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sábado, 11 de abril de 2009

EL HUEVO Y LA GALLINA

(Foto: O. Fernández)


Pensar es disciplinar la mente. Acostumbrarse a prestar atención a los pensamientos.
Tratar de desentrañarlos. Las frases hechas son un buen campo de aprendizaje. Por ejemplo, ésta que nos pone ante el dilema de la causalidad reversible: qué fue antes, el huevo o la gallina.

La respuesta, desde el punto de vista de los hechos, es fácil: la gallina. Evolutivamente, no hay duda de que el huevo es la forma de reproducción de las aves, que son ovíparas. Pero para que un ser se reproduzca primero ha de existir. La evolución lleva a las aves, y las aves se reproducen mediante huevos. Así que no hubo primero un huevo, y luego una gallina, sino al revés, una gallina puso un huevo del que salió otra gallina.

Otra cosa es el sentido del dilema, aplicable a todos aquellos fenómenos en los que la causalidad puede ser de ida y vuelta, porque no podemos establecer un orden temporal único (la causa ha de existir antes que el efecto). Pero en este caso, el ejemplo encierra una falacia fácil de desmontar: toda gallina procede de un huevo (menos la primera gallina y el primer gallo, como en el caso de Adán y Eva), y esa gallina podrá poner otro huevo, nunca el mismo huevo del que ella procede. Así que, en este caso, no hay causalidad reversible posible.

En nuestra mente, sin embargo, podemos prescindir de la causalidad y plantear la duda: ¿qué es antes, el cuerpo o la mente? ¿El día o la noche? ¿La ofensa o el ofendido? Etc.
Creamos así un espacio de indeterminación que viene bien para romper la rigidez de los juicios, a veces demasiado excluyentes.

Pero podemos seguir jugando: de un huevo sale una gallina, pero de una gallina puede no salir un huevo; del mismo modo que hay gallinas que no ponen huevos, hay huevos de los que no sale ninguna gallina. No siempre las causas producen efectos, ni los efectos se siguen necesariamente de las causas.

La lógica es para usarla, pero más que para conocer e interpretar la realidad, sirve para interpretar nuestra mente y conocer sus límites. La lógica de la realidad no es exactamente igual a la lógica de la mente. La mente es cosa humana; la realidad va mucho más allá y es, por su propia naturaleza, impersonal, o sea, no humana.
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