estorbe. De modo sarcástico adornan esta usurpación e imposición apelando a la "separación de poderes", la "independencia judicial", los "Derechos Humanos" y la "ética política". Hasta dicen preocuparse por "la calidad democrática de España". Para argumentarlo dedican los últimos diez puntos a denigrar la realidad democrática de España pidiendo un "proceso de desfranquización".

Lo sorprendente es que algo tan descaradamente beligerante, tan ostentosamente humillante, tan repugnante y antidemocrático, no haya provocado mayor indignación, no se haya desenmascarado con mayor claridad y contundencia por parte de todos los partidos, las instituciones, los poderes del Estado, los medios de comunicación.Sorprende tanta contemporización, tanto miedo a levantar la voz, tanta pusilanimidad.

Buscando una explicación, me atrevo a aventurar una teoría: el efecto "parálisis mental". Lo que el catalanismo separatista (no hay otro) ha logrado (y es mérito indiscutible) es asentar un lenguaje y unos conceptos que, al no ser rebatidos y rechazados de inmediato, producen enseguida una parálisis mental, una incapacidad para el análisis y la crítica racional, un colapso, un atontamiento masivo. Al aceptar el lenguaje impuesto (hay muchos ejemplos, desde hablar del "derecho a decidir" y el "procés" hasta desterrar el topónimo "Lérida") ya todo es parálisis y embotamiento, porque oponerse a usar esa morralla verbal exige esfuerzo y valor: rechazarlo implica ser tachado enseguida de facha y antidemócrata, incluso anticonstitucional.

Los supremacistas separatistas han tenido éxito porque nadie ha querido tomarse nunca en serio, no ya sus intenciones y proclamas, sino los hechos consumados con que han ido creando un cordón sanitario, un círculo de hierro protector que ha asegurado su impunidad, lo queles ha envalentonado hasta el punto de atreverse siempre a dar un paso más. Y nunca han retrocedido, y, aventuro, ni siquiera el juicio previsto les hará retroceder un milímetro. ¡Qué difícil resulta aceptar el mal en estado puro! Es mejor no creérselo, eso evita enfrentarnos a él.

P.D. Fui no de los 200.000 españoles "amotinados" (en palabras de Tezanos) que acudí a la Plaza de Colón el pasado domingo. Podíamos haber sido más, pero me alegró encontrar allí a Luis Corcuera. Deberíamos haber sido más ex-socialistas los que, sin miedo ni complejos, hubiéramos acudido para denunciar la traición de esa banda de los tres (Sánchez-Calvo-Ábalos) que está acabando con el socialismo español.


viernes, 8 de febrero de 2019

LA DEMOCRACIA EXIGE DEMÓCRATAS


Pensar y pesar tienen la misma raíz etimológica, del latín "pensare", que a su vez proviene de "pendere", que significa pender, colgar. La balanza y la romana eran instrumentos en los que se colocaba o colgaba aquello que había que pesar. El peso lo marcaba el "fiel de la balanza". De niño, casi todo cuanto se compraba se pesaba con balanzas y romanas. Son para mí piezas entrañables, evocadoras de olores en tiendas de ultramarinos. Su desaparición indica que el mundo ha cambiado, y nosotros con él. El otro sentido de pesar (tristeza, abatimiento) es un derivado metafórico que une el pensar y el pesar: el mucho pensar puede producir pesar, decaimiento, ese carecer de fuerza para elevarnos y luchar contra la gravedad de la vida.

Si escribir en España, en tiempos de Larra, era llorar, hoy pensar (y escribir lo que se piensa) es también un pesar, un aceptar el peso de lo pensado, hasta llegar a veces al abatimiento. Porquepensar, verdaderamente, es siempre pensar de modo diferente, o sea, no repetir el pensamiento de los otros.Tenemos la mente secuestrada por el pensamiento de los otros. En cuanto pensamos algo distinto buscamos enseguida la aprobación de los demás. Pero repetir lo que otros han pensado no es pensar. Si así fuera no habríamos salido nunca de la manada, la tribu, el clan. Pensar es liberarse de la presión mental de los otros.

La democracia exige ciudadanos que piensen, por eso es tan frágil e inestable.Por eso no hay que darla nunca por sentada. Por eso es tan importante estimar y estimular el pensamiento libre, sin el cual es imposible ser demócrata. Porque existe una estrecha relación entre democracia y pensar. Ser demócrata no es tener una idea fija y preconcebida de todo aquello que debe proponerse, decidirse o realizarse, sino el ser capaz de pensar, sopesar y ponderar en cada momento lo más apropiado, lo que más interesa al bien común y el interés de todos.

Pensar democráticamente es encontrar un equilibrio, un balance entre el interés particular y el general, entre lo que me conviene a mí y lo que conviene a la mayoría. La democracia, como el pensamiento, es sopesar y elegir: entre propuestas, entre proyectos, entre partidos, entre candidatos. Allí donde los ciudadanos renuncian a pensar por sí mismos, allí empieza la democracia a tambalearse.La democracia moderna comenzó con la Ilustración, o sea, con el pensamiento libre. Renunciar a pensar es renunciar a la democracia.

Piensen ahora en Cataluñao en Venezuela, por poner los dos ejemplos de mayor actualidad. Piensen en eso del pensamiento único y entenderán que es incompatible con la democracia. Porque la democracia no es vencer, sino convencer a la mayoría. Y para convencer hay que razonar, ponderar, equilibrar el peso de un pensamiento con el de otro, los intereses de unos con los intereses de otros.

Me produce pesar el comprobar que hoy los partidos han sustituido el pensamiento, no ya por la ideología o las creencias, sino por un no pensar, por carecer, no ya de ideas propias, sino simplemente de ideas. La democracia, o sea, el pensamiento libre, ha desaparecido de su vida. Pensemos en Podemos, en el PSOE o en VOX, por no citar al resto, especialmente a los partidos separatistas, absortos en una sola idea, un único pensamiento.Lo peor es que todos lo partidos creen que lo importante es conseguir "seguidores", votantes "fieles", para lo cual basta con difundir ideas simples, cuanto más vacías, cuanto menos obliguen a pensar, mejor.

Pero repitámoslo: no puede haber democracia sin demócratas, y no hay demócratas allí donde no hay ciudadanos que piensan, que asumen el peso y el pesar de pensar libremente. Sólo las ideas convencen. Los partidos, en una democracia, no pueden ser meros instrumentos de manipulación y propaganda con el único propósito de vencer, anulando el pensamiento.

En época de crisis como la que vivimos, de incertidumbre y confusión, muchos creen que lo mejor es no pensar, renunciar al pensamiento libre, acomodarse al grupo, protegerse en el refugio de la manada, tenga las siglas que tenga. Pero esto es suicida. No tenemos otra salida que la democracia, y no hay democracia allí donde no hay demócratas, o sea, ciudadanos que piensan por sí mismos y confían en su pensamiento. A su pesar, y a pesar de los pesares.

jueves, 31 de enero de 2019

PREVER LO IMPREVISIBLE


En mi tranquila y cambiante vida, que ya empieza a ser como la sombra del ciprés, ¿qué es lo que más me ha costado aprender? ¿Qué es lo que nunca me han enseñado, ni advertido, ni estimulado a desarrollar? Hay una larga serie de verbos que deberíamos aprender a conjugar, a practicar, y esto también podría enseñarse en la escuela: atisbar, avizorar, precaver, alertar, reparar, percatarse, fijarse, observar, prevenir. Desarrollar esa capacidad oculta que a veces llamamos intuición, corazonada, aprensión, sobre aviso: o sea, llegar a prever lo imprevisto y hasta lo imprevisible. Sí, lo sé, esto es un imposible, una contradicción lógica, pero aceptemos la paradoja.

Me refiero a conocer de antemano, a sospechar o suponer que algo puede ocurrir, observando y percatándonos de señales o hechos que están a nuestra vista o alcance y que, de no tener desarrollada esa facultad observadora-anticipadora, acabará pillándonos por sorpresa, a veces con efectos demoledores. Esto vale tanto para nuestra vida personal y diaria como para la colectiva, esa charca en la que nos movemos y agitamos como renacuajos.

Nos cuentan que hemos venido a este mundo para ser felices, y pensamos que la vida plena es aquella que acumula experiencias positivas, que avanza en línea recta hacia objetivos cada vez más elevados y gratificantes; que el fin de la sociedad es progresar ininterrumpidamente, alcanzar cada vez un mayor nivel de bienestar, comodidad, placer, consumo. Necesitamos creer que todo lo que nos rodea estará ahí mañana, cuando nos levantemos, y que si algo se altera superficialmente, pronto volverá a ser como antes, sólido y seguro. Al mismo tiempo, aborrecemos la rutina, anhelamos la novedad, nos gustan los cambios, que siempre identificamos como progreso.

A mí me parece que este modo de encarar la vida, el presente y el futuro, tiene un fallo, comete un error tremendo porque no introduce un elemento que forma parte esencial de nuestra vida y del mundo: el principio de incertidumbre, eso que ya Heisenberg descubrió en el corazón mismo del átomo. Este principio no es nuevo. Fernando de Rojas, en "La Celestina", ya lo expuso de forma admirable. Citando a Heráclito dice que "todas las cosas ser criadas a manera de contienda o batalla". Y traduciendo a Petrarca: "sin lid y ofensión ninguna cosa engendró la natura, madre de todo". Toda guerra o contienda se caracteriza por la imprevisión de su comienzo y la incertidumbre de su resultado.

Todas las convulsiones de la vida política actual confirman la validez de este principio de incertidumbre. Vean a Podemos cómo se desmorona, cómo avanza VOX, cómo el PSOE se tambalea ante el desconcierto de sus electores, cómo Cs titubea y es incapaz de prever las consecuencias de su propia inconsistencia, cómo el PP, por más aspavientos aznaristas que haga, no es capaz de reconocer (y corregir) su culpabilidad en este llevarnos hacia al abismo, ese agujero negro que, aunque invisible, es un hecho previsible. ¿Qué fue de aquella paz?, diremos un día. ¿Qué será de la paz de ahora, de la que todavía gozamos?

Volvamos a "La Celestina". "¿Cómo no gocé más del gozo? ¿Cómo tuve en tan poco la gloria que entre mis manos tuve?", se lamenta Melibea ante el cráneo destrozado de Calixto. Y extiende su reflexión: "¡Oh ingratos mortales, jamás conocéis vuestros bienes sino cuando de ellos carecéis!"

Sí, lo que más me ha costado en mi vida ha sido aprender a prever lo imprevisible, el contar conque el mal, la maldad, la mezquindad, un agujero negro de egoísmo, envidia, desprecio, engaño y traición, anida en el corazón de cualquier ser humano, y que, si eres capaz de observar y atender a las señales invisibles de esa energía oscura, podrás al menos prepararte para el golpe, volverte, no inaccesible, sino transparente para que esa energía siga su camino y no se instale en ti.

Creo que la vida es un misterio insondable, y que para vivirla y gozarla intensamente, es necesario aprender a sufrir los embates de lo imprevisible; que necesitamos no sólo tener experiencias felices, sino dolorosas, adentrarnos en abismos inimaginables, porque sin conocer esos infiernos, jamás podremos valorar la paz, la justicia, el bienestar, la verdad, el amor y la amistad.

La vida es corta, aprender a prever lo imprevisto es tan necesario como respirar. No a evitar lo imprevisible, sino a contar con ello. No a estar en un permanente y agotador estado de desconfianza y alerta, sino de lucidez, de desapego, de libertad de pensamiento. Todo puede siempre ir a peor, sí, pero también a mejor. Prever y prevenir, no tenemos otro camino.

domingo, 27 de enero de 2019

INANIDAD DEL PRESENTE



Siempre me ha llamado la atención ese fenómeno al que podríamos llamar "inversión semántica", por el que una palabra pasa a significar lo contrario de lo que significaba en su origen, y que nos revela su etimología. "Nada", por ejemplo, dicen que proviene de "nata" ("res nata", cosa nacida) y de "nati", nacidos, deriva "nadie". ¿Tan efímero es todo, que al nacer ya es nada, y tan insignificantes todos, que ya nacidos somos nadie? El español ha sido muy creativo en torno a este campo semántico: nadería, nonada, anodino, anonadar, nimiedad, nulidad, futilidad, insignificancia, fruslería...

Pensando en un tema sobre el que hilvanar alguna reflexión para cumplir con mi cita semanal en estas páginas, confieso que esta vez nada me estimulaba, nada tiraba de mí, nada agitaba mi "segundo cerebro" (ese montón de neuronas que viven en nuestras entrañas, de donde siempre parto) y sí, en cambio, se fue apoderando de mí cierta indolencia, cierta sensación de inutilidad. Me vino así la palabra "inanidad", y ahí se ha quedado hasta el punto de coronarse como titular de este articulillo que, en consecuencia, no podrá ser sino "inane".

Porque hoy veo la realidad que nos rodea (que me rodea) como cosa insustancial, insignificante, saturada de nimiedades que tratan inútilmente de rellenar el vacío, la vacuidad esencial del día a día, por más agitación, aspavientos, declaraciones rimbombantes, convenciones, rescates imposibles, taladros para horadar lo duro, lo sumergido. Para sustituir la incertidumbre y la confusión y el miedo y la inseguridad esencial de la vida por un imposible sustancial, trascendente.

Pero sobre todo veo la política de nuestros políticos como el reino de la inanidad, la nadería, la insustancialidad, algo tan inasible, intangible y efímero cuanto con más virulencia se proclama y defiende. Yo creo que esta era, esta nueva era de inanidad, la inauguró Zapatero, al que algunos tardaron en descubrir como otros han tardado en descubrir la vacuidad de Iglesias, Monedero o Errejón. Pedro Sánchez, sin duda, ocupa hoy el trono de los inanes, los fútiles y vacuos (que no inocuos, sino inicuos), alcurnia insípida de la que no podemos descartar a otro que lleva tiempo haciendo méritos para entrar en este club de elegidos, Albert Rivera. La inanidad de los Puigdemont, Torras y Junqueras pertenece a otra categoría, la de los apostólicos, que son tantos y tan variados que podríamos abrir con ellos otra taxonomía.

Pero como la inanidad raya con la memez, dejaríamos este esbozo o aproximación científica a la actualidad muy inacabado, si no reveláramos que detrás de la futilidad del ahora se encuentra la fatuidad de los que acaparan la atención del momento, los que difunden el atontamiento general del presente con ínfulas de entendidos. La necedad se oculta con la impostura, la ñoñez con la vanidad, la estupidez con la insolencia. Miren hacia cualquier lado, pongan nombres, hagan juego.

Bueno, ya ven que no tengo el día ni la hora ni el momento muy lúcido, así que quédense con esta idea de que la mayoría de las cosas que consideramos importantes hoy, por el mero hecho de ser actuales, no por ello dejan de ser inanes, intrascendentes, no merecedoras de nuestra atención, y menos de nuestro desasosiego. Y que un mínimo de prudencia y sensatez nos obliga a esperar un poco, a ver qué queda de tanta alharaca, tanta algarabía, tanto fatuo vaticinador. Esperemos un poco para ver qué queda de tanto líder, tanta aclamación, tanto innovador, tanto campeador, tanto servidor de la patria, tanto estratega.

Porque la vida es frágil, el presente efímero y el futuro impredecible. ¿Y la seguridad? Quizás sólo sea eso que va por debajo, que está ahí, pero que no vemos. Como hemos comprobado que ocurre con algunas palabras, la realidad puede también acabar significando lo contrario de lo que a primera vista dice, o sea, lo que su apariencia, a la que llamamos actualidad, nos dice ahora con tanto apremio. Si dejamos que las cosas evolucionen, quizás podamos ver cómo acaban transformándose en lo contrario de lo que ahora significan. Actual no es sinónimo de urgente.

Así que, españolitos, un poco de paciencia, a barajar y a esperar, que los acontecimientos se precipitan por sí solos. Entre nosotros y la realidad sigue habiendo un abismo. Imposible eliminar de nuestras vidas la confusión, la incertidumbre y la perplejidad. Mejor pararse de vez en cuando a observar, que dejarnos arrastrar por la inanidad turbia del ahora y acabar paralizados, petrificados por lo que se nos venga encima.

martes, 22 de enero de 2019

¿VIOLENCIA DE GÉNERO?



Violencia machista o contra las mujeres, se entiende. Violencia xenófoba, homófoba, hispanófoba, también. Igualmente violencia fascista, antisemita, terrorista, yijadista... En estos casos, queda claro contra quién se dirige la violencia, y también su origen (el odio, manía o fobia contra un grupo social diferenciado). Salvo en el caso de la "violencia machista" (que incluye al autor de esa violencia, "el macho"), estos subtipos de violencia no son necesaria o exclusivamente ejercidos por hombres, pues nada impide a una mujer odiar o agredir a un hombre o a otra mujer, o ser xenófoba, homófoba, hispanófoba, fascista, antisemita o terrorista.

Digo que estos subtipos de violencia pueden más o menos entenderse y definirse, pero ¿podemos hacer lo mismo con la "violencia de género"?El genitivo "de género" es, en este sintagma, una anomalía semántica y gramatical. Necesitaría, para ser comprensible, un complemento: "de género masculino", o "contra el género femenino", por ejemplo. De hecho, no existe ninguna otra construcción sintáctica equivalente en español (¿una frase de género?, ¿un árbol de género?, ¿un enfrentamiento de género?), salvo el derivado "ideología de género".

La expresión "violencia de género" es un uso inapropiado del lenguaje que violenta las normas de combinación morfosintáctica del español,tan inaceptable como esa otra de "nación de naciones", sobre la que ya he escrito que es un imposible semántico. Sin embargo, la "violencia de género" aparece de forma obsesiva, reiterada y ostentosamente en todos los medios y en boca de todos (y todas).

Que esta distorsión lingüística haya llegado a formar parte del corpus legislativo y punitivo indica hasta qué punto hemos perdido el control de los poderes del Estado, otorgándoles una capacidad de intervenir en nuestra mente imponiéndonos un lenguaje cargado de ideología. Porque esto de la "violencia de género" funciona porque remite a una ideología sobrentendida: el feminismo ultra, que ha acabado sustituyendo al feminismo, un movimiento que en su origen defendió la muy justa y necesaria igualdad social (legal, laboral, económica) entre hombres y mujeres.

El feminismo ha acabado convirtiéndose en un esperpento de sí mismo, en la justificación ideológica de una lucha general y omnipresente contra los hombres, identificados como machos depredadores, biológica y genéticamente agresivos y maltratadores de la mujer, potencialmente asesinos, a los que sólo mediante leyes estrictas, castigos, penas y amenazas pueden ser controlados. Porque no basta con castigar los hechos -lo único que debe regular la ley-, sino que es necesario perseguir y penalizar las actitudes, los pensamientos, los sentimientos, el lenguaje, todo aquello que se interprete como el origen y la causa del mal, un mal definido siempre como absoluto.

Toda violencia o agresión de un hombre a una mujer es consecuencia de su "género" (condición biológica y sociopatriarcal); no es posible ninguna otra atribución causal (ni familiar, ni religiosa, ni patológica, ni económica, ni ambiental). De acuerdo con este reduccionismo causal, ¿cómo interpretar el que una mujer mate a su hijo, a su marido o a su padre? ¿Lo hace por ser mujer? 

La diversidad de causas y formas de violencia en nuestra sociedad obliga a que la ley se centre en los actos violentos, los tipifique en sí mismos y deje fuera cualquier atribución causal subjetiva imposible de demostrar como agravante de los hechos.El principio de que a iguales hechos, penas semejantes, debiera ser el criterio dominante. Una distorsión tan arbitraria como la que la ley actual establece perjudica no sólo a los hombres, sino a las mujeres, como se está viendo por las reacciones que está provocando.

Resulta igualmente insostenible que, por el hecho de ser mujeres, se ignore la violencia ejercida por mujeres contra hombres o contra otras mujeres, o que se olvide la violencia que los hombres ejercen contra otros hombres, como si hubiera asesinatos de primera y de segunda. ¿Por qué es más grave que un hombre mate a una mujer que a un hombre, cuando los hombres matan más a los hombres que a las mujeres? ¿Esta lacra no es también fruto del machismo, de la educación patriarcal, del ADN? 

Este peligroso entramado ideológico-moral-legislativo está produciendo efectos perversosen las relaciones entre hombres y mujeres, desvirtuando los impulsos naturales (mutuos), sometiendo la conducta a normas arbitrarias que provocan reacciones contrarias a las que se pretenden imponer. La evolución de la sociedad va hacia el respeto, la defensa de la mujer y el rechazo a toda discriminación, violencia o maltrato por el hecho de ser mujer, pero también contra todo tipo de violencia ejercida por quien sea contra quien sea. No es incompatible lo uno y lo otro. Ni creo yo que sea tan difícil recogerlo en las leyes.

sábado, 19 de enero de 2019

SUPREMACISMO MORAL


Después de las monstruosidades cometidas por los nazis, el racismo ha pasado a ser repudiado y condenado por la sociedad. Pero rechazar la ideología racista no es lo mismo que erradicarla. Ya casi nadie puede hoy esgrimir argumentos biológicos para defender la superioridad de una raza, un pueblo o un grupo social. Pero el sentimiento de superioridad, que es lo que subyace detrás de todo racismo, sigue ahí. La forma más insidiosa, camuflada y perversa es el supremacismo moral. 

Hasta la llegada del marxismo, las clases dominantes no sólo han detentado el poder económico y político, sino también el control moral y religioso. El poder siempre ha ido acompañado del supremacismo moral: los poderosos lo eran por (y para) ser los dueños de la moral. Las clases dominadas, para cambiar su situación, debieron iniciar un proceso de legitimación moral, ocupar ese espacio definido por quienes se consideraban superiores por obra y gracia de Dios o del destino. 

El esfuerzo de reconstrucción moral de la sociedad tuvo que sustituir la religión por una moralidad laica que no exigiera la fe como fundamento de las normas sociales, sino la racionalidad de la convivencia pacífica entre ciudadanos. La democracia se ha fundamentado en una doble separación: entre religión y moral, y entre moral y ley. La moral social no debe supeditarse a la religión, ni la ley debe dictar las normas morales. Todo esto choca con quienes, ya sea por sus creencias religiosas, capacidades, posición social o poder político, se consideran superiores. El sentimiento de superioridad desemboca en el supremacismo moral, fenómeno que hoy ha adquirido una importancia decisiva.

El supremacista moral se considera legitimado para imponer su ideología a los demás, para regular y controlar la vida y la conducta de los otros, los sentimientos, las ideas y hasta los gestos y las miradas. Todo debe ajustarse a una norma previamente establecida, todo debe ser moralmente correcto. Digo moral y no políticamente correcto, porque en realidad no estamos hablando del ámbito de la política, sino de la moral. 

Cuando desde el poder o los medios de comunicación públicos se dicta cómo debe uno comportarse sexualmente, verbalmente, gestualmente, emocionalmente, qué debe pensar sobre el sexo, las relaciones humanas, los inmigrantes, los musulmanes, los palestinos, los judíos, los españoles; cuando se trata de influir en su identidad sexual, imponer esa identidad categóricamente; cuando etcétera, entonces estamos ante una invasión de los supremacistas morales, sustituto de los talibanes, los savonarolas y demás inquisidores.

Este fenómeno de vuelta al oscurantismo, al fanatismo ideológico, es un paso atrás en la lucha por la libertad de conciencia, de pensamiento, de sentimientos, de conducta, de expresión y realización personal conquistadas a partir de la Ilustración y la democracia moderna. Detrás de la aparición de este nuevo supremacismo seguramente hay factores personales y también colectivos. Por un lado está la necesidad de distinguirse, de sentirse importante, de ser reconocidos, de tener poder e influencia. Por otro, el superar el anonimato, la irrelevancia de mucha gente que compensa su sentimiento de inferioridad o debilidad uniéndose a esa corriente dominante que se autodefine como los buenos, los sensibles, los defensores de los débiles, de las causas más justas.

Seguramente existen motivos ocultos, pero no menos poderosos, como es el rencor, el odio hacia quienes no piensan y sienten igual, el revanchismo, pero también injusticias y atropellos intolerables, como ha ocurrido con las mujeres y los homosexuales, algo que hoy pervive en sociedades de más de medio mundo (especialmente en el mundo islámico, algo que no parece preocupar a nuestros supremacistas morales). El error está en pretender regular la moral, en dictar leyes cuyo fundamento no es la búsqueda de la igualdad y el bien común, sino el intento de manipular y modificar las conciencias, los sentimientos, incluso la biología. El peor despotismo es el de los débiles cuando se vuelven poderosos.

Muchos de nuestros supremacistas morales justifican y camuflan su despotismo legislativo y mediático en la defensa de los débiles, pero lo hacen desde la impostura y provecho personal, porque no son ellos, precisamente, quienes más padecen esas discriminaciones que dicen combatir, sino siempre los otros, esa masa anónima a la que preocupan injusticias mucho más acuciantes, aunque menos visibles ni visibilizadas, de las que no se hacen eco los nuevos moralistas, entre otras cosas porque éstos colocan la búsqueda de la identidad (asunto personal, no colectivo) y las diferencias, por encima de la igualdad. ¿Les pongo ejemplos de desigualdades sangrantes hoy en España, de las que no se ocupan los nuevos supremacistas?

martes, 15 de enero de 2019

¿PODEMOS PRESCINDIR DE LA VERDAD?



Empieza el nuevo año y me asalta una duda metafísica nacida de los vapores que desprenden los desechos acumulados durante los pasados 365 días, por ponerle un dique numérico al río turbio de la vida. Viendo y oliendo y recordando todo lo acontecido, me llega el vaho de esa pregunta: la verdad,¿para qué? ¿Y si entráramos en un nuevo ciclo evolutivo en el que la sociedad pudiera prescindir de la verdad? ¿Y si en lugar de la verdad nos acostumbráramos a la ficción hasta el punto de no distinguir entre verdad y mentira, invención y realidad? ¿Un periodo de delirio colectivo?

Parto de un hecho empírico: es más fácil creer una mentira que aceptar una verdad. La mentira tiene la ventaja de que puede construirse con ella un relato apaciguador, coherente, inmune a la realidad de los hechos, a cuya prueba no necesita someterse. Basta con que sirva para reforzar la ideología del sujeto. La ideología (que siempre es compartida o colectiva), aclaro, es un conjunto rígido de creencias que se refuerzan entre sí de tal modo que si se pone en cuestión una de ellas, la estructura se tambalea. La verdad, en cambio, no necesita de la aceptación del sujeto para definirse y justificarse. Con la verdad (las verdades) se construye una teoría, pero no una ideología.

La verdad nace de la realidad de los hechos, pero los hechos no necesitan ser coherentes ni apaciguadores. La fuerza de la verdad nace de la rotundidad e irreversibilidad de los hechos, con independencia de la consistencia cognitiva que le otorguemos, porque la realidad no responde a nuestra lógica, sino a la suya, de la que apenas sabemos nada. Por eso la verdad es siempre más inquietante que la mentira. La verdad siempre es sospechosa, porque revela las mentiras y nos obliga a dudar de ellas. La verdad nos atrae y repele a la vez, por eso abundan más los creyentes que los científicos, los charlatanes que los hombres sensatos.

En contra de lo que se supone, con el aumento de información no ha disminuido el número de creencias y de creyentes, de mentiras y de mentirosos. Sostener una creencia o una mentira hoy es muy fácil, existen toneladas de información al alcance de cualquiera para confirmarlas. Antes bastaba con un puñadito de creencias para vivir tranquilo toda la vida; hoy necesitamos creencias para casi todo, hasta para alimentarnos, para definir nuestro sexo o para votar a un partido político.

Nuestra mente está permanentemente invadida por mensajes que no podemos, no ya verificar o poner a prueba, sino simplemente procesar. No tenemos ni tiempo ni espacio mental para hacerlo. Pero la verdad nunca nos viene dada, es preciso construirla con esfuerzo y distancia. De ahí mi pregunta: ¿y si esto de la verdad no fuera más que un deseo, una ilusión, una utopía racionalista?

En ningún ámbito se hace más patente la necesidad de esta pregunta que en el de la política. Si nos ponemos a analizar, por ejemplo, qué ha dicho y hecho Sánchez durante estos siete meses de ocupación del poder, no hay modo de establecer ningún criterio de verdad, de realidad, de consistencia objetiva. Todo, si creemos en sus palabras, es a la vez lo uno y lo otro, aquí y allá, pero siempre progreso, nueva era, avance indiscutible: "más en siete meses que en siete años", o siglos, o milenios, qué más da. La mayor prueba de la mentira es que resiste la contradicción, que basta con defender impertérrito lo que sea para que eso parezca verdad.

Podríamos decir que hoy asistimos a la "desustancialización" de la verdad. Mi duda es si una sociedad puede mantenerse sobre esta degradación, degeneración, desprecio y negación de la verdad. Si es posible sustituir la referencia a hechos objetivos por meras construcciones virtuales, por la artificiosidad de la propaganda, la imagen efímera, las declaraciones impostadas, los gestos engolados, los aspavientos solemnes, el halago de los sentimientos de identidad supremacista (sea separatista o de izquierdas).

Nada más elocuente que esas canas tintadas que el encorsetado y soberbio P.Sánchez se ha colocado justo a un ladito de la media frente y en el arranque de las sienes... Alguien le ha convencido de que así parece más estadista, más serio, más responsable. Es un truco de chalán de feria, que seguramente toma de Obama, al que las canas le salieron de verdad. ¡Qué disciplinadas las canas, que van y brotan justo allí donde marca el asesor de imagen!¡Y las horas que se habrá pasado el pinturero mirándose en el espejo monclovita!

martes, 25 de diciembre de 2018

LA CLAUDICACIÓN DE PEDRALBES


No hay más remedio, aunque sea por mera supervivencia, que hablar una y otra vez de lo que está pasando hoy en Cataluña. Es agónica la tarea de encarar el permanente desafío separatista, que cada día genera toneladas de basura mental, política y moral, tanta que absorbe casi toda la energía nacional. Liberada de esta patológica fijación, ¿qué sería hoy España si pudiera dedicar el enorme talento, creatividad, iniciativa, capacidad de organización y solidaridad de la mayoría de españoles, a resolver los problemas de la desigualdad, a crear riqueza, mejorar nuestra producción, preservar y potenciar nuestro patrimonio natural, cultural y artístico?

Pues no, mientras la amenaza de la disgregación del Estado siga ahí, como Sísifo una y otra vez intentaremos llevar el peñasco hasta la cumbre para arrojarlo al abismo. Pero como nuestra condena no es obra de los dioses, sino de los hombres, un día, y no muy lejano, esta pesadilla acabará, porque no habrá otra salida que sucumbir o derrotar a los causantes de tanto daño. Estamos llegando a un estado crítico, porque nunca los asaltadores del orden constitucional y democrático habían llegado tan lejos. Nunca se ha hecho más explícito el intento de destrucción de España y el desmoronamiento del Estado, como aparece en el "Comunicat conjunt dels Govern catalá i espanyol després de la reunió de Pedralbes", un texto que pasará a la historia como la más grave amenaza para la democracia desde su instauración en 1978.

Analicemos alguna de sus trampas semánticas, tan descaradas que es inaudito que no hayan causado mayor estupor y preocupación. El título supone ya el reconocimiento de dos gobiernos-estado (catalán y español) separados, que celebran una reunión bilateral para tratar, nada menos, de cómo culminar y hacer definitiva su separación, ya iniciada de hecho. De President a Presidente, de Govern a Gobierno, con foto incluida que refleja la absoluta paridad. Ni un sólo gesto o indicio que señale la superioridad jerárquica, institucional y política del Presidente y el Gobierno de España frente a un gobierno regional, que no otra cosa es el que preside Torra.

Sigue el comunicado afirmando que ambos gobiernos coinciden en reconocer que existe "un conflicto sobre el futuro de Cataluña". Llamar eufemísticamente "conflicto" a lo que no es más que la culminación de un proceso de rebelión e insurrección perfectamente planificado y llevado a cabo paso a paso desde hace cuarenta años con el único fin de lograr la independencia, es algo políticamente intolerable y democráticamente repulsivo. Aceptar el término es ya firmar la claudicación, reconocer que hay dos partes que simplemente discrepan y que basta con "dialogar" para llegar a un acuerdo.

El conflicto, además, no tiene nada que ver con el presente, sino con "el futuro", o sea, sobre cómo consiguen unos la independencia, y cómo otros logran hacer tragar a la sociedad española ese batracio para que no parezca lo que es. O sea, para unos "reformar el Estatuto" forzando o desgarrando la Constitución hasta dejarla hecha un guiñapo, para otros aplicando su propio marco jurídico (el ya establecido en las leyes de desconexión). Lo que prevalece, por si hay dudas, es este último "orden" jurídico, de acuerdo con lo que expresa el comunicado, del que han sido borradas de modo explícito la Constitución y el Estatuto en ella fundamentado.

Hablan también de pasar a un "diálogo efectivo" o "real", lo que significa que hasta ahora toda la matraca del diálogo, todos los encuentros y reencuentros, viceencuentros, retroencuentros y postencuentros, laterales, colaterales y bilaterales llevados a cabo no han sido más que cuento; a pesar de todas las cesiones y concesiones y dejaciones y claudicaciones y pasteleos y prevaricaciones llevadas a cabo por todos los Gobiernos, desde Felipe a Aznar, de Zapatero a Rajoy y ahora de Sánchez, todo lo cual no ha servido más que para ir haciendo irreversible lo que muchos ya hace tiempo han aceptado como inevitable, pero a lo que no está dispuesto a resignarse cabestrilmente el pueblo español, cada día más indignado y dispuesto a acabar cuanto antes con ese macabro proyecto de enfrentamiento, desunión y autodestrucción.

Le llaman "solución política" a esto. ¡Y tratan de excluir de ella al conjunto de españoles para que sea "la ciudadanía catalana" la que decida "el futuro de Cataluña", como si eso mismo no supusiera decidir sobre el futuro de España! El PSOE está empeñado en clavarse un puñal en el pecho. Previamente, claro, ha dejado que un arribista como Sánchez le tape los ojos y selle la venda con escayola. ¡Pues que desaparezca cuanto antes y deje paso a otra izquierda que parta del principio de que España es el bien común y la mayor garantía de la igualdad entre todos los españoles!


sábado, 1 de diciembre de 2018

¿PARA QUÉ SIRVE HOY PABLO IGLESIAS?



Sorprende que la casta de Podemos, que tanto presume de intelectual y moderna, sea tan ágrafa,tan incapaz de publicar algún artículo de reflexión política mínimamente apreciable, a pesar de tener todos los medios a su disposición. Su aportación al pensamiento político es de una deslumbrante nulidad, parecida a la contribución de la tesis de Sánchez a la teoría económica. Monedero, por ejemplo, prefiere hacer el payaso cantando rap o recitando ripios ultramarinos dedicados al camarada Chávez. Los pocos artículos de Errejón destacan por su vacuidad, a veces alambicada. El vuelo intelectual de Iglesias Turrión es de avutarda esteparia. Su última creación lleva el título de "¿Para qué sirve hoy la monarquía?"

La contra-pregunta es saber para qué sirve hoy Iglesias y su pandilla, algo que, de modo consecuente, hemos de hacer extensivo a los demás partidos que viven del dinero público, y en especial a esa "sociedad instrumental" que hoy ocupa el consejo de ministras/tros de la Moncloa, que parece haber hecho un máster en la Universidad RJC en picaresca fiscal, que no en ingeniería, lo que requiere un poco más de talento. Es una pregunta angustiosa: ¿sirven hoy para algo nuestros políticos?

Iglesias, con argumentos pedestres, nos dice que hoy Felipe VI no nos sirve para nada. Que su padre sí, en su momento ayudó a consolidar la democracia, pero eso fue una excepción hoy superada. Reconoce que"lo fundamental para definir el carácter democrático de un régimen político no es que la jefatura del Estado sea electiva o no, sino que efectivamente se garanticen las libertades"; pero como hoy "la monarquía ya no es el precio a pagar para contar con un sistema de libertades (el Ejército español no es hoy ninguna amenaza [...]) su función histórica para la democracia española ha perdido su sentido".

Así que el problema de la monarquía es que ya no la necesitamos para asegurar las libertades democráticas. ¿Lo necesitamos a él?Ante argumento tal débil y falaz, Iglesias da un rodeo: "acceder a la Jefatura del Estado por elecciones y no por fecundación sería profundizar en nuestra democracia" (lo de acceder "por fecundación" es de una cursilería insuperable). No hay nada más importante, por tanto, que eliminar la monarquía. ¿Y la desigualdad, el golpismo separatista, la precariedad laboral...? ¡Mira que no tenemos tareas pendientes para profundizar en nuestra democracia!

Y prosigue remendando: "La monarquía incomoda a cada vez más progresistas y es rechazada abiertamente por una amplia mayoría de ciudadanos en Euskadi y Catalunya (sic)". "Si el 23-F reforzó a Juan Carlos, el 3 de octubre debilitó a Felipe VI, que no fue capaz de erigirse como símbolo de diálogo". Afirmaciones tan gratuitas como falsas. ¿Amplia mayoría?

Recordemos que la Constitución, que legitima plena y democráticamente a la actual monarquía, fue aprobada por más del 90% con una participación cercana al 70% del censo, y casi un punto por encima, en Cataluña.Esta es la mayor proporción de participación y voto afirmativo de cuantas votaciones se han llevado a acabo en España desde 1978. El Estatuto catalán del 2006 llegó sólo al 48% de participación, y fue aprobado por poco más del 70%, o sea, por un tercio del censo (la II República exigió los dos tercios). Contra toda evidencia, Iglesias esgrime mayorías imaginarias, incapaz de argumentar políticamente su rechazo ideológico de la monarquía, lo que sería mucho más honesto.

Y todo para acabar con esta propuesta: "Una nueva república será la mejor garantía para una España unida sobre la base del respeto y la libre decisión de sus pueblos y sus gentes". La nueva república, ¡el milagro, la salvación de España! La disgregación de España, la libre decisión de sus "pueblos y gentes" (apúntese quien quiera), será "la mejor garantía para una España unida"... ¡Le preocupa la unidad de España! Le preocupan las antiguallas forales, los privilegios históricos, la igualdad de derechos, la unidad de los trabajadores, el poder de las oligarquías territoriales, el despojo de la lengua de los hispanohablantes en media España, los corruptos de "Catalunya", el neofascismo de ERC y del catalanismo supremacista...

Como lo de Franco les ha salido por la culata (olvidemos la etimología), para vergüenza de la mayoría de españoles (que querría ver sus restos en otro sitio, sin necesidad de realizar por ello un escarnio innecesario, mera propaganda sectaria y partidista, como ha pretendido Sánchez); como esa ocurrencia les ha salido mal, pues ahora le toca a la monarquía.

Lo dicho: ¿Para qué sirve hoy Iglesias y su casta plurinacionalista?