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lunes, 2 de enero de 2017

LIBROS PARA PENSAR

(Foto: A. Trancón)
Llega el nuevo año, y aquí va mi deseo: que siempre tengas a mano un libro. Un libro que te haga pensar.

La palabra libro proviene del “líber”, nombre con el que se designa en latín a la membrana vegetal que separa la corteza del tronco del árbol. Contiene la idea de crecer y liberar, que está también en el origen de la palabra libertad. Ser libre es tener la capacidad de crecer. Y crecer se hace siempre desde dentro, rompiendo lo que nos constriñe o encierra, como es la corteza del árbol.

El término “scríbere” dio origen de la palabra escritura. Escribir es inscribir, hacer incisiones, grabar signos sobre la piedra, la madera o la arcilla para dar permanencia a la palabra. También está emparentada la escritura con el término griego “kryptós”, que se refiere a lo oculto, lo encriptado, lo que debe descifrarse.

Libro y escritura acabaron asociándose a “elígere”, que en latín significa recolectar, seleccionar, elegir, de donde procede “lectura”. Leer es elegir, tener la capacidad de seleccionar entre distintos significados o interpretaciones. El lector es un elector. La inteligencia (inter-legere) es la capacidad de elegir entre varias posibilidades.

Al extenderse la imprenta y la alfabetización, el libro pasó de ser declamado o recitado en voz alta, a ser leído individualmente en silencio, lo que exigió desarrollar la capacidad de concentración e introspección. Uno de los logros mayores del libro ha sido aumentar nuestra capacidad de concentración, introversión y reflexión. Este sigue siendo hoy el espacio natural del libro. Gracias a él evolucionó nuestro cerebro.

Lector, ten siempre un libro al alcance de tus manos: es el mejor instrumento inventado por el hombre para desarrollar la capacidad de reflexión, de autoconocimiento y conocimiento del mundo. La finalidad de todo libro es transmitir el conocimiento y ayudar a desarrollar la conciencia, la capacidad de pensar con claridad. La capacidad de crecer desde dentro de uno mismo. La capacidad de elegir. La capacidad de descifrar lo oculto, lo invisible, el misterio de la vida y el universo.

Internet es muy útil, pero no puede sustituir al libro. La lectura en una pantalla siempre será superficial, efímera. La letra virtual no penetra en nuestro cerebro; para que lo haga tenemos que sacarla de la pantalla a través de la impresora o la escritura a mano (gravísimo error desterrar la escritura de la escuela). Materializarla, fijarla, escribirla en el papel para que pueda inscribirse en nuestra mente. Espacio y tiempo. El libro crea un espacio físico que fija y contiene el sonido inmaterial, la palabra. Un espacio que exige tiempo para descifrar todo lo que está escrito en él. ¿Qué sería de internet si desaparecieran los libros?

Libros para pensar, y pensar para vivir, para desarrollar la capacidad de enfrentarnos a los problemas, las dificultades y retos de la vida cotidiana. Para vivir de modo más sereno y feliz. Para disfrutar de la vida. Para asombrarnos ante el insondable misterio del universo y la existencia. Para descubrir nuestras capacidades ocultas, renovar el entusiasmo por lo que hacemos, intensificar la experiencia y estimular la creatividad.

Podemos ser dueños de nosotros mismos, dueños de ese potente centro de creatividad y energía que es nuestro cuerpo y nuestro cerebro. Podemos controlar nuestras ideas, nuestras emociones y nuestros deseos. El libro, la lectura sin prisas, es el mejor medio para perfeccionarnos. Un buen libro nos ayuda a dejar para siempre, por inservibles e inútiles, viejas ideas y prejuicios, pero también el pesimismo, la desconfianza, las vacilaciones, la confusión, el miedo, la envidia y el rencor. Toda la energía negativa que se ha va pegando a nuestros pensamientos día a día.

Un libro siempre a mano. Un libro para animarte a ser libre, a elevar tu energía, a desarrollarte desde tu interior y crecer, haciéndote, como el árbol, más robusto ante la adversidad, más enraizado en este mundo –en la realidad de este mundo– y menos frágil y perdido en el mundo irreal de tu mente, en la absorción en ti mismo. Ser libre de tus propias limitaciones, de tus pensamientos y reacciones automáticas. Descubrir que la realidad en la que estamos inmersos es mucho más y distinta a lo que nuestro modo rutinario de pensar y sentir nos ha acostumbrado. Y que es posible cambiar la vida y transformar el mundo.







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