MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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sábado, 7 de noviembre de 2015

RELIQUIAS Y RELICARIOS

(Foto: A. Trancón)
Estuve el pasado 29 de octubre presentando en la Casa de León en Madrid el libro de Carlos J. Taranilla, “Breve historia de las reliquias leonesas y sus relicarios”. Conocí a Carlos en la Feria del Libro de León, firmándole mi libro “Huellas judías y leonesas en el Quijote”. Me dijo que era profesor y escritor. Me sorprendió el gesto ya que, entre profesores y escritores, es infrecuente el acercamiento y el reconocimiento mutuo. Lo que predomina es el desdén y los recelos, cuando no el cinismo y la adulación para ser admitido en las capillas que controlan el mundillo académico y literario.

Hace unos días Javier Marías, en un articulo titulado “No me atrevo”, confesó que la presión del medio académico y literario era tal que ya nadie (tampoco él) se atrevía a “opinar sincera y críticamente sobre sus iguales”. Hacerlo es “ser tachado en seguida de envidioso, o inelegante, o de resentido, o cuando menos de competitivo”. Todo se toma como un agravio y un ataque personal. No es de extrañar que la literatura y el arte vivan en sus peores momentos, languideciendo y amustiándose, sostenidas sólo por su antiguo prestigio, pero carentes del vigor que proporciona la crítica y la autocrítica.

El libro de Carlos Taranilla habla de reliquias y relicarios leoneses, y lo hace con rigor informativo, satisfaciendo nuestra curiosidad, pero sin confundir historia con leyenda. Su estudio sobre el Santo Grial leonés es el ejemplo más claro de que no conviene sustituir la investigación histórica por la fantasía. El Santo Grial es una leyenda de origen medieval, y tratar de darle una validez histórica, materializándola en un objeto, es un propósito científicamente descabellado. La leyenda es una invención literaria atractiva, y recrearla a través del cáliz de Doña Urraca es tan legítimo como hacerlo con el cáliz de Valencia o la cueva de Montserrat. Atraer a turistas que crean en esa leyenda y de paso conozcan las maravillas de León, pues estupendo. Pero no hay que borrar la línea que separa la literatura y la ficción, de la verdad. El compromiso con la verdad nos obliga a no amalgamar fe y razón, literatura e historia.


El culto a las reliquias nace de la fe y la superstición, pero no conviene simplificar el fenómeno y pensar que hoy estamos muy alejados de la conducta de nuestros antepasados. Hoy vivimos inmersos en infinidad de creencias y supersticiones que se disfrazan de arte, ciencia y tecnología, pero que exigen de nosotros la misma credulidad. Como ocurrió en el sigo XVI y XVII (su época dorada), las reliquias se nos muestran en artísticos relicarios que son tan importantes como su contenido. Libros que no contienen más que polvo y huesos, se nos presentan envueltos en el prestigio artificialmente creado de sus autores, a los que se venera en ceremonias de reconocimiento. Al final, lo que más interesa es el comercio que se crea a su alrededor, como ocurrió con las reliquias en las iglesias, monasterios y catedrales. Tan alejados están estos productos del arte y la literatura, tan absurdo es tomárselos en serio, como lo fueron el Santo Prepucio, la leche de la Virgen o el huevo de la paloma del Espíritu Santo que se veneraba en la catedral de Colonia.

miércoles, 28 de octubre de 2015

ALGUNAS DIFERENCIAS ENTRE ISRAEL Y PALESTINA

(Foto: S. Trancón)
En Israel, ni el gobierno ni la población exalta y convierte en héroes a los pocos judíos incontrolados que han matado a palestinos: se les llama terroristas y se condenan públicamente sus crímenes, incluso con manifestaciones masivas de rechazo.
En Palestina, las autoridades y la población exaltan, homenajean, dedican calles y plazas, y recompensan a los cientos de terroristas palestinos y a sus familias con dinero (hasta 4.500 dólares mensuales) y reconocimiento social. En Palestina se celebran los acuchillamientos, masacres, atropellos y lanzamiento de cohetes. Se exhibe la sangre, el horror y el terror, incluso inventando mártires y cadáveres (como el caso del niño terrorista que acuchilló a otro niño judío -que está en estado crítico- y del que Mahmoud Abbas, a través de la TV, dijo que había sido ejecutado a sangre fría y sin embargo vive y está siendo curado en un hospital israelí).
En Israel los árabes viven sin miedo a ser acuchillados, tiroteados o atropellados por cualquier judío cuando salen a la calle, esperan en la acera o suben a un autobús. Los judíos, en cambio, están permanentemente amenazados por cualquier terrorista en cuanto salen a la calle o desprotegen sus casas.
En Israel viven voluntariamente casi dos millones de árabes y palestinos. En la mayoría de los países árabes no puede vivir ningún judío porque es asesinado o expulsado inmediatamente.
Israel siempre ha aceptado a palestinos en su territorio. Ningún estado árabe, en cambio, quiere ni acepta a palestinos en su tierra. Jordania, Irán, Egipto, Siria y el Líbano han expulsado a casi un millón de palestinos de su territorio y no los quieren ni siquiera como refugiados.
Israel es un estado plenamente democrático, donde los árabes y musulmanes tienen voz, voto y representación parlamentaria. La mayoría de los estados árabes son dictaduras de origen tribal o teocrático donde no existe ni libertad religiosa, ni de expresión, ni protección jurídica alguna, donde se ejecuta a homosexuales y “adúlteras”, y se somete a la mujer a todo tipo de humillaciones.
Israel es un país libre a la vanguardia del progreso, la investigación y la tecnología. Palestina vive de la ayuda internacional y es incapaz de organizar una sociedad democrática, moderna y productiva. El problema no es la falta de territorio (sobra territorio en Siria y Jordania, que también han ocupado tierras “palestinas”), sino de su sometimiento al control de minorías terroristas y corruptas como Hamás o Al Fatah.
Los palestinos son educados en el odio antijudío y su principal objetivo es acabar con Israel. La mayoría, que quisiera vivir en paz, está dominada y sin capacidad para liberarse del control del fanatismo religioso y terrorista. No es una sociedad libre ni democrática.
Los israelíes (como cualquiera de nosotros) tienen derecho a defenderse y atacar a quienes intentan asesinarlos, pero no están interesados en usar la fuerza de forma indiscriminada y desproporcionada, entre otras razones porque saben que así no solucionan el problema, sino lo contrario. Si hay más muertos palestinos que israelíes es porque los israelíes dedican mucho esfuerzo y recursos para defenderse y porque los palestinos atacantes son muchos y lo hacen en condiciones abiertamente suicidas. Nada tiene que ver con una supuesta crueldad o “desproporcionalidad” en los medios de autodefensa empleados.
Etcétera.
No hay posible equiparación y, por tanto, no hay posible equidistancia. El conflicto palestino es algo sostenido y alimentado por dictaduras teocráticas y tribales como arma política e ideológica para mantenerse en el poder y dominar fanática y religiosamente a sus sociedades, mientras viven del negocio millonario del petróleo, cuyos intereses coinciden con los de las multinacionales de Europa y América. Lo demás es cuento. Un cuento sangriento que ha convertido el terrorismo en heroicidad y la exaltación de la sangre y la muerte en espectáculo perverso y rito obsesivo de pertenencia.


jueves, 15 de octubre de 2015

EL MIEDO Y LA DEMOCRACIA



(Foto: S. Trancón)
http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2015/10/elogio-del-miedo-26652.php

El miedo tiene muy mala prensa. Sentir miedo se identifica con debilidad y cobardía, pero son sentimientos muy distintos. El miedo es natural, y no conduce necesariamente a la cobardía; puede provocar, por el contrario, la valentía. El tener miedo es un recurso evolutivo imprescindible para la supervivencia. Es una alarma que nos alerta del peligro.

Para dominar el miedo hay que distinguir entre miedos reales y miedos imaginarios. Los dos pueden ser igualmente dañinos si provocan reacciones desproporcionadas de ataque, huida, pánico o parálisis. De aquí la importancia de objetivar el miedo, valorarlo y controlarlo adecuadamente.

El miedo es una poderosa arma política: tiene gran capacidad de influencia en la creación de estados de opinión, que son también estados de ánimo. Precisamente porque es poderoso, es muy difícil usar políticamente el miedo de modo correcto. ¿Es aceptable el uso del miedo en una sociedad democrática?

Cuando una sociedad democrática llega a una situación en la que es la convivencia y el orden social lo que se pone en juego, alertar de los peligros no sólo es necesario, sino obligatorio. Es lo que está sucediendo hoy en Cataluña. No hace falta inventarse nada, alentar miedos imaginarios. Que una Cataluña independiente saldría automáticamente de la UE, de la OTAN, de la ONU y de otros organismos internacionales, eso no es inventarse nada, sino alertar de un peligro real. Lo mismo podríamos decir del futuro de las pensiones, la exclusión del Barça de la Liga, el hundimiento del comercio con España, el riesgo de impago de la deuda, la deslocalización de empresas y bancos, la huida de capitales e inversiones extranjeras, la desprotección ante el terrorismo, la imposible defensa de las fronteras, etc.

Hablar de todo esto no sólo es políticamente legítimo, sino democráticamente necesario. No hacerlo por miedo a la reacción de los independentistas, es un buen ejemplo de lo que no se debe hacer: sucumbir al miedo. Claro está que hay que hacerlo con objetividad, sin aspavientos ni añadidos innecesarios. Nunca es tarde, pero la precipitación con que el PP y los empresarios han intentado alertar a los catalanes sobre los peligros del independentismo (después de años de silencio y complicidad), es una muestra de ceguera, oportunismo y cobardía que ha tenido una peligrosa consecuencia: que muchos catalanes no sólo no les han creído, sino que su alarmismo les ha servido para elevar su épica de heroica resistencia.

Despreciar el miedo, los peligros reales, es una patología individual y socialmente tan perniciosa como su contraria. El independentismo catalán parece propenso a los delirios de grandeza y omnipotencia, cuyo síntoma más evidente es el desprecio de los peligros reales que acarrea una independencia basada en la ruptura y el desprecio al orden democrático, la desobediencia y la imposición estalinista de un “nuevo orden anticapitalista”. Parece que esta hoja de ruta empieza a alertar a la mayoría “moderada” del independentismo que quisiera lograr su objetivo sin estridencias, ocultando todos los desgarros. Ya no se trata de rechazar a la miserable España, sino de saber qué Cataluña es la que se les viene encima. A lo mejor pasan del rencor y el odio a España al miedo a una República Catalana Anticapitalista al estilo de Kim Yong-un.  


Sí, el miedo es necesario. El argumento del miedo es democráticamente legítimo y necesario. Sólo el principio de realidad nos salva de los delirios y las aventuras temerarias. Si, por torpeza y ansiedad, somos incapaces de objetivar el miedo y usarlo para tomar conciencia de los peligros reales que acechan a la sociedad catalana y española, habremos perdido el último recurso con el que una democracia se salva a sí misma: el miedo a su propia desaparición.

jueves, 8 de octubre de 2015

EL MAL, LA MALDAD Y LOS MALVADOS

(Foto: S.Trancón)

Por más que la ciencia ponga en duda nuestra libertad de elección (lo que antes llamábamos “libre albedrío”, que suena a trino de pájaros), es imposible desterrar del lenguaje y la mente la idea del mal, la maldad y los malvados. Son tantos los ejemplos diarios que nos muestran el mal en estado puro, que de poco valen las explicaciones científicas basadas en la biología, la psicología, la neurociencia o la física cuántica. Al final de toda la cadena de determinismos hay algo que nos hace humanos, y es la posibilidad de tomar una decisión u otra, hacer algo o no hacerlo, hacer esto o lo otro, de donde se deriva la responsabilidad individual como hecho ineludible. Por más problemático que sea el juzgar, responsabilizar y condenar a alguien por la maldad de sus actos, la sociedad se vendría a bajo si prescindimos de ello. Otra cosa es el castigo o la condena, donde caben todos los atenuantes y consideraciones.

No podemos definir ontológicamente el mal, pero sí la maldad, que es cosa humana. Causar de forma consciente y voluntaria daño y sufrimiento a los otros, pudiendo no hacerlo, eso es maldad. Todos, a lo largo de nuestra vida, hemos actuado con maldad algunas veces, conscientes de que hacíamos daño a otro, pero la mayoría realizamos estos actos, llamémosles "de pequeña maldad", de forma circunstancial o transitoria, movidos por emociones del momento: rabia, envidia, miedo, venganza, frustración...

Estos actos de "maldad leve" no nos hacen malos, pero nos pueden ir insensibilizando hasta convertirnos en malas personas. Todos conocemos a buenas personas que han acabado siendo malas. Si uno no vigila sus reacciones, el paso de los años y la vida (que suele ser "escuela de maldades") nos acaba haciendo malas personas. Debería ser lo contrario, que el tiempo nos fuera haciendo cada vez más lúcidos, serenos y mejores personas. Pero esto no se logra "dejándose llevar", sino siendo muy vigilantes y críticos con nuestras reacciones y actos. Porque no existe ni la bondad ni la maldad natural. Ni Rousseau ni Hobbes. Ni angelismo ni satanismo antropológico.


Preferimos creer que somos naturalmente buenos porque es más tranquilizador, y por eso nos cuesta tanto aceptar la existencia de asesinos, ladrones, torturadores, mentirosos, egoístas, perversos, caraduras y psicópatas. Pero haberlos, haylos. Disculparlos, ignorarlos o perdonarlos, no nos hace mejores personas. Quien consiente o acepta la maldad acaba siendo cómplice y responsable de ella. Conviene tener estas ideas claras cuando nos encontramos alrededor con tantos ejemplos de maldad, perversión y envilecimiento. Cuanto más poder, mayor es el grado de maldad. Haga el lector la lista de los que hoy, desde el poder, actúan causando un inmenso daño, dolor y sufrimiento a sus ciudadanos. Causando el mal. Y el mal es siempre, en sí mismo, algo irreparable.

sábado, 3 de octubre de 2015

¿ES EL INDEPENDENTISMO CATALÁN UN MOVIMIENTO IRRACIONAL? (I)


(Fotos: S.Trancón)

¿Es el independentismo un movimiento irracional? Sin duda lo es para cualquiera que compare las declaraciones y proyectos independentistas con la objetividad de los hechos. Hay una enorme distancia entre sus razones y propósitos y la realidad de los datos y los análisis, especialmente en el terreno económico, jurídico y político. Hablamos entonces de mentiras, falsedades, tergiversaciones y manipulaciones. Como el discurso independentista parece inmune a esas críticas y pruebas de realidad, acudimos entonces a otro tipo de apreciaciones: disparate, zafiedad intelectual y marrullería (Javier Marías), locura esencialista (Juan Goytisolo), anacronismo inconcebible (Emilio Lledó), ilusión platónica (Francisco Rico), ficción maligna (Vargas Llosa), etc.a, en sueño, ionergiversaciones oeudimos entonces a otro tipo de argumentos y hablamos de disparate, locura, delirio, fantasnes Todo esto es válido, responde a un ejercicio de libertad y racionalidad imprescindible, pero algo falla, algo se nos escapa y buena prueba de ello es el tono cada vez más desesperado o derrotista de algunos. Habrá que enfocar el análisis desde otra perspectiva, encarar el problema desde dentro, tratar de comprender la racionalidad y la lógica interna del independentismo.
            Lo primero que constatamos es que hay una gran diferencia entre aquello que los independistas dicen ser desde el punto de vista democrático, y lo que son. El independentismo se presenta como un movimiento democrático, pacífico y pacifista. ¿Lo es? El independentismo se ha apropiado hoy de la legitimidad democrática en Cataluña mientras enmascara y utiliza sistemáticamente métodos antidemocráticos. Los ejemplos son innumerables, desde la imposición de la inmersión lingüística (caso único en el mundo) en contra de la lengua propia y materna de la mayoría de la población de Cataluña (incumplimiento incluso de las leyes sobre la enseñanza mínima del español), hasta el proyecto de declaración unilateral de independencia, que el independentismo se propone llevar a cabo sin recabar siquiera el apoyo legal de una mayoría cualificada.
Pero, además, el proceso independentista no es pacífico, por más pacifista que se proclame. Se confunden muchos al comprobar que, en efecto, no existe violencia física ni se recurre a ella por parte del independentismo. Se confunden ignorando, o no queriendo ver, que existen muchas formas de violencia que sí utiliza conscientemente el independentismo. El insulto, la agresión verbal y la marginación de todo aquel que se oponga a la propaganda y los planes separatistas es algo que se ha practicado con inusitada violencia desde los tiempos del grupo terrorista Terra Lliure hasta hoy mismo.
Una prueba de esa violencia encubierta es el miedo que existe hoy a expresar públicamente cualquier idea a favor de España o lo español. Lo contrario, en cambio, está socialmente bien visto, como recordarán cuando Rubianes se cagó en la puta España. Podríamos hablar también de la violencia e intimidación (maltrato psicológico) que se ejerce sobre los niños desde la guardería para que no hablen español ni siquiera en el patio. Los dirigentes independentistas saben muy bien que están utilizando estos métodos de presión e intimidación en todos los niveles de la sociedad (no sólo en la escuela, sino en los medios de comunicación, el deporte, la cultura, las instituciones, etc.), mientras incumplen leyes y acusan a los demás de antidemócratas.
Pero el uso perverso de la democracia y la presión intimidatoria no son una prueba de irracionalidad, delirio o falta de pragmatismo, sino el resultado de un plan coherente y fríamente planificado. Los constructores e impulsores del independentismo han sabido muy bien analizar a la sociedad catalana. Con más de un 60% de hispanohablantes de origen español, que nunca vieron incompatible vivir en Cataluña o sentirse catalanes y pertenecer a España, era prácticamente imposible aspirar a la independencia. Para inclinar la balanza había que intentar desligar simbólica y emocionalmente al mayor número posible de esos ciudadanos de la idea de España y lo español. El instrumento más adecuado fue la inmersión lingüística. Pero se necesitaba algo más. Había que ocupar todos los espacios sociales y culturales desde los que se pudiera expresar y hacer visible el rechazo a España y lo español, mostrar desprecio y desdén hacia cualquier forma de identidad e identificación que no fuera la catalana. Fue necesario emplearse a fondo durante más de tres décadas, con todo tipo de métodos y medios, para construir la oposición irreconciliable Cataluña/España. Alcanzada la hegemonía simbólica, discursiva y moral, y con todo el poder institucional en sus manos, los independentistas han logrado crear una corriente de opinión contra la que resulta muy difícil, arriesgado e incómodo oponerse.
Cuando nos sorprendemos del voto independentista sobrevenido es preciso recordar esta historia de propaganda e imposición antidemocrática y coactiva. No es el resultado del ejercicio del pensamiento, la información y la libre elección de los ciudadanos. El déficit democrático de base invalida los resultados, que serían muy distintos en una sociedad verdaderamente libre y democrática.



Pero hay más elementos que, analizados desde la perspectiva del independentismo, otorgan a este movimiento una lógica, racionalidad y pragmatismo que no podemos ignorar ni infravalorar.
            La sociedad catalana está hoy dividida, como cualquier sociedad capitalista, en tres grupos: la burguesía acomodada, la clase media y la clase trabajadora. No son grupos homogéneos, ni económica ni culturalmente, pero sí marcan fronteras de desigualdad bastante comprobables: condiciones de vida, propiedad, poder, influencia, consideración social. Aunque el independentismo es uno, no todos los independentistas son iguales.
Si imaginamos una pirámide y situamos en la cúspide a los más ricos y poderosos y en la base a los trabajadores con pocos recursos, observamos que a medida que ascendemos aumenta el número de independentistas. Es fácil comprender que los más acomodados y parte de la clase media tienen un motivo convincente para apuntarse al independentismo: la independencia constituye un medio excelente para aumentar el poder, la influencia y el control social, ascender económica y socialmente y asegurarse un modus vivendi privilegiado. Digamos que la independencia es para todos ellos, de acuerdo a su nivel y ámbito de actuación, un buen negocio. Los de la base, a su modo y nivel, mucho más modesto, también asumen que con la independencia les irá mejor. Como son los que más han sufrido las consecuencias de la crisis, necesitan creer y tener expectativas de mejora, tanto para ellos como para sus hijos.
Podemos preguntarnos cómo es posible diluir todas las diferencias sociales y económicas hasta volverlas irrelevantes frente a la idea de una Cataluña independiente, cómo es posible que se unen en la misma lucha aquéllos que han sido sistemáticamente despreciados, explotados y engañados, con aquéllos que han hecho del robo y el desmantelamiento de los servicios públicos sus señas de identidad más visibles. Cómo es posible que los trabajadores y parte de la clase media se deje llevar por una minoría ambiciosa, insolidaria y corrupta. Podemos lamentarnos, pero no hay duda de que detrás de este éxito hay un plan, una lógica y una habilidad indiscutibles.

sábado, 26 de septiembre de 2015

MI INTERVENCIÓN EN EL ATENEO DE MADRID


(foto: S. Trancón)

El pasado día 22 de septiembre nos reunimos veinte escritores e intelectuales en el Ateneo de Madrid en un acto organizado por la plataforma Libre e Iguales para expresar nuestra posición frente al desafío independentista de Cataluña. Se llenó la sala y más de 500 personas no pudieron entrar. Abrió el acto Mario Vargas Llosa. He aquí el texto de mi intervención:

“Lo que va a ocurrir en Cataluña el próximo día 27 es el penúltimo capítulo de una crónica que ya algunos anunciamos y denunciamos hace más de 35 años. Sorprende que muchos se enteren ahora de la gravedad de la situación, cuando no es sino el resultado de un largo proceso lleno de mentiras, traiciones, chantajes, amenazas y engaños, atribuibles no sólo a los independentistas, sino a la confusión, dejación y cobardía de muchos demócratas, especialmente de aquellos que han tenido más responsabilidad como dirigentes de los partidos mayoritarios.

Cataluña es hoy una anomalía democrática, ejemplo de un sistema democrático política e institucionalmente pervertido, que ha entregado el poder a una minoría arrogante, ambiciosa y corrupta que ha sabido ocupar, sin escrúpulos ni titubeos, casi todos los espacios sociales, culturales, económicos y políticos, desde los medios de comunicación a la enseñanza, de la calle a los Ayuntamientos, de la Generalidad a los sindicatos, creando un Movimiento Nacionalista que es lo más parecido a los movimientos que dieron lugar al nazismo y el fascismo de los años treinta. La raíz totalitaria y antidemocrática de este proceso ha sido tan hábilmente encubierta y transmutada, que quienes durante años hemos tratado de mostrarlo y demostrarlo hemos sido públicamente despreciados y marginados, tachándonos de aquello que nunca hemos sido, antidemócratas.

Como resultado de esta larga historia, una parte importante de la sociedad catalana, que ha sido sistemáticamente educada y sometida a la propaganda nacionalista, declara hoy abiertamente su odio y rechazo a España, al mismo tiempo que se deja embaucar por el sueño de una Cataluña idílica, una Cataluña independentista que se muestra “tan ufana i tan superba”, que se siente capaz de dar por fin un buen “cop de falç” a la Constitución de 1978, en contra de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos de Cataluña y de España. No podemos aceptarlo pasiva o resignadamente. Aquí estamos hoy reunidas personas política e ideológicamente diferentes, pero unidas por lo más importante: la defensa democrática de la igualdad y la libertad de todos los ciudadanos. Aquí estamos hoy, todos, por responsabilidad civil, reunidos y unidos para impedirlo. La responsabilidad es individual; la tarea, colectiva”.
http://www.lanuevacronica.com/frente-al-golpe-de-estado-del-independentismo

http://www.libertaddigital.com/opinion/santiago-trancon/frente-al-golpe-de-estado-del-independentismo-76749/

domingo, 20 de septiembre de 2015

SIETE PREGUNTAS A LOS INDEPENDENTISTAS CATALANES


(Foto: S. Trancón)

1) “Contaremos escaños, no votos, porque no nos han dejado hacerlo”. Nadie os ha impedido ni impedirá nunca contar los votos, y más si decís que las elecciones del 27-S son un plebiscito. Si ganáis en votos, seguro que los contáis. Lo que queréis decir es que si obtenéis más votos, lo esgrimiréis como argumento definitivo; pero si no, el número de votos no importará nada. ¿Democracia a la carta?

2) “Con una mayoría parlamentaria proclamaremos la independencia”. Ni mayoría del censo, ni mayoría de votos: bastará una mayoría parlamentaria, aunque sea, además, circunstancial y no esté basada en partidos políticos (a los que se puede pedir responsabilidad), sino en una lista volátil, heterogénea e incontrolable… ¿Imponer así la independencia, a la fuerza, a más de la mitad de los catalanes, a eso le llamáis democracia? Esto es coger la independencia por el rabo y proclamarla cuanto antes para que no se escape.

3) “Seguiremos en la Unión Europea porque para salir antes nos tendrían que echar, y eso no va a ocurrir”. ¿Pero no es al revés, que vosotros libremente decidís saliros? No hace falta echaros, sois vosotros los que os salís automáticamente al proclamaros un Estado Independiente. En Europa no valen estas argucias de charlatán de feria.

4) “Cataluña es una economía muy importante y Europa no va a dejar fuera a casi 8 millones de catalanes”. Pero ni Alemania, ni Francia, ni el Reino Unido, ni Italia, ni España, van a votar a favor de la incorporación de una Cataluña independiente a la UE, porque así ya lo han dicho y por cientos de razones evidentes. O creéis en la intervención divina o todo lo fiáis a vuestra capacidad persuasiva. A esto se llama delirios de omnipotencia.

5) “Tendremos buenas relaciones con España y mantendremos los intercambios comerciales porque España nos necesita más que nosotros a ella”. ¿Pero no contáis siquiera con la posibilidad de un boicot generalizado a todos los productos catalanes en la mayor parte de España? ¿No decís que todos somos unos fachas anticatalanes, que no os amamos y os insultamos y os atacamos tanto que no tenéis más remedio que independizaros?

6) “Seguiremos teniendo la nacionalidad española porque nadie nos la puede quitar”. O sea, que seguiréis siendo españoles para lo que os convenga y antiespañoles para todo lo demás. ¿Cómo se cuece esto? Si proclamarse independientes significa en primer lugar que dejáis de pertenecer a España, ¿cómo vais a poder seguir siendo legalmente catalanes y españoles a la vez? ¿Haréis un doble censo, repartiréis dos carnés de identidad? ¿Aplicaréis a unos la legalidad española y a otros la catalana? ¿Le dejaréis a cada ciudadano que elija lo que quiere ser? ¿Y qué derecho tenéis a privar de la nacionalidad española y su condición de europeos a más de la mitad de la población no independentista?

7) “Somos una economía muy potente, subiremos las pensiones, eliminaremos el paro, tendremos dinero de sobra para mejorar la educación, la sanidad, los servicios sociales, las infraestructuras; desaparecerá la corrupción y el despilfarro, legislaremos mejor, mejorarán las condiciones del trabajo, todos seremos más libres, más ricos, más felices, viviremos más años…”. Bueno, ¿y cómo se obrará este milagro, quiénes llevarán a cabo esa mágica transformación, los que han logrado que la deuda de Cataluña sea hoy un bono basura, los que han robado a manos llenas a Cataluña y a España, la banda corrupta del 3-10%, las 400 familias del “Ibex-catalán”? ¿Los que han destrozado y privatizado la sanidad? ¿Los Pujol, Prenafeta, Millet, Sumarroca o Mas? ¿O nacerá ese fantástico país del huevo una nueva Revolución de Octubre capitaneada por los troskistas de la CUP, acompañados por el conglomerado de Podemos? ¿Surgirá ese nuevo país por generación espontánea, o será el fruto de un eclosión repentina del genio de la raza catalana, hasta ahora sojuzgada? Y, sobre todo, ¿quién coño os impide ahora, enfervorecidos independentistas, hacer todo eso que por arte de magia vais a poder hacer al día siguiente de la independencia? ¿Qué poder os falta, qué medios, qué instituciones, salvo el poder totalitario y el no someteros a ninguna ley o control democrático?
http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2015/09/siete-preguntas-a-los-independentistas-25394.php






viernes, 11 de septiembre de 2015

ARTÍCULO EN EL PAÍS: CARTA A MAS (O MENOS)


HE PUBLICADO ESTE ARTÍCULO en el periódico El País como réplica a una carta de Artur Mas, el presidente de la Generalidad de Cataluña. El caso de la propaganda independentista es una especie de "patología inversa" en la que se proyecta sobre el otro todo lo que uno es y hace. Basta darle la vuelta al espejo para descubrir la maniobra.

http://elpais.com/elpais/2015/09/09/opinion/1441807609_142013.html

(Foto: S. Trancón)

miércoles, 9 de septiembre de 2015

UN POEMA DE CARLOS SAHAGÚN

Un emotivo y bello poema de Carlos Sahagún recitado por él mismo.
Esta grabado en el II Festival Internacional de Poesía de Medellín, al que acudió como el único poeta español. Se celebró del 23 al 29 de abril de 1992.


https://www.youtube.com/watch?v=e75cFSXBWp8