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lunes, 5 de julio de 2010

TEORÍA DE LA INCERTIDUMBRE

(Foto: Enrique Fernández)

Heisenberg descubrió que no podemos captar el mundo de manera absolutamente predecible, por más que conozcamos las leyes que rigen los movimientos de la materia. Si captamos el movimiento, por ejemplo, no podremos observar al mismo tiempo la posición de una partícula subatómica. Este principio de incertidumbre se puede extender a todo, incluso de modo mucho más inquietante. Lo más cierto es la incertidumbre, la predicción más segura es siempre lo imprevisible.

Aceptar esta verdad es quizás el aprendizaje más difícil de la vida. La incertidumbre genera ansiedad, miedo, angustia, incluso cuando lo que esperemos sea positivo, porque siempre cabe la posibilidad de perderlo en el último momento.

Pero si todo fuera previsible, si todo lo supiéramos de antemano, la vida en ese mismo momento se pararía, todo quedaría colapsado. La vida es un sistema abierto, si se cierra, desaparece. Siempre tiene que haber una pequeña asimetría que vuelva inestable lo que tiende a la inmovilidad.

Todo el universo se rige por el mismo principio de incertidumbre, el equilibrio absoluto llevaría a la muerte del universo, a la paralización súbita de todas las galaxias y de su expansión infinita.

Huimos de la incertidumbre mediante todo tipo de engaños. Incluso, a los seguros de muerte les llamamos seguros de vida. Pero mientras estemos vivos, la incertidumbre no es más que un horizonte de posibilidades. Aceptar la incertidumbre no es volverse pesimista, no es dejarse atrapar por las predicciones catastrofistas, sino resistir ante la tentación de volvernos deterministas, de cerrar el horizonte de posibilidades que es la vida para convertirla en un inventario de profecías cerradas y autocumplidas, que eso es la muerte.

Hay una diferencia radical entre estar vivo y estar muerto, entre aceptar la incertidumbre y estar atento a todo lo impredecible y nuevo, o, por el contrario, obsesionarse con lo predecible y repetitivo, con la búsqueda imposible de la seguridad.

Quizás lo más impredecible del universo fue la aparición de la conciencia. Si todo fuera mecánico, predecible, seguro, ni siquiera se hubiera producido el big bang y su consecuencia imprevisible: la conciencia. Pero la conciencia está ahí, aquí, y ella misma es, ante todo, un darse cuenta y un aceptar la incertidumbre radical que atraviesa y mueve el universo entero.


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