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domingo, 19 de octubre de 2008

EMOCIONARSE O SENTIR

(Foto: S.Trancón)


He aludido varias veces en estas páginas volátiles e intangibles a la diferencia entre emocionarse y sentir. Lo explico ahora un poco mejor.

Las emociones son reacciones semiautomáticas localizadas inicialmente en las zonas más primitivas del cerebro. Nacieron para defendernos de los depredadores y los peligros súbitos. Con la evolución, el sistema prefrontal se interpuso para tratar de dominar la activación incontrolada, y poco adaptativa, del sistema límbico. El resultado es un mecanismo en el que las reacciones del sistema simpático se retroalimentan con ideas e imágenes. Así que la emoción es una amalgama de pensamiento y reacción fisiológica que funciona de forma casi automática y repetitiva. Nada más parecido a una emoción que otra emoción.

Las emociones tiñen y determinan nuestro pensamiento y nuestra conducta en todo momento. Es casi imposible sustraerse a su influencia.

Sentir es algo un poco distinto. El sentir, más que una reacción es un estado. Un estado en el que cuerpo y pensamiento acompasan su vibración. Afecta a la totalidad del ser. Frente a la emoción, es todo el cuerpo, y no una zona determinada, el que está implicado.

La emoción se localiza siempre en zonas determinadas del cuerpo: el estómago, el corazón, el plexo solar, el rostro, la garganta, las manos. Es ahí donde la reacción fisiológica se manifiesta, produciendo una especie de colapso energético, de nudo, de bloqueo. El pensamiento que va estrechamente unido a esa reacción es reiterativo: una frase categórica, una especie de mandato, orden y justificación mental que sirve para mantener la reacción neurofisiológica y reactivarla constantemente. Las mismas emociones van siempre acompañadas de los mismos pensamientos. El cerebro, entonces, se sobrecarga y recalienta.


En el sentir, el cuerpo en general, y el córtex prefrontal, reaccionan de manera muy distinta. El cuerpo se desbloquea, la energía fluye o circula por todo el sistema nervioso de manera uniforme e ininterrumpida. El cerebro, por lo mismo, permanece más frío. La sensación no es la de ser golpeado por un estallido de energía (la emoción), sino la de ser traspasado por una ola suave. El pensamiento se vuelve entonces menos rígido, más abierto y creativo.

Las emociones producen estrés; el sentir, bienestar y serenidad. Las emociones fragmentan el cuerpo; el sentir, lo unifica.
Para sentir hay que controlar los impulsos automatizados del cuerpo y desprenderse de los pensamientos repetitivos.

Cuanto más sientes, menos te emocionas. Cuanto más te emocionas, menos sientes. Cuanto menos te abandonas a las reacciones emocionales, más aumenta tu capacidad de sentir. Cuanto más sientes, más claros y lúcidos son tus pensamientos. Cuanto más claridad y fluidez mental, mayor intensidad, pasión y asombro encontrarás en todo lo que sientes, en todo lo que te hace sentir.
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