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viernes, 6 de febrero de 2009

PROBABLEMENTE DIOS

(Foto: A.Real)
Ya he escrito (ver la entrada ACERCA DE DIOS) sobre el tema de Dios. La polémica de los llamados autobuses ateos/cristianos me hace volver a él.

Me llaman la atención los dos anuncios:
Probablemente Dios no existe. Despreocúpate y disfruta de la vida.
Dios existe. Disfruta la vida en Cristo.

Vayamos con la primera.
Es chocante este adverbio de posibilidad y duda: “probablemente”. Si se es ateo convencido, no viene a cuento. ¿Cómo que “probable” o “posiblemente”? Hay aquí una especie de argumento estadístico: hay un tanto por ciento muy elevado de que Dios no exista. ¿Pero qué hacemos con ese otro tanto por ciento de duda?

En principio, parecería que estos agnósticos o ateos dejan una puerta abierta a la posibilidad de que Dios exista. No quieren ser dogmáticos, sino prácticos. Pero yo me pregunto por qué no se atreven a afirmar claramente que Dios no existe. ¿Humildad, prevención, duda o miedo a posibles reacciones de los convencidos de lo contrario?

Lo de “despreocúpate” es también enigmático. ¿Qué significa? ¿Despreocúpate del más allá, de la muerte, del infierno, del paraíso? ¿De las normas, de la moral?
La conclusión, “disfruta de la vida”, no veo qué relación tiene con todo lo anterior. ¿Por qué creer o no creer en Dios te va a impedir disfrutar de la vida?

Vayamos con la reacción de los cristianos.
Primero, este anuncio está pésimamente redactado. No es español. Se disfruta “de”, porque disfrutar es un verbo que rige preposición y no admite complemento directo. Lo de “en Cristo” es ya barbarismo repelente, por más que lo repitan los curas a troche y moche. ¿Qué significa aquí “en”? ¿Dentro de Cristo? ¿Cómo se puede disfrutar de la vida dentro de Cristo? ¿Qué es Cristo, un gran corazón, un estadio de fútbol o unos grandes almacenes?

Dios se ha convertido en una palabra sobrecargada de sentidos, semánticamente pervertida, contaminada, inútil para pensar y discutir sobre la realidad misteriosa e incomprensible del mundo y de todo cuanto nos rodea. Decir “Dios existe” es tan indemostrable y carente de sentido como lo contrario, porque se trata de una discusión nominalista. Ni siquiera es un asunto de creencias. Llevar esta discusión a la carrocería de los autobuses es eso, un asunto de predicadores, de apóstoles, tanto da del signo que sean.
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