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domingo, 24 de abril de 2011

CERVANTES, JUDÍO CONVERSO (II)

(Foto: Juan Santos)

Ha tiempo escribí una entrada con el mismo título. En el libro “Memorias de un judío sefardí”, de próxima aparición, cuento con más detalle el origen converso de Cervantes. Reproduzco aquí parte de ese texto.

Les explico que está claro que Cervantes provenía de una familia de conversos. Su padre era cirujano, él se dedicó a algunos negocios que desconocemos y fue recaudador de impuestos... Aunque no debía de ser lo suyo, porque acabó en la cárcel. Fue excomulgado dos veces, y no sabemos muy bien por qué. También intentó ir a América en dos ocasiones, y no lo consiguió. Estaba prohibido a los conversos.

Lo que llama mucho la atención, prosigo, es que nada más empezar la novela nos describa con detalle lo que come don Quijote, y ahí aparece eso de “duelos y quebrantos los sábados” para referirse a un plato consistente en “huevos fritos con tocino o chorizo”.

¿Quiénes podían llamar a ese plato “duelos y quebrantos”, sino los conversos? Sólo para ellos era un dolor y un quebranto de la ley comerlo, y además, los sábados. Menéndez Pelayo recoge un romance sefardí que habla de “trobad olla que no quiebre / trobad nunca con anguila / ni mucho menos con liebre”. Trobar es componer. La olla es el pote, el puchero, donde se hacía el cocido. “Olla que no quiebre”, o sea, que no contenga ni anguila ni liebre... O sea, comida no kósher (impura).

Por cierto, este plato tan español, el cocido, seguramente proviene de la olla que los judíos preparaban los viernes para no tener que cocinar en shabbat, en sábado. La olla de don Quijote lleva “más vaca que carnero”, no cerdo, lo más habitual. Don Quijote no come nunca cerdo ni dice que es cristiano viejo, a pesar de ser hidalgo, algo que sí afirma Sancho Panza.

No aparecen en el libro, ni catedrales ni iglesias, sólo una, con la que “se dan”, y de noche. Don Quijote lucha contra los molinos de viento, que son gigantes con un aspa muy grande (el símbolo de la Inquisición); salva a los galeotes, que la mayoría eran judaizantes o conversos tornadizos condenados a galeras por la Inquisición...

Y un último dato que a mí me parece revelador. En El retablo de las maravillas, ese embuste tan parecido al cuento del rey desnudo, dice que si alguien no puede ver las maravillas del retablo es señal de que es converso... Si no se deja engañar..., es converso. Si no ve lo que los otros ven..., converso. ¡Qué poco se necesitaba para acusar a alguien de criptojudío!... Hasta eso de la Mancha aventuran algunos que alude a la mancha de ser judío, la falta de pureza de sangre, verdadera obsesión colectiva en la época de Cervantes.

Ah, y Cervantes se casó con una judía, Catalina de Salazar, y tuvo una amante, también judía, Ana Franca de Rojas…

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