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martes, 24 de enero de 2012

EL CUADRO PERDIDO DE DAN KOFLER


Aquí tienes un cuadro perdido de Dan Kofler. Lo pintó en 1974 y forma parte de un tríptico titulado “La mujer y su destino”. Dan Kofler no sabía nada de este cuadro desde la fecha en que lo pintó. Esta mañana se acaba de enterar de que sale a subasta en una importante galería de arte alemana. Ha recuperado, al menos, su fotografía. Ya lo daba por perdido y ha sentido una gran emoción al poder contemplarlo de nuevo.

Me cuenta cómo ha dado con él. Se levantó esta mañana con la imagen de las ondas concéntricas que propaga el agua al caer una piedra sobre su superficie. ¿Por qué son redondas y se propagan sin perder su forma? Es el encuentro de lo sólido con lo líquido, la materia en dos estados diferentes, dos materias que se unen. Son redondas porque la unión es perfecta, en todos los puntos de contacto la fuerza es la misma. Es una imagen del encuentro equilibrado, en el que un cuerpo se hunde en otro, provocando en él una vibración armónica que se amplía y propaga de forma muy bella.

Bien, pues estaba pensando en estas cosas y de pronto se le ocurrió teclear su nombre en Google y en la primera entrada aparece la noticia de la subasta de este cuadro… Como puede observar el lector, todo el cuadro está atravesado por ondas y olas concéntricas…

Sí, estamos sumergidos en el misterio, y no sabemos cómo a veces se producen estas asociaciones, estas conexiones energéticas. Dan Kofler tiene ese don, esa capacidad para ser testigo y protagonista de estos extraños sucesos para los que no encontramos todavía una explicación racional. En el libro de sus Memorias que he escrito aparecen muchas de estas inexplicables experiencias.

Yo también me alegro mucho de poder ver este cuadro perdido. Podríamos hablar de surrealismo, pero aquí hay algo que va mucho más allá de lo que los surrealistas descubrieron e intentaron dominar, con escaso éxito, en general. Hay una entrada en el mundo de los sueños y el inconsciente, pero con control, sin automatismo, porque todo responde a una voluntad de composición, de búsqueda de orden y sentido. En este cuadro aparecen inquietantes visiones anticipadas que el autor tuvo de lo que le sucedería muchos años después. No me voy a detener en descifrarlas, pero todo el cuadro en sí mismo encierra su propio misterio, al que se une ahora el de su pérdida y su milagroso hallazgo.


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