MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)
MIS LIBROS. (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

domingo, 3 de enero de 2016

EL POETA LUIS DÍAZ VIANA

(Fotos: S. Trancón)

La poesía vive en la marginalidad literaria, apenas tiene lectores y está fuera de los circuitos comerciales. Sin embargo ocupa el lugar central de la literatura; es, podríamos decir, su núcleo esencial. Si desapareciera, toda la creación literaria se vendría abajo por falta de consistencia. La poesía, al contrario de la novela, no vive de los lectores, vive de sí misma. Y mientras haya poesía habrá poetas. Leyendo la poesía de Luis Díaz Viana uno comprende el sentido de esta profunda verdad.
Se ha dedicado profesionalmente Luis Díaz a la antropología, una disciplina que tardó en llegar a nuestro país y de la que él ha sido pionero. Una larga lista de libros recoge sus investigaciones, orientadas a desvelar la pervivencia de rasgos culturales y populares dentro de nuestra propia cultura, cada día más universal y urbana. Pero además de esta labor científica y académica, Luis Díaz se ha dedicado de modo consciente, perseverante y riguroso, a la poesía. De ese núcleo creativo esencial han brotado también sus otros dos empeños artísticos: la pintura y la música.
La publicación reciente de su “poesía junta y revisada” pone de manifiesto el lugar central que la creación poética tiene en toda su obra y en su vida. No suelen los poetas atreverse a poner en claro, reunidos y enfrentados, los poemas que han ido marcando su propia evolución poética. Esto implica releer críticamente, seleccionar y depurar cada poema y, sobre todo, tratar de encontrar el sentido de una continuidad no manifiesta, pero existente, como río profundo que recorre por debajo de lo que aparentemente ha sido una creación espontánea y sujeta a los impulsos de cada momento. Luis Díaz lo ha hecho con este libro de 300 páginas, titulado En honor de la quimera (ed. Devenir Poesía), en las que ha ordenado los siete libros publicados entre 1971 y 1992.
Siempre es insuficiente y reduccionista calificar una obra variada, compleja y fuertemente personal. No lo voy a hacer con la poesía de Luis Díaz, difícilmente clasificable según las categorías al uso. No impide esto destacar que encontramos en ella recogidos los impulsos y la sensibilidad de los movimientos poéticos más destacados de la historia, pero no recurriendo a la copia o la imitación, sino a través de la asimilación e integración en la propia concepción y vivencia poética. La poesía de Luis Díaz ha ido brotando y haciéndose –tal y como se presenta en este libro- de las fuentes del romanticismo, el neoclasicismo, el modernismo, el irracionalismo surrealista y la lírica popular. El impulso personal late y transforma en cada momento estas influencias en una voz original que nunca pierde la raíz, el vínculo con la propia vida. La poesía se convierte así en búsqueda, autoconocimiento, autoafirmación frente a un mundo incomprensible pero apasionante.


No nos encontramos ante una poesía del sosiego o la contemplación, sino del desarraigo, de la vivencia dramática del amor, el dolor, la muerte, la injusticia, el sinsentido. Nada de extraño que a veces adopte un tono nihilista, apocalíptico, bíblico, y que se exprese tanto a través del versículo y la salmodia como mediante versos cortos, inquietos, llenos de elipsis y rupturas rítmicas. Prueba de esta inquietud, de esta tendencia al inconformismo (incluso formal) es el distribuir alternando las estrofas del poema pasando del lado derecho, al centro y el izquierdo de la página, creando un equilibrio dinámico, formando un zigzagueo que avanza como un oleaje. Esta construcción rítmica y visual no es un simple juego, tal y como lo concibe la poesía experimental, sino la expresión más adecuada del contenido y el latir mismo de los temas recurrentes que dan vida a los poemas: el amor, la muerte, el sexo, el dolor, la soledad, la naturaleza, el misterio de la existencia.
Dice el poeta, “solo y desterrado”, que “vivir y morir tan solo es niebla” y que “la única eternidad está en tus sueños”. Por eso “busco, con otros hombres, la puerta condenada / de un antiguo paraíso”. Busca, pero no huye el poeta de lo que encuentra al final del encuentro: “La muerte nunca aparece como es, / tal como es: guarda su misterio”. “La muerte estaba en ti. Tú la traías / en tu mirada, en tus ojos, en tus manos. / Tú la traías en tus labios  / y me los diste, desnudos, a besar. / Yo, sólo sabía de palabras”.
El amor es mucho más que un tema, es el lugar y la experiencia radical a la que regresa una y otra vez el poeta, incapaz de entender su misterio, tan unido a la soledad y la muerte: “Qué lucha de vidas encontradas, / tan terrible, hasta llegar a ser nosotros, / hasta salir tú de ti, yo de mi otro / para abrazarnos desnudos y sin sombras”. “He pasado en cárceles de soledad / toda mi vida / huyendo del amor o deseándolo”.


Ninguna reseña puede sustituir la experiencia de la lectura individual, y nada más personal e intransferible que el encuentro con un libro de poesía tan denso, extenso y variado como éste. Ante la imposibilidad de resumirlo cabe, sin embargo, entresacar algunos versos que pueden mostrar su pujante vitalidad, su concentrado lirismo, la fuerza expresiva y la riqueza de imágenes sorpresivas e impactantes. Una poesía cargada de emoción, pero también portadora de una visión del mundo y el hombre como ser desvalido e indefenso que necesita dar sentido a su vida, comprender y compartir su existencia azarosa, cargada de experiencias desgarradoras, pero también exultantes y felices. El sentimiento nos mueve y nos guía: “Porque el sentimiento es la llave que hace bello / lo imperfecto”. “Sólo un viento de sueños calcinados / desordena los pliegues de la tarde, / mientras, tristes y oscuros, / caminamos”. “Vi el mundo que se oculta en los espejos / y juzgué la muerte necesaria”. “Tendremos que morir, como árboles viejos, / sin corazón de viento  ni memoria de estrellas: / solos y acostumbrados al musgo y a la tarde”.
Si un libro de poesía puede salvarse por un solo verso, encontramos en esta antología de Luis Díaz cientos de versos que por sí solos justifican, no ya su publicación, sino una vida entera dedicada a la obstinada labor de expresar con palabras el misterio de lo que somos, de lo que sentimos, de lo que pensamos y deseamos. De la alta calidad y logro de este empeño sirva este puñado de versos cargados de belleza y emoción, pero que también encierran una profunda reflexión sobre nuestro paso por esta tierra:
 “Baja de las nubes. Sal, sal a la calle. / Busca a un hombre muerto con tu mismo rostro”.
 “Vivir como si la tierra / fuera nuestra única patria, / la que sabe nuestros nombres, / y no el oscuro destierro / de unos dioses derrotados”.
“Recorrer los puentes fríos / que cuelgan sobre la hierba, / perderse en un horizonte / de coches enfurecidos, / de muchedumbres de piedra / y mujeres sin mirada”.
“Era un niño –praderas hacia el cielo- / perdido bajo el sol; cálidos ríos: / en los barcos azules del verano / sentí sobre la piel caricias blancas”.
“Bajo las escaleras de la tarde / un suave dormitar de mariposas”
 “Las hojas pudriéndose en la fuente / asumían su verde desencanto…”
Y para acabar, estos dos versos que expresan el profundo anhelo que recorre no solo esta poesía, sino la vida íntima del poeta:
 “ Yo quiero, con las nubes intangibles / deshacerme en la luz, eternamente”.




miércoles, 30 de diciembre de 2015

LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS NO ESTÁN PARA HACER CARIDAD, SINO JUSTICIA

(Foto: A. Trancón)
El Ayuntamiento de Madrid, dirigido por la coalición de Podemos, ha organizado una fiesta de caridad para los sin techo, al viejo estilo de las cenas de Navidad en que los ricos ponían a un pobre en su mesa. Que nueva izquierda se parezca tanto a la vieja carcundia es algo que me resulta increíble. Publiqué este artículo en la Nueva Crónica de León.

“Ayer me colé y en tu fiesta mi planté”, bajo la cúpula acristalada del antiguo edificio de Correos de Cibeles, ahora Casadetodasytodos, magnífico palacio construido por el mismo arquitecto que levantó el Instituto Padre Isla de León bárbaramente derribado en los 60 por la ignorancia cazurra, la misma que quiso destruir el edificio civil más antiguo de León, la casona de Villapérez, que salvé de las zarpas del leonesista Morano cuando ya había hecho volar su artesonado. Digo que me pasé la noche zampando con los sin techo y cantando “Esta noche es Nochemena y mañana Dios dirá”, que alguien hizo circular y fue el trending topic de la velada.

Nos reunimos para el gran convite 220 desarrapados de los 1905 que estamos censados en Madrid. Fallaron 30 de los apuntados en la tablet del padre Ángel, que lo es, porque les dijeron que no habría alcohol, que sólo se bebería Champín, que es como se llama el champán sin. El menú consistió en sopa de marisco, langostinos, cordero, dorada al horno, flan con nata y mucho turrón blando. Como se podía repetir, todos pedimos un táper para guardar las sobras en el carrito; pura gula, que no necesidad. 

Se habló de todo alrededor de las mesas primorosamente engalanadas. Que si Carmena ha declarado poseer un patrimonio de 2,5 millones de euros y a pesar de ello su marido se ha declarado insolvente y le debe a sus exempleados más de 500.000 euros… Que si la alcaldesa le compró un trozo de casa a Cristina Almeida y le pagó 120.000 euros a tocateja… Que si canceló un crédito de 500.000 euros al BBVA un día antes de ser proclamada candidata podemista.

Se habló también del programa de reformas estructurales del servicio de limpieza del Ayuntamiento: que los niños aprendan a recoger colillas y se diviertan con el juego; que los universitarios ayuden a los barrenderos para saber lo que es bueno; que las madres hagan la limpieza del colegio de sus hijos, porque no hay nada como el amor de una madre para estos menesteres… Por todo ello fue la alcaldesa vitoreada, fotografiada, aplaudida… “Nunca, nunca he visto una cosa semejante en ninguna ciudad. Lo que ha pasado aquí hoy es algo maravilloso”, proclamó María José Martínez, limpiadora de 72 años, que lucía un vestido azul celeste y un collar de perlas. “El Papa Francisco lo hizo el año pasado en Roma y yo quería hacerlo aquí, en Madrid. Y ahora estoy flotando. Se ha cumplido mi sueño. Echa un vistazo”, comentaba exultante el padre Ángel.

Quedéme solo a eso de las dos de la mañana frente al reloj de la Puerta del Sol. Por un momento creí que había regresado al siglo de Galdós. Que la revolución morada confunda la caridad con la justicia, que organice una cena navideña tan ostentosa como humillante, uniendo la más rancia beatería con el oportunismo, es algo que no parece indignar a los algunos indignados… ¡A mí sí!


sábado, 5 de diciembre de 2015

CATALUÑA: UN NTERPRETACIÓN PSICOANALÍTICA

(Fotos. Ángela Galisteo)

Hace unas semanas publiqué aquí un artículo titulado “Esto va a acabar mal (y cuanto antes, mejor)”. Describiendo la situación de Cataluña eché mano de una vulgar metáfora: “La miseria moral, intelectual y política acumulada rebosa por las alcantarillas y ya no hay suficientes desagües ni contenedores para evacuarla. El hedor se ha hecho insoportable”, escribí. Para mi sorpresa, tres días después encontré estos titulares en la prensa: “Algo huele a podrido en Barcelona” (El País), “El olor misterioso persiste en Barcelona” (La Vanguardia), “Barcelona, bajo una ola de mal olor” (ABC), “El día de la peste” (El Periódico). La metáfora se había hecho realidad, nube tóxica, pestilencia ambiental.
Descubro con asombro mis dotes de profeta, pero no he sido el único en ver en ese inexplicable hedor barcelonés una descripción de la situación política que paraliza a Cataluña. El País habló de “putrefacción avanzada” en un editorial que tituló “Descomposición”.  Francesc Valls escribió un artículo en el mismo medio: “Algo huele mal, muy mal”. Estas extrañas coincidencias me han hecho recordar la interpretación que de la “cultura catalana” hacía un excelente escritor y agudo psicoanalista, el argentino Germán García.
Conocí a Germán García en 1978, en Barcelona. Acababa de llegar de Buenos Aires para unirse al proyecto de la Escuela Freudiana de Barcelona que había creado su amigo Oscar Masotta, quien moriría un año después. Al poco tiempo de estar en Barcelona, con gran intuición, elaboró una interpretación psicoanalítica para explicar el “hecho diferencial” catalán.
Sostenía Germán que “lo catalán” tenía mucho que ver con “la pulsión anal”. Recordemos que Freud habló de la fase anal, anterior a la fálica, en que el niño ha de controlar sus esfínteres para alcanzar su madurez libidinal y psicológica. El excremento adquiere en esta fase un valor simbólico relacionado con la retención/expulsión. Cierta “fijación” en este estadio puede explicar algunas conductas como la obsesión por la acumulación de riqueza y dinero (la “pasta”) o la tacañería, tópicamente atribuidas a los catalanes.  
A Germán García le sorprendió enseguida el parecido de las torres de la Sagrada Familia con una montaña excrementicia, lo que no le impedía admirar su grandiosidad y belleza. Todavía no conocía el caganer, esa figura belenística que tanto choca a quienes no somos catalanes, o el navideño caga tió.  Otra prueba, la más decisiva para Germán, de la original relación entre cultura catalana y analidad, era la forma como el idioma catalán había evolucionado, “eliminando” (o reteniendo para sí) vocales o consonantes en la última sílaba de la palabra (mort/castellà/futur…), lo que le otorgaba al catalán esa particular fonética implosivo/explosiva. No conocía tampoco Germán la tendencia al chiste escatológico y otras manifestaciones festivas catalanas relacionadas con los petardos, el humo fétido, el peculiar sonido de la música de la sardana, el gusto escatológica de Dalí, los cuadros de Tàpies o Miró, por no hablar de la butifarra o la barretina (de origen frigio, al parecer, pero que cambia el cono fálico por la “masa” flácida que se desparrama por la cabeza).
Pero no han sido extranjeros, sino los propios catalanes los primeros en hablar de la relación de su cultura con lo excremental. Recordemos a Albert Boadella, por poner un primer ejemplo, quien celebró con sarcasmo una Diada enseñándonos el culo por un agujero que hizo en una estelada. O a Serafí Pitarra (Frederic Soler), uno de los padres del teatro catalán, quien usó lo escatológico como un elemento “artístico” esencial. El año pasado el TNC recuperó su memoria con un espectáculo dirigido por Jordi Oriol y Josep Pedrals, que comentaron: A los catalanes el pedo, el pipí y la caca nos hacen gracia. Somos escatológicos por naturaleza". Más directo, el actor Josep Julien dijo: No sé por qué nos gusta tanto la mierda a los catalanes.
En ningún otro lugar del mundo hay una empresa (Caganer.com) dedicada exclusivamente a fabricar caganers de todas las clases y colores (De Pujol y Artyr Mas al papa Francisco o la Virgen de Montserrat, a todos "los pasan por la piedra"). Albert Pla acaba de publicar un libro titulado Espanya de merda en cuya portada aparecen escritas las letras con heces humanas. Dalí repetía el refrán qui mengi molt i cagui fort no ha de témer la mort. En su Diario de un genio nos cuenta cómo llamaba la atención de su familia reteniendo la defecación durante días. Escribió un apéndice a su Diario titulado El arte de tirarse pedos o Manual del artillero socarrón. El propio Breton creyó que practicaba la coprofagia. Podríamos seguir con otros muchos ejemplos.


Entiendo por cultura, no una esencia física, metafísica, étnica o biológica, sino “unos modelos de conducta” (modelos de sentimiento, de pensamiento, de relación), que se aprenden con el lenguaje y la primera socialización, y que “determinan” los modos de comportamiento, los valores sociales y la creatividad.
Pero cuando hablamos de rasgos diferenciales culturales no hemos de entenderlos nunca como exclusivos o únicos. Casi nada es absolutamente original o exclusivo de una cultura. Tampoco hemos de entender la cultura como un todo uniforme y menos el presuponer que podamos atribuir los rasgos generales a los individuos concretos. Teniendo en cuenta estas limitaciones, el interés de esta interpretación psicoanalítica freudiana radica para mí en su capacidad para analizar y comprender mejor la actual situación de la política catalana.
El “proceso” puede explicarse como una reacción egoísta (retener todo para mí) propia de la fase anal, caracterizada por la obstinación y la prepotencia. El victimismo como medio de chantaje y amenaza (que ha vuelto a escena) tiene también que ver con el sado-masoquismo que Freud relacionó con este estadio. Ahora estamos viviendo un momento de “contención”, de retención forzada y forzosa de los impulsos, que retrasa la “liberación” independentista. Ante el conflicto con la Ley (del padre), Mas-Collet ha dicho: “Si tenemos que arrodillarnos, lo haremos, pero que paguen”, algo inimaginable en boca de un español “fálico”. Poner la pasta por delante de la dignidad, eso nunca.
Para completar esta interpretación debemos introducir el elemento clave del conflicto, el choque con la pulsión fálica, más propia de la cultura española. No estoy estableciendo ninguna comparación de superioridad. La fase fálica no conduce necesariamente a la madurez ni el equilibrio emocional. Lo que señalo es que la superación del estadio anal supone entrar en conflicto con el padre y dominar el miedo a la castración, propio de la fase fálica.
Que el independentismo vive enredado en este conflicto lo pone hoy de manifiesto su incapacidad para “matar al padre”. La CUP, dominada mayoritariamente por charnegos (o sea, por individuos más influidos por la cultura “fálica” española), está decidida a acabar con Mas (convertido simbólicamente en el padre del independentismo actual), a lo que se resisten los “más catalanes”.  No es nuevo el conflicto. Habría que recordar al anarquismo catalán de los años 30, dominado por mis paisanos leoneses Pestaña, Diego Abad de Santillán y Durruti, enfrentados al catalanismo independentista. Ante las dudas, la reserva y la cobardía del catalanismo, el independentismo charnego, movido por un impulso fálico más que anal, se toma el “proceso” en serio y quiere, aunque sea suicida, llegar hasta el final. Nada más “español”. Si vencen los otros, los “escatológicos”, quién sabe lo que sucederá; a lo mejor acaba todo en una gran “pastanaga” navideña que nos atufe a todos. El belén ya está montado.

  

martes, 1 de diciembre de 2015

POESÍA YIHADISTA

(Foto: Ángela Galisteo)

Solemos creer que la poesía está siempre del lado del bien, la belleza, la justicia y la libertad. Nos viene enseguida a la mente el ejemplo de muchos poetas que cantan, exaltan y defienden la verdad, la vida, los valores humanos frente a la tiranía y la injusticia. Pero existe también otra poesía, la poesía del mal, la que difunde y promueve el odio, la venganza y la muerte. Aunque nos sorprenda, es también poesía.

Baudelaire descubrió el lado oscuro de nuestros sueños, fantasías y deseos, donde crecen “las flores del mal”. Se adentró en el mundo oculto de la perversión y los impulsos reprimidos, puso palabras a nuestros tormentos interiores. Pero no hablo de esta poesía “maldita”, sino de otra muy distinta, la poesía del odio.

“Abrazados a la muerte los caballeros de la gloria encontraron descanso./ Sujetaron las torres con sus manos llenas de rabia y las demolieron rápidamente como una catarata”. Son versos de Bin Laden quien, a pesar de ser el cerebro del terrorismo islamista global, era poeta. Dedicó estos versos a los terroristas que destruyeron las torres gemelas. Hay que destacar la fuerza poética y expresiva de las imágenes: como gigantes, los caballeros demuelen las torres con sus manos, que se desmoronan como una catarata; sus manos son poderosas porque están llenas de rabia; los héroes alcanzan el descanso después de abrazarse a la muerte. Como poesía, no hay duda de que tiene una gran fuerza épica y emotiva.  

Otro poeta yihadista, Isa Sa’d Al ‘Awshan, ha escrito:  “Anuncié que no habría más descanso/ hasta que nuestras flechas aniquilen al enemigo./ Me amarré a mi ametralladora con la determinación de un muyahid/ y perseguí mi meta con un corazón apasionado./ Quiero una de las dos cosas buenas:/ el martirio o la liberación del poder despótico”. No es mala poesía.

Cuando nos preguntamos por el origen del terrorismo islamista no debemos despreciar el poder de la poesía para arrastrar a la acción, para mover la voluntad a través de los sentimientos, las imágenes y la fuerza de la palabra. La Biblia y el Corán han basado gran parte de influencia en la poesía que encierran. El Corán, especialmente, contiene una eficaz poesía bélica que mueve al odio, la venganza, la exaltación de la sangre y la muerte.


El yihadismo es un movimiento ideológico y político poderoso que se asienta sobre muchos elementos y utiliza una gran variedad de armas. También la poesía. No es algo nuevo. Podemos recorrer la historia y descubrir cómo la palabra poética ha servido también a los tiranos, poderosos y asesinos. Los malos no son necesariamente estúpidos ni insensibles a la belleza. La inteligencia, el arte y la palabra también pueden ponerse al servicio de la barbarie.