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viernes, 9 de abril de 2010

NOCILLA NOTHING


(Foto: Agustín Galisteo)


Estaba harto de leer titulares sobre el Proyecto Nocilla, La Generación Nocilla, ese nuevo fenómeno de las letras españolas, Nocilla Dream como la mejor novela del año (lo dijo la revista La Quimera), una de las tres mejores del año (El País)... Miraba por encima los artículos, que si deconstrucción, descontextualización, fragmentación, pospoética... Por instinto me decía que todo era un nuevo timo y no traté de seguir la pista a esa moda, hasta que el otro día, buscando en una biblioteca Mientras agonizo, de W.Faulkner, me di de canto (de lomos) con las Nocillas del nuevo Joyce de las letras hispanas. Me llevé una a casa, para hojearla con un poco más de detenimiento. Leí unas veinte páginas y fui incapaz de seguir. Me pregunto se ha habido alguien capaz de leer por completo alguna de esas Nocillas. Prosa pastosa, pero con gusto a papel secante, no a nocilla. O a plástico. Ya lo dijo el autor: “El súmmum de la creación humana es el plástico”. Su técnica es elemental, de parvulario: “Se descontextualizan las cosas y se les da un halo poético por el simple hecho de colocarlas en otro lugar”. Así de fácil es escribir una novela. Porque: “El mundo se ha transformado en un supermercado donde tú vas cogiendo lo que te apetece y con eso puedes montar un día en tu vida, una novela o una peli”. Y por si no quedaba claro: “Crear es copiar”.

Pues con estos hilos se ha construido (¿deconstruido?) la nueva teoría y moda literaria. Fabricada la red, a pescar peces. Pero por más que en un primer momento acudan como moscas a la nocilla, pronostico que este fenómeno durará menos que un donut en la boca, porque está lleno de aire. Pasará la Nocilla, Los Nocillas y los Nocilleros de la crítica y los suplementos literarios.

A mí toda esta moda me parece tan paleta, tan ignorante, tan artificiosa, tan cursi, tan vacía como estos dos versos del nuevo genio:

Me muero por piratear esta noche
los 50 gigabytes de tus pezones

Lo más repelente es el tufo de arrogancia y pedantería que rezuma esta pésima literatura. Sólo así se puede titular un supuesto libro de poemas “Yo regreso siempre a los pezones y al punto 7 de Tractatus”. A esto le llama su autor pospoética, nada menos que un nuevo paragdigma.
Se me acaba de ocurrir el título de mi primer libro pospoético: “El huevo, el postfacio y la gallina se encuentran en un burdel... de Wall Street”. ¿Sugerente título, verdad?
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