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domingo, 12 de octubre de 2008

ESCRIBIR LOS SUEÑOS

(Foto: S.Trancón)
Desde Freud y Jung, los sueños han pasado, de ser sólo sueños, a convertirse en fuente de autoconocimiento, de inspiración artística y de investigación científica. Incluso en una puerta de entrada hacia lo desconocido, recuperando la larga tradición del sueño como origen de revelaciones, premoniciones, augurios y vaticinios.

Como los sueños son volátiles, y apenas se prenden a nuestra conciencia ordinaria por un hilo muy frágil, lo que yo hago es escribirlos cuanto antes. Sólo de vez en cuando, claro, cuando un sueño me sorprende por su viveza o extrañeza.

De los sueños me interesa más su relación con el presente que con el pasado o el futuro. Más que regresión o proyección, creo que son prospección, introspección. Y antes que su contenido, es el estado emocional en que nos sumerge lo que más me atrae.

Para entenderlos (más que para interpretarlos), uno debe saber que en ese estado de conciencia nocturna, la mente funciona con metáforas y metonimias. La metáfora es asociación por semejanza, condensación; la metonimia, sustitución por contigüidad. El proceso de asociación y sustitución metafórica y metonímica es, por su propia naturaleza, ilimitado, así que es inútil buscar la primera piedra filosofal, inicial o nuclear. Lo importante es descubrir la fuerza, el impulso emocional, el deseo que recorre la cadena de las imágenes y situaciones oníricas.

Me encuentro en una especie de corral. Veo puertas hechas con rejas de madera que al abrirse y cerrarse me van metiendo por un laberinto, un camino del que es muy difícil salir. Voy adentrándome y de pronto tropiezo con una de esas puertas, me caigo y toda la estructura del laberinto se viene abajo. Me enredo, intento salir y todo queda destrozado. Me siento culpable del desastre y empiezo a reconstruirlo todo. Lo hago con mucha paciencia. F. J. aparece por allí, se sorprende y se ríe con un gesto de desprecio al verme realizar una tarea tan humillante. Yo prosigo sin sentirme para nada ofendido ni avergonzado. Me concentro en el trabajo y me despierto.

Corral-laberinto-atravesar puertas-tropezar-algo que se viene abajo-levantarse-reconstruir. Es una pequeña historia que reproduce, metafórica y metonímicamente, miles de historias, de situaciones por las que todos pasamos. La vida es frágil y laberíntica, y en cualquier momento todo se nos puede venir abajo. Para levantarse, iniciar una nueva aventura, un nuevo proyecto, es preciso no hacer caso de la mirada o censura de los otros, los F. J. de mi sueño.

P.D. Escribir es siempre escribir sueños. La lógica de la literatura es la lógica del sueño: una cadena ilimitada de metáforas y metonimias para expresar el deseo, el impulso, el intento, la fuerza inagotable de la vida.
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