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domingo, 10 de junio de 2012

TITUBEAN Y TARTAMUDEAN, PERO NO DUDAN



No hay modo de sustraerse a la realidad política. Cada día, una provocación mayor. La última se llama 100.000 millones de euros.
La propaganda oficial repite: Se trata de un préstamo muy beneficioso que nos aleja del rescate y la intervención. ¡Uf, qué alivio! Puta y cenagosa mentira, digámoslo claro. Una mentira mayor y más atrevida que las anteriores.

(Río Miño: S.Trancón)


Basta escucharles, prestar atención, no sólo a lo que dicen (circunloquios, eufemismos), sino a cómo hablan y a dónde miran y cómo miran cuando hablan. De Guindos (de qué guindal habrá sacado ese “de”?) es patético, patoso, ridículo, pero ahí lo tienen, anunciando la salvación. Titubea, tartamudea, no se sabe a dónde mira, un ojo lo abre desconcertado mientras el otro pugna por cerrarse para no ver lo que la lengua farfulla… Ojos borrosos, envueltos en telarañas, pero un rostro áspero, duro, con una gran mandíbula, que se le va hacia adelante.

Titubea, tartamudea, pero no duda, no quiere que los demás duden, y asegura que sólo los bancos serán los que tengan que hacer frente a esta “recapitalización”, que sólo a ellos les afectará el descomunal rescate.
No dice que los 100.000 millones son un préstamo al Estado. No dice que es un préstamo que nos hacen los grandes banqueros (a través del FMI, BCE…) que debe devolver el Estado con intereses (no sabemos todavía a qué interés ni cuándo ni cómo hay que devolverlo; esto, al parecer, es lo de menos). O sea, no dice que se trata de una deuda ciclópea que tendremos que devolver con nuestros impuestos. No dice que vamos a quedar atrapados en una deuda imposible de pagar y que nos atará de pies y manos a lo que esos prestamistas quieran, planifiquen y decidan. No dice lo que todo el mundo sabe: que España ya ha sido “rescatada” e intervenida.
  
Y que esa deuda la tendremos que devolver nosotros, la mayoría, con un sacrificio enorme, no ellos. No hace falta repetir quiénes son ellos. Lo sabemos, pero convendría ponerle nombre y apellidos. Una lista de unas mil “familias”: banqueros, grandes empresarios, aristócratas, terratenientes, sagas políticas, sagas nacionalistas, jueces, narcotraficantes… A los que hay que añadir los superpoderosos grupos alemanes, franceses, británicos, norteamericanos, chinos, árabes…, con sus redes supranacionales.

En contra de toda lógica capitalista, los banqueros culpables  no desaparecen barridos por la competencia, sino que mantienen sus chiringuitos y pasan sus deudas al Estado. En lugar de liquidar a todas esas entidades corruptas y crear una banca pública y dedicar ese dinero a promover la economía real, productiva, se refuerzan los circuitos puramente financieros para seguir especulando. ¿Qué no se podría hacer con esos 100.000 millones bien empleados (a los que habría que añadir los 20.000 millones ya desembolsados, que nunca más se recuperarán, y de los que nadie habla)?


La democracia está fallando en su raíz, porque está claro que no hemos dado a los políticos tanto poder como para que cometan este atraco y aparezcan, al mismo tiempo, como nuestros salvadores. Del tartamudeo de Rubalcaba hemos pasado al de Guindos. Avanzamos… ¡hacia el abismo! La calma durará, lo auguro, en el mejor de los casos, un mes. La realidad es demasiado terca y el objetivo muy claro: de momento, acabar con lo poco que queda del Estado del bienestar; luego, ya veremos. A lo mejor sobra hasta la democracia. O lo que quede de ella.

¿Hay alguien que se crea, a estas alturas, que la guerra iniciada es un problema contable, un problema de déficit presupuestario?  


PD. Optimista, ayer, al acabar esta entrada, auguraba que la calma duraría unas semanas. Me equivoqué. No ha durado ni 24 horas. 


Por si fuera poco, acabo de leer la opinión de Paul Krugman:
  

Independientemente de cuáles sean las raíces profundas de esta parálisis, está quedando cada vez más claro que hará falta una catástrofe sin paliativos para que haya alguna acción política real que vaya más allá de los rescates bancarios. Pero no desesperen: al paso al que van las cosas, especialmente en Europa, la catástrofe sin paliativos podría estar a la vuelta de la esquina.

(Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y Premio Nobel 2008).

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