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domingo, 14 de diciembre de 2008

FELIZ PRESENTE

(Foto: Agustín Galisteo)



Eckart Toole escribió un eficaz libro titulado “El poder al ahora”, que recomiendo especialmente en estas fechas en que ritualizamos el paso del tiempo. Nos recuerda cosas que todos sabemos, pero que conviene repetirnos de vez en cuando.

El futuro es una construcción mental. También lo es el pasado. En el mundo real sólo existe el ahora. Y el ahora es el instante. Imaginamos la continuidad y a eso le llamamos tiempo. El tiempo es la continuidad del instante y, como tal, lo consideramos infinito, eterno. Como recordamos el pasado y podemos imaginar el futuro, caemos en la trampa de que ese pasado y ese futuro existen fuera de nuestra mente.

Nada tendría de malo este modo de proceder si no nos alejara del ahora, si no nos dejáramos absorber por lo que recordamos del pasado y por lo que prefiguramos del futuro. Dejamos atrapada ahí, en lo que ya no existe y en lo que todavía no ha llegado, toda nuestra energía y atención. Dejamos de estar presentes, dejamos de ser reales para convertirnos en seres del pasado o seres virtuales.

Pero sólo podemos actuar ahora, nada podemos hacer fuera del presente. Puedes traer el pasado al presente para desengancharte de él, nada más; para no dejarte absorber por él, por esos recuerdos que quieren existir más allá del ahora en que ocurrieron. Puedes imaginar el futuro para intentarlo ahora, para hacer ahora algo que pueda hacer posible ese futuro imaginado, pero no para hundirte en él, no para evadirte del ahora.

El ahora es todo lo que tienes y todo lo que eres. No hay nada fuera del ahora. No hay ninguna posibilidad de actuar sobre el pasado ni sobre el futuro. El ahora es completo, inabarcable, infinito. En el ahora está todo lo que necesitas. ¿Por qué nos resulta tan difícil anclarnos en el ahora? Porque nos creemos eternos, porque quisiéramos ser eternos.

Quien se considera eterno puede permitirse el lujo de despreciar el ahora. Pero el ahora es todo y lo único que tenemos. Un instante, y nada nos asegura que seguiremos vivos al instante siguiente. Un instante es nada. El ahora es la muerte, el vacío. Sólo podemos aceptar el instante, la nada, pero al hacernos conscientes de él, nos volvernos todo lo reales que somos, nos hacemos realmente presentes en cada momento.

Quien así es consciente actúa sin miedo, sin dudas, sin reservas, y aprovecha todos los momentos de su vida, los dilata, los llena de intensidad, la única forma que tenemos de vencer al tiempo.
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