MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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jueves, 18 de febrero de 2016

COMENTARIOS CERVANTINOS

(Foto: Ángela T.Galisteo)


(Iré publicando una serie de comentarios con motivo del IV Centenario de la muerte de Cervantes. Notas que no incluí en mi libro Huellas judías y leonesas en el Quijote. Redescubrir a Cervantes, además de nuevas investigaciones y reflexiones. Este es mi particular homenaje al Centenario)


La Mancha y la mancha

“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”. Esta frase inicial ha determinado gran parte de la interpretación que se ha hecho del Quijote. Vamos a analizarla.

-Lo primero que hemos de decir es que no sabemos si Cervantes escribió “la Mancha” o “la mancha”, ya que en su época no era preceptivo usar la mayúscula para los nombres propios. El impresor decidía. Así que Cervantes pudo referirse a la pequeña región geográfica de la Mancha, entonces poco conocida, o a la mancha judía, o sea, la mancha del pecado original que los judíos seguían teniendo por no haberse limpiado o purificado mediante el bautismo cristiano. Los judíos, por lo mismo, eran los manchados, y vivían permanentemente en pecado. Manchado era sinónimo de sucio y todo lo que conllevaba: maloliente, fétido, apestoso, marrano (término que en su momento explicaremos), alguien del que había que apartarse.

-Cervantes seguramente se refirió tanto a la Mancha geográfica como a la mancha judía. Una le sirvió para encubrir o disimular la otra, pero no hasta el punto de impedir que los lectores no entendieran su juego semántico y su intención.

-Basamos esta afirmación en varios hechos. El primero es la existencia de un romance publicado en el Romancero de 1600 y que Cervantes, lector ávido de romances, conoció con toda seguridad. Este romance, conocido como El amante apaleado, comienza así:

            Un lencero portugués
            recién venido a Castilla,
            más valiente que Roldán
            y más galán que Macías,
            en un lugar de la Mancha
            que no le saldrá en su vida,
            se enamoró muy de espacio
            de una bella casadilla.

Vemos aquí claramente usado el término “la mancha” en su doble sentido: el geográfico (en un lugar de) y el de identificación judía (que no le saldrá en su vida). Que el octosílabo se repita literalmente al inicio del Quijote evidentemente no puede ser una casualidad, así como su doble sentido. Lencero es tratante o vendedor de lienzos, profesión muy frecuente entre los judíos portugueses.

-Como ya expliqué en mi libro Huellas judías y leonesas en el Quijote, en La pícara Justina, otro libro que conoció Cervantes, se usa el término manchego como sinónimo de manchado. Se llama a Herodes manchego, los mismo que manchega es la pluma que se enreda en un pelo y le mancha el pliego en que escribe, e incluso la protagonista, que es de Mansilla de las Mulas, se llama a sí misma manchega. Por si fuera poco, el mismo Cervantes llama a don Quijote “furibundo león manchado”, sin que tenga explicación alguna este manchado, cuando lo más esperado sería que le llamara manchego.


Todo el libro, por tanto, aparece desde sus inicios envuelto en un juego de dobles sentidos que Cervantes no revela de modo explícito, pero que tampoco oculta hasta el punto de que no podamos descubrirlo.  

jueves, 4 de febrero de 2016

LA MUERTE (CIVIL) DE CERVANTES

(Foto: Ángela T. Gañisteo)

Muerte civil: condenar a alguien al ostracismo, al desprecio y el olvido cuando aún está en vida. Pero hay también una muerte civil póstuma. Se puede seguir matando a alguien después de muerto. Rematarlo. A Cervantes lo condenaron a la muerte civil literaria en vida, Lope y los lopistas a la cabeza. Por envidia, por judeoconverso, porque no se arrimó a ninguna camarilla ni mendigó el elogio interesado de nadie. Pero peor ha sido su muerte póstuma. Tuvieron que ser los ingleses, y luego los alemanes, quienes lo resucitaran. Gracias a ellos se ha convertido en el escritor más importante de la historia. Se le añade Shakespeare, con la diferencia de que El Quijote lo sigue leyendo todo el mundo, lo que no ocurre con Shakespeare. Oficialmente aquí, sin embargo, Cervantes sigue siendo un proscrito, él y su obra, por más premios, alharacas y aspavientos con que se pronuncie su nombre.
La prueba más vergonzante es el interés que ha suscitado el IV centenario de su muerte. Todavía ni sabemos qué es lo que el Ministerio de Cultura ha programado. El español más universal, el más conocido, no despierta atención alguna por parte de un Gobierno que ha despreciado tanto a la cultura que sólo por este mérito debería desaparecer de escena. Pero quizás sea más irritante ver cómo se justifica este desdén, esta incuria, esta injuria, este menosprecio.
José Pascual Marco es Director General de Política e Industrias Culturales y del Libro. ¡De Industrias Culturales! Pues ha dicho que hay 131 actos programados pero que no los podemos conocer por “no estar aún abierta al público ni preparada la página web específica”. Más alucinógenas han sido las explicaciones del secretario de Estado de Cultura, J. M. Lassalle. Dice que no se ha querido “politizar la figura de Cervantes”. ¿Politizar? ¿A qué  se refiere? Traduzco: Que no se ha querido “provocar” a los nacionalistas, en especial a los catalanes. Esta reserva eufemística encierra una cobardía deleznable: Cervantes es España. Celebrarlo, exaltarlo, homenajearlo, es reconocer a España, al idioma español y, por lo mismo, a la realidad nacional española. ¡Eso es politizar a Cervantes! Así que mejor no hacer nada y disimular.
Prosigue: Que se ha huido de “una fasta conmemoración” y se ha sustituido el “modelo tradicional” por “un modelo más participativo, comunitario y deliberativo”, “más abierto y flexible”, “transversal, descentralizado y democrático”, “innovador, libre y sin jerarquías”. Frente a los británicos con Shakespeare, “hemos optado por algo más moderno”, “una nueva fórmula y filosofía de las conmemoraciones”. Ya ven, Lassalle se ha pasado a Podemos. ¡Cómo se contagia la nueva jerga! Añádanlo a lista de los necios... ¡Fasta conmemoración!...

 Cameron anunció a primeros de año que el centenario de Shakespeare se celebrará en 141 países. El Britsh Council organizará en España medio centenar de actos. En Oxford estudiarán la influencia de Cervantes en Shakespeare. Aquí van a dedicar (¡ya veremos a qué!) 3,5 millones. Colau se gastará la mitad de esa cantidad en realizar encuestas, y el juez le ha puesto 3 millones a Rus de fianza. ¡Comparen! Con que se dedicara el 1% de la última trama corrupta de Valencia nos conformaríamos.

sábado, 30 de enero de 2016

CLAVOS QUE DEJAN HUELLA (Cuento Judío)

(Foto: Ángela T. Galisteo)

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.
El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
Un día descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día.
Después de informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter.
Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta...
Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta.. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.
Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física"


(CUENTO JUDÍO tomado de Shirley Dobin Rosenthal)

jueves, 28 de enero de 2016

LA HORA DE LOS NECIOS


Estamos viviendo en España un momento político crucial. La estructura y modelo de partidos favorece el arribismo de los más mediocres y ambiciosos, a los que aquí llamo necios. 

(Fotos: Ángela T. Galisteo)

El tiempo es el ahora, la percepción del ahora. Cuando se acumulan los acontecimientos imprevistos, el tiempo se intensifica, acelera su ritmo. Sube la tensión, crece la incertidumbre, empieza a extenderse y a contagiarse el miedo a “lo que pueda suceder”. Hablamos de momento histórico, de hora crucial. Ya ha llegado. Podrá durar diez años, pero ya hemos entrado en ese ahora convulso en que las tensiones subterráneas anuncian un choque tectónico o una eclosión de fuego. En contra de toda lógica, el anuncio del caos no ha dado paso a la responsabilidad de los más sensatos, sino a la ambición de los necios. Aunque parezca mentira, la hora de la verdad (la de la política) se ha convertido en la hora de los necios. Fatalidad hispánica.
Es difícil encontrar una hora en que tanto necio se haya encaramado a la cúspide acorazada de los partidos con el propósito de asaltar o mantener el poder. A mayor necedad, mayor obstinación. Hagamos un breve repaso. Dejemos a Mas y a su sucesor, un pastelero que no fue capaz de acabar ni Filología Catalana.

Ahí tenemos al líder del PP, que con la mayor mayoría absoluta imaginable, ni ha suavizado los problemas de la economía, del paro, de la desigualdad, del déficit y el estado del bienestar, ni ha hecho nada para frenar al independentismo secesionista. La última prueba de su vacua necedad ha sido esa conversación con el falso Puigdemont. Ya es grave que un Presidente no tenga un filtro para saber quién le llama antes de ponerse al habla, pero peor aún que al oír el nombre de Puigdemont le entre una especie de euforia campechana y dicharachera, como si le llamara un colega de toda la vida. ¡Que está hablando con un tipo que acaba de pasarse la Constitución por el Arco de Triunfo de Cataluña y le considera a usted un facha invasor! Pues nada, te llamo mañana y nos vemos cuando quieras, “President”.

Otro tal es el líder del PSOE. Éste ha entrado en pleno desvarío. ¿Quién ha dicho que un político no puede perder la cabeza? La egopatía no está reñida con la necedad, ni la estulticia con la soberbia. Lo malo de un delirante reconcentrado es que contagia a quienes tiene a su alrededor. Acabará con el PSOE si no lo retiran a tiempo.

Otro necio de tomo y tomillo es el caudillista de Podemos. Creerse muy listo, no siéndolo ni pareciéndolo, es patético, mucho más si el engreimiento se une a la cursilería y confunde astucia con inteligencia. Durante la campaña electoral se autonombró Presidente mil veces, ahora se ha proclamado humildemente Vicepresidente, pero advirtiendo a Pedro Sánchez que quien le nombrará Presidente es él, la sonrisa del destino. Petulancia y chulería. Neofalangismo.



Lo dicho y temido: es la hora de los necios, esa hora crítica marcada en el calendario hispano y que nos toca padecer irremediablemente cada cierto tiempo, como una maldición cíclica. Pero pasará. Afortunadamente, y más pronto que tarde, habrá nuevas elecciones y ya nada seguirá igual: o nos precipitamos al abismo guiados por los necios, o los arrojamos antes al vertedero.    

miércoles, 13 de enero de 2016

CUIDADO CON TUS CREENCIAS

(FOTOS: A. TRANCÓN)

Nuestro sentido de la realidad es muy limitado. Sólo el tacto nos proporciona alguna certeza sobre la consistencia del mundo. Pero el tacto es burdo, no percibe el movimiento, y apenas diferencia los estados, formas y elementos de la materia. Necesita de la vista para construir el mundo. Pero la vista es también muy poco de fiar. Sólo crea imágenes, o sea, realidades imaginarias. Lo que vemos, además, no es más que una interpretación: nada es tal y como lo vemos. El color, por ejemplo, no está en las cosas, sino en nuestro cerebro. Y así todo.
La materia es un conglomerado de partículas en permanente agitación. Casi todo en ella es vacío. No percibimos la energía que mantiene unidas a esas partículas invisibles (la gravedad o la fuerza electromagnética, por ejemplo). Tenemos que fiarnos necesariamente de nuestro cerebro, más que de nuestros sentidos. Como todo acaba construyéndose en él, es ahí donde debemos fijar más nuestra atención si queremos aprender a movernos por el mundo. Al final, lo que más nos determina y condiciona son nuestros propios pensamientos.
Pero el pensamiento es también muy limitado. Construye conceptos e ideas para dar permanencia a la realidad y asegurar así nuestra supervivencia, pero es incapaz de comprender la mayor parte de lo que vemos, hacemos o vivimos. Allí donde el pensamiento racional no llega, surgen las creencias para cubrir el vacío. Nada nos asusta más que no encontrar un sentido o una explicación a lo que sucede a nuestro alrededor.
Pero hay creencias raciones y creencias irracionales. Aquel que no es consciente de sus creencias, quien no las somete constantemente a análisis, cae presa de su fuerza irracional. Las creencias son como el cemento: tienden a volverse pétreas. Las creencias más peligrosas son las religiosas. Miren a esa familia rezando durante un mes ante el cadáver de su hijo esperando a que resucite, o a ese hijo que ejecuta a su madre con un tiro de kalashnikov ante una multitud porque así se lo exige su fe y su adhesión al grupo que la profesa.


Pero igualmente perniciosas son las creencias políticas. Lo peor de esta fe laica es que los creyentes no son conscientes de ella, piensan que son sólo ideas, y muy racionales. Por eso no se paran ni un minuto a ponerlas en duda. Todavía hay quien, por ejemplo, cree que la CUP encarna la esencia de la revolución pendiente, incluso después del espectáculo de política basura que nos han ofrecido. O que eso de la autodeterminación es un derecho del pueblo catalán, aunque suponga atropellar los derechos democráticos de la mayoría, incluidos los catalanes. La izquierda tiene una peligrosa tendencia al dogma y la creencia ciega. Lo justifica con una autoatribuida superioridad moral que lleva a disparates como ése de las tres magas falleras o la birria de reyes magos carmelanos.  No se atreve a pensar o poner en duda sus creencias políticas y sociales, tirándolas al muladar si es necesario.

Lo dicho, cuídate de tus creencias, ¡que son tus peores enemigos!
http://www.lanuevacronica.com/cuidado-con-tus-creencias