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martes, 23 de febrero de 2010

CURIOSIDADES CIENTÍFICAS


Me gustan los libros de divulgación científica, que no es lo mismo que vulgarización.
Hace tiempo leí uno, del que tomo ahora algunos datos, que aderezo con mis comentarios. Cosas de biología, por ejemplo.

Toda la energía de la Tierra proviene del Sol. Las plantas absorben parte de esa energía y de ahí pasa a nosotros: directamente, o a través de los animales que nos comemos, ya sean herbívoros o carnívoros. Pero toda la energía que llega y nos da vida, no desaparece, vuelve al universo exterior en forma de radiación infrarroja, y así será sobre todo cuando la Tierra desaparezca engullida por la expansión de un Sol moribundo. La energía no se destruye, fluye constantemente por todo el universo, de un confín a otro, y también de un universo a otro. Nosotros somos energía.

El 90 por ciento de la vida del planeta es vegetal. Del otro 10 por ciento, la mayor parte lo constituyen los microorganismos y los insectos. Por cada ser humano hay mil millones de insectos. Los escarabajos, a su vez, son los insectos de mayor éxito reproductivo, es lo que más abunda en la Tierra. No somos, por tanto, ni el centro de la Tierra, así que mucho menos del universo.

Donde primero surgió la vida fue en el mar. Hace 400 millones años los océanos estaban a rebosar de peces. Luego empezaron a poblar la tierra los reptiles. De los reptiles, curiosamente, siendo como son los seres más pegados a la tierra, surgieron las aves, los únicos seres capaces de vencer a la gravedad. Algunos dinosaurios aprendieron a volar antes de la gran catástrofe de hace 65 millones de años. Fue en esa época cuando nacieron las flores. Antes no había flores sobre la Tierra. Durante 3.600 millones de años hubo vida sobre la Tierra, pero no flores... Somos afortunados, hemos venido al mundo en la era (biológica) de las flores.

Compartimos el 99,8 por ciento del ADN con cualquier ser humano; sólo me diferencio en un 0,2 por ciento de cualquier otro semejante, y en un 0,4 de un chimpancé. El ego, genéticamente, es muy poquita cosa.

Ni los perros ni os toros ven el color. Sí los pájaros, las ranas y los lagartos. En este sentido, estoy más cerca de un pájaro, una rana o un lagarto, que de un perro, aunque sea el mejor amigo del hombre. El perro tiene, además, 200 millones de células olfativas, y yo sólo 5 millones. En esto, me gana por goleada.

No siempre las orejas están en la cabeza. Las arañas y los grillos tienen las orejas en las patas. Por eso es quizás tan difícil hablar con una araña o un grillo: no tenemos en cuenta esa importante diferencia.

La abeja reina es fecundada una sola vez por un solo zángano. Guarda en su cuerpo los millones de espermatozoides y los va depositando a lo largo de la vida en los huevos. Eso sí que es economía sexual. Lo nuestro, frente a las abejas, es puro derroche. Sin embargo, los millones de espermatozoides que van en busca de un óvulo y fracasan en su intento, no están ahí simplemente para ver quién llega primero, sino para ir rompiendo la membrana, el cascarón del óvulo. Así que lo importante no es llegar primero, sino llegar en el momento oportuno.

Hasta el siglo XVII se creía que la sangre no se movía por el interior del cuerpo. Esto nos lo tenían que haber explicado en el bachillerato. Interpretaríamos así mucho mejor eso de los “humores”, “tener buen o mal humor”, “lo llevo en la sangre”, “es de buena sangre”, “me dio su sangre”, “tiene la sangre envenenada” o “es de sangre impura”. La sangre estaba ahí, quieta, metida en el cuerpo, era algo dado, recibido, y no había modo de cambiarla...





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